Saturday, January 9, 2016

UN HIMNO DE GRATITUD

Texto: Salmo 30
Este salmo es un himno de David expresando gratitud y alabanza por haber sido librado de la muerte. Los salmos están llenos de ejemplos de cómo hablar con Dios y cómo cantarle, en casi toda variedad de circunstancia en la vida. Expresan las situaciones por las que pasaban los creyentes, en lenguaje de oración a Dios y testimonio a los demás.
    Veamos las circunstancias de David que ocasionaron este salmo. En el versículo 1, estaba en peligro de enemigos. Los que aman a Dios tienen enemigos, porque hay muchos que no le aman. Cuando uno ama al Señor y vive en piedad y justicia, esto trae conflicto con el mundo rebelde. La vida de piedad no es una vida de paz con todos. Ojalá fuera de otra manera, pero la realidad no es así. Los enemigos de David querían triunfar sobre él y alegrarse en su derrota y muerte. Pero Dios no lo permitió.
    En el versículo 2 vemos que además, David estaba gravemente enfermo. Esto nos presenta otro punto importante. Los piadosos no son exentos de las enfermedades. Hay iglesias hoy que enseñan que si tienes fe y agradas a Dios no te enfermerás porque la enfermedad viene por falta de fe y por pecado. Pero David estaba viviendo en piedad cuando se enfermó, y en su enfermedad clamó al Señor y fue sanado.
    En el versículo 3 vemos que había peligro de muerte. Los creyentes pasan por esos peligros. Desde los tiempos de Adán y Eva la muerte alcanza a los seres humanos. Los cementerios se expanden porque cada año hay más muertos. Y los creyentes también mueren, con excepción a aquellos que estén vivos cuando el Señor venga para arrebatar a la Iglesia (1 Ts. 4:13-18). Pero el creyente es en un sentido inmortal hasta que haya cumplido los propósitos de Dios para su vida. David pasó por peligro de muerte tanto por los enemigos así como por la enfermedad, pero Dios le libró.
    Y como Dios le libró de esos peligros, compone un salmo de gratitud y dice: “Te glorificaré”. Dios había cambiado su situación adversa y había dado salvación. Los creyentes debemos orar y clamar al Señor en nuestros apuros, y también debemos cantarle con gratitud cuando nos conteste.
    Así que en el versículo 4 David exhorta a todos a cantar al Señor – no cantar como diversión – sino cantar realmente al Señor. Es algo que muchos cantantes evangélicos no hacen, porque cantan por dinero, como profesionales, por protagonismo para destacar, por diversión, por fama y para agradar a su público como en conciertos. ¿Dónde en la Biblia hay un concierto? No los hay. Aunque hubo varones levitas cantantes en el templo, no hay en todo el Nuevo Testamento ningún grupo de cantantes, ningún conjunto, ninguna vocalista, ni nada parecido. Los apóstoles al ir predicando el evangelio no llevaron instrumentos musicales ni dieron conciertos. El énfasis que hoy hay sobre la música es algo totalmente ajeno al Nuevo Testamento, e innecesario para el progreso del evangelio.  ¿Quién le puede cantar? “Vosotros sus santos” y la palabra “santos” elimina a muchos cantantes evangélicos. Los creyentes sí podemos y debemos cantar, pero al Señor como David dice aquí. Cantamos celebrando Su santidad.
    En los versículos 5-11 David repasa los temas nombrados en los primeros tres versículos, y llega a la conclusión de que hay que cantarle y agradecerle a Dios con cánticos.
    El versículo 5 asegura que las pruebas y los castigos son de corto plazo. El presente puede ser negativo, pero para el creyente no es permanente. Pronto vendrá el gozo. Nuestra vida, por difícil y penosa que sea, siempre terminará con gozo, gracias a Dios. Por eso es importante no perder la esperanza ni el ánimo.
    En los versículos 6-7 vemos una verdad que no siempre es apreciada. La prosperidad en sí es un peligro y una prueba. Muchos oran deseando la prosperidad pero no saben lo que piden, porque la historia sagrada demuestra que muchas veces en la prosperidad han venido tentaciones y caídas en pecado. En tiempos prósperos solemos tener problemas de actitud, porque dejamos de ser humildes y de confiar constantemente en el Señor. Aunque reconocemos que es el Señor quién nos lo dio (v. 7), todavía peligramos. El dinero trae poder, y con él podemos hacer cosas que a lo mejor no son la voluntad de Dios. La prosperidad puede alimentar sentidos de independencia y autonomía. Empezamos a mandar porque tenemos dinero, y otros nos hacen caso por la misma razón. Pero el Señor nos corrige con circunstancias adversas, y nos deja ver que apartados de Él no somos gran cosa. Nos humilla y nos rebaja con cosas que nos turban y nos hace volver a Sus pies, dependientes de Él.
