Friday, August 28, 2020

LA NEGACIÓN DE PEDRO

 


Texto: Lucas 22:31-34; 54-62

    Dice el refrán: “Hombre prevenido vale por dos”, pero no parece haberle ayudado a Pedro en nada la advertencia que el Señor le dio. En Su Palabra el Señor también nos advierte a nosotros de muchos peligros, pero, ¿le hacemos caso? ¿Sacamos provecho de Sus advertencias? El diablo buscaba a Pedro, así como a todos los discípulos, para zarandearles (v. 31), ¡pero el Señor ya había orado por él (v. 32). ¡Hermoso pensamiento! Nada toma de sorpresa al Señor. Pero Pedro sí, fue sorprendido, se equivocó y pecó, lo cual trajo tristeza a su vida y necesidad de ser restaurado. Preguntamos, entonces, ¿cuáles son los factores que contribuyeron a la negación de Pedro?
    
1. Pedro tenía auto confianza (v. 33 y Mt. 26:31-35).
    Pensaba y sentía en su corazón que no le negaría ni le abandonaría. “Él le dijo: Señor, dispuesto estoy a ir contigo no sólo a la cárcel, sino también a la muerte”. Afirmaba con firmeza que aunque otros dejasen al Señor, él nunca lo haría. No quiso ni siquiera considerar la posibilidad de que él pudiera ser débil o fracasar. Pero los sentimientos fuertes no son garantía de nada, pues vienen y se van, y a veces desvanecen justo cuando los necesitamos. 1 Corintios 10:12 nos aconseja: “el que piensa estar firme, mire que no caiga”. Proverbios 28:26 dice: “El que confía en su propio corazón es necio”. Es fácil equivocarse uno acerca de sí mismo. En lugar de jactarse o de asegurar que haremos esto o lo otro, lo mejor es humillarnos, reconocer nuestra debilidad, y pedir al Señor gracia, fortaleza y sabiduría. Pedro no pidió nada. Pensaba que ya tenía todo lo necesario, pero se equivocó. La auto confianza nos mete en las pruebas sin los recursos necesarios, porque no los tenemos nosotros, sino el Señor.

2. Pedro quería seguir al Señor de lejos (v. 54).
    Nos pone a meditar cuál sería nuestra respuesta en una situación así. Muchos hoy quieren seguir al Señor de lejos. Pero el Señor presenta Sus demandas a todos, para que sepan de antemano qué nivel de compromiso es aceptable. En Lucas 14:26 y 33 el Señor demanda mayor compromiso y devoción de cualquiera que desea ser Su discípulo. En Mateo 10:37-38 leemos: “El que ama a padre o madre más que a mí, no es digno de mí; el que ama a hijo o hija más que a mí, no es digno de mí; y el que no toma su cruz y sigue en pos de mí, no es digno de mí”. El Señor quiere y demanda que le amemos – esto es seguir de cerca. El primer amor en absoluto tiene que ser el Señor, y todo lo demás viene después. El Señor nos enseña que la prioridad tiene que ser Cristo antes aun de la familia, el trabajo, los amigos y todo. La familia es un don divino y una responsabilidad que debemos disfrutar y cuidar, pero NO a expensas de nuestra relación con Cristo ni nuestro servicio para Él. ¡Y costará servirle! El que quiere vivir piadosamente en Cristo Jesús padecerá persecución, dice 2 Timoteo 3:12. ¿Por qué negó Pedro así? ¿Acaso no amaba al Señor? Sí, pero no como él pensaba. 1 Juan 4:18 dice que “en el amor no hay temor”, pero parece que Pedro olvidó o todavía no había aprendido esto: “el que teme, no ha sido perfeccionado en el amor”.
    Entonces, en el vocabulario descriptivo del cristiano no debe haber estas palabras: “miedo” y “cobardía”, porque Dios nos ama y Cristo se entregó por nosotros, nos compró, nos redimió y Él se encarga de nuestra vida. Aun el profeta Jonás tuvo que vencer el miedo en la tormenta y testificar, aun en perjuicio suyo. Puede haber lagunas que superar en nuestra vida y testimonio, porque nadie es perfecto, pero el Señor nos ayudará con Su perfecto poder y sabiduría. Algunos se callan y no testifican, pero luego el Señor los sacude y tienen que testificar, “o por mí o en contra mío”. Y el que es creyente tendrá que testificar. Pablo dice en Romanos 1:16 que no se avergüenza del evangelio. Hermanos míos, no es bueno seguir a Jesucristo de lejos, como Pedro, y no tiene ninguna ventaja. 2 Timoteo 1:8 y 12 nos habla de cómo debemos ser: “No te avergüences de dar testimonio de nuestro Señor...sino participa de las aflicciones por el evangelio según el poder de Dios... por lo cual asimismo padezco esto; pero no me avergüenzo, porque yo sé a quién he creído”. Pablo aconsejó así a Timoteo, y él tomaba su propio consejo. Está muy mal visto delante de Dios que uno que se llama creyente tenga vergüenza de hablar de Cristo a sus “amigos” o se avergüence de comportarse como creyente en público. Amados hermanos, el Señor Jesucristo dio la cara por nosotros en la cruz. Demos la cara por Él ante aquellos con quienes tenemos roce. ¡Qué menos!

3. Pedro sentía y actuaba por miedo (vv. 54-60).
    Como decíamos antes, le preocupaba lo que otros podrían decir y hacer. El temor del hombre pondrá lazo, dice Proverbios 29:25. Podemos ser atrapados y tropezados por el miedo. Si nos afanamos por el “qué dirán”, o nos preocupamos por la impresión que los demás tendrán de nosotros, etc., entonces siguiendo de lejos, lo seguro es que caeremos. Salmo 34:4 indica que si buscamos al Señor, podemos ser librados de nuestros temores. Es el testimonio del salmista. En Hebreos 11 tenemos una serie de testigos que nos enseñan a seguir al Señor abiertamente y confiar en Él. Abel siguió al Señor cuando su hermano Caín no quiso hacerlo. Enoc caminó con Dios cuando el resto del mundo iba de mal en peor, y Noé caminó con Dios aunque era el único en todo el mundo. Claramente estos hombres no se dejaban controlar por miedo de los demás. Moisés fijó su mirada en Dios, “como viendo al Invisible” (He. 11:27), y se sostuvo así, no temiendo a Faraón, el rey del país más potente en el mundo de aquel entonces. Si Pedro hubiera seguido el ejemplo de ellos, no hubiera tenido miedo de las palabras de una criada o de la mirada de los demás aquella noche. Hoy en día hay quienes profesan no tener miedo, pero son afirmaciones huecas. Sus hechos niegan sus palabras. No se identifican abiertamente con Cristo, ni mucho menos testifican con denuedo. Mejor les iría confesar que sí, tienen miedo, y que es malo, es una debilidad, y buscar del Señor perdón y poder.

