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Wednesday, August 8, 2018

LA AMISTAD CON CRISTO

 

Texto: Juan 15:12-20

El amor de Cristo aquí tiene una condición: “si hacéis lo que yo os mando” (v. 14). La palabra amistad significa afecto compartido con otra persona, cariño, entrañabilidad, apego. En este pasaje está la mejor amistad – la de Cristo. Está abierta a todos, pero muy pocos entran en ella. En Proverbios 18:24 leemos: “El hombre que tiene amigos ha de mostrarse amigo; y amigo hay más unido que un hermano”. La expresión: “ amigo hay más unido que un hermano” indica que la familia no es todo, ni podemos siempre fiarnos de ella. Puede haber otros amigos más unidos, más fieles. Pero más allá de todo amigo humano, está el Señor. Su amistad es mejor que la familia, y debemos cultivarla como dice el texto: “ha de mostrarse amigo”. Hermano, hermana, ¿te muestras amigo de Cristo? ¿Sabes cómo hacerlo? Cristo es tu Salvador, pero ¿es tu mejor amigo? En muchos casos lo dudo seriamente. Apliquémonos este texto en Proverbios a Juan 15:12. Si queremos a Cristo como Amigo, hay que mostrarnos amigos – esto es – quererle más que todo ser humano, serle obedientes y leales, y así mostrarle nuestro afecto. En Juan 14:15 es Cristo que habla y pone la condición: “Si me amáis, guardad mis mandamientos”.
    La amistad de Jesucristo es un aliento al corazón. Pero le cuesta al ser humano recibirla porque intervienen otros amores e intereses. La amistad de Cristo es sobre todo espiritual, no carnal. En Juan 15:13 el Señor declara: “Nadie tiene mayor amor que este, que uno ponga su vida por sus amigos”. Cristo hizo precisamente esto, pero ¿qué de nosotros? ¿Sólo recibimos este amor, y no lo damos? ¿No estamos dispuestos a sacrificar nada para Él? Entonces, ¿cómo pensamos tener Su amistad? Muchos que profesan ser cristianos no quieren sacrificar nada, ni dejar nada ni nadie, ni serle obedientes, ni darle ninguna prioridad en su vida. Entonces, ¿quiénes realmente son tales personas? No son amigos de Cristo, y sin temor a equivocarme os digo que Él no es amigo de ellas.
    Muchas veces la misma familia es donde origina el conflicto. La gente suele decir: “la familia antes que los demás” y vemos en los hechos que ponen a la familia antes que Dios. Es un error muy popular y que pocos están dispuestos a reconocer y arrepentirse de él. Pero en la Biblia tenemos instrucción y advertencias sobre este conflicto entre la familia y Dios. Primero, en Edén, Adán escuchó la voz de su esposa en lugar de ser fiel a lo que Dios le había dicho (Gn. 3:17). ¡Ese error de anteponer el matrimonio o la familia ha costado caro a la raza humana hasta el día de hoy. Más adelante en Génesis tenemos otros ejemplos. Caín mató a su hermano Abel (Gn. 4). El conflicto entre Ismael e Isaac enseña la lucha que hay muchas veces en la familia (Gn. 21:9; Gá. 4:29).  Hay que meditar esto y tener claro que ser fiel a Dios y obedecerle puede costarnos la familia. Muchos no parecen dispuestos a pagar tan alto precio por ser amigos de Dios. Triste es eso, porque las amistades humanas y aun la familia pueden fallarnos, pero Dios nunca.
    Hoy se habla mucho del amor, pero es un amor antibíblico, porque es permisivo y falso. No es el amor de Dios, y del que quiere a Dios. Dios condena el amor permisivo y pecaminoso. No tiene solidaridad con los homosexuales, ni con los que practican el aborto, ni con fornicarios, aunque hoy día en muchas familias toleran esas cosas “por amor”. Se junta la familia a comer, a pasar tiempo y divertirse, y ahí los tienes a los que se dicen ser creyentes con los fornicarios, como si no pasara nada – sonrientes, tolerantes. Los hijos se juntan en relaciones inmorales y tienen hijos bastardos, que según la Real Academia significa: “nacido de una unión no matrimonial”, y nadie dice nada, todos lo toleran “por amor”, pero repito, es un amor que Dios rechaza y desaprueba porque es permisivo y falso. Hay que amar el bien y aborrecer el mal.
