Tuesday, June 24, 2014

LAS NORMAS DE ENTRADA EN EL REINO


 Texto: 1 Corintios 6:9-11

 
A la luz de lo que leemos aquí, qué contradicción vemos en todo lo que el mundo enseña y practica, incluso lo que permiten en las iglesias – la católica romana y también algunas evangélicas. El otro día el Papa dijo que dejemos en paz a los afeminados, que ya vale de meterse con ellos. ¿En qué texto bíblico se puede basar para hablar como si no fuera pecado lo que ellos hacen? Ninguno. No es cuestión de si nos guste o no, de si tenemos prejuicios o intolerancia o no, sino sólo de qué dice Dios. Y como el Papa presume de ser el vicario de Cristo, debería hablar de acuerdo a la Palabra de Dios, cosa que no hace. Dime de que presumes y te diré de qué careces.
    En la Biblia no vemos estos consejos. Dios no acepta todo, y más vale que nos hagamos con la idea de que es así, porque Dios no va a cambiar, y Su voluntad al final prevalecerá. En Su reino no entran los injustos. Dios no va a modificar y aceptar a ciertas personas, las que practican el pecado – esas no tienen “derechos” – el término tan popular hoy en día. Esto que digo no es dogmatismo ni prepotencia, sino simplemente la llana verdad. Dios lo ha declarado y ya está. A algunos les gustará más, y a otros menos, pero es así.
    No entrarán los fornicarios, ni los idólatras, ni los adúlteros, ni los afeminados, ni los que se echan con varones, ni los ladrones, ni los avaros, ni los borrachos, ni los maldicientes, ni los estafadores. Tales personas no heredarán el reino de Dios, no porque lo digamos nosotros, sino porque lo dice Dios, y es Suyo el reino.
    Ahora bien, en Corinto, ciudad sumamente inmoral, había personas que habían sido malas, habían vivido vidas de pecado, pero ya no eran así, porque habían sido lavados, como el versículo 11 declara. Estas tres palabras en este versículo: “lavados”, “santificados” y “justificados” describen lo que Dios ha hecho en cada verdadero creyente.
    Primero, nos ha lavado. En Tito 3:5 leemos del lavamiento de regeneración. Hay un cambio en nuestra vida, una gran limpieza. Se ha efectuado una transformación en nosotros. Los que siguen sucios no son creyentes. Apocalipsis 1:5 declara que Cristo en amor nos lavó de nuestros pecados. Hebreos 1:3 dice que efectuó la purificación de nuestros pecados por medio de sí mismo (véase 2 P. 1:9). Entonces, el pecado ya no caracteriza nuestra vida. Dios nos ha hecho algo parecido a un reciclaje, aunque mucho mejor. Piensa en esas botellas y otros artículos de plástico que van al reciclaje, y todo esto lo funde y limpia, y salen cosas limpias y nuevas. Pues en un sentido Dios ha hecho esto con nosotros. Nos ha limpiado y nos ha dado una vida nueva, no la misma vida sucia de antes. El creyente ha sido lavado, y le gusta la limpieza.
    Segundo, nos ha santificado. Ahora bien, la santificación tiene tres pasos o fases: la santificación posicional que Dios nos concede el momento que creemos en el Señor. Después viene la santificación práctica que es lo que nos toca – el poner por obra y guardar la santidad que Dios nos da. Al final vendrá la santificación perfecta, cuando lleguemos a la gloria y transformados no tendremos más antigua naturaleza ni cuerpo de pecado. ¡Amén!
    Pero por lo pronto, Dios nos ha santificado – eso es – a todo creyente. El Papa ha declarado santos a dos otros Papas muertos, pero eso no es lo que Dios hace. Dios declara santo a todo creyente en el momento que nace de nuevo. “Ya habéis sido santificados” es la palabra divina. Dios dice, en efecto: “eres un santo”, es tu posición como creyente en Cristo y miembro de la familia de Dios. En 1 Corintios 1:2 llama a los creyentes en Corinto “los santificados en Cristo Jesús”, porque es la posición que Dios otorga a todo creyente en el Señor Jesucristo. Pero en el mismo versículo dice: “llamados a ser santos”.  Dios también nos llama a practicar la santidad. Por eso dice: “sed santos” (1 P. 1:15-16), porque se refiere a la práctica de la santificación que nos ha dado. Hay que ser santos en lo que hacemos, en cómo vivimos cada día. En Juan 17:17 el Señor pide en oración: “santifícalos en tu verdad; tu palabra es verdad”. Pero queda por delante la santificación perfecta y final, porque en esta vida todavía tenemos una naturaleza pecaminosa que aunque no domina el creyente, hace sentir su presencia. Al ir al cielo seremos transformados, recibiremos un cuerpo glorificado, y no tendremos más naturaleza pecaminosa. Esa será la santidad perfecta. Entonces, Dios obra así, en el pasado, en el presente y en el futuro, para santificarnos. “Esta es la voluntad de Dios: vuestra santificación” (1 Ts. 4:3-4). Dios dirige a los que quieren ser dirigidos por Él, a los que se dejan. Los demás gobiernan su propia vida a su parecer y luego sufrirán las consecuencias. Sin fe es imposible agradar a Dios. Y la fe es creer a Dios, aceptar Su Palabra, Su voluntad, y no tratar de imponer la nuestra. Hemos sido llamados a la santificación, no a la inmundicia (1 Ts. 4:7). A la luz de estas grandes verdades, ¿qué hemos de pensar de mucha gente que profesa ser “cristiano evangélico”, incluso en nuestras asambleas, pero que vive en inmundicia y continua en practicas y actitudes y prioridades que no agradan a Dios, sino que más bien son del mundo? Dios lava a los creyentes, y los santifica. Si dicen que creen pero viven vidas mundanas e inmundas, creamos lo que dicen sus hechos, no lo que dicen sus labios (Tit. 1:16). “El mismo Dios de paz os santifique por completo...” dice 1 Tesalonicenses 5:23. Esto no lo hace el Papa ni ninguna iglesia, sino Dios. Es el plan que Él tiene. ¿Quieres ser santificado por completo, o sólo un poco? ¿Aceptas toda la voluntad de Dios para tu vida, tu persona, tu carácter, todo, o quieres mezclar la tuya con la Suya? Dios dice: “por completo”. No le retengamos nada.
    Tercero, nos ha justificado. La gran verdad de la justificación por la fe marca la diferencia entre el verdadero evangelio y todos los sucedáneos. Absolutamente nadie se justifica por obras (Ef. 2:9; Tit. 3:5). Romanos 3:20 declara que “por las obras de la ley ningún ser humano será justificado delante de él”. Cuando Dios nos justifica, esto quiere decir que nos legaliza, que nos declara justos. Lo hace gratuitamente, no por méritos ni esfuerzos nuestros. No por sacramentos, ni por ceremonias, ni por el bautismo, ni oraciones especiales, ni asistencia fiel a los cultos, ni penitencia, ni obras de caridad ni servicio para la iglesia, ni nada semejante. “Al que no obra, sino cree...” dice Romanos 4:5. El siguiente versículo habla de la dicha de aquel a quien “Dios atribuye justicia sin obras”. Ahora bien, el creyente, el que ha sido justificado gratuitamente, desea obrar para agradar al Señor que le ha salvado, y le sirve por amor y en gratitud, pero no con eso gana nada. No está pagando nada, sino que está actuando con la nueva naturaleza que recibió de Dios.
    Pues éstas son las personas que entrarán en el reino de Dios, porque son nacidas de nuevo en la familia de Dios. Los demás se quedarán fuera con sus religiones, falsas profesiones, filosofías y pecados, y gracias a Dios que no contaminarán el reino de Dios. En la iglesia, la excomunión sirve para quitar de en medio de los santos a los que profesan creer pero practican el pecado (1 Co. 5:13): “con el tal ni aun comáis” (v. 11).      
      Hermanos, los creyentes tenemos una posición invulnerable en Cristo. Dios nos ha lavado, santificado y justificado. Y toda persona que goza de estas tres grandes obras de Dios está en Su familia, está en buen camino, y el Señor quiere seguir obrando en su vida hasta que llegue un día al cielo donde por fin será perfecto. Hasta entonces, que el Señor nos ayude a seguir en el camino de los lavados, a guardarnos sin mancha, a purificarnos y vivir cada vez más santos, para que Él tenga contentamiento de nosotros. Que así sea por Su gracia. Amén.
de un estudio dado por Lucas Batalla el 12 de junio, 2014