4. Pedro se juntó con compañeros incorrectos
(v. 55).
    Se equivocó de compañeros, y antes de criticarle, preguntamos si algunos de nosotros no cometemos el mismo error. No debemos sentarnos en silla de escarnecedores (Sal. 1:1). Los escarnecedores zahieren y hostigan; se burlan del Señor, de Su Palabra y de Su pueblo. Hay veces que nos encontramos con personas así, porque están en el instituto o en el trabajo con nosotros, pero no debemos sentarnos con ellas. Salmo 119:63 debe ser nuestra guía: “Compañero soy yo de todos los que te temen y guardan tus mandamientos”.  Pero Pedro se juntó con gente no buena, y comenzó a maldecir (Mr. 14:71). Tenía que hablar como ellos para no destacar como seguidor de Cristo, para hacerles creer que no era de Él. Cuando andamos con personas que no son santas, luchamos con el deseo de ser como o parecido a ellas. Vemos en los versículos 57, 58 y 60 que él acaba negando al Señor, mintiendo tres veces, cosa que seguramente no premeditaba, pero la hizo, y produjo una escena verdaderamente lastimosa. En el versículo 61 el Señor respondió sólo con una mirada, de amor y tristeza, y en el versículo 62 vemos que Pedro acabó llorando amargamente. El final de negar al Señor, de serle infiel, siempre es amargo.
     Hay llanto, y luego hay otra clase de llanto, y cuando es amargo es porque sale de lo profundo. No llora porque fue descubierto, como algunos, sino porque sentía el daño que había hecho. 2 Corintios 7:10 dice que la tristeza que es según Dios produce arrepentimiento. Hay mucha tristeza que es carnal, pero hay otra que es espiritual. La de Pedro aquí era espiritual. Lo sabemos porque luego, en Hechos le vemos cambiado, y hablando con mucho denuedo. Primero, en Juan 21,  después de la resurrección y antes de volver al cielo, el Señor restauró a Pedro como siervo Suyo. Luego, cuando vino el Espíritu Santo en el capítulo 2 de Hechos, Pedro fue completamente cambiado, esto es, lleno de poder y denuedo. Pero hermanos míos, nosotros ya tenemos al Espíritu Santo. Según Juan 16:12-14, cuando el Señor se fue al cielo, vino el Consolador, y Él hace la diferencia, si le dejamos controlar nuestras vidas. Una de las cosas que el Espíritu Santo ha hecho es poner por inspiración en la Biblia lo que pasó a Pedro, para que aprendamos de sus errores, y no repitamos su historia. No está escrito sólo para saber cosas acerca de Pedro, sino porque el Señor de Pedro sabe que nosotros también tenemos estas debilidades y corremos el peligro de cometer estos mismos errores. Que el Señor nos ayude a poner nuestra confianza siempre en Él y nunca en nosotros, a seguirle de cerca y nunca de lejos, a no ceder al miedo y el temor del hombre, sino ser guiados por el amor, la sabiduría y el poder de Dios, y a tener cuidado de escoger bien con quienes nos juntamos. Andemos con el Señor y con los que le invocan de corazón limpio (2 Ti. 2:22).

de un estudio dado el 13 de abril, 2008


EL REY ASA Y LA RESTAURACIÓN


Texto: 2 Crónicas 14-15

El rey Asa era nieto de Salomón, y su historia nos enseña algo muy importante acerca de la restauración de la vida espiritual a nivel nacional, familiar o personal. Vemos en los versículos 1 y 2 que el país tuvo sosiego por diez años durante su reino, y que él hizo lo  bueno y recto “ante los ojos de Jehová”. Dios es siempre quien mide si algo es bueno y recto o no. Lo que importa es cómo lo ve Dios, no como lo ven los hombres. Muchos no creen esto, porque si lo creyesen vivirían de otra manera.
     Los versículos 3-5 nos dan ejemplos de sus hechos buenos y rectos. Quitó la idolatría, tanto las imágenes como los “altares del culto extraño” (v. 3), no sólo de Jerusalén y sus alrededores sino de “todas las ciudades de Judá” (v. 5). Hoy en día en más de un lugar hace falta quitar lugares del culto extraño, culto que Dios no manda y que no está conforme a Su Palabra, ni le agrada. Asa lo hizo en su día. Entonces, “estuvo el reino en paz bajo su reinado”, porque Dios le bendijo. En el versículo 4 vemos que él mandó a la gente que buscara a Dios. Usó su autoridad para la gloria de Dios, para mandar algo bueno.
    En los versículos 6 y 7 vemos que edificó y fortificó sus ciudades, y que pudo hacerlo porque había paz. Dios le dio la paz porque él buscaba agradar a Dios. Dos veces menciona que ellos habían buscado a Dios. Dios sale al encuentro de los que le buscan. El versículo 8 habla del ejército que mantuvo durante su reinado.
    Luego, aunque hacía bien y todo iba bien, salió un conflicto, que es nombrado en el versículo 9 – la invasión. Esto fue una sorpresa y un gran zarandeo para Asa y todos los suyos. Zera el etíope vino contra ellos, con un millón de hombres y trescientos carros. Era un ejército formidable y aparentemente no había sido provocado. Esto nos recuerda que la lucha en la vida cristiana es continua – siempre hay enemigos. Todos tenemos conflictos, y lo importante es cómo reaccionamos frente a ellos. ¿Qué hizo Asa?
    Los versículos 10 y 11 nos dicen que él salió contra Zera, ordenó su ejército, y oró, clamando a Jehová y pidiendo Su intervención y ayuda. Esto es un buen ejemplo de cómo colaboran la responsabilidad humana y la soberanía divina. Asa salió al campo de batalla con su ejército, porque era su responsabilidad. Pero no salieron como meros soldados, sino que salieron confiados en el Señor, rogando y pidiendo Su ayuda, porque la ayuda divina es necesaria si vamos a vencer. Tenemos que esforzarnos en la vida cristiana, pero la victoria viene del Señor. El versículo 11 da su clamor a Dios, y que era un hombre de fe. Hizo lo bueno en el conflicto, que era orar y pedir ayuda. “En ti nos apoyamos” confesó. “En tu nombre venimos” declaró. “Tú eres nuestro Dios” afirmó. Su confianza no estaba en su ejército, sino en Dios.
    En los versículos 12-15 vemos la respuesta a su oración. Dios deshizo al enemigo, y Asa y su pueblo lo persiguió y peleó. El versículo 13 nota que “tomaron muy grande botín”. La verdadera prosperidad material viene después de la prosperidad espiritual. En el versículo 14 explica cómo atacaron las ciudades de Gerar y las saquearon tomando gran botín. El versículo 15 dice que atacaron las cabañas y se llevaron mucho ganado, ovejas y camellos, y volvieron a Jerusalén. Dios les dio una gran victoria.
    En el capítulo 15 vemos algo muy importante, que es lo que sucedió después de aquella gran victoria. En los versículos 1 y 2 el profeta amonestó y advirtió a Asa porque con tanta victoria y tanto botín y riqueza, ellos estaban en gran peligro de dejar de confiar en Dios. Es casi imposible tener riquezas y no confiar en ellas. Son un peligro mayor que la pobreza, sin embargo, muchas personas sueñan con riquezas, sin pensar que podrían arruinar así su vida. En los versículos 3-7 el profeta le cuenta ejemplos del pasado, para decirle que si sigue buscando a Dios, Él será hallado. Estuvo Israel muchos días sin Dios (v. 3), pero cuando en sus tribulaciones se convirtieron (v. 4), y buscaron a Dios, Él fue hallado por ellos. Las riquezas y los bienes materiales no pueden nunca tomar el lugar de Dios, ni debemos confiar en ellos ni por un segundo. Observemos lo que dice en el versículo 7. “Pero esforzaos vosotros, y no desfallezcan vuestras manos, pues hay recompensa para vuestra obra”.  Dios quiere que nos esforcemos, que usemos nuestras manos para hacer bien, y que obremos. Es nuestra responsabilidad. No debemos parar ni darnos por satisfechos. Y si nos esforzamos, hay recompensa. Vale la pena esforzarse para Dios, no vale esforzarse para el mundo. Se esfuerzan para un partido de fútbol, y no importa nada. Tanta bufanda, bandera, trompeta, gritos, etc., y contentos si ganan, pero ¿por qué? No tiene sentido. O se esfuerzan día y noche en un trabajo simplemente para ganar más dinero, lo cual es necesario hasta cierto punto, pero el punto es que luego no se esfuerzan para Dios.
    Dios por el profeta le decía que mantuviera la firmeza, que las reformas que había empezado se habían quedado a medias, que había más que hacer. Dios quiso advertirle para que no cayera en los pecados de sus vecinos, y fortalecerle para seguir en el buen camino. El Señor quiere y merece que le sirvamos con todas nuestras fuerzas y lo mejor. En la vida cristiana siempre hay recompensa porque la da el Señor. Vale la pena servir al Señor.
    En el versículo 8 vemos la buena reacción de Asa: “cobró ánimo”. Se ve que tal vez estaba un poco desanimado o en peligro de reposar y no seguir luchando, y había que animarlo. Mirad lo que hizo. Primero: “Quitó los ídolos abominables”, no sólo de las ciudades de Judá sino también de la parte de Efraín que él controlaba. Los ídolos son cosas que entran y no deben estar allí, y roban nuestra atención y devoción. Segundo: “reparó el altar de Jehová”. El altar es el lugar de sacrificio, devoción y oración. En cierto sentido para nosotros representa a Cristo y la devoción a Él, y muchos le descuidan en su vida diaria. No oran, no leen, no aprenden de Él, no crecen en la gracia y el conocimiento de Dios, no expresan devoción, no adoran, y por supuesto, están débiles. Hay que reparar el altar de devoción personal al Señor. Tercero, reunió a todo el pueblo (vv. 9-15), para sacrificar a Dios, lo que tenían que haber hecho antes. En el versículo 11 vemos que sacrificaron 700 bueyes y 7.000 ovejas en un día, gran parte de los cuales probablemente vinieron de botín. Es importante que dieron a Dios primero, que no se les pegara a las manos. Así también deberían ser nuestras ofrendas, de lo primero y lo mejor. Cuarto, vemos que “juraron solemnemente”. Prometieron pública y solemnemente buscar a Dios de todo su corazón y de toda su alma. Y no estuvieron tristes, sino que lo hicieron “con gran voz y júbilo”. El versículo 15 habla de su alegría y paz, porque Dios dio paz en todas partes. Hoy en día no se ven sacrificios, reuniones y compromisos así en el “pueblo moderno” de Dios. ¡No nos vendría mal seguir el ejemplo de ellos.  Quinto, en el versículo 16 Asa depuso a Maaca de su dignidad. Ella, la reina madre o reina abuela, era idólatra. Vemos en ella cómo el conflicto y la contrariedad pueden venir de la misma familia. El diablo usa esta estratagema muchas veces. Pero Asa escogió bien, y puso a Dios antes que a la familia. La decisión le costó, porque tuvo que disciplinar a su propia familia, que es algo que en muchas iglesias ya no se hace. Pecan los familiares de los líderes y no se hace nada. O los líderes mismos yerran, y nadie dice nada. Se estila la tolerancia y la vista gorda, pero esto es lo que Dios llama "acepción de personas". Pero hay iglesias en las que cierta familia gobierna y aparentemente ocupa un lugar intocable e impunible, aunque sabemos que ante Dios esto no debe ser así. Pero hay un estándar doble, y Dios no puede bendecir esto. Asa destruyó el ídolo de ella y lo quemó. A él le costaría mucho hacerle esto, pero no pudo poner a la familia antes que a Dios, ni tampoco debemos nosotros hacerlo.
    Mis hermanos, siempre hay recompensa si nos esforzamos en la vida espiritual. Dios nos ayudará si en verdad nos disponemos a obedecerle y servirle. Dios estaba con Asa (v. 9), y los demás lo vieron. Ojalá los demás vean que Dios está con nosotros, pero si en verdad queremos esto, tenemos que comportarnos como Asa se comportó en estos dos capítulos.
    En el versículo 17 leemos que los lugares altos todavía quedaron en Israel. Quizás fue porque él no podía alcanzarlos, porque es cierto que su corazón fue perfecto para con Dios, pues el texto lo declara.
    El versículo 18 dice que Asa trajo a la casa de Dios lo que su padre había dedicado, y lo que él había consagrado. Hizo una ofrenda. Nosotros también debemos ofrendar a Dios. Si prosperamos, Dios también reclama Su parte.
    El versículo 19 termina el capítulo diciendo: “Y no hubo más guerra hasta los treinta y cinco años del reinado de Asa”.  Hubo muchos años de paz y bendición, hasta lo del capítulo 16, cuando desgraciadamente él se equivocó por temor al enemigo. Todos tenemos fallos y Asa los tenía también, pero cuando fue reprendido, en lugar de humillarse, se enojó. Esta fue la mancha sobre un reinado bueno, y nos recuerda con qué cuidado y vigilancia debemos nosotros siempre andar, para no cometer errores en nuestra vejez, para no aflojar con el paso del tiempo. Que el Señor nos ayude a entender y seguir el buen ejemplo de Asa y su reino en los capítulos 14 y 15, y evitar su error del capítulo 16. Que Dios durante muchos años nos dé esta paz y bendición, las de los obedientes y fieles.

