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Tuesday, May 31, 2022

Salmo 116: Un Salmo de Amor y Gratitud

Este hermoso salmo fue escrito por un autor desconocido, en respuesta a un hecho puntual de liberación, una intervención divina a favor suyo. Los salmos están para más que empezar una alabanza. Contienen ejemplos y lecciones muy importantes para nosotros. En éste vemos qué hacer cuando sufrimos o estamos en algún  peligro: suplicar al Señor e invocar Su Nombre en oración. Y cuando responda, no olvidemos de expresar gratitud.
    Comienza diciendo: “Amo a Jehová” (v. 1), que es algo que decimos poco y deberíamos decir más. Es el amor sano y superior a todos los otros amores, y está contemplado en la Ley de Dios (Dt. 6.5).
    El resto del verso 1 y el verso 2 dan el motivo específico en este caso, pero no la única razón. “Pues ha oído mi voz y mis súplicas. Porque ha inclinado a mí su oído”. Por eso, resuelve invocarle durante toda la vida, no solamente en los apuros. No debemos acercarnos a Dios solo en tiempos malos, ni amarle solo porque contesta nuestras oraciones.
    Los versos 3-4 relatan cuál era su situación: “ligaduras de muerte”, “angustias del Seol”, “angustia y dolor”. Estaba en gran peligro y no veía la solución. Entonces no habló con los hombres, sino oró a Dios: “libra ahora mi alma”. En el Salmo 56:3 David declaró: “En el día que temo, yo en ti confío”. Lo primero y principal que debemos hacer en todo caso es confiar en Dios y orar a Él buscando Su ayuda.
    Los versos 5-8 hacen memoria de la respuesta divina. Dios es clemente, justo y misericordioso, y guarda a los sencillos. Estos atributos se manifiestan en los hechos, a favor de los sencillos. Sencillo quiere decir que sinceramente confían en el Señor, y Él es su esperanza. La clemencia y misericordia divina están en perfecta armonía con la justicia divina. No hay conflicto ni desequilibrio. En el verso 7 el salmista se habla: “Vuelve, oh alma mía, a tu reposo, porque Jehová te ha hecho bien”. Nosotros también debemos hablarnos así, pues no es marca de locos sin de los que están espiritualmente en sus cabales. Es bueno darse consejos sanos y vocalizar el bien que Dios nos hace. De esta manera encaminamos nuestra mente y nuestras emociones hacia lo bueno. En el verso 8 vuelve a hablar a Dios, confesando con gratitud que ha sido liberado de muerte, lágrimas y de resbalar.
    Resuelve en el verso 9 que andará delante de Él, y no está pensando en el cielo en el futuro, sino en su vida aquí y ahora – “en la tierra de los vivientes”. Dios dijo a Abraham: “Anda delante de mí y sé perfecto” (Gn. 17.1). Andamos delante del Señor cuando estamos conscientes de que Él nos ve, y procuramos agradarle en nuestros hechos. Así debemos vivir.
    En los versos 10 y 11 confiesa que cuando estaba afligido y apresurado se desconfió de todo. Es una reacción típica pero a veces equivocada: “Todo hombre es mentiroso” quiere decir que no se fiaba de nadie, quizás porque alguien le había fallado o engañado. Todos hemos pasado por experiencias así, pero no debemos amargarnos ni ceder a una desconfianza total. Efesios 4.15 nos llama a seguir la verdad en amor, y los creyentes debemos hablar la verdad, ser fieles, ayudarnos mutuamente y cumplir nuestras promesas.
