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Friday, September 25, 2020

Salmo 34 - Dios Nos Libra De Temor

David se finge loco ante Abimelec

Texto: Salmo 34

Tenemos delante un salmo escrito cuando David estaba en una situación peligrosa. Había huido de Saúl y se había metido en el palacio de Abimelec rey de Filistea – la capital de los enemigos de Israel. Este salmo recuerda su rescate del palacio en Gat. No tenía que haber huido hasta allá, pero lo hizo. Estaba bajo mucha presión. Pero al leer el salmo vemos que siempre tenía su esperanza puesta en el Señor. Relata cómo clamó al Señor y qué requisitos tiene el Señor para ayudarnos.
    En los versículos 1-3 David bendice al Señor y declara: “su alabanza estará de continuo en mi boca” (v. 1). Los mansos oirán la alabanza y se alegrarán, porque también confían en el Señor y les anima saber cómo Él ayuda a los que le buscan. En el versículo 3 nos invita a unir nuestras voces a la suya para alabar y exaltar a nuestro Dios.
    En los versículos 4-8 testifica de la ayuda divina, y su testimonio puede y debe animarnos. “Busqué a Jehová, y él me oyó, y me libró de todos mis temores” (v. 4). Así debemos hacer ante los temores porque el Señor puede librarnos de ellos. David pasó por muchas penas y peligros huyendo de Saúl, privado, hambriento, atemorizado, etc., pero el Señor le respondió. Nosotros también pasamos pruebas, apuros y tensiones. ¿Cuántas veces te has despertado después de medianoche y han venido pensamientos negativos que te preocupan y te quitan el sueño? El testimonio de David es para instruirnos, para que clamemos al Señor y confiemos en Él.  El versículo 6 dice que le oyó y le libró de todas sus angustias. Entre las angustias de David estaba la falta de ayuda o consuelo de parte de otras personas. Puede que los amigos y aun la familia se quiten del medio cuando tenemos problemas, y no nos hablen. Pero al Señor siempre podemos hablar, porque Él no se aparta. No nos deja. Está siempre cerca. “El ángel de Jehová acampa alrededor de los que le temen, y los defiende” (v. 7). Así que, “Dichoso el hombre que confía en él” (v. 8), no en los hombres. El Señor es digno de nuestra confianza. David confiaba en Él, clamaba a Él, esperaba en Él, y el Señor intervino y sigue interviniendo a favor de los tales para ayudarles. Como creyentes, debemos aprender a confiar en el Señor siempre, porque Él es el único que puede solucionar los problemas. Tiene poder y sabiduría, y es benigno. Confiemos en Él antes que en los hombres. Busquemos Su ayuda primero y esperemos en Él.
    Del versículo 9 al 14 nos aconseja. “Temed a Jehová, vosotros sus santos, pues nada falta a los que le temen” (v. 9). Esto nos recuerda lo importante que es el temor de Dios en nuestra vida. Es el principio de la sabiduría (Pr. 1:7). Al Señor le agrada proveer para los que le temen, pues promete que nada les falta. Pensemos en el Salmo 23:1, “Jehová es mi pastor, nada me faltará”. Entonces procede a enseñarnos el temor de Jehová en los versículos 11 al 14.
    Luego en los versículos 15-22 hallamos muchas expresiones de confianza. El versículo 15 nos recuerda que “Los ojos de Jehová están sobre los justos, y atentos sus oídos al clamor de ellos”. (véase 33:18). Él vela siempre por nuestro bien. Esa es Su parte. La nuestra es temerle (v. 9), buscarle (v. 10) y clamar a Él. La misericordia es compasión activa, y las Suyas son nuevas cada manaña (Lam. 3:22). Por eso cuando nos acercamos al Señor en oración, confesando nuestra necesidad, humillándonos, buscando Su ayuda y echando nuestras ansiedades sobre Él, Él promete: “no tendrán falta de ningún bien”. Esto es para animarnos a no ensimismarnos, hundirnos, desanimarnos, apartarnos ni tirar la toalla, sino acercarnos, clamar (v. 17) y esperar en Él.
    El versículo 19 afirma que aun los justos tienen muchas aflicciones. La vida de fe no nos libra de problemas, pero nos da la soluciona a ellos, la que los incrédulos no tienen: la ayuda divina. Hermanos, como creyentes tenemos que sufrir en esta vida. Vivimos en un mundo arruinado por el pecado, el diablo es el príncipe del mundo, y dentro de todo ser humano está la carne, la naturaleza caída. Así que, hay mucha aflicción. La conversión no nos quita todos los problemas, pero entonces hay socorro: “de todas ellas le librará Jehová”. Consideremos cuán largos y duros eran las pruebas y las aflicciones de Job, pero el Señor bendijo el postrer estado de Job más que su primero. Santiago 5:11 dice: “He aquí, tenemos por bienaventurados a los que sufren. Habéis oído de la paciencia de Job, y habéis visto el fin del Señor, que el Señor es muy misericordioso y compasivo”.
    Al final del salmo, el versículo 22 promete: “no serán condenados cuantos en él confían”.  El ángel de Jehová acampa alrededor de nosotros y nos defiende (v. 7). No le vemos, pero Él está allí, siempre a nuestro lado. Así que, cobremos ánimo, confiemos en la ayuda fiel de Dios, y que Él nos ayude y bendiga. Amén.

                                                                      de un estudio dado por Lucas Batalla 

 

Fuertes enemigos siempre cerca están:
Cristo está más cerca; guárdame del mal.
“Ten valor”, me dice: “Soy tu guardador”.
“No te dejo nunca; siempre contigo estoy”.

El que guarda mi alma nunca dormirá.
Si mi pie resbala, Él me sostendrá.
En mi vida diaria es mi guardador;
Fiel es Su palabra: “Siempre contigo estoy”.