    No se puede convivir con los que no aman así a Cristo, le insultan, nos insultan, impiden, llevan la contraria y resienten la Persona y Palabra del Señor. La excepción es el matrimonio cuando uno llega a ser creyente y el otro no, porque sobre esta relación Dios dice: “Y si una mujer tiene marido que no sea creyente, y él consiente en vivir con ella, no lo abandone” (1 Co. 7:10, 13). Ante Dios no hay divorcio por incompatibilidad. El conyuge inconverso y los hijos (v. 14) son santificados por la presencia de la persona creyente. Pero eso no significa compartir sus pecados, pues hay que reprenderlos como Efesios 5:11 nos manda. El conflicto muchas veces está en casa, pues el Señor dijo que iba a ser así. Advirtió: “los enemigos del hombre serán los de su casa” (Miq. 7:6; Mt. 10:36). Ésta es la realidad, hermano mío, hermana mía. Tienes que hacerte la idea de que los tales no son tus amigos. Lo mismo pasa en las congregaciones. Entra el pecado, y nadie dice nada, por su amistad con las personas. Es triste cuando en una iglesia se tolera lo que el Señor prohibe y lo que le disgusta, por amistad con las personas. Se callan porque saben que si hablan, puede haber reacción fuerte y pérdida de amistad, de comunión o de “miembros”. En tales casos se antepone la amistad con las personas a la de Cristo. Ten por cierto que si claudicas o sacrificas en lo espiritual para mantener una “amistad” así, estás perdiendo el tiempo, y lo peor es que estás pecando.
    En Juan 15:15 el Señor dice: “os he llamado amigos”, y cuánto ánimo hay en Sus palabras. Pero no lo dijo a cualquiera, sino a Sus fieles discípulos. El compartió con ellos todas las cosas del Padre – y através de ellos nos las ha dado a conocer – es el privilegio de amigos.
    En el versículo 16 el Señor afirma que los eligió – a los discípulos – no para ser salvos, sino para que llevasen fruto. El Señor no elige a ningún incrédulo sino sólo a creyentes. Sus amigos llevan fruto porque andan en comunión con Él, le escuchan y le obedecen. Demuestran por los hechos que Él es más importante y viene antes que los demás. Los que vivan así pueden pedir al Padre en Su nombre, y recibirán, porque incluso las oraciones eficaces y que pueden mucho surgen de corazones de los amigos del Señor.
    Pero en el mundo (vv. 18-20), mis hermanos, tengamos claro que no hay para nosotros sino rechazo, odio y persecución si somos realmente fieles a Cristo. Es el precio alto de Su amistad. Digo alto, pero en realidad, si pierdes una amistad o relación familiar porque eres fiel a Cristo, ¿qué has perdido? ¿Cuánto valor tiene para nosotros la amistad de Cristo? ¿Qué no estaríamos dispuestos a sacrificar por caminar en amistad con Él en esta vida? Reflexionemos en esto, y recordemos el dicho: “mejor solo que mal acompañado”.
    1 Pedro 4:14 dice: “Si sois vituperados por el nombre de Cristo, sois bienaventurados”. Esto indica que sufriremos en el mundo por ser fieles amigos de Cristo. La familia quiere que te juntes con ella, para cumpleaños, una cena, una visita, una salida, pero no para nada espiritual. Es bonito, humanamente hablando, pero no es espiritual. Y si les hablamos de Cristo cada vez que les vemos, pronto nos veremos solos. No esperes nada bueno del mundo ni de los que están en él, y esto incluye la familia inconversa y los “amigos” inconversos que muchos mantienen en perjuicio de su salud espiritual. No podemos nadar y guardar la ropa. No podemos ser amigos del Señor y andar en amistad y al criterio de los inconversos. Hay que escoger. Lee la Palabra de Dios y date cuenta de lo que cuesta ser amigo del mundo y amigo de Cristo.
    En Juan 15:18 el Señor dice: “Si el mundo os aborrece, sabed que a mí me ha aborrecido antes que a vosotros”. Él prevee para Sus amigos el aborrecimiento del mundo, entonces ¿por qué queremos evitar eso? Nos aborrecen porque vamos con Cristo, seguimos a Cristo. El versículo 19 declara: “Si fuerais del mundo, el mundo amaría lo suyo; pero porque no sois del mundo, antes yo os elegí del mundo, por eso el mundo os aborrece”. El mundo ama lo suyo. Por eso vemos incluso esa amistad curiosa entre Pilato y Herodes que antes no se podían ver, pero a causa de su oposición a Cristo se hicieron amigos (Lc. 23:12). No seamos amigos de los que se oponen a Cristo. Hermano, no intentes quedarte neutral. Escoge, ¿cuál amistad quieres?  Recuerda, hasta los buenos amigos pueden fallarnos porque son humanos, pero ¡cuánto más los “amigos” incrédulos! No nos conducen a nada bueno.
    Son preciosas las palabras de los himnos sobre este tema:

