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Friday, August 31, 2018

El Rey Ezequías Se Apoyó En Dios

Texto: 2 Reyes 19:28-37

Acaz, padre de Ezequías, fue un rey malo que hizo mucho daño espiritual a la nación de Judá. En 2 Reyes 16 leemos su triste historia. Comenzó a reinar con 20 años de edad, y “no hizo lo recto ante los ojos de Jehová su Dios, como David su padre” (2 R. 16:2). “Antes anduvo en el camino de los reyes de Israel, y aun hizo pasar por fuego a su hijo, según las prácticas abominables de las naciones que Jehová echó de delante de los hijos de Israel. Asimismo sacrificó y quemó incienso en los lugares altos, y sobre los collados, y debajo de todo árbol frondoso” (2 R. 16:3-4). Esto fue para empezar, y luego hizo más mal, se puso a cambiar lo que Dios había ordenado referente a la adoración y los sacrificios en el templo (vv. 5-18). Pero al final, murió, fue sepultado con los reyes, y su hijo Ezequías reinó en su lugar (2 R. 18:2) con 25 años de edad. Era hijo bueno de padre malo. La gente suele decir que un hijo se parece a su padre, pero gracias a Dios, en este caso no. Y tomamos nota de que tener padres incrédulos o infieles no nos da una excusa para no seguir al Señor. No somos víctimas – podemos escoger – y somos responsables de nuestras decisiones y hechos. “No seáis como vuestros padres y como vuestros hermanos, que se rebelaron contra Jehová” (2 Cr. 30:7). “No seáis como vuestros padres, a los cuales clamaron los primeros profetas, diciendo: Así ha dicho Jehová de los ejércitos: Volveos ahora de vuestros malos caminos y de vuestras malas obras; y no atendieron, ni me escucharon” (Zac. 1:4). En cambio, cuando uno tiene padres creyentes y espirituales, debería seguir sus enseñanzas y ejemplo: “Oye, hijo mío, la instrucción de tu padre, y no desprecies la dirección de tu madre; porque adorno de gracia serán a tu cabeza, y collares a tu cuello” (Pr. 1:8-9).
    Ezequías fue fiel al Señor, hizo lo bueno ante los ojos de Jehová, como hemos de ver, sin embargo tuvo una gran prueba cuando vino Senaquerib rey de la superpotencia Asiria. Pero consultó y pidió oración, como siempre es bueno hacer, con Dios y con hombres de Dios, en lugar de tomar decisiones por su cuenta como muchos hacen. Los versículos 22-34 son la respuesta que Dios le mandó. Y el versículo 35 dice: “aquella misma noche”, es decir, que Dios no tardó en actuar sino intervino enseguida. Destruido su ejército, el rey de Asiria volvió a Nínive (v. 36), diríamos “con el rabo entrepiernas”. No sólo esto, sino que al entrar en el templo de su dios falso, sus propios hijos lo mataron. Dios había respondido y quitado la gran amenaza de la superpotencia de aquel entonces.
    ¿Y qué problema nuestro no puede Dios resolver si le seguimos, confiamos y consultamos con Él? La vida cristiana tiene pruebas, luchas, enemigos y dolores. Pablo informó: “Y también todos los que quieren vivir piadosamente en Cristo Jesús padecerán persecución” (2 Ti. 3:12). Algunos, para no sufrir, dejan de vivir piadosamente, se camuflan, se adaptan, se callan, etc. Pero ese no es el camino, como bien demostró el rey Ezequiel.