de un estudio dado el 17 de febrero, 2008



YO ESTARÉ CON TU BOCA


Texto: Éxodo 4:10-16

     Moisés había estado largo tiempo en el desierto cuando recibió de Dios la gran misión de ir a sacar a Su pueblo de Egipto. Después de cuarenta años de vida pastoral, no se lo esperaba, pero Dios lo tenía en Su plan. Después de aquellos largos años en el silencio del desierto, Moisés había sido curado de creerse capaz de servir a Dios y a Su pueblo. Sentía su incapacidad humana y pedía que el Señor enviara a otro, pero insistió tanto en su humildad y desconfianza en sí mismo que al final Dios se enojó porque no aceptaba las respuestas que Dios le daba.
      Muchos hermanos creyentes sienten su insuficiencia ante el ministerio de la Palabra de Dios. Se sienten cortados o torpes (v. 10). ¿Cómo pueden responder a esto que sienten? Orar y confiar en el Señor (v. 11) que hizo nuestra boca (v. 12) y que dice: “yo estaré con tu boca”. Ésta es una gran promesa que merece nuestra atención.
      Hoy hay campamentos y retiros de evangélicos que dan “talleres” a la gente, y parece que se olvidan de Dios e intentan capacitar y mover a la gente sólo por trucos, métodos, procesos, fórmulas y parafernalia humana. Los títeres, los conciertos, el mimo y las películas y dibujos animados son de pura sabiduría humana e imitación del mundo. Ningún profeta ni apóstol tuvo que recurrir a medios tan bajos y profanos.

       Hermanos, es Dios quien tiene que estar con nuestra boca. Lo primordial es clamar a Dios y confesar nuestra dependencia absoluta en Él. Parece mentira que con el Dios tan poderoso que tenemos, que tengamos que inventarnos cosas así y metemos a la gente en seminarios, institutos, escuelas de misiones, etc.; cosas que nunca tuvieron los hombres de Dios en las Escrituras. Los apóstoles no eran oradores ni hombres de carrera, sino pescadores y cosas así “del vulgo y sin letras” (Hch. 4:13), pero el Señor les enseñó y esto era más que suficiente, ¡y tantoque sí!      

