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Tuesday, May 31, 2022

Las Pruebas y Oraciones del Rey Ezequías

Texto: 2 Reyes 18:1-16
 

 El rey Ezequías, hijo de Acaz, es mencionado en 2 Reyes, 2 Crónicas e Isaías. Tenía 25 años cuando comenzó a reinar, y reino 29 años, lo cual significa que murió a los 54 años de edad. Había vivido durante 25 años del reino de su malvado padre que desvió a la nación, contaminó al templo y al final cerró las puertas del templo. Pero Ezequías creyó de veras en Jehová, e hizo lo bueno delante de Sus ojos, lo cual siempre es la fórmula para una vida que agrada a Dios. Mediante su fe y obediencia Ezequías trajo un gran avivamiento al país.
    Pero desde su cuarto año (29 años de edad) hasta el sexto año (31 años de edad) los asirios sitiaron y destruyeron a Samaria. Como los profetas de Dios había advertido, Israel fue llevado en cautiverio (vv. 9-12). Por su larga desobediencia al Señor el reino del norte desapareció, y por su obediencia al Señor el reino de Judá prosperó.
    Pero ocho años después, en el año 14 de su reino (39 años de edad), los asirios invadieron a Judá (v. 13). Esto no fue un castigo sino una prueba, porque los versos 3-8 declaran su fe y obras. Pero Ezequías, aunque era creyente, se dejó intimidar y cometió un error ante la presión de esa invasión (vv. 14-16) y dio el oro del templo al rey asirio para aplacar su ira. Ese plan salió de su sabiduría humana, no de la fe, y no funcionó.
    Los versos 17-37 demuestran que no sirvió para librarle, y tuvo que soportar las amenazas y la propaganda arrogante de los asirios. Entonces hizo lo que tenía que haber hecho al principio, oró al Señor pidiendo Su intervención (19:1-4). Esto debe hacernos pensar. ¿A quién acudimos cuando hay problemas? Los hijos piden a sus padres. Otros piden a un pariente, a un vecino, o a un hermano con dinero y poder. Pero debemos acudir a nuestro Padre celestial, porque Él sabe qué es lo que realmente necesitamos (Mt. 6.32). Cuando Ezequías escuchó del profeta Isaías la respuesta divina (2 R. 19.6-7), se dio cuenta de que a Dios le afectan las cosas que afectan a Su pueblo. Siglos después, Saulo perseguía a la iglesia, pero en Hechos 9.4 el Señor le preguntó: “¿Por qué me persigues?” Lo que afecta a los hijos de Dios afecta también a Dios.
    Las dos oraciones de Ezequías (2 R. 19.1-4 y 19.14-19), y la respuesta de Dios, ilustran lo que Santiago 5 dice, que “la oración eficaz del justo puede mucho” (Stg. 5.16). Esto debe darnos gran ánimo a orar y presentar nuestras peticiones al Señor, y confiar en Él antes que en los hombres. Dios respondió a Ezequías, primero por mensajes a través de Isaías, y luego por el ángel de Jehová que salió y mató a todo el ejército de los asirios en una noche (v. 35), y cuando Senaquerib volvió a Nínive, sus propios hijos lo mataron en el templo de su dios (vv. 36-37). Dios cumplió poderosamente Su promesa, en respuesta a una sencilla oración de un humilde justo. No hizo falta organizar nada, ni pedir a otros su ayuda, sino esperar en Dios. Es muy serio confrontarse con Dios y blasfemar como los asirios. Aprendieron lo que dice Hebreos 10.31, “¡Horrenda cosa es caer en manos del Dios vivo!” Senaquerib no tuvo temor porque miraba a los débiles judíos, y confió en su ejército superior y en sus dioses, sin conocer al Dios vivo y verdadero y su gran poder. Tenía muchas máquinas de guerra, y gran fuerza militar, pero Ezequías tenía la oración y la fe en Dios. La victoria sorprendente nos debe animar a orar y confiar en Dios.
    Poco después de todo esto surgió otro problema. Con 39 años de edad, Ezequías se enfermó gravemente, y el mensaje de Dios llegó por Isaías: “Jehová dice así: Ordena tu casa, porque morirás, y no vivirás” (20.1). Pero en lugar de aceptar esto, oró con lágrimas y pidió más vida. Esto fue otro error suyo, por miedo a la muerte, o porque esperaba vivir más años para consolidar el reino. Podemos identificarnos con él, porque es natural que el ser humano sienta ansiedad ante las enfermedades y la muerte, aunque como creyentes debemos vencer por la fe esos temores.
    Otra vez oró Ezequías, y es a la vez bonita y patética su oración. Entre sollozos pidió más vida, y recordó al Señor que había hecho bien (20.2-3). Oró con todo su corazón, alma y emoción, implorando al Señor. Sin embargo, pedir así en oración no significa que tengamos razón. Hubiera sido mejor aceptar el plan de Dios. No siempre sabemos pedir lo que conviene. Es mejor decir “no se haga mi voluntad, sino la tuya”, pero Ezequías no dijo eso. De todos modos, Dios le tuvo misericordia, y concedió su petición, porque es compasivo.
    Ahora bien, no todos podrían decir como Ezequías: “he hecho las cosas que te agradan” (v. 3), y eso quita poder y eficacia de sus oraciones. Cuando hay pereza o pecado en nuestra vida, esto impide que Dios nos conteste las oraciones. “Si en mi corazón hubiese yo mirado a la iniquidad, el Señor no me habría escuchado” (Sal. 66.18). Si pedimos con duda o doblez en el corazón, no recibiremos lo que pedimos (Stg. 1.6-7). Hermanos, debemos vivir para agradar a Dios, no a nosotros mismos, y uno de los beneficios de vivir así es confianza al acercarnos en oración. Dice 1 Juan 3.22, “y cualquiera cosa que pidiéremos la recibiremos de él, porque guardamos sus mandamientos, y hacemos las cosas que son agradables delante de él”.
    Es interesante notar que Dios respondió en misericordia a Ezequías (2 R. 20.4-6) y le concedió 15 años más de vida. Pero esos años eran una gran responsabilidad. ¿Para qué quería vivir más? ¿Y para qué queremos tú y yo vivir más? Esos años extra que Dios le concedió fueron una prueba para Ezequías (2 Cr. 32.31), y no los aprovechó bien. Se portó locamente recibiendo a los embajadores de Babilonia y enseñándoles todos sus tesoros – una gran indiscreción que sembró en Babilonia la idea de tomar los tesoros de Jerusalén (2 R. 20.12-19). Nos informa 2 Crónicas 32.25-26 que Ezequías no correspondió al bien que Dios le hizo, y hermanos, me temo que esas tristes palabras se podrían decir también de nosotros. Hemos recibido mucho bien y muchas misericordias de Dios, y vida que nos ha concedido, pero ¿qué hacemos para Él con lo que nos ha concedido? Luego Ezequías se humilló (v. 26), y eso es lo que debemos hacer.  Cuando estamos en apuros pensamos en Dios y oramos, pero cuando recibimos bendición, ¿qué hacemos, cómo vivimos? Dice 2 Crónicas 32.33 que Ezequías fue honrado en su muerte, pues lo sepultaron en el lugar más prominente, en reconocimiento del bien que había hecho.
    De la vida de este rey piadoso aprendemos que a veces vienen pruebas y dificultades, y puede que en un momento de poca fe o de temor fallemos, pero siempre debemos humillarnos y clamar a Dios. En las pruebas aprendemos que nosotros no tenemos sabiduría ni fuerza, sino dependemos de Dios. Siempre debemos acudir a Él en oración: confiar, orar, esperar y luego manifestar nuestra gratitud mediante vidas obedientes. La oración eficaz del justo puede mucho. Seamos personas de fe, de obediencia y de oración.

