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Tuesday, March 31, 2020

Un Encuentro En Betesda: "¿Quieres ser sano?"


Texto: Juan 5:1-16

Recientemente tuve una cita con el médico para ayudarme con los cervicales. Luego tuve que ir nuevamente por los ojos, porque empezaba a ver destellos de luz en un ojo, y me dijo que podría ser desprendimiento de retina. Me llevó a urgencias para ser atendido y al entrar vi una gran cantidad de gente enferma esperando que un médico le viera. Me acordé de esta escena de Betesda en Juan 5, que es espiritualmente como está el mundo sin Cristo. Betesda significa “casa de misericordia” y vamos a ver cómo un hombre encontró la misericordia encarnada.
    En el versículo 1 observamos el lugar y la fiesta de Jehová, pero dice: “fiesta de los judíos”. También en el 6:4 dice “fiesta de los judíos” hablando de la pascua, y en el 7:2 dice lo mismo pero habla de la fiesta de los tabernáculos. Esta expresión, cambiada de fiesta de Jehová a fiesta de judíos indica que habían llegado a ser meras tradiciones suyas, observadas sin devoción y sin comprensión. Ya no eran para Jehová, y esto parece como el Señor habló en Isaías 1:11 diciendo que estaba cansado de las fiestas de ellos. Todo era externo, nada de corazón, y la devoción estaba ausente de la vida de ellos. Cuando el amor de Dios no está en el corazón, hay sequedad, formalismo, y aun odio y maldad de todo clase. En Jeremías 7 Dios les reprendió por vivir en pecado y luego venir a Sus atrios en el templo. Hermanos, no solo entonces sino todavía hoy la voluntad de Dios para Su pueblo es la santificación.
    En el versículo 2 vemos Betesda – casa de misericordia, “cerca de la puerta de las ovejas” que era donde traían a los animales para los sacrificios. El versículo describe la escena: una gran multitud de enfermos de toda clase, yaciendo y esperando el movimiento del agua. No había otra esperanza para ellos, pues los hombres no los podían curar. Y esto representa la raza humana con la incurable aflicción del pecado y la muerte que trae, y como Romanos 5:6 dice: “débiles” – esto es – impotentes, incapaces.
    ¿Por qué esperaban allí? El versículo 4 explica que esperaban la visita de un ángel, que nadie sabía cuándo vendría, y cuando estorbaba el agua solo una persona se sanaba, la primera que llegara al agua. Los demás tenían que seguir esperando. Hebreos 1 dice que los ángeles son ministros de Dios, y Él los envía a favor nuestro. Algunos críticos se mofan de este relato y dicen que es un cuento o una leyenda sin base. Pero el Espíritu Santo lo relata bajo inspiración y no es un cuento. Quizás Dios a través de esas visitas angelicales preparó todo para la visita de Su Hijo ese día.
    El versículo 5 informa que entre todas esas personas había un hombre que llevaba 38 años enfermo – un largo sufrimiento. No sabemos su enfermedad, quizás nació con ella o algo le pasó cuando era joven, y todavía ahí estaba. Pero quiero deciros que lo peor es la aflicción del pecado, y ese hombre ilustra la humanidad pecaminosa y impotente. Los pecadores no pueden curarse; necesitan la intervención divina.
    Así que, es grato ver en el versículo 6 que el Señor Jesús lo vio y supo su condición. Le pregunto: “¿Quieres ser sano?” ¿Para qué una pregunta así, si parece obvia la respuesta? Porque el Señor quiere y puede, pero no opera en nuestra vida sin que digamos qué queremos. En cuanto a la salvación, por así decir, es con el permiso del pecador. Es importante que reconozcamos nuestra necesidad y la expresemos al Señor.