                        del himno “No Tengo Temor”
 

Friday, August 28, 2020

CINCO PIEDRAS LISAS

 Texto: 1 Samuel 17:1-19    


Hermanos amados, delante nuestro tenemos la historia tan conocida de la batalla entre David y Goliat, que contiene muchas lecciones para nosotros. David vio que Israel tenía un gran enemigo que les odiaba y les asustaba, y fue a luchar contra él. Hoy en día también el pueblo de Dios tiene un gran enemigo, el diablo. Goliat de alguna manera puede servir como figura del diablo: más grande, más fuerte, mejor armado y lleno de odio y desprecio hacia el pueblo de Dios. El diablo es como un gigante que quiere pelear con tra nosotros, vencernos y dominarnos (vv. 8-9). No podemos contra él porque es más fuerte. ¿Cómo, entonces, podemos obtener la victoria en la batalla espiritual? David nos enseña que el creyente tiene en Dios un gran “aliado”.
    Como Goliat en el versículo 9, el diablo quiere ponernos en servidumbre, y desafía a los creyentes, a la iglesia y a Dios mismo. Como en los versículos 5-7, viene impresionantemente armado y con gran fuerza, como para atemorizar a cualquiera. En el versículo 8, “dio voces”, y así hace el enemigo – grita y vocifera para meternos miedo. Es su campaña de “propaganda” (v. 11).  En el versículo 16 vemos que Goliat venía y los desafiaba mañana y tarda. El diablo no se cansa, siempre acecha, ataca y busca nuestra ruina. Por la mañana lo hace, para quitarnos el tiempo devocional y hacernos comenzar el día de mala manera, sin pasar tiempo con Dios leyendo Su Palabra y orando. Y por la tarde lo hace también. Día y noche ataca y desafía. Hermanos míos, no podemos tomarnos la vida cristiana de cualquier manera, porque el enemigo es grande y siempre está acechando. Hay que tomar en serio la vida cristiana en todo momento. No sirve la práctica de “ser un cristiano” sólo los domingos durante los cultos. Esto seguramente le hace al diablo reír con desprecio. No podemos pelear contra él por nuestra cuenta, ni con nuestras fuerzas, sino con las armas que Dios nos da (Ef. 6:10-18). No sirven contra el diablo las cosas como la religión, la ciencia, la filosofía, la psicología, etc. – porque la sabiduría humana nada puede contra él, y la historia de la humanidad bien lo demuestra.
    En el versículo 10 Goliat gritó: “Dadme un hombre que pelee conmigo”. Nadie en Israel quiso ir a su encuentro, sino el joven David, llenó de fe. Resulta que David está en el linaje del Mesías, quien es “hijo de David”. Entonces, más allá de la escena en 1 Samuel, cuando llegó el tiempo, Dios envió a “un hombre” a pelear contra el “gigante” Satanás que tenía atemorizada a toda la raza humana. El Señor Jesucristo le venció en la cruz, como Colosenses 2:15 y Hebreos 2:14-15 declaran. ¡Gloria a Dios por la victoria que tenemos en el Señor Jesucristo, y la libertad del pecado y la muerte!
    Pero volviendo a la escena en 1 Samuel, estos gigantes estaban allí porque Israel no los conquistó durante y después de los tiempos de Josué y los jueces. Entonces, ellos y otros trajeron muchos problemas y aflicciones al pueblo de Dios que había intentado coexistir como vecinos con ellos. Goliat por su mera presencia era una recuerdo de sus fracasos. Pero entonces David, en el nombre de Jehová, salió a pelear contra él y poner fin a sus jactancias y su dominio. Bajó al arroyo y escogió cinco piedras lisas. Le sobraron cuatro, porque con una bien lanzada y guiada por Dios, derrumbó al gigante. Pero estas cinco piedras pueden sugerirnos cosas que nosotros necesitamos en la lucha espiritual contra el diablo y sus huestes que desean arruinarnos, atemorizarnos y dominarnos.


    1. Primero está la piedra de las bendiciones y victorias anteriores (vv. 34-37). Dios había ayudado a David en el pasado cuando como pastor tenía que cuidar y defender el rebaño de su padre. Al venir el león o el oso a arrebatar la presa, David se interpuso y los mató, poniendo a salvo el rebaño. Era consciente de la ayuda de Dios – no se creía super-fuerte, sino que confesó que Dios le ayudó. “Jehová, que me ha librado de las garras del león y de las garras del oso, él también me librará de la mano de este filisteo” (v. 37). Se acordaba de la ayuda de Dios en el pasado, y cobró ánimo. El rey Saúl respondió: “ve y Jehová esté contigo”. Saúl no iba a estar con él, ni la armadura de Saúl podía ayudarle. David no buscaba a un grupo de hombres para apoyarle, sino que se fue solo, confiado en Dios. Se acordaba de cómo Dios le había bendecido y ayudado antes, y nosotros también debemos pensar así. Esto nos da ánimo y confianza.
 

    2. Segundo, está la piedra de las oraciones. David oraba siempre, cosa que no se podía decir de sus hermanos ni de Saúl. La oración es muy importante en la vida del creyente, y sin ella nos volvemos débiles y desorientados. El apóstol Pablo nos enseña a orar siempre (1 Ts. 5:12). Es impresionante ver cuántas veces oraban los creyentes en el libro de Hechos, y por contrapartida, el poco interés que hay en la oración en las iglesias modernas. Volviendo a David, más tarde en su vida, en 1 Samuel 30:6-8 estaba muy mal cuando llegó a Ziclag después del ataque de los amalecitas. Había perdido todo, y los que estaban con él hablaron de apedrearle. Fue uno de los peores días de su vida, pero la Palabra dice que él oraba y se fortalecía en su Dios. Consultó a Jehová y luego fue guiado a recuperar todo. Hermanos míos, la oración es una piedra lisa que el cristiano debe lanzar contra el enemigo. En el Salmo 59 vemos como David clamó a Dios cuando era perseguido por Saúl. Comienza diciendo: “líbrame de mis enemigos; ponme a salvo”, y todo el salmo es un clamor a Dios pidiendo socorro. Cuando sentimos la presencia de enemigos y conflictos, debemos orar.
 