    Él hizo lo recto ante los ojos de Jehová (2 R. 18:3). Quitó los lugares altos, los ídolos y la serpiente de bronce (18:4). Puso su esperanza en Jehová (v. 5), de modo que no hubo otro rey como él. No se apoyó en su linaje real, el nombre de su padre ni en riquezas ni potencia real. No se apoyó en su propia sabiduría (Pr. 3:5-6), sino confió en Dios de todo corazón. Era un hombre de oración, y hermanos, es así que uno se apoya en Dios. Los que se apoyan en los hombres buscan de ellos la solución de sus problemas. Pero los que se apoyan en Dios hablan con Él y esperan en Él. Filipenses 4:6 dice: “Por nada estéis afanosos, sino sean conocidas vuestras peticiones delante de Dios en toda oración y ruego, con acción de gracias”. Ezequías comprobó por experiencia lo que el apóstol Pedro escribiría siglos después: “echando toda vuestra ansiedad sobre él, porque él tiene cuidado de vosotros” (1 P. 5:7). Apoyarse en Dios es leer y meditar Su Palabra, creerla, orar siempre antes de actuar, y portarse fielmente.
    ¿Cuál fue el resultado?  El versículo 7 dice: “Y Jehová estaba con él”. Dios le salió al paso. No hay otra forma de conseguir esto, y el capítulo 19 enseña cómo Dios le ayudó. Primero en el capítulo 18 le dio fortaleza y ánimo para no obedecer al rey de Asiria – no ser aliado, no tolerar ni sujetarse a lo malo. Y esa fidelidad le trajo inevitablemente el conflicto enorme. Samaria cayó a los asirios (18:9-12), y en el año 14 de su reinado (18:13) Senaquerib subió contra Jerusalén. Pero ahí estaba Ezequías que obedecía, oraba y confiaba en el Señor. En 19:1 Ezequías oyó, rasgó sus vestidos, se cubrió con cilicio y entró en la casa de Dios. Presentó a Dios su petición y pidió las oraciones del profeta Isaías (19:2-4), y Dios respondió (vv. 5-7). Los asirios se fueron a batallar en otro lugar (vv. 8-9) pero mandaron a Ezequías cartas de amenazas y blasfemias, prometiendo volver (vv. 11-13). ¿Qué hizo Ezequías entonces?  Tomó esas cartas, entró en el templo y oró a Dios (vv. 14-19). Entonces Dios le mandó la respuesta a sus oraciones por medio del profeta Isaías (vv. 20-34), y trajo la muerte primero al ejército y depués al mismo rey Senaquerib (vv. 35-37).
    El Señor ayuda a los que se apoyan completamente en Él, sin muletillas, sin excusas ni arreglos mundanos. Nadie de los fieles dirá jamás: “por demás es que he seguido o servido a Dios”. Recordemos siempre esto. “Ciertamente hay galardón para el justo; Ciertamente hay Dios que juzga en la tierra” (Sal. 58;:11).
    Ezequías había hecho una gran limpieza, como dice el capítulo 18. A veces esto es necesario en nuestra vida – no sólo reunirnos para cantar, leer y oir, sino poner manos a la obra y hacer una buena limpieza en nuestra vida personal y nuestra casa. Quizás tomó el Salmo 101 como su manifiesto, porque no toleró ninguna maldad en Jerusalén y Judá. 2 Corintios 7:1 dice: “limpiémonos de toda contaminación de carne y de espíritu”. Cuando ponemos manos a la obra y hacemos limpieza, eso esnseña que estamos en serio con Dios y que Él tiene nuestra devoción. Es fruto de una fe verdadera.     Entonces Ezequías, al verse amedrentado, no se echó atrás. Fue a consultar a Dios y pidió las oraciones de Isaías. Hermanos, cuando vengan problemas – y vendrán – busquemos al Señor y el consejo de hombres espirituales en la iglesia – no la gente de la calle, los amigos de barrio o del trabajo, ni a los que van a otras iglesias de cualquier tipo. Tengamos cuidado de buscar sano consejo bíblico, la voluntad de Dios. Sobre todo, digamos las cosas a nuestro Señor, echando toda nuestra ansiedad sobre Él, porque Él tiene cuidado de nosotros. La fidelidad a Dios tiene su precio en esta vida, pero el creyente tiene apoyo inigualable en el Señor su Dios.
Lucas Batalla, de un estudio dado el 23 de agosto, 2018

