Wednesday, June 14, 2017

LA IMPORTANCIA DE REUNIRSE PARA ORAR



Texto: Mateo 14:34-36
 
Vemos aquí lo importante que es acudir por medio de Señor Jesucristo, y orar directamente a Dios.  Él es quien puede solucionar nuestros problemas. En la oración vamos al Padre y al Señor Jesús para obtener lo que necesitamos. Oramos principalmente al Padre, por el Espíritu, en nombre del Señor. Pero no está prohibido hablar con nuestro Señor y Salvador, ni mucho menos.
     Debemos orar cada día de nuestra vida, porque todos los días necesitamos al Señor. Él es la vid verdadera y nosotros somos los pámpanos. Sin Él no podemos vivir ni tenemos fuerza para nada. Personalmente, cada mañana me levanto temprano y tengo mi tiempo devocional para empezar el día con el Señor. No lo digo para alabarme ni mucho menos, sino para testificar. Leo la Biblia y paso tiempo en oración, intercediendo por mi familia y por los hermanos de esta congregación y por los de muchos otros lugares. Es mi costumbre. Pero no por esto puedo ni debo faltar en las reuniones de la iglesia. Necesito la reunión de oración y todos la necesitamos. 
     Digo esto porque en algunas iglesias se está quitando la reunión de oración. Y en muchísimas asambleas, la reunión de oración es la que peor asistencia tiene. Todos aparecen el domingo por la mañana para comulgarse, pero ¿qué importancia dan a la oración? Todos esos también deben venir para orar. Pero muchos no tienen interés en orar juntos, y esto demuestra cuál es la baja condición espiritual de muchos profesados creyentes en muchas iglesias. En lugar de hincar los hombros en resignación, los ancianos deberían estar muy preocupados delante del Señor para remediar ese defecto fatal.
     Es curioso que en el culto de oración oramos más por algunas personas que ellas oran por sí mismas. Quiero decir, que cada semana intercedemos por ellas y sus problemas y motivos de oración, pero ellas ni siquiera se molestan en venir a orar. Estas personas quieren que oremos por ellas, pero no vienen para orar por los demás. No me refiero a los que no pueden venir, sino a aquellos que podrían pero no lo hacen. Cuando trabajaba en el taller de pintura, después de convertirme les dije que los jueves me marchaba a las 7:00 de la tarde, para ir a la reunión de oración. Trabajara las horas que ellos quisieron el resto de los días. Algunos no pueden hacer esto, pero yo sí, y era el deseo de mi corazón estar con los hermanos y orar. Quería y quiero estar en los cultos porque el Señor Jesús está en ellas, y cuando vamos a reunirnos estamos yendo al lugar donde el Señor está. Dios está en todas partes, es verdad, pero esto no quita que el Señor ha prometido especialmente Su presencia en las reuniones de los creyentes. Es importante ir a Jesús, cada día en nuestra vida personal, y también todas las veces que los santos se reúnen en Su Nombre.
     Así venimos al primer punto de nuestro texto, en los versículos 34 y 35, que apunta que terminada la travesía, vinieron a la tierra de Genesaret, “Cuando le conocieron los hombres de aquel lugar, enviaron noticia por toda aquella tierra alrededor, y trajeron a él todos los enfermos”. Fijémonos en estas palabras: “trajeron a él”. ¿A quién? Al SeñorJesucristo. Todos los enfermos de aquella zona fueron llevados a Él. Tenía que ser una multitud grande y de extraña apariencia, compuesta de todos los enfermos con una variedad de enfermedades y problemas. Era una multitud necesitada, y todos necesitaban al Señor. En nuestro texto, el Señor había llegado a la zona de Genesaret. Estaba cerca, pero todas las personas que querían ayuda tenían que salir de sus casas e ir al Señor. Tenían quereunirse con Él. Él tenía poder para curarles, para sanar como en Marcos 1, el caso del paralítico que fue llevado por cuatro amigos a la presencia del Señor. Los buenos amigos hacen esto, nos llevan o nos animan a ir al Señor. Los malos amigos y los enemigos nos alejan del Señor, o nos dicen que no vayamos a los cultos, y si les echamos cuenta, perdemos la bendición. Muchos pierden bendiciones y ayuda que podían haber recibido porque no están en los cultos con el Señor Jesús. Los que no van al Señor, no reciben el beneficio; se quedan en casa con sus problemas.
     Segundo, dice el versículo 36, “y le rogaban”. Entonces, aquí vemos su ruego. En este caso querían tocar el borde de Su manto, pero lo importante no es el borde del manto, sino el hecho de ir al Señor y rogarle, pedirle lo que necesitaban. El Señor no va a hacer nada en nuestra vida si no oramos. El cristiano que no ora es un cristiano sin poder y sin bendición.