    3. Tercero, está la piedra de la soberanía de Dios. Él es dueño absoluto de todo y hace según Su voluntad. Esta verdad es de gran consuelo y ánimo al creyente. Tiene nuestra vida en Sus manos. Esta piedra está muy pegada al saco pastoril y no la sacamos, pero debemos sacarla y demostrar al mundo que confiamos en la soberanía de Dios. David le dice a Goliat en el versículo 46, “Jehová te entregará hoy”. En el versículo 47 dice: “de Jehová es la batalla”. No eran meras palabras, sino la expresión de la creencia del corazón de David. Dios era más grande y poderoso que su enemigo, y también es verdad en nuestro caso.
    A veces adolecemos del impacto de esta soberanía en nuestra vida. La vida cristiana es imposible sin el Señor. Cada día debemos someternos a Él con confianza en Su gran poder y autoridad. Quienes deben temblar son los enemigos de Él. Las cosas que nos hacen daño afectan también a Dios, y debemos presentarle nuestras peticiones confiados en Su interés y ayuda.
 

   4. Cuarto, está la piedra de la fe. No hay victoria sin fe. Entramos en la vida cristiana por fe, y hay que vivir por fe cada día. “El justo vivirá por fe” (Ro. 1:17). Tenemos que creer lo que Dios dice y confiar en el Señor. En el versículo 47 leemos: “él os entregará en nuestras manos”. Cuando David hablaba manifestaba su confianza en el Señor. En el versículo 25 leemos que los israelitas sabían la promesa de Saúl y lo que ofrecía al que venciera a Goliat. Pero ni con esto salían a pelear. Pero David confiaba en el Señor. Hablaba como viendo lo que Dios iba a hacer. Sabía que Dios era más grande y poderoso que Goliat. Hermanos, apliquemos esto en nuestra vida, porque nuestros problemas no son más grandes que Dios.


    5. En quinto lugar, está la piedra de la perseverancia y la diligencia (vv. 28-30). Los hermanos de David le criticaron y le desanimaron. Así es la familia muchas veces. Muchas veces los enemigos son los de la propia casa, que desaniman y critican. No tienen fe y no aprecian al que la tiene. Pero David no permitió que ellos le apartaran de la pelea. Perseveró a pesar de sus críticas y acusaciones falsas.
    David había ido hasta allí en obediencia a su padre, lo que muchos hijos hoy en día no hacen. Hoy en día está de moda la independencia y el individualismo. Pocos hacen caso de los consejos y las instrucciones de sus padres. Pero David no era esta clase de hijo. No discutió con su padre ni se quejó, ni demoró, aunque fue enviado a una zona de guerra donde había peligro. A pesar de esto, él se levantó de mañana (v. 20). Fue diligente en cumplir las instrucciones de su padre. El Señor quiere que nosotros seamos también diligentes en cumplir Sus instrucciones dadas en Su Palabra, y que perseveremos a pesar de los comentarios negativos o las críticas de otros. En la perseverancia y la diligencia de obedecer la voluntad de Dios está la victoria.
    Estas son cosas que nos darán la victoria en la batalla. Vemos en los versículos 49-51 que David venció y aquel día fue día señalado de gran victoria para Israel. Entonces, en lugar del grito de Goliat, oímos en el versículo 52 el grito de Israel.
    Es importante ver a Dios en todo momento y ante el enemigo y sus desafíos. Que el Señor nos ayude a hacerlo, y por Su gracia hagamos uso de estas cinco piedras, para Su gloria. Amén.