Dilo A Cristo

Cuando estás cansado y abatido, dilo a Cristo, dilo a Cristo.
Si te sientes débil, confundido, dilo a Cristo el Señor.
Dilo a Cristo, dilo a Cristo, Él es tu Amigo más fiel;
No hay otro amigo como Cristo, dilo tan sólo a Él.

Cuando estás de tentación cercado, mira a Cristo, mira a Cristo.
Cuando rugen huestes de pecado, mira a Cristo el Señor.
Mira a Cristo, mira a Cristo, Él es tu Amigo más fiel;
No hay otro amigo como Cristo, mira tan sólo a Él.

Si se apartan otros de la senda, sigue a Cristo, sigue a Cristo,
Si acrecienta entorno la contienda; sigue a Cristo el Señor.
Sigue a Cristo, sigue a Cristo, Él es tu Amigo más fiel;
No hay otro amigo como Cristo, sigue tan sólo a Él.

Monday, March 12, 2018

Dios Se Encarga De Nuestros Enemigos


Texto: Proverbios 16:7

El texto dice:  “Cuando los caminos del hombre son agradables a Jehová, aun a sus enemigos hace estar en paz con él”. Aquí vemos una promesa de Dios, y es alentadora, pero está condicionada. Hermanos, la Biblia es un libro de promesas. Está llena de las promesas de Dios. Cuando las leamos, la idea es que las reclamemos delante del Señor y cumplamos las condiciones que Él ha establecido.
    Aquí la condición es vivir una vida que agrada al Señor, y escoger caminos que le son agradables. Es una promesa grandiosa. Dios quitará la ira y el odio de los que quieren hostigar a los piadosos, o cambiará la actitud agresiva de un miembro de la familia que no cree como nosotros. Esto no quita que a veces los creyentes somos llamados a padecer persecución por nuestra fidelidad al Señor (por ejemplo: 2 Ti. 3:12; 1 P. 4:16). En tales casos debemos ser fieles al Señor en medio de la adversidad, y no vengarnos a nosotros mismos, ya que Dios ha dicho que Suya es la venganza. Pero muchas veces hay otros enemigos que podrían ser, digamos, “tranquilizados” por el Señor. Dios puede cambiar o apagar la hostilidad. Vamos a considerar unos ejemplos.
   
1. Josafat (2 Cr. 17:1-6)

    Josafat era un rey piadoso, y aunque no era perfecto, la Palabra de Dios le describe así: “haciendo lo recto ante los ojos de Jehová” (1 R.22:43). Dos veces en 2 Crónicas 17, en los versículos 3 y 6, menciona su buen andar: en los caminos de David y los caminos Jehová. Jehová estuvo con él de manera especial porque: (1) él anduvo en los primeros caminos de David, esto es, en piedad y devoción. Josafat reconoció que el buen camino estaba en el ejemplo de sus antecesores piadosos, y no desestimó su ejemplo como muchos hoy en día hacen. (2) No buscó a los baales, aunque el culto a los baales era popular y muy extendido tanto en Israel como en Judá. Pero Josafat no se puso “al día”, ni fue progresista. (3) Animó su corazón en los caminos de Jehová. Lo que hizo, no lo hizo a regañadientes, sino con ánimo. Nuestro ánimo en cosas espirituales es importante a Dios. (4) En los versículos 7-9, Josafat mandó enseñar la Palabra de Dios en todos los pueblos del país. Usó su autoridad como rey para bien.
    Entonces, observemos los resultados buenos. En los versículos 10-11 vemos que tuvo paz y favor ante sus enemigos, y se convirtieron en tributarios y pacíficos. “No osaron hacer guerra”. Dios obró en base a lo que Proverbios 16:7 dice, a favor de Josafat, y puede hacer lo mismo a favor nuestro, si como Josafat escogemos caminar como agrada al Señor. En lugar de preocuparnos con los enemigos, debemos poner atención en agradar a Dios. Él se encargará de los demás.

