Monday, May 18, 2020

Fe, Amor y Paciencia en las Pruebas

por Lucas Batalla

Monumento a Alejandro Magno en Tesalonica


Texto: 2 Tesalonicenses 1:1-4

En esta hermosa e importante epístola, Pablo hace al menos tres cosas. En el capítulo 1 les consuela y anima en sus tribulaciones. En el capítulo 2 aclara el error y la confusión que había surgido acerca del día del Señor (día de juicio – la Tribulación), y advierte que no era suya una carta que circulaba diciendo que estaban en la Tribulación. En el capítulo 3 corrige la conducta indebida de los que no querían trabajar.
    Los tesalonicenses, en la primera visita de Pablo (su segundo viaje misionero), recibieron la Palabra de Dios, el evangelio, “en medio de gran tribulación” (1 Ts. 1:6; 2:14; 3:3). Fue duro el camino, pero no se volvieron atrás, y por eso Pablo dice “conocemos...vuestra elección” (1 Ts. 1:4), porque había pruebas de su fe, señales de vida. En la segunda epístola vemos que no había terminado el sufrimiento. Y para hacer la cosa peor, surgieron algunos falsos maestros diciendo que la iglesia pasaba por la Tribulación – el día del Señor. Para animarles y corregir esto Pablo escribe esta gran epístola. En los versículos 1 y 2 tenemos la salutación. En los versículos 3 y 4 tenemos las acciones de gracias. En los versículos del 5 al 10 tenemos la certeza del juicio venidero, y en los versículos 11 y 12 tenemos una oración.
    Los creyentes de allá pasaban por muchas dificultades, y es así la vida cristiana si realmente somos fieles al Señor y vivimos en santidad, porque 2 Timoteo 3:12 afirma: “todos los que quieren vivir piadosamente en Cristo Jesús padecerán persecución”. No nos libramos en la vida de estas cosas, excepto cuando andamos en amistad con el mundo y callamos en lugar de testificar. Pablo escribió para alentarles en medio de la pesecución – es triste decirlo pero viene también de la familia, porque el diablo recluta de los suyos a los más cerca de nosotros para oponernos, afligirnos, y si es posible, desviarnos. Recordemos el ejemplo del Salmo 1:1 y no andemos con los impíos, ni siquiera cuando son familia. Dios primero, cueste lo que cueste.
   
Salutación (vv. 1-2)
    En el versículo 1 aparecen “Pablo, Silvano y Timoteo”, así como en 1 Tesalonicenses 1:1. Todavía estaban juntos y se dirigían nuevamente a los amados hermanos en Tesalónica. Estas dos epístolas son cartas inspiradas para ense;ar y ayudar cuando no era posible estar físicamente presente. Ya no hay más inspiración. Pero todavía podemos usar cartas para enseñar, aconsejar y animar, siempre y cuando se adhiere a las Escrituras.
    “La iglesia de los tesalonicenses” está descrita usando la preposición “en” dos veces: “en Dios Padre y en el Señor Jesucristo”, para que se acuerden de su posición espiritual. Son de Dios, y Él les cuida. Las circunstancias no pueden separar al creyente del amor de Dios que es en Cristo Jesús (Ro. 8:39).
    En el versículo 2 les desea y envía, no dinero, sino “gracia y paz”, cosas que vienen de Dios Padre y del Señor Jesucristo. Algunos piensan que el dinero resuleve todos los problemas, pero se equivocan. La gracia de Dios y Su paz nos ayudan en medio de las dificultades de la vida.

Acción de Gracias (vv. 3-4)
    “Debemos siempre dar gracias a Dios por vosotros” (v. 3). Los creyentes siempre debemos estar agradecidos a Dios, porque Él no falla en Su cuidado de nosotros. Aunque estemos en el hospital – demos gracias, o rechazados – demos gracias y gocémonos (Hch. 5:41), o necesitados – demos gracias. En el mundo todos se quejan y murmuran constantemente. “Sed agradecidos” (Col. 3:15).
    Pero aquí, Pablo y sus compañeros dan gracias siempre por los tesalonicenses, como habían hecho en la primera epístola. “Damos siempre gracias a Dios por todos vosotros” (1 Ts. 1:2). “...Sin cesar damos gracias a Dios, de que cuando recibisteis la palabra de Dios que oísteis de nosotros, la recibisteis no como palabra de hombres, sino según es en verdad, la palabra de Dios” (1 Ts. 2:13).  “...¿qué acción de gracias podremos dar a Dios por vosotros...?” (1 Ts. 3:9). Y nuevamente en la segunda epístola: “Pero nosotros debemos dar siempre gracias a Dios respecto a vosotros” (2 Ts. 2:13). La iglesia en Tesalónica causaba gratitud apostólica.
    Pero no todas son así. No podemos dar gracias por muchas iglesias hoy, porque sus doctrinas y prácticas no agradan al Señor, no son fieles a Su Palabra. Hay que discernir entre lo bueno y lo malo, pero llaman bueno lo malo y malo lo bueno. Cuando una iglesia dice a las mujeres que no hay que llevar el velo, ni guardar silencio, es malo. Desechan la vestimenta santa, modesta y reverente y que distingue entre los sexos. Y la palabra que usa para introducir esas cosas es “cultural”. Los liberales hablan de “volver a examinar”, “pensar nuevamente” y “volver a plantearse ideas”, pero lo que realmente hacen es buscar la manera de no sujetarse a lo que la Biblia dice. Las enseñanzas del Nuevo Testamento no son culturales, sino “mandamientos del Señor” y “doctrina apostólica”. Algunas iglesias enseñan el calvinismo y la teología de la Reforma. Otras enseñan el ecumenismo. El evangelio de la gracia de Dios es atacado tanto por el uno como por el otro. Entra la música contemporánea – o sea – la del mundo. Hay pastores asalariados que predican la vida de fe pero no la viven. Los apóstoles no dan gracias por esas cosas, ni tampoco nosotros. Seamos hermanos e iglesias que causan gratitud, no consternación y tristeza.
    ¿Por qué dan gracias Pablo, Silvano y Timoteo? “Por cuanto vuestra fe va creciendo, y el amor de todos y cada uno de vosotros abunda para con los demás” (v. 3) La fe de ellos crecía pese a las circunstancias. No era fácil. ¿Crees que los héroes de la fe en Hebreos 11 lo tenían fácil? ¡No, sino hubo conflicto, dificultades y oposición, y tuvieron que hacer sacrificios! Y cuando crece la fe, crece el amor, porque van juntos.
    En el versículo 4 leemos “nosotros mismos nos gloriamos de vosotros en las iglesias de Dios”. Eran ejemplo a los demás de cómo soportar la persecución y manifestar fe y amor.  En Romanos 12:10 Pablo manda a los romanos: “Amaos los unos a los otros con amor fraternal”. Había ejemplo en Tesalónica. Al decir: “las iglesias de Dios”, reconoce que Dios es Dueño, Protector y Señor en ellas.
    Hablaron de ellos así: “vuestra paciencia y fe en todas vuestras persecuciones y tribulaciones que soportáis”. Paciencia (perseverancia) y fe son marcas de verdaderos creyentes. En las pruebas los falsos se vuelven atrás, pero los fieles, como Job, aguantan. Somos llamados a la paciencia, y Job es puesto como ejemplo (Stg. 5:7, 11). La fe verdadera es fortalecida bajo prueba. Es como hacer flexiones para aumentar los músculos de los brazos. 1 Pedro 1:6-7 habla de la prueba de nuestra fe y el resultado – alabanza, gloria y honra. En Deuteronomio 8:2-3 vemos que Dios manda pruebas para manifestar lo que hay en nosotros, y para enseñarnos: “Y te acordarás de todo el camino por donde te ha traído Jehová tu Dios estos cuarenta años en el desierto, para afligirte, para probarte, para saber lo que había en tu corazón, si habías de guardar o no sus mandamientos. Y te afligió, y te hizo tener hambre, y te sustentó con maná, comida que no conocías tú, ni tus padres la habían conocido, para hacerte saber que no sólo de pan vivirá el hombre, mas de todo lo que sale de la boca de Jehová vivirá el hombre”. No pensemos en las pruebas que Dios nos ha abandonado. Él las usa para nuestro bien.
    Es loable que los tesalonicenses, siendo creyentes por poco tiempo, tenían abundante amor en circunstancias difíciles, y es porque tenían fe. Por eso perseveraron. No eran como muchos hoy que hablan efusivamente y prometen lo que van a hacer para Cristo, pero a la vuelta de un tiempo han claudicado y se han vuelto atrás. No así los tesalonicenses, y por eso Pablo y sus compañeros se gloriaban de ellos. Recuerda que el pez muerto flota con la corriente, y solo el pez vivo puede nadar contra la corriente. Los tesalonicenses tenían la vida de Dios, e iban contra la corriente. Es una señal de vida, y es para la gloria de Dios.
    Recordemos esto, y soportemos con paciencia la oposición y los contratiempos, sin volvernos atrás. Recordemos las palabras de Hebreos 10:35-36. “No perdáis, pues, vuestra confianza, que tiene grande galardón; porque os es necesaria la paciencia, para que habiendo hecho la voluntad de Dios, obtengáis la promesa”.