Friday, May 30, 2014

LA OBEDIENCIA DE LA FE

Texto: Hebreos 11:17-22

     La fe es importante no sólo en la salvación sino también en la vida del creyente. Esto debe ser obvio por el espacio dedicado al tema de la fe en Hebreos 11. Abraham es un buen ejemplo puesto delante de nosotros, y muy bien se le llama padre de la fe. Él pasó por varias situaciones difíciles en su vida y fue probado, pero salió aprobado. Además de admirarle, debemos aprender de su ejemplo y seguirlo.
    El versículo 17 habla de una de las pruebas, cuando Dios le mandó ofrecer a Isaac, su hijo único. Dios también nos probará para ver si vamos a confiar y obedecer. En las pruebas, mis hermanos, manifestamos nuestra disposición. Hoy muchos llamados creyentes se comprometen a medias con el Señor. Queremos ser salvos, y bendecidos, pero no queremos obedecer, sacrificar y seguir. Le regateamos a Dios todo lo que podemos. Pero no fue así con él que aquí es presentado como ejemplo de la fe. El cristianismo hoy está en una condición débil y superficial. Muchos dicen que creen, pero es más un asentimiento intelectual que una confianza inquebrantable. La única manera que muchos siguen es si se les consiente una vida no como la que la Biblia manda. Una fe superficial, falsa, fingida, no aguanta las pruebas. Muchos son los que han sido bautizados, tienen la Biblia, pero viven de cualquier manera menos por la fe. Sus vidas no se parecen en nada las vidas de fe que la Biblia nos enseña. Es un nuevo cristianismo “light” (liviano) que no es digno de ser llamado cristianismo.
    Pero volviendo a nuestro texto y esta prueba de la fe de Abraham, Dios le había traído en el camino de fe ya por años, enseñándole, y Abraham iba aprendiendo y creciendo en la fe. Dios le había prometido una prole impresionante, una multitud de descendientes, pero todo tenía que venir por su hijo Isaac. Dios llama a Isaac el único hijo de Abraham (Gn. 22:2), aunque Ismael había nacido antes, pero no contaba como hijo de fe, pues era hijo de la carne y la impaciencia. En cambio, la promesa de multitud de descendientes debía cumplirse en Isaac, y es precisamente allí que Dios tocó y probó a Abraham, pidiendo el sacrificio de Isaac. Pero lo que Dios pide no es injusto. Él sabe lo que dice. Génesis 22:1 dice: “Después de estas cosas”, lo cual indica que ya habían pasado otras cosas y lecciones, pero Dios seguía enseñando a Abraham, porque la escuela de la fe dura toda nuestra vida. Así que, leemos a continuación: “probó Dios a Abraham”. Es una prueba con buen propósito. Le llamó y Abraham respondió: “heme aquí”, que es como decir: “¿qué quieres que haga?” Esto es algo que quizás muchos cristianos hoy en día no le han preguntado, ni desean hacerlo. 2 Corintios 13:5 dice: “probaos a vosotros mismos, si estáis en la fe”. Es una prueba buena y necesaria, porque algunos profesan conocer a Dios pero no son del Señor.
    Leyendo Génesis 22:2, vemos que básicamente Dios le pidió todo, y por cierto lo mejor y más precioso. Todo su futuro y las bendiciones prometidas estaban en Isaac. ¿Quién puede decir que ha entregado todo a Dios? ¡Pocos! La fe nos conduce a sacrificar y confiar a Dios lo que cuesta. Y el Señor le dio instrucciones específicas acerca de cómo hacerlo. Le hizo permanecer atento y dependiente de Dios, al decirle: “que yo te diré”. Hay que hacer las cosas que Dios dice, si queremos vivir por la fe. Pero hoy muchos no quieren seguir las instrucciones divinas, sino hacer las cosas como les parece. Hay un lugar divinamente designado para reunirnos y adorar, pero algunos no quieren ir al culto porque dicen que está lejos. Abraham tuvo que viajar tres días para llegar al lugar que Dios le dijo. El problema está en su corazón, no en la distancia.
     En el versículo 3 vemos la reacción de Abraham a las instrucciones divinas, y en ella hay mucho que observar y aprender. “Se levantó muy de mañana”. Madrugó, porque la obediencia debe hacerse pronto. Observa que no consultó a Sara para ver su opinión ni tener su aprobación o permiso. No por falta de cortesía o consideración, sino porque Dios ya había hablado. No cabía duda lo que había que hacer porque Dios le había mandado. Su espoa no podía cambiar esto, así que en este caso, él de obedecer a Dios, los demás no tienen voz ni voto. ¿Cómo se pondría una madre evangélica hoy en día si el padre quisiera hacer algo con su hijo en obediencia a Dios sin consultarle a ella primero, sin su permiso? Pero hermanos, Abraham obedecía a Dios, no a Sara. La guía vino de Dios, no de Sara. Ella se sometía a su marido, pero hoy en día no hay muchas mujeres que desean hacer esto, ni entre creyentes. Siempre quieren ser consultadas, quieren expresar su opinión, quieren dar su consejo y en algunos casos su opinión, pero en la vida de fe las cosas no son así. Abraham madrugó para preparar todo, y se fue con todo provisto y preparado. Hechos los preparativos, no tardaba, sino que se fue al lugar que Dios le dijo, no a un lugar que le parecía. Es la obediencia de la fe, y es un ejemplo hermoso.