de un estudio dado el 3 de agosto, 2008

Saturday, July 20, 2019

DAVID EN FILISTEA


Texto: 1 Samuel 27:1-4

Hay mucha enseñanza buena en la vida de David. Aquí vemos cómo decidió marcharse de Israel porque se cansó de las amenazas continuas de Saúl, y de huir de él. Lo respetaba y no lo iba a matar porque era el ungido de Dios (1 S. 24:6). Así le perdonó la vida dos veces y en eso dio buen ejemplo. Pero entonces se cansó, como humano que era, y tomó una decisión indebida – se fue a un lugar donde no debió estar, con los enemigos de Israel. Hermanos míos, cuando pasamos pruebas y dificultades, sentimos presión como los demás, pero debemos tener cuidado con las decisiones en esos momentos. Podríamos salir de las presiones y también salir de la voluntad de Dios. David estaba desorientado y tomó una decisión importante sin consultar a Dios. Es importante notar esto – no oró, no esperó en Dios como en otras ocasiones, sino actuó por cansancio y quizás desánimo y preocupación. No son buenos consejeros.
    En 1 Samuel 22 cuando estaba en la cueva Dios le cuidó y le dio 400 hombres. Con tiempo el número creció a 600. En ese tiempo David cuidó de sus padres enviándolos a Moab (22:3), que es un ejemplo del respeto y honor que se les debe tener a los padres. Hoy se va perdiendo ese honor paterno y también el orden en el matrimonio. En 1 Samuel 22:5 el profeta Gad, portavoz de Dios, indicó a David que no se quedara en Moab sino que se volviera a la tierra de Judá. Sus pasos fueron guiados por el Señor, y David pensaba y actuaba cabalmente.
    Pero en el capítulo 27 no pensaba bien. Observa otra vez que no oró. Abandonó al país y se fue al enemigo. Como cualquier otro ser humano, tenía crisis, y cuánto más como hombre espiritual en un mundo lleno de pecado. Sentía miedo y cansancio, y dirigido por su miedo, acabó en un lugar indebido, entre los filisteos – enemigos de Dios. Nosotros, hermanos, no debemos ir al mundo para evitar problemas en nuestra vida. Recordemos la bienaventuranza de los tres negativos del Salmo 1:1, “Bienaventurado el varón que no anduvo en consejo de malos, Ni estuvo en camino de pecadores, Ni en silla de escarnecedores se ha sentado”. David era hombre de Dios, pero falló en esto y nosotros también podemos, así que, tengamos cuidado.
    Se fue a un rey pagano para cobijarse y refugiarse. Vamos ahora al capítulo 29. En el versículo 1 vemos la situación en la que Davíd se había metido. Él y los suyos iban como la retaguardia de Aquis, rey filisteo, ayudándole en la campaña contra Israel y Saúl. Actuaba mal y se asociaba con los enemigos de Israel. Repito para enfatizar, que si lees estos capítulos verás que en todo este tiempo no consultó a Dios, y hablamos de un periodo de un año y cuatro meses (27:7). Lo único que le paró era la queja e insistencia de los príncipes de los filisteos (29:3) que prostestaron: “¿Qué hacen aquí estos hebreos?” ¡Buena pregunta! En el versículo 4 dicen: “no venga con nosotros” – porque no se fiaban de David. Dios en Su providencia utilizó esto para sacar a David de una situación y alianza incorrecta. No estaba entre personas temerosas de Dios y se había dejado guiar y aconsejar por ellos, no por Dios. Dios tuvo que intervenir y quitarlo de una mala situación. Le dijo Aquis: “Levántate, pues, de mañana, tú y los siervos de tu señor que han venido contigo; y levantándoos al amanecer, marchad”. Es alarmante cuando Dios usa a los incrédulos para decirnos cosas así. En Génesis 12:19 hallamos a Abraham en Egipto donde no debió estar, y mintiendo a Faraón acerca de Sara y enzarzándose allá. El colmo fue que Faraón le reprendió y dijo: “Ahora, pues, he aquí tu mujer; tómala, y vete”. Esta clase de situación puede evitarse si consultamos a Dios antes de movernos y estamos atentos y obedientes a Él.
    Pasamos a 1 Samuel 30 y vemos que David sufrió una gran pérdida al volver a su pueblo de Ziclag en filistea. Los amalecitas habían atacado. Quemaron al pueblo y llevaron a todas las personas y los bienes, incluso a las mujeres de David (v. 5). Esta clase de cosa es más fácil cuando estamos fuera de la voluntad de Dios. Hubo mucha pérdida y gran tristeza y llanto. Dice el versículo 4 que alzaron su voz y lloraron hasta que les faltaron fuerzas (v. 4). David se angustió mucho (v. 6) porque el pueblo en su amargura habló de apedrearlo, y en cierto sentido es comprensible, porque él les había guiado mal. Mas David se fortaleció en Jehová su Dios, y cuando hizo así comenzaron a cambiar las cosas. Consultó a Dios (vv. 7-8) cosa que tenía que haber hecho mucho antes, y Él le aseguró que iba a alcanzar y liberar a los cautivos.
    Hermanos, busquemos y escuchemos al Señor, porque Él solo puede encaminarnos para bien. El Salmo 23:6 dice que Dios tiene bien y misericordia para nosotros. Pero David se había privado por su propio consejo y su negligencia espiritual, y muchas veces nosotros cometemos este mismo error en perjuicio nuestro. Aunque nos hayamos equivocado, volvamos a consultar al Señor y hagamos lo que Él diga, y vendrán mejores tiempos. En el versículo 18 libró David todo, y recuperó todo (v. 19). Pero la clave fue que se humilló y consultó a Dios, dejándose guiar nuevamente por Él, cosa que durante un tiempo no había hecho.
    Hasta los grandes hombres como patriarcas, reyes y profetas se equivocan porque son humanos. Pero Romanos 15:4 dice que “las cosas que se escribieron antes, para nuestra enseñanza se escribieron”. Abraham se equivocó yendo a Egipto, pero se volvió. David se volvió de Filistea. Jacob se volvió de Siria. Jonás se volvió y fue a Nínive como Dios lo había mandado. Elías se volvió del Sinaí para terminar su ministerio profético. Dejemos que Dios siempre guíe nuestros pasos, y estemos dispuestos a movernos y sacrificar cualquier cosa para volver a estar en Su buena voluntad.
de un estudio dado el 4 de julio, 2019
 
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Sugerencias para tomar una decisión en la voluntad de Dios

1. Deseo de saber y hacer la voluntad de Dios (Mt. 6:10 “hágase tu voluntad”; Lc. 22:42 “no se haga mi voluntad, sino la tuya”; Ro. 12:2). Hay que comenzar aquí (lee Pr. 3:5-7 y Stg. 4:15). Si ésta es verdaderamente tu actitud, estás bien encaminado.


2. Iluminación (bíblica) sobre la voluntad de Dios (Sal. 119:35). Por ejemplo, si Dios ya habló en la Biblia de algo, como el yugo desigual o el divorcio, no hace falta que ores más. Ya sabes Su voluntad. Hazla. Como alguien bien dijo: “Si Dios cierra la puerta, no brinques por la ventana”.


3. Temor y desconfianza de tu propia voluntad y de tu corazón engañoso (Jer. 17:9; Pr. 14:12).


4. Convicción que Dios sabe mejor y que debes glorificarle a Él y no a ti mismo (Ef. 5:17).


5. Arrepentimiento y sacrificio de tus propios caminos, preferencias, prejuicios (Ro. 12:1).


6. Compromiso por fe para hacer lo que Él indique (Sal. 139:24)


7. Oración buscando Su sabiduría y esperando Su respuesta (Sal. 86:11)


9. El consejo espiritual (los ancianos y maestros, los padres, los que velan por tu alma – He. 13:17). Es importante pedir oración y consejo antes de decidir o comprometerte.


Considera cuidadosamente todos estos factores, y a la luz de la Palabra de Dios toma una decisión en el temor de Dios.


   