     Ahora bien, rogar no es demandar, sino implorar. Es un acto de humildad y necesidad. Alguien dijo que la mejor oración sale de un corazón que tiene profunda necesidad. La iglesia de Laodicea no oraba mucho porque, como decía: “yo soy rico, y me he enriquecido, y de ninguna cosa tengo necesidad” (Ap. 3:17). La satisfacción y la comodidad en este mundo son impedimentos a la comunión con el Señor y al crecimiento espiritual. El materialismo y las diversiones matan el espíritu de oración. La gente  cómoda prefiere quedarse en casa, o salir a un centro comercial con sus amigos. Los ricos no suelen orar sino por sus tesoros, para que no los pierdan. 
    Qué triste es cuando algunos asisten a la reunión de oración como cosa aburrida, porque no andan en comunión con Dios, y desprecian la oración.  Como no ven cuál es en realidad su gran pobreza y necesidad espiritual, no tienen muchas ganas de orar. Así es que en los países “afluentes” se quita la reunión de oración o son muy pocos los que asisten, y las iglesias languidecen.
     Pero los de nuestro texto sabían bien que necesitaban ayuda. Asíque, fueron y presentaron sus peticiones a Él, no a los jefes de la sinagoga, no a un consejero profesional, un psicólogo, no a Su madre, no a los apóstoles ni a los ángeles ni a otros, sino directamente al Señor Jesucristo. ¿No sabéis, hermanos, que cuando estamos reunidos como asamblea, podemos en oración tocar el manto del Señor, porque Él está en medio? No pasemos por alto una oportunidad colectiva y nuestra responsabilidad espiritual. Para ser sanados, les era necesario acudir al médico bueno, poderoso y dispuesto a ayudar. Hoy en día lo mismo es verdad, que si queremos la ayuda del Señor, tenemos que tomar la molestia de ir areunirnos donde Él está.
     En tercer lugar, el versículo 36 termina diciendo que “todos los que lo tocaron, quedaron sanos”. Esto nos demuestra el resultado obtenido. En el Antiguo Testamento hay muchos ejemplos de cómo el pueblo clamó al Señor y Él, en respuesta, actuó poderosamente. Muchas veces los Salmos hablan de los hechos maravillosos de Dios. El poder de Dios no se agota. En Lucas 13:10-16 vemos el caso de aquella mujer que andaba encorvada, pero que estuvo aquel día en la reunión en la sinagoga, y el Señor le sanó. El Señor estaba presente y tenía poder para sanar. Pero si ella se hubiera quedado en casa ese día, no habría sido sanada. Recibió el beneficio porque fue a la reunión. Era la costumbre del Señor reunirse con el pueblo de Dios en la sinagoga, y debe ser nuestra costumbre reunirnos también con el pueblo del Señor y con el Señor mismo. 
     Volviendo al texto, al versículo 36, observemos que usa la palabra “todos”. No fue como entre los pentecostales y los carismáticos que mucho hablan de sanidades pero no tienen poder como el Señor, ni el poder del Señor. Cuando fue Cristo a la tierra de Genesaret, todos los enfermos fueron llevados a Él. Se vaciaron las casas, las aldeas y los pueblos, sin quedar enfermo en ellos. Todos los enfermos de aquella zona fueron llevados al Señor, y todos los que lo tocaron quedaron sanos. No la mitad. No los que “tenían fe” como oímos decir, sino “todos”. Esta sí fue una reunión de sanidades, y con este poder el Señor manifestó Sus credenciales como el Mesías de Israel.
     Pero daos cuenta de esto, que los que no fueron y no lo tocaron, no fueron ayudados. El Señor Jesús no fue a sus casas; ellos tenían que acudira Él. El acto de acudir es en sí misma una expresión de necesidad y de la importancia que damos al culto y a la presencia del Señor. Hoy en día hay muchos que dicen cosas como: “¡Vaya! El Señor no te va a castigar por no ir al culto. Dios es bueno. ¿Para qué tantas reuniones?” “Quédate en casa conmigo”, “descansa un poco” o “vente a pasar el día en el campo con nosotros”. Y desgraciadamente algunos hacen caso a estos malos consejeros. Hermanos, no escuchemos las voces que quieren apartarnos de las reuniones con el Señor y Su pueblo, porque el diablo es quien les manipula para que hablen así. David dijo: “Yo me alegré con los que me decían, a la casa de Jehová iremos” (Sal. 122:1). ¡Hablemos como estos que anunciaron su intención de ir a la reunión, y también respondamos como David!
     Acudamos a las reuniones para estar en la presencia del Señor, y enla reunión de oración busquemos de Él la ayuda espiritual que tanto necesitamos. Que el Señor nos avive y seamos sanados de la indolencia, la pereza y la apatía espiritual, de poca fe y todavía menos buenas obras. Si acudimos y clamamos a Él, Él es poderoso para actuar. ¿Quién sabe si en este próximo culto de oración el Señor nos contestará? Pero, ¿dónde estarás tú cuando los santos se reúnen para orar?
Lucas Batalla