   ¿Cómo es que en estos últimos tiempos con tanto instituto y taller no salen misioneros ni predicadores del evangelio como antes? No hay. Pero hay payasos y cantantes, teatro y títeres, y charlas sobre el sexo o el tabaco, etc. No predican como Pablo ni como los otros apóstoles, ni como los profetas del Antiguo Testamento. Me figuro que es porque no andan con Dios ni confían en Él, sino en sí mismos y en sus métodos. Y como resultado la iglesia moderna está por los suelos. No tiene ni sombra del poder de la iglesia primitiva.
     La realidad es que tenemos que confesar nuestro desvío e impotencia, y humildemente pedir la presencia y el poder de Dios, y confiar únicamente en Él porque es Suya la promesa: “yo estaré con tu boca”. ¿Acaso no es suficiente? En el caso de Moisés, cuando después hablaba, tembló la casa de Faraón y todo Egipto. Podían haber acabado con él después de la primera plaga, pero Dios estuvo con él y no lo permitió. Si Dios comisiona y envía a un hombre, Dios estará con él. ¡Pero ay de los hombres comisionados y enviados  por los meros hombres! No son siervos de Dios sino siervos de hombres y de organizaciones.
     Cuando Dios llamó a Jeremías le dijo que iba a sufrir (Jer. 1:1-19). Si lo dices a la gente hoy día, desaparece. Cuando llamó a Ezequiel le dijo que le enviaba a un pueblo duro que no escucharía (Ez. 2:1-10). ¿Quién quiere servir así? Sólo el que Dios realmente llama y envía, y Dios no nos manda con títeres y payasos, sino con Su santa Palabra y la misión de clamar en Su Nombre.
     Si hacemos lo que Dios dice y lo que los verdaderos hombres de Dios han hecho, sobrarán los institutos, seminarios, “talleres”, campamentos, y otras cosas similares, porque entonces la obra de Dios se haría con el poder de Dios, conforme a la Palabra de Dios, y Dios se encargaría de los resultados como siempre ha hecho con Sus verdaderos siervos. Hermanos, abandonemos la confianza en los métodos y las organizaciones humanas, y volvámonos humildemente al Dios que llama, guía y sostiene a Sus obreros. ¡Su presencia nos basta!


de un estudio dado el 7 de agosto, 2008


LA POLÍTICA Y LA SOBERANÍA DE DIOS

Texto: 2 Crónicas 20:6

En esta oración del rey Josafat, él reconoce la soberanía de Dios sobre las naciones y los gobernadores del mundo. Ni en las Naciones Unidas ni la Unión Europea, la OAS, ni en las cumbres internacionales, por mucho que ellos quisieran, no pueden dibujar con finalidad el mapa de las naciones ni determinar cómo van a ser. La última voluntad la tiene el Señor.
    El Dios del pasado es el mismo que hoy – y Él está gobernando, sin necesidad de consultar a nadie. Él está sentado en Su trono, y hace todo lo que quiere. Él es soberano sobre todo, incluso las naciones y los gobiernos del mundo.
    El Salmo 24:1-2 comienza diciendo: “De Jehová es la tierra y su plenitud; el mundo, y los que en él habitan. Porque él la fundó...”  No pueden los hombres ser soberanos sobre lo que no es suyo. Este mundo y todos sus habitantes son del Señor, su Creador.
    En el Salmo 47:7-10 leemos: “Dios es el Rey de toda la tierra; cantad con inteligencia. Reinó Dios sobre las naciones; se sentó Dios sobre su santo trono.  Los príncipes de los pueblos se reunieron como pueblo del Dios de Abraham; porque de Dios son los escudos de la tierra; él es muy exaltado”. Dios es el Gobernador supremo. Está sobre las naciones. Los escudos de la tierra – esto es – los escudos o las banderas de las naciones, todos son Suyos.
    En el Salmo 89:11-13, dice: “Tuyos son los cielos, tuya también la tierra; el mundo y su plenitud, tú lo fundaste.  El norte y el sur, tú los creaste; el Tabor y el Hermón cantarán en tu nombre. Tuyo es el brazo potente; fuerte es tu mano, exaltada tu diestra”.  Otra vez reconoce que todo pertenece a Dios: los cielos, la tierra, el mundo y su plenitud, el norte y el sur – los puntos principales por los cuales los hombres navegan, las montañas, ¡todo es Suyo! Dios tiene mano fuerte y diestra exaltada.
    Proverbios 21:1 dice que “como los repartimientos de las aguas, así está el corazón del rey en la mano de Jehová; a todo lo que quiere lo inclina”. No depende del pueblo ni de los políticos sino de Dios. Él tiene poder sobre el corazón del rey. Los hombres buscan controlar el destino de los pueblos mediante la política, porque con ella quieren influir en las decisiones. Pero en la oración tenemos acceso directo al Todopoderoso quien puede controlar el corazón de los gobernadores.
    En Daniel 2:21 el profeta Daniel anuncia que es Dios quien quita y pone reyes, y esto es también lo que el Salmo 75:6-7 afirma. En Daniel 4 vemos cómo el gran rey Nabucodonosor tuvo que aprender lecciones acerca de la soberanía de Dios.  Estaba lleno de orgullo y auto importancia, gloriándose en sí mismo. Pero en el v. 17 le anuncia que el Altísimo gobierna el reino de los hombres. El verdadero gobierno es divino.  Otra vez en el versículo 25 vemos que Dios le obligó aprender que “el Altísimo tiene dominio en el reino de los hombres”. El versículo 26 declara: “el cielo gobierna”. Pero como no quiso humillarse ni aprender, en los versículos 31-32 vemos que Dios le quitó el reino, le humilló y le hizo caminar y comer como una bestia. “El reino ha sido quitado de ti” anuncia Dios, porque Dios es soberano sobre los reyes y emperadores. No fue quitado por los hombres, ni por ninguna revolución, sino por Dios mismo. Y en el versículo 34 leemos la confesión del “gran rey” una vez que había sido educado en la escuela de Dios: “Mas al fin del tiempo yo Nabucodonosor alcé mis ojos al cielo, y mi razón me fue devuelta; y bendije al Altísimo, y alabé y glorifiqué al que vive para siempre, cuyo dominio es sempiterno, y su reino por todas las edades. Todos los habitantes de la tierra son considerados como nada; y él hace según su voluntad en el ejército del cielo, y en los habitantes de la tierra, y no hay quien detenga su mano, y le diga: ¿Qué haces?” Dios vive para siempre, y Su domino es sempiterno. Él hace según Su voluntad en el cielo y en la tierra. Nadie puede detener Su mano. Todo esto es una confesión elocuente de la soberanía de Dios. Ni las naciones ni sus gobiernos están en control de todo. Dios reina y no tiene que pedir permiso a nadie, ni tiene que hacer un sondeo de la opinión pública antes de actuar. Él no es regido por hombres ni por leyes de hombres. En Daniel 5:21-28 Dios reprende y castiga al rey Belsasar y le quita el reino. Dios le recuerda cómo su padre Nabucodonosor era un gran rey pero tuvo que ser humillado hasta que aprendió que “el Altísimo Dios tiene dominio sobre el reino de los hombres, y que pone sobre él al que le place”, No a quien el pueblo elija. Dios reina sobre los reyes y los gobiernos, y aquella noche lo vio Belsasar, porque Dios le quitó el reino. Es Dios quien tiene derecho y poder para cambiar los gobiernos.
    En 1 Crónicas 29:11-12 leemos la magnífica oración del rey David en la que reconoce el poder y la soberanía de Dios: “Tuya es, oh Jehová, la magnificencia y el poder, la gloria, la victoria y el honor; porque todas las cosas que están en los cielos y en la tierra son tuyas. Tuyo, oh Jehová, es el reino, y tú eres excelso sobre todos. Las riquezas y la gloria proceden de ti, y tú dominas sobre todo; en tu mano está la fuerza y el poder, y en tu mano el hacer grande y el dar poder a todos”. Todo está en las manos de Dios. Él domina sobre todo, y tiene fuerza y poder en Su mano. Él puede hacer grande y dar poder. ¿Para qué acudir a otro si Dios es quien tiene todo este poder? Los políticos y sus partidos no lo tienen. No son sino hombres frágiles y mortales. El voto y la voluntad del pueblo no son soberanos. Dios es soberano. Todo lo que hay en el cielo y la tierra es Suyo, y Él domina.
    En Jeremías 25:9 vemos que Dios trajo a Nabucodonosor, un hombre idólatra, altivo y cruel, le llamó “mi siervo” y le usó para castigar a las naciones. En Jeremías 27:4-8 aprendemos que Dios hizo todo (v. 5), y dio la tierra a quien Él quiso. Quien decide es Dios, no las naciones.
    En 2 Crónicas 36:22-23 leemos que el rey persa, Ciro, fue despertado por Jehová. Él reconoció que Dios le había dado todos los reinos. Sin ser judío, él pregonó la reedificación del templo (Esd. 1:1-2). Isaías 45:1-6 también nombre a Ciro. En los versículos 5 y 6 Dios declara nuevamente Su soberanía y singularidad. “Yo soy Jehová, y ninguno más hay; no hay Dios fuera de mí. Yo te ceñiré, aunque tú no me conociste,  para que se sepa desde el nacimiento del sol, y hasta donde se pone, que no hay más que yo; yo Jehová, y ninguno más que yo”.
    Volviendo a Génesis 15:13-16 vemos la promesa soberana de Dios a Abraham. Allí nombra el control de Dios sobre las naciones, diciendo que Él juzgará a la nación donde sirve el pueblo de Israel y sacará a Su pueblo. Como sabemos del libro de Éxodo, Faraón no quiso reconocer a Jehová como Dios ni obedecer Su voluntad, pero fue castigado y obligado a hacerlo, porque Dios está por encima de los reyes. No sólo esto, sino que también en Éxodo 3:21-22 leemos cómo Dios influyó en los mismos egipcios para que los hijos de Israel hallaran gracia y salieran con bendición (Ex. 11:1-2). Cuanto mayor fue la aflicción, mayor la bendición que vino después. Despojaron a los egipcios. ¿Y qué se hizo con toda esta riqueza? Se hizo el tabernáculo y su mobiliario, para la gloria de Dios.
    Maravilloso es leer en el Nuevo Testamento las palabras del Señor Jesucristo a Poncio Pilato, gobernador romano: “Ninguna autoridad tendrías contra mí, si no te fuese dada de arriba” (Jn. 19:11). Se trata de la soberanía de Dios. Pilato y el gran y poderoso imperio romano no podían hacer nada sin permiso de lo alto. Dios tiene la última palabra.
    Romanos 13:1-2 nos recuerda que es Dios quien establece los gobiernos, y que si uno se resiste a la autoridad, a Dios resiste. No es nuestro lugar entrar en revoluciones, protestas, peleas, manifestaciones, ni intentar volcar gobiernos. No tenemos que salir a la calle con pancartas, gritando, etc., sino ponernos de rodillas en privado y orar, y orar en la congregación. Muchos prefieren las otras actividades, porque no creen en la oración, porque no conocen el poder y la  soberanía de Dios.