Tuesday, March 31, 2020

Un Encuentro En Betesda: "¿Quieres ser sano?"


Texto: Juan 5:1-16

Recientemente tuve una cita con el médico para ayudarme con los cervicales. Luego tuve que ir nuevamente por los ojos, porque empezaba a ver destellos de luz en un ojo, y me dijo que podría ser desprendimiento de retina. Me llevó a urgencias para ser atendido y al entrar vi una gran cantidad de gente enferma esperando que un médico le viera. Me acordé de esta escena de Betesda en Juan 5, que es espiritualmente como está el mundo sin Cristo. Betesda significa “casa de misericordia” y vamos a ver cómo un hombre encontró la misericordia encarnada.
    En el versículo 1 observamos el lugar y la fiesta de Jehová, pero dice: “fiesta de los judíos”. También en el 6:4 dice “fiesta de los judíos” hablando de la pascua, y en el 7:2 dice lo mismo pero habla de la fiesta de los tabernáculos. Esta expresión, cambiada de fiesta de Jehová a fiesta de judíos indica que habían llegado a ser meras tradiciones suyas, observadas sin devoción y sin comprensión. Ya no eran para Jehová, y esto parece como el Señor habló en Isaías 1:11 diciendo que estaba cansado de las fiestas de ellos. Todo era externo, nada de corazón, y la devoción estaba ausente de la vida de ellos. Cuando el amor de Dios no está en el corazón, hay sequedad, formalismo, y aun odio y maldad de todo clase. En Jeremías 7 Dios les reprendió por vivir en pecado y luego venir a Sus atrios en el templo. Hermanos, no solo entonces sino todavía hoy la voluntad de Dios para Su pueblo es la santificación.
    En el versículo 2 vemos Betesda – casa de misericordia, “cerca de la puerta de las ovejas” que era donde traían a los animales para los sacrificios. El versículo describe la escena: una gran multitud de enfermos de toda clase, yaciendo y esperando el movimiento del agua. No había otra esperanza para ellos, pues los hombres no los podían curar. Y esto representa la raza humana con la incurable aflicción del pecado y la muerte que trae, y como Romanos 5:6 dice: “débiles” – esto es – impotentes, incapaces.
    ¿Por qué esperaban allí? El versículo 4 explica que esperaban la visita de un ángel, que nadie sabía cuándo vendría, y cuando estorbaba el agua solo una persona se sanaba, la primera que llegara al agua. Los demás tenían que seguir esperando. Hebreos 1 dice que los ángeles son ministros de Dios, y Él los envía a favor nuestro. Algunos críticos se mofan de este relato y dicen que es un cuento o una leyenda sin base. Pero el Espíritu Santo lo relata bajo inspiración y no es un cuento. Quizás Dios a través de esas visitas angelicales preparó todo para la visita de Su Hijo ese día.
    El versículo 5 informa que entre todas esas personas había un hombre que llevaba 38 años enfermo – un largo sufrimiento. No sabemos su enfermedad, quizás nació con ella o algo le pasó cuando era joven, y todavía ahí estaba. Pero quiero deciros que lo peor es la aflicción del pecado, y ese hombre ilustra la humanidad pecaminosa y impotente. Los pecadores no pueden curarse; necesitan la intervención divina.
    Así que, es grato ver en el versículo 6 que el Señor Jesús lo vio y supo su condición. Le pregunto: “¿Quieres ser sano?” ¿Para qué una pregunta así, si parece obvia la respuesta? Porque el Señor quiere y puede, pero no opera en nuestra vida sin que digamos qué queremos. En cuanto a la salvación, por así decir, es con el permiso del pecador. Es importante que reconozcamos nuestra necesidad y la expresemos al Señor.
    En el versículo 7 aquel hombre comenzó a explicar al Señor su situación: “no tengo quién me meta...”. Pasaba los días mirando el agua, esperando que se moviera, pero no tenía a nadie para ayudarle a llegar a ella. En cuanto a la salvación, ningún hombre puede meternos – ni sacerdotes, ni santos, ni iglesia, ni familia, ni vecinos – ¡nadie! Y amigos,  lo peor es no tener quién te meta en el cielo. Por tu cuenta nunca llegarás,  sino solo por el Señor Jesucristo. “Yo soy la puerta, él que por mí entrare será salvo” (Jn. 10:9).  Ese pobre enfermo acostado en el suelo en Betesda no sabía quién estaba delante suyo, pero iba a aprenderlo. Quizás pensaba que el Señor se ofrecía para quedarse con él un tiempo para meterlo en el agua si viniera el ángel, pero ¡no ese no era el plan!
    Vemos en el versículo 8 lo que sólo Cristo puede decir: “Levántate, toma tu lecho y anda”. Durante 38 años no le dijeron esto. Cristo no le mandó a sesiones de terapia, le sanó instantáneamente. “Y al instante aquel hombre fue sanado” (v. 9).  Tomó su lecho y anduvo. El lecho le había llevado todos esos años, pero ahora él llevaba el lecho. ¡Qué escena! Fue así porque cuando el Señor manda, también capacita. Recuerda que en Juan 11:13 dijo al muerto: “¡Lázaro, ven fuera!” y el muerto salió de la tumba. El Señor manifestó en múltiples ocasiones los poderes del Mesías profetizado en el Antiguo Testamento. Expuso así Sus credenciales delante del pueblo.
    Ese día en Betesda era un día de reposo, y por eso los judíos le reprocharon que llevara su lecho en ese día. Pero él explicó por qué lo hizo: “El que me sanó, él mismo me dijo: Toma tu lecho y anda” (v. 11). Cuando preguntaron quién se lo dijo, no pudo contestar porque todavía no sabía (v. 12). Es triste que esos religiosos, en lugar de gozarse con él por el gran cambio, solo buscaban a quién reprender.
    Luego el Señor le encontró y advirtió (v. 14): “Mira, has sido sanado” (físicamente), “no peques más para que no te venga alguna cosa peor”. Esto es, que no se volviera al pecado. Ofendemos muchas veces (Stg. 3:2). Pecamos de muchas maneras: con la mente, las actitudes, los ojos, etc. Pero Dios no nos da la salud para pecar. Es triste olvidarse de la misericordia y volver a nuestras andadas y hechos. “Alguna cosa peor” quiere decir que podría venir peor castigo en esta vida, pero sobre todo, luego la eternidad sin Dios, el pecador se perderá para siempre.
    En el versículo 15 vemos que aquel hombre fue y dio aviso a los religiosos. Identificó a Cristo, quizás para justificarse, no lo sabemos. Es sorprendente que los judíos solo querían matar al Señor por lo que había hecho, porque defendían sus costumbres y sus leyes que ellos habían hecho. Este conflicto sobre el día de reposo surgió multiples veces en los evangelios. Cierto es que hoy los creyentes no guardamos el día de reposo, pero en esto y otras cosas los adventistas se equivocan, y no aceptan la corrección, sino manifiestan actitudes parecidas a las de los fariseos. Muchos se aferran a sus normas y tradiciones religiosas, y se autoexcluyen del bien que Cristo podría hacerles.
    En el versículo 17 el Señor Jesús les respondió: “Mi Padre hasta ahora trabaja, y yo trabajo”. Trabaja Dios todos los días, manteniendo el mundo, llamando a los pecadores al arrepentimiento, contestando las oraciones de Sus santos, etc. Desde la caída de Adán y Eva en el pecado ¡gran trabajo tiene Dios! El mundo está lleno de personas que espiritualmente están en la condición de aquellas personas en Betesda, pero ¡qué pocas quieren que el Señor les salve!
    Pero la reacción de los judíos a esto fue homicida (v. 18). “Aun más procuraban matarle”, por trabajar en el día de reposo, y por afirmar que Dios era Su Padre. Como ciegos y celosos de sus tradiciones solo pensaban como deshacerse de Él. Dios muestra misericordia a cualquiera, a hora y deshora, a los que le buscan y reciben. Que el Señor nos ayude a recordar Su gran poder y misericordia, acudir a Él en todo momento, e invitar a otros a hacer lo mismo.