    “Tengo un amigo que está conmigo, es Jesús...”

Y otro himno nos recuerda:

    “Oh qué amigo nos es Cristo, Él llevó nuestro dolor”

Y especialmente nos deben animar las palabras de éste:

    “Cristo está conmigo, qué consolación;
    Su presencia quita todo mi temor.
    Tengo la promesa de mi Salvador:
    ‘No te dejaré nunca; siempre contigo estoy’.
    No tengo temor, no tengo temor.
    Jesús me ha prometido: ‘Siempre contigo estoy’.

“Yo honraré a los que me honran, y los que me desprecian serán tenidos en poco”
(1 S. 2:30). 
                                                                                  Lucas Batalla, julio 2018

Monday, March 7, 2016

LA FE DE CALEB


Texto: Josué 14:1-15

En este pasaje vamos algo importante acerca del personaje de Caleb, que a los 80 años era todavía fuerte y fiel. Esta perseverancia nos llama la atención, en buen sentido, porque nos anima a seguir.
    Los versículos 1-5 hablan del reparto de la tierra bajo Josué y cómo se hizo. Dice el versículo 5, “de la manera que Jehová lo había mandado, así lo hicieron”. Esto es algo que da gozo al corazón de Dios, cuando hagamos las cosas cómo Él mandó, no según nuestro parecer.
    Pero en la siguiente sección, vemos en el versículo 8 un recuerdo del fracaso de la mayoría en aquel tiempo cuarenta años atrás cuando llegaron a Cades. Los otros espías hicieron desfallecer el corazón y ellos y el resto del pueblo fueron infieles. Josué y Caleb testifican que la fortaleza viene del Señor. Los demás cayeron ante los enemigos – retrocedieron por miedo y falta de fe. Huyendo de una posible muerte (según ellos) a mano de los gigantes de Canaán, cayeron en el desierto durante los próximos cuarenta años hasta terminar con toda su generación excepto Caleb y Josué. Después de miles de años, los enemigos de la verdad, si en algo han cambiado, sin más numerosos y fuertes que entonces eran los cananeos. Así que nosotros, como estos dos varones de fe, necesitamos también poner los ojos en el Señor y recordar Sus santas y sabias instrucciones.
    Donde hay lucha siempre hay triunfo, y puede ser nuestro si perseveramos como Caleb. En los versículo 9 y 10 él testifica de su fuerza en la vejez, y observamos que no se jubiló. Estaba listo para la batalla porque se acordaba de las promesas de Dios. El versículo 9 dice: “ciertamente...será tuya”. Luego, en el versículo 10 leemos: “Jehová me ha hecho vivir” – no su propia astucia, ni el ejercicio, la suerte, los genes, las vitaminas, etc., sino por la fe en el Señor y Su Palabra. El versículo 14 dice que fue bendito al final y se le dio esta tierra/ciudad porque “había seguido cumplidamente a Jehová”. Hermanos, ¡qué importante es seguir este ejemplo en todas las edades de nuestra vida, seamos jóvenes o viejos!
    Muchos comienzan bien, pero pocos terminan bien. En Números 13:28-29, está el mal testimonio de los diez espías que sólo veían problemas e imposibilidades. Pero en el versículo 30 Caleb les hizo callar y animó a todo el pueblo a subir y confiar en el Señor. Los versículos 31-33 cuentan la mala respuesta de ellos. Es tremendo como descontaron todos los racimos de fruto, etc. que vieron, por miedo a enemigos que ni siquiera habían visto. Y el capítulo 14 cuenta cómo toda la congregación gritó, dio voces y lloró. Además, se quejaron contra Moisés y Aarón. Esto pasa hoy en día también, con los que “se convierten” superficialmente cuando hay problemas, pero luego se vuelven al mundo. Viven por las circunstancias, no por la fe; por el espíritu de la carne, no por el Espíritu de Dios.