    Los versos 12-19 dan su respuesta a Dios por Su bondad. “¿Qué pagaré?” (v. 12) no quiere decir que haya que comprar el favor divino, sino expresa la idea de responder y enseñar que apreciamos Su ayuda. Nuestra deuda es de gratitud, y la expresamos en los hechos. La salvación es gratis, no por obras, pero el que es salvo siente gratitud y obligación. “Tomaré la copa de la salvación, E invocaré el nombre de Jehová” (v. 13). Los salvos hacemos esto, pues otros no pueden. El Señor apuró la copa de maldición por nosotros en el Calvario, y nos dejó copa de salvación, y de bendición (1 Co. 10.16). El salmista promete pagar sus votos (v. 14). Números 30.2 enseña que hay que cumplir lo que prometemos a Dios. A veces le prometemos cosas cuando estamos en apuros, pero cuando Él responde, no cumplimos lo que habíamos dicho, y eso es feo y desagradable. Seamos fieles a nuestras promesas. Además de esto, el matrimonio es un voto, hecho delante de Dios y no se debe violar.  El verso 15 indica cómo Dios considera la muerte de los creyentes: es preciosa en Sus ojos, porque así ellos llegan a Su presencia, y eso es lo que Él quiere, que estemos con Él. Pero no es la muerte de todos, o de cualquiera, sino de “sus santos” – los creyentes. La muerte del creyente no es un desastre ni una desgracia, pues al abandonar el cuerpo se encuentra presente con el Señor. El Salmo 16.11 dice: “En tu presencia hay plenitud de gozo; delicias a tu diestra para siempre”. No es agradable la muerte, sino el resultado de ella. No debemos actuar como los del mundo que tienen tanto temor y pánico frente a la muerte.
    Expresa certeza en el verso 16, “Ciertamente yo soy tu siervo, siervo tuyo soy, hijo de tu sierva”. Reconoce a su madre, una mujer espiritual y servidora. Las hay buenas y malas, espirituales y mundanas, pero la del salmista era creyente. La expresión: “siervo tuyo soy” indica que puso el servicio a Dios antes que su madre, y así debe ser, que Dios tenga la preeminencia significa que viene antes que la familia. Cuando dice: “Has roto mis prisiones”, habla poéticamente de su enfermedad, sus apuros y el peligro en que estaba. Dios puede romper prisiones, y librarnos de vicios, y de situaciones en las que no vemos salida.
    Por esa libración, el salmista expresa nuevamente su intención de manifestar gratitud, primero con sacrificios de alabanza (v. 17). Hebreos 13.15 enseña que esto también es nuestro deber. Repite: “Pagaré ahora mis votos delante de todo su pueblo” (v. 18), esto es, en la congregación, como testimonio de gratitud. Todo esto lo hará “en los atrios de la casa de Jehová, en medio de ti, oh Jerusalén. Aleluya” (v. 19). Cuando escuchamos la gratitud y la alabanza de otros, esto nos estimula y anima.
    Debemos vivir en constante gratitud y confianza, y expresarlo a Dios. Debemos hacer memoria de todo el bien que nos hace. Debemos amarle, y expresar nuestro amor, pues Él quiere nuestro corazón. Él nos ha amado primero (1 Jn. 4.19), y sin nada en nosotros que mereciera Su amor. En cambio, Él merece todo nuestro amor, y espera escucharnos expresarlo, y también espera ver nuestro amor en hechos de obediencia a Su Palabra (Jn. 14.15). Respondamos, pues, el amor con amor se paga.