Tuesday, December 31, 2019

GRAN AYUDA DIVINA



Texto:  Romanos 8:14-28

 Desde el principio este hermoso capítulo nos habla de la santidad, no como un ideal sino algo práctico, divinamente provisto y posible para todo creyente, gracias al Espíritu Santo. El capítulo 8 es uno de mis favoritos porque nos alienta y anima en la vida cristiana, y promete que nada nos separará de Su amor.
    Los versículos 12-13 declaran que no tenemos deuda con la carne, sino con el Espíritu. No vivimos según la carne porque hemos nacido de nuevo. No la debemos nada. La carne sólo conduce a la muerte. En el versículo 13 aparece la frase “por el Espíritu” – que nos enseña cómo hacer las cosas. No vencemos la carne con la ley, sino con el Espíritu.
    El versículo 14 nos describe como “guiados por el Espíritu de Dios”. Es una descripción de todo verdadero hijo de Dios. Ser guiado por el Espíritu es señal y resultado de nacer de nuevo. Una persona inconversa no puede ser guiada por el Espíritu. Está muerta en sus delitos y pecados. Le guía la carne: “los deseos de nuestra carne...la voluntad de la carne y de los pensamientos”. Le guía el mundo y sigue “la corriente de este mundo”. Le guía el diablo, el “príncipe de la potestad del aire, el espíritu que ahora opera en los hijos de desobediencia” (Ef. 2:1-3). Los guiados así son “hijos de ira” que van rumbo a un terrible encuentro: “horrenda cosa es caer en manos del Dios vivo” (He. 10:27, 31). Pero cuando creemos el evangelio, Dios nos salva de todo esto, nos da vida (Ef. 2:1) y recibimos el Espíritu Santo (Ef. 1:13-14). ¿Cómo nos guía Su Espíritu? Hay que tener esto muy claro. No por voces, emociones, sueños, etc. sino  por la Palabra de Dios, la que Él mismo inspiró. El propósito es que la obedezcamos. Por eso es muy importante que nosotros estemos siempre en la Palabra de Dios. Comencemos cada día con ella. Consultémosla antes de tomar decisiones. Hagamos caso de lo que ella dice, porque es así que el Espíritu Santo nos guía.
    En los versículo 15-16 aprendemos que Él es el Espíritu de adopción. Nos hace saber que somos hijos de Dios, y da testimonio – no por hablar en lenguas o bailes, sino por la Palabra de Dios nos lo hace saber. No todos y no muchos son hijos de Dios. Hay hijos del diablo (1 Jn. 3:10). Cristo dijo a los fariseos que eran de su padre el diablo (Jn. 8:44). Pero ¡qué hermoso, consolador y animador es saber que “Amados, ahora somos hijos de Dios” (1 Jn. 3:2).
    Y como somos hijos de Dios, los versículos 17 y 18 testifican de la herencia y la gloria venidera. La vida cristiana en un mundo hostil no es fácil, pero tenemos algo que los del mundo no tienen: una herencia celestial. Los que hacen tesoros en el mundo perderán todo porque la tierra y sus obras serán quemados (2 P. 3:10). ¿Qué padecemientos? Los que son por causa de Cristo, por asociarnos con Él como dice Romanos 8:17, “juntamente con Él”. Llevamos “su vituperio” (He. 13:13). ¡Es imposible ser político y ganar votos por popularidad! La vida de santidad trae padecimiento (2 Ti. 2:12; 3:12), porque no seguimos la corriente del mundo (Ef. 2:2). A los del mundo les parece extraño que no corramos con ellos (1 P. 4:4), y nos ultrajan. pero las aflicciones por ser fieles a Cristo serán recompensadas. Seremos glorificados “juntamente con él”.
    Los versículos 19-25 presentan los gemidos de la creación y los nuestros, esperando la manifestación de los hijos de Dios, es decir, nuestra glorificación. Por el pecado la creación fue sujetada a vanidad y esclavitud de corrupción (vv. 20-21), y por eso gime (v. 22). Nosotros gemimos esperando la redención. No estamos exentos del dolor. El cuerpo gime. También gemimos para ser librados del cuerpo de pecado. Es nuestra esperanza (vv. 23-25). Nada en el mundo nos da esperanza, pero las promesas de Dios, sí.
    En los versículos 26-27 vemos otra ayuda en nuestra presente debilidad. El Espíritu Santo intercede por nosotros. ¡Acaso es poca ayuda? Su intercesión es conforme a la perfecta voluntad de Dios. A veces fallamos en la intercesión por otros, pero Él nunca falla. Y cuando intercede, ¿qué desea? ¡Nuestra santidad! (Ef. 1:4). Desea que sigamos a Cristo, andando como Él anduvo (1 Jn. 2:6). Desea que conozcamos al Señor, Su Palabra y Su gracia (2 P. 3:18). Desea que seamos conformados a la imagen de Cristo (Ro. 8:29). Desea que no seamos engañados por el mundo ni lo amemos (1 Jn. 2:15-17). Desea que crezca y abunde nuestro amor (Fil. 1:9). Desea que seamos llenos del conocimiento de Su voluntad en toda sabiduría e inteligencia (Col. 1:9). Y probablemente gime porque Él desea estas cosas más que nosotros.
    Del versículo 28 surge la pregunta: ¿Quiénes son los que aman a Dios? Son los verdaderos hijos Suyos, nacidos de nuevo (1 Jn. 4:19). Ese amor ha sido derramado en nuestro corazón por el Espíritu Santo (Ro. 5:5). Amamos a Dios y guardamos Sus mandamientos (1 Jn. 5:2).
    Lucas 11:24-26 trata el peligro de los que realmente no han nacido de nuevo.
    “Cuando el espíritu inmundo sale del hombre, anda por lugares secos, buscando reposo; y no hallándolo, dice: Volveré a mi casa de donde salí. Y cuando llega, la halla barrida y adornada. Entonces va, y toma otros siete espíritus peores que él; y entrados, moran allí; y el postrer estado de aquel hombre viene a ser peor que el primero”.
     Son como una casa limpiada pero no habitada, porque se reforman temporalmente, pero no tienen al Espíritu (Ro. 8:9; Jud. 19). La casa (su vida) fue barrida, pero no ocupada por Dios. Entonces, andando el tiempo, éstos serán vencidos por el pecado y las fuerzas del maligno. La falsa conversión trae al final una terrible ruina y un estado peor que antes. Por eso advierte Pedro: “...su postrer estado viene a ser peor que el primero. Porque mejor les hubiera sido no haber conocido el camino de la justicia, que después de haberlo conocido, volverse atrás del santo mandamiento que les fue dado” (2 P. 2:20-21). ¿Cuántas personas hay hoy que fueron bautizadas – remojadas – y luego, después de un tiempo, desaparecen y se vuelven al mundo? La experiencia demuestra que los que siempre están diciendo: “no dejaré al Señor” y “no me echo atrás” son los que suelen marcharse. Aseguran que no lo harán, pero luego algo pasa, tropiezan, o se molestan, o se amargan, o se cansan, o caen en algún pecado, o entran en una amistad mala, o algo así. Y un buen día comienzan a faltar en las reuniones, y pronto desaparecen. Es muy triste, pero ha sucedido muchas veces. No sabemos pero quizás hablan así porque dejarlo y echarse atrás son sus tentaciones. No solemos escuchar a verdaderos creyentes hablar así, porque ni siquiera piensan en tales cosas.   
    Hermanos amados, Dios nos da grandes ayudas, como hemos visto. Nos da Su Palabra llena de consejos, promesas, advertencias, y ejemplos buenos y malos. Nos da Su Espíritu Santo para que more en nosotros como Consolador que nos guía y ayuda. También nos da la comunión de los santos para fortalecernos. No quiere que el creyente esté solo – no es bueno. Tampoco quiere que ande con los del mundo, porque no le harán ningún bien. En Hechos 2:44 todos los que creían estaban juntos. Hechos 4:23-24 cuenta como buscaban la comunión y oraban unánimes. El versículo 32 dice que la multitud de los creyentes era de un corazón y un alma. Aprovechaban las ayudas que Dios da, y esto es lo que necesitamos hacer para crecer y agradar a Dios. Dios provee para nosotros lo mismo que dio a ellos, no cabe duda. Que aprovechemos lo que Él nos da, para Su honor y gloria y nuestro eterno bien.
 Lucas Batalla, 31-3-2019