Lucas Batalla, de un estudio dado el 20 de marzo, 2022


“En el día que temo, yo en ti confío”
Salmo 56.3

Monday, May 18, 2020

Fe, Amor y Paciencia en las Pruebas

por Lucas Batalla

Monumento a Alejandro Magno en Tesalonica


Texto: 2 Tesalonicenses 1:1-4

En esta hermosa e importante epístola, Pablo hace al menos tres cosas. En el capítulo 1 les consuela y anima en sus tribulaciones. En el capítulo 2 aclara el error y la confusión que había surgido acerca del día del Señor (día de juicio – la Tribulación), y advierte que no era suya una carta que circulaba diciendo que estaban en la Tribulación. En el capítulo 3 corrige la conducta indebida de los que no querían trabajar.
    Los tesalonicenses, en la primera visita de Pablo (su segundo viaje misionero), recibieron la Palabra de Dios, el evangelio, “en medio de gran tribulación” (1 Ts. 1:6; 2:14; 3:3). Fue duro el camino, pero no se volvieron atrás, y por eso Pablo dice “conocemos...vuestra elección” (1 Ts. 1:4), porque había pruebas de su fe, señales de vida. En la segunda epístola vemos que no había terminado el sufrimiento. Y para hacer la cosa peor, surgieron algunos falsos maestros diciendo que la iglesia pasaba por la Tribulación – el día del Señor. Para animarles y corregir esto Pablo escribe esta gran epístola. En los versículos 1 y 2 tenemos la salutación. En los versículos 3 y 4 tenemos las acciones de gracias. En los versículos del 5 al 10 tenemos la certeza del juicio venidero, y en los versículos 11 y 12 tenemos una oración.
    Los creyentes de allá pasaban por muchas dificultades, y es así la vida cristiana si realmente somos fieles al Señor y vivimos en santidad, porque 2 Timoteo 3:12 afirma: “todos los que quieren vivir piadosamente en Cristo Jesús padecerán persecución”. No nos libramos en la vida de estas cosas, excepto cuando andamos en amistad con el mundo y callamos en lugar de testificar. Pablo escribió para alentarles en medio de la pesecución – es triste decirlo pero viene también de la familia, porque el diablo recluta de los suyos a los más cerca de nosotros para oponernos, afligirnos, y si es posible, desviarnos. Recordemos el ejemplo del Salmo 1:1 y no andemos con los impíos, ni siquiera cuando son familia. Dios primero, cueste lo que cueste.
   
Salutación (vv. 1-2)
    En el versículo 1 aparecen “Pablo, Silvano y Timoteo”, así como en 1 Tesalonicenses 1:1. Todavía estaban juntos y se dirigían nuevamente a los amados hermanos en Tesalónica. Estas dos epístolas son cartas inspiradas para ense;ar y ayudar cuando no era posible estar físicamente presente. Ya no hay más inspiración. Pero todavía podemos usar cartas para enseñar, aconsejar y animar, siempre y cuando se adhiere a las Escrituras.
    “La iglesia de los tesalonicenses” está descrita usando la preposición “en” dos veces: “en Dios Padre y en el Señor Jesucristo”, para que se acuerden de su posición espiritual. Son de Dios, y Él les cuida. Las circunstancias no pueden separar al creyente del amor de Dios que es en Cristo Jesús (Ro. 8:39).
    En el versículo 2 les desea y envía, no dinero, sino “gracia y paz”, cosas que vienen de Dios Padre y del Señor Jesucristo. Algunos piensan que el dinero resuleve todos los problemas, pero se equivocan. La gracia de Dios y Su paz nos ayudan en medio de las dificultades de la vida.

Acción de Gracias (vv. 3-4)
    “Debemos siempre dar gracias a Dios por vosotros” (v. 3). Los creyentes siempre debemos estar agradecidos a Dios, porque Él no falla en Su cuidado de nosotros. Aunque estemos en el hospital – demos gracias, o rechazados – demos gracias y gocémonos (Hch. 5:41), o necesitados – demos gracias. En el mundo todos se quejan y murmuran constantemente. “Sed agradecidos” (Col. 3:15).
    Pero aquí, Pablo y sus compañeros dan gracias siempre por los tesalonicenses, como habían hecho en la primera epístola. “Damos siempre gracias a Dios por todos vosotros” (1 Ts. 1:2). “...Sin cesar damos gracias a Dios, de que cuando recibisteis la palabra de Dios que oísteis de nosotros, la recibisteis no como palabra de hombres, sino según es en verdad, la palabra de Dios” (1 Ts. 2:13).  “...¿qué acción de gracias podremos dar a Dios por vosotros...?” (1 Ts. 3:9). Y nuevamente en la segunda epístola: “Pero nosotros debemos dar siempre gracias a Dios respecto a vosotros” (2 Ts. 2:13). La iglesia en Tesalónica causaba gratitud apostólica.
    Pero no todas son así. No podemos dar gracias por muchas iglesias hoy, porque sus doctrinas y prácticas no agradan al Señor, no son fieles a Su Palabra. Hay que discernir entre lo bueno y lo malo, pero llaman bueno lo malo y malo lo bueno. Cuando una iglesia dice a las mujeres que no hay que llevar el velo, ni guardar silencio, es malo. Desechan la vestimenta santa, modesta y reverente y que distingue entre los sexos. Y la palabra que usa para introducir esas cosas es “cultural”. Los liberales hablan de “volver a examinar”, “pensar nuevamente” y “volver a plantearse ideas”, pero lo que realmente hacen es buscar la manera de no sujetarse a lo que la Biblia dice. Las enseñanzas del Nuevo Testamento no son culturales, sino “mandamientos del Señor” y “doctrina apostólica”. Algunas iglesias enseñan el calvinismo y la teología de la Reforma. Otras enseñan el ecumenismo. El evangelio de la gracia de Dios es atacado tanto por el uno como por el otro. Entra la música contemporánea – o sea – la del mundo. Hay pastores asalariados que predican la vida de fe pero no la viven. Los apóstoles no dan gracias por esas cosas, ni tampoco nosotros. Seamos hermanos e iglesias que causan gratitud, no consternación y tristeza.
    ¿Por qué dan gracias Pablo, Silvano y Timoteo? “Por cuanto vuestra fe va creciendo, y el amor de todos y cada uno de vosotros abunda para con los demás” (v. 3) La fe de ellos crecía pese a las circunstancias. No era fácil. ¿Crees que los héroes de la fe en Hebreos 11 lo tenían fácil? ¡No, sino hubo conflicto, dificultades y oposición, y tuvieron que hacer sacrificios! Y cuando crece la fe, crece el amor, porque van juntos.
    En el versículo 4 leemos “nosotros mismos nos gloriamos de vosotros en las iglesias de Dios”. Eran ejemplo a los demás de cómo soportar la persecución y manifestar fe y amor.  En Romanos 12:10 Pablo manda a los romanos: “Amaos los unos a los otros con amor fraternal”. Había ejemplo en Tesalónica. Al decir: “las iglesias de Dios”, reconoce que Dios es Dueño, Protector y Señor en ellas.
    Hablaron de ellos así: “vuestra paciencia y fe en todas vuestras persecuciones y tribulaciones que soportáis”. Paciencia (perseverancia) y fe son marcas de verdaderos creyentes. En las pruebas los falsos se vuelven atrás, pero los fieles, como Job, aguantan. Somos llamados a la paciencia, y Job es puesto como ejemplo (Stg. 5:7, 11). La fe verdadera es fortalecida bajo prueba. Es como hacer flexiones para aumentar los músculos de los brazos. 1 Pedro 1:6-7 habla de la prueba de nuestra fe y el resultado – alabanza, gloria y honra. En Deuteronomio 8:2-3 vemos que Dios manda pruebas para manifestar lo que hay en nosotros, y para enseñarnos: “Y te acordarás de todo el camino por donde te ha traído Jehová tu Dios estos cuarenta años en el desierto, para afligirte, para probarte, para saber lo que había en tu corazón, si habías de guardar o no sus mandamientos. Y te afligió, y te hizo tener hambre, y te sustentó con maná, comida que no conocías tú, ni tus padres la habían conocido, para hacerte saber que no sólo de pan vivirá el hombre, mas de todo lo que sale de la boca de Jehová vivirá el hombre”. No pensemos en las pruebas que Dios nos ha abandonado. Él las usa para nuestro bien.
    Es loable que los tesalonicenses, siendo creyentes por poco tiempo, tenían abundante amor en circunstancias difíciles, y es porque tenían fe. Por eso perseveraron. No eran como muchos hoy que hablan efusivamente y prometen lo que van a hacer para Cristo, pero a la vuelta de un tiempo han claudicado y se han vuelto atrás. No así los tesalonicenses, y por eso Pablo y sus compañeros se gloriaban de ellos. Recuerda que el pez muerto flota con la corriente, y solo el pez vivo puede nadar contra la corriente. Los tesalonicenses tenían la vida de Dios, e iban contra la corriente. Es una señal de vida, y es para la gloria de Dios.
    Recordemos esto, y soportemos con paciencia la oposición y los contratiempos, sin volvernos atrás. Recordemos las palabras de Hebreos 10:35-36. “No perdáis, pues, vuestra confianza, que tiene grande galardón; porque os es necesaria la paciencia, para que habiendo hecho la voluntad de Dios, obtengáis la promesa”.