    En los versículos 4 y 5 vemos la esperanza de la fe, expresada en las palabras de Abraham a sus siervos. Cuando veía el lugar que Dios le dijo, dejó a los siervos, prometiendo volver con estas palabras: “...Esperad aquí con el asno, y yo y el muchacho iremos hasta allí y adoraremos, y volveremos a vosotros”. Iba a sacrificar a su hijo, pero no dijo: “volveré”, sino “volveremos”. Sólo podía hablar así porque confiaba en Dios, y sabía que Dios había prometido bendición por medio de Isaac, así que de alguna manera tendría que volver. Esto es lo que Hebreos 11:19 comenta acerca de los pensamientos de Abraham.
    El versículo 6 nos muestra la obra de la fe, y es bueno notar nuevamente que la fe produce obras, porque si no, está muerta. Abraham tomó la leña y la puso sobre Isaac. Tomó el fuego y el cuchillo en sus propias manos, y fueron ambos juntos, padre e hijo, el padre confiando en Dios, y el hijo confiando en su padre y acompañándole sin saber lo que le esperaba. Por la fe caminaban hacia el lugar del sacrificio y llegaron. No faltaron. Cuando nos comprometemos con el Señor y con una iglesia local, debemos estar allí y no faltar. La obra de Dios no puede funcionar como debe con personas que una vez sí, otra no. Hay que prepararse e ir al lugar que Dios indica, porque es allí que adoraremos delante del Señor.
    En los versículos 7 y 8, Isaac pregunta por el cordero. Era un joven inteligente y observador. Sabía lo que hacía falta porque seguramente lo había visto muchas veces y su padre le había enseñado. ¿Qué sentía Abraham al escuchar la pregunta de su hijo, y cómo respondería? He aquí la respuesta de fe: “Dios se proveerá de cordero para el holocausto”. Era una gran verdad que no iba a cumplirse ese día sino siglos más tarde en el sacrificio del Cordero de Dios en el mismo monte. En la vida de fe hay cosas que dependen de la provisión de Dios, no de nuestra habilidad o lógica. Abraham no sabía lo que Dios iba a hacer. No hay necesidad de saberlo todo, entenderlo todo, explicar y diagramar todo para que todos queden satisfechos. La clave no está en el intelecto. Hay que tener fe, confiar en Dios. La respuesta de Abraham puso la mira de Isaac en Dios: “Dios se proveerá...”
    Los versículos 9 y 10 relatan lo que sucedió cuando llegaron al lugar que Dios había dicho, y la obediencia costosa de Abraham y de Isaac. Si obedecemos implícitamente a Dios, Dios nos bendecirá. Hay victoria, compensación y beneficio esperando a los fieles. Pero hay que confiar, obedecer y sacrificar, y no disculparnos diciendo que no podemos. Recordemos que Isaac no era un niño, sino un hombre joven, quizás de unos diecisiete años de edad, y su sumisión a su padre es admirable. Los jóvenes hoy en día no suelen seguir a sus padres ni someterse a ellos como hacía Isaac. Este espíritu independiente y rebelde no agrada a Dios, y no es señal de madurez sino de inmadurez y carnalidad.
    En los versículos 11-12 vemos cómo Dios intervino, y esa intervención es algo que sólo Dios sabía de antemano. Sólo Dios sabe cómo dirigir nuestras vidas, confiemos en Él y hagamos lo que nos pide, sin tratar de calcular y saber todo de antemano. ¡Qué diferente la escena en el Gólgota! No hubo intervención, sino silencio desde el cielo. Allí el Cordero provisto murió por nuestros pecados. Mira las palabras de Dios a Abraham al intervenir: “no me rehusaste”. ¿Puede Dios decir lo mismo de nosotros?
    Vemos la fe recompensada en los versículos 13 y 14. Dios se proveyó, no de cordero, sino de carnero. El cordero vendría más tarde en la historia. Abraham tomó el carnero y lo ofreció en lugar de su hijo, lo cual ilustra muy bien la sustitución. Seguramente estaban muy gozosos y agradecidos los dos. En el versículo 14 Abraham declaró: “Jehová proveerá”. Es uno de los nombres especiales de Dios. Lo declaró no sólo porque lo acabó de ver, sino también acerca del futuro. “Proveerá” es lo mismo que dijo en el versículo 8. Nuestro Dios proveerá, no sólo para  nuestra salvación que es lo más importante, sino también para todo nuestra vida, cosas grandes y pequeñas. Él tiene cuidado de nosotros.
    En los versículos 15-18 leemos como Dios bendijo a Abraham en base a su obediencia y sacrificio. Isaac está observando y aprendiendo de todo esto. Cuando uno pone a Dios primero, Dios le bendice. ¿Estamos nosotros observando y aprendiendo? Dios le reconfirmó la promesa de Génesis 12:3.
    Hermanos, en la vida de fe hay que confiar, obedecer y sacrificar. No podemos rehusar a Dios y esperar Su bendición. A Dios le agrada bende
cir a los que confían en Él y le obedecen por fe. Dios tiene más para dar a los que actúan por fe.