Tuesday, March 12, 2019

Salmo 61


Texto:  Salmo 61

Delante nuestro o tenemos un salmo de David que nos enseña una lección importante acerca de qué hacer cuando pasamos por dificultades. En breve, debemos clamar al Señor y esperar confiadamente en Él. Por el versículo 1 intuimos que David tuvo un mal momento, pasó por una de sus muchas tribulaciones. Así es la vida del creyente, como hemos dicho muchas veces que los conflictos realmente comienzan cuando creemos en el Señor e intentamos vivir para agradarle. Si no hay conflictos, quizás nuestra forma de vivir tiene contento al diablo, pero él odia la fe en Dios y la fidelidad a Dios. Entonces, ¿qué hizo? Clamó, no rezó, sino expresó de forma personal su situación y necesidad. Oró a Dios, no a ángeles ni santos.
    El versículo 2 nos da a entender que por alguna razón David había sido alejado geográficamente, porque dice “desde el cabo de la tierra”. Más de una vez y durante largos periodos David vivía como en exilio, por ejemplo, en una cueva, en el desierto, y entre los filisteos. También hay alejamiento espiritual, cuando nos desviamos y perdemos comunión con el Señor, y esto también causa tristeza y desánimo. David desmayaba en su corazón, que quiere decir que estaba desanimado y triste, como nos pasa a nosotros a veces, y lo que siempre hay que hacer es orar y clamar a Dios: “llévame a la roca” como David dijo. El Antiguo Testamento habla de Dios como “Roca” (Dt. 32:4; 2 S. 22:32; Sal. 18:31; 73:26; 144:1). En el Nuevo Testamento el apóstol Pablo habla de la peña de Horeb de donde salió agua para el pueblo, y declara que la roca era Cristo (1 Co. 10:4).
    En el versículo 3 David reconoce que el Señor era su refugio (véase Sal. 90:1), y torre fuerte. Son metáforas – no habla de un lugar físico sino de Dios. David amaba su tierra, su país, su nación, Belén y Jerusalén y el tabernáculo como lugar de reunirse con Dios. Estaba fuera, sin embargo su protección era siempre Dios. “Delante del enemigo”, dice, y es una verdad que hay que recordar, que los piadosos no van a quedar bien con todos, tendrán enemigos. Para David, algunos de sus enemigos eran Saúl, los filisteos y aun su propio hijo Absalón. Pero su confianza estaba en Dios. Observemos las veces que dice “tú” y “ti” en estos ocho versículos. David no confiaba en sí mismo. No era “yo, yo, yo” ni “mí, mí, mí” sino “tú, tú, tú”. No podemos librarnos sino clamar a Aquel que puede. ¿Qué refugio mejor que el Señor? ¿Pueden socorrerte tus vecinos o tus hermanos en la carne? El Señor Jesucristo dijo que los enemigos del hombre creyente serán los de su propia casa. Hay que confiar en Dios. Desde cualquier lugar, en cualquier circunstancia, hagamos como David y acerquémonos al Señor.
    Entonces, en el versículo 4, orar y recordar le infundió confianza y esperanza. “Habitaré en tu tabernáculo para siempre” – es la seguridad del creyente, su certeza, y no las puede quitar nadie. El tabernáculo indica la presencia del Señor. Estaba lejos física y temporalmente, pero no definitivamente porque nada puede separarnos de Dios ni quitarnos de Sus manos.  En este versículo también menciona “la cubierta de tus alas” y esto nos recuerda el Salmo 91:4, las alas del Señor como refugio seguro de los Suyos, como los polluelos que están bajo las alas de la gallina.
    En los versículos 5-7 David reconoce que Dios oye y responde, y está seguro de que no le va a desamparar. En lugar de pensar más en lo que no tiene, piensa en lo que tiene y tendrá. Tiene la heredad de los que temen a Dios (v. 5). Pedro menciona la herencia incorruptible, incontaminada e inmarcesible, reservada para nosotros (1 P. 1:4). Los que sólo tienen esperanza en esta vida, que viven para el momento, son los más pobres que hay, pese a sus riquezas, su poder y la vida cómoda y abastecida que tienen. Y son nefastos, porque el momento que salgan de esta vida, se van desprovistos a la eternidad, y su vida entonces habrá resultado ser nada más que vanidad. ¡Cuán diferente es para el creyente! ¡Qué futuro dichoso tiene! Dios también le dará “días sobre días...generación y generación” (v. 6), que es una expresión que significa la eternidad. Nunca terminará nuestra comunión con Dios y Sus bendiciones sobre nosotros. “Estará para siempre delante de Dios” (v. 7). Nuestro cuerpo es una casa temporal, y saldremos un día de él, y iremos a estar con el Señor para siempre. Los que no son creyentes irán solos y dolidos a una eternidad perdida. Dicha eterna o dolor eterno espera a cada ser humano.
    En el versículo 8 David anticipa cantar siempre y pagar sus votos (hechos en el v. 5), cada día de su vida en este mundo. Números 30:1-2 indica lo importante que es cumplir cualquier voto que hacemos a Dios. A veces le decimos: “Ayúdame Señor y prometo que haré eso o lo otro”. El Señor nos oye, recuerda, y espera que cumplamos lo que prometieron nuestros labios. Pero a veces cuando recibimos lo que pedimos, o cuando salimos de apuros, se nos olvida cumplir lo que habíamos dicho al Señor, y eso es pecado.
    David, en sus pruebas y tristeza, miraba más al futuro que al presente, y más a Dios que a sus circunstancias y sentimientos. No se quedó en un remolino de introspección y emociones – sino que alzó los pensamientos y la voz en oración a Dios. Esperó en la misericordia de Dios. Los inconversos no pueden hacer esto, y no tienen cómo salir de sus problemas si no se convierten. Pero nosotros, los que hemos confiado en el Señor para salvarnos, podemos confiar en Él para socorrernos durante toda la vida, y bendecirnos por toda la eternidad.   

¡Oh, Cristo! 
Escucha mi oración, y atiende a mi clamor,
Sólo en Ti refugio tendré,
Al desmayar mi corazón, a ti vendré Señor,
Sólo en Ti refugio tendré.

¡Oh! Llévame a la roca más alta que yo,
Llévame Señor, yo te seguiré;
¡Oh! Llévame a la roca más alta que yo,
Sólo en Ti refugio tendré. 
 

 