SAMUEL E HIJOS

Texto: 1 Samuel 8:1-7

Nuestro texto relata la historia impresionante de Samuel, un hombre de Dios que sin duda sirvió bien, pero que tomó una mala decisión acerca de sus hijos. No habían seguido su ejemplo, no necesariamente por culpa suya, pues la historia está llena de casos de hijos malos de padres buenos, e hijos buenos de padres malos. No hay porqué automáticamente culpar a los padres, aunque hoy día está de moda. Samuel había seguido y servido a Dios de manera que pocos otros en la historia. Pero sus hijos no imitaron su fe.
    La decisión mala que tomó Samuel era que pese a la condición espiritual de sus hijos, él les puso de jueces. No podía decir que no sabía. Seguramente quería que sus hijos sirviesen al Señor, pero la realidad fue otra. Es malo delegar cosas espirituales a personas no consagradas. Pueden venir de cierta familia de renombre, o tener estudios y títulos, pero no son ésas las cosas que hacen a las personas aptas para servir a Dios. Sus hijos no tenían carrera espiritual. Cuando personas así ocupen puestos de liderazgo y responsabilidad en el pueblo de Dios, es para mal, no para bien. Samuel había sido recto y piadoso, “pero no anduvieron los hijos por los caminos de su padre, antes se volvieron tras la avaricia, dejándose sobornar y pervirtiendo el derecho” (v. 3). La espiritualidad no es una herencia, sino una decisión personal.
    Todavía es verdad hoy, que cuando los que son así lleguen al liderazgo de la congregación, es día malo y triste. Tal vez se portan más o menos durante la vida de los verdaderos siervos de Dios, pero cuando ellos no estén, los nuevos “líderes” encaminan malamente al pueblo, porque no son guiados por el Espíritu de Dios, sino por su propio corazón. Entonces, el pueblo empieza a escuchar voces que no son de Dios. Por ejemplo, como solemos ver en estas fechas, vienen diciendo que está bien celebrar la navidad, reyes u otras fiestas católicas. Enseñan mal porque no tienen base bíblica sino sólo parentezco o amistad con uno que era hombre de Dios. Celebran “el cumple de Jesús”, dícen, en un día que no es su fecha, y además, Dios ni siquiera nos manda hacerlo. Y ponen el árbol que no es más que un símbolo pagano y como un talisman, por muchas luces que pongan. Como los hijos de Samuel, no son como los varones de Dios antes de ellos.
    Y el pueblo habló con Samuel poniendo queja: “tus hijos no andan en tus caminos” (v. 5). ¡Qué triste es cuando nuestros hijos no anden en nuestros caminos. Era la situación de Samuel. Juan dice que no hay mayor gozo que ver a sus hijos caminando en la fe (3 Jn. 4). Ahí habla de hijos espirituales, es decir, personas que han creído cuando él predicaba el evangelio, o personas que él había enseñado y discipulado, como Pablo habla de Timoteo (1 Ti. 1:2) y de Tito (Tit. 1:4). Proverbios contiene consejos de un padre creyente a sus hijos. Los hijos de creyentes deberían seguir la fe de sus padres, no por tradición sino por convicción.  Y los creyentes que reciben de hombres de Dios instrucción, deben mantenerse fieles: “Pero persiste tú en lo que has aprendido y te persuadiste, sabiendo de quién has aprendido” (2 Ti. 3:14). Pero cuando no es así en la familia o en la iglesia, hay que poner una linea divisoria.
    Los hijos de Samuel pervirtieron el derecho (v. 3), y perdieron el respeto y la confianza del pueblo de Dios. Pero la solución que quiso el pueblo no era buena: “un rey que nos juzgue” (v. 5). ¿A caso Dios no les juzgaba bien? Querían ser como los del mundo. ¡Qué barbaridad – ser como las naciones! El pueblo huía de un mal y se metía en otro. En lugar de mantenerse separados y confiar en Dios, querían ser como las naciones paganas alrededor suyo. Su lógica probablemente era que a ellas les va bien y están mas seguras y mejor organizadas o estructuradas. Pero eso era la sabiduría humana, no la guía de Dios. Hoy hay asambleas que quieren tener a un pastor asalariado, o un “obrero a tiempo completo”, para guiarles. Les parece mejor ser como las demás iglesias, las denominaciones. 
    A veces damos pasos sin hablar con Dios. Quizás Samuel había hecho esto cuando nombró a sus hijos como jueces. Pero parece que recapacitó, y frente a la petición del pueblo Samuel oró (v. 6).
    En los versículos 7-9 Dios responde e identifica el problema, el cual es que el pueblo había rechazado a Dios. Creían en Él, pero no querían hacer lo que Él decía (véase Lc. 6:46). Es largo el historial de la nación de Israel (v. 8), “dejándome a mí”. Querían a un gúia ciego y pensaban que así les iría bien.
    La historia se repite, porque 2 Timoteo 4:3-4 predice el tiempo cuando en las iglesias, los profesados creyentes no soportarán la sana doctrina. Querrán oír algo, pero no lo que Dios dice, así que amontonarán para sí maestros que prediquen a gusto de ellos. De la verdad se irán a las fábulas, y del gobierno de Dios al gobierno de la carne.
    En los versículos 10-18 Samuel dirigido por Dios protesta ante el pueblo y declara cómo será si ponen a un hombre por rey en lugar de Dios. Advierte: “Y clamaréis aquel día a causa de vuestro rey que os habréis elegido, mas Jehová no os responderá en aquel día” (v. 18).
    Pero los versículos 19-20 informan que “el pueblo no quiso oír la voz de Samuel”. El problema no estaba en la comprensión. Entendían bien lo que él había dicho. El problema estaba en la voluntad de ellos: “no quiso oír”. Ya habían decidido entre ellos lo que querían, y no iban a aceptar otra respuesta. No querían oír, porque no querían cambiar. Así fue luego durante los días de Jeremías, cuando Dios llamó al pueblo a parar, escuchar Su voz y buscar el buen camino, pero la respuesta fue: “no” (Jer. 6:16-17). Considera la lógica equivocada del pueblo ante Samuel. “Nosotros seremos también como todas las naciones”. ¡Qué deseo más pobre e indigno del pueblo de Dios – ser como las naciones que Dios no escogió, y que Dios había echado de ahí para darles la tierra. ¿Para qué quisiera uno ser como los del mundo perdido? ¡Es un afán loco! Y en la asamblea, ¿qué sentido tiene cuando quieren ser como los demás? “En la iglesia tal hacen esto y les va bien”, dicen, para que lo copiemos. Pero debemos hacer lo que Dios manda, no lo que se les ha ocurrido a otros. ¿Les va bien? Tal vez ahora sí, pero no en el Tribunal de Cristo. Hay que recordar esto. También dijeron a Samuel: “Saldrá delante de nosotros, y hará nuestras guerras”. Pero ¿quién estaba en la linea de combate? ¡El pueblo, no el rey!
    En los versículos 21-22 Dios dejó al pueblo llevar a cabo su deseo, pero tengamos una cosa muy clara, hermanos, eso era un juicio, no una bendición. Cuando Dios nos deje salirnos con la nuestra, es un juicio. Somos enseñados a orar: “hágase tu voluntad”, porque la de Dios es “buena... agradable y perfecta” (Ro. 12:2). El problema viene cuando nos persuade nuestra lógica, no la Palabra de Dios, o nuestros deseos, no la voluntad de Dios.
    Así que el pueblo no quiso a los hijos impíos de Samuel, pero se fue de un error a otro, y quiso poner a un hombre imperfecto antes que al Dios santo. Mejor siempre es esperar en Dios y dejarle a Él guiar y proveer, que manipular las cosas y poner soluciones como nos parece. Dios no se equivoca, pero nosotros sí. Por eso, rechacemos nuestra lógica y confiemos siempre en el Señor y Su Palabra. ¡El sabe mejor!