de un estudio dado por Lucas Batalla, el 26 de diciembre, 2010

EL VALOR DE LA PACIENCIA

Texto: Salmo 37:1-7

Este salmo comienza diciéndonos: “No te impacientes” (v. 1), y en el versículo 7 dice: “guarda silencio”. Una de las cosas grandes que Dios quiere enseñarnos a través de este salmo es la paciencia. En el versículo 5 nos dice: “confía en él, y él hará”. Fijémonos que estas cosas se dicen aquí cuando abundan los malignos y la iniquidad. Es una situación difícil de soportar.
    Nosotros oramos y pedimos muchas cosas – algunas el Señor contesta ahora y otras luego. Dependemos de la voluntad y sabiduría del Señor y de Su gracia y misericordia. El Señor está guiándonos por la vida, y trabajando también en nosotros. Quiere desarrollar en nosotros otra cosa importante, que es la compasión. También quiere enseñarnos a ser estables y firmes en la fe, no variables con altibajos. Quiere que soportemos las pruebas y dificultades sin venirnos abajo, sino confiados en Él. Pero esto no es automático, sino que es una lección que vamos aprendiendo poco a poco. Nos dice: “confía en él; y él hará”. Y entonces vienen circunstancias contrarias como en este salmo, que nos hacen confiar en Él. Si confiamos en el Señor, podemos tener paciencia, ser benignos y misericordiosos.
    Cuando pasamos tiempo en la sala de espera del Señor, la oración, Él va obrando en nosotros y a favor de nosotros. Hay que ser pacientes. Hay creyentes que se convierten y en seguida quieren ser y hacer como los que llevan años en el Señor. Esto es un deseo bueno, y hay que felicitarles, no desanimarles. En el Nuevo Testamento no había que esperar años y años para servir al Señor. En seguida quieren predicar, desean testificar bien, tienen hambre de saber mucho más acerca de la Biblia, y todo esto es bueno y son señales de vida. Pero todo esto cuesta su tiempo y el crecimiento viene de día en día, sobre la marcha en la vida, y no es instantáneo. Dios también quiere formar el carácter de los Suyos.
    En Santiago 1:2-4 se nos aconseja la paciencia en las pruebas. El versículo 3 dice que la prueba de nuestra fe produce paciencia, como también leemos en Romanos 5:3.  En Santiago 5:7-8 dice que tengamos paciencia, ¿hasta cuándo? Hasta la venida del Señor. Necesitamos la paciencia en toda la vida. El versículo 8 nos recuerda que el Señor vendrá. Él cumplirá Su promesa. Dice que Su venida “se acerca”. En el versículo 10 nos llama a considerar el ejemplo de los profetas, que tuvieron que vivir en circunstancias contrarias. Sufrieron oposición, crítica, persecución, tenían pocos amigos, tenía que ir contra la corriente de su generación. Esto es ser fiel y paciente en las pruebas. Luego en el versículo 11 vemos la paciencia de Job, que sufrió mucho pero el fin del Señor era bueno para con él, y así es también en nuestra vida. La vida cristiana no es una carrera de corta distancia, sino más bien como un maratón. Pero esto no quiere decir que sólo los hermanos más viejas pueden servir al Señor y que los jóvenes esperen pacientemente hasta que mueran los hermanos viejos y entonces tendrán oportunidad. No es esto. Bueno es comenzar como joven, y servir siendo fiel y paciente toda la vida. Cuando venga el Señor, que nos halle sirviéndole, sea cual sea nuestra edad.
    Hebreos 10:36 nos dice: “no perdáis, pues vuestra confianza que tiene grande galardón, pues os es necesaria la paciencia”. Aquí paciencia significa “perseverancia”. Y el más grande galardón (v. 32) es que vendrá el Señor y nos llevará a Su casa. Así que, sirvámosle con paciencia, esto es, con perseverancia, hasta que Él venga.