Friday, August 31, 2018

El Rey Ezequías Se Apoyó En Dios

Texto: 2 Reyes 19:28-37

Acaz, padre de Ezequías, fue un rey malo que hizo mucho daño espiritual a la nación de Judá. En 2 Reyes 16 leemos su triste historia. Comenzó a reinar con 20 años de edad, y “no hizo lo recto ante los ojos de Jehová su Dios, como David su padre” (2 R. 16:2). “Antes anduvo en el camino de los reyes de Israel, y aun hizo pasar por fuego a su hijo, según las prácticas abominables de las naciones que Jehová echó de delante de los hijos de Israel. Asimismo sacrificó y quemó incienso en los lugares altos, y sobre los collados, y debajo de todo árbol frondoso” (2 R. 16:3-4). Esto fue para empezar, y luego hizo más mal, se puso a cambiar lo que Dios había ordenado referente a la adoración y los sacrificios en el templo (vv. 5-18). Pero al final, murió, fue sepultado con los reyes, y su hijo Ezequías reinó en su lugar (2 R. 18:2) con 25 años de edad. Era hijo bueno de padre malo. La gente suele decir que un hijo se parece a su padre, pero gracias a Dios, en este caso no. Y tomamos nota de que tener padres incrédulos o infieles no nos da una excusa para no seguir al Señor. No somos víctimas – podemos escoger – y somos responsables de nuestras decisiones y hechos. “No seáis como vuestros padres y como vuestros hermanos, que se rebelaron contra Jehová” (2 Cr. 30:7). “No seáis como vuestros padres, a los cuales clamaron los primeros profetas, diciendo: Así ha dicho Jehová de los ejércitos: Volveos ahora de vuestros malos caminos y de vuestras malas obras; y no atendieron, ni me escucharon” (Zac. 1:4). En cambio, cuando uno tiene padres creyentes y espirituales, debería seguir sus enseñanzas y ejemplo: “Oye, hijo mío, la instrucción de tu padre, y no desprecies la dirección de tu madre; porque adorno de gracia serán a tu cabeza, y collares a tu cuello” (Pr. 1:8-9).
    Ezequías fue fiel al Señor, hizo lo bueno ante los ojos de Jehová, como hemos de ver, sin embargo tuvo una gran prueba cuando vino Senaquerib rey de la superpotencia Asiria. Pero consultó y pidió oración, como siempre es bueno hacer, con Dios y con hombres de Dios, en lugar de tomar decisiones por su cuenta como muchos hacen. Los versículos 22-34 son la respuesta que Dios le mandó. Y el versículo 35 dice: “aquella misma noche”, es decir, que Dios no tardó en actuar sino intervino enseguida. Destruido su ejército, el rey de Asiria volvió a Nínive (v. 36), diríamos “con el rabo entrepiernas”. No sólo esto, sino que al entrar en el templo de su dios falso, sus propios hijos lo mataron. Dios había respondido y quitado la gran amenaza de la superpotencia de aquel entonces.
    ¿Y qué problema nuestro no puede Dios resolver si le seguimos, confiamos y consultamos con Él? La vida cristiana tiene pruebas, luchas, enemigos y dolores. Pablo informó: “Y también todos los que quieren vivir piadosamente en Cristo Jesús padecerán persecución” (2 Ti. 3:12). Algunos, para no sufrir, dejan de vivir piadosamente, se camuflan, se adaptan, se callan, etc. Pero ese no es el camino, como bien demostró el rey Ezequiel.
    Él hizo lo recto ante los ojos de Jehová (2 R. 18:3). Quitó los lugares altos, los ídolos y la serpiente de bronce (18:4). Puso su esperanza en Jehová (v. 5), de modo que no hubo otro rey como él. No se apoyó en su linaje real, el nombre de su padre ni en riquezas ni potencia real. No se apoyó en su propia sabiduría (Pr. 3:5-6), sino confió en Dios de todo corazón. Era un hombre de oración, y hermanos, es así que uno se apoya en Dios. Los que se apoyan en los hombres buscan de ellos la solución de sus problemas. Pero los que se apoyan en Dios hablan con Él y esperan en Él. Filipenses 4:6 dice: “Por nada estéis afanosos, sino sean conocidas vuestras peticiones delante de Dios en toda oración y ruego, con acción de gracias”. Ezequías comprobó por experiencia lo que el apóstol Pedro escribiría siglos después: “echando toda vuestra ansiedad sobre él, porque él tiene cuidado de vosotros” (1 P. 5:7). Apoyarse en Dios es leer y meditar Su Palabra, creerla, orar siempre antes de actuar, y portarse fielmente.
    ¿Cuál fue el resultado?  El versículo 7 dice: “Y Jehová estaba con él”. Dios le salió al paso. No hay otra forma de conseguir esto, y el capítulo 19 enseña cómo Dios le ayudó. Primero en el capítulo 18 le dio fortaleza y ánimo para no obedecer al rey de Asiria – no ser aliado, no tolerar ni sujetarse a lo malo. Y esa fidelidad le trajo inevitablemente el conflicto enorme. Samaria cayó a los asirios (18:9-12), y en el año 14 de su reinado (18:13) Senaquerib subió contra Jerusalén. Pero ahí estaba Ezequías que obedecía, oraba y confiaba en el Señor. En 19:1 Ezequías oyó, rasgó sus vestidos, se cubrió con cilicio y entró en la casa de Dios. Presentó a Dios su petición y pidió las oraciones del profeta Isaías (19:2-4), y Dios respondió (vv. 5-7). Los asirios se fueron a batallar en otro lugar (vv. 8-9) pero mandaron a Ezequías cartas de amenazas y blasfemias, prometiendo volver (vv. 11-13). ¿Qué hizo Ezequías entonces?  Tomó esas cartas, entró en el templo y oró a Dios (vv. 14-19). Entonces Dios le mandó la respuesta a sus oraciones por medio del profeta Isaías (vv. 20-34), y trajo la muerte primero al ejército y depués al mismo rey Senaquerib (vv. 35-37).
    El Señor ayuda a los que se apoyan completamente en Él, sin muletillas, sin excusas ni arreglos mundanos. Nadie de los fieles dirá jamás: “por demás es que he seguido o servido a Dios”. Recordemos siempre esto. “Ciertamente hay galardón para el justo; Ciertamente hay Dios que juzga en la tierra” (Sal. 58;:11).
    Ezequías había hecho una gran limpieza, como dice el capítulo 18. A veces esto es necesario en nuestra vida – no sólo reunirnos para cantar, leer y oir, sino poner manos a la obra y hacer una buena limpieza en nuestra vida personal y nuestra casa. Quizás tomó el Salmo 101 como su manifiesto, porque no toleró ninguna maldad en Jerusalén y Judá. 2 Corintios 7:1 dice: “limpiémonos de toda contaminación de carne y de espíritu”. Cuando ponemos manos a la obra y hacemos limpieza, eso esnseña que estamos en serio con Dios y que Él tiene nuestra devoción. Es fruto de una fe verdadera.     Entonces Ezequías, al verse amedrentado, no se echó atrás. Fue a consultar a Dios y pidió las oraciones de Isaías. Hermanos, cuando vengan problemas – y vendrán – busquemos al Señor y el consejo de hombres espirituales en la iglesia – no la gente de la calle, los amigos de barrio o del trabajo, ni a los que van a otras iglesias de cualquier tipo. Tengamos cuidado de buscar sano consejo bíblico, la voluntad de Dios. Sobre todo, digamos las cosas a nuestro Señor, echando toda nuestra ansiedad sobre Él, porque Él tiene cuidado de nosotros. La fidelidad a Dios tiene su precio en esta vida, pero el creyente tiene apoyo inigualable en el Señor su Dios.
Lucas Batalla, de un estudio dado el 23 de agosto, 2018

Dilo A Cristo

Cuando estás cansado y abatido, dilo a Cristo, dilo a Cristo.
Si te sientes débil, confundido, dilo a Cristo el Señor.
Dilo a Cristo, dilo a Cristo, Él es tu Amigo más fiel;
No hay otro amigo como Cristo, dilo tan sólo a Él.

