Friday, August 28, 2020

LA POLÍTICA Y LA SOBERANÍA DE DIOS

Texto: 2 Crónicas 20:6

En esta oración del rey Josafat, él reconoce la soberanía de Dios sobre las naciones y los gobernadores del mundo. Ni en las Naciones Unidas ni la Unión Europea, la OAS, ni en las cumbres internacionales, por mucho que ellos quisieran, no pueden dibujar con finalidad el mapa de las naciones ni determinar cómo van a ser. La última voluntad la tiene el Señor.
    El Dios del pasado es el mismo que hoy – y Él está gobernando, sin necesidad de consultar a nadie. Él está sentado en Su trono, y hace todo lo que quiere. Él es soberano sobre todo, incluso las naciones y los gobiernos del mundo.
    El Salmo 24:1-2 comienza diciendo: “De Jehová es la tierra y su plenitud; el mundo, y los que en él habitan. Porque él la fundó...”  No pueden los hombres ser soberanos sobre lo que no es suyo. Este mundo y todos sus habitantes son del Señor, su Creador.
    En el Salmo 47:7-10 leemos: “Dios es el Rey de toda la tierra; cantad con inteligencia. Reinó Dios sobre las naciones; se sentó Dios sobre su santo trono.  Los príncipes de los pueblos se reunieron como pueblo del Dios de Abraham; porque de Dios son los escudos de la tierra; él es muy exaltado”. Dios es el Gobernador supremo. Está sobre las naciones. Los escudos de la tierra – esto es – los escudos o las banderas de las naciones, todos son Suyos.
    En el Salmo 89:11-13, dice: “Tuyos son los cielos, tuya también la tierra; el mundo y su plenitud, tú lo fundaste.  El norte y el sur, tú los creaste; el Tabor y el Hermón cantarán en tu nombre. Tuyo es el brazo potente; fuerte es tu mano, exaltada tu diestra”.  Otra vez reconoce que todo pertenece a Dios: los cielos, la tierra, el mundo y su plenitud, el norte y el sur – los puntos principales por los cuales los hombres navegan, las montañas, ¡todo es Suyo! Dios tiene mano fuerte y diestra exaltada.
    Proverbios 21:1 dice que “como los repartimientos de las aguas, así está el corazón del rey en la mano de Jehová; a todo lo que quiere lo inclina”. No depende del pueblo ni de los políticos sino de Dios. Él tiene poder sobre el corazón del rey. Los hombres buscan controlar el destino de los pueblos mediante la política, porque con ella quieren influir en las decisiones. Pero en la oración tenemos acceso directo al Todopoderoso quien puede controlar el corazón de los gobernadores.
    En Daniel 2:21 el profeta Daniel anuncia que es Dios quien quita y pone reyes, y esto es también lo que el Salmo 75:6-7 afirma. En Daniel 4 vemos cómo el gran rey Nabucodonosor tuvo que aprender lecciones acerca de la soberanía de Dios.  Estaba lleno de orgullo y auto importancia, gloriándose en sí mismo. Pero en el v. 17 le anuncia que el Altísimo gobierna el reino de los hombres. El verdadero gobierno es divino.  Otra vez en el versículo 25 vemos que Dios le obligó aprender que “el Altísimo tiene dominio en el reino de los hombres”. El versículo 26 declara: “el cielo gobierna”. Pero como no quiso humillarse ni aprender, en los versículos 31-32 vemos que Dios le quitó el reino, le humilló y le hizo caminar y comer como una bestia. “El reino ha sido quitado de ti” anuncia Dios, porque Dios es soberano sobre los reyes y emperadores. No fue quitado por los hombres, ni por ninguna revolución, sino por Dios mismo. Y en el versículo 34 leemos la confesión del “gran rey” una vez que había sido educado en la escuela de Dios: “Mas al fin del tiempo yo Nabucodonosor alcé mis ojos al cielo, y mi razón me fue devuelta; y bendije al Altísimo, y alabé y glorifiqué al que vive para siempre, cuyo dominio es sempiterno, y su reino por todas las edades. Todos los habitantes de la tierra son considerados como nada; y él hace según su voluntad en el ejército del cielo, y en los habitantes de la tierra, y no hay quien detenga su mano, y le diga: ¿Qué haces?” Dios vive para siempre, y Su domino es sempiterno. Él hace según Su voluntad en el cielo y en la tierra. Nadie puede detener Su mano. Todo esto es una confesión elocuente de la soberanía de Dios. Ni las naciones ni sus gobiernos están en control de todo. Dios reina y no tiene que pedir permiso a nadie, ni tiene que hacer un sondeo de la opinión pública antes de actuar. Él no es regido por hombres ni por leyes de hombres. En Daniel 5:21-28 Dios reprende y castiga al rey Belsasar y le quita el reino. Dios le recuerda cómo su padre Nabucodonosor era un gran rey pero tuvo que ser humillado hasta que aprendió que “el Altísimo Dios tiene dominio sobre el reino de los hombres, y que pone sobre él al que le place”, No a quien el pueblo elija. Dios reina sobre los reyes y los gobiernos, y aquella noche lo vio Belsasar, porque Dios le quitó el reino. Es Dios quien tiene derecho y poder para cambiar los gobiernos.
    En 1 Crónicas 29:11-12 leemos la magnífica oración del rey David en la que reconoce el poder y la soberanía de Dios: “Tuya es, oh Jehová, la magnificencia y el poder, la gloria, la victoria y el honor; porque todas las cosas que están en los cielos y en la tierra son tuyas. Tuyo, oh Jehová, es el reino, y tú eres excelso sobre todos. Las riquezas y la gloria proceden de ti, y tú dominas sobre todo; en tu mano está la fuerza y el poder, y en tu mano el hacer grande y el dar poder a todos”. Todo está en las manos de Dios. Él domina sobre todo, y tiene fuerza y poder en Su mano. Él puede hacer grande y dar poder. ¿Para qué acudir a otro si Dios es quien tiene todo este poder? Los políticos y sus partidos no lo tienen. No son sino hombres frágiles y mortales. El voto y la voluntad del pueblo no son soberanos. Dios es soberano. Todo lo que hay en el cielo y la tierra es Suyo, y Él domina.
    En Jeremías 25:9 vemos que Dios trajo a Nabucodonosor, un hombre idólatra, altivo y cruel, le llamó “mi siervo” y le usó para castigar a las naciones. En Jeremías 27:4-8 aprendemos que Dios hizo todo (v. 5), y dio la tierra a quien Él quiso. Quien decide es Dios, no las naciones.
    En 2 Crónicas 36:22-23 leemos que el rey persa, Ciro, fue despertado por Jehová. Él reconoció que Dios le había dado todos los reinos. Sin ser judío, él pregonó la reedificación del templo (Esd. 1:1-2). Isaías 45:1-6 también nombre a Ciro. En los versículos 5 y 6 Dios declara nuevamente Su soberanía y singularidad. “Yo soy Jehová, y ninguno más hay; no hay Dios fuera de mí. Yo te ceñiré, aunque tú no me conociste,  para que se sepa desde el nacimiento del sol, y hasta donde se pone, que no hay más que yo; yo Jehová, y ninguno más que yo”.
    Volviendo a Génesis 15:13-16 vemos la promesa soberana de Dios a Abraham. Allí nombra el control de Dios sobre las naciones, diciendo que Él juzgará a la nación donde sirve el pueblo de Israel y sacará a Su pueblo. Como sabemos del libro de Éxodo, Faraón no quiso reconocer a Jehová como Dios ni obedecer Su voluntad, pero fue castigado y obligado a hacerlo, porque Dios está por encima de los reyes. No sólo esto, sino que también en Éxodo 3:21-22 leemos cómo Dios influyó en los mismos egipcios para que los hijos de Israel hallaran gracia y salieran con bendición (Ex. 11:1-2). Cuanto mayor fue la aflicción, mayor la bendición que vino después. Despojaron a los egipcios. ¿Y qué se hizo con toda esta riqueza? Se hizo el tabernáculo y su mobiliario, para la gloria de Dios.
    Maravilloso es leer en el Nuevo Testamento las palabras del Señor Jesucristo a Poncio Pilato, gobernador romano: “Ninguna autoridad tendrías contra mí, si no te fuese dada de arriba” (Jn. 19:11). Se trata de la soberanía de Dios. Pilato y el gran y poderoso imperio romano no podían hacer nada sin permiso de lo alto. Dios tiene la última palabra.
    Romanos 13:1-2 nos recuerda que es Dios quien establece los gobiernos, y que si uno se resiste a la autoridad, a Dios resiste. No es nuestro lugar entrar en revoluciones, protestas, peleas, manifestaciones, ni intentar volcar gobiernos. No tenemos que salir a la calle con pancartas, gritando, etc., sino ponernos de rodillas en privado y orar, y orar en la congregación. Muchos prefieren las otras actividades, porque no creen en la oración, porque no conocen el poder y la  soberanía de Dios.