    En el versículo 7 aquel hombre comenzó a explicar al Señor su situación: “no tengo quién me meta...”. Pasaba los días mirando el agua, esperando que se moviera, pero no tenía a nadie para ayudarle a llegar a ella. En cuanto a la salvación, ningún hombre puede meternos – ni sacerdotes, ni santos, ni iglesia, ni familia, ni vecinos – ¡nadie! Y amigos,  lo peor es no tener quién te meta en el cielo. Por tu cuenta nunca llegarás,  sino solo por el Señor Jesucristo. “Yo soy la puerta, él que por mí entrare será salvo” (Jn. 10:9).  Ese pobre enfermo acostado en el suelo en Betesda no sabía quién estaba delante suyo, pero iba a aprenderlo. Quizás pensaba que el Señor se ofrecía para quedarse con él un tiempo para meterlo en el agua si viniera el ángel, pero ¡no ese no era el plan!
    Vemos en el versículo 8 lo que sólo Cristo puede decir: “Levántate, toma tu lecho y anda”. Durante 38 años no le dijeron esto. Cristo no le mandó a sesiones de terapia, le sanó instantáneamente. “Y al instante aquel hombre fue sanado” (v. 9).  Tomó su lecho y anduvo. El lecho le había llevado todos esos años, pero ahora él llevaba el lecho. ¡Qué escena! Fue así porque cuando el Señor manda, también capacita. Recuerda que en Juan 11:13 dijo al muerto: “¡Lázaro, ven fuera!” y el muerto salió de la tumba. El Señor manifestó en múltiples ocasiones los poderes del Mesías profetizado en el Antiguo Testamento. Expuso así Sus credenciales delante del pueblo.
    Ese día en Betesda era un día de reposo, y por eso los judíos le reprocharon que llevara su lecho en ese día. Pero él explicó por qué lo hizo: “El que me sanó, él mismo me dijo: Toma tu lecho y anda” (v. 11). Cuando preguntaron quién se lo dijo, no pudo contestar porque todavía no sabía (v. 12). Es triste que esos religiosos, en lugar de gozarse con él por el gran cambio, solo buscaban a quién reprender.
    Luego el Señor le encontró y advirtió (v. 14): “Mira, has sido sanado” (físicamente), “no peques más para que no te venga alguna cosa peor”. Esto es, que no se volviera al pecado. Ofendemos muchas veces (Stg. 3:2). Pecamos de muchas maneras: con la mente, las actitudes, los ojos, etc. Pero Dios no nos da la salud para pecar. Es triste olvidarse de la misericordia y volver a nuestras andadas y hechos. “Alguna cosa peor” quiere decir que podría venir peor castigo en esta vida, pero sobre todo, luego la eternidad sin Dios, el pecador se perderá para siempre.
    En el versículo 15 vemos que aquel hombre fue y dio aviso a los religiosos. Identificó a Cristo, quizás para justificarse, no lo sabemos. Es sorprendente que los judíos solo querían matar al Señor por lo que había hecho, porque defendían sus costumbres y sus leyes que ellos habían hecho. Este conflicto sobre el día de reposo surgió multiples veces en los evangelios. Cierto es que hoy los creyentes no guardamos el día de reposo, pero en esto y otras cosas los adventistas se equivocan, y no aceptan la corrección, sino manifiestan actitudes parecidas a las de los fariseos. Muchos se aferran a sus normas y tradiciones religiosas, y se autoexcluyen del bien que Cristo podría hacerles.
    En el versículo 17 el Señor Jesús les respondió: “Mi Padre hasta ahora trabaja, y yo trabajo”. Trabaja Dios todos los días, manteniendo el mundo, llamando a los pecadores al arrepentimiento, contestando las oraciones de Sus santos, etc. Desde la caída de Adán y Eva en el pecado ¡gran trabajo tiene Dios! El mundo está lleno de personas que espiritualmente están en la condición de aquellas personas en Betesda, pero ¡qué pocas quieren que el Señor les salve!
    Pero la reacción de los judíos a esto fue homicida (v. 18). “Aun más procuraban matarle”, por trabajar en el día de reposo, y por afirmar que Dios era Su Padre. Como ciegos y celosos de sus tradiciones solo pensaban como deshacerse de Él. Dios muestra misericordia a cualquiera, a hora y deshora, a los que le buscan y reciben. Que el Señor nos ayude a recordar Su gran poder y misericordia, acudir a Él en todo momento, e invitar a otros a hacer lo mismo.