    Pero el creyente sabe qué hacer cuando vienen dificultades por cualquiera razón: clamar al Señor y suplicar.  “A ti, oh Jehová, clamaré, y al Señor suplicaré” (v. 8). Suplicar es una actividad de los humildes que imploran ayuda, no de grandes, poderosos y autónomos. Los creyentes no suplican a santos ni ángeles sino directamente al Señor. Tenemos en la oración un gran recurso para nosotros y también a favor de los demás. El creyente no dice como los del mundo: “Tendré un buen pensamiento por ti”. ¿Qué es eso? No es nada – el recurso liviano y vano de los que no conocen a Dios. ¡Cuanto mejor orar y decir: “Jehová, ten misericordia de mí”! Oramos porque sabemos a quién acudir. Los del mundo no saben qué hacer. Entonces no intentemos ser independientes, sino siempre estemos pegados al Señor. A Él le gusta siempre tenernos en esa actitud de súplica, y cualquier cosa que impida o apague esa actitud es un peligro.
    El versículo 9 contiene tres preguntas dirigidas al Señor en oración. David sabe que su vida debe ser provechosa para Dios, y pregunta cómo puede ser así si él muere. Podemos decir que pide vida para que sirva al Señor, para ser provechoso para Él. ¿Cuántos hoy tenemos este concepto, que nuestra vida debe ser provechosa para el Señor? Pablo dijo: “Para mí el vivir es Cristo”. ¿Podemos decir lo mismo?
    En el versículo 10 David pide misericordia y clama: “Sé tú mi ayudador”, y Dios lo es para los Suyos. Le agrada oirnos confesar nuestra necesidad de Su ayuda, y se goza en ayudarnos. Hebreos 4:16 dice: “Acerquémonos, pues, confiadamente al trono de la gracia, para alcanzar misericordia y hallar gracia para el oportuno socorro”. Hebreos 13:6 afirma: “El Señor es mi ayudador; no temeré Lo que me pueda hacer el hombre”. Proverbios 3:34 dice: “a los humildes dará gracia”. Leemos en Jeremías 31:14 la promesa de Dios respecto al futuro de Israel: “mi pueblo será saciado de mi bien”, pero Su promesa es aplicable a todos los que en Él esperan.
    Entonces, las cosas cambiarán, tarde o temprano. Dios cambió el lamento de David en alegría expresada en baile (v. 11), porque cambió las circunstancias que ocasionaron su tristeza. No es un baile de diversión, carnal, sugestivo, amoroso ni nada como se ve en el mundo. Es la reacción sencilla de un corazón alegre. Pero recordemos que el Señor puede darnos gozo aun en medio de circunstancias adversas, sin cambiarlas, y las circunstancias no son excusa para alejarnos de Dios ni estar deprimidos. En Lucas 6:22-23 vemos que podemos tener gozo y alegría aun cuando sufrimos rechazo y persecución. El Señor dice que si a Él le persiguieron, a nosotros también lo harán. Nuestro gozo está en Él, no en las circunstancias.
    Vivimos en un mundo contaminado con el mal. La justicia está pervertida. El mundo está dirigido por el maligno y en un mundo así no podemos esperar sino lo negativo. Pero el Señor nos ayudará, y en esa ayuda misericordiosa tenemos motivos de alabanza y testimonio.   
    En el versículo 12 tenemos la conclusión: “por tanto a ti cantaré”. David canta, como dice en el versículo 4, y canta al Señor reconociendo Su ayuda. “Gloria mía” le llama, y qué bueno cuando tengamos esta actitud de que nuestra gloria no está en nosotros ni nada en este mundo, sino en Dios. A muchos Dios les ha tenido que despojar de su gloria, de las cosas en las que se glorían los seres humanos, para que aprendan a decirle: “Gloria mía”. “No estaré callado” dice, porque cuando Dios nos responde y nos hace bien, hay que ser tan prontos para alabar como lo éramos para clamar y suplicar. No sean más cortas nuestras alabanzas que nuestras súplicas. Todo creyente tiene motivos de alabanza, si recuerda lo que el Señor hizo para socorrerle en el Calvario, lo que padeció, lo que soportó por su causa, llevando sus pecados en Su santo cuerpo sobre el madero, y cómo derramó Su sangre por él, responderá: “No estaré callado. Jehová Dios mío, te alabaré para siempre”.