Monday, September 2, 2019

La Fe de Noé



Texto: Hebreos 11:7

Este versículo contiene mucho, porque resume toda la vida de Noé, que era el nieto de Matusalén y bisnieto de Enoc (Gn. 5:24-29).
    El mundo solo asocia a Noé con el arca, y muchos creen que es un mito. Pero Noé era un hombre literal, histórico, que descendió de Enoc el séptimo desde Adan (Jud. 14). Su genealogía está en Génesis 5. Jesucristo le nombró en Mateo 24, y está en la genealogía de Cristo en Lucas 3. El apóstol Pedro le menció en sus dos epístolas. Que nadie diga que eso fuese una leyenda o parábola.
    Génesis 6 describe las terribles condiciones del mundo antes del diluvio – el primer gran juicio de Dios sobre la humanidad. Dios advirtió a Noé, y él con temor preparó el arca en tierra y en tiempos cuando nunca había llovido. Hebreos 11 dice que lo hizo por fe. Creyó a Dios y actuó, y mediante eso “condenó al mundo, y fue hecho heredero de la justicia que viene por la fe”.
    Al estudiar el texto en Génesis vemos que Dios intervino así en la vida de Noé porque él no seguía la corriente del mundo de su día, sino buscaba a Dios. Génesis 6:8 dice que “Noé halló gracia”, y el versículo 9 añade que era “varón justo” – no como los demás de aquel terrible siglo. Era “perfecto en sus generaciones” y “con Dios caminó Noé” (v. 9), como Enoc su bisabuelo (Gn. 5:22). Vivía en medio de un mundo malísimo. La maldad de los hombres era mucho, y todos sus pensamientos eran de continuo el mal (Gn. 6:5). Toda carne había corrompido su camino (Gn. 6:12). La tierra estaba llena de violencia a causa de ellos (Gn. 6:13), y terrible juicio divino pendía sobre el mundo.
    En esos tiempos, Noé pensaba en Dios, y clamaba a Él. Probablemente era casi el único hombre en el mundo que oraba a Dios. ¡Imagina esto! Hay algo que conmueve el corazón de Dios – es la oración de los que le buscan. No podemos salvar a nuestros hijos, pero Dios sí. Noé, instruido por Dios, preparó el arca, y su familia entró y fue salva del diluvio. El testimonio personal de Noé es importante. No vivía como los demás. Halló gracia, no por una misteriosa elección, sino porque vivía para agradar a Dios. Era distinto: “a ti he visto justo delante de mí en esta generación” (Gn. 7:1).
    Observa en Génesis 6:22 que Noé tenía un corazón dispuesto, tenía fe – confianza en Dios – y obedeció. “Hizo conforme a todo lo que Dios le mandó”. Leemos esta misma idea en Génesis 7:5 y 16. La fe nos conduce a hacer lo que Dios dice, a respetar y obedecer Su Palabra. Así que, ahí estuvo ciento viente años preparando el arca y predicando. 2 Pedro 2:5 le llama “pregonero de justicia”. Podemos imaginar las burlas de la gente, pero Noé no dejó de hacer lo que Dios le dijo. El mundo siempre quiere desviar al creyente para que no sirva a Dios. A Nehemías cuando edificaba el muro de Jerusalen, varias veces los enemigos intentaron hacerle parar, pero siguió y terminó la obra. Hermanos, debemos hacer “conforme” a lo que Dios manda y no parar ni cambiar para dar gusto al mundo que no entiende y cree.
    Dios le dio la gracia, las instrucciones, el conocimiento y las fuerzas, pero Noé tuvo que hacer como Dios había dicho, y eso es la fe – lo que la demuestra. La fe no es un sentimiento, una emoción, ni una teoría o filosofía. Es muy práctica. Cree a Dios y hace lo que Él dice.
    Terminada el arca, y con los animales metidos, Noé y su familia entraron cuando Dios le dijo (Gn. 7:6-7, 16). Solo había una puerta, y nota que fue Dios que cerró la puerta, no Noé. Eso dio seguridad. Noé tuvo que entrar para ser salvo, pero solo Dios cierra la puerta para asegurar la salvación. Pereció todo el mundo y solo se salvaron los que estaban en el arca – ocho personas. La mayoría no cree, todavía es así, pero la mayoría no manda a Dios ni lleva la razón.
    Pasó un año en el arca. Hay tiempos cuando tenemos que sentarnos, estar quietos y esperar en Dios. Este año no fue tiempo perdido, pero qué poco nos gustar parar, meditar y esperar en Dios. Luego en Génesis 8:1 leemos que Dios se acordó de Noé y obró para que las terribles aguas de muerte fuesen quitadas de la tierra. En los versículos 16-19 vemos que salío del arca cuando Dios se lo dijo, al igual como cuando entró. Actuó guiado por la Palabra de Dios, y nosotros también debemos actuar así. Luego hizo algo voluntario que a Dios le gustó. Edificó un altar (Gn. 8:20) y presentó holocausto a Dios. El siguiente versículo dice que “percibió Jehová olor grato” – eso es – que le agradó. La gratitud y la adoración agradan a Dios.
    Hermanos, como Noé, no sigamos al mundo. Recordemos las tres cosas en el Salmo 1:1 que no debemos hacer si queremos bendición de Dios. Hay que separarnos del mundo. Cuánto bien podemos hacer viviendo fielmente para Dios con nuestra familia, y enseñando a los nuestros ejemplo de la vida de fe.
    En Génesis 9:1 Dios bendijo a Noé y sus hijos, y los envió a llenar la tierra. Vemos Su pacto con Noé en el versículo 9, y mencionado repetidas veces en los versículos del 11 al 17. La señal de ese pacto fue el arco iris que Dios hizo. Es una gran blasfemia que los sexualmente perversos utilicen ese símbolo divino dado a Noé, y ciertamente ellos serán juzgados, no con agua, sino con fuego eterno.
    Génesis 9:20-27 relata que Noé labró la tierra, cosa buena, pero se descontroló con el vino, cosa mala. No dice que era continuamente un borracho, sino habla de un hecho puntual. Cuán importante es que nos cuidemos de excesos y de lo que pueda manchar nuestro testimonio. En esta sección aparece el desprecio que le hizo su hijo Cam, por lo que fue maldito, y el respecto y la misericordia que Sem y Jafet tuvieron a su padre, por lo que fueron benditos. Cam, padre de Canaán, fue salvo del diluvio porque entró con su padre en el arca, pero después se perdió por la deshonra: “maldito” (Gn. 9:25). Es la primera persona maldita en el mundo posdiluvio, y fue por cómo trató a su padre.
    Los versículos 28 y 29 resumen los últimos siglos de Noé, sí, siglos, porque tuvo seiscientos años cuando entró en el arca, y murió con novecientos cincuenta años de edad. Así que vivió trescientos cincuenta años después de entrar en el arca, o sea, trescientos cuarenta y nueve después del diluvio. ¡Imagimemos cómo sería tener entre nosotros una persona de más de novecientos años de edad! Para eso tendría que nacer cerca del año 1.100, o sea, en la edad media. Pues Noé tenía todos esos años y vio muchos cambios en el mundo. No es un cuento hermanos. Un día nosotros los creyentes veremos a Noé y hablaremos con él, o más bien le escucharemos.
    Hermanos, tengamos cuidado durante toda la vida, y especialmente en la vejez, en el camino largo, hasta el fin, porque entonces llegaremos a la gloria. No aflojemos. No se puede jubilar de la vida espiritual ni tomar vacaciones de ella. En todo el camino hay peligros en este mundo. Seamos fieles a Dios de principio al final. ¡Qué éste sea nuestro propósito y que el Señor nos dé gracia y fuerzas para vivir así!
Lucas Batalla

