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Thursday, August 18, 2022

Abraham y Lot Después de Separarse

 


Texto: Génesis 14, 18-19

    Proverbios 4.18-19 puede describir los caminos de Abraham y Lot. “La senda de los justos es como la luz de la aurora, que va en aumento hasta que el día es perfecto. El camino de los impíos es como la oscuridad; no saben en qué tropiezan”.
    En nuestros estudios sobre la vida de Abraham, hemos visto que el Dios de gloria le apareció cuando vivía en Mesopotamia, en Ur de los caldeos (Gn. 12.1; Hch. 7.2). En ese primer encuentro, cuando Dios se dio a conocer,  le mandó algo que le puso en compromiso: dejar su tierra y sus parientes. Ahí vemos la primera muestra de la fe del patriarca, que “por la fe... obedeció para salir... sin saber a dónde iba” (He. 11.8). Si se dice esto hoy a cualquier persona, no sería buena su reacción. Dios quiso hacer de él una nación especial y bendecida, el pueblo de Dios, y le dio las promesas de Génesis 12.2-3. Vimos también  los primeros errores de Abraham, causados por la prioridad que dio a su familia. Primero, salió de su tierra, pero con sus parientes en lugar de dejarlos ahí (Gn. 11.31-32), Por eso el capítulo 12 comienza así: “Pero Jehová había dicho...”. El verso 4 apunta otra obediencia parcial, cuando fue con él su sobrino Lot. Tardó años en rectificar esto, pero vimos en el capítulo 13 que se separó de Lot.
    Cuando se separaron (Gn. 13.10-18), se fueron cada vez más lejos el uno del otro. Abraham se quedó arriba, cerca del altar que edificó, pero Lot descendió e iba acercándose a Sodoma, y al final entró en esa perversa ciudad. Las decisiones tienen consecuencias, y Lot no decidió por fe, sino por lo que agradó a sus ojos, y tal vez a los de su esposa, y escogieron lo que Dios condenaba (v. 13). Después de separarse de Lot, Abraham recibió otra palabra de Dios en la que le prometió la tierra. Edificó otro altar en Hebrón (v. 18), pero que sepamos, Lot nunca hizo un altar. Abraham seguía a Dios, pero Lot seguía al mundo. Por su manera de vivir, Lot perdió la santidad, la comunión, el testimonio, los bienes, la casa, la esposa, y acabó viviendo en una cueva.
    En Génesis 14 leemos del tiempo después de la separación de Abraham y Lot. En Sodoma las cosas iban de mal en peor, y surgieron conflictos políticos y militares. Los versos 1-12 relatan como Sodoma se rebeló y se metió en una guerra que perdió. Lot fue llevado cautivo también, porque estaba en medio de Sodoma e identificado con ellos. “Lot... y sus bienes” (v. 12) fueron tomados, por estar donde no debía. Es un efecto secundario de integrarse en el mundo.
    En los versos 13-15 Abraham, al recibir las noticias, armó a sus siervos y fue a liberar a su pariente. Tuvo que viajar al norte de Damasco (v. 15), y cuando los halló, atacó de noche, usando la táctica de la sorpresa. Recobró todos los bienes, y su sobrino, y con todo eso regresó a Sodoma.
    Los versos 17-24 relatan que salieron a su encuentro dos reyes, uno bueno y otro malo. El rey de Sodoma buscaba a sus súbditos (v. 17). El rey de Salem, Melquisedec, también era sacerdote del Dios Altísimo, un verdadero creyente y adorador, de los pocos que quedaban. Trajo pan y vino, para recibir y dar refrigerio al libertador (vv. 18-20). Melquisedec bendijo a Abraham, y éste le dio los diezmos de todo. Hebreos 7 da el significado espiritual de ese encuentro. En cambio, el rey de Sodoma no bendijo a Dios, sino solo quería a las personas (v. 21), y ofreció a Abraham todos los bienes a cambio de ellas. Pero Abraham sabiamente rehusó los bienes de Sodoma, pues todo lo de Sodoma estaba contaminado. Había jurado a Dios que no tomaría nada de ese rey de sodomitas y perversos. (vv. 22-24). No quería que ese rey luego pudiera decir que había enriquecido a Abraham. La limpieza e integridad son más importantes que los bienes materiales, y debemos tener cuidado de con quiénes nos asociamos.
    Parece extraño que después de todo lo acontecido, Lot se quedara todavía en Sodoma. No había aprendido nada. Del capítulo 19 sabemos que su esposa e hijas tampoco querían salir de ahí. Pero Abraham volvió a su lugar en Mamre. Posiblemente después de esto Abraham esperaba un contraataque de los que había vencido, o temía la enemistad del rey de Sodoma a quién había rechazado. Pero en Génesis 15.1 Dios le apareció nuevamente a Abraham para confirmar la promesa: “No temas, Abram; yo soy tu escudo, y tu galardón será sobremanera grande”. Dios es “galardonador de los que le buscan” (He. 11.6). Pero pesad, ¿Cuándo buscó Lot a Dios? No dicen las Escrituras que lo hiciera. Debemos poner nuestro corazón y mente en Él, y vivir para agradarle. Él se encarga del cuidado de los que le son fieles.