Tuesday, June 25, 2019

La Ley Del Amor


Texto: Mateo 5:38-48

Si el mundo se rige por lo del versículo 38, “ojo por ojo, y diente por diente”, ¡qué mundo! No es difícil ver en las noticias todos los días el resultado de vivir así.
    Pero el Señor Jesucristo nos enseña a no vengarnos ni destruir al enemigo. Habla a Sus discípulos acerca de los enemigos, porque los tenemos, simplemente por ser cristianos y seguir a Cristo. El mundo aborrece a Cristo y a los Suyos. Al seguir a Cristo, tenemos que vivir distintamente a los del mundo – es inevitable. Y el mundo que persiguió a Cristo también hará esto con nosotros. Es inevitable que el cristiano fiel tenga enemigos. “¡Ay de vosotros, cuando todos los hombres hablen bien de vosotros!” (Lc. 6:26). Considera el lenguaje de Mateo 5:44,
    “vuestros enemigos”
    “los que os maldicen”
    “los que os aborrecen”
    “los que os ultrajan y os persiguen”


    Si son enemigos de Dios, también son enemigos nuestros. Observa que aquí no habla del sistema del mundo, sino de las personas del mundo, y recuerda 1 Juan 2:15-17, la advertencia contra el amor al mundo, y Santiago 4:4, la advertencia acerca de la amistad con el mundo. Los del mundo siguen el rumbo del mundo (Ef. 2:2-3), y como no estamos de acuerdo con ellos, no podemos andar juntos. Las amistades más peligrosas y dañinas son con las personas del mundo.
    No sólo no debemos tener esos amores y amistades, sino tampoco debemos ser como los del mundo.  Estamos en el mundo, pero no somos del mundo. Los del mundo usan la venganza, la maldición, el aborrecimiento, el ultrajo y la persecución de sus enemigos. No así con los creyentes. Recuerda que aquí el Señor no trata la cuestión de disciplina en la iglesia, la corrección de errores y pecados, sino nuestra relación con los de afuera. No enseña que amemos al diablo, ni que seamos permisivos con la falsa doctrina, la inmoralidad y otros pecados. Los padres todavía deben amonestar y disciplinar a sus hijos porque Dios así lo manda (Pr. 29:15, 17). Los magistrados deben castigar a los malhechores (Ro. 13:3-4) porque Dios los puso para esto. La iglesia debe ejercer disciplina como Dios manda. Hacer estas cosas es amar a Dios y guardar Su Palabra.
    Pero aquí habla de nuestras relaciones personales con los del mundo, y el testimonio que debemos tener delante de ellos. El amor que Cristo enseña aquí es sobrenatural, espiritual, celestial – es imposible amar así sin el nuevo nacimiento, pues la carne no es capaz sino de amar a los suyos y a los que le tratan bien. El Señor da en nuestro texto cinco razones por las que debemos amar a nuestros enemigos.
    1. La generosidad imita a Cristo. “Al que te pida, dale; y al que quiera tomar de ti prestado, no se lo rehúses” (Mt. 5:42). No sólo a amigos, sino a enemigos. En lugar de vengarnos de nuestros enemigos, Romanos 12:20 enseña: “si tu enemigo tuviere hambre, dale de comer; si tuviere sed, dale de beber”.  Los seguidores de Cristo son generosos, pero no insensatos. Dan con sabiduría. No dan dinero a personas que piden cuando es obvio que lo usarían para cosas dañinas como alcohol, drogas, tabaco, etc. Hay quienes les ofrecen comida o ropa, pero no dinero, para ver si realmente desean ayuda, y unos lo aceptan y otros no. Mateo 5:45 enseña el resultado de ser generosos: “para que seáis hijos de vuestro Padre que está en los cielos, que hace salir su sol sobre malos y buenos, y que hace llover sobre justos e injustos”. Recordemos la prioridad espiritual en nuestra generosidad: “Así que, según tengamos oportunidad, hagamos bien a todos, y mayormente a los de la familia de la fe” (Gá. 6:10), porque hay hermanos necesitados, y siervos del Señor que viven en escasez, y nuestra generosidad sería un gran bien para ellos. Uno que vive por fe no te va a pedir, porque mira al Señor, pero si ves que tiene necesidad – eso debe ser para ti como si te pidiera (1 Jn. 3:17).