Cuando estás de tentación cercado, mira a Cristo, mira a Cristo.
Cuando rugen huestes de pecado, mira a Cristo el Señor.
Mira a Cristo, mira a Cristo, Él es tu Amigo más fiel;
No hay otro amigo como Cristo, mira tan sólo a Él.

Si se apartan otros de la senda, sigue a Cristo, sigue a Cristo,
Si acrecienta entorno la contienda; sigue a Cristo el Señor.
Sigue a Cristo, sigue a Cristo, Él es tu Amigo más fiel;
No hay otro amigo como Cristo, sigue tan sólo a Él.

Monday, March 12, 2018

Dios Se Encarga De Nuestros Enemigos


Texto: Proverbios 16:7

El texto dice:  “Cuando los caminos del hombre son agradables a Jehová, aun a sus enemigos hace estar en paz con él”. Aquí vemos una promesa de Dios, y es alentadora, pero está condicionada. Hermanos, la Biblia es un libro de promesas. Está llena de las promesas de Dios. Cuando las leamos, la idea es que las reclamemos delante del Señor y cumplamos las condiciones que Él ha establecido.
    Aquí la condición es vivir una vida que agrada al Señor, y escoger caminos que le son agradables. Es una promesa grandiosa. Dios quitará la ira y el odio de los que quieren hostigar a los piadosos, o cambiará la actitud agresiva de un miembro de la familia que no cree como nosotros. Esto no quita que a veces los creyentes somos llamados a padecer persecución por nuestra fidelidad al Señor (por ejemplo: 2 Ti. 3:12; 1 P. 4:16). En tales casos debemos ser fieles al Señor en medio de la adversidad, y no vengarnos a nosotros mismos, ya que Dios ha dicho que Suya es la venganza. Pero muchas veces hay otros enemigos que podrían ser, digamos, “tranquilizados” por el Señor. Dios puede cambiar o apagar la hostilidad. Vamos a considerar unos ejemplos.
   
1. Josafat (2 Cr. 17:1-6)

    Josafat era un rey piadoso, y aunque no era perfecto, la Palabra de Dios le describe así: “haciendo lo recto ante los ojos de Jehová” (1 R.22:43). Dos veces en 2 Crónicas 17, en los versículos 3 y 6, menciona su buen andar: en los caminos de David y los caminos Jehová. Jehová estuvo con él de manera especial porque: (1) él anduvo en los primeros caminos de David, esto es, en piedad y devoción. Josafat reconoció que el buen camino estaba en el ejemplo de sus antecesores piadosos, y no desestimó su ejemplo como muchos hoy en día hacen. (2) No buscó a los baales, aunque el culto a los baales era popular y muy extendido tanto en Israel como en Judá. Pero Josafat no se puso “al día”, ni fue progresista. (3) Animó su corazón en los caminos de Jehová. Lo que hizo, no lo hizo a regañadientes, sino con ánimo. Nuestro ánimo en cosas espirituales es importante a Dios. (4) En los versículos 7-9, Josafat mandó enseñar la Palabra de Dios en todos los pueblos del país. Usó su autoridad como rey para bien.
    Entonces, observemos los resultados buenos. En los versículos 10-11 vemos que tuvo paz y favor ante sus enemigos, y se convirtieron en tributarios y pacíficos. “No osaron hacer guerra”. Dios obró en base a lo que Proverbios 16:7 dice, a favor de Josafat, y puede hacer lo mismo a favor nuestro, si como Josafat escogemos caminar como agrada al Señor. En lugar de preocuparnos con los enemigos, debemos poner atención en agradar a Dios. Él se encargará de los demás.

2. Jacob (Gn. 31:1-5)

    Jacob tuvo conflicto con Labán quien también eran experto en engaño. En el versículo 3 Dios le manda volver a su tierra. Entonces en el versículo 17 él se levanta para ir como Dios le dijo. Pero sabiendo como era Labán, tuvo que salir secretamente porque de otro modo no le hubiera dejado. Entonces huyó y Labán, cuando lo descubrió, le persiguió, ciertamente no con buenas intenciones. Pero en el versículo 24 Dios frenó a Labán, interviniendo para que no dañara a Jacob. En el versículo 29 leemos que Dios le advirtió claramente. Dios obró a favor de Jacob.
    Ahora bien, Jacob salió de este problema y se metió en otro: el problema de Esaú, porque Jacob le había engañado y quitado la primogenitura. Aunque veinte años pasaron, este problema no había sido resuelto. En el capítulo 27:41-42 vemos que desde entonces Esaú quería matarlo.
    En los capítulos 32-33 vemos que venía Esaú y sus hombres de guerra con él. La vida es así – a veces salimos de un problema y nos metemos en otro. Jacob acaba de ser librado del conflicto con Labán, pero poco después, en el 32:6 recibe la noticia de la venida de Esaú. Un problema lo tenía detrás suyo, el otro por delante, y podríamos decir que otros problemas los tuvo dentro de sí y en sus propias tiendas. Pero el problema que en este momento captó toda su atención y le tuvo totalmente ocupado y preocupado era la venida de Esaú. Tuvo miedo, y en el versículo 9 hace lo que debemos: ora y clama a Dios recordando sus promesas: “me dijiste...”.  En el versículo 12 también leemos: “tú has dicho: yo te haré bien”. Qué bueno es conocer la Palabra de Dios y las promesas que Él ha dado, porque quienes hacen esto pueden reclamarlas y ser esperanzados en tiempos de necesidad.
    En el 33:1-4 vemos el encuentro pacífico, con amor y reconciliación. Dios había apaciguado el corazón de Esaú, como sólo Él puede hacer. En el versículo 10 Jacob reconoce que ha sido recibido con favor. Dios le salió al encuentro, haciendo que Esaú estuviera en paz con él.
    Hay otros ejemplos en las Escrituras, pero no vamos a considerarlos todos ahora. El testimonio de David en Salmo 27 es de confianza en Dios en el día malo. David buscó a Dios, pasó tiempo en la presencia de Dios, y luego dijo: “... él me esconderá en su tabernáculo en el día del mal; me ocultará en lo reservado de su morada; sobre una roca me pondrá en alto. Luego levantará mi cabeza sobre mis enemigos que me rodean”. 
    Mencionaré  rápidamente que en Hechos vemos que Saulo de Tarso era un gran enemigo de los primeros cristianos, pero ellos oraron y él fue cambiado. El Señor, si así desea, puede tocar el corazón de los que nos son contrarios. ¿Qué es lo que Él pide de nosotros? Que nuestros caminos le agraden, esto es: que andemos en comunión con Él y vivamos vidas que le agradan.  Nuestro gran deber es vivir para agradar a Dios, y luego, confiar en Él para que, conforme a Su promesa, Él nos cuide y nos ayude. He aquí Sus promesas otra vez, en el Salmo 34:15-18, “Los ojos de Jehová están sobre los justos, y atentos sus oídos al clamor de ellos. La ira de Jehová contra los que hacen mal, para cortar de la tierra la memoria de ellos. Claman los justos, y Jehová oye, y los libra de todas sus angustias”. Que así sea en nuestras vidas. Vivamos vidas de justicia, agrademos al Señor, y confiemos en Él en el día malo. Él promete que nos ayudará.
    Dicho todo esto, debemos recordar que Dios permite pruebas, tribulaciones, enemistades y aflicciones en la vida del creyente (Jn. 15:18-19). Job que no había hecho nada desagradable a Dios, sin embargo sufrió. Los profetas de Dios en el Antiguo Testamento eran fieles siervos Suyos, sin embargo muchos sufrieron por su fe (Stg. 5:10). Los "otros" de Hebreos 11:35-38 sufrieron por la fe, y también los mártires debajo del altar en Apocalipsis 6. Santiago 1:3-5 aclara que Dios permite pruebas en la vida del creyente para fortalecerle, y Romanos 5:3-5 indica que Dios nos da fortaleza para soportar las aflicciones y las enemistades. ¿Qué otra cosa esperamos en el mundo que rechazó y crucificó a Cristo nuestro Señor? Hasta nuestro propios familiares pueden volverse en contra nuestro si siguimos fielmente al Señor (Mt. 10:35-36). El consejo de 1 Pedro 4:16 al creyente que padece a manos de otros es: "si alguno padece como cristiano, no se avergüence, sino glorifique a Dios por ello".