1 Pedro 2:13-17 nos recuerda que como ciudadanos es nuestro deber someternos a toda institución humana. Nuestros deberes son someternos, pagar los tributos e impuestos debidos (Ro. 13:7) y orar por los que están en autoridad (1 Ti. 2:1-4). La política no es nuestro deber ni es nuestro lugar. La política no es soberana, ni sabia, ni tiene la solución. Dios es soberano, y por esto oramos a Él. Si te obligan a votar, por ley, entonces tienes que obedecer y hacerlo. Ora y pide sabiduría al Señor, considera las opciones e intenta hacer lo mejor. Pero no sabemos el futuro. No sabemos qué es mejor, ni quién cumplirá su palabra y hará bien al país. Dios sabe lo mejor, y Él es soberano. Así que, si no estás legalmente obligado a votar, ¿para qué tomar parte en un proceso que no tiene la respuesta? Mejor es orar que votar. Mejor las rodillas que las urnas. Mejor es confiar en Dios que confiar en los hombres.
    Así que, hermanos, podemos influir en la política orando, intercediendo, porque así hablamos directamente con el que controla las naciones. ¡Qué poder hay en la oración, porque por medio de ella conversamos con el Altísimo, el Todopoderoso, el Dueño y Gobernador de todo! Allí podemos entrar y presentar nuestra peticiones, y si deseas apreciar nuevamente lo que esto significa, intenta tener audiencia con el ayuntamiento o con un político para presentar tus peticiones. Tienen tiempo para salir y hacer campañas públicas, apretar manos, besar a niños y dar discursos dónde y cómo ellos quieren, pero no tienen tiempo para escuchar al pueblo, a personas normales y corrientes. Ni pueden cumplir todas las promesas que hacen ni hacer todo el bien que quisieran, porque no tienen poder ni sabiduría para hacerlo. Dios es mucho más poderoso y sabio que ellos, ¡infinitamente así! Y Él nos escucha cuando oramos al Padre en el Nombre de nuestro Señor Jesucristo. Si hay que cambiar algo, pídelo a Dios en oración. Cuando oramos así, manifestamos nuestra creencia y confianza en la soberanía de Dios. Él todo lo puede. Así que, demos a César lo que es suyo, y a Dios lo que es Suyo.

de un estudio dado el 24 de febrero, 2008


 

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