Lucas Batalla, de un estudio dado el 24 de octubre, 2013

El PODER DEL EJEMPLO PATERNO

Texto: Proverbios 20:7

Nuestro texto dice: “Camina en su integridad el justo; sus hijos son dichosos después de él”. Hace poco que hablaba con una muchacha que me decía algo así: “Qué mal está ahora la juventud en todos los sentidos. Pocos quieren estudiar, pocos tienen trabajo, hay mucho vicio de alcohol, drogas, etc., mucho robo, males actitudes, hacen cosas malas y si alguien se le dice algo, se molesta, pone mala cara o hace algo peor, y responde con dureza y palabrotas. Los padres también ponen mal ejemplo y consienten lo malo. Los matrimonios no funcionan como matrimonios, y la familia ya no funciona como familia”. Me sorprendió un poco escuchar esas quejas de una persona no creyente. Esto es así en el mundo, pero con creyentes no debe ser así. Tenemos una vida diferente.
    Los padres creyentes deben educar a sus hijos, y simplemente si andan en integridad, como dice nuestro texto, eso es ejemplo que dan y eso afecta a los hijos. Por lo menos han tenido el ejemplo delante suyo y no podrán decir que no sabían como vivir. El buen ejemplo tiene poder. Esto no se va a perder. Se siembra una planta y necesita tiempo para crecer, pero crecerá. Al ejemplo debemos suplementar con sano consejo de la Palabra de Dios, y con la oración.
    En cambio, qué diferente es el futuro de la persona que maldice a su padre o a su madre: Dios le castigará en esta vida, y también después. Se ponen de modo que sólo se puede orar por ellos y esperar que Dios haga algo, porque rechazan toda reprensión e instrucción.
    Pero en todo caso los padres deben vivir en su integridad. Es el mejor regalo que pueden dar a los hijos. Este ejemplo quedará en su memoria siempre, y Dios lo puede usar para bien. No es así cuando dicen pero no hacen, cuando la vida cotidiana no muestra integridad, los hijos observan esto y aprenden la doblez, y desprecian los valores espirituales de los que dicen pero no hacen.
    Consideremos algunos textos que nos animan a vivir en integridad.
    Salmo 37:26 Hablando del justo, dice: “En todo tiempo tiene misericordia, y presta; y su descendencia es para bendición”. Las palabras “en todo tiempo” se refieren a toda la vida. No se puede limitar el buen comportamiento a un horario de reuniones. Nuestros hijos, nuestra descendencia, nos observa “en todo tiempo”.
    Salmo 112:1-2 dice: “Bienaventurado el hombre que teme a Jehová, y en sus mandamientos se deleita en gran manera. Su descendencia será poderosa en la tierra; La generación de los rectos será bendita”. La descendencia del hombre o la mujer que teme a Jehová es afectada por el ejemplo de su vida.
    En 2 Timoteo 1:5 leemos de los ejemplos piadosos que tuvo Timoteo en su hogar cuando era joven:  “trayendo a la memoria la fe no fingida que hay en ti, la cual habitó primero en tu abuela Loida, y en tu madre Eunice, y estoy seguro que en ti también”. Algunos han sido disgustados por una fe fingida que vieron en sus padres. Pero la integridad espiritual y devoción de esas mujeres le afectó a Timoteo para bien.
    En 2 Timoteo 3:14 leemos: “Pero persiste tú en lo que has aprendido y te persuadiste, sabiendo de quién has aprendido”. En su relación con Pablo, Timoteo tuvo delante suyo el ejemplo de un hombre espiritual, que le enseñaba tanto con la vida como con la boca.
    Es mejor darles este ejemplo de piedad e integridad que dinero, fincas y otros bienes materiales. Muchos jóvenes en casas afluentes han recibido esas cosas y sin embargo se han arruinado. En algunos casos parece que sólo se quedan en la casa o en la iglesia porque están cómodos, bien alimentados y divertidos. Aprovechan a los padres para obtener las cosas que quieren, pero no se acercan realmente al Señor con mucho interés.
    Si no damos a Dios lo que debemos, si no hay amor, integridad y devoción en la vida del padre y de la madre, afectaremos para mal a los hijos e irán a la deriva. Para que sean dichosos después de nosotros, tenemos que asentar las bases – aún en la vejez – seguir firmes y fieles y no aflojar ni amargarnos. Debemos ser fieles y confiar que el Señor usará nuestra integridad en la vida de nuestros hijos.  Ellos por supuesto tienen que decidir, y son responsables por sus decisiones, pero miremos bien cuál es nuestra parte.
    También hay hijos de creyentes que son fieles ahora, y esto da gloria a Dios y gozo y aliento a los padres. Si queremos que nuestros hijos sean así, tenemos que hacer más que llevarles a los cultos o leerles algo de la Palabra. Hay que vivir realmente la vida cristiana, la vida espiritual, con integridad y constancia en el hogar, delante de ellos. Esto les impactará.