Wednesday, September 7, 2016

ESPERANZA EN MEDIO DE PRUEBAS


Texto: Job 8:21    

Bildad, aunque equivocado acerca del caso de Job, dice unas cosas preciosas acerca de Dios en este capítulo. Por ejemplo, los versículos 5-7, 9, 13 y 20 son verdades que debemos recordar. Cada uno merece meditación. Es difícil comprender todo lo que Job sufrió, pero el versículo 21 le daba esperanza. “Aun llenará tu boca de risa, y tus labios de júbilo”. Queremos pensar un poco en este versículo tan hermoso. Job no iba a sufrir siempre, sino que al final vendría alivio. Y esto es algo que nos da esperanza a nosotros los creyentes tantos siglos después. Al sufrir es importante recordar que sólo es un capítulo en el libro de nuestra vida, y no es todo, y no siempre será así.
    En el Salmo 126: 1-3 Israel se consolaba en tiempos difíciles con la esperanza de la intervención del Señor a favor suyo. “Cuando Jehová hiciere volver la cautividad de Sion, seremos como los que sueñan”.  También nosotros debemos pensar así y no perder la esperanza. Vienen mejores tiempos, y mientras tanto Dios da suficiente gracia para sostenernos en las pruebas, sacarnos de ellas y llevarnos adelante.
    Santiago 1:2-3 nos dice que el creyente pasa muchas veces por dificultades y pruebas. Es parte de la vida en este mundo lleno de pecado. Hay lucha con el diablo y no nos deja en paz. Él atacó a Job, luego a Zacarías, luego pidió zarandear a Pedro, y Apocalipsis 12 dice que acusa día y noche a los hermanos. Pedro le describe como león rugiente que anda buscando a quién devorar. Nuestro adversario es el príncipe de este mundo. De momento él gobierna aquí, y como somos de Cristo, él nos tiene del ojo izquierdo. Él diablo nos ataca de muchas maneras: problemas de salud, trabajo, tragedias y conflictos, necesidades, la crueldad e incomprensión de otros, la traición de familia y amigos íntimos, dudas, temores, etc.
    Pero hermanos míos, a veces nosotros mismos nos metemos en problemas por malas decisiones, en carreras o trabajos que nos consumen todo el tiempo, nos alejan de los que nos pastorean y cuidan espiritualmente, y nos privan de tiempo para reunirnos, leer la Biblia, orar y tener la comunión que tanto necesitamos. O nos metemos en situaciones donde nos quieren obligar a mentir o andar siempre en mal ambiente y con personas que son malos compañeros. Recordemos que el Salmo 1:1 declara la bienaventuranza de los que NO hagan esto. La separación del mal es importante para la salud espiritual.
    No hay nada difícil para Dios. Él puede darte lo que necesitas, pero escucha, lo que Él da no te perjudica espiritualmente. Las bendiciones de Dios no son dañinas. Pero hay que esperar en Él y seguir Su guía, no hacer las cosas confiando en nuestra propia sabiduría (Pr. 3:5-6).
    El Salmo 25:17 dice: “las angustias de mi corazón se han aumentado”. Así tenemos que orar cuando estamos en pruebas o luchando con temores. Oremos así y acerquémonos a Él. El versículo 18 pide misericordia y ayuda diciendo: “mira... mi trabajo”. Pero muchos no pueden decir esto porque no sirven al Señor sino a sí mismos. No le hacen ningún trabajo, ni siquiera vienen a las reuniones, ni leen la Palabra, ni la meditan, ni oran, ni testifican. ¿Qué pueden decir estos al Señor cuando vengan las pruebas? Pero el salmista ora como creyente fiel que busca ayuda del Señor y su tribulación. Cuando uno confía en el Señor y anda en comunión con Él, puede estar seguro de que vienen mejores tiempos. Cuando uno no anda así, para tener esta esperanza debe arrepentirse, apartarse de su pecado y cualquier cosa que tiene enredado su corazón, y echarse a los pies del Señor buscando Su misericordia y socorro. Tenemos un Dios compasivo y bueno, que quiere ayudarnos y hacernos bien. Dejémosle hacerlo, y confiemos siempre en Él. Amén.

Monday, March 7, 2016

CUANDO DIOS NO RESPONDE

Texto: Job 30:20

En el capítulo 29 Job recuerda su vida anterior de bendición. Pero en el capítulo 30 se queja de la vida atormentada, afligida y desdichada (vv. 11, 15-17, 19, 22-23). No sólo esto, sino que en el versículo 20 exclama: “clamo a ti y no me oyes”. Job describe además de sus pruebas, la aflicción de clamar a Dios y no tener respuesta.
    La vida cristiana tiene muchas aflicciones, porque el diablo no deja en paz a los que han decidido seguir a Cristo. El diablo, el mundo y aun su propia carne están en contra suya. El que quiere vivir piadosamente en Cristo Jesús, padecerá persecución, dice 2 Timoteo 3:12.
    Job había conocido mucha bendición (cap. 29), pero de noche a mañana perdió todo, y lo que más le sorprendió y le dejó perplejo y desanimado era que Dios no respondía – aparentemente no le escuchaba. A veces nos pasa algo parecido, aunque no sufrimos en la misma medida que Job. Pero a veces en nuestras pruebas y dificultades nos parece que Dios está lejos y difícil de contactar.
    En estos momentos, tengamos cuidado de no quejarnos ante el mundo – no demos lugar a que digan los incrédulos: “¿Dónde está tu Dios?” Ellos siempre están con el “¡ay!” y las quejas, y quieren vernos iguales. Cuando Job dijo: “Clamo a ti y no me oyes”, es el lenguaje de apariencia, es decir, que le parecía que Dios no le oía. Y nos puede parecer igual, pero consideremos y recordemos los siguientes textos:
    Salmo 139:7 dice: “¿A dónde me iré de tu Espíritu? ¿Y a dónde huiré de tu presencia?” Dios no se aleja. Siempre está cerca y nada se escapa de Su vista y conocimiento. Además, en Mateo 28:20 el Señor prometió estar con nosotros todos los días. Él está cerca y escucha, y lo sabemos no porque lo sentimos, sino porque Él lo promete en Su Palabra.
    Hebreos 13:5 promete: “No te desampararé ni te dejaré”, y el siguiente versículo dice: “el Señor es mi ayudador...”.  No hermano, el Señor no está alejado, ni ha perdido interés. Pero si no vivimos en comunión con Él, podemos detener Su mano de ayuda. Si anteponemos las cosas contrarias a Su voluntad y le desagradamos, perdemos no Su presencia sino Su bendición. Si no nos amparamos en Dios sino en el mundo, en la compañía de los que no confían en Él, en la comodidad, entonces aunque Él nos ve y oye, no nos bendice. El problema no es que Él nos deje, sino en que nosotros le dejamos a Él. Dios nos tiene en cuenta, pero ¿nosotros le tenemos siempre en cuenta?
    Jeremías 42:1-7 relata como algunos judíos consultaron, supuestamente buscando la voluntad de Dios. Luego tuvieron que esperar diez días para la respuesta de Dios. Así Él ponía a prueba sus corazones y les daba tiempo para reflexionar. A veces Dios en el silencio y las esperas nos pone a prueba. Cuando Él se calla no quiere decir esto que nada está pasando. Cae una semilla en tierra y aparentemente no hace nada, pero con el paso del tiempo se ve el resultado. Recordemos esto y no nos cansemos de esperar en el Señor. Él sabe cuándo y cómo responder.
    Hermano, hermana, el Señor no está lejos. Te escucha siempre. Está en Su trono, gobernando soberanamente. Está trabajando en nuestro corazón y formándolo como Él quiere. Tengamos paciencia y confianza siempre en Él.
    Algunos piden salud, y luego van a la playa o a bailar, o se colocan en trabajos que demandan todo,  trabajan tanto que no tienen tiempo para las cosas del Señor. Dios sabe lo que vamos a hacer. Él prueba con tiempos de espera para que reflexionemos y cambiemos de actitud. Su deseo es que aceptemos Su voluntad como buena, agradable y perfecta (Ro. 12:2) y que no insistamos en salirnos con la nuestra. La oración no es para esto.
    El Salmo 66:16-20 da testimonio de uno que vio que Dios le escuchó. El versículo 19 dice: “ciertamente me escuchó”. El versículo 20 dice: “Bendito sea Dios que no echó de sí mi oración”. Un día diremos lo mismo, porque Dios siempre nos escucha, y nos contesta de la manera mejor y más sabia. Nunca perdamos la confianza en Él.