Tuesday, August 27, 2019

He Oído Tu Palabra, Y Temí



Texto: Habacuc 3:1-2

Desgraciadamente no muchos tienen hoy la reacción de Habacuc en el versículo 2, “he oído tu palabra, y temí”. José temía a Dios y por eso rehusó tomar a la mujer de Potifar. Exclamó: “¿cómo, pues, haría yo este grande mal, y pecaría contra Dios?” (Gn. 39:9). Hoy pocos reaccionan a la tentación como él, porque hoy hasta los creyentes adolecen del buen temor de Dios. Ese temor es sano y bueno, no es miedo sino temor santo, reverencia. Habacuc lo tuvo porque oía con fe la Palabra de Dios. Necesitamos oír como él, porque nuestro Señor afirmó: “No sólo de pan vivirá el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios”.
    Así que, en el versículo 2 Habacuc sigue: “Oh Jehová, aviva tu obra en medio de los tiempos”. Es necesario hoy orar así, porque el humanismo y la mundanalidad han entrado en las iglesias, y los que ocupan lugares de liderazgo se han desviado. ¿Cuál es la obra de Dios?  La que Él hace – no es cualquier cosa. El Señor obra en el mundo, y en los que creen, y toda la obra de Dios dura. “Todo lo que Dios hace será perpetuo” (Ecl. 3:14). Los imperios y los monumentos de los hombres pasarán y desaparecerán, pero la Palabra de Dios vive y permanece para siempre.
    La más grande de las obras de Dios es la de Cristo en la cruz. Pero Él obró en Israel en el Antiguo Testamento, y obra en la iglesia en el Nuevo Testamento y hasta hoy. Cuando vivimos de acuerdo a Su Palabra, manifestamos Su obra. “Edificaré mi iglesia” dijo el Señor (Mt. 16:18). La iglesia es obra de Dios y por eso si alguien intenta destruirla, Dios le destruirá a él (1 Co. 3:17). Su Palabra obra eficazmente en los que oyen con fe (1 Ts. 2:13). Nosotros también como creyentes debemos obrar, haciendo buenas obras (Ef. 2:10), pero hay que nombrar a Cristo, para que sepan que es por Él que las hacemos, para que Él reciba la gloria.
    El pan de hoy deja a la gente con hambre mañana, pero la Palabra de Dios llena siempre. Habacuc oyó Su Palabra, temió, y pidió el avivamiento de Su obra – Israel en aquel entonces. Hoy, como entonces, si es avivada la obra del Señor, seremos obedientes y santos, y tendrémos Su guía, poder y protección.
    Ya que Dios obra por Su Palabra, naturalmente tenemos que dedicar tiempo a ella. Debemos leerla, estudiarla, atesorarla en nuestro corazón y meditarla. Si trabajamos ocho horas, y dormimos ocho oras (yo duermo menos), nos quedan otras ocho horas cada día. Ahora bien, la pregunta es, ¿qué hacemos con esas horas? Usemos el tiempo para conocer mejor a nuestro Dios, obedecerle y servirle. Así se avivirá Su obra en medio de los tiempos.
    Habacuc dijo: “He oído tu palabra”. Es el primer paso. Ojalá sea así con nosotros. Habacuc oraba así pensando en las condiciones en sus tiempos (1:1-4). Pero hermanos, son así de problemáticos nuestros tiempos. Necesitamos volver a la Palabra de Dios si queremos avivamiento y bendición.
    Ella tiene autoridad, como vemos en Lucas 4:32, y será predicada así cuando la obra del Señor es avivada. Desaparecerán esos mensajes contemporáneos y del populacho, y escucharemos nuevamente la Palabra del Señor predicada con autoridad, llamándonos al arrepentimiento y la obediencia.
    En Lucas 4:33-36 vemos otra vez Su autoridad y poder. El Señor mandó y el espíritu inmundo obedeció y salió de aquel hombre. A veces parece que los demonios respetan más la Palabra de Dios que nosotros. Sin ella, no hay avivamiento, ni cambios para mejor. Recordemos que el gran avivamiento bajo el rey Josías fue después del descubrimiento del libro de la ley.
    En 2 Pedro 3:5 vemos el poder de la Palabra para crear el mundo. En Isaías 42:5 Jehová creó con Su Palabra. Hebreos 1:3 dice que sustenta todo con Su Palabra. ¡Seguramente puede sostenernos y guiarnos por ella, si la hacemos caso! En Isaías 55:11 la Palabra de Dios es presentada como eficaz, que cumple lo que Dios quiere.
    Luego vemos en Juan 6:63 que las palabras que Cristo habla son espíritu y vida. Esta semana todo el mundo habla de ese científico Steven Hawking, que murió, y le alaban como un gran sabio, pero era necio porque rechazó la Palabra de Dios. Dijo: “Dios no creó el universo”. Se fue perdido a la eternidad, como todos los que rechazan la Palabra de Dios.
    1 Tesalonicenses 2:13 nos recuerda cuán importante es nuestra recepción de la Palabra. La recibieron, no la rechazaron. La recibieron no como palabra de hombres – reconocieron su procedencia celestial y divina. La recibieron según es en verdad, “la palabra de Dios, la cual actúa en vosotros los creyentes”
    No es necesario estudiar una cátedra y tener títulos, sino oír con humildad y fe, temer y hacer caso a la Palabra de Dios. Seamos como Habacuc: “he oído tu palabra, y temí”. Y que el Señor tenga en nosotros creyentes obedientes y fieles.

Saturday, July 20, 2019

DAVID EN FILISTEA


Texto: 1 Samuel 27:1-4