de un estudio dado por Lucas Batalla, el 20 de febrero, 2014

Saturday, August 22, 2015

MARÍA Y CRISTO

El agua cambiado en buen vino en Caná de Galilea
Texto: Juan 2:1-12

Invitados a la boda en Caná, fueron el Señor y Sus discípulos, con otros, y allí sucedió algo inesperado. Ante este improvisto, ¿qué hacer? Faltó el vino en la celebración de la boda, y era una cosa muy importante. Así que María, Su madre, le informó – que es bueno cuando haya problemas – hacerlo saber al Señor. Aunque Él ya lo sabe todo, no importa, porque debemos comunicarnos con Él, y expresar nuestra necesidad y nuestras preocupaciones.
    Pero María no es una intercesora, ni tiene poder para hacer un milagro. Sólo Cristo podía hacer el milagro de cambiar el agua en vino, ¡e hizo buen vino! (v. 10). Así que, ella habló con su hijo e hizo lo único que ella podía: informarle. Tal vez pretendía dirigirle, no sabemos, pero Él la responde de manera que le deja saber que ella no va a dirigir las cosas (v. 4). Era una madre, aunque muy especial, única porque trajo al Señor, pero tuvo un marido e hijos por él como relatan las Escrituras. El versículo 12 habla de los “hermanos de Jesús”, y no quiere decir primos ni otra cosa, sino hermanos (véase Mt. 12:46; 13:55). Ella no tenía gloria ni aureola. El versículo 11 dice que Jesús manifestó Su gloria, no la de María. Ahora bien, la estimamos y apreciamos en el lugar que Dios le dio, como la madre de nuestro Señor, pero nuestra fe sólo está en el Señor Jesucristo.
    Luego ella da a los criados un consejo muy importante: “Haced todo lo que os dijere” (v. 5). Es el mandamiento de María. No hacer lo que ella dijere, sino lo que Cristo dijere. Quien es Señor es Él. Quien manda es Él. Quien tiene autoridad es Él. Quien tiene poder es Él. Esto enseña, entre otras cosas, lo absurdo que es creer en muchas vírgenes – sólo hay una, María, en la Biblia, mujer piadosa y humilde. La práctica de poner y promover devoción a muchas vírgenes confunde a la gente. ¿Cuál es la verdadera? La verdadera está en la Biblia, y no es como las que la religión pone. Ella no es reina, sino madre de aquel que es Rey (Lc. 1:32-33). Es sierva, no señora (Lc. 1:38). Ojalá la gente conociera a María como Dios la presenta en la Biblia y no como las fábulas y leyendas comunes le presentan. Son personajes muy distintos.
    Según Romanos 5:12 ella desciende de pecadores y es pecadora como ellos. Y Romanos 3:23 no la excluye cuando dice: “por cuanto todos pecaron y están destituidos de la gloria de Dios”. Sólo acerca de Jesucristo dicen las Escrituras que no había pecado en él (1 Jn. 3:5). Es Cristo, no María, que fue concebido sin pecado (Lc. 1:35). Entonces, ella también necesitaba la salvación. En Lucas 1:47 ella dice: “...Dios mi Salvador”, luego, fue salva. ¿Cómo puede una persona pecadora perdonar o limpiar a otras? No puede. Sólo Dios puede hacer esto. Y no nos engañemos acerca del pecado. 1 Juan 1:8-10 aclara que todos hemos pecado. Sólo Cristo puede perdonar y limpiar. María no perdona ni limpia. Cristo lo hace por medio de Su sangre.