Saturday, June 3, 2017

CRISTO NOS DEJÓ EJEMPLO

Texto: 1 Pedro 2:21
           
Quiero llamar vuestra atención al propósito que el apóstol Pedro elucida: “dejándonos ejemplo para que sigáis sus pisadas”. La gente alrededor nuestro no vive como nosotros ni piensa como nosotros. Tiene ideas confusas y una mente torcida por el pecado y entenebrecida por el príncipe de este mundo. Algunos son religiosos y a la vez supersticiosos. No quieren romper una foto, etc. Otros blasfeman y piensan mal. En fin, no son como nosotros. Nuestra vida es un testimonio a ellos si seguimos la voluntad de Dios. Las palabras: “para esto fuisteis llamados” indican la vida de seguirle a Cristo. Por supuesto que se trata de los verdaderos creyentes, porque sólo para ellos es Cristo ejemplo. Él no vino para ponerle ejemplo de amor al mundo, ni cosas así que la gente comunmente dice. Vino para morir en la cruz por nuestros pecados y proveer redención. Pero los que hemos creído en Él, y somos Suyos, debemos seguirle, pues es para nosotros Su ejemplo. Tenemos que serle fieles en toda área de nuestra vida. Por ejemplo, en el trabajo: honestos (vv. 17-20). Seguir las pisadas del Cristo es no pecar, no engañar con la boca, no responder con maldicion, no amenazar.
    A Ghandi siempre le gustaba leer acerca de Cristo. Pero vio muchas contradicciones en las iglesias cristianas que observaba. Le preguntaron si era cristiano y respondio que todavía no. Dijo que se haría cristiano cuando encontrara a alguien siguiendo a Cristo y no sólo hablando de Él. A veces atrae más el testimonio de la vida al principio, porque es lo que los demás ven. Entonces cabe preguntar: ¿Qué tipo de personas nos ha hecho el cristianismo? ¿Qué comunicamos acerca de Cristo con nuestras actitudes, conversaciones y hechos? ¿Qué observan los demás en nuestro comportamiento; es buena “publicidad” para Jesucristo?
    En Jerusalén, Antioquía, Berea, Tesalónica, Éfeso y otros lugares los demás vieron el buen testimonio de los creyentes. En nuestro texto, Pedro toca una cosa que los cristianos tienen que hacer – es no ser vengativos cuando suframos. La venganza pertenece a Dios. Dejémosla en manos de Dios, en oración, y pidamos fuerza para seguir adelante sin estar amargados, resentidos ni enojados. Pedro dice que Jesucristo nos dejó ejemplo para seguir en esto. En el principio del libro de Hechos, la gente se dio cuenta de la predicación y de las vidas de los apóstoles, y se dio cuenta que habían estado con Jesús (Hch. 4:13). Llevaban Su imagen, en la conducta ante los malos tratos, se les notaba la influencia de Cristo.
    El Señor dijo: “me seréis testigos...” y esto incluye las palabras y los hechos, porque debemos testificar de ambas maneras y que nuestros hechos no anulen ni contradigan nuestras palabras. Le representamos como embajadores. Entonces siempre es importante nuestra conducta.
    Pero hoy en día carecen de este ejemplo de conducta santa muchos de los que se llaman creyentes. Se portan, hablan y actúan como los del mundo y a veces peores. No son sensibles a Dios y a Su Palabra. Se juntan con los desobedientes y burladores, y tienen buena amistad – no persecución – de los que viven de espaldas a Dios. No oran. No testifican. No practican la devoción a Cristo. No son honestos e íntegros en su trabajo. Sus amores son de las cosas del mundo, y tendríamos que decirles lo que el Señor dijo a Sus medio hermanos: “No puede el mundo  aborreceros a vosotros” (Jn. 7:7). Ese es un cristianismo fracasado y falso.
    El Señor quiere que le sigamos, y si lo hacemos el mundo que le aborrece a Él nos aborrecerá a nosotros. Pero no hay que desmayarse por eso, ni amagarse ni enojarse. Hay que serle fieles no sólo en lo que creemos sino también en los hechos, porque es el significado de las palabras “para que sigáis sus pisadas”. Hay que soportar la reacción injusta del mundo, encomendar nuestra causa al que juzga justamente (v. 23), y seguir adelante. “Para esto fuisteis llamados”.
    ¡Qué bonito conocer a alguien que padeció por nosotros! No lo hizo de mal humor, enojado ni quejándose, sino que humildemente fue obediente hasta la muerte y muerte de cruz, para redimir nuestras almas. El Justo sufrió por los injustos, para llevarnos a Dios. El Calvario era un lugar de condena y crucifixión, donde Él fue, inocente y dócil, a sufrir por nosotros. Sigamos Su ejemplo de devoción fiel a la voluntad de Dios y no nos dejemos trastornar por las consecuencias en el mundo. Un día Él que juzga justamente lo enderezará todo, así que confiemos y esperemos en Él.