2. Jacob (Gn. 31:1-5)

    Jacob tuvo conflicto con Labán quien también eran experto en engaño. En el versículo 3 Dios le manda volver a su tierra. Entonces en el versículo 17 él se levanta para ir como Dios le dijo. Pero sabiendo como era Labán, tuvo que salir secretamente porque de otro modo no le hubiera dejado. Entonces huyó y Labán, cuando lo descubrió, le persiguió, ciertamente no con buenas intenciones. Pero en el versículo 24 Dios frenó a Labán, interviniendo para que no dañara a Jacob. En el versículo 29 leemos que Dios le advirtió claramente. Dios obró a favor de Jacob.
    Ahora bien, Jacob salió de este problema y se metió en otro: el problema de Esaú, porque Jacob le había engañado y quitado la primogenitura. Aunque veinte años pasaron, este problema no había sido resuelto. En el capítulo 27:41-42 vemos que desde entonces Esaú quería matarlo.
    En los capítulos 32-33 vemos que venía Esaú y sus hombres de guerra con él. La vida es así – a veces salimos de un problema y nos metemos en otro. Jacob acaba de ser librado del conflicto con Labán, pero poco después, en el 32:6 recibe la noticia de la venida de Esaú. Un problema lo tenía detrás suyo, el otro por delante, y podríamos decir que otros problemas los tuvo dentro de sí y en sus propias tiendas. Pero el problema que en este momento captó toda su atención y le tuvo totalmente ocupado y preocupado era la venida de Esaú. Tuvo miedo, y en el versículo 9 hace lo que debemos: ora y clama a Dios recordando sus promesas: “me dijiste...”.  En el versículo 12 también leemos: “tú has dicho: yo te haré bien”. Qué bueno es conocer la Palabra de Dios y las promesas que Él ha dado, porque quienes hacen esto pueden reclamarlas y ser esperanzados en tiempos de necesidad.
    En el 33:1-4 vemos el encuentro pacífico, con amor y reconciliación. Dios había apaciguado el corazón de Esaú, como sólo Él puede hacer. En el versículo 10 Jacob reconoce que ha sido recibido con favor. Dios le salió al encuentro, haciendo que Esaú estuviera en paz con él.
    Hay otros ejemplos en las Escrituras, pero no vamos a considerarlos todos ahora. El testimonio de David en Salmo 27 es de confianza en Dios en el día malo. David buscó a Dios, pasó tiempo en la presencia de Dios, y luego dijo: “... él me esconderá en su tabernáculo en el día del mal; me ocultará en lo reservado de su morada; sobre una roca me pondrá en alto. Luego levantará mi cabeza sobre mis enemigos que me rodean”. 
    Mencionaré  rápidamente que en Hechos vemos que Saulo de Tarso era un gran enemigo de los primeros cristianos, pero ellos oraron y él fue cambiado. El Señor, si así desea, puede tocar el corazón de los que nos son contrarios. ¿Qué es lo que Él pide de nosotros? Que nuestros caminos le agraden, esto es: que andemos en comunión con Él y vivamos vidas que le agradan.  Nuestro gran deber es vivir para agradar a Dios, y luego, confiar en Él para que, conforme a Su promesa, Él nos cuide y nos ayude. He aquí Sus promesas otra vez, en el Salmo 34:15-18, “Los ojos de Jehová están sobre los justos, y atentos sus oídos al clamor de ellos. La ira de Jehová contra los que hacen mal, para cortar de la tierra la memoria de ellos. Claman los justos, y Jehová oye, y los libra de todas sus angustias”. Que así sea en nuestras vidas. Vivamos vidas de justicia, agrademos al Señor, y confiemos en Él en el día malo. Él promete que nos ayudará.
    Dicho todo esto, debemos recordar que Dios permite pruebas, tribulaciones, enemistades y aflicciones en la vida del creyente (Jn. 15:18-19). Job que no había hecho nada desagradable a Dios, sin embargo sufrió. Los profetas de Dios en el Antiguo Testamento eran fieles siervos Suyos, sin embargo muchos sufrieron por su fe (Stg. 5:10). Los "otros" de Hebreos 11:35-38 sufrieron por la fe, y también los mártires debajo del altar en Apocalipsis 6. Santiago 1:3-5 aclara que Dios permite pruebas en la vida del creyente para fortalecerle, y Romanos 5:3-5 indica que Dios nos da fortaleza para soportar las aflicciones y las enemistades. ¿Qué otra cosa esperamos en el mundo que rechazó y crucificó a Cristo nuestro Señor? Hasta nuestro propios familiares pueden volverse en contra nuestro si siguimos fielmente al Señor (Mt. 10:35-36). El consejo de 1 Pedro 4:16 al creyente que padece a manos de otros es: "si alguno padece como cristiano, no se avergüence, sino glorifique a Dios por ello".