    Los capítulos 15 y 16 relatan la promesa divina acerca de su descendencia. El capítulo 17 nos informa del origen de la circuncisión – la señal del pacto que Dios estableció con Abraham y toda su descendencia.
    Pasamos al capítulo 18, y nuevamente Dios le apareció, esta vez en una visita personal (v. 1). Los versos 2-8 destacan la hospitalidad de Abraham, y Hebreos 13.2 nos manda ser hospitalarios, porque “algunos, sin saberlo, hospedaron ángeles”.  Después de comer, Dios confirmó la promesa de que Sara daría a luz un hijo (vv. 9-15), y salido al camino, avisó a Abraham de la destrucción de Sodoma y sus alrededores (vv. 16-33). Sodoma estaba entonces como hoy está mucho del mundo: “...el pecado de ellos se ha agravado en extremo” (v. 20). Hoy no han inventado nada nuevo, y Dios todavía abomina todos esos pecados. Dos veces el Nuevo Testamento declara que Dios puso a Sodoma y Gomorra como ejemplo a los impíos, es decir, si vives así, eso es lo que te espera.
    En los versos 23-33 apreciamos la intercesión de Abraham, aparentemente preocupado por su sobrino. Sabe que Dios es “Juez de toda la tierra”, y hoy a muchos se les ha olvidado esto. Dios tiene derecho y obligación de juzgar la maldad en todo el mundo. El libro de Apocalipsis relata cómo hará esto. La oración no es pedir solo por nosotros, sino interceder por otros, y las Escrituras afirman que la oración eficaz del justo puede mucho. Dios prometió no destruir la ciudad si hallara a diez justos, pero no los hubo.
    Pasamos al capítulo 19, y en los versos 1-3 los dos ángeles llegaron a Sodoma. Parecían como hombres, es decir, en cuerpos humanos, y podían comer y beber (v. 3). Lot los recibió y hospedó, y por única vez en su vida tenía a dos ángeles en su casa. Cuando Abraham recibió a esos huéspedes, todo fue pacífico y sin problemas, pero no así con Lot. En los versos 4-11 leemos del conflicto con los perversos de la ciudad que quisieron violar a esos huéspedes celestiales, “todo el pueblo junto”, desde el más viejo hasta el más joven – así que no había inocentes en Sodoma. Los ángeles intervinieron para proteger a Lot y su familia, pero les costó trabajo porque no querían salir. Los tuvieron que apurar y repetir la advertencia para que saliesen de la ciudad (vv. 12-23), “porque vamos a destruir este lugar” (v. 13). Lot avisó a sus yernos (v. 14) pero se lo tomaron a broma, porque evidentemente Lot había perdido su testimonio y credibilidad, porque vivía como uno más en Sodoma. Los ángeles tuvieron que apurar a Lot y su familia para que saliesen. “Escapa por tu vida, no mires tras ti” (v.  17); “Date prisa, escápate” (v. 22). Nunca tuvieron que hablar así a Abraham, porque él vivía en piedad, cerca del altar, no en lugares como Sodoma.
    En los versos 24-29 leemos de la destrucción de esas ciudades, que no fue por causas naturales sino por la mano de Dios. Fue un acto soberano de juicio y limpieza por fuego. También murió la mujer de Lot por mirar atrás a la ciudad (v. 26), pues parece que sus afectos estaban ahí, y desobedeció el mandato del ángel (v. 17). Ella es figura de los que aman al mundo (1 Jn. 2.15-17). Cristo advirtió: “Acordaos de la mujer de Lot” (Lc. 17.32). Hay mujeres que son esposas de hombres piadosos, pero ellas son mundanas, y el juicio de Dios les alcanzará. Hermanos, no miremos las cosas de abajo, sino las de arriba (Col. 3.1-4). Miremos adelante y arriba (He. 12.3), pues en este mundo somos peregrinos, no ciudadanos.
    Los versos 30-38 relatan cómo Lot vino a ser un “hombre de la cueva”, debido al temor. No buscó a Abraham, sino se quedó en su cueva con sus hijas. Ellas, quizás contaminadas moralmente por lo que habían visto y aprendido en Sodoma, se convencieron de que el incesto era necesario para dar descendencia a su padre. Esto es la inmoralidad por lógica humana. Dieron a beber a su padre y cuando estaba ebrio se aprovecharon de él y quedaron encintas (vv. 32-35). De eso no vino nada bueno – los moabitas y los amonitas (vv. 37-38). Abraham recibió de Dios el hijo de la promesa, Isaac, concebido milagrosamente. Pero Lot recibió de sus hijas dos hijos malditos, concebidos del incesto cuando estaba ebrio. ¡Consideremos, hermanos, el camino de Abraham – por la fe – y el camino de Lot – por la carne, y decidamos de una vez ser fieles y devotos al Señor!