de un estudio de Lucas Batalla dado el 13 de septiembre, 2012

Saturday, January 9, 2016

UN HIMNO DE GRATITUD

Texto: Salmo 30
Este salmo es un himno de David expresando gratitud y alabanza por haber sido librado de la muerte. Los salmos están llenos de ejemplos de cómo hablar con Dios y cómo cantarle, en casi toda variedad de circunstancia en la vida. Expresan las situaciones por las que pasaban los creyentes, en lenguaje de oración a Dios y testimonio a los demás.
    Veamos las circunstancias de David que ocasionaron este salmo. En el versículo 1, estaba en peligro de enemigos. Los que aman a Dios tienen enemigos, porque hay muchos que no le aman. Cuando uno ama al Señor y vive en piedad y justicia, esto trae conflicto con el mundo rebelde. La vida de piedad no es una vida de paz con todos. Ojalá fuera de otra manera, pero la realidad no es así. Los enemigos de David querían triunfar sobre él y alegrarse en su derrota y muerte. Pero Dios no lo permitió.
    En el versículo 2 vemos que además, David estaba gravemente enfermo. Esto nos presenta otro punto importante. Los piadosos no son exentos de las enfermedades. Hay iglesias hoy que enseñan que si tienes fe y agradas a Dios no te enfermerás porque la enfermedad viene por falta de fe y por pecado. Pero David estaba viviendo en piedad cuando se enfermó, y en su enfermedad clamó al Señor y fue sanado.
    En el versículo 3 vemos que había peligro de muerte. Los creyentes pasan por esos peligros. Desde los tiempos de Adán y Eva la muerte alcanza a los seres humanos. Los cementerios se expanden porque cada año hay más muertos. Y los creyentes también mueren, con excepción a aquellos que estén vivos cuando el Señor venga para arrebatar a la Iglesia (1 Ts. 4:13-18). Pero el creyente es en un sentido inmortal hasta que haya cumplido los propósitos de Dios para su vida. David pasó por peligro de muerte tanto por los enemigos así como por la enfermedad, pero Dios le libró.
    Y como Dios le libró de esos peligros, compone un salmo de gratitud y dice: “Te glorificaré”. Dios había cambiado su situación adversa y había dado salvación. Los creyentes debemos orar y clamar al Señor en nuestros apuros, y también debemos cantarle con gratitud cuando nos conteste.
    Así que en el versículo 4 David exhorta a todos a cantar al Señor – no cantar como diversión – sino cantar realmente al Señor. Es algo que muchos cantantes evangélicos no hacen, porque cantan por dinero, como profesionales, por protagonismo para destacar, por diversión, por fama y para agradar a su público como en conciertos. ¿Dónde en la Biblia hay un concierto? No los hay. Aunque hubo varones levitas cantantes en el templo, no hay en todo el Nuevo Testamento ningún grupo de cantantes, ningún conjunto, ninguna vocalista, ni nada parecido. Los apóstoles al ir predicando el evangelio no llevaron instrumentos musicales ni dieron conciertos. El énfasis que hoy hay sobre la música es algo totalmente ajeno al Nuevo Testamento, e innecesario para el progreso del evangelio.  ¿Quién le puede cantar? “Vosotros sus santos” y la palabra “santos” elimina a muchos cantantes evangélicos. Los creyentes sí podemos y debemos cantar, pero al Señor como David dice aquí. Cantamos celebrando Su santidad.
    En los versículos 5-11 David repasa los temas nombrados en los primeros tres versículos, y llega a la conclusión de que hay que cantarle y agradecerle a Dios con cánticos.
    El versículo 5 asegura que las pruebas y los castigos son de corto plazo. El presente puede ser negativo, pero para el creyente no es permanente. Pronto vendrá el gozo. Nuestra vida, por difícil y penosa que sea, siempre terminará con gozo, gracias a Dios. Por eso es importante no perder la esperanza ni el ánimo.
    En los versículos 6-7 vemos una verdad que no siempre es apreciada. La prosperidad en sí es un peligro y una prueba. Muchos oran deseando la prosperidad pero no saben lo que piden, porque la historia sagrada demuestra que muchas veces en la prosperidad han venido tentaciones y caídas en pecado. En tiempos prósperos solemos tener problemas de actitud, porque dejamos de ser humildes y de confiar constantemente en el Señor. Aunque reconocemos que es el Señor quién nos lo dio (v. 7), todavía peligramos. El dinero trae poder, y con él podemos hacer cosas que a lo mejor no son la voluntad de Dios. La prosperidad puede alimentar sentidos de independencia y autonomía. Empezamos a mandar porque tenemos dinero, y otros nos hacen caso por la misma razón. Pero el Señor nos corrige con circunstancias adversas, y nos deja ver que apartados de Él no somos gran cosa. Nos humilla y nos rebaja con cosas que nos turban y nos hace volver a Sus pies, dependientes de Él.
    Pero el creyente sabe qué hacer cuando vienen dificultades por cualquiera razón: clamar al Señor y suplicar.  “A ti, oh Jehová, clamaré, y al Señor suplicaré” (v. 8). Suplicar es una actividad de los humildes que imploran ayuda, no de grandes, poderosos y autónomos. Los creyentes no suplican a santos ni ángeles sino directamente al Señor. Tenemos en la oración un gran recurso para nosotros y también a favor de los demás. El creyente no dice como los del mundo: “Tendré un buen pensamiento por ti”. ¿Qué es eso? No es nada – el recurso liviano y vano de los que no conocen a Dios. ¡Cuanto mejor orar y decir: “Jehová, ten misericordia de mí”! Oramos porque sabemos a quién acudir. Los del mundo no saben qué hacer. Entonces no intentemos ser independientes, sino siempre estemos pegados al Señor. A Él le gusta siempre tenernos en esa actitud de súplica, y cualquier cosa que impida o apague esa actitud es un peligro.
    El versículo 9 contiene tres preguntas dirigidas al Señor en oración. David sabe que su vida debe ser provechosa para Dios, y pregunta cómo puede ser así si él muere. Podemos decir que pide vida para que sirva al Señor, para ser provechoso para Él. ¿Cuántos hoy tenemos este concepto, que nuestra vida debe ser provechosa para el Señor? Pablo dijo: “Para mí el vivir es Cristo”. ¿Podemos decir lo mismo?
    En el versículo 10 David pide misericordia y clama: “Sé tú mi ayudador”, y Dios lo es para los Suyos. Le agrada oirnos confesar nuestra necesidad de Su ayuda, y se goza en ayudarnos. Hebreos 4:16 dice: “Acerquémonos, pues, confiadamente al trono de la gracia, para alcanzar misericordia y hallar gracia para el oportuno socorro”. Hebreos 13:6 afirma: “El Señor es mi ayudador; no temeré Lo que me pueda hacer el hombre”. Proverbios 3:34 dice: “a los humildes dará gracia”. Leemos en Jeremías 31:14 la promesa de Dios respecto al futuro de Israel: “mi pueblo será saciado de mi bien”, pero Su promesa es aplicable a todos los que en Él esperan.
    Entonces, las cosas cambiarán, tarde o temprano. Dios cambió el lamento de David en alegría expresada en baile (v. 11), porque cambió las circunstancias que ocasionaron su tristeza. No es un baile de diversión, carnal, sugestivo, amoroso ni nada como se ve en el mundo. Es la reacción sencilla de un corazón alegre. Pero recordemos que el Señor puede darnos gozo aun en medio de circunstancias adversas, sin cambiarlas, y las circunstancias no son excusa para alejarnos de Dios ni estar deprimidos. En Lucas 6:22-23 vemos que podemos tener gozo y alegría aun cuando sufrimos rechazo y persecución. El Señor dice que si a Él le persiguieron, a nosotros también lo harán. Nuestro gozo está en Él, no en las circunstancias.
    Vivimos en un mundo contaminado con el mal. La justicia está pervertida. El mundo está dirigido por el maligno y en un mundo así no podemos esperar sino lo negativo. Pero el Señor nos ayudará, y en esa ayuda misericordiosa tenemos motivos de alabanza y testimonio.   
    En el versículo 12 tenemos la conclusión: “por tanto a ti cantaré”. David canta, como dice en el versículo 4, y canta al Señor reconociendo Su ayuda. “Gloria mía” le llama, y qué bueno cuando tengamos esta actitud de que nuestra gloria no está en nosotros ni nada en este mundo, sino en Dios. A muchos Dios les ha tenido que despojar de su gloria, de las cosas en las que se glorían los seres humanos, para que aprendan a decirle: “Gloria mía”. “No estaré callado” dice, porque cuando Dios nos responde y nos hace bien, hay que ser tan prontos para alabar como lo éramos para clamar y suplicar. No sean más cortas nuestras alabanzas que nuestras súplicas. Todo creyente tiene motivos de alabanza, si recuerda lo que el Señor hizo para socorrerle en el Calvario, lo que padeció, lo que soportó por su causa, llevando sus pecados en Su santo cuerpo sobre el madero, y cómo derramó Su sangre por él, responderá: “No estaré callado. Jehová Dios mío, te alabaré para siempre”.