Monday, July 11, 2016

RECHAZADO


Texto: Hechos 18:5-11

Duele mucho ser rechazado cuando testificamos, pero así es el mundo en que nos toca vivir. No sólo le rechazan al Señor, que es lo peor, sino que también a nosotros – y esto nos hace difícil el trabajo, porque como seres humanos que somos, con nuestros debilidades y fallos, nos cuesta soportar el rechazo y mantener el ánimo.
    El apóstol Pablo aparentemente acabó tan dolido por esa reacción mencionada en el versículo 6, “oponiéndose y blasfemando”, que luego el Señor tuvo que acercarse (vv. 9-10) para animarle y prometerle protección. La promesa que le dio todavía está vigente en nuestros días.
    Cuando hablemos de Cristo el diablo se enfurece, y lo expresa en la cara y la voz de los inconversos – puede ser un vecino, un amigo o nuestra propia familia – pero nos trata con rechazo, desprecio, y hasta blasfeman a veces. Esto es duro de soportar, nos duele ver y sentir la dureza del ser humano ante el amor y la verdad de Dios. Pero recuerda que Dios lo tiene que ver y oír todos los días, muchísimo más que nosotros, y Él nos llama a la comunión con Él. Así que aun en lo que sufrimos porque testificamos tenemos comunión con el Señor. Mejor es identificarnos con Él, pues 2 Timoteo 2:12 promete: “Si sufrimos, también reinaremos con Él”.
    Cada día la gente se vuelve más dura, resistente y antipática, pero el Señor sufrió en la cruz para traernos el evangelio y debemos ser fieles anunciadores. A Él le tocó morir por los pecados de la humanidad; a nosotros nos toca anunciar Su muerte y resurrección. Visto así, es un privilegio y una gran responsabilidad. Debemos ser incansables y no tímidos en el trabajo que el Señor nos encargó. Él dio la cara por nosotros en la cruz, y podemos dar la cara por Él ante los inconversos, pues nunca vamos a sufrir tanto como Él.
    En 2 Timoteo 3:12 se nos dice que “todo el que quiere vivir piadosamente en Cristo Jesús padecerá persecución”. Realmente tenemos que esperar esa reacción, pues el Señor mismo nos advirtió de antemano, en Juan 15:18-20 y Juan 16:2 y 33.
    El Señor quiere que recordemos que si nos rechazan por Su causa, somos bienaventurados. Pero no si nos rechazan por nuestro carácter malo, fallos, inconsideración, etc., sino por causa de Cristo. Si un creyente se porta de forma descortés, falta respecto, no hace bien su trabajo u otros cosas así, luego no diga: “me persiguen” cuando la gente reacciona, pues es culpa suya y no tiene nada que ver con el Señor. No usemos el nombre del Señor como excusa para justificarnos si hacemos mal y sufrimos por ello. La Palabra dice: “ninguno de vosotros padezca como homicida, o ladrón, o malhechor, o por entremeterse en lo ajeno” (1 P. 4:15).
    Pero somos todos llamados a seguirle al Señor y anunciar fielmente Su mensaje, aun pese a las reacciones negativas: la crítica, el rechazo, el ostracismo, la blasfemia y aun la violencia. Hechos 18 habla de la reacción violenta de la gente en Corinto, de la sinagoga, y debemos saber que los religiosos a veces se portan peores que otros. El Señor le dijo (v. 10) “estoy contigo” y “ninguno pondrá sobre ti la mano”. Con esto le motivó a seguir las órdenes del versículo anterior: “no temas, sino habla, y no calles” (v. 9). Había que seguir predicando en Corinto. Ora por los rechazadores (Mt. 5:44), encomienda el caso al Señor (1 P. 2:23), y sigue sirviendo al Señor. Antes, en Filipos Pablo había sido acusado falsamente, azotado y encarcelado. Luego en el templo en Jerusalén le asaltaron queriendo matarlo (Hch. 21:30-31), pero cuando le rescataron de la turba los soldados romanos, enseguida él quiso predicar a esa misma multitud. ¡Cuánto le agrada al Señor tener fieles mensajeros así!
    David dijo en el Salmo 23:5, “aderezas mesa delante de mí en presencia de mis angustiadores”. El rechazo trae angustia – los familiares y amigos que no quieren escuchar, que critican y se ponen duros, incluso blasfeman – esto nos duele porque ellos así se convierten en nuestros angustiadores.
    Pero el Señor da poder diario para sufrir cosas así y todavía serle fiel y seguir adelante. No bajemos la guardia, ni tiremos la toalla, porque es exactamente lo que el diablo quiere. Hagamos la voluntad del Señor, no la del diablo.
    David dijo: “mi copa está rebosando”. El que tiene sus fuentes en Dios tiene recursos suficientes para caminar en un mundo opuesto al Señor y al evangelio. El Señor nos apoya, nos anima, y nos dará bendición ahora y sobre todo en Su casa para siempre. Seámosle fieles ante la oposición y la dureza de otros. “No temas, sino habla, y no calles” (Hch. 18:9). Amén.