Hay mucha enseñanza buena en la vida de David. Aquí vemos cómo decidió marcharse de Israel porque se cansó de las amenazas continuas de Saúl, y de huir de él. Lo respetaba y no lo iba a matar porque era el ungido de Dios (1 S. 24:6). Así le perdonó la vida dos veces y en eso dio buen ejemplo. Pero entonces se cansó, como humano que era, y tomó una decisión indebida – se fue a un lugar donde no debió estar, con los enemigos de Israel. Hermanos míos, cuando pasamos pruebas y dificultades, sentimos presión como los demás, pero debemos tener cuidado con las decisiones en esos momentos. Podríamos salir de las presiones y también salir de la voluntad de Dios. David estaba desorientado y tomó una decisión importante sin consultar a Dios. Es importante notar esto – no oró, no esperó en Dios como en otras ocasiones, sino actuó por cansancio y quizás desánimo y preocupación. No son buenos consejeros.
    En 1 Samuel 22 cuando estaba en la cueva Dios le cuidó y le dio 400 hombres. Con tiempo el número creció a 600. En ese tiempo David cuidó de sus padres enviándolos a Moab (22:3), que es un ejemplo del respeto y honor que se les debe tener a los padres. Hoy se va perdiendo ese honor paterno y también el orden en el matrimonio. En 1 Samuel 22:5 el profeta Gad, portavoz de Dios, indicó a David que no se quedara en Moab sino que se volviera a la tierra de Judá. Sus pasos fueron guiados por el Señor, y David pensaba y actuaba cabalmente.
    Pero en el capítulo 27 no pensaba bien. Observa otra vez que no oró. Abandonó al país y se fue al enemigo. Como cualquier otro ser humano, tenía crisis, y cuánto más como hombre espiritual en un mundo lleno de pecado. Sentía miedo y cansancio, y dirigido por su miedo, acabó en un lugar indebido, entre los filisteos – enemigos de Dios. Nosotros, hermanos, no debemos ir al mundo para evitar problemas en nuestra vida. Recordemos la bienaventuranza de los tres negativos del Salmo 1:1, “Bienaventurado el varón que no anduvo en consejo de malos, Ni estuvo en camino de pecadores, Ni en silla de escarnecedores se ha sentado”. David era hombre de Dios, pero falló en esto y nosotros también podemos, así que, tengamos cuidado.
    Se fue a un rey pagano para cobijarse y refugiarse. Vamos ahora al capítulo 29. En el versículo 1 vemos la situación en la que Davíd se había metido. Él y los suyos iban como la retaguardia de Aquis, rey filisteo, ayudándole en la campaña contra Israel y Saúl. Actuaba mal y se asociaba con los enemigos de Israel. Repito para enfatizar, que si lees estos capítulos verás que en todo este tiempo no consultó a Dios, y hablamos de un periodo de un año y cuatro meses (27:7). Lo único que le paró era la queja e insistencia de los príncipes de los filisteos (29:3) que prostestaron: “¿Qué hacen aquí estos hebreos?” ¡Buena pregunta! En el versículo 4 dicen: “no venga con nosotros” – porque no se fiaban de David. Dios en Su providencia utilizó esto para sacar a David de una situación y alianza incorrecta. No estaba entre personas temerosas de Dios y se había dejado guiar y aconsejar por ellos, no por Dios. Dios tuvo que intervenir y quitarlo de una mala situación. Le dijo Aquis: “Levántate, pues, de mañana, tú y los siervos de tu señor que han venido contigo; y levantándoos al amanecer, marchad”. Es alarmante cuando Dios usa a los incrédulos para decirnos cosas así. En Génesis 12:19 hallamos a Abraham en Egipto donde no debió estar, y mintiendo a Faraón acerca de Sara y enzarzándose allá. El colmo fue que Faraón le reprendió y dijo: “Ahora, pues, he aquí tu mujer; tómala, y vete”. Esta clase de situación puede evitarse si consultamos a Dios antes de movernos y estamos atentos y obedientes a Él.
    Pasamos a 1 Samuel 30 y vemos que David sufrió una gran pérdida al volver a su pueblo de Ziclag en filistea. Los amalecitas habían atacado. Quemaron al pueblo y llevaron a todas las personas y los bienes, incluso a las mujeres de David (v. 5). Esta clase de cosa es más fácil cuando estamos fuera de la voluntad de Dios. Hubo mucha pérdida y gran tristeza y llanto. Dice el versículo 4 que alzaron su voz y lloraron hasta que les faltaron fuerzas (v. 4). David se angustió mucho (v. 6) porque el pueblo en su amargura habló de apedrearlo, y en cierto sentido es comprensible, porque él les había guiado mal. Mas David se fortaleció en Jehová su Dios, y cuando hizo así comenzaron a cambiar las cosas. Consultó a Dios (vv. 7-8) cosa que tenía que haber hecho mucho antes, y Él le aseguró que iba a alcanzar y liberar a los cautivos.
    Hermanos, busquemos y escuchemos al Señor, porque Él solo puede encaminarnos para bien. El Salmo 23:6 dice que Dios tiene bien y misericordia para nosotros. Pero David se había privado por su propio consejo y su negligencia espiritual, y muchas veces nosotros cometemos este mismo error en perjuicio nuestro. Aunque nos hayamos equivocado, volvamos a consultar al Señor y hagamos lo que Él diga, y vendrán mejores tiempos. En el versículo 18 libró David todo, y recuperó todo (v. 19). Pero la clave fue que se humilló y consultó a Dios, dejándose guiar nuevamente por Él, cosa que durante un tiempo no había hecho.
    Hasta los grandes hombres como patriarcas, reyes y profetas se equivocan porque son humanos. Pero Romanos 15:4 dice que “las cosas que se escribieron antes, para nuestra enseñanza se escribieron”. Abraham se equivocó yendo a Egipto, pero se volvió. David se volvió de Filistea. Jacob se volvió de Siria. Jonás se volvió y fue a Nínive como Dios lo había mandado. Elías se volvió del Sinaí para terminar su ministerio profético. Dejemos que Dios siempre guíe nuestros pasos, y estemos dispuestos a movernos y sacrificar cualquier cosa para volver a estar en Su buena voluntad.
de un estudio dado el 4 de julio, 2019
 
