Thursday, April 9, 2026

El Nuevo Camino del Creyente

Texto: Efesios 2.1-5
 

Éfeso era una ciudad puerto con gran actividad comercial. Los efesios vivían sumidos en la idolatría, pues en ella se encontraba el Templo de Diana (la diosa virgen Artemisa), una de las siete maravillas del mundo en aquella época. Contaba con 127 columnas y se describió como el monumento más colosal de la antigüedad. Se practicaba la magia y el ocultismo (Hch 19.19) y había un gran comercio de imágenes y templos pequeños (Hch 19.24-27). Así pues, Éfeso era un centro de comercio, religión y cultura. Hoy en día, Sevilla y toda España son conocidas por la gran cantidad de idolatría presente en la devoción a santos y vírgenes. Practican sus costumbres idolátricas en estas fechas que llaman "Navidad", con todo el ambiente que crean para acordarse de Él, pero lo hacen porque Roma así lo ha establecido. Si siguieran la Palabra de Dios, cosa que ni siquiera leen, sabrían que el Señor no nació en diciembre y que Dios no nos manda recordar su nacimiento, sino su muerte por nosotros. Por eso, cada domingo celebramos la Cena del Señor con los símbolos que Él estableció, que no tienen nada que ver con árboles, belenes, luces, villancicos y turrones. Además, les digo a los vecinos que me acuerdo del Señor todos los días del año.    
    Entrando en el texto, en Efesios 2.1 vemos que a pesar de todo lo que Éfeso tenía, los efesios estaban muertos en sus delitos y pecados. Tenían cultura y religión, pero no conocían al Dios verdadero ni tenían vida espiritual. No lo sabían hasta que Pablo llegó con el evangelio. Hermanos, uno puede mirarse en el espejo y creer que todo está más o menos bien, pero es un engaño, porque el espejo no muestra lo que somos por dentro. Para eso necesitamos la Palabra de Dios (Mr. 7.20-23). La idolatría tiene un efecto secundario muy dañino. El Salmo 115 dice que quienes hacen y rinden culto a las imágenes se vuelven como ellas. Así es también el mundo en nuestros tiempos.
    El verso 2 dice: “en los cuales anduvisteis en otro tiempo”, y así describe la vida anterior de los creyentes. Antes de nacer de nuevo por la fe en Jesucristo, no somos nada más que muertos ambulantes, y vamos por el camino espacioso que conduce a la perdición. Fijémonos en la frase: “anduvisteis en otro tiempo”. Todo creyente tiene un pasado negro, pero ya no sigue por ese viejo camino. Ahora, por el poder de Dios, vive de otra manera y camina por otro camino. Sin embargo, los inconversos siguen muertos y siguen en el camino de la perdición. No necesitan practicar una religión ni recibir consejos psicológicos, sino recibir vida divina, que solo se obtiene a través del evangelio. Jesucristo dijo: “Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí” (Jn. 14.6).
    En estos estudios, queremos detenernos a considerar los diferentes aspectos del nuevo camino del creyente que se exponen en Efesios.
    En primer lugar, es un camino de vida. Efesios 2.1 dice “Y él os dio
vida
a vosotros”
. No la dio a todo el mundo, sino a los que oyen y creen en el evangelio: “a vosotros”. No se gana por méritos o esfuerzos, pues es dádiva de Dios (Ro. 6.23). Hay que empezar por ahí, porque esta vida divina es lo que nos faltaba. Antes estábamos vivos físicamente, pero no espiritualmente. Hay muchas personas que tienen una vida religiosa pero que no tienen la vida nueva de Dios, porque no han nacido de nuevo. Lo primero que Dios hace con cualquier pecador que se arrepiente y confía en Jesucristo es darle vida. Efesios 2.5 añade: “nos dio vida juntamente con Cristo”, porque Él es la vida. Romanos 6.4 enseña que Cristo no murió solo para perdonar nuestros pecados, sino para que “andemos en vida nueva”. En Romanos 6.11 dice: “Así también vosotros consideraos muertos al pecado, pero vivos para Dios en Cristo Jesús, Señor nuestro”. Nadie recibe vida de una religión ni de una filosofía, sino solo de Jesucristo. “Y éste es el testimonio: que Dios nos ha dado vida eterna; y esta vida está en su Hijo. El que tiene al Hijo, tiene la vida; el que no tiene al Hijo de Dios no tiene la vida” (1 Jn. 5.11-12). Por tanto, la cuestión no es si eres religioso ni si has tenido una experiencia, sino si tienes o no a Jesucristo. Quienes confían en él reciben vida al instante: “Y él os dio vida. Es el único punto en el que podemos entrar en el camino nuevo del cristiano.