Lucas Batalla, de un estudio dado el 24 de octubre, 2013

Friday, May 30, 2014

EL VALOR DE LA PACIENCIA

Texto: Salmo 37:1-7

Este salmo comienza diciéndonos: “No te impacientes” (v. 1), y en el versículo 7 dice: “guarda silencio”. Una de las cosas grandes que Dios quiere enseñarnos a través de este salmo es la paciencia. En el versículo 5 nos dice: “confía en él, y él hará”. Fijémonos que estas cosas se dicen aquí cuando abundan los malignos y la iniquidad. Es una situación difícil de soportar.
    Nosotros oramos y pedimos muchas cosas – algunas el Señor contesta ahora y otras luego. Dependemos de la voluntad y sabiduría del Señor y de Su gracia y misericordia. El Señor está guiándonos por la vida, y trabajando también en nosotros. Quiere desarrollar en nosotros otra cosa importante, que es la compasión. También quiere enseñarnos a ser estables y firmes en la fe, no variables con altibajos. Quiere que soportemos las pruebas y dificultades sin venirnos abajo, sino confiados en Él. Pero esto no es automático, sino que es una lección que vamos aprendiendo poco a poco. Nos dice: “confía en él; y él hará”. Y entonces vienen circunstancias contrarias como en este salmo, que nos hacen confiar en Él. Si confiamos en el Señor, podemos tener paciencia, ser benignos y misericordiosos.
    Cuando pasamos tiempo en la sala de espera del Señor, la oración, Él va obrando en nosotros y a favor de nosotros. Hay que ser pacientes. Hay creyentes que se convierten y en seguida quieren ser y hacer como los que llevan años en el Señor. Esto es un deseo bueno, y hay que felicitarles, no desanimarles. En el Nuevo Testamento no había que esperar años y años para servir al Señor. En seguida quieren predicar, desean testificar bien, tienen hambre de saber mucho más acerca de la Biblia, y todo esto es bueno y son señales de vida. Pero todo esto cuesta su tiempo y el crecimiento viene de día en día, sobre la marcha en la vida, y no es instantáneo. Dios también quiere formar el carácter de los Suyos.
    En Santiago 1:2-4 se nos aconseja la paciencia en las pruebas. El versículo 3 dice que la prueba de nuestra fe produce paciencia, como también leemos en Romanos 5:3.  En Santiago 5:7-8 dice que tengamos paciencia, ¿hasta cuándo? Hasta la venida del Señor. Necesitamos la paciencia en toda la vida. El versículo 8 nos recuerda que el Señor vendrá. Él cumplirá Su promesa. Dice que Su venida “se acerca”. En el versículo 10 nos llama a considerar el ejemplo de los profetas, que tuvieron que vivir en circunstancias contrarias. Sufrieron oposición, crítica, persecución, tenían pocos amigos, tenía que ir contra la corriente de su generación. Esto es ser fiel y paciente en las pruebas. Luego en el versículo 11 vemos la paciencia de Job, que sufrió mucho pero el fin del Señor era bueno para con él, y así es también en nuestra vida. La vida cristiana no es una carrera de corta distancia, sino más bien como un maratón. Pero esto no quiere decir que sólo los hermanos más viejas pueden servir al Señor y que los jóvenes esperen pacientemente hasta que mueran los hermanos viejos y entonces tendrán oportunidad. No es esto. Bueno es comenzar como joven, y servir siendo fiel y paciente toda la vida. Cuando venga el Señor, que nos halle sirviéndole, sea cual sea nuestra edad.
    Hebreos 10:36 nos dice: “no perdáis, pues vuestra confianza que tiene grande galardón, pues os es necesaria la paciencia”. Aquí paciencia significa “perseverancia”. Y el más grande galardón (v. 32) es que vendrá el Señor y nos llevará a Su casa. Así que, sirvámosle con paciencia, esto es, con perseverancia, hasta que Él venga.

de un estudio dado por Lucas Batalla, el 9 de septiembre, 2010

Sunday, February 3, 2013

DOS RISAS


Las Dos Risas De Sara

Texto: Génesis 18:1-15


En este hermoso pasaje, el Señor visita a Abraham y le da un mensaje de buenas noticias para él, que conforme a la promesa dada en el capítulo 17, va a tener un hijo, el hijo de la promesa. Este texto nos invita a la alegría al ver cómo el Señor cuidaba y bendecía a Abraham. Vemos en esto la buena disposición de Dios hacia los creyentes, y esto debe darnos ánimo. Cuando primero oyó la promesa de un hijo en el capítulo 17, Abraham se postró y se rió de gozo (17:17). Dios le dijo que el hijo se llamará Isaac, lo cual significa risa, no una risa liviana de chiste, sino de gozo verdadero.  Ahora en el capítulo 18 el Señor viene en persona para confirmar que de allí a un año la promesa se cumplirá. En esta ocasión, Sara estaba escuchando desde dentro de la tienda, y ella también se rió, pero no de gozo como Abraham, sino de incredulidad. El Señor preguntó por qué se había reído y ella lo negó, y estas cosas nos enseñan que su risa no era como la de Abraham.
En la vida cristiana también el Señor a veces nos muestra cosas a las que debemos estar atentos. Tenemos que aprender, como Sara, que no hay nada difícil para Dios. Lo sabemos en teoría, pero hay que aprenderlo en la práctica. En el capítulo 21:1-6 Dios cumple Su promesa y hace a Sara reír de alegría porque Dios le dio un hijo.
Ahora bien, en el caso de Sara, entre la primera risa y la última, ella pasó un tiempo de pruebas. Primero hubo el catástrofe del juicio de Sodoma y Gomorra y la pérdida de parte de la familia de Lot. Luego Abraham se trasladó con todos los suyos y pasaron un tiempo en la tierra de Abimelec, donde otra vez surgió el trauma de estar los dos engañando a los hombres diciendo que Sara era hermana de Abraham. Recordemos que a Dios no le gustan las media verdades, porque también una media verdad es una media mentira. Posiblemente Sara se sentía abandonada o negada por el amor de su vida, y con la incertidumbre de qué pasaría con ella y qué de la promesa que Dios había dado. Fue un tiempo de mucha tensión. Actuaron más bien por la sabiduría carnal que por la fe en Dios, en parte motivados por el temor del hombre, el cual siempre trae lazo (Pr. 29:25). Pero Dios en amor y bondad les sacó de esta prueba, reprendiéndoles por boca de Abimelec, y enseñándoles a confiar en Dios y en Su Palabra. 
Hermanos, Dios también nos corrige a nosotros, nos saca de las pruebas y nos enseña a través de ellas, y esto aunque metemos la pata, como cada uno hace de vez en cuando. En el capítulo 21 Dios visitó a Sara (v. 1), y el texto dice: “como había dicho” y “como había hablado”. Estas palabras enfatizan y nos recuerdan que Dios cumple Sus promesas en nuestras vidas en Su tiempo (v. 2). Oramos por muchas cosas, y que son necesarias, y Dios contestará y proveerá a su tiempo. Luego recordaremos la fidelidad de Dios y cómo Él nos ayudó, y tendremos este gozo que tuvieron Abraham y Sara cuando nació Isaac. Y la gente alrededor nuestro escuchará nuestro testimonio de cómo Dios nos ayudó, y Dios será glorificado. Dios trabaja en nosotros como en Sara para corregir nuestra vida y carácter, nuestros errores, y sacarnos adelante. Hebreos 12 dice que Él corrige a Sus hijos, y que aunque el proceso no es asunto de gozo, el fruto apacible de justicia que viene después es bueno. Entonces, aunque pasemos por pruebas y dificultades, no perdamos la esperanza ni el ánimo, porque vamos a reír de nuevo, de contentos con la gracia y la ayuda del Señor.