de un estudio dado por Lucas Batalla, el 9 de septiembre, 2010

Tuesday, May 6, 2014

BENDICIONES INVISIBLES

Texto: Romanos 5:1-11

No hay tiempo suficiente para decir todo lo que tenemos como creyentes —cosas que los del mundo no tienen. Las cosas invisibles se nombran en nuestro texto; pero los del mundo buscan y miran lo visible. Sin embargo la Palabra de Dios dice que lo invisible es lo más importante, y lo que permanece.
    Mateo 6:33 nos instruye a buscar primeramente el reino de Dios y Su justicia – lo invisible – y todas las cosas que necesitamos nos serán añadidas: cosas visibles y tangibles como comida, bebida, ropa, cobijo. El Señor sabe que también necesitamos estas cosas perecederas. Él provee, no nos descuida ni nos abandona. Mateo 6:32 dice que los gentiles (inconversos) buscan estas cosas. Esta búsqueda de lo temporal es su enfoque, su preocupación. Pero los creyentes debemos confiar en nuestro Padre – Él proveerá.
    Y volviendo al libro de Romanos, lo permanente que tenemos que el mundo no, es mucho. Los del mundo son como el joven rico al que el Señor le dijo que le faltó algo. Por mucho que tengan, siempre les falta lo más importante.
    1. Tenemos paz (v. 1). La paz en la conciencia ante Dios es una gran cosa. Es la paz con Dios, no paz entre países, paz con los vecinos, etc. Romanos 2:1-8 presenta la situación de todo ser humano por el pecado – es de conflicto y desventura. En Romanos 3:17 dice que no conocen el camino de paz. Tienen enemistad con el Hacedor de su propia vida. La paz de Dios no es como la de los hombres que viene después de guerra, destrucción y la muerte de muchos. La paz de Dios es porque murió Su Hijo por nosotros en la cruz del Calvario. Efesios 2:14-15 explica cómo Él vino a ser nuestra paz.
    2. Tenemos entrada/acceso (v. 2). Sin sacerdotes ni santos como intermediarios, tenemos entrada a la presencia de Dios todos los días y todas las horas. Somos aceptos en el Amado (Ef. 1:6). Las puertas de Dios no se cierran por vacaciones, ni por difunción, ni por descanso semanal, ni nada. Podemos entrar para adorar, orar y buscar misericordia y socorro (Ef. 2:18; He. 6:20). No hay que pedir cita previa ni esperar en colas. Dios siempre atenderá a los Suyos.
    3. Tenemos esperanza (vv. 2-5). Hoy hay mucha gente desesperada, en las cárceles, en los hospitales y las residencias de ancianos y en sus propias casas. Hay gente sin recursos ni trabajo ni amigos. Pero el creyente tiene esperanza ahora y para el futuro. El creyente se goza de la esperanza ciertísima de la gloria de Dios (1 Co. 2:9; Col. 1:5). Romanos 12:12, 15:4 y 15:13 hablan del gozo y el poder de la esperanza del creyente.
    4. Tenemos consuelo o paciencia que es perseverancia (vv. 3-4). ¡Cuántas personas hay en el mundo que necesitan esto! Tienen sus vidas rotas, pasan tristeza y dolor, y no tienen consuelo ni tienen cómo perseverar pacientemente. La paciencia que tenemos es consuelo, y nos ayuda a aguantar lo difícil. Romanos 8:28-30 afirma que todo ayuda para bien, pero esto no es para todos, sino para los creyentes, los que a Dios aman. Es un consuelo que sólo tiene el creyente. 1 Pedro 1:6-7 fue escrito por Pedro que murió como mártir. Podemos ser afligidos y tener pruebas pero sabemos que todo saldrá bien al final. No es nada inventada en nuestra mente, sino un consuelo que Dios da a los Suyos.
    5. Tenemos amor (v. 5). El amor de Dios permanece, y ha sido derramado en el corazón –la ciudadela y centralita de nuestra vida– por el Espíritu Santo. Dios obra en nuestro corazón y pone amor divino allí donde antes sólo había amor egoísta, carnal, inmundo. El creyente no tiene un corazón dominado por el odio, sino por el amor divino. De pronto aborrecemos lo que antes amábamos. Son caminos torcidos, caminos anchos que conducen a la puerta de la perdición. Ese amor derramado por el Espíritu es acompañado de justificación (v. 9), salvación (v. 9) y reconciliación (vv. 10-11). Une las dos partes. Resuelve el conflicto. ¡Cuán grande es la obra que Dios ha hecho en nosotros! Ese amor vino porque el Espíritu Santo fue dado.
    6. Tenemos el Espíritu Santo (v. 5). No estamos todavía esperando el Espíritu Santo, pues ya está en todo creyente y el que no lo tenga no es de Dios (Ro. 8:9). No se compra el Espíritu Santo, como quiso hacer Simon Mago en Hechos 8. Dice Romanos 5:5 que “nos fue dado”. Él es dado a todos los creyentes, ¡gracias a Dios! No hay que pedir que venga ni esperarle, pues entró y nos selló cuando creímos. Nos enseña (Jn. 16:13). Nos sella y protege (Ef.1:13-14). Nos guía (Ro. 8:14) en la santidad, a seguir y agradar al Señor, y a reunirnos con nuestros hermanos. No podemos perderlo, pero podemos contristarlo, y acerca de esto Efesios 4:30 nos advierte. Efesios 3:16 comenta que el Espíritu Santo puede fortalecernos en el interior. La verdadera fortaleza no es corporal, sino espiritual.
    Que el Señor nos ayude a apreciar y tomar ánimo considerando las cosas invisibles y perdurables que tenemos de Él – ricos tesoros que los del mundo nunca tendrán. Vivamos entonces para la gloria de Aquel que tanto nos ama y tanto ha hecho por nosotros. Amén.