Tuesday, May 1, 2018

Salmo 138

Dios Atiende Al Humilde,
Mas Al Altivo Mira De Lejos

Texto: Salmo 138

Nos levantamos por la mañana sin saber lo que nos acontecerá ese día. Pero Dios sí sabe y provee para nosotros. Aquí David da gracias por la ayuda recibida. No hay cosa mejor que escuchar a una persona que ha pasado por una experiencia como la tuya, y puede aconsejarte o animarte.
    David alaba al Señor por Su misericordia y fidelidad. Pero es importante recordar qué tipo de hombre era David. El Señor ayuda a los que le aman y quieren caminar con Él. David no era perfecto, eso lo sabemos todos, pero no cabe duda de que amaba a Dios y deseaba glorificarle. Y nosotros tampoco somos perfectos, pero si amamos al Señor y deseamos hacer Su voluntad y glorificarle, Él nos ayudará. La vida cristiana no está sin pruebas y dificultades, pero es una vida de fe en Dios y Sus promesas.
    Algo le había molestado o preocupado a David, y se postró (v. 2) primero y clamó. Luego, cuando Dios le respondió, se postró para alabar, porque Dios le había oído y respondido (vv. 1-3). Dios tiene misericordia para perdonar y socorrer, y fidelidad para amparar y sostener.
    En el versículo 4 vemos que llegará el día cuando todos le alabarán, incluso los reyes. El versículo 5 dice que cantarán de los caminos de Dios, pero no será la música del mundo, porque ésa habrá desvanecido. Cantarán a Dios en el milenio, y después por la eternidad en la tierra nueva. ¿Por qué?  El versículo dice, porque Su gloria es grande, y el versículo 6 dice que Él es excelso.
    Otra cosa importante en este versículo es que Dios atiende al humilde. David lo conoce por experiencia y es uno de los motivos de este salmo. La humildad es atractiva a Dios, y como criaturas Suyas nos conviene, siempre. Pero la altivez le es aborrecible. “Al altivo mira de lejos” (v. 6). No le escucha, y él tampoco le hará caso.   
    David afirma en el versículo 8, “Jehová cumplirá su propósito en mí”. Todo creyente debe tener esa confianza. En Filipenses 1:6 leemos: “estando persuadido de esto, que el que comenzó en vosotros la buena obra, la perfeccionará hasta el día de Jesucristo”. Los seres humanos hacemos promesas y no las cumplimos, a Dios y a los hombres. Pero Dios no es así. Su misericordia es eterna. Él cumple Sus propósitos eternos en los que confían en Él. Nos salva eternamente, nos conformará a la imagen de Su Hijo, y un día seremos glorificados. Esos son Sus propósitos eternos. No fallarán. Ahora bien, Dios también tiene propósitos para nosotros en esta vida, y para que éstas se cumplan es necesario andar en comunión con Él y guardar Su Palabra.
    Volvemos al versículo 3, que dice: “el día que clamé”, hablando del día cuando una prueba o problema había  surgido y se veía en apuros, necesitado de ayuda divina. “Clamé” dice, y es lo que hay que hacer, clamar no a los hombres sino a Dios. “Me respondiste”, testifica. Es la experiencia feliz de todo creyente que clama al Señor y espera en Él. Cuando pedimos o clamamos a los hombres en lugar de a Dios, mostramos falta de fe en Él. Pedimos a los hombres porque creemos más en ellos, su poder, su dinero, su influencia, que en Dios. ¡Qué triste! Porque Dios es quien escucha nuestro clamor y responde. No creas que Dios no escucha porque sí lo hace.
    David da testimonio de cómo Dios responde. “Me fortaleciste con vigor en mi alma” (v. 3). No en el cuerpo, sino el alma que es más importante. Cuando el alma está fuerte no importa tanto la condición del cuerpo. El cuerpo no es lo principal, sino el alma, y ella es justo lo que muchos descuidan.  “Me vivificarás” (v. 7), y “cumplirá su propósito” (v. 8) son expresiones de esperanza en la respuesta divina al clamor del creyente.
    Él es el Salvador y Pastor de nuestra alma. El mundo no le conoce, y por eso está así, pero nosotros sí le conocemos y tenemos el privilegio y el deber de andar en comunión con Él y hacer Su voluntad. Si le somos fieles, nos surgirán problemas en este mundo arruinado por el pecado y dominado por Satanás, pero Dios nos ayudará. Los hombres a veces no quieren ayudarnos aunque tengan recursos. Otras veces no tienen para ayudarnos. Pero Dios tiene todo el poder, los recursos y la buena voluntad.
    Otro rey que le clamó estándo en angustia era Ezequías (2 R. 20). Al recibir la noticia de su próxima muerte, lloró y clamó a Dios, y Él le respondió (vv. 1-6). Oró como David en el Salmo 138. Pero sinceramente para orar así, hermanos, hay que vivir así como él. No son palabras mágicas, sino expresan la esperanza de uno que vivía para Dios. Observa lo que Ezequías dijo en el versículo 3 y como esas cuatro cosas describen su vida antes de esa prueba:

    (1) “he andado delante de ti”
    (2) “en verdad”
    (3) “con íntegro corazón”
    (4) “he hecho las cosas que te agradan”

    “Y lloró Ezequías con gran lloro”. La noticia de su muerte le conmovió, obviamente por razones personales, pero también posiblemente porque veía tanto más que necesitaba hacer. Dios le respondió en misericordia y le concedió quince años más de vida. Pero en esos años nació Manasés que fue un terrible rey que llevó al país más allá del punto de no retorno. Pero Ezequías no podía preveer esto.
    Volviendo al lenguage del versículo 3, y esos cuatro afirmaciones de Ezequías, la cuestión para nosotros es si podemos decir lo mismo que él. ¿Esas cuatro cosas describen realmente nuestra vida? Es importante meditar en esto. Porque vivir así es cómo prepararse para el momento de prueba. Ezequías no clamó como muchos que viven sin tener en cuenta a Dios, y luego que surja un problema claman y hacen promesas a Dios, para que les ayude. Se vuelven religiosos de repente, en sus apuros. No así la vida de David o de Ezequías.
    Y hermano, hermana, debes saber esto. Aunque vivas para Dios, un día entrará la tragedia en tu vida o tu casa. Ojalá podrás orar como Ezequías, la oración de uno con vida justa y fiel, porque si vives de espaldas a Dios, en altivez e independencia, entonces Dios no te responderá. Porque Dios atiende al humilde, pero al altivo mira de lejos.