1 Pedro 2:13-17 nos recuerda que como ciudadanos es nuestro deber someternos a toda institución humana. Nuestros deberes son someternos, pagar los tributos e impuestos debidos (Ro. 13:7) y orar por los que están en autoridad (1 Ti. 2:1-4). La política no es nuestro deber ni es nuestro lugar. La política no es soberana, ni sabia, ni tiene la solución. Dios es soberano, y por esto oramos a Él. Si te obligan a votar, por ley, entonces tienes que obedecer y hacerlo. Ora y pide sabiduría al Señor, considera las opciones e intenta hacer lo mejor. Pero no sabemos el futuro. No sabemos qué es mejor, ni quién cumplirá su palabra y hará bien al país. Dios sabe lo mejor, y Él es soberano. Así que, si no estás legalmente obligado a votar, ¿para qué tomar parte en un proceso que no tiene la respuesta? Mejor es orar que votar. Mejor las rodillas que las urnas. Mejor es confiar en Dios que confiar en los hombres.
    Así que, hermanos, podemos influir en la política orando, intercediendo, porque así hablamos directamente con el que controla las naciones. ¡Qué poder hay en la oración, porque por medio de ella conversamos con el Altísimo, el Todopoderoso, el Dueño y Gobernador de todo! Allí podemos entrar y presentar nuestra peticiones, y si deseas apreciar nuevamente lo que esto significa, intenta tener audiencia con el ayuntamiento o con un político para presentar tus peticiones. Tienen tiempo para salir y hacer campañas públicas, apretar manos, besar a niños y dar discursos dónde y cómo ellos quieren, pero no tienen tiempo para escuchar al pueblo, a personas normales y corrientes. Ni pueden cumplir todas las promesas que hacen ni hacer todo el bien que quisieran, porque no tienen poder ni sabiduría para hacerlo. Dios es mucho más poderoso y sabio que ellos, ¡infinitamente así! Y Él nos escucha cuando oramos al Padre en el Nombre de nuestro Señor Jesucristo. Si hay que cambiar algo, pídelo a Dios en oración. Cuando oramos así, manifestamos nuestra creencia y confianza en la soberanía de Dios. Él todo lo puede. Así que, demos a César lo que es suyo, y a Dios lo que es Suyo.

de un estudio dado el 24 de febrero, 2008


 

Monday, May 18, 2020

Fe, Amor y Paciencia en las Pruebas

por Lucas Batalla

Monumento a Alejandro Magno en Tesalonica


Texto: 2 Tesalonicenses 1:1-4

En esta hermosa e importante epístola, Pablo hace al menos tres cosas. En el capítulo 1 les consuela y anima en sus tribulaciones. En el capítulo 2 aclara el error y la confusión que había surgido acerca del día del Señor (día de juicio – la Tribulación), y advierte que no era suya una carta que circulaba diciendo que estaban en la Tribulación. En el capítulo 3 corrige la conducta indebida de los que no querían trabajar.
    Los tesalonicenses, en la primera visita de Pablo (su segundo viaje misionero), recibieron la Palabra de Dios, el evangelio, “en medio de gran tribulación” (1 Ts. 1:6; 2:14; 3:3). Fue duro el camino, pero no se volvieron atrás, y por eso Pablo dice “conocemos...vuestra elección” (1 Ts. 1:4), porque había pruebas de su fe, señales de vida. En la segunda epístola vemos que no había terminado el sufrimiento. Y para hacer la cosa peor, surgieron algunos falsos maestros diciendo que la iglesia pasaba por la Tribulación – el día del Señor. Para animarles y corregir esto Pablo escribe esta gran epístola. En los versículos 1 y 2 tenemos la salutación. En los versículos 3 y 4 tenemos las acciones de gracias. En los versículos del 5 al 10 tenemos la certeza del juicio venidero, y en los versículos 11 y 12 tenemos una oración.
    Los creyentes de allá pasaban por muchas dificultades, y es así la vida cristiana si realmente somos fieles al Señor y vivimos en santidad, porque 2 Timoteo 3:12 afirma: “todos los que quieren vivir piadosamente en Cristo Jesús padecerán persecución”. No nos libramos en la vida de estas cosas, excepto cuando andamos en amistad con el mundo y callamos en lugar de testificar. Pablo escribió para alentarles en medio de la pesecución – es triste decirlo pero viene también de la familia, porque el diablo recluta de los suyos a los más cerca de nosotros para oponernos, afligirnos, y si es posible, desviarnos. Recordemos el ejemplo del Salmo 1:1 y no andemos con los impíos, ni siquiera cuando son familia. Dios primero, cueste lo que cueste.
   