 Lucas Batalla   del estudio dado el 17 de julio 2022

Tuesday, July 2, 2013

UNA CONFESIÓN CLARA

Texto: Salmo 32

Cuando el pecado no es confesado, causa más problemas en la vida: el nerviosismo, la ansiedad, el mal genio, la insomnia y aflicciones físicas. La solución no está en tratar a los síntomas, los problemas causados por el pecado, sino en confesar el pecado. ¿Para qué vas a ir a un consejero o psicólogo cuando él tiene más problemas que tú y su interés principal es tenerte como cliente que paga? Mejor ir directamente al Señor, pues el psicólogo no puede decirte: “tus pecados te son perdonados”.
Cuando el pródigo pecó y se alejó todo le iba bien al principio. Pero luego, no, y se fue bajando y sufriendo hasta que al final tocó fondo, se volvió en sí, reconoció su pecado y locura, y confesó su pecado contra Dios y su padre. Sólo entonces tenía alivio.
David, cuando pecó con Betsabé, al principio pareció que lo había encubierto bien. Pero Dios lo iba apretando y afligiendo hasta que al final confesó su pecado. Cuando así hizo, Dios le perdonó al instante, pero vino la consecuencia de la muerte del niño (2 S. 12:13), y sufrió después a causa de otros hijos.
Hermanos, de eso debemos aprender que el pecado no confesado es como andar con una piedra en el zapato, es andar mal, es incómodo y duele. Hay que parar y quitarlo, porque si no, no puede seguir. Tristemente algunos por no quitar el pecado, por no humillarse y reconocer su error, prefieren ser cojos el resto de la vida.
Dios invita a todos a buscar la liberación (vv. 6-7). El Señor quiere hacernos entender, pero en lugar de entender las cosas como realmente son, como Dios las ve, queremos que Dios nos entienda – queremos explicarnos y justificarnos en lugar de arrepentirnos. Dios quiere que seamos sensibles, no como mulos.
Los impíos tendrán dolor multiplicado, pero el Señor corrige y hace volver a los Suyos. El pecado no confesado trajo el castigo sobre David, y luego sobre la nación de Israel durante muchos años. Pero al final hubo confesión de parte de hombres piadosos como Daniel, Nehemías y Esdras que confesaron los pecados de la nación. Entonces el Señor se dispuso a perdonar y bendecir. Él no perdona a los que no se humillan para confesar su pecado. El perdón es para los de corazón contrito y humillado (Sal. 51:7).
Conviene, hermanos, que aprendamos una lección fundamental acerca de la confesión del pecado. Como en un juicio civil, hay que nombrar el delito – así también con Dios. Hay que confesarlo, como decimos, “con nombre y apellidos”, eso es, llamando al pecado claramente por su nombre. No “perdona mis pecados”, echando todo en un saco. Tampoco cosas como “si he ofendido en algo, perdóname”. Esto no vale. No, sino nombra qué has hecho: mentir, robar, engañar, ser obstinado, ser desleal, fornicar, deshonrar, etc. etc. Te atreviste a pecar, pues ten valentía para confesarlo sin rodeos. El crimen se nombra claramente en el juicio, ante el juez, y los pecados deben nombrarse claramente en confesión ante Dios (1 Jn. 1:9). Así hizo David aquí y en el Salmo 51, y Dios le perdonó.
En cambio, cuando Acán había pecado (Jos. 7), lo encubrió y no lo confesó. Además hizo cómplices a los de su casa. Afectó a todo el pueblo, porque Israel sufrió y no tuvo victoria sino derrota. ¿Cuántas familias e iglesias tienen problemas por personas que encubren pecado? Con Acán, él tuvo que confesar lo que había hecho, aunque tristemente sólo lo hizo bajo obligación cuando ya había sido nombrado por Dios. Pero confesar su pecado, nombrarlo claramente, era dar gloria a Dios, y por tocar el anatema lo tuvieron que erradicar.
A veces pasa hoy también que los evangélicos no tienen poder ante el mundo ni pueden ver conversiones a penas, porque hay pecado no confesado en el campamento. No hay humildad, santidad, limpieza y perdón, y así Dios no los puede bendecir. Puede comenzar mil programas y actividades especiales y ofrecer grandes sacrificios, pero nada aprovecha. Hay que confesar y apartarse del pecado.
de un estudio dado por Lucas Batalla el 16 de mayo, 2013