Salmo 125 PAZ

La Dicha de Confiar en el Señor


Texto: Salmo 125
Este hermoso salmo es un canto de confianza en la bondad y la misericordia de Dios. El salmista compara la vida del creyente con el monte de Sión, escogido y protegido por el Señor; un lugar de su Su presencia especial y Su favor. Se puede ver también una comparación de la seguridad del creyente con la ciudad de Jerusalén.
    Nos habla del crecimiento en la fe. El versículo 1 dice: “los que confían”. Normalmente el ser humano confía en lo que ve, pero los creyentes confíamos en alguien que no vemos. Hebreos 11:1 describe la fe como “la convicción de lo que no se ve”. Confiamos, y amamos al Señor, como dice Pedro, “sin haberle visto” (1 P. 1:8). El creyente no necesita arte religiosa, imágenes e iconos, porque “el justo vivirá por fe” (He. 10:38, véase Hab. 2:4). Y el Señor nos guarda, guía y bendice porque confiamos en Él. Por eso estamos firmes. Muchos saben algo acerca de Dios pero no confían realmente en Él, no dejarían su vida en Sus manos. Lo tienen como los bomberos, sólo para llamar pidiendo socorro en casos extremos. Entonces están llevados en el vaivén del mundo. Pero cuanto más confiamos en Dios, más seguros estamos y más pronto viene a ayudarnos. Es curioso, pero la gente confía en muñecos de santos, esto es, en ídolos, estatuas y figuras, y les pide cosas y les rinde homenaje. Pero recuerda a los tres jóvenes hebreos en Babilonia que dijeron al rey que no se iban a doblar ante su imagen – porque ellos confiaron en el Señor, y por eso no cambiaron. No pudieron ser presionados en cambiar, porque tenían fe, convicción, confianza en Dios.
    El versículo 2 habla de cómo Jerusalén tienen montes alrededor de ella. Así Dios rodea y protégé a los Suyos, “para siempre”. Job 1:10 habla de cómo Dios le protegía a Job. Salmo 94:12-14 dice que Jehová no abandonará a Su pueblo. El salmo que es nuestro texto fue cantado por el pueblo yendo a Jerusalén. Fue compuesto y cantado para estimular su confianza y gratitud, y tiene ese mismo efecto en nosotros, si permitimos que la Palabra de Dios mora en nostotros en abundancia (Col. 3:16). Ella nos oriente y nos anima. El problema que tienen los judíos hoy es que no confían en Jehová, y de ahí su castigo y dolor.
    El versículo 3 declara que Dios no dejará reposar la vara de iniquidad sobre los Suyos. Los castiga, sí, pero cuanto más fuertes los golpes más pronto trae el bálsamo para curar, y detiene la maldad para que no se pase. Él quiere educar a Su pueblo, no aniquilarlo, ni lo permitirá.
    El versículo 4 expresa una petición: “Haz bien, oh Jehová, a los buenos, y a los que son rectos en su corazón”. No hay que pedir la bendición de los malos. La bendición es para los que caminan con Dios, esperan en Él, confían en Él, buscan Su rostro y le piden ayuda, porque como el versículo 1 dice, ellos “confían en Jehová”. Jehová es quien puede hacernos bien, no los psicólogos ni otros. Me acuerdo de la ilustración del payaso. Un hombre fue a un psicólogo para contarle su depresión y desesperación, que se sentía tan afligido con sus problemas que había perdido toda esperanza. El psicólogo le dijo que necesitaba dejar de pensar en todo eso, y respirar otros aires. Le recetó visitar un circo que estaba en la ciudad, porque había un payaso en ese circo que hacía reir a la gente y eso le iría bien. Entonces aquel hombre dijo: “yo soy aquel payaso”. Todas sus risas y payasadas eran sólo de fachada. Así vive mucha gente que no confía en el Señor.
    El versículo 5 dice: “mas”, y marca un contraste. Dios no va a hacer bien a los malos, a los que se apartan tras sus perversidades. Viven para satisfacer la naturaleza humana, piensan y hacen cosas malas, blasfeman, viven en toda clase de pecado, y se enojan si alguien les habla de Dios, de justicia, de salvación. Estos renegados correrán la misma suerte que los impíos del versículo 3. Aquí el salmista predice el fin del malo.
    Termina con “paz”, no para los malos, sino para Su pueblo, para Israel, aunque las naciones no quieran la paz de Israel, Dios sí, y así será. Hay paz también para el creyente hoy: paz con Dios, paz en Cristo por Su sangre, paz ahora y en el futuro, paz ante la muerte que da miedo a los que no conocen al Señor, pero no a nosotros. Tenemos paz. Vivimos en paz. Nos iremos en paz, y la tendremos para siempre. Así es la dicha de los que confían en el Señor. Amén.