Salutación (vv. 1-2)
    En el versículo 1 aparecen “Pablo, Silvano y Timoteo”, así como en 1 Tesalonicenses 1:1. Todavía estaban juntos y se dirigían nuevamente a los amados hermanos en Tesalónica. Estas dos epístolas son cartas inspiradas para ense;ar y ayudar cuando no era posible estar físicamente presente. Ya no hay más inspiración. Pero todavía podemos usar cartas para enseñar, aconsejar y animar, siempre y cuando se adhiere a las Escrituras.
    “La iglesia de los tesalonicenses” está descrita usando la preposición “en” dos veces: “en Dios Padre y en el Señor Jesucristo”, para que se acuerden de su posición espiritual. Son de Dios, y Él les cuida. Las circunstancias no pueden separar al creyente del amor de Dios que es en Cristo Jesús (Ro. 8:39).
    En el versículo 2 les desea y envía, no dinero, sino “gracia y paz”, cosas que vienen de Dios Padre y del Señor Jesucristo. Algunos piensan que el dinero resuleve todos los problemas, pero se equivocan. La gracia de Dios y Su paz nos ayudan en medio de las dificultades de la vida.

Acción de Gracias (vv. 3-4)
    “Debemos siempre dar gracias a Dios por vosotros” (v. 3). Los creyentes siempre debemos estar agradecidos a Dios, porque Él no falla en Su cuidado de nosotros. Aunque estemos en el hospital – demos gracias, o rechazados – demos gracias y gocémonos (Hch. 5:41), o necesitados – demos gracias. En el mundo todos se quejan y murmuran constantemente. “Sed agradecidos” (Col. 3:15).
    Pero aquí, Pablo y sus compañeros dan gracias siempre por los tesalonicenses, como habían hecho en la primera epístola. “Damos siempre gracias a Dios por todos vosotros” (1 Ts. 1:2). “...Sin cesar damos gracias a Dios, de que cuando recibisteis la palabra de Dios que oísteis de nosotros, la recibisteis no como palabra de hombres, sino según es en verdad, la palabra de Dios” (1 Ts. 2:13).  “...¿qué acción de gracias podremos dar a Dios por vosotros...?” (1 Ts. 3:9). Y nuevamente en la segunda epístola: “Pero nosotros debemos dar siempre gracias a Dios respecto a vosotros” (2 Ts. 2:13). La iglesia en Tesalónica causaba gratitud apostólica.
    Pero no todas son así. No podemos dar gracias por muchas iglesias hoy, porque sus doctrinas y prácticas no agradan al Señor, no son fieles a Su Palabra. Hay que discernir entre lo bueno y lo malo, pero llaman bueno lo malo y malo lo bueno. Cuando una iglesia dice a las mujeres que no hay que llevar el velo, ni guardar silencio, es malo. Desechan la vestimenta santa, modesta y reverente y que distingue entre los sexos. Y la palabra que usa para introducir esas cosas es “cultural”. Los liberales hablan de “volver a examinar”, “pensar nuevamente” y “volver a plantearse ideas”, pero lo que realmente hacen es buscar la manera de no sujetarse a lo que la Biblia dice. Las enseñanzas del Nuevo Testamento no son culturales, sino “mandamientos del Señor” y “doctrina apostólica”. Algunas iglesias enseñan el calvinismo y la teología de la Reforma. Otras enseñan el ecumenismo. El evangelio de la gracia de Dios es atacado tanto por el uno como por el otro. Entra la música contemporánea – o sea – la del mundo. Hay pastores asalariados que predican la vida de fe pero no la viven. Los apóstoles no dan gracias por esas cosas, ni tampoco nosotros. Seamos hermanos e iglesias que causan gratitud, no consternación y tristeza.
    ¿Por qué dan gracias Pablo, Silvano y Timoteo? “Por cuanto vuestra fe va creciendo, y el amor de todos y cada uno de vosotros abunda para con los demás” (v. 3) La fe de ellos crecía pese a las circunstancias. No era fácil. ¿Crees que los héroes de la fe en Hebreos 11 lo tenían fácil? ¡No, sino hubo conflicto, dificultades y oposición, y tuvieron que hacer sacrificios! Y cuando crece la fe, crece el amor, porque van juntos.
    En el versículo 4 leemos “nosotros mismos nos gloriamos de vosotros en las iglesias de Dios”. Eran ejemplo a los demás de cómo soportar la persecución y manifestar fe y amor.  En Romanos 12:10 Pablo manda a los romanos: “Amaos los unos a los otros con amor fraternal”. Había ejemplo en Tesalónica. Al decir: “las iglesias de Dios”, reconoce que Dios es Dueño, Protector y Señor en ellas.
    Hablaron de ellos así: “vuestra paciencia y fe en todas vuestras persecuciones y tribulaciones que soportáis”. Paciencia (perseverancia) y fe son marcas de verdaderos creyentes. En las pruebas los falsos se vuelven atrás, pero los fieles, como Job, aguantan. Somos llamados a la paciencia, y Job es puesto como ejemplo (Stg. 5:7, 11). La fe verdadera es fortalecida bajo prueba. Es como hacer flexiones para aumentar los músculos de los brazos. 1 Pedro 1:6-7 habla de la prueba de nuestra fe y el resultado – alabanza, gloria y honra. En Deuteronomio 8:2-3 vemos que Dios manda pruebas para manifestar lo que hay en nosotros, y para enseñarnos: “Y te acordarás de todo el camino por donde te ha traído Jehová tu Dios estos cuarenta años en el desierto, para afligirte, para probarte, para saber lo que había en tu corazón, si habías de guardar o no sus mandamientos. Y te afligió, y te hizo tener hambre, y te sustentó con maná, comida que no conocías tú, ni tus padres la habían conocido, para hacerte saber que no sólo de pan vivirá el hombre, mas de todo lo que sale de la boca de Jehová vivirá el hombre”. No pensemos en las pruebas que Dios nos ha abandonado. Él las usa para nuestro bien.
    Es loable que los tesalonicenses, siendo creyentes por poco tiempo, tenían abundante amor en circunstancias difíciles, y es porque tenían fe. Por eso perseveraron. No eran como muchos hoy que hablan efusivamente y prometen lo que van a hacer para Cristo, pero a la vuelta de un tiempo han claudicado y se han vuelto atrás. No así los tesalonicenses, y por eso Pablo y sus compañeros se gloriaban de ellos. Recuerda que el pez muerto flota con la corriente, y solo el pez vivo puede nadar contra la corriente. Los tesalonicenses tenían la vida de Dios, e iban contra la corriente. Es una señal de vida, y es para la gloria de Dios.
    Recordemos esto, y soportemos con paciencia la oposición y los contratiempos, sin volvernos atrás. Recordemos las palabras de Hebreos 10:35-36. “No perdáis, pues, vuestra confianza, que tiene grande galardón; porque os es necesaria la paciencia, para que habiendo hecho la voluntad de Dios, obtengáis la promesa”.




Tuesday, March 31, 2020

Un Encuentro En Betesda: "¿Quieres ser sano?"