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Sugerencias para tomar una decisión en la voluntad de Dios

1. Deseo de saber y hacer la voluntad de Dios (Mt. 6:10 “hágase tu voluntad”; Lc. 22:42 “no se haga mi voluntad, sino la tuya”; Ro. 12:2). Hay que comenzar aquí (lee Pr. 3:5-7 y Stg. 4:15). Si ésta es verdaderamente tu actitud, estás bien encaminado.


2. Iluminación (bíblica) sobre la voluntad de Dios (Sal. 119:35). Por ejemplo, si Dios ya habló en la Biblia de algo, como el yugo desigual o el divorcio, no hace falta que ores más. Ya sabes Su voluntad. Hazla. Como alguien bien dijo: “Si Dios cierra la puerta, no brinques por la ventana”.


3. Temor y desconfianza de tu propia voluntad y de tu corazón engañoso (Jer. 17:9; Pr. 14:12).


4. Convicción que Dios sabe mejor y que debes glorificarle a Él y no a ti mismo (Ef. 5:17).


5. Arrepentimiento y sacrificio de tus propios caminos, preferencias, prejuicios (Ro. 12:1).


6. Compromiso por fe para hacer lo que Él indique (Sal. 139:24)


7. Oración buscando Su sabiduría y esperando Su respuesta (Sal. 86:11)


9. El consejo espiritual (los ancianos y maestros, los padres, los que velan por tu alma – He. 13:17). Es importante pedir oración y consejo antes de decidir o comprometerte.


Considera cuidadosamente todos estos factores, y a la luz de la Palabra de Dios toma una decisión en el temor de Dios.


   