Friday, April 28, 2017

JOSÍAS: "HIZO LO RECTO"


Texto: 2 Reyes 22:1-2

     Podríamos resumir la vida de Josías con estas tres palabras: “hizo lo recto” – y que así sea el resumen de la vida de cada uno de nosotros. Manasés, el abuelo de Josías, era un rey malísimo como 2 Reyes 21:1-18 relata. Y su hijo Amón, padre de Josías, también era malo, cortado del mismo patrón que su padre, y Dios le quitó la vida después de dos años de reinar. Así llegó Josías al trono con sólo ocho años de edad. Entonces, lo bueno de toda esta historia es lo que hizo Josías. No fue como su padre ni su abuelo. El énfasis puesto por las palabras: “hizo lo recto” señala lo que Dios ve, y lo que quiere de cada uno de nosotros. Somos responsables por nuestras decisiones y hechos delante de Dios, y no podemos echar la culpa a otros. En nuestros tiempos no hay muchos fieles, y entre los jóvenes solteros y matrimonios jóvenes parece que hay menos – porque no tienen convicción ni valor para guardar sin cambiar lo que han sido enseñados. Son más como Manasés, hijo malo de un rey bueno, que cuando murió Ezequías y Manasés llegó al poder, empezaba a cambiar todo. Y después de muerto el buen rey Josías, sus propios hijos hicieron la misma mala jugada y cambiaron todo. En lugar de guardar fielmente lo que un padre piadoso había establecido y hecho para el Señor, éstos querían las cosas más contemporáneas, y así son muchos hoy en día. Hermanos jóvenes, si queréis ser fieles al Señor, debéis buscar la amistad y el compañerismo de los mayores que vosotros que son fieles, y no andar sólo con los de vuestra edad. Como Josué estuvo con Moisés, como los doce estuvieron con el Señor, como Timoteo y Tito y otros estuvieron con Pablo, así podemos aprender y aprovechar para bien la comunión de los que han andado más tiempo en los caminos del Señor. Los grupos de jóvenes y campamentos de jóvenes no os ofrecen esta clase de instrucción y ejemplo que vemos en la Biblia, y además hoy en día muchos se ocupan más de diversiones que de otra cosa.
    Para empezar, si uno tiene padres fieles y que aman al Señor, sin ir más lejos debe empezar allí mismo, cultivar su amistad e imitar el buen ejemplo que tiene a mano. Pero como hemos visto en la Biblia, los hijos de padres piadosos desperdician la oportunidad que Dios les da y que otros jóvenes no tienen. Pablo dijo de Timoteo: “como hijo a padre ha servido conmigo en el evangelio”  (Fil. 2:22). Pocos son los hijos que honran a sus padres sirviendo con ellos, y pocos son los jóvenes que sirven bajo el mando de uno de otra generación, pero Pablo dice que es uno de los méritos de Timoteo. Así que, hay la posibilidad de buscar la comunión e instrucción de otros fieles hermanos con años de experiencia que están sirviendo al Señor, estudiando y enseñando Su Palabra. Evitad a los que aunque estén en la iglesia, están metidos en el mundo y andan como los del mundo, porque estos no os van a ayudar a crecer y madurar en las cosas de Dios.
    Hoy en muchas partes del mundo se trata de destruir la familia, y por leyes o sociología enseñar otra vida y otras actitudes a las de sus padres, y romper su influencia. Tristemente, muchos padres se han ocupado de la comodidad y la colocación de sus hijos más que de su condición espiritual. Y en otros casos, como el de Manasés, teniendo el buen ejemplo delante, lo despreciaron y se fueron por otro camino. Manasés no anduvo en el camino de Jehová, y por esto no fue digno de imitar. Los que escogen un camino así manifiestan amor propio y desprecio por el buen camino.
    Lo inverso pasó con Josías, porque a pesar de abuelo y padre impíos, él fue sensible e hizo caso de la Palabra del Señor. “Hizo lo recto”. ¡Es una descripción hermosa! No sólo supo lo recto, sino que lo hizo. ¿Qué hacemos con lo que sabemos? Muchos han visto, escuchado y sabido lo recto, pero luego no lo hacen. No así con Josías. “Hizo lo recto”, sí, lo repito esperando que haga mella en nuestra vida. Y el Señor está dispuesto a bendecir a cualquier joven u otro que tome en serio Su Palabra, se humille y se quebrante delante de ella para obedecerla, como hizo Josías. Dios promete honrar a los que le honren, y Josías es un ejemplo de esto, pero Dios también quiere ver la piedad de Josías en nosotros. Gracias a Dios por los que le aconsejaron así con sus ocho añitos, y gracias a Dios porque Josías, cuando se hizo hombre joven de quince años, veinte años y más, no abandonó la devoción y rectitud y piedad que había aprendido, sino que se mantuvo firme, cosa que no muchos jóvenes hacen. Se enredan en el mundo, se hacen inútiles para las cosas de Dios, y no practican la piedad que se les enseñó. ¡Qué triste es esto, especialmente cuando pudieron haber sido como Josías que “hizo lo recto”.
     El secreto de ser uno que hace lo recto ante los ojos de Jehová está en los versículos 18-20. Fue manso y humilde, respondió con temor reverente y contrición. Rasgó sus vestidos y lloró. No se ofendió ni echó la culpa a otros sino se mostró triste y quebrantado delante del Señor. Diossiempre puede usar a personas así. Él da gracia a los humildes pero resiste a los soberbios. Mis hermanos, el temor de Dios y la humildad nos conducen a hacer lo recto. Observad que esto lo puede hacer un joven, y tendrá así un gran futuro bendito. Y todos los que oyen la Palabra de Dios tenemos la oportunidad de escoger el camino correcto. Que Dios nos ayude a imitar este buen ejemplo de ese hombre piadoso que "hizo lo recto". Ni sigamos la senda fácil y popular de la mayoría. ¿Será el resumen de nuestra vida como el de la vida de Josías? Hagamos lo recto ante Dios – porque para esto Él nos ha dado vida.