    Entonces, ante el deseo del pueblo (Nm. 14:3-4) de volver a Egipto, Josué y Caleb reaccionaron y hablaron a todos para tratar de cambiarlos. El versículo 8 resume su argumento basado en la fe en el Señor: “Si Jehová se agradare de nosotros, él nos llevará a esta tierra, y nos la entregará; tierra que fluye leche y miel”.  El Espíritu quiere ayudarnos a vivir de esta manera, porque es verdad que vivimos para agradar al Señor, no a nosotros mismos. En el versículo 9 advierte: “No seáis rebeldes” y exhorta: “no temáis”. Pero el temor se apoderó del pueblo porque le faltaba espiritualidad – eran carnales, y por lo tanto, infieles y auto gobernados. Vemos repetida esta historia en el pueblo evangélico en nuestros tiempos, que padece de carencia de personas espirituales y abundancia de carnales. El vínculo que unía a Caleb y Josué era la fe, es es lo que nos un en la iglesia para que seamos de un mismo sentir, de una misma mente. Pero la posición de Caleb y Josué no era popular (vv. 6-9), y el pueblo en lugar de arrepentirse, habló de apedrearlos (v. 10).
       Las dudas y la carnalidad del pueblo le hizo débil. La fe de Josué y Caleb les hizo fuertes. Cuarenta años más tarde, toda esa generación había muerto y sólo quedaban ellos dos. Entonces, Caleb al entrar en la tierra que había esperado cuarenta años para entrar, y con todo y ser viejo, pidió lo más difícil (v. 15):  la ciudad de los gigantes, aquellos hijos de Anac cuya mención había aterrorizado al pueblo en Cades. “Dame este monte” (v. 12). Un monte representa una dificultad, y cuánto más si es habitado por gigantes en una ciudad fortificada. Pero era de la tierra prometida, por lo tanto y por eso era bueno. Estaba ahí la cueva de Macpela, la sepultura de Abraham, patriarca de la nación y amigo de Dios. Esto lo hizo un lugar especial. Todo esto era una provisión de fe, y Caleb confiaba en el Señor. Al final tomó la cuidad, la conquistó en su vejez – una cita que tenía hace cuarenta años con aquellos gigantes. Y ese monte vino a ser su heredad personal. ¡Qué triunfo de fe! Convirtió aquel monte de dificultad en un lugar de testimonio de fe y acercamiento a Dios.
    Entonces, vemos en este capítulo lo importante que es la fe – la confianza en Dios y la fidelidad de Dios. Esto agrada al Señor y Él puede darnos fuerza para perseverar y ver la bendición como Caleb. No pensemos en dejar la lucha ni en jubilarnos de la vida cristiana, pues el Señor está con nosotros todos los días.
    Como contraste vemos en 2 Crónicas 16 lo que pasó en los tiempos del rey Asa, después de la gran victoria que tuvo sobre un enorme ejército en el capítulo 15. Después, se equivocó porque temió a otro enemigo y no puso su confianza en el Señor. El vidente le reprende (vv. 7-9), y le recuerda que Dios ve a los que tienen corazón perfecto. Esto nos lleva nuevamente a pensar en Caleb y Josué, que entre los de su generación destacaron porque creyeron a Dios y fueron fieles. Mis hermanos, esto es lo que Dios desea ver también en nosotros. Que así sea para la gloria del Señor.
 
De un estudio dado por Lucas Batalla el 1 de mayo, 2011