Tuesday, January 1, 2013

LOS CREYENTES PERSEGUIDOS


Los Creyentes Perseguidos

Texto: Hechos 4:23-37

Como nos dice el texto, había una persecución contra los apóstoles y la iglesia, y los hermanos se reunieron para orar. Yo confío mucho en el poder de la oración y en la importancia de las oraciones diarias y de la reunión de los santos para orar. Aquí oramos por algunos hermanos que nunca hemos visto, que viven lugares muy lejanos, y hermanos en otros lugares oran por nosotros, gracias a Dios. Una de las cosas enfatizadas en el libro de Hechos es la oración. Así que, cuando estamos bajo ataque o nos sentimos amenazados o perseguidos, tenemos que hacer como estos hermanos: orar, clamar al Señor y confiar en Él.
La persecución surgió porque los apóstoles y hermanos creyeron y siguieron al Señor Jesucristo, predicando y sanando en Su Nombre, y esto disgustó a los judíos que pensaron que al matar y sepultar a Jesucristo se les acabaría el problema. Los de la jerarquía religiosa-política de los judíos, los saduceos y fariseos, querían que las cosas se quedaran iguales como antes, pero esto no iba a ser, y entonces perseguían a los creyentes. El comentario del versículo 27 es que se unieron contra Jesús para matarlo, y en el versículo 29 amenazaban a Sus seguidores. Todo para mantener su establecimiento y el control. Pero hoy en día, curiosamente, resulta de que algunos combaten contra creyentes como nosotros porque queremos seguir a los apóstoles y mantener la doctrina predicada y establecida por ellos. Se apoderan del evangelicalismo y aun de las asambleas, las revistas y los fondos y nos acusan de inmovilistas simplemente porque queremos seguir y defender la doctrina apostólica. Los primeros cristianos fueron perseguidos por los judíos pero hoy en día parte de la oposición viene de dentro de “la iglesia”. Está claro que si queremos seguir la verdad y ser fieles a ella, hay un precio que pagar y no vamos a ser populares.
Volviendo al texto, en el versículo 2 vemos que los que tenían el poder estaban resentidos porque enseñaban al pueblo y anunciaban la resurrección de Jesucristo. El Señor usó a Pedro y Juan en el capítulo 3 para sanar a un hombre cojo. Antes él estaba fuera mendigando, pero sanado, estaba dentro del templo alabando a Dios. Y esto supuso un gran problema para las autoridades religiosas, como todavía vemos hoy en día en países musulmanes y en países como Polonia, Rusia y Grecia donde la iglesia estatal controla casi todo. Surgió una persecución contra los que predicaban y enseñaban la Palabra “sin permiso”. Hoy en día las autoridades religiosas quieren proteger su establecimiento y control, así como los judíos con su templo y jerarquía – pero no iba a ser así porque Dios había programado la destrucción del templo. Las autoridades en Hechos 4:21 los amenazaron que no hablasen ni enseñasen más en el Nombre de Jesús, ¡que es justo lo que el Señor les envió a hacer! ¿Qué debían hacer? ¿Y qué tenemos que hacer nosotros cuando estamos bajo ataque con censuras, críticas, amenazas y represalias? Aquí hay al menos seis cosas que observar, y ninguna de ellas es acción legal ni protestas ni manifestaciones públicas.