de un estudio dado por Lucas Batalla, el 12 de agosto, 2012

Thursday, February 13, 2014

LLAMADO A LOS JÓVENES

Texto: Jeremías 1:1-19


Aquí el Señor llama a Jeremías a predicar y le informa (v. 17) que si no lo hace debidamente el Señor le quebrantará.  Era hijo del sacerdote Hilcías y tuvo así padres piadosos que inculcaron las cosas de Dios. Hay hoy en día quienes tienen padres piadosos que les enseñan y aconsejan, pero los hijos no quieren seguir. Jehová le escogió a Jeremías y le enseñó el oficio de profeta – no de sacerdote.
Cuando Dios llama a alguien no lo abandona, sino que le provee de todo lo que necesita para servir. Lo mismo había hecho con Moisés, y luego con Josué en su día. Y con nosotros, cuando nos invade el temor, corremos peligro. Tenemos que poner la mira y confianza en Dios y servirle fielmente.
Jeremías ante esta carga tan tremenda siente temor, pero Dios no le deja darse de baja. Puede enseñar y fortalecer a los jóvenes. Recuerda lo que pasó con Daniel ante toda Babilonia – y el era joven pero fue fiel.
Pero hoy en día faltan jóvenes de valor – está la juventud evangélica en una crisis de fe e identidad. Si no se levantan los jóvenes a guardar la fe y luchar por ella, las iglesias van a seguir menguando y desaparecerán, y como en Inglaterra, sus locales se convertirán en mezquitas.
Al jóven Jeremías Dios le dice en el 1:8, “no temas delante de ellos”, y en el v. 7, “no digas: Soy un niño”, y en el 17, “ciñe tus lomos, levántate y háblales todo cuanto te mande”.  Hoy más que nunca hacen falta jóvenes espirituales, serios, que se levanten así porque las iglesias están anémicas, flojas, mundanas y divagando. En muchos casos los jóvenes que toman responsabilidades en la iglesia son mundanos y livianos, y traen o desean traer el mundo contemporáneo a la iglesia. Sin discernimiento ni convicciones, venden la verdad y no la compran, porque piensan de otra manera. No ven lo malo de meter en la iglesia el material del príncipe del mundo, sus diversiones y prioridades. No quieren negarse a sí mismo y tomar su cruz para seguirle a Cristo. Pero sí quieren tener una reunión de jóvenes porque luego saldrán a tapear y pasear o ir juntos a una peli. Éstos no son como Jeremías, Josué, Daniel, Timoteo y Tito. Tienen un pie en el mundo y otro en la iglesia, viven a medias, y así no pueden ser útiles al Señor. Si el Señor merece algo, es el sacrificio y la devoción total. Nada menos. Pero con las medias tintas y la doblez de corazón, los problemas y las actitudes del mundo invaden e infectan, y hay que parar todo esto pero ¿quién lo hará?
El Señor le advertió (v. 19) que iba a tener lucha. No iba a ser popular y estar cómodo en un despacho. Y así fue, porque Jeremías sufría durante cuarenta años. No iba a tener el apoyo del pueblo, sino sólo el de Dios: “yo estoy contigo” (vv. 8, 19). Así, tuvo que sufrir el desprecio de los que quería ayudar. Ni iba a ser popular ni apreciado, ni siquiera por los de su propio pueblo, sino falsamente acusado, criticado, amenazado y perseguido. Tuvo que hacer como David en Salmo 34:4 y buscar al Señor para que le librara de sus temores. Salmo 34:5-6 también fue verdad acerca de Jeremías. Es porque serle fiel a Dios nos mete en camino contrario a la corriente del mundo y la naturaleza humana. Pero en el Salmo 37:28 el Señor promete que no desamparará a Sus santos.
Volviendo a Jeremías 1:9 vemos que Dios puso Su Palabra en boca de Jeremías – no palabra de hombres – nada de origen humano. El conflicto vino porque el pueblo no quiso escuchar la Palabra de Dios y Jeremías no iba a darle otra cosa (lo mismo le pasó a Ezequiel).
Que Dios nos dé ese espíritu de devoción, lealtad y valor para estar firmes y serle fieles. Los que conocen a su Dios se esforzarán y actuarán (Dn. 11:32). Jeremías conocía a Dios y fue valiente y fiel. El Señor todavía busca a jovenes entregados, serios y fieles, y no sólo a jóvenes sino también a los que no son tan jóvenes pero desean tomar en serio la vida espiritual y servir al Señor. No hay mejor manera de gastar la vida.