Texto: Juan 5:1-16

Recientemente tuve una cita con el médico para ayudarme con los cervicales. Luego tuve que ir nuevamente por los ojos, porque empezaba a ver destellos de luz en un ojo, y me dijo que podría ser desprendimiento de retina. Me llevó a urgencias para ser atendido y al entrar vi una gran cantidad de gente enferma esperando que un médico le viera. Me acordé de esta escena de Betesda en Juan 5, que es espiritualmente como está el mundo sin Cristo. Betesda significa “casa de misericordia” y vamos a ver cómo un hombre encontró la misericordia encarnada.
    En el versículo 1 observamos el lugar y la fiesta de Jehová, pero dice: “fiesta de los judíos”. También en el 6:4 dice “fiesta de los judíos” hablando de la pascua, y en el 7:2 dice lo mismo pero habla de la fiesta de los tabernáculos. Esta expresión, cambiada de fiesta de Jehová a fiesta de judíos indica que habían llegado a ser meras tradiciones suyas, observadas sin devoción y sin comprensión. Ya no eran para Jehová, y esto parece como el Señor habló en Isaías 1:11 diciendo que estaba cansado de las fiestas de ellos. Todo era externo, nada de corazón, y la devoción estaba ausente de la vida de ellos. Cuando el amor de Dios no está en el corazón, hay sequedad, formalismo, y aun odio y maldad de todo clase. En Jeremías 7 Dios les reprendió por vivir en pecado y luego venir a Sus atrios en el templo. Hermanos, no solo entonces sino todavía hoy la voluntad de Dios para Su pueblo es la santificación.
    En el versículo 2 vemos Betesda – casa de misericordia, “cerca de la puerta de las ovejas” que era donde traían a los animales para los sacrificios. El versículo describe la escena: una gran multitud de enfermos de toda clase, yaciendo y esperando el movimiento del agua. No había otra esperanza para ellos, pues los hombres no los podían curar. Y esto representa la raza humana con la incurable aflicción del pecado y la muerte que trae, y como Romanos 5:6 dice: “débiles” – esto es – impotentes, incapaces.
    ¿Por qué esperaban allí? El versículo 4 explica que esperaban la visita de un ángel, que nadie sabía cuándo vendría, y cuando estorbaba el agua solo una persona se sanaba, la primera que llegara al agua. Los demás tenían que seguir esperando. Hebreos 1 dice que los ángeles son ministros de Dios, y Él los envía a favor nuestro. Algunos críticos se mofan de este relato y dicen que es un cuento o una leyenda sin base. Pero el Espíritu Santo lo relata bajo inspiración y no es un cuento. Quizás Dios a través de esas visitas angelicales preparó todo para la visita de Su Hijo ese día.
    El versículo 5 informa que entre todas esas personas había un hombre que llevaba 38 años enfermo – un largo sufrimiento. No sabemos su enfermedad, quizás nació con ella o algo le pasó cuando era joven, y todavía ahí estaba. Pero quiero deciros que lo peor es la aflicción del pecado, y ese hombre ilustra la humanidad pecaminosa y impotente. Los pecadores no pueden curarse; necesitan la intervención divina.
    Así que, es grato ver en el versículo 6 que el Señor Jesús lo vio y supo su condición. Le pregunto: “¿Quieres ser sano?” ¿Para qué una pregunta así, si parece obvia la respuesta? Porque el Señor quiere y puede, pero no opera en nuestra vida sin que digamos qué queremos. En cuanto a la salvación, por así decir, es con el permiso del pecador. Es importante que reconozcamos nuestra necesidad y la expresemos al Señor.
    En el versículo 7 aquel hombre comenzó a explicar al Señor su situación: “no tengo quién me meta...”. Pasaba los días mirando el agua, esperando que se moviera, pero no tenía a nadie para ayudarle a llegar a ella. En cuanto a la salvación, ningún hombre puede meternos – ni sacerdotes, ni santos, ni iglesia, ni familia, ni vecinos – ¡nadie! Y amigos,  lo peor es no tener quién te meta en el cielo. Por tu cuenta nunca llegarás,  sino solo por el Señor Jesucristo. “Yo soy la puerta, él que por mí entrare será salvo” (Jn. 10:9).  Ese pobre enfermo acostado en el suelo en Betesda no sabía quién estaba delante suyo, pero iba a aprenderlo. Quizás pensaba que el Señor se ofrecía para quedarse con él un tiempo para meterlo en el agua si viniera el ángel, pero ¡no ese no era el plan!
    Vemos en el versículo 8 lo que sólo Cristo puede decir: “Levántate, toma tu lecho y anda”. Durante 38 años no le dijeron esto. Cristo no le mandó a sesiones de terapia, le sanó instantáneamente. “Y al instante aquel hombre fue sanado” (v. 9).  Tomó su lecho y anduvo. El lecho le había llevado todos esos años, pero ahora él llevaba el lecho. ¡Qué escena! Fue así porque cuando el Señor manda, también capacita. Recuerda que en Juan 11:13 dijo al muerto: “¡Lázaro, ven fuera!” y el muerto salió de la tumba. El Señor manifestó en múltiples ocasiones los poderes del Mesías profetizado en el Antiguo Testamento. Expuso así Sus credenciales delante del pueblo.
    Ese día en Betesda era un día de reposo, y por eso los judíos le reprocharon que llevara su lecho en ese día. Pero él explicó por qué lo hizo: “El que me sanó, él mismo me dijo: Toma tu lecho y anda” (v. 11). Cuando preguntaron quién se lo dijo, no pudo contestar porque todavía no sabía (v. 12). Es triste que esos religiosos, en lugar de gozarse con él por el gran cambio, solo buscaban a quién reprender.
    Luego el Señor le encontró y advirtió (v. 14): “Mira, has sido sanado” (físicamente), “no peques más para que no te venga alguna cosa peor”. Esto es, que no se volviera al pecado. Ofendemos muchas veces (Stg. 3:2). Pecamos de muchas maneras: con la mente, las actitudes, los ojos, etc. Pero Dios no nos da la salud para pecar. Es triste olvidarse de la misericordia y volver a nuestras andadas y hechos. “Alguna cosa peor” quiere decir que podría venir peor castigo en esta vida, pero sobre todo, luego la eternidad sin Dios, el pecador se perderá para siempre.
    En el versículo 15 vemos que aquel hombre fue y dio aviso a los religiosos. Identificó a Cristo, quizás para justificarse, no lo sabemos. Es sorprendente que los judíos solo querían matar al Señor por lo que había hecho, porque defendían sus costumbres y sus leyes que ellos habían hecho. Este conflicto sobre el día de reposo surgió multiples veces en los evangelios. Cierto es que hoy los creyentes no guardamos el día de reposo, pero en esto y otras cosas los adventistas se equivocan, y no aceptan la corrección, sino manifiestan actitudes parecidas a las de los fariseos. Muchos se aferran a sus normas y tradiciones religiosas, y se autoexcluyen del bien que Cristo podría hacerles.
    En el versículo 17 el Señor Jesús les respondió: “Mi Padre hasta ahora trabaja, y yo trabajo”. Trabaja Dios todos los días, manteniendo el mundo, llamando a los pecadores al arrepentimiento, contestando las oraciones de Sus santos, etc. Desde la caída de Adán y Eva en el pecado ¡gran trabajo tiene Dios! El mundo está lleno de personas que espiritualmente están en la condición de aquellas personas en Betesda, pero ¡qué pocas quieren que el Señor les salve!
    Pero la reacción de los judíos a esto fue homicida (v. 18). “Aun más procuraban matarle”, por trabajar en el día de reposo, y por afirmar que Dios era Su Padre. Como ciegos y celosos de sus tradiciones solo pensaban como deshacerse de Él. Dios muestra misericordia a cualquiera, a hora y deshora, a los que le buscan y reciben. Que el Señor nos ayude a recordar Su gran poder y misericordia, acudir a Él en todo momento, e invitar a otros a hacer lo mismo.