   Lucas Batalla, estudio dado en Sevilla, 27-2-22

Tuesday, June 25, 2019

La Ley Del Amor


Texto: Mateo 5:38-48

Si el mundo se rige por lo del versículo 38, “ojo por ojo, y diente por diente”, ¡qué mundo! No es difícil ver en las noticias todos los días el resultado de vivir así.
    Pero el Señor Jesucristo nos enseña a no vengarnos ni destruir al enemigo. Habla a Sus discípulos acerca de los enemigos, porque los tenemos, simplemente por ser cristianos y seguir a Cristo. El mundo aborrece a Cristo y a los Suyos. Al seguir a Cristo, tenemos que vivir distintamente a los del mundo – es inevitable. Y el mundo que persiguió a Cristo también hará esto con nosotros. Es inevitable que el cristiano fiel tenga enemigos. “¡Ay de vosotros, cuando todos los hombres hablen bien de vosotros!” (Lc. 6:26). Considera el lenguaje de Mateo 5:44,
    “vuestros enemigos”
    “los que os maldicen”
    “los que os aborrecen”
    “los que os ultrajan y os persiguen”


    Si son enemigos de Dios, también son enemigos nuestros. Observa que aquí no habla del sistema del mundo, sino de las personas del mundo, y recuerda 1 Juan 2:15-17, la advertencia contra el amor al mundo, y Santiago 4:4, la advertencia acerca de la amistad con el mundo. Los del mundo siguen el rumbo del mundo (Ef. 2:2-3), y como no estamos de acuerdo con ellos, no podemos andar juntos. Las amistades más peligrosas y dañinas son con las personas del mundo.
    No sólo no debemos tener esos amores y amistades, sino tampoco debemos ser como los del mundo.  Estamos en el mundo, pero no somos del mundo. Los del mundo usan la venganza, la maldición, el aborrecimiento, el ultrajo y la persecución de sus enemigos. No así con los creyentes. Recuerda que aquí el Señor no trata la cuestión de disciplina en la iglesia, la corrección de errores y pecados, sino nuestra relación con los de afuera. No enseña que amemos al diablo, ni que seamos permisivos con la falsa doctrina, la inmoralidad y otros pecados. Los padres todavía deben amonestar y disciplinar a sus hijos porque Dios así lo manda (Pr. 29:15, 17). Los magistrados deben castigar a los malhechores (Ro. 13:3-4) porque Dios los puso para esto. La iglesia debe ejercer disciplina como Dios manda. Hacer estas cosas es amar a Dios y guardar Su Palabra.
    Pero aquí habla de nuestras relaciones personales con los del mundo, y el testimonio que debemos tener delante de ellos. El amor que Cristo enseña aquí es sobrenatural, espiritual, celestial – es imposible amar así sin el nuevo nacimiento, pues la carne no es capaz sino de amar a los suyos y a los que le tratan bien. El Señor da en nuestro texto cinco razones por las que debemos amar a nuestros enemigos.
    1. La generosidad imita a Cristo. “Al que te pida, dale; y al que quiera tomar de ti prestado, no se lo rehúses” (Mt. 5:42). No sólo a amigos, sino a enemigos. En lugar de vengarnos de nuestros enemigos, Romanos 12:20 enseña: “si tu enemigo tuviere hambre, dale de comer; si tuviere sed, dale de beber”.  Los seguidores de Cristo son generosos, pero no insensatos. Dan con sabiduría. No dan dinero a personas que piden cuando es obvio que lo usarían para cosas dañinas como alcohol, drogas, tabaco, etc. Hay quienes les ofrecen comida o ropa, pero no dinero, para ver si realmente desean ayuda, y unos lo aceptan y otros no. Mateo 5:45 enseña el resultado de ser generosos: “para que seáis hijos de vuestro Padre que está en los cielos, que hace salir su sol sobre malos y buenos, y que hace llover sobre justos e injustos”. Recordemos la prioridad espiritual en nuestra generosidad: “Así que, según tengamos oportunidad, hagamos bien a todos, y mayormente a los de la familia de la fe” (Gá. 6:10), porque hay hermanos necesitados, y siervos del Señor que viven en escasez, y nuestra generosidad sería un gran bien para ellos. Uno que vive por fe no te va a pedir, porque mira al Señor, pero si ves que tiene necesidad – eso debe ser para ti como si te pidiera (1 Jn. 3:17).
