Saturday, June 3, 2017

CRISTO NOS DEJÓ EJEMPLO

Texto: 1 Pedro 2:21
           
Quiero llamar vuestra atención al propósito que el apóstol Pedro elucida: “dejándonos ejemplo para que sigáis sus pisadas”. La gente alrededor nuestro no vive como nosotros ni piensa como nosotros. Tiene ideas confusas y una mente torcida por el pecado y entenebrecida por el príncipe de este mundo. Algunos son religiosos y a la vez supersticiosos. No quieren romper una foto, etc. Otros blasfeman y piensan mal. En fin, no son como nosotros. Nuestra vida es un testimonio a ellos si seguimos la voluntad de Dios. Las palabras: “para esto fuisteis llamados” indican la vida de seguirle a Cristo. Por supuesto que se trata de los verdaderos creyentes, porque sólo para ellos es Cristo ejemplo. Él no vino para ponerle ejemplo de amor al mundo, ni cosas así que la gente comunmente dice. Vino para morir en la cruz por nuestros pecados y proveer redención. Pero los que hemos creído en Él, y somos Suyos, debemos seguirle, pues es para nosotros Su ejemplo. Tenemos que serle fieles en toda área de nuestra vida. Por ejemplo, en el trabajo: honestos (vv. 17-20). Seguir las pisadas del Cristo es no pecar, no engañar con la boca, no responder con maldicion, no amenazar.
    A Ghandi siempre le gustaba leer acerca de Cristo. Pero vio muchas contradicciones en las iglesias cristianas que observaba. Le preguntaron si era cristiano y respondio que todavía no. Dijo que se haría cristiano cuando encontrara a alguien siguiendo a Cristo y no sólo hablando de Él. A veces atrae más el testimonio de la vida al principio, porque es lo que los demás ven. Entonces cabe preguntar: ¿Qué tipo de personas nos ha hecho el cristianismo? ¿Qué comunicamos acerca de Cristo con nuestras actitudes, conversaciones y hechos? ¿Qué observan los demás en nuestro comportamiento; es buena “publicidad” para Jesucristo?
    En Jerusalén, Antioquía, Berea, Tesalónica, Éfeso y otros lugares los demás vieron el buen testimonio de los creyentes. En nuestro texto, Pedro toca una cosa que los cristianos tienen que hacer – es no ser vengativos cuando suframos. La venganza pertenece a Dios. Dejémosla en manos de Dios, en oración, y pidamos fuerza para seguir adelante sin estar amargados, resentidos ni enojados. Pedro dice que Jesucristo nos dejó ejemplo para seguir en esto. En el principio del libro de Hechos, la gente se dio cuenta de la predicación y de las vidas de los apóstoles, y se dio cuenta que habían estado con Jesús (Hch. 4:13). Llevaban Su imagen, en la conducta ante los malos tratos, se les notaba la influencia de Cristo.
    El Señor dijo: “me seréis testigos...” y esto incluye las palabras y los hechos, porque debemos testificar de ambas maneras y que nuestros hechos no anulen ni contradigan nuestras palabras. Le representamos como embajadores. Entonces siempre es importante nuestra conducta.
    Pero hoy en día carecen de este ejemplo de conducta santa muchos de los que se llaman creyentes. Se portan, hablan y actúan como los del mundo y a veces peores. No son sensibles a Dios y a Su Palabra. Se juntan con los desobedientes y burladores, y tienen buena amistad – no persecución – de los que viven de espaldas a Dios. No oran. No testifican. No practican la devoción a Cristo. No son honestos e íntegros en su trabajo. Sus amores son de las cosas del mundo, y tendríamos que decirles lo que el Señor dijo a Sus medio hermanos: “No puede el mundo  aborreceros a vosotros” (Jn. 7:7). Ese es un cristianismo fracasado y falso.
    El Señor quiere que le sigamos, y si lo hacemos el mundo que le aborrece a Él nos aborrecerá a nosotros. Pero no hay que desmayarse por eso, ni amagarse ni enojarse. Hay que serle fieles no sólo en lo que creemos sino también en los hechos, porque es el significado de las palabras “para que sigáis sus pisadas”. Hay que soportar la reacción injusta del mundo, encomendar nuestra causa al que juzga justamente (v. 23), y seguir adelante. “Para esto fuisteis llamados”.
    ¡Qué bonito conocer a alguien que padeció por nosotros! No lo hizo de mal humor, enojado ni quejándose, sino que humildemente fue obediente hasta la muerte y muerte de cruz, para redimir nuestras almas. El Justo sufrió por los injustos, para llevarnos a Dios. El Calvario era un lugar de condena y crucifixión, donde Él fue, inocente y dócil, a sufrir por nosotros. Sigamos Su ejemplo de devoción fiel a la voluntad de Dios y no nos dejemos trastornar por las consecuencias en el mundo. Un día Él que juzga justamente lo enderezará todo, así que confiemos y esperemos en Él.

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