Tuesday, December 31, 2019

GRAN AYUDA DIVINA



Texto:  Romanos 8:14-28

 Desde el principio este hermoso capítulo nos habla de la santidad, no como un ideal sino algo práctico, divinamente provisto y posible para todo creyente, gracias al Espíritu Santo. El capítulo 8 es uno de mis favoritos porque nos alienta y anima en la vida cristiana, y promete que nada nos separará de Su amor.
    Los versículos 12-13 declaran que no tenemos deuda con la carne, sino con el Espíritu. No vivimos según la carne porque hemos nacido de nuevo. No la debemos nada. La carne sólo conduce a la muerte. En el versículo 13 aparece la frase “por el Espíritu” – que nos enseña cómo hacer las cosas. No vencemos la carne con la ley, sino con el Espíritu.
    El versículo 14 nos describe como “guiados por el Espíritu de Dios”. Es una descripción de todo verdadero hijo de Dios. Ser guiado por el Espíritu es señal y resultado de nacer de nuevo. Una persona inconversa no puede ser guiada por el Espíritu. Está muerta en sus delitos y pecados. Le guía la carne: “los deseos de nuestra carne...la voluntad de la carne y de los pensamientos”. Le guía el mundo y sigue “la corriente de este mundo”. Le guía el diablo, el “príncipe de la potestad del aire, el espíritu que ahora opera en los hijos de desobediencia” (Ef. 2:1-3). Los guiados así son “hijos de ira” que van rumbo a un terrible encuentro: “horrenda cosa es caer en manos del Dios vivo” (He. 10:27, 31). Pero cuando creemos el evangelio, Dios nos salva de todo esto, nos da vida (Ef. 2:1) y recibimos el Espíritu Santo (Ef. 1:13-14). ¿Cómo nos guía Su Espíritu? Hay que tener esto muy claro. No por voces, emociones, sueños, etc. sino  por la Palabra de Dios, la que Él mismo inspiró. El propósito es que la obedezcamos. Por eso es muy importante que nosotros estemos siempre en la Palabra de Dios. Comencemos cada día con ella. Consultémosla antes de tomar decisiones. Hagamos caso de lo que ella dice, porque es así que el Espíritu Santo nos guía.
    En los versículo 15-16 aprendemos que Él es el Espíritu de adopción. Nos hace saber que somos hijos de Dios, y da testimonio – no por hablar en lenguas o bailes, sino por la Palabra de Dios nos lo hace saber. No todos y no muchos son hijos de Dios. Hay hijos del diablo (1 Jn. 3:10). Cristo dijo a los fariseos que eran de su padre el diablo (Jn. 8:44). Pero ¡qué hermoso, consolador y animador es saber que “Amados, ahora somos hijos de Dios” (1 Jn. 3:2).
    Y como somos hijos de Dios, los versículos 17 y 18 testifican de la herencia y la gloria venidera. La vida cristiana en un mundo hostil no es fácil, pero tenemos algo que los del mundo no tienen: una herencia celestial. Los que hacen tesoros en el mundo perderán todo porque la tierra y sus obras serán quemados (2 P. 3:10). ¿Qué padecemientos? Los que son por causa de Cristo, por asociarnos con Él como dice Romanos 8:17, “juntamente con Él”. Llevamos “su vituperio” (He. 13:13). ¡Es imposible ser político y ganar votos por popularidad! La vida de santidad trae padecimiento (2 Ti. 2:12; 3:12), porque no seguimos la corriente del mundo (Ef. 2:2). A los del mundo les parece extraño que no corramos con ellos (1 P. 4:4), y nos ultrajan. pero las aflicciones por ser fieles a Cristo serán recompensadas. Seremos glorificados “juntamente con él”.
    Los versículos 19-25 presentan los gemidos de la creación y los nuestros, esperando la manifestación de los hijos de Dios, es decir, nuestra glorificación. Por el pecado la creación fue sujetada a vanidad y esclavitud de corrupción (vv. 20-21), y por eso gime (v. 22). Nosotros gemimos esperando la redención. No estamos exentos del dolor. El cuerpo gime. También gemimos para ser librados del cuerpo de pecado. Es nuestra esperanza (vv. 23-25). Nada en el mundo nos da esperanza, pero las promesas de Dios, sí.
    En los versículos 26-27 vemos otra ayuda en nuestra presente debilidad. El Espíritu Santo intercede por nosotros. ¡Acaso es poca ayuda? Su intercesión es conforme a la perfecta voluntad de Dios. A veces fallamos en la intercesión por otros, pero Él nunca falla. Y cuando intercede, ¿qué desea? ¡Nuestra santidad! (Ef. 1:4). Desea que sigamos a Cristo, andando como Él anduvo (1 Jn. 2:6). Desea que conozcamos al Señor, Su Palabra y Su gracia (2 P. 3:18). Desea que seamos conformados a la imagen de Cristo (Ro. 8:29). Desea que no seamos engañados por el mundo ni lo amemos (1 Jn. 2:15-17). Desea que crezca y abunde nuestro amor (Fil. 1:9). Desea que seamos llenos del conocimiento de Su voluntad en toda sabiduría e inteligencia (Col. 1:9). Y probablemente gime porque Él desea estas cosas más que nosotros.
    Del versículo 28 surge la pregunta: ¿Quiénes son los que aman a Dios? Son los verdaderos hijos Suyos, nacidos de nuevo (1 Jn. 4:19). Ese amor ha sido derramado en nuestro corazón por el Espíritu Santo (Ro. 5:5). Amamos a Dios y guardamos Sus mandamientos (1 Jn. 5:2).
    Lucas 11:24-26 trata el peligro de los que realmente no han nacido de nuevo.
    “Cuando el espíritu inmundo sale del hombre, anda por lugares secos, buscando reposo; y no hallándolo, dice: Volveré a mi casa de donde salí. Y cuando llega, la halla barrida y adornada. Entonces va, y toma otros siete espíritus peores que él; y entrados, moran allí; y el postrer estado de aquel hombre viene a ser peor que el primero”.
     Son como una casa limpiada pero no habitada, porque se reforman temporalmente, pero no tienen al Espíritu (Ro. 8:9; Jud. 19). La casa (su vida) fue barrida, pero no ocupada por Dios. Entonces, andando el tiempo, éstos serán vencidos por el pecado y las fuerzas del maligno. La falsa conversión trae al final una terrible ruina y un estado peor que antes. Por eso advierte Pedro: “...su postrer estado viene a ser peor que el primero. Porque mejor les hubiera sido no haber conocido el camino de la justicia, que después de haberlo conocido, volverse atrás del santo mandamiento que les fue dado” (2 P. 2:20-21). ¿Cuántas personas hay hoy que fueron bautizadas – remojadas – y luego, después de un tiempo, desaparecen y se vuelven al mundo? La experiencia demuestra que los que siempre están diciendo: “no dejaré al Señor” y “no me echo atrás” son los que suelen marcharse. Aseguran que no lo harán, pero luego algo pasa, tropiezan, o se molestan, o se amargan, o se cansan, o caen en algún pecado, o entran en una amistad mala, o algo así. Y un buen día comienzan a faltar en las reuniones, y pronto desaparecen. Es muy triste, pero ha sucedido muchas veces. No sabemos pero quizás hablan así porque dejarlo y echarse atrás son sus tentaciones. No solemos escuchar a verdaderos creyentes hablar así, porque ni siquiera piensan en tales cosas.   
    Hermanos amados, Dios nos da grandes ayudas, como hemos visto. Nos da Su Palabra llena de consejos, promesas, advertencias, y ejemplos buenos y malos. Nos da Su Espíritu Santo para que more en nosotros como Consolador que nos guía y ayuda. También nos da la comunión de los santos para fortalecernos. No quiere que el creyente esté solo – no es bueno. Tampoco quiere que ande con los del mundo, porque no le harán ningún bien. En Hechos 2:44 todos los que creían estaban juntos. Hechos 4:23-24 cuenta como buscaban la comunión y oraban unánimes. El versículo 32 dice que la multitud de los creyentes era de un corazón y un alma. Aprovechaban las ayudas que Dios da, y esto es lo que necesitamos hacer para crecer y agradar a Dios. Dios provee para nosotros lo mismo que dio a ellos, no cabe duda. Que aprovechemos lo que Él nos da, para Su honor y gloria y nuestro eterno bien.
 Lucas Batalla, 31-3-2019