LA VICTORIA ESTÁ EN EL SEÑOR


Texto: 1 Corintios 15:57-58

En estos dos versículos hay unas instrucciones muy importantes para todo creyente.  Primero, en el versículo 57,  tenemos que dar siempre gracias, porque Dios nos da la victoria. No somos vencidos. Es otro gran motivo de gratitud, entre los muchos que tiene el creyente, y siempre debemos expresar a Dios nuestra gratitud, todos los días.
    Segundo, dice el versículo 58 que tenemos que estar siempre tres cosas: firmes, constantes y creciendo en la obra del Señor. Y hay algo que debemos saber: que nuestro trabajo en el Señor no es en vano. No es pérdida de tiempo ni quedará sin efecto ni recompensa, pues Dios lo promete. No se puede decir esto acerca de muchos trabajos y actividades en el mundo, porque pasarán al olvido y no tendrán ningún efecto en la eternidad. Como escribió C.T. Studd, y los hermanos de antaño nos enseñaron: “Sólo una vida, pronto pasará, sólo lo hecho para Cristo durará”.
    En Hebreos 11:32-40 vemos el triunfo de los fieles en Cristo. En el versículo 34 dice que sacaron fuerzas de debilidad, es decir, de donde no había. Humanamente esto es imposible, pero en el Señor se puede, porque Él nos fortalece. Empezaron en debilidad, pero terminaron venciendo. ¿Cómo? Sólo confiando en el Señor y Su Palabra. Los que se guían por sus sentimientos, lógica o mirando a los demás, no triunfarán al final aunque tengan éxito a corto plazo. Recordemos siempre esto.
    Para que haya victoria, tiene que haber primero lucha, batalla, conflicto, y para ellos y también nosotros hay conflicto, porque el mundo está de momento en manos del maligno, el príncipe de este mundo. Pero la Palabra de Dios es firme – Dios nos da la victoria, y nos lleva siempre en triunfo en el Señor Jesucristo (1 Co. 15:55; 2 Co. 2:14).
    Ahora bien, nuestra victoria no siempre será obvia a los demás. Pablo dijo que cuando era débil, era fuerte. Él había aprendido esto en las muchas pruebas que le sobrevinieron durante su ministerio. Servía a Cristo y le glorificaba, sin embargo tuvo que pasar por pruebas y dificultades. El mundo y los hombres están en manos del maligno y él los usa para atacar al creyente. Vivimos en un mundo que está en guerra espiritual.
    Para conocer esta victoria tenemos que estar en pie de guerra contra el mundo. No podemos hacer las paces, pues la paz la traerá el Capitán de nuestra fe, el Señor, cuando venga a reinar. Hasta entonces nos toca serle fieles en el conflicto y no volver atrás. El mundo odia el evangelio y Cristo, y cuidado, que no nos adaptemos para quedar bien con los del mundo ni busquemos su aprobación. ¡Para qué! Hay que ser fieles a todo costo (véase Sal. 1:1). Entonces en nuestra devoción y fidelidad, aunque haya conflicto, veremos la ayuda del Señor.
    Pablo fue apedreado y dejado por muerto (Hch. 14:20-22). Predicó hasta el punto de ser apedreado, ¡pensemos en esto! Nosotros tenemos que pedir al Señor que nos perdone, hermanos, y que nos quite la cobardía, y que haya verdadera devoción en nuestro corazón y vida.
    Pablo dijo a los nuevos creyentes (Hch. 14:22) que es necesario que a través de muchas tribulaciones entremos en el reino. Les hizo saber desde el principio que hay guerra y conflicto, pero el Señor daría la victoria.
    Hechos 16:20-24 es otro ejemplo de cómo fueron fieles los primeros creyentes y sufrieron por ello: azotados con varas, condenados injustamente y echados en la cárcel. Parecía ser el final de la obra en Filipos, pero Dios tenía otro plan, y Cristo dio la victoria. Más adelante en el capítulo, en los versículos 25-34 se convirtió el carcelero y su familia. De la debilidad salió poder, el poder de Dios usando a Pablo, un vaso débil. Y hoy en día, hermanos, en todo lugar el problema de la iglesia es falta de devoción y fidelidad al Señor, falta de oración y testimonio. Sin estas cosas no hay poder. Si andamos como los del mundo no tendremos poder. El poder y la victoria están en el Señor. Separados de Él nada podemos hacer.