    2. El amor al enemigo también imita a Cristo. Hasta a Judas Iscariote le llamó “amigo” (Mt. 26:50). Esto requiere amor sobrenatural. El Señor enseñó así a Sus discípulos: “Amad, pues, a vuestros enemigos, y haced bien, y prestad, no esperando de ello nada; y será vuestro galardón grande, y seréis hijos del Altísimo” (Lc. 6:35). Es un amor asociado con Dios, porque viene de Él, no de los hombres. La amabilidad debe ser sin acepción de personas, saludando a todos, aun a los enemigos, como Cristo hizo a Judas, sabiendo que le traicionaba. Respecto a los del mundo, Romanos 12:14 enseña: “Bendecid a los que os persiguen; bendecid, y no maldigáis” – eso es – hablar bien, y desear el bien. Seamos amables, pero no incautos, porque todavía son nuestros enemigos y no hay que fiarnos de ellos. Recuerda que David dos veces perdonó la vida de Saúl su enemigo (1 S. 24 y 26), pero no se fió de él.
    3. Al hacer bien a nuestros enemigos, manifestamos el carácter de Cristo. Seamos bienhechores (Mt. 5:44). No hay que pagar ojo por ojo, diente por diente, porque como hijos del Altísimo nos incumbe vencer el mal con el bien, y dejar la venganza y el saldar las cuentas en manos de Dios. Romanos 12:17 enseña: “No paguéis a nadie mal por mal; procurad lo bueno delante de todos los hombres”. Muchas veces usamos la venganza, pero nunca debemos, porque es algo que pertenece a Dios. Consideremos el ejemplo de Cristo en 1 Pedro 2:21-23. “Cristo padeció por nosotros, dejándonos ejemplo, para que sigáis sus pisadas; el cual no hizo pecado, ni se halló engaño en su boca; quien cuando le maldecían, no respondía con maldición; cuando padecía, no amenazaba, sino encomendaba la causa al que juzga justamente”.
    4. Orar por nuestros enemigos es una muestra de amor cristiano – orar por ellos, no en contra, aunque hay casos excepcionales como el de 2 Timoteo 4:14. Debemos orar por ellos, deseando su bien, y esperar que el Señor actúe. Hermanos, nos hace falta más oración y menos nervios, menos tensión, menos reacciones carnales. El problema es que cuando nos ultrajan nos quitan las ganas de orar. Pero no cedamos a esto, porque es la carne, no el espíritu, que no quiere orar.
    5. “No resistáis al malo” (Mt. 5:39). Esto se refiere a las reacciones violentas como Salmo 37:8 aconseja: “deja la ira y el enojo”. Los malos resisten a Dios. Es el proceder del mundo – resistir al que es bueno, al que enseña la verdad, y sobre todo odiar y resistir a los que nos corrigen o amonestan. Por eso Proverbios 9:8 dice: “No reprendas al escarnecedor, para que no te aborrezca”. Cuando Felipe predicó a los líderes de los judíos en Hechos 7 les reprendió porque siempre resisten al Espíritu Santo (Hch. 7:51). Debieron arrepentirse al oír esto, pero se enojaron. Como fieles seguidores de Cristo tendremos que sufrir actitudes necias como éstas, pero no seamos arrastrados por ellas, no odiemos ni los tratemos con malicia. Ellos usan la ira y el enojo – nosotros usamos el amor. Romanos 13:13-14 nos advierten de las contiendas y la envidia, lo que desea la carne, y nos llama a no proveer para los deseos de la carne. Esto incluye otras manifestaciones carnales que no son contienda ni enojo pero los usamos igualmente para castigar a los que nos han disgustado.
    El amor hacia los enemigos es parte de la perfección (madurez) cristiano. No es un ideal inalcanzable, sino un mandamiento del Señor: 
“Sed, pues, vosotros perfectos, como vuestro Padre que está en los cielos es perfecto” (Mt. 5:48). Seamos perfectos como nuestro Padre celestial. Aprendamos a amar, dar, bendecir, hacer bien y orar porque así imitamos a Dios. “Sed, pues, imitadores de Dios como hijos amados” (Ef. 5:1). “Perfecto serás delante de Jehová tu Dios” (Dt. 18:13). Pero muchos se disculpan diciendo excusas como “perfecto no hay nadie”, que suenan bien pero no es un texto bíblico y contradice los textos que hemos citado. Dios dijo a Abraham: “anda delante de mí y sé perfecto” (Gn. 17:1). No hay excusa para no hacerlo. Debemos crecer en la gracia y en el conocimiento de nuestro gran Dios y Salvador Jesucristo, y progresar como imitadores de nuestro Padre celestial.
    Somos llamados a representar a nuestro Padre celestial con nuestro carácter y conducta, y es un llamamiento muy alto. Los del mundo, con sus hechos representan a su padre el diablo, pero nuestro camino es otro, para la gloria de Aquel que nos ha dado vida cuando estábamos muertos en delitos y pecados.
    de un estudio dado el 24 de febrero 2019