de un estudio dado por Lucas Batalla, el 9 de octubre, 2008

Wednesday, June 15, 2011

EN EL OJO DEL HURACÁN



Salmo 91
El que habita al abrigo del Altísimo morará bajo la sombra del Omnipotente. Diré yo a Jehová: Esperanza mía, y castillo mío; mi Dios, en quien confiaré. Él te librará del lazo del cazador, de la peste destructora.  Con sus plumas te cubrirá, y debajo de sus alas estarás seguro; escudo y adarga es su verdad. No temerás el terror nocturno, ni saeta que vuele de día, ni pestilencia que ande en oscuridad, ni mortandad que en medio del día destruya.  Caerán a tu lado mil, y diez mil a tu diestra; mas a ti no llegará.  Ciertamente con tus ojos mirarás y verás la recompensa de los impíos. Porque has puesto a Jehová, que es mi esperanza, al Altísimo por tu habitación,  no te sobrevendrá mal, ni plaga tocará tu morada. Pues a sus ángeles mandará acerca de ti, que te guarden en todos tus caminos.  En las manos te llevarán, para que tu pie no tropiece en piedra. Sobre el león y el áspid pisarás; hollarás al cachorro del león y al dragón.  Por cuanto en mí ha14puesto su amor, yo también lo libraré; le pondré en alto, por cuanto ha conocido mi nombre.  me invocará, y yo le responderé; con él estaré yo en la angustia; lo libraré y le glorificaré. Lo saciaré de larga vida, y le mostraré mi salvación.
     El ojo del huracán es un lugar de paz y tranquilidad en medio de una gran tormenta. En un sentido sirve para describir la vida de la persona que confía en el Señor. En este hermoso Salmo vemos cómo Dios cuida de los Suyos y los protege. Los que somos Suyos, los verdaderos creyentes, no visitamos a Dios. Los paganos visitan a sus dioses en sus templos. Pero el creyente habita bajo el abrigo del Altísimo, y mora bajo la sombra del Omnipotente. ¡Cuánta es la dicha de morar con Dios, de estar en Cristo, y de saber que nuestro cuerpo ha venido a ser “templo del Espíritu Santo”. El salmista declara exuberante: “Mi Dios, en quien confiaré” (v. 2). El Señor nos protege y es digno de nuestra confianza. Hermanos queridos, gocémonos en la protección de Dios y confiemos en Él sin desmayar. Vivimos en un mundo lleno de maldad y arruinado por el pecado. Hay enemigos y peligros naturales y espirituales. Pero, mirad de cuántas cosas Dios protege a los que son Suyos. “Del lazo del cazador” y “de la peste destructora” (v. 3). En el versículo 5 están “el terror nocturno” y la “saeta que vuele de día”. El versículo 6 presenta pestilencia en oscuridad y mortandad en medio del día. ¿Cómo podemos descansar, ya que estamos rodeados de enemigos y peligros de día y de noche? Es fácil. Confiemos en el Señor, porque Él prometecuidarnos. En el versículo 7 caen mil y diez mil, pero Dios dice: “a ti no llegará”. “No te sobrevendrá mal, ni plaga tocará tu morada” (v. 10).Estas palabras sirvieron de ánimo y consuelo para el pueblo deIsrael en los tiempos del Antiguo Testamento. Pero ¡cuánto más paralos 144.000 sellados, y el remanente fiel de Israel durante los años dela Gran Tribulación! Satanás andará suelto con gran ira, pero el Altísimo protegerá a los Suyos, y para ellos las palabras de este Salmotendrán un sentido nuevo y personal. Y sabemos que los versículos 11-16 tienen un sentido mesiánico, pues el diablo los citó al Señor cuando le invitó a tirarse del pináculo del templo. Citó los versículos 11 y 12, pero no los demás, especialmente evitando el versículo 13 que dice: “Sobre el león y el áspid pisarás; hollarás al cachorro del león y al dragón”. El Señor Jesucristo triunfó y triunfará. En Apocalipsis 12 vemos cómo el dragón y los suyos son echados del cielo para siempre,y acabarán en el lago de fuego (Ap. 20:10) junto con todos los que los siguen. No hay protección para el malo.Pero no tenemos que mirar sólo al pasado o al futuro para hallar la aplicación de este salmo. Nosotros también somos pueblo de Dios, y Él nos ama y nos protege. Nadie puede arrebatarnos de Su mano (Jn.10:28-29). Él nos invita a echar sobre Él todas nuestras ansiedades,porque tiene cuidado de nosotros (1 P. 5:7).
    Hermanos, no hay mejor guarda que Dios, el Altísmo, el Todopoderoso. El Señor no duerme ni se despista. Nada nos puede tocar sin Su permiso, y Él sólo permite lo que es para nuestro bien. “No dará tu pie al resbaladero, ni se dormirá el que te guarda. He aquí, no se adormecerá ni dormirá el que guarda a Israel” (Sal. 121:3-4). El Señor no se equivoca en Su cuidado de nosotros. El Señor no puede ser vencido. Estas verdades el salmista celebra con palabras como“abrigo” y “sombra” (v. 1), “castillo mío” (v. 2), “escudo” y “adarga” (v. 4). Promete que “te librará” (v. 3), “te cubrirá” y “estarás seguro” (v. 4). El resultado bueno y lógico de semejantecuidado es: “no temerás” (v. 5).¿Por qué, entonces, hay tantos cristianos nerviosos y preocupados? ¿Acaso no sabemos que el Omnipotente nos protege? Queridos hermanos, debemos relajarnos en Sus manos y gozarnos de Su amor. Muchas veces hacemos como los discípulos en Marcos 4:38. Con ansiedad y temor, desesperados, clamamos al Señor como ellos: “Maestro, ¿no tienes cuidado que perecemos?”. Estaban en una grantormenta en el mar y parecía que el barco se anegaba. Pero el Señorestaba en aquel barco, así que, ¿cómo iba a hundirse? Realmente ellosestaban en el ojo del huracán, pero no lo sabían. Tenían que aprenderlo,como nosotros, por la experiencia. Así que, el Señor se levantó, reprendió el viento, y hubo gran bonanza (v. 39). Luego les dijo: “¿Porqué estáis así amedrentados? ¿Cómo no tenéis fe?” (v. 40). Sin dejarde amarlos, les reprochó su ansiedad y temor, apuntando su falta de fe.Ellos debían confiar en el Señor, como nosotros también debemos.Amados, para llegar al lugar donde Dios quiere llevarnos, aveces hay que pasar por una tormenta o un peligro, como esto que les sucedió a los discípulos en Marcos 4. Las tormentas no nos hundirán si estamos en la voluntad del Señor y en comunión con Él. Al contrario, es cuando vemos Su poder. Estamos en el ojo del huracán.
de un estudio dado por Lucas Batalla en 2005