Saturday, January 9, 2016

UN HIMNO DE GRATITUD

Texto: Salmo 30
Este salmo es un himno de David expresando gratitud y alabanza por haber sido librado de la muerte. Los salmos están llenos de ejemplos de cómo hablar con Dios y cómo cantarle, en casi toda variedad de circunstancia en la vida. Expresan las situaciones por las que pasaban los creyentes, en lenguaje de oración a Dios y testimonio a los demás.
    Veamos las circunstancias de David que ocasionaron este salmo. En el versículo 1, estaba en peligro de enemigos. Los que aman a Dios tienen enemigos, porque hay muchos que no le aman. Cuando uno ama al Señor y vive en piedad y justicia, esto trae conflicto con el mundo rebelde. La vida de piedad no es una vida de paz con todos. Ojalá fuera de otra manera, pero la realidad no es así. Los enemigos de David querían triunfar sobre él y alegrarse en su derrota y muerte. Pero Dios no lo permitió.
    En el versículo 2 vemos que además, David estaba gravemente enfermo. Esto nos presenta otro punto importante. Los piadosos no son exentos de las enfermedades. Hay iglesias hoy que enseñan que si tienes fe y agradas a Dios no te enfermerás porque la enfermedad viene por falta de fe y por pecado. Pero David estaba viviendo en piedad cuando se enfermó, y en su enfermedad clamó al Señor y fue sanado.
    En el versículo 3 vemos que había peligro de muerte. Los creyentes pasan por esos peligros. Desde los tiempos de Adán y Eva la muerte alcanza a los seres humanos. Los cementerios se expanden porque cada año hay más muertos. Y los creyentes también mueren, con excepción a aquellos que estén vivos cuando el Señor venga para arrebatar a la Iglesia (1 Ts. 4:13-18). Pero el creyente es en un sentido inmortal hasta que haya cumplido los propósitos de Dios para su vida. David pasó por peligro de muerte tanto por los enemigos así como por la enfermedad, pero Dios le libró.
    Y como Dios le libró de esos peligros, compone un salmo de gratitud y dice: “Te glorificaré”. Dios había cambiado su situación adversa y había dado salvación. Los creyentes debemos orar y clamar al Señor en nuestros apuros, y también debemos cantarle con gratitud cuando nos conteste.
    Así que en el versículo 4 David exhorta a todos a cantar al Señor – no cantar como diversión – sino cantar realmente al Señor. Es algo que muchos cantantes evangélicos no hacen, porque cantan por dinero, como profesionales, por protagonismo para destacar, por diversión, por fama y para agradar a su público como en conciertos. ¿Dónde en la Biblia hay un concierto? No los hay. Aunque hubo varones levitas cantantes en el templo, no hay en todo el Nuevo Testamento ningún grupo de cantantes, ningún conjunto, ninguna vocalista, ni nada parecido. Los apóstoles al ir predicando el evangelio no llevaron instrumentos musicales ni dieron conciertos. El énfasis que hoy hay sobre la música es algo totalmente ajeno al Nuevo Testamento, e innecesario para el progreso del evangelio.  ¿Quién le puede cantar? “Vosotros sus santos” y la palabra “santos” elimina a muchos cantantes evangélicos. Los creyentes sí podemos y debemos cantar, pero al Señor como David dice aquí. Cantamos celebrando Su santidad.
    En los versículos 5-11 David repasa los temas nombrados en los primeros tres versículos, y llega a la conclusión de que hay que cantarle y agradecerle a Dios con cánticos.
    El versículo 5 asegura que las pruebas y los castigos son de corto plazo. El presente puede ser negativo, pero para el creyente no es permanente. Pronto vendrá el gozo. Nuestra vida, por difícil y penosa que sea, siempre terminará con gozo, gracias a Dios. Por eso es importante no perder la esperanza ni el ánimo.
    En los versículos 6-7 vemos una verdad que no siempre es apreciada. La prosperidad en sí es un peligro y una prueba. Muchos oran deseando la prosperidad pero no saben lo que piden, porque la historia sagrada demuestra que muchas veces en la prosperidad han venido tentaciones y caídas en pecado. En tiempos prósperos solemos tener problemas de actitud, porque dejamos de ser humildes y de confiar constantemente en el Señor. Aunque reconocemos que es el Señor quién nos lo dio (v. 7), todavía peligramos. El dinero trae poder, y con él podemos hacer cosas que a lo mejor no son la voluntad de Dios. La prosperidad puede alimentar sentidos de independencia y autonomía. Empezamos a mandar porque tenemos dinero, y otros nos hacen caso por la misma razón. Pero el Señor nos corrige con circunstancias adversas, y nos deja ver que apartados de Él no somos gran cosa. Nos humilla y nos rebaja con cosas que nos turban y nos hace volver a Sus pies, dependientes de Él.
    Pero el creyente sabe qué hacer cuando vienen dificultades por cualquiera razón: clamar al Señor y suplicar.  “A ti, oh Jehová, clamaré, y al Señor suplicaré” (v. 8). Suplicar es una actividad de los humildes que imploran ayuda, no de grandes, poderosos y autónomos. Los creyentes no suplican a santos ni ángeles sino directamente al Señor. Tenemos en la oración un gran recurso para nosotros y también a favor de los demás. El creyente no dice como los del mundo: “Tendré un buen pensamiento por ti”. ¿Qué es eso? No es nada – el recurso liviano y vano de los que no conocen a Dios. ¡Cuanto mejor orar y decir: “Jehová, ten misericordia de mí”! Oramos porque sabemos a quién acudir. Los del mundo no saben qué hacer. Entonces no intentemos ser independientes, sino siempre estemos pegados al Señor. A Él le gusta siempre tenernos en esa actitud de súplica, y cualquier cosa que impida o apague esa actitud es un peligro.
    El versículo 9 contiene tres preguntas dirigidas al Señor en oración. David sabe que su vida debe ser provechosa para Dios, y pregunta cómo puede ser así si él muere. Podemos decir que pide vida para que sirva al Señor, para ser provechoso para Él. ¿Cuántos hoy tenemos este concepto, que nuestra vida debe ser provechosa para el Señor? Pablo dijo: “Para mí el vivir es Cristo”. ¿Podemos decir lo mismo?
    En el versículo 10 David pide misericordia y clama: “Sé tú mi ayudador”, y Dios lo es para los Suyos. Le agrada oirnos confesar nuestra necesidad de Su ayuda, y se goza en ayudarnos. Hebreos 4:16 dice: “Acerquémonos, pues, confiadamente al trono de la gracia, para alcanzar misericordia y hallar gracia para el oportuno socorro”. Hebreos 13:6 afirma: “El Señor es mi ayudador; no temeré Lo que me pueda hacer el hombre”. Proverbios 3:34 dice: “a los humildes dará gracia”. Leemos en Jeremías 31:14 la promesa de Dios respecto al futuro de Israel: “mi pueblo será saciado de mi bien”, pero Su promesa es aplicable a todos los que en Él esperan.
    Entonces, las cosas cambiarán, tarde o temprano. Dios cambió el lamento de David en alegría expresada en baile (v. 11), porque cambió las circunstancias que ocasionaron su tristeza. No es un baile de diversión, carnal, sugestivo, amoroso ni nada como se ve en el mundo. Es la reacción sencilla de un corazón alegre. Pero recordemos que el Señor puede darnos gozo aun en medio de circunstancias adversas, sin cambiarlas, y las circunstancias no son excusa para alejarnos de Dios ni estar deprimidos. En Lucas 6:22-23 vemos que podemos tener gozo y alegría aun cuando sufrimos rechazo y persecución. El Señor dice que si a Él le persiguieron, a nosotros también lo harán. Nuestro gozo está en Él, no en las circunstancias.
    Vivimos en un mundo contaminado con el mal. La justicia está pervertida. El mundo está dirigido por el maligno y en un mundo así no podemos esperar sino lo negativo. Pero el Señor nos ayudará, y en esa ayuda misericordiosa tenemos motivos de alabanza y testimonio.   
    En el versículo 12 tenemos la conclusión: “por tanto a ti cantaré”. David canta, como dice en el versículo 4, y canta al Señor reconociendo Su ayuda. “Gloria mía” le llama, y qué bueno cuando tengamos esta actitud de que nuestra gloria no está en nosotros ni nada en este mundo, sino en Dios. A muchos Dios les ha tenido que despojar de su gloria, de las cosas en las que se glorían los seres humanos, para que aprendan a decirle: “Gloria mía”. “No estaré callado” dice, porque cuando Dios nos responde y nos hace bien, hay que ser tan prontos para alabar como lo éramos para clamar y suplicar. No sean más cortas nuestras alabanzas que nuestras súplicas. Todo creyente tiene motivos de alabanza, si recuerda lo que el Señor hizo para socorrerle en el Calvario, lo que padeció, lo que soportó por su causa, llevando sus pecados en Su santo cuerpo sobre el madero, y cómo derramó Su sangre por él, responderá: “No estaré callado. Jehová Dios mío, te alabaré para siempre”.