Wednesday, August 8, 2018

LA AMISTAD CON CRISTO

 

Texto: Juan 15:12-20

El amor de Cristo aquí tiene una condición: “si hacéis lo que yo os mando” (v. 14). La palabra amistad significa afecto compartido con otra persona, cariño, entrañabilidad, apego. En este pasaje está la mejor amistad – la de Cristo. Está abierta a todos, pero muy pocos entran en ella. En Proverbios 18:24 leemos: “El hombre que tiene amigos ha de mostrarse amigo; y amigo hay más unido que un hermano”. La expresión: “ amigo hay más unido que un hermano” indica que la familia no es todo, ni podemos siempre fiarnos de ella. Puede haber otros amigos más unidos, más fieles. Pero más allá de todo amigo humano, está el Señor. Su amistad es mejor que la familia, y debemos cultivarla como dice el texto: “ha de mostrarse amigo”. Hermano, hermana, ¿te muestras amigo de Cristo? ¿Sabes cómo hacerlo? Cristo es tu Salvador, pero ¿es tu mejor amigo? En muchos casos lo dudo seriamente. Apliquémonos este texto en Proverbios a Juan 15:12. Si queremos a Cristo como Amigo, hay que mostrarnos amigos – esto es – quererle más que todo ser humano, serle obedientes y leales, y así mostrarle nuestro afecto. En Juan 14:15 es Cristo que habla y pone la condición: “Si me amáis, guardad mis mandamientos”.
    La amistad de Jesucristo es un aliento al corazón. Pero le cuesta al ser humano recibirla porque intervienen otros amores e intereses. La amistad de Cristo es sobre todo espiritual, no carnal. En Juan 15:13 el Señor declara: “Nadie tiene mayor amor que este, que uno ponga su vida por sus amigos”. Cristo hizo precisamente esto, pero ¿qué de nosotros? ¿Sólo recibimos este amor, y no lo damos? ¿No estamos dispuestos a sacrificar nada para Él? Entonces, ¿cómo pensamos tener Su amistad? Muchos que profesan ser cristianos no quieren sacrificar nada, ni dejar nada ni nadie, ni serle obedientes, ni darle ninguna prioridad en su vida. Entonces, ¿quiénes realmente son tales personas? No son amigos de Cristo, y sin temor a equivocarme os digo que Él no es amigo de ellas.
    Muchas veces la misma familia es donde origina el conflicto. La gente suele decir: “la familia antes que los demás” y vemos en los hechos que ponen a la familia antes que Dios. Es un error muy popular y que pocos están dispuestos a reconocer y arrepentirse de él. Pero en la Biblia tenemos instrucción y advertencias sobre este conflicto entre la familia y Dios. Primero, en Edén, Adán escuchó la voz de su esposa en lugar de ser fiel a lo que Dios le había dicho (Gn. 3:17). ¡Ese error de anteponer el matrimonio o la familia ha costado caro a la raza humana hasta el día de hoy. Más adelante en Génesis tenemos otros ejemplos. Caín mató a su hermano Abel (Gn. 4). El conflicto entre Ismael e Isaac enseña la lucha que hay muchas veces en la familia (Gn. 21:9; Gá. 4:29).  Hay que meditar esto y tener claro que ser fiel a Dios y obedecerle puede costarnos la familia. Muchos no parecen dispuestos a pagar tan alto precio por ser amigos de Dios. Triste es eso, porque las amistades humanas y aun la familia pueden fallarnos, pero Dios nunca.
    Hoy se habla mucho del amor, pero es un amor antibíblico, porque es permisivo y falso. No es el amor de Dios, y del que quiere a Dios. Dios condena el amor permisivo y pecaminoso. No tiene solidaridad con los homosexuales, ni con los que practican el aborto, ni con fornicarios, aunque hoy día en muchas familias toleran esas cosas “por amor”. Se junta la familia a comer, a pasar tiempo y divertirse, y ahí los tienes a los que se dicen ser creyentes con los fornicarios, como si no pasara nada – sonrientes, tolerantes. Los hijos se juntan en relaciones inmorales y tienen hijos bastardos, que según la Real Academia significa: “nacido de una unión no matrimonial”, y nadie dice nada, todos lo toleran “por amor”, pero repito, es un amor que Dios rechaza y desaprueba porque es permisivo y falso. Hay que amar el bien y aborrecer el mal.