EL GOBIERNO DE DIOS Y LOS GOBIERNOS DE LOS HOMBRES



Texto: Deuteronomio 17:14-20

Dios al dar estas instrucciones indicaba que sabía que Israel le rechazaría y demandaría un rey como las naciones. En 1 Samuel 8:5 vemos que es lo que pasó en tiempos de Samuel. Es un error desear un gobierno como las naciones porque ninguno hay bueno – sólo el de Dios.
    La democracia aunque muy popular hoy en día, no es cristiana. Es otro invento de los hombres. La soberanía no la tiene el pueblo, sino Dios. La democracia se ha metido en todo, la familia, la iglesia, las empresas, todo. Muchos dicen que el gobierno de monarcas es tiranía, y hay muchos caso que sí, pero el plan de Dios es una monarquía benigna y divina, una teocracia. Dios gobernará perfectamente. En el Antiguo Testamento el monarca piadoso y benigno era permitido por Dios como este texto en Deuteronomio bien enseña. Pero como Daniel 2:44 promete, un día Dios pondrá fin a los gobiernos humanos y establecerá un reino que jamás terminará.
    Las primeras generaciones después del diluvio se gobernaban por una especie de democracia, es decir, la voluntad del pueblo. Surgió Nimrod para liderar y decir democráticamente: “hagamos”, etc., y se edificó la ciudad y torre de Babel. Pero Dios los juzgó con confusión de lenguas, parando las pretensiones de Nimrod de unir a todo el mundo bajo su gobierno. Luego, en Daniel 7:1-14, vemos los gobiernos del mundo representado por cuatro bestias.
    La voluntad del pueblo es mala, porque como la Biblia describe la humanidad en Génesis 6, todavía el hombre es así: “la maldad de los hombres era mucha en la tierra, y que todo designio de los pensamientos del corazón de ellos era de continuo solamente el mal”.  Cuando Dios mandó el diluvio para juzgar a la mayoría perversa, sólo una menoría se salvó: Noé y siete más. Ocho personas estuvieron en la razón y todo el resto de mundo estaba equivocado. Y desde entonces no ha mejorado. Hoy, gracias a la democracia, mirad en qué mundo vivimos, que anda de mal en peor. Tenemos el aborto, la sodomía, la prostitución, las drogas, el asesinato, y a los que están en las cárceles se les da un sueldo, y los tratan como si tuviesen más derechos que otros. Así es “la voluntad del pueblo”.
    En Números 13 vemos la mayoría de los espías, diez hombres contra dos, y prevalecieron con el pueblo, y el resultado fue que Dios juzgó al pueblo (13:33; 14:1-4). La mayoría, el pueblo soberano, se rebeló contra la voluntad de Dios y pereció. Dios no respeta la mayoría. Fueron advertidos en el versículo 9, “no seáis rebeldes contra Jehová” – es terreno peligroso como pronto aprendieron.
    Otro caso está en Números 16, la rebelión de Coré, que es otro ejemplo de la mayoría. En el versículo 3 hablaron democráticamente: “toda la congregación, todos ellos son santos y en medio de ellos está Jehová”. Pues no. Dios no estaba en medio de ellos, la mayoría. Dios no aprueba ni apoya esto. Dios no está con los más. No es así mis hermanos, ni ahora ni nunca en la historia ha sido así. No digamos esto. Dios está con los que le temen, confían en Él y le obedecer, y son pocos. Aun entre las iglesias hoy en día son pocos, porque hay muchas iglesias con mucha gente, y con clase alta y pudiente, sus médicos, abogados, políticos, etc., y mucha gente alegre, pero alegre porque se sale con la suya. Como se imponga la Palabra de Dios en estos lugares, todos estos se van. El Señor no está con ellos, y Dios tuvo que juzgar duramente a Coré y su séquito para parar esta idea de la voluntad del pueblo.
    En el Nuevo Testamento, Poncio Pilato escuchó la voz de la mayoría porque eran muchos, gritaban e imponían su voluntad. Querían la muerte del Señor Jesús – quitarle de en medio – como el Salmo 2 dice que su juntan y toman consejo contra el Señor. La historia de esta ignominia es triste – la voluntad del pueblo, la soberanía del pueblo.
    Recordemos que con Gedeón el Señor le redujo el gran ejército a una menoría pequeñísima, a trescientos hombres, y estos poquitos ganaron, vencieron a una gran muchedumbre.
    Al rey Amasías el Señor dijo que despidiera aquella gran multitud de impíos (2 Cr. 25:5-12), y así le condujo a la batalla y a la victoria.
    Entonces, ante estos ejemplos, ¿qué hacemos frente al gobierno? Nos sometemos y obedecemos. Pagamos el tributo y oramos. Allí termina nuestra responsabilidad. Los gobiernos son puestos y permitidos por Dios (Ro. 13:1-5), pero no para que participemos en ellos. Dios tiene otro plan para los Suyos. Lo nuestro es predicar el evangelio y seguir al Señor Jesucristo.
    La iglesia no puede crecer mucho en nuestro tiempo, porque crece la democracia y todos creen que tienen voz y voto y pueden hacer lo que quiere la mayoría. No se quieren someter al gobierno de Dios ni a los hombres que Él ha puesto para pastorear y guiar a los santos. Estamos viviendo tiempos como los de los jueces en Israel cuando cada uno hacía lo que le parecía. Eran tiempos malos entonces, y también son malos ahora.
    En las cosas de Dios tiene que haber un mismo sentir, pero guiado por la Palabra de Dios y el Espíritu Santo, no el espíritu del hombre y la lógica humana. Algunos citan Hechos 6 como ejemplo de democracia en la iglesia, pero aquello no era gobierno, sino distribución de comida y por eso la confianza de todos era necesaria porque por eso surgió el conflicto. No hay voz de mayoría en la iglesia, sino unanimidad guiado por el Espíritu Santo y la Palabra de Dios, siguiendo la doctrina apostólica (Hch. 15:22-23; Fil. 2:2; 1 Co. 1:10; Ef. 1:21-22; 5:21).
    En la iglesia Jesucristo es el Señor; es la cabeza, es el Príncipe de los pastores, y Él gobierna. En 1 Corintios 12:12 vemos la unidad: el cuerpo es uno, no una mayoría. El Señor Jesucristo gobierna Su cuerpo. Así que, dejemos estas ideas de hacer sondeo de opinión de todos para ver cuál es la voluntad prevaleciente. No se va a decidir nada así. En la iglesia se debe hacer la voluntad de Dios, como en el cielo, así también en la tierra. Y un día será así en todo el mundo, porque toda rodilla se doblará y toda lengua confesará que Jesucristo es el Señor para gloria de Dios Padre. Amén.