Primero, hubo una reunión de oración (vv. 23-24). Observemos que oraron juntos antes que hacer cualquier otra cosa. Muchos actúan de otra manera, formando protestas, llamado abogados, convocando reuniones para defender sus derechos y así, y LUEGO, después de todo esto, oran y piden que Dios bendiga sus planes y hechos. Está mal enfocado y mal ordenado, porque es poner el carro delante del caballo. Primero, orar. “Vinieron a los suyos” para contárselo y orar. ¡Qué importante es la reunión de oración! Un creyente que no ora es como una persona que no respira, y lo mismo respecto a las iglesias que no oran. Es triste ver congregaciones en las que domingo por la mañana hay mucha gente, buena asistencia, pero luego, el día del culto de oración hay a lo mejor la décima parte, un muy pequeño grupo, y no porque todos ellos no pueden, sino porque muchos de ellos no quieren, no lo dan importancia – sea dicha la verdad, aunque sea para nuestra vergüenza. Hay que esforzarse y dar importancia a lo que realmente tiene valor espiritual, y la oración es una de estas cosas. El versículo 24 dice: “Alzaron unánimes la voz a Dios”. Como hemos oído decir muchas veces, la iglesia nació en medio de la oración y cuán importante es reunirse así. El Señor nos ha dado grandes promesas para motivarnos a orar. Por ejemplo, en Marcos 11:24 leemos: “Os digo que todo lo que pidiereis orando, creed que lo recibiréis, y os vendrá”. Tales palabras deben motivarnos a orar juntos, unánimes.
Segundo, involucraron a Dios en el asunto. En el versículo 24, al orar, dijeron: “Soberano Señor...” Reconocieron la soberanía de Dios, cosa que muchas veces falta hoy en día. Nosotros no estamos por encima de las cosas, pero Dios sí. No somos sabios ni poderosos, pero Dios sí. Dios tiene poder perfecto y autoridad ilimitado. ¡El puede! ¿Por qué pensar primero en abogados y representantes legales u otras cosas cuando podemos apelar al Poder Supremo del universo, nuestro Padre celestial? Dios debe ser la primera persona que metemos en los asuntos, porque el mundo es Suyo y todo lo que en él hay. Debemos hablar con Él. Debemos consultarle a Él. Así le glorificamos y le exaltamos. Como los creyentes en 1 Crónicas 29 y 2 Samuel 22, reconozcamos Su poder. En los versículos 26-27 leemos la expresión: “contra el Señor”, porque el problema no era meramente personal. La iglesia es Suya, y los creyentes somos Suyos, no somos nuestros. La palabra “Señor” aparece mucho en Hechos, en la predicación del evangelio y en el vocabulario de los creyentes. Pero hoy este reconocimiento falta en la vida de creyentes y en muchas iglesias. 
Tercero, oraron para tener más denuedo y fuerza (v. 29). Ellos quisieron testificar; quisieron hablar sin miedo, con denuedo. Para ellos la predicación del Evangelio era de suma importancia, y francamente esto no es así hoy en muchos lugares. Para testificar bien del Señor, hermanos míos, recordemos que el miedo y la fe se oponen. La fe tiene que crecer y el temor debe menguar. Dios puede concedernos el hablar con todo denuedo, pero claro, no en contra de nuestra voluntad. Si estamos contentos sin testificar, probablemente no lo haremos. Pero algo está mal en la vida de un creyente que no da importancia a la propagación del evangelio. Es como síntoma de una enfermedad espiritual. El Señor dijo a los Suyos: “Me seréis testigos”. Pablo hablo a los nuevos creyentes en Filipos de combatir unánimes por la fe del evangelio (Fil. 1:27). Dios puede concedernos el hablar con todo denuedo. Nuestra fe debe crecer, pero ¿cómo crecerá si no la alimentamos? La fe no se alimenta mirando la tele, leyendo novelas, escuchando música del mundo, etc. Para alimentar y fortalecer la fe hay que andar en comunión con el Señor y ser llenos del Espíritu Santo, el cual no hace nada que no sea santo.