Tuesday, June 25, 2019

Ana, la madre de Samuel

Texto: 1 Samuel 1:1-28

Samuel fue juez y profeta en Israel, y ungió a los primeros dos reyes. Fue traído al mundo como respuesta a las oraciones de Ana, su madre. Fue consagrado al Señor desde antes de su concepción. Pero luego en la vida tuvo hijos malos, no por culpa suya, sino porque la vida es así. Aun en familias de creyentes los hijos pueden escoger otro camino y ser pródigos. Samuel tuvo de sus padres una herencia espiritual, no material, y la dejó a sus dos hijos, pero ellos, como muchos hijos de creyentes, no la apreciaron.
    En este capítulo vemos la gran influencia de la madre, Ana, en la vida de Samuel. Era una mujer sufrida, temerosa de Dios, que estaba en una situación matrimonial no ideal, ya que su marido Elcana practicaba la poligamia (vv. 1-2). Dios durante un tiempo toleraba esa práctica incorrecta en el Antiguo Testamento, pero no la aprobaba. Había surgido primero de parte de Lamec, descendiente del maldito Caín (Gn. 4:19). Los hombres solían hacer esto para multiplilcar su descendencia y tener linaje. Pero esa idea no venía de Dios. Dios no dio dos esposas a Adán, sino una. El Nuevo Testamento enseña así: “marido de una sola mujer” (1 Ti. 3:2, 12; Tit. 1:6).
    Elcana no obstante adoraba como Dios mandó (vv. 3-4). Fue generoso con su familia. Pero en los versículos 5-7 vemos en el hogar el resultado de la poligamia – Penina afligía a Ana porque era estéril. Había contienda, rivalidad, tensión y tristeza. Penina era la antagonista, y Ana la que sufría, lloraba y no comía. Elcana mostró compasión y cariño a Ana (v. 8), pero parece que no intervino para controlar a Penina.
    En los versículos 9-13 vemos algo muy importante. Ana, sufriendo, fue al tabernáculo – lugar de reunión – y oró. Presentó a Dios su queja y petición, y su ejemplo es bueno para todos nosotros. Observa con cuidado cómo ella oró. Dice que oró en silencio, en su corazón, y sus labios se movían pero no salió sonido. Elí malinterpretó eso como una borrachera. Él no podía oirla, pero Dios sí. No es necesario que las mujeres oren en voz alta para que Dios las escuche, y además, en el Nuevo Testamento esta práctica está prohibida en la congregación (1 Ti. 2:11-12; 1 Co. 14:34). Notamos que su oración fue específica. Pidió un hijo varón, porque son los varones que dirigen en las cosas de Dios, y ella quería dedicarlo a servir así. Hizo voto y prometió dedicarlo a Jehová “todos los días de su vida” (v. 11). Le prometió el voto del nazareo, que no pasaría navaja sobre su cabeza, porque en Números 6 el voto del nazareo, de consagración a Dios, incluía eso. Samuel fue prometido a Dios antes de su concepción. ¡Ojalá que haya más madres dispuestas a criar a sus hijos para Dios!
    Los versículos del 14 al 18 relatan su conversación con Elí. Él pensaba que estaría ebria, y la exhortó a digerir su vino. Pero Ana, siempre mansa, respondió como dice Proverbios 15:1, “la blanda respuesta”. Explicó que estaba atribulada y que derramaba su alma delante de Dios. Es ejemplo de qué hacer cuando estamos atribulados. No necesitamos a psicólogos ni pastillas tranquilizantes – acerquémonos a Dios en oración para decirle todo. Entonces Elí (v. 17) la despidió con bendición: “Ve en paz, y el Dios de Israel te otorgue la petición que le has hecho”. Ana se fue, “y no estuvo más triste” (v. 18), porque echó toda su ansiedad sobre el Señor (1 P. 5:7).
    Vemos su vida en el hogar en los versículos 19-20. Se fue a casa con su marido, y Dios se acordó de ella. Él no olvida nuestras oraciones. Cuando nació el hijo conforme a su petición, le puso el nombre “Samuel” (pedido a Dios) en memoria del voto que había hecho. En esto también Ana es ejemplo, porque a diferencia de muchos, se acordó de su voto y lo cumplió. Los votos son cosas serias que no se dicen a la ligera, y hay que cumplirlas. Números 30:2 manda: “Cuando alguno hiciere voto a Jehová, o hiciere juramento ligando su alma con obligación, no quebrantará su palabra; hará conforme a todo lo que salió de su boca”. Pero la gente promete muchas cosas a Dios en oración: “Señor dame...Señor ayúdame...Señor líbrame... y haré esto o lo otro”, pero cuando reciban la respuesta se olvidan de su promesa. Pero Ana mostró su integridad espiritual.
    Cuando consideramos la vida de Samuel como juez y profeta, siervo de Dios, vemos el efecto de una madre consagrada a Dios, y cómo Dios utiliza a tales personas. Para que ella pidiera así un hijo, haciendo voto, tuvo que ir primero por camino de angustia y lágrimas, pero después vemos el fruto apacible de justicia. Dios honra a los que le honren.
    Samuel desde su niñez fue fiel a Dios y permaneció así durante toda la vida. El diablo no consiguió hacerle caer, pero se metió con sus hijos. No eran perversos e inmorales como los dos hijos de Elí, pero no era piadosos como su padre. La Palabra de Dios los describe como avaros (1 S. 8:3), que tomaron el soborno y pervirtieron la justicia. El amor al dinero y el uso de posiciones de influencia para conseguirlo es un mal en todas las edades. ¡Cuán distinto el Hijo de Dios cuando anduvo en este mundo, obediente y que honraba a Su Padre (He. 5:8). Conviene que recordemos Hebreos 5:9 que declara que Él provee “eterna salvación para todos los que le obedecen”. La obediencia es una marca de verdaderos creyentes, y sobre eso no hay rebajas.
    Hoy la gente no quiere oir de obediencia, pero es marca del Hijo de Dios y de todos los que verdaderamente creen en Él. Dios no es un fetiche o una imagen. Es el Creador y Sustentador de todo. Vive y quiere salvar y guiar nuestras vidas, y a los que le conocen esto les parece bien. Le debemos nuestras vidas, nuestra obediencia y todo lo que somos y tenemos. Nada es nuestro – todo es de Él – pero a veces le escamoteamos cosas que le pertenecen. Ana no fue así, como hemos de ver, sino que cumplió totalmente lo que había prometido.
    En los versículos 21-23 vemos los años que intervinieron entre en nacimiento de Samuel y su presentación para servir al Señor. Fue criado y educado en casa por su madre, y podemos estar seguros de que con todo el cariño materno le cuidaba y preparaba para su futuro. En el versículo 23 notamos como Elcana también recordó a Ana su voto, y en esto le animaba y la apoyaba.
    Después llegó el tiempo de cumplir el voto (vv. 24-28). Es una escena conmovedora porque el niño todavía era pequeño (v. 24). Pero Ana le trajo voluntariamente, no arrastrando los pies ni llorando y protestando por todo el camino. Elcana y Ana trajeron becerros para holocausto (v. 25). 
    El holocausto era un sacrificio voluntario, enteramente para Dios, y es figura de la vida de Samuel, un sacrificio vivo (Ro. 12:1), totalmente para Dios. Ana trajo al niño delante de Elí y habló – al sacerdote – no estaba predicando, sino explicando que cumplía su voto.  Reconoció que Dios le había contestado la oración (v. 27), “por este niño oraba, y Jehová me dio lo que le pedí”. Proclamó: “Yo, pues, lo dedico también a Jehová; todos los días que viva, será de Jehová” (v. 28). Eso sí es una vida consagrada. Y termina diciendo: “Y adoró allí a Jehová”. No gritaba ni lloraba amargamente ni se echaba atrás. 1 Samuel 2:1-11 nos da las palabras de la oración de Ana que engrandecía a Dios cuando le presentó su hijo. En el lugar de ese altar había varios sacrificios: el del becerro ofrecido en holocausto, el de Ana que dio su hijo a Dios para servir, y el del niño Samuel también en sacrificio vivo. Gracias a Dios por el ejemplo piadoso de una madre como Ana.
    Hermanos, oremos por nuestros hijos, y no los tengamos solo para nosotros ni para el mundo, sino para el Señor. Sí, la mayoría de ellos tendrán sus trabajos en el mundo, y esto es bueno, siempre y cuando todo lo hagan para el Señor y para Su honor y gloria. La consagración es importante. Cristo en su oración en Juan 17 pidió por la consagración de Sus discípulos. Es todavía el deseo y propósito de Dios en nuestra vida.
    Como Ana, debemos: (1) Orar y derramar nuestra alma delante de Dios. (2) Cumplir nuestros votos sin echarnos atras. (3) Criar a nuestros hijos para Dios. Elí tuvo dos hijos malos, y Samuel luego tuvo dos hijos infieles, pero entre estos está la piadosa Ana con su hijo consagrado. Además, en 1 Samuel 2:18-21 vemos que Dios la bendijo con cinco hijos más. Pidió uno y tuvo seis. Dios puede darnos mucho más de lo que pedimos o pensamos (Ef. 3:20). Acerquémonos a Él en oración en toda circunstancia de la vida, y Él nos dará de Su abundante gracia. A Él la gloria para siempre. 

de un estudio dado el 12 de mayo, 2019