de un estudio dado por Lucas Batalla, el 10 de marzo, 2013

Wednesday, December 18, 2013

LA CIZAÑA

Texto: Mateo 13:24-30

El otro día hablé con un vecino después de que los Testigos de Jehová estuvieron repartiendo mucho en nuestro barrio. A ese vecino se le ha muerto la esposa, y antes había tenido a varias personas trabajando en su casa, personas de Latinoamérica que decían que eran creyentes evangélicos, pero no han dado muy buen testimonio en su trabajo. Es una lástima porque ese vecino y su familia han sido todos católicos y nunca han conocido otra cosa, y las únicas veces que les llegaron evangelícos resultaron experiencias negativas.
Así que hablando con él, me preguntó si soy Testigo de Jehová y por supuesto le dije que no, sino evangélico. Entonces me dijo que había visto en la tele cosas raras de los evangélicos, como que gritan en sus reuniones, la gente se desmaya y cae al suelo, etc. Pero le expliqué que nosotros no de éstos, y cómo somos y qué creemos. Le expliqué que hay orden en nuestras reuniones, que no tenemos escenas de descontrol ni desorden, que hay himnos, luego un hermano da un estudio en la Palabra de Dios, que no se levantan las mujeres chillando, hablando de visiones ni nada así. Entonces aclaradas estas cosas, él se fue.
Y todo esto me hizo pensar en esta parábola, porque demuestra que no todos los que dicen son. 1 Juan 2:19 dice: “salieron de nosotros, pero no eran de nosotros”. En la parábola aquí en Mateo 13 aprendemos que en el campo siempre habrá problemas porque el enemigo está allí. Todo lo que es presentado aquí sucede en el mismo terreno. El campo es el mundo, y el príncipe del mundo es Satanás.
La cizaña brota en en mismo campo que el trigo, se parece al trigo, y crece a la par con el trigo e incluso más rápido, porque no lleva nada de valor. Sube pronto y es quizás más vistosa pero no tiene nada al final. Su trayecto es corto y termina siendo desechada.
Alguien pregunta: “¿Cómo pudo ser sembrada?” La respuesta es que el enemigo busco el momento oportuno para hacerlo y lo halló como dice el versículo 25, “mientras dormían los hombres”. Uno no puede vigilar cuando duerme, así que dormido es no orar, no no vigilar, no velar. Es una condición espiritual en la que no uno no lee ni conoce la Palabra de Dios, ni juzga bien, ni discierne. Parece que todos los gatos son pardos. Todo le parece más o menos bien. El versículo 39 explica que el enemigo es el diablo y trabaja con astucia para meter entre el trigo algo que confunde y no tiene valor: la cizaña.
Hoy en día muchas iglesias piensan que si hay música bonita pues todo está bien. Todos se sienten bien. A la gente le gusta y por eso viene, y viendo a la gente allí piensan que todo anda bien. No tengo nada contra el uso piadoso de música, pero de eso no se trata, sino de música para divertirse y crear ambiente. Pero los que así proceden se equivocan. Sólo se emocionan carnalmente, es algo de sentimientos, no de espíritu. Se sienten bien, levantan las manos, mueven los cuerpos con el ritmo de la música y piensan que Dios está en todo esto, pero no siguen al Señor. Son cizaña – las denominaciones, las religiones, las sectas, cada uno con sus cosas, cada loco con su tema, y en iglesias así hay para todos los gustos menos los del Señor y los que le siguen. Al final todo eso está destinado a ser quemado. Se alegran de tener locales llenos, pero ¿de qué? ¡De cizaña! Uno que no sabe puede mirar un campo de cizaña y pensar que está viendo un campo de trigo. Pero al final la cizaña dará su fruto, y el trigo el suyo.
Al trigo le cuesto su tiempo llegar a la madurez. No da fruto en seguida, sino cuando sea el tiempo. Pero la cizaña viene y se va y no da ningún fruto. ¿Cuántos hemos visto entrar, profesar fe, incluso bautizarse y luego desaparecer sin dar ningún fruto? Muchos. No todo el que profesa ser creyente lo es. La cizaña parece como trigo pero no lo es.
El Señor no la arranca todavía, sino que la deja crecer, pero en el mundo, no en la iglesia. El campo es el mundo. Sin embargo, hoy muchas iglesias permiten la cizaña, y muchas no hacen ninguna distinción entre el que profesa y el que cree.
¡Cuán importante es cuidarnos de aun los desvíos pequeños.  Por un desvío de un punto de brújula en un avión, no llega a su destino. A corto plazo parece poca cosa pero cuanto más lejos anda más grande es la diferencia y la desviación. Al final en lugar de llegar a su ciudad de destino se estrella en el mar. Hoy en las iglesias evangélicas dicen que hay doctrinas que no son importantes, que son pormenores, pero no lo son. Cuidado con el desvío más pequeño porque conduce a errores más grandes. El Espíritu Santo, dijo el Señor, nos guia a toda la verdad, y lo hace mediante la Palabra inspirada.
Tenemos que orar y pedir la guía del Señor, y estar mucho en Su Palabra, leyendo, estudiando, meditándola y poniéndola por obra. Debemos rodearnos de los que tienen una fe igualmente preciosa, como dice 2 Pedro 1:1. Debemos tener cuidado de nosotros mismos y de la doctrina. Necesitamos discernimiento y firmeza hasta que venga el Señor. Que Él nos ayude. Amén.

de un estudio dado por Lucas Batalla el 7 de noviembre, 2013

Wednesday, November 27, 2013

¿CONSUELO, O DOLOR ETERNO?