    ¿Por qué no enseñan esto a la gente? ¿Por qué no enseñan a los niños estas verdades para encaminarles bien? En Lucas 1:48 María habla de su bajeza. Una humilde servidora de Dios que creía en Él como su Salvador. Y debemos imitarle a ella y confiar en el Señor que sí puede perdonar pecados. Si queremos honrar a María, debemos tomar su consejo y hacer todo lo que dijere el Señor Jesucristo.
    Luego, en Hechos 1 aparece María en la escena de la iglesia primitiva, pero no como patrona, sino como una más. ¿Por qué no apareció el Señor a ella, como hizo con María Magdalena y los apóstoles? No la permitió este privilegio, tal vez para que no tuviese el protagonismo ni fuera elevada a un lugar especial en la iglesia. El versículo 14 nombra a la madre de Jesús y Sus hermanos, esto es, los hijos de María y José. Es la última vez que aparece en las Escrituras, como creyente reunida con los demás hermanos.
    Hechos 10:38 nos informa que quien anduvo haciendo bienes y sanando era Jesucristo, no María. Dios estaba con Él y por medio de Él haciendo estas cosas, pero no así con María. Ella nunca hizo milagros ni dio enseñanzas. Hechos 10:39 habla de las cosas que Jesús hacía. El versículo 40 declara que Dios levantó a Jesús, pero no dice esto nunca acerca de María. Ella murió. No se sabe si está sepultada en la tumba que dice que es suya en las afueras de Jerusalén, pero no importa, porque no le rendimos culto.
    El hombre siempre ha querido buscarle una madre a Dios. Entre las religiones paganas fue así, y esto fue introducido en la iglesia después del tiempo de los apóstoles, en el siglo IV, cuando los paganos entraron por lo de Constantino. Pero Dios es eterno y no tiene madre. Él es el Dios de María.
    Romanos 8:34 declara que es Jesucristo que intercede por nosotros; no lo hace María. Toda persona que busca a Dios y la salvación tiene que hacerlo únicamente en el Nombre de Jesucristo (Hch. 4:12), porque como bien declaró el apóstol Pedro, lleno del Espíritu Santo: "no hay otro nombre". Al Señor Jesús hay que creer y aceptar. Es el Salvador y Él es únicamente digno de la adoración. Observa que en Apocalipsis 4 y 5 sólo adoran a Dios y al Cordero, no a la virgen. Dejemos, entonces, de preocuparnos por María. Dios la honra en Su Palabra y ella tendrá honra en el cielo, pero no es diosa, salvadora, redentora, intercesora, ni nada de eso. Es la madre de nuestro Señor. Seamos como los del cielo, que adoran a Dios. Amén.