Wednesday, June 15, 2011

VIVIMOS EN TIEMPOS MALOS

"Destruction" por Thomas Cole

“Y vio Jehová que la maldad de los hombres era mucha en la tierra, y que todo designio de los pensamientos del corazón de ellos era de continuo solamente el mal. Y se arrepintió Jehová de haber hecho hombre en la tierra, y le dolió en su corazón” (Gn. 6:5-6). 

Hay un refrán que dice: “Cuánto más conozco a los hombres, más quiero a mi perro”. No es difícil de entender, porque hay mucha maldad y mucho engaño en los seres humanos, hombres y mujeres. El mundo no siempre ha sido así, pero casi siempre. Llegó a esta triste condición en las generaciones después del pecado de Adán y Eva. Primero Caín inventó una ofrenda a su manera que no agradó a Dios, y se enojó cuando Dios no lo aceptó. De ahí procedió a matar a su hermano Abel. Luego vino la arrogancia, la violencia, y otros pecados en sus descendientes. El pecado corrió, se multiplicó y arruinó la raza humana como un virus agresivo contra el cual no hay defensas naturales ni medicinas. El versículo 5 dice que la maldad de los hombres era mucha en la tierra. El versículo 11 dice: “Y se corrompió la tierra delante de Dios, y la tierra estaba llena de violencia”. Así que, en pocas generaciones el mundo llegó a corromperse de tal manera que Dios resolvió castigarlo con el diluvio. Los versículos 6 y 7 documentan el disgusto y el propósito de Dios.
Si la lectura terminara allí, no habría esperanza, pero no es así. El versículo 8 comienza con la palabra “pero”, la cual indica un cambio, un contraste. Contra este trasfondo de corrupción, maldad, violencia y el juicio inminente, luce la gracia de Dios. “Pero Noé halló gracia ante los ojos de Jehová”. Cuando el hombre ha fracasado del todo, Dios viene buscándolo para salvarlo porque no quiere su perdición. No quiere que ninguno perezca. Por esto, aparece la gracia de Dios en el versículo 8, en este momento de la historia. La gracia de Dios no es cosa sólo del Nuevo Testamento como algunos suponen. Como atributo de Dios siempre ha estado presente. Como vocablo divino, aparece por primera vez en la Biblia en nuestro texto. 
Miremos otra vez el contexto histórico en el cual aparece por primera vez la gracia de Dios. El versículo 11 dice: “se corrompió la tierra”. El versículo 12 dice: “toda carne había corrompido su camino”. En el versículo 13 Dios declara que “la tierra está llena de violencia” y que había decidido “el fin de todo ser”. Se acabó el tiempo de la paciencia. Otra vez pasará esto en el futuro no lejano, cuando en cumplimiento de Apocalipsis 10:6 el cielo declara que “el tiempo no sería más”, esto es literalmente: “no más tiempo”