Texto: Apocalipsis 21:1-8

De visita en el hospital, acompañando a un enfermo, observé muchas cosas – mucho sufrimiento, tristeza, desánimo y debilidad. Vi a una mujer que acompañó cariñósamente a su marido ciego; cinco horas estuvo sin soltarle la mano. Hablé con ella para animarla porque me impresionó mucho. Me contó que su marido había luchado toda la vida para sacar adelante a su familia y ella no le iba a dejar solo cuando él necesitaba ayuda. Dijo que le tiene gran cariño y gratitud, y qué menos después de todo lo que él había hecho. Me impresionó su cariño, gratitud y constancia, pegada a su lado. Como creyentes, cuando vemos cosas así nos tienen que hacer pensar.

Mis hermanos, nosotros tenemos la seguridad de que el Señor por Su gran amor y a gran coste nos ha salvado, consiguiendo nuestro perdón y bienestar espiritual a precio de Su sangre derramada. No sólo murió en la cruz castigado en nuestro lugar, sino también nos ayuda en todo el camino de la vida en este valle de lágrimas, y aun en valle de la sombre de muerte (Sal. 23:4), y al final, como dice nuestro texto, enjugará toda lágrima (Ap. 21:4). Vivimos con la certidumbre de que Él nunca nos abandonará, sino que nos tratará con cariño en medio de toda prueba y dificultad para que lleguemos al cielo donde habrá consuelo perfecto. Y nuestra llegada al cielo no sólo dará gozo a nosotros, ¡sino también a Él, porque nos quiere! El Señor siempre nos será fiel. Su obra redentora y Su cuidado constante nos deben motivar a la devoción, lealtad y constancia a favor de Aquel que tanto bien nos ha hecho.

Ante la muerte la persona del mundo está como muchos que he visto en el hospital – sufriendo, y en el camino de morirse sin esperanza. El Señor nos cuida – el versículo 7 dice que Él será nuestro Dios. El Señor no sólo es nuestro Dios ahora, sino que Él nos espera en la eternidad. En cambio, los que no creen, que tienen dioses de madera, o sólo tienen sus filosofías, no tienen nada ahora, y peor es que estarán desamparados y dolidos en la eternidad.
Pero cuando Dios camina con Su pueblo y Su pueblo con Él, se sobrellevan las cosas. Sí, lloramos, pero Él enjugará toda lágrima (v. 4), y no habrá más muerte. ¿Qué sistema político puede quitar la muerte? ¿Qué hospital puede curar para que no muera nadie? Ninguno. Sólo el Señor quita el llanto, el clamor, el dolor y la muerte porque “las primeras cosas pasaron”; entre ellas, el pecado y el juicio. Ahí no hay dolor, ni enfermedad, ni farmacia, ni ambulancia, ni médico, ni hospital, ni cuidado intensivo, ni cementerio. El postrer enemigo que será destruido es la muerte (1 Co. 15:26). Hoy en día nos dicen que la muerte es natural, es parte del ciclo de la vida, y tratan de negar la enemistad, pero la Biblia llama a la muerte “enemigo”, y en Romanos 5:12 declara que vino a causa del pecado. No es natural la muerte, y no habrá muerte con el Señor en el cielo, porque no habrá pecado allá.
El creyente muere y se va a la presencia de Cristo en la gloria, “lo cual es muchísimo mejor” (Fil. 1:23). Cuán agradecidos y animados debemos estar. Tenemos que pasar por la muerte si el Señor no viene antes, pero por ella llegaremos a la gloria con el Señor.  El Apocalipsis 21:5 Dios declara: “He aquí, yo hago nuevas todas las cosas”. El versículo 7 dice acerca del creyente: “Yo seré su Dios, y él será mi hijo”. La familia de Dios no se desintegra nunca. Como dice el corito: “¡Qué maravilla es tener una familia en Cristo Jesús!”, porque es la familia eterna. Ahora somos miembros de la familia de Dios (Ef. 2:19), y la muerte no disuelve estos lazos de amor eterno. ¡Cobremos ánimo, y seamos fieles y devotos al que tanto ha hecho por nosotros!
Pero, ¡qué diferencia para los que no creen, sino viven en el pecado. El versículo 8 declara: “Pero los cobardes e incrédulos, los abominables y homicidas, los fornicarios y hechiceros, los idólatras y todos los mentirosos tendrán su parte en el lago que arde con fuego y azufre, que es la muerte segunda”. Allá nadie les enjugará las lágrimas, y hay eterno dolor y llanto en la segunda muerte. Amigo, al cielo no se va por casualidad, ni por mérito, ni por religión, sino por decisión, por la fe, la confianza en el Señor Jesucristo. Pero los del versículo 8 no son del Señor, y lo demuestran cada día con sus actitudes y hechos. La gente que vive así no va al cielo, si no se arrepiente, si no confía en Cristo confesándole como Señor, y el tiempo de la paciencia de Dios se está acabando. Hoy todavía es día de salvación, pero la muerte está a la vuelta de la esquina, y por ella los incrédulos serán transportados al juicio y al castigo eterno. De ahí el consejo del profeta Isaías 55:6, “Buscad a Jehová mientras puede ser hallado, llamadle en tanto que está cercano”.

de un estudio dado por Lucas Batalla el 22 de agosto, 2013