    No se puede convivir con los que no aman así a Cristo, le insultan, nos insultan, impiden, llevan la contraria y resienten la Persona y Palabra del Señor. La excepción es el matrimonio cuando uno llega a ser creyente y el otro no, porque sobre esta relación Dios dice: “Y si una mujer tiene marido que no sea creyente, y él consiente en vivir con ella, no lo abandone” (1 Co. 7:10, 13). Ante Dios no hay divorcio por incompatibilidad. El conyuge inconverso y los hijos (v. 14) son santificados por la presencia de la persona creyente. Pero eso no significa compartir sus pecados, pues hay que reprenderlos como Efesios 5:11 nos manda. El conflicto muchas veces está en casa, pues el Señor dijo que iba a ser así. Advirtió: “los enemigos del hombre serán los de su casa” (Miq. 7:6; Mt. 10:36). Ésta es la realidad, hermano mío, hermana mía. Tienes que hacerte la idea de que los tales no son tus amigos. Lo mismo pasa en las congregaciones. Entra el pecado, y nadie dice nada, por su amistad con las personas. Es triste cuando en una iglesia se tolera lo que el Señor prohibe y lo que le disgusta, por amistad con las personas. Se callan porque saben que si hablan, puede haber reacción fuerte y pérdida de amistad, de comunión o de “miembros”. En tales casos se antepone la amistad con las personas a la de Cristo. Ten por cierto que si claudicas o sacrificas en lo espiritual para mantener una “amistad” así, estás perdiendo el tiempo, y lo peor es que estás pecando.
    En Juan 15:15 el Señor dice: “os he llamado amigos”, y cuánto ánimo hay en Sus palabras. Pero no lo dijo a cualquiera, sino a Sus fieles discípulos. El compartió con ellos todas las cosas del Padre – y através de ellos nos las ha dado a conocer – es el privilegio de amigos.
    En el versículo 16 el Señor afirma que los eligió – a los discípulos – no para ser salvos, sino para que llevasen fruto. El Señor no elige a ningún incrédulo sino sólo a creyentes. Sus amigos llevan fruto porque andan en comunión con Él, le escuchan y le obedecen. Demuestran por los hechos que Él es más importante y viene antes que los demás. Los que vivan así pueden pedir al Padre en Su nombre, y recibirán, porque incluso las oraciones eficaces y que pueden mucho surgen de corazones de los amigos del Señor.
    Pero en el mundo (vv. 18-20), mis hermanos, tengamos claro que no hay para nosotros sino rechazo, odio y persecución si somos realmente fieles a Cristo. Es el precio alto de Su amistad. Digo alto, pero en realidad, si pierdes una amistad o relación familiar porque eres fiel a Cristo, ¿qué has perdido? ¿Cuánto valor tiene para nosotros la amistad de Cristo? ¿Qué no estaríamos dispuestos a sacrificar por caminar en amistad con Él en esta vida? Reflexionemos en esto, y recordemos el dicho: “mejor solo que mal acompañado”.
    1 Pedro 4:14 dice: “Si sois vituperados por el nombre de Cristo, sois bienaventurados”. Esto indica que sufriremos en el mundo por ser fieles amigos de Cristo. La familia quiere que te juntes con ella, para cumpleaños, una cena, una visita, una salida, pero no para nada espiritual. Es bonito, humanamente hablando, pero no es espiritual. Y si les hablamos de Cristo cada vez que les vemos, pronto nos veremos solos. No esperes nada bueno del mundo ni de los que están en él, y esto incluye la familia inconversa y los “amigos” inconversos que muchos mantienen en perjuicio de su salud espiritual. No podemos nadar y guardar la ropa. No podemos ser amigos del Señor y andar en amistad y al criterio de los inconversos. Hay que escoger. Lee la Palabra de Dios y date cuenta de lo que cuesta ser amigo del mundo y amigo de Cristo.
    En Juan 15:18 el Señor dice: “Si el mundo os aborrece, sabed que a mí me ha aborrecido antes que a vosotros”. Él prevee para Sus amigos el aborrecimiento del mundo, entonces ¿por qué queremos evitar eso? Nos aborrecen porque vamos con Cristo, seguimos a Cristo. El versículo 19 declara: “Si fuerais del mundo, el mundo amaría lo suyo; pero porque no sois del mundo, antes yo os elegí del mundo, por eso el mundo os aborrece”. El mundo ama lo suyo. Por eso vemos incluso esa amistad curiosa entre Pilato y Herodes que antes no se podían ver, pero a causa de su oposición a Cristo se hicieron amigos (Lc. 23:12). No seamos amigos de los que se oponen a Cristo. Hermano, no intentes quedarte neutral. Escoge, ¿cuál amistad quieres?  Recuerda, hasta los buenos amigos pueden fallarnos porque son humanos, pero ¡cuánto más los “amigos” incrédulos! No nos conducen a nada bueno.
    Son preciosas las palabras de los himnos sobre este tema:

    “Tengo un amigo que está conmigo, es Jesús...”

Y otro himno nos recuerda:

    “Oh qué amigo nos es Cristo, Él llevó nuestro dolor”

Y especialmente nos deben animar las palabras de éste:

    “Cristo está conmigo, qué consolación;
    Su presencia quita todo mi temor.
    Tengo la promesa de mi Salvador:
    ‘No te dejaré nunca; siempre contigo estoy’.
    No tengo temor, no tengo temor.
    Jesús me ha prometido: ‘Siempre contigo estoy’.

“Yo honraré a los que me honran, y los que me desprecian serán tenidos en poco”
(1 S. 2:30). 
                                                                                  Lucas Batalla, julio 2018

Saturday, August 22, 2015

MARÍA Y CRISTO

El agua cambiado en buen vino en Caná de Galilea
Texto: Juan 2:1-12

Invitados a la boda en Caná, fueron el Señor y Sus discípulos, con otros, y allí sucedió algo inesperado. Ante este improvisto, ¿qué hacer? Faltó el vino en la celebración de la boda, y era una cosa muy importante. Así que María, Su madre, le informó – que es bueno cuando haya problemas – hacerlo saber al Señor. Aunque Él ya lo sabe todo, no importa, porque debemos comunicarnos con Él, y expresar nuestra necesidad y nuestras preocupaciones.
    Pero María no es una intercesora, ni tiene poder para hacer un milagro. Sólo Cristo podía hacer el milagro de cambiar el agua en vino, ¡e hizo buen vino! (v. 10). Así que, ella habló con su hijo e hizo lo único que ella podía: informarle. Tal vez pretendía dirigirle, no sabemos, pero Él la responde de manera que le deja saber que ella no va a dirigir las cosas (v. 4). Era una madre, aunque muy especial, única porque trajo al Señor, pero tuvo un marido e hijos por él como relatan las Escrituras. El versículo 12 habla de los “hermanos de Jesús”, y no quiere decir primos ni otra cosa, sino hermanos (véase Mt. 12:46; 13:55). Ella no tenía gloria ni aureola. El versículo 11 dice que Jesús manifestó Su gloria, no la de María. Ahora bien, la estimamos y apreciamos en el lugar que Dios le dio, como la madre de nuestro Señor, pero nuestra fe sólo está en el Señor Jesucristo.
    Luego ella da a los criados un consejo muy importante: “Haced todo lo que os dijere” (v. 5). Es el mandamiento de María. No hacer lo que ella dijere, sino lo que Cristo dijere. Quien es Señor es Él. Quien manda es Él. Quien tiene autoridad es Él. Quien tiene poder es Él. Esto enseña, entre otras cosas, lo absurdo que es creer en muchas vírgenes – sólo hay una, María, en la Biblia, mujer piadosa y humilde. La práctica de poner y promover devoción a muchas vírgenes confunde a la gente. ¿Cuál es la verdadera? La verdadera está en la Biblia, y no es como las que la religión pone. Ella no es reina, sino madre de aquel que es Rey (Lc. 1:32-33). Es sierva, no señora (Lc. 1:38). Ojalá la gente conociera a María como Dios la presenta en la Biblia y no como las fábulas y leyendas comunes le presentan. Son personajes muy distintos.
    Según Romanos 5:12 ella desciende de pecadores y es pecadora como ellos. Y Romanos 3:23 no la excluye cuando dice: “por cuanto todos pecaron y están destituidos de la gloria de Dios”. Sólo acerca de Jesucristo dicen las Escrituras que no había pecado en él (1 Jn. 3:5). Es Cristo, no María, que fue concebido sin pecado (Lc. 1:35). Entonces, ella también necesitaba la salvación. En Lucas 1:47 ella dice: “...Dios mi Salvador”, luego, fue salva. ¿Cómo puede una persona pecadora perdonar o limpiar a otras? No puede. Sólo Dios puede hacer esto. Y no nos engañemos acerca del pecado. 1 Juan 1:8-10 aclara que todos hemos pecado. Sólo Cristo puede perdonar y limpiar. María no perdona ni limpia. Cristo lo hace por medio de Su sangre.
    ¿Por qué no enseñan esto a la gente? ¿Por qué no enseñan a los niños estas verdades para encaminarles bien? En Lucas 1:48 María habla de su bajeza. Una humilde servidora de Dios que creía en Él como su Salvador. Y debemos imitarle a ella y confiar en el Señor que sí puede perdonar pecados. Si queremos honrar a María, debemos tomar su consejo y hacer todo lo que dijere el Señor Jesucristo.
    Luego, en Hechos 1 aparece María en la escena de la iglesia primitiva, pero no como patrona, sino como una más. ¿Por qué no apareció el Señor a ella, como hizo con María Magdalena y los apóstoles? No la permitió este privilegio, tal vez para que no tuviese el protagonismo ni fuera elevada a un lugar especial en la iglesia. El versículo 14 nombra a la madre de Jesús y Sus hermanos, esto es, los hijos de María y José. Es la última vez que aparece en las Escrituras, como creyente reunida con los demás hermanos.
    Hechos 10:38 nos informa que quien anduvo haciendo bienes y sanando era Jesucristo, no María. Dios estaba con Él y por medio de Él haciendo estas cosas, pero no así con María. Ella nunca hizo milagros ni dio enseñanzas. Hechos 10:39 habla de las cosas que Jesús hacía. El versículo 40 declara que Dios levantó a Jesús, pero no dice esto nunca acerca de María. Ella murió. No se sabe si está sepultada en la tumba que dice que es suya en las afueras de Jerusalén, pero no importa, porque no le rendimos culto.
    El hombre siempre ha querido buscarle una madre a Dios. Entre las religiones paganas fue así, y esto fue introducido en la iglesia después del tiempo de los apóstoles, en el siglo IV, cuando los paganos entraron por lo de Constantino. Pero Dios es eterno y no tiene madre. Él es el Dios de María.
    Romanos 8:34 declara que es Jesucristo que intercede por nosotros; no lo hace María. Toda persona que busca a Dios y la salvación tiene que hacerlo únicamente en el Nombre de Jesucristo (Hch. 4:12), porque como bien declaró el apóstol Pedro, lleno del Espíritu Santo: "no hay otro nombre". Al Señor Jesús hay que creer y aceptar. Es el Salvador y Él es únicamente digno de la adoración. Observa que en Apocalipsis 4 y 5 sólo adoran a Dios y al Cordero, no a la virgen. Dejemos, entonces, de preocuparnos por María. Dios la honra en Su Palabra y ella tendrá honra en el cielo, pero no es diosa, salvadora, redentora, intercesora, ni nada de eso. Es la madre de nuestro Señor. Seamos como los del cielo, que adoran a Dios. Amén.


de un estudio dado por Lucas Batalla, el 1 de agosto, 2010

Sunday, June 21, 2015

¿QUÉ PENSÁIS DE CRISTO?