Lucas Batalla, de un estudio dado el 24 de octubre, 2013

Tuesday, July 2, 2013

UNA CONFESIÓN CLARA

Texto: Salmo 32

Cuando el pecado no es confesado, causa más problemas en la vida: el nerviosismo, la ansiedad, el mal genio, la insomnia y aflicciones físicas. La solución no está en tratar a los síntomas, los problemas causados por el pecado, sino en confesar el pecado. ¿Para qué vas a ir a un consejero o psicólogo cuando él tiene más problemas que tú y su interés principal es tenerte como cliente que paga? Mejor ir directamente al Señor, pues el psicólogo no puede decirte: “tus pecados te son perdonados”.
Cuando el pródigo pecó y se alejó todo le iba bien al principio. Pero luego, no, y se fue bajando y sufriendo hasta que al final tocó fondo, se volvió en sí, reconoció su pecado y locura, y confesó su pecado contra Dios y su padre. Sólo entonces tenía alivio.
David, cuando pecó con Betsabé, al principio pareció que lo había encubierto bien. Pero Dios lo iba apretando y afligiendo hasta que al final confesó su pecado. Cuando así hizo, Dios le perdonó al instante, pero vino la consecuencia de la muerte del niño (2 S. 12:13), y sufrió después a causa de otros hijos.
Hermanos, de eso debemos aprender que el pecado no confesado es como andar con una piedra en el zapato, es andar mal, es incómodo y duele. Hay que parar y quitarlo, porque si no, no puede seguir. Tristemente algunos por no quitar el pecado, por no humillarse y reconocer su error, prefieren ser cojos el resto de la vida.
Dios invita a todos a buscar la liberación (vv. 6-7). El Señor quiere hacernos entender, pero en lugar de entender las cosas como realmente son, como Dios las ve, queremos que Dios nos entienda – queremos explicarnos y justificarnos en lugar de arrepentirnos. Dios quiere que seamos sensibles, no como mulos.
Los impíos tendrán dolor multiplicado, pero el Señor corrige y hace volver a los Suyos. El pecado no confesado trajo el castigo sobre David, y luego sobre la nación de Israel durante muchos años. Pero al final hubo confesión de parte de hombres piadosos como Daniel, Nehemías y Esdras que confesaron los pecados de la nación. Entonces el Señor se dispuso a perdonar y bendecir. Él no perdona a los que no se humillan para confesar su pecado. El perdón es para los de corazón contrito y humillado (Sal. 51:7).
Conviene, hermanos, que aprendamos una lección fundamental acerca de la confesión del pecado. Como en un juicio civil, hay que nombrar el delito – así también con Dios. Hay que confesarlo, como decimos, “con nombre y apellidos”, eso es, llamando al pecado claramente por su nombre. No “perdona mis pecados”, echando todo en un saco. Tampoco cosas como “si he ofendido en algo, perdóname”. Esto no vale. No, sino nombra qué has hecho: mentir, robar, engañar, ser obstinado, ser desleal, fornicar, deshonrar, etc. etc. Te atreviste a pecar, pues ten valentía para confesarlo sin rodeos. El crimen se nombra claramente en el juicio, ante el juez, y los pecados deben nombrarse claramente en confesión ante Dios (1 Jn. 1:9). Así hizo David aquí y en el Salmo 51, y Dios le perdonó.
En cambio, cuando Acán había pecado (Jos. 7), lo encubrió y no lo confesó. Además hizo cómplices a los de su casa. Afectó a todo el pueblo, porque Israel sufrió y no tuvo victoria sino derrota. ¿Cuántas familias e iglesias tienen problemas por personas que encubren pecado? Con Acán, él tuvo que confesar lo que había hecho, aunque tristemente sólo lo hizo bajo obligación cuando ya había sido nombrado por Dios. Pero confesar su pecado, nombrarlo claramente, era dar gloria a Dios, y por tocar el anatema lo tuvieron que erradicar.
A veces pasa hoy también que los evangélicos no tienen poder ante el mundo ni pueden ver conversiones a penas, porque hay pecado no confesado en el campamento. No hay humildad, santidad, limpieza y perdón, y así Dios no los puede bendecir. Puede comenzar mil programas y actividades especiales y ofrecer grandes sacrificios, pero nada aprovecha. Hay que confesar y apartarse del pecado.
de un estudio dado por Lucas Batalla el 16 de mayo, 2013