    2. El amor al enemigo también imita a Cristo. Hasta a Judas Iscariote le llamó “amigo” (Mt. 26:50). Esto requiere amor sobrenatural. El Señor enseñó así a Sus discípulos: “Amad, pues, a vuestros enemigos, y haced bien, y prestad, no esperando de ello nada; y será vuestro galardón grande, y seréis hijos del Altísimo” (Lc. 6:35). Es un amor asociado con Dios, porque viene de Él, no de los hombres. La amabilidad debe ser sin acepción de personas, saludando a todos, aun a los enemigos, como Cristo hizo a Judas, sabiendo que le traicionaba. Respecto a los del mundo, Romanos 12:14 enseña: “Bendecid a los que os persiguen; bendecid, y no maldigáis” – eso es – hablar bien, y desear el bien. Seamos amables, pero no incautos, porque todavía son nuestros enemigos y no hay que fiarnos de ellos. Recuerda que David dos veces perdonó la vida de Saúl su enemigo (1 S. 24 y 26), pero no se fió de él.
    3. Al hacer bien a nuestros enemigos, manifestamos el carácter de Cristo. Seamos bienhechores (Mt. 5:44). No hay que pagar ojo por ojo, diente por diente, porque como hijos del Altísimo nos incumbe vencer el mal con el bien, y dejar la venganza y el saldar las cuentas en manos de Dios. Romanos 12:17 enseña: “No paguéis a nadie mal por mal; procurad lo bueno delante de todos los hombres”. Muchas veces usamos la venganza, pero nunca debemos, porque es algo que pertenece a Dios. Consideremos el ejemplo de Cristo en 1 Pedro 2:21-23. “Cristo padeció por nosotros, dejándonos ejemplo, para que sigáis sus pisadas; el cual no hizo pecado, ni se halló engaño en su boca; quien cuando le maldecían, no respondía con maldición; cuando padecía, no amenazaba, sino encomendaba la causa al que juzga justamente”.
    4. Orar por nuestros enemigos es una muestra de amor cristiano – orar por ellos, no en contra, aunque hay casos excepcionales como el de 2 Timoteo 4:14. Debemos orar por ellos, deseando su bien, y esperar que el Señor actúe. Hermanos, nos hace falta más oración y menos nervios, menos tensión, menos reacciones carnales. El problema es que cuando nos ultrajan nos quitan las ganas de orar. Pero no cedamos a esto, porque es la carne, no el espíritu, que no quiere orar.
    5. “No resistáis al malo” (Mt. 5:39). Esto se refiere a las reacciones violentas como Salmo 37:8 aconseja: “deja la ira y el enojo”. Los malos resisten a Dios. Es el proceder del mundo – resistir al que es bueno, al que enseña la verdad, y sobre todo odiar y resistir a los que nos corrigen o amonestan. Por eso Proverbios 9:8 dice: “No reprendas al escarnecedor, para que no te aborrezca”. Cuando Felipe predicó a los líderes de los judíos en Hechos 7 les reprendió porque siempre resisten al Espíritu Santo (Hch. 7:51). Debieron arrepentirse al oír esto, pero se enojaron. Como fieles seguidores de Cristo tendremos que sufrir actitudes necias como éstas, pero no seamos arrastrados por ellas, no odiemos ni los tratemos con malicia. Ellos usan la ira y el enojo – nosotros usamos el amor. Romanos 13:13-14 nos advierten de las contiendas y la envidia, lo que desea la carne, y nos llama a no proveer para los deseos de la carne. Esto incluye otras manifestaciones carnales que no son contienda ni enojo pero los usamos igualmente para castigar a los que nos han disgustado.
    El amor hacia los enemigos es parte de la perfección (madurez) cristiano. No es un ideal inalcanzable, sino un mandamiento del Señor: 
“Sed, pues, vosotros perfectos, como vuestro Padre que está en los cielos es perfecto” (Mt. 5:48). Seamos perfectos como nuestro Padre celestial. Aprendamos a amar, dar, bendecir, hacer bien y orar porque así imitamos a Dios. “Sed, pues, imitadores de Dios como hijos amados” (Ef. 5:1). “Perfecto serás delante de Jehová tu Dios” (Dt. 18:13). Pero muchos se disculpan diciendo excusas como “perfecto no hay nadie”, que suenan bien pero no es un texto bíblico y contradice los textos que hemos citado. Dios dijo a Abraham: “anda delante de mí y sé perfecto” (Gn. 17:1). No hay excusa para no hacerlo. Debemos crecer en la gracia y en el conocimiento de nuestro gran Dios y Salvador Jesucristo, y progresar como imitadores de nuestro Padre celestial.
    Somos llamados a representar a nuestro Padre celestial con nuestro carácter y conducta, y es un llamamiento muy alto. Los del mundo, con sus hechos representan a su padre el diablo, pero nuestro camino es otro, para la gloria de Aquel que nos ha dado vida cuando estábamos muertos en delitos y pecados.
    de un estudio dado el 24 de febrero 2019