Cuarto, Buscaron la compañía adecuada. El versículo 23 dice: “puestos en libertad, vinieron a los suyos”. Escogieron la compañía del pueblo de Dios, no los vecinos inconversos, sino “los suyos”. No eran como algunos hoy que al surgir conflictos y problemas gastan horas y horas en reuniones y alianzas de acción social con inconversos. Nuestra vida debe estar con el pueblo de Dios, con los que tienen el mismo sentir, ¿o es que hoy  algunos creyentes tienen el mismo sentir que el mundo? Los hermanos contaron todo “a los suyos”, no lo olvidemos. ¿A quiénes vinieron? A los espirituales, no a los del mundo. A los que estaban llenos del Espíritu Santo, con quienes podían orar y clamar a Dios. Pero no como escucho a algunos decir: “¿Por qué me pasa esto, si no falto en las reuniones?”, etc. ¿Qué es esta forma de hablar sino un reproche? Ni siquiera en oración debemos hablar así porque esto no es orar sino reprochar al Señor. Estuvieron con los que tenían (v. 32) un corazón y un alma, los del mismo sentir, porque estos son los que van a ayudarnos y los que hemos de buscar. Lástima que hoy en día muchos jóvenes en las iglesias se dejan influir mucho por los del mundo, por sus amigos inconversos de escuela o trabajo o los vecinos, con sus actitudes, prioridades, afanes, diversiones, lenguaje y modas como piercings, pendientes y peinados raros, hasta ¡algunos con cresta como si fuera un gallo!. “No aprendáis de ellos” dijo Dios a Israel, y lo mismo es para nosotros. Dios quiere un pueblo distinto. Los que están alrededor nuestro marcan nuestro carácter y conducta, para bien o mal – así vemos lo importante que es escoger bien la compañía. Dejemos que el trabajo y la escuela se queden en su sitio, y no mezclemos las cosas. En nuestro tiempo libre, puestos en libertad, vayamos en busca solamente de la compañía de creyentes.
Quinto, vencieron el miedo y hablaron con denuedo. Como clamaron fervientemente al Señor, Él respondió y fueron llenos del Espíritu Santo. Testificaron con Su poder y así vencieron el miedo que les querían meter. “Fueron llenos del Espíritu Santo” (v. 31), y ésta es la clave para la vida cristiana, porque no debemos vivirla en nuestro poder sino en el poder de Dios. La vida cristiana normal en el libro de los Hechos era así, pero la vida cristiana típica hoy en día es otra cosa más pobre e impotente. El Espíritu de Dios puede darnos denuedo. No es cuestión de carácter o temperamento, sino de comunión con Dios. Como resultado de ser llenos del Espíritu, no temían la reacción de los demás ni estaban preocupados por qué pensarían o dirían. No tenían que ir a buscar títeres o montar conciertos para tratar de agradar más a los oyentes. Predicaron el mensaje del Evangelio, Cristo crucificado y resucitado, y llamaron a la gente a arrepentirse y creer. Predicaron llanamente, sin historietas ni comedias, y sin miedo a la reacción del público, porque fueron guiados por Dios.
Sexto, se sacrificaron para cuidarse mutuamente (vv. 32-37). Vendieron sus posesiones y lo entregaron a los pies de los apóstoles, para cuidar de los hermanos necesitados. Esto no era una “obra social”, sino una “obra fraternal”, para el cuidado de la iglesia. Hubo un desprendimiento; valoraron la comunidad de los creyentes antes que las posesiones, lo eterno sobre lo temporal, las personas sobre las cosas. Querían a los suyos, esto es, a los hermanos en la fe. Vinieron a los suyos. Oraron con los suyos. Cuidaron a los suyos, y esto la iglesia moderna no lo hace. Hoy en día se espera que el gobierno cuide de las personas, o caritas o algún grupo así, pero no fue así en la iglesia apostólica. En el Salmo 68:6 leemos que Dios hace habitar en familia a los desamparados, y la iglesia es como una familia, o al menos debería ser así. Se hicieron una piña, los unos con los otros, y en la comunión de los hermanos hay fortaleza. Otra vez vemos la importancia de escoger bien nuestra compañía. Que el Señor nos ayude a vivir con devoción, testificar con fervor, y cuando surgen conflictos, respondamos como los primeros cristianos. Esto también es vivir por fe.
de un estudio dado por L.B., el 7 de septiembre, 2008