¿Qué piensas de Jesucristo? ¿Quieres dar tu opinión? Se hacen muchas encuestas públicas y entrevistas en directo en la tele o la radio preguntando: “¿Qué piensa Ud.?” acerca de una gran variedad de asuntos. Pero esta pregunta es infinitamente más importante. Es acerca de Cristo, no la religión.
    Amigo, aunque tengas la tuya, aquí no se trata de meras opiniones, sino de una evaluación correcta acerca de Jesucristo. Por eso, vamos al documento histórico que más habla de Cristo, el Nuevo Testamento, para ver qué pensaban los que le conocieron y convivieron con Él.
    En S. Juan 7:46 leemos que los alguaciles del templo en Jerusalén dijeron: “¡Jamás hombre alguno ha hablado como este hombre!” Se dieron cuenta que era diferente a todos los que hablaron en el templo.
    En S. Lucas 15:2 los fariseos y escribas expresaron su desprecio de Cristo al murmurar: “este a los pecadores recibe y con ellos come”.  La crítica de los líderes religiosos se convirtió en palabras de esperanza para nosotros. ¿Quién es Cristo? Uno que recibe a los pecadores. Él vino para salvar lo que se habían perdido (S. Mateo 18:11). Cristo dijo: “No he venido a llamar a justos, sino a pecadores” (S. Mateo 9:13). Si eres pecador, Cristo vino para salvarte. La religión no perdona ni salva a nadie. Sólo Jesucristo es el Salvador.
    Aun los demonios pensaban en Cristo mejor que muchas personas, pues le llamaron: “Jesús, Hijo del Dios Altísimo” (S. Marcos 5:7). Sabían más que muchos judíos, y ciertamente más que los llamados “testigos de Jehová”, los mormones, los musulmanes y otros muchos, porque reconocieron la divinidad de Cristo. Pero eran rebeldes, no quisieron someterse a Él en fe y obedecerle. No repitas su error.
    El apóstol Simón Pedro confesó: “Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente” (S. Mateo 16:16) y luego dijo: “¿A quién iremos? Tú tienes palabras de vida eterna” (S. Juan 6:68). En Hechos de los Apóstoles, 2:36, Pedro predicó así: “...a este Jesús a quien vosotros crucificasteis, Dios le ha hecho Señor y Cristo”. En Hechos 3:14-15 le llamó: “el Santo y el Justo” y “Autor de la vida”. En Hechos 4:12 habló con gran denuedo en público diciendo: “Y en ningún otro hay salvación; porque no hay otro nombre bajo el cielo, dado a los hombres, en que podamos ser salvos”. La iglesia no salva. Los sacramentos tampoco. Sólo Jesucristo salva. En Hechos 5:31 le llamó: “Príncipe y Salvador”. En Hechos 10:36-43 proclamó: “éste es Señor de todos”, y “Juez de vivos y muertos”. En el versículo 43 anunció que “todos los que en él creyeren recibirán perdón de pecados por Su nombre”. Luego en su primera epístola escribió: “quien llevó nuestros pecados en su cuerpo sobre el madero” (1 P. 2:24). “Llevó” dijo, porque no es un sacrificio continuo. Seguramente Pedro, lleno del Espíritu Santo, hablaba ex cátedra. ¡Sin embargo, muchos que le consideran su primer Papa no hacen caso de sus palabras! Pensar de Cristo como Pedro hacía es confiar en Él para perdón y vida eterna!
    El apóstol Tomás el dudador exclamó: “Señor mío y Dios mío” (S. Juan 20:28).
    Pero el mejor testimonio es el del Padre celestial que dijo: “Éste es mi Hijo amado,en quien tengo complacencia” (S. Mateo 3:17). En la Epístola a los Hebreos, 1:1-4 leemos: “Dios...en estos postreros días nos ha hablado por el Hijo, a quien constituyó heredero de todo, y por quien asimismo hizo el universo; el cual, siendo el resplandor de su gloria, y la imagen misma de su sustancia, y quien sustenta todas las cosas con la palabra de su poder, habiendo efectuado la purificación de nuestros pecados por medio de sí mismo, se sentó a la diestra de la Majestad en las alturas, hecho tanto superior a los ángeles, cuanto heredó más excelente nombre que ellos”
   ¿Lo has entendido? Te ruego, léelo bien y medita lo que dice, porque nadie más es ni hace como Él. Ni Buda, ni Mahoma, ni el Papa, ni los santos, ni nadie más tiene punto de comparación con Jesucristo.            
    Él es el Creador, el resplandor de la gloria de Dios y la imagen misma de la sustancia de Dios. Es decir, ¡es Dios! También es quien efectuó la purificación de nuestros pecados. Si no tienes el perdón definitivo de tus pecados, es porque no acudes al único que te lo puede dar: el Señor Jesucristo. En Juan 8:24 Él declaró: "si no creéis que yo soy, moriréis en vuestros pecados". Tu vida ahora y tu destino eterno dependen de lo que crees acerca del Señor Jesucristo.
    Sólo hemos citado unos pocos textos. Amigo, la Biblia da abundante testimonio y nos enseña cómo pensar y cómo no pensar acerca de Cristo. Cada uno debe investigar y llegar a una conclusión y convicción personal. Así que, ¿tú qué piensas de Cristo? ¿Estás dispuesto a aceptar el testimonio de Dios y los santos apóstoles? Jesucristo es el Creador, el Señor y Dios. Es Juez de vivos y muertos. Pero quiere ser tu Salvador. Arrepiéntete de tus pecados y de tu confianza en cualquier cosa o persona menos Cristo, y deposita toda tu fe única y exclusivamente en Él. “Cree en el Señor Jesucristo, y serás salvo”.
                                                                                  – Lucas Batalla