    En segundo lugar, es un camino de obediencia a Dios y Su Palabra. Es una de las grandes y claras marcas de una verdadera conversión, porque solo los que tienen vida eterna aman a Dios y pueden obedecerle. Efesios 2.2 describe nuestra vida antes de nacer de nuevo: “siguiendo la corriente de este mundo”. El refrán dice: “¿A dónde va Vicente? A donde va la gente”, y esto es malo, porque 1 Juan 5.19 informa de que “el mundo entero está bajo el maligno”. La corriente del río lleva al mar, y la corriente del mundo va al infierno. Satanás controla el sistema del mundo y lo manipula para sus propios fines, como un titiritero malvado. Pero el creyente, porque ha recibido vida de Dios, no sigue al mundo sino al Señor Jesucristo. El arrepentimiento y la fe en el Señor marcan el cambio.    
        En el Edén, nuestros primeros padres estaban bien y eran felices, hasta que pecaron, salieron del camino de la vida y la obediencia, y entraron en el de la desobediencia y la muerte. En ese momento, nuestra raza se apartó. Dios miró al mundo y no encontró a nadie bueno ni obediente, hasta que vino Su Hijo bendito. Por eso, en Romanos 5.19 se habla de la desobediencia de un hombre, Adán, y la obediencia de otro, Cristo. Solo por la fe en Cristo salimos de la condenación de Adán y recibimos vida y bendición.
    Además, porque tenemos vida en Él, entramos en el camino de la obediencia, y la Palabra de Dios ocupa un lugar importante en nuestra vida, ya que en ella nos habla nuestro Padre celestial. Apocalipsis 1.3 dice, “Bienaventurado el que lee, y los que oyen... y guardan las cosas en ella escritas”. Apocalipsis 22.18-19 advierte que no debemos cambiar, añadir ni quitar nada de la Palabra de Dios. Ella nos enseña el camino de la obediencia que agrada a Dios. Ella nos nutre, pues 1 Pedro 2.2 la llama “leche espiritual no adulterada”. En Juan 14.15-24, el Señor Jesús enseña que espera amor y obediencia de los creyentes. La nueva vida cambia nuestra actitud. Ahora amamos al Señor y nos interesa y nos importa mucho Su Palabra, porque queremos agradarle. No obedecemos para obtener méritos ni para evitar el juicio, sino porque lo amamos. Incluso amamos a Cristo más que a la familia, la sociedad, los amigos, la tradición y la opinión de la mayoría.
    Dado que el camino de la obediencia es tan importante para Dios, ¿por qué hoy en día hay tanta desobediencia en las iglesias que se dicen cristianas? Las mujeres no quieren llevar velo ni guardar silencio porque el feminismo les ha lavado el cerebro. En algunas iglesias las permiten orar dando gracias por los símbolos y luego repartir la Cena del Señor. Otras quieren cantar un himno ante la congregación. Dicen que se han librado de las ataduras antiguas. Es la filosofía del mundo, y se rebela contra la voluntad del Señor, y la consideran una atadura. En muchas iglesias apenas se celebra la Cena del Señor, solo una vez al mes o dos veces al año. Aunque Hechos 2.42 nos muestra que el patrón incluye también la reunión de oración, esta ha desaparecido de muchas iglesias. En lugar de predicar el evangelio y estudiar la Biblia, se entretienen con obras de teatro, organizan coros, programas de música, excursiones, banquetes, ligas de fútbol, la psicología y las obras sociales. Cuando hablamos del patrón bíblico, la gente dice que “es muy viejo y las cosas han cambiado”. Las cosas cambian en el mundo, pero no en la Palabra de Dios, que permanece para siempre. “Para siempre, oh Jehová, permanece tu palabra en los cielos” (Sal. 119.89). “Por heredad he tomado tus testimonios para siempre, porque son el gozo de mi corazón” (Sal. 119.111). Sus mandamientos no son gravosos para el creyente. Que piensen en esto quienes dicen que las cosas han cambiado: “Hace ya mucho que he entendido tus testimonios, que para siempre los has establecido” (Sal. 119.152).
    Por lo tanto, recordemos que ahora estamos en “el camino nuevo y vivo que él nos abrió” (He. 10.20), y este camino destaca la obediencia por amor. Que el Señor nos ayude a ver claramente este nuevo camino, pues cuando obedecemos la Palabra de Dios, le agradamos y mostramos amor. Esa es la manera de honrarle, más que con palabras, con hechos.

de un mensaje predicado el 14 de diciembre, 2025 

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