de un estudio dado por Lucas Batalla, el 1 de agosto, 2010

Tuesday, August 4, 2015

LAS NUEVAS VESTIDURAS DEL CREYENTE

Texto: Colosenses 3:1-17
   

     Este hermoso capítulo trata la vida resucitada del creyente, porque el cristianismo no es sólo la obtención de un perdón, sino el nacimiento de una nueva criatura, una vida nueva. Cuando nuestros primeros padres pecaron, se vieron desnudos. Se cosieron delantales de hojas de higuera, pero eso no fue adecuado. Dios intervino y los revistió como Él quiso. Espiritualmente debemos vestirnos como Dios quiere, para serle agradables. Esto es lo que vemos en nuestro texto.
    Para enseñarnos usando términos fáciles de entender, Pablo compara la vida del creyente con alguien que se quita una ropa vieja y andrajosa, y se pone algo nuevo y limpio. Habla de lo que hemos de dejar: “dejad” (v. 8), “despojado” (v. 9), “revestido” (v. 10) y “vestíos” (v. 12). Son todos términos de nuestra responsabilidad humana – cosas que nos toca hacer.
    Primero, en los versículos 8 y 9 enumera las cosas que hemos de dejar atrás en la nueva vida, y da la razón: “habiéndoos despojado del viejo hombre con sus obras” (v. 9). Debemos dejar la ropa andrajosa de las costumbres y del carácter pecaminosos, como cuando uno lleva la ropa vieja que no sirve y la entrega a un ropero municipal o la desecha. A veces nos cuesta dejar prendas que hemos llevado por años, pero es exactamente lo que el Señor nos llama a hacer.  “El viejo hombre” simplemente es todo lo que cada uno de nosotros era naturalmente en Adán, nuestro modo de pensar, sentir y ser. Si nos despojamos de algo, ¡no lo usamos más!
    Pero el Señor no habla sólo de quitar, sino también de poner. “Revestido del nuevo” (v. 10) habla de conformarnos a la imagen de Cristo – y se refiere a los valores, al carácter, a la forma de pensar y ser, de reaccionar, etc. La “imagen” de Dios no se ve en la forma del cuerpo, sino en lo moral y el carácter. El versículo 11 dice que no es según grupos étnicos, razas, culturas o tradiciones, sino según Cristo. Debemos conformarnos moral y espiritualmente al Señor Jesucristo. Esto representa un gran cambio, el cual es digno de nuevas criaturas (2 Co. 5:17).  El Señor usa este símbolo para ayudarnos a entender qué es lo que debemos hacer: quitar y poner, dejar, despojarnos y revestirnos. El versículo 5 lo dice de manera más fuerte: “haced morir”. No se trata de lo que Dios debe hacer ni de lo que debemos pedirle en oración, sino de decisiones y determinaciones que nosotros hemos de tomar.
    El versículo 12 dice: “vestíos”. Es una exhortación hecha a nosotros, no a Dios. No que Él nos vista, porque aquí se trata de lo que nosotros mismos nos vestimos, de lo que escogemos y ponemos, de cómo nos presentamos. Cuando dice “como escogidos de Dios” no se trata de la idea calvinista de que Dios escogiera sólo a ciertas personas para ser salvas, sino de que Dios escoge y predestina a los creyentes para ser conformados a la imagen de Su Hijo (Ro. 8:29; Ef. 1:4). Los creyentes somos santos y amados, declarados así por Dios, y debemos vivir correspondientemente. En la Iglesia Católica los santos están en las paredes, en estampas y figuritas. Pero la realidad es que los creyentes somos los santos, y por eso Pedro escribe recordándonos el mandamiento divino: “Sed santos, porque yo soy santo” (1 P. 1:15-16), y dice que esto debe ser “en toda vuestra manera de vivir”. Es decir, en todo momento y toda situación. Como Colosenses 3:12 dice: “vestíos”, debemos tomar para nosotros lo que Dios provee, y ponerlo, vestírnoslo. En el versículo 1 dice: “buscad las cosas de arriba” y en el versículo 2, “poned la mira en las cosas de arriba”, no en el escaparate del mundo. Es una manera nueva y celestial de pensar y vivir. ¡Qué bueno y agradable le es a Dios cuando un creyente deja de mirar al mundo alrededor suyo, sus amigos inconversos, la gente en general, los deportistas y cantantes, etc. y ya no los toma como punto de referencia o modelo que imitar de ningún modo. El himno dice: “dejo el mundo y sigo a Cristo” y ¡ojalá hiciéramos todos esto! Hay demasiados que profesan creer en Cristo pero cuya mira está en el mundo y las cosas de abajo.