Saturday, November 12, 2016

LOS AMIGOS DE DIOS



Texto: Juan 15:15
 
He aquí un título importante que el Señor nos da: “amigos”. El Dios de la gloria, hecho hombre, estando en la tierra, miró a esos hombres y les dijo: “amigos”. Es maravilloso que Él quiera la amistad con seres humanos. Ya no les llama siervos, esclavos, porque los libró de esclavitud y servidumbre. Hoy lo mismo es verdad con nosotros. Él ganó la amistad con nosotros mediante la cruz (v. 13).
    No a todas las personas se puede decir cosas íntimas, pero el Señor nos da a conocer las cosas Suyas, porque somos amigos, tenemos intimidad con Él. Es la posición en la que Dios coloca al creyente. Y el versículo 14 dice que Sus amigos hacen lo que Él manda. Esa es la práctica y la prueba de la amistad con Dios. El amigo de Dios no aprovecha su amistad con Él para hacer su propia voluntad y no obedecer, al contrario, porque es amigo, obedece. Desea agradar al Señor y serle leal.
    “Yo os he amado”, dijo en el versículo 12, y lo demostró poniendo Su vida, sacrificándose para nuestro eterno bien. ¿No debemos sacrificarnos para hacer Su voluntad, como amigos agradecidos? (véase Ro. 12:1-2). ¿Qué amigo siempre hace lo que desagrada y entristece?
    Es verdad que el amor muchas veces ha sido manipulado, y más ha sido manipulado en el ámbito religioso. Algunos han usado amor para prescindir de la justicia, la santidad, la lealtad y la obediencia. A veces profesan tener amor y ser nuestros amigos, pero luego se echan atrás y nos traicionan, manifestando que su amor era amor propio, no otra cosa. El amor está en su boca, pero no en su vida. En cambio, Proverbios 17:17 declara: “En todo tiempo ama el amigo”. Es la responsabilidad del amigo verdadero. ¿Y con quién es más importante la amistad que con Dios? Debemos recordar que el Señor, por amor, fue obediente aun hasta muerte de cruz. Él quiere que amemos como Él, que seamos amigos verdaderos. Otra vez, declara en Juan 15:14, “Vosotros sois mis amigos, si hacéis lo que yo os mando”.
    Miremos en Génesis 18:17 donde Dios dijo que no encubriría de Abraham lo que hacía. Esa es la confianza e intimidad de la amistad. Santiago 2:23 nos recuerda que Abraham fue llamado amigo de Dios. En Génesis 18:19 Dios dijo que confiaba que él mandaría a sus hijos y su casa a guardar los caminos de Dios. Abraham era Su amigo, y valoró la amistad con Dios por encima de todo lo demás. El amor aquí es verdadero, no falseado como muchas veces hoy en día, sino en verdad.
    En Éxodo 33:11 leemos: “Y hablaba Jehová a Moisés cara a cara, como habla cualquiera a su compañero”. Así hablaba Dios con Moisés, como habla uno con su amigo, con alguien de confianza.
    En 1 Samuel 13:14 leemos que Jehová buscó un varón conforme a Su corazón, y esto habla de amistad y comunión. Ese hombre era David.
    Esta es una amistad santa y leal, no como la versión de amor que se habla mucho hoy como algo blando y permisivo. El amor espiritual y verdadero no es así. Dios tuvo amistad con Abraham, con Moisés, con David y como Juan 15 dice, con los apóstoles. Muchos hoy en día no conocen esta amistad porque, aunque Dios está en su boca, su corazón está lejos de Él. Aman al mundo y las cosas que están en el mundo, justo como 1 Juan 2:15-17 prohibe. Y Santiago 4:4 declara llanamente: “Cualquiera, pues, que quiera ser amigo del mundo, se constituye enemigo de Dios”.
    Salmo 25:14 dice que la comunión íntima con Dios es con los que le temen. Si tuviéramos este temor, amor y comunión con Dios en las iglesias, serían otras, y la condición espiritual sería muy diferente. Cada uno debe preguntarse: “¿Realmente me manifiesto amigo de Dios?” Que el Señor nos hable al corazón y nos ayude a vivir en esta amistad con Dios. Es la mejor amistad, con el mejor Amigo, que dura para siempre. 
 
de un estudio dado por Lucas Batalla el 10 de julio, 2014

Tuesday, September 4, 2012

AMOR CRISTIANO - ABUNDANTE Y PRÁCTICO



Texto: 1 Tesalonicenses 3:11-13
“Más el mismo Dios y Padre nuestro, y nuestro Señor Jesucristo, dirija nuestro camino a vosotros. Y el Señor os haga crecer y abundar en amor unos para con otros y para con todos, como también lo hacemos nosotros para con vosotros, para que sean afirmados vuestros corazones, irreprensibles en santidad delante de Dios nuestro Padre, en la venida de nuestro Señor Jesucristo con todos sus santos”.  