Hoy vivimos en medio de un mundo tan corrompido y violento como en los días de Noé. El Señor dijo que así serían los tiempos de Su segunda venida (Mt. 24:37; Lc. 17:26). Por un lado esto debe llenar nuestro corazón de esperanza, sabiendo que antes del retorno de Cristo viene el arrebatamiento de la iglesia, cosa que está a punto de suceder en cualquier momento. Como el Señor arrebató a Enoc antes del diluvio, así hará con la Iglesia. Por otro lado, nos debe dar un sentido de urgencia respecto a la proclamación del evangelio, porque al mundo no le queda mucho tiempo. 
Noé era varón justo, declara el versículo 9, y “con Dios caminó Noé”. Así describe la Biblia a Enoc en Génesis 5:22-24, “Enoc caminó con Dios”. Las circunstancias eran malísimas, pero caminaron con Dios, y ambos fueron usados por Él para predicar y advertir a los de su generación. En el mundo antediluviano, se veían las cosas en blanco y negro, no en medias tintas. Uno andaba con Dios o con el mundo. No podía nadar y guardar la ropa, ni entonces ni ahora. Dios estaba disgustado con el mundo, y podemos estar seguros de que los que caminaban con Él también sentíanlo mismo. No amaban al mundo ni deseaban sus placeres superficiales. 
El cristiano verdadero no puede tener comunión con el mundo. El mundo está corrompido, denunciado y a punto de ser juzgado por Dios. El príncipe de este mundo no es nadie menos que el mismo diablo. Él y el mundo son enemigos de Dios. ¿No sabemos que la amistad del mundo es enemistad con Dios? (Stg. 4:4) ¿No sabemos que la Palabra de Dios nos manda: “No améis al mundo, ni las cosas que están en el mundo”? (1 Jn.2:15). ¿No sabemos que porque pertenecemos a Cristo, el mundo nos aborrece y que esto tiene que ser así? (Jn. 15:18-19). Recuerda, hermano que lo que el mundo necesita no es lo que quiere. Necesita a personas que como Enoc y Noé, predicarán y anunciarán el juicio venidero, y llamarán a los hombres al arrepentimiento y la fe. Porque el juicio viene, pero el Dios de toda gracia ofrece perdón y vida nueva en Cristo Jesús. Dios ama a los pecadores, pero sólo busca amistad con ellos a través de la cruz de Cristo y el evangelio. Sin arrepentimiento y fe, no hay amistad con Dios, ni escapatoria del juicio que pronto será desencadenado. 
Hermanos, ante la maldad de nuestros tiempos, vivamos en separación y santidad, y con amor divino derramado en nuestro corazón por el Espíritu Santo, prediquemos el evangelio y advirtamos a los hombres, poniendo delante de ellos la verdad de que el tiempo es corto y el Señor viene con sus santas decenas de millares para juzgar a los impíos. Vivimos en el tiempo justo antes de otro gran juicio de Dios, la tribulación. Seamos fieles a Dios hasta que Él venga a sacarnos de aquí.                                                                                                                 

de un estudio dado por Lucas Batalla en 2005



Asamblea Bíblica “Betel”
C./ Torreblanca, 6 (detrás de la muralla Macarena)
 41003 Sevilla, España
Horario de cultos: domingo: 11:00 y 19:00 horas, jueves: 20:00 horas
Correspondencia: Apdo. 1313, 41080 Sevilla, España