    Al apóstol Pablo le gustaba mencionar la venida de Cristo. Estaba siempre en su corazón, y si está en el nuestro, hermanos, afectará para bien nuestra forma de vivir.
    Aquí en el versículo 12 habla de un amor recíproco entre hermanos: “unos para con otros”. Debe ser un amor creciente y abundante unos para con otros. 
    Ahora bien, el mundo habla mucho del amor; es una de sus palabras favoritas, pero no sabe nada del amor verdadero, sino de algo bajo, carnal y egoista. Pero el que viene de Dios y es derramado en el corazón del creyente por el Espíritu Santo (Ro. 5:5), y por eso, los que no nacen de nuevo no pueden amar así.
    El amor divino nos guía a hacer bien – por ejemplo – por amor oramos por los hermanos en otros lugares que no hemos visto ni conocido, pero les amamos en Cristo y por esto oramos. Es sólo un ejemplo, pero es importante que veamos su aplicación, es importante pensar en otros, orar por ellos y hacerles cuanto bien podamos. El amor no piensa en recibir, sino en dar. El amor se da, no se pide. Dios ama, y quiere que amemos, hermanos, seamos amorosos – generosos, dadivosos como Dios.
    La primera manera de manifestar el amor al Señor es dedicando tiempo a Él, en la lectura de Su Palabra, en la oración, más que y antes que dar tiempo a los medios de comunicación y otras cosas así. Dios es más importante que los placeres temporales de la vida, pero “en los postreros días vendrán tiempos peligrosos, porque habrá hombres amadores de sí mismos” (2 Ti. 3:1), y “amadores de los deleites más que de Dios” (2 Ti. 3:4). Todos tenemos capacidad de amar, porque Dios nos creó así, pero a menudo es torcida, pervertida, mal dirigida. El primer mandamiento es que amemos a Dios sobre todas las cosas, ¿y quién lo hace? Dios también nos enseña a amar al prójimo, pero nunca a nosotros mismos. El amor propio, el egoísmo, es un pecado. El amor a los demás es una virtud.
    En 2 Timoteo 1:16-18 vemos el ejemplo de vemos el ejemplo de Onesíforo, cuyo nombre significa: “trae consuelo” o “provecho”. Pablo añade: “muchas veces me confortó”. No una vez, sino muchas. Esto representa más que un hecho puntual. ¿Sabes lo que es confortar a alguien? ¿Lo has hecho últimamente? Para hacerlo bien realmente tienes que estar pensando en la otra persona, no en ti mismo. Además, dice: “no se avergonzó de mis cadenas”, y “me buscó solícitamente y me halló”. El amor no se avergüenza de los hermanos cuando sufren, ni teme acercarse a ellos el circunstancias difíciles. El amor sale en busca de los hermano, solícitamente. No buscamos ni visitamos a personas que no queremos ver. Es extraño que en muchas iglesias hay personas que no se toman la molestia de buscar a los hermanos, sino que viven asilados y además,  contentos. Pero si amamos a alguien, pensamos en esta persona y deseamos hallarla para ayudarla dentro de nuestras posibilidades. Onesíforo tuvo un amor activo, abundante y práctico. En todos estos hechos y actitudes vemos su amor. Entonces Pablo dice: “y cuánto nos ayudó en Éfeso, tú lo sabes mejor” (v. 18). Esta expresión: “cuánto nos ayudó”, indica mucha ayuda bien dada. El amor de este hermano era práctico, tangible, visible.
    En los momentos más necesarios Pablo sintió la ayuda de él, y estos son ejemplos que no debemos olvidar nunca. La ayuda de Onesíforo no era irregular, sino constante y abundante. ¿Es nuestro amor así? ¿No debe seguir creciendo en nosotros y abundar más y más? ¿Quién podría decir de nosotros lo que Pablo dijo acerca de este hermano? Pensémoslo.
    Pablo pide una bendición sobre él (v. 18). “Concédale el Señor que halle misericordia cerca del Señor en aquel día”. Así se cumple en parte lo que Cristo dijo en Mateo 25:40 y otros lugares sobre los que ayudan a los Suyos – incluso si dan un vaso de agua. Estos ejemplos así deben afectar nuestra vida, porque cuando Pablo dijo esto en 2 Tesalonicenses 3 acerca del amor, él deseaba verles a todos comportándose como Onesíforo.
    Y otra vez digo que simplemente en la reunión de oración, y también en nuestras oraciones e intercesiones diarias, como ejemplos prácticos, aunque no tengamos bienes materiales que dar, podemos manifestar amor y hacer bien a nuestros hermanos. Nos juntamos con ellos para orar, y oramos por otros para que Dios les ayude y les haga bien. Así podemos ser como Onesíforo, el que trae consuelo, provecho, por la intercesión que hacemos por ellos. Y el Señor nos tendrá misericordia y nos ayudará.
    Tenemos que ser generosos en gratitud al Señor porque Él nos salvó y nos cuida. Él quiere hacer bien a otros a través de nosotros, de muchas maneras. Esto incluye el uso de los recursos que tenemos, compartiendo nuestros bienes, usando la hospitalidad, visitando a los hermanos, mostrando interés en ellos, animándolos, reuniéndonos con ellos y no dejando de congregarnos, y como hemos dicho, incluso el tiempo y el esfuerzo para orar por ellos. Hermanos, crezcamos en el amor fraternal.

de un estudio dado el 14 de agosto, 2008