    El versículo 12 dice que debemos vestirnos de “entrañable misericordia”. Esto es, un corazón de compasión del que la necesita, que sufre y no tiene fuerza. Hay muchos pedigüeños que fingen necesidad y buscan aprovecharse de la gente. Pero hay gente verdaderamente necesitada, y qué bueno cuando el cristiano muestra compasión, entrañable misericordia, y no es mezquino. Gálatas 6:10 dice: “Según tengamos oportunidad, hagamos bien a todos, y mayormente a los de la familia de la fe”. ¡Qué feo ver a un creyente tacaño, sin compasión, y qué triste es cuando hay hermanos sirviendo al Señor, viviendo sacrificadamente, y los demás hermanos ponen excusas y no los ayudan, como dice 1 Juan 3:17, “Pero el que tiene bienes de este mundo y ve a su hermano tener necesidad, y cierra contra él su corazón, ¿cómo mora el amor de Dios en él?” La entrañable misericordia no es del viejo hombre, sino del nuevo, de Cristo, y nos tenemos que vestir de ella.
    El mismo versículo 12 dice también: “benignidad”. Es un espíritu no mezquino, ni duro ni cruel, sino dispuesto a ayudar y hacer bien.  Después leemos: “humildad” (v. 12). La humildad es la actitud de considerar a otros como más importantes, y se ve en los hechos, cuando deferimos y preferimos a otros. La altivez trae conflicto, pero hay paz entre los humildes. El amor propio es enemigo de la humildad. El versículo 12 nombra también la “mansedumbre” como algo que debemos ponernos como escogidos de Dios. El Señor Jesucristo se describió como “manso y humilde” (Mt. 11:29). La mansedumbre no es cobardía ni falta de fuerza, sino fuerza bajo control. Es el negarse a uno mismo; es el dominio propio, que por ejemplo, no da rienda suelta al enojo. Y finalmente en este versículo vemos la “paciencia”, manifiesta cuando esperamos en el Señor y Sus promesas, sin ponernos nerviosos.
    En el versículo 13 vemos estas primeras cinco vestimentas o cualidades en acción: “soportándoos unos a otros, y perdonándoos unos a otros si alguno tuviere queja contra otro. De la manera que Cristo os perdonó, así también hacedlo vosotros”.  Puede haber discrepancias entre creyentes, pero somos llamados a soportarnos. Esto no significa soportar la falsa doctrina, sino más bien cosas como idiosincrasias o diferencias en gustos y costumbres. Es importante aquí notar cómo perdonar, porque el patrón dado es “de la manera que Cristo os perdonó”. Debemos vestirnos de una disposición a perdonar, no a guardar rencor. Dicho esto, el Señor perdona a los que se arrepienten y confiesan su pecado (Lc. 17:3-4; 1 Jn. 1:9). Pero no debemos decir: “perdono pero no olvido”, porque esto es carnal, no espiritual. El Señor no nos trata así y no debemos tratar así a los demás; así que, no haya amargura en nuestro perdón.
    El versículo 14 dice: “y sobre todas estas cosas vestíos de amor”. Esto da gran importancia al amor. Trata el amor como el “vínculo perfecto”. Un vínculo es algo que une. Dicen que en España cada cuatro minutos hay una separación matrimonial. Hicieron votos en público, ante Dios y testigos, y luego los quebrantan. Dios manda que lo que Él juntó, no lo separe el hombre. Cierto es que nada puede separarnos del amor de Dios en Cristo Jesús (Ro. 8:38-39). Es el vínculo perfecto y en este vínculo divino está la seguridad de nuestra salvación. Debemos amar a Dios por encima de todas las cosas, antes que otras cosas o personas, y más que ellas. Si hay que escoger, en casos de mala doctrina o la práctica de pecado, está claro: Dios primero. Pero todavía está la exhortación: “El que ama a Dios, ame también a su hermano” (1 Jn. 4:21).
    “Y la paz de Dios gobierne en vuestro corazón” (v. 15).  Hemos de ser ministros de paz. “El fruto de justicia se siembra en paz para aquellos que hacen la paz” (Stg. 3:18). Pero aquí habla más bien de gobernar en nuestro corazón, el lugar donde tomamos decisiones, la ciudadela de nuestro ser. Alguien dijo que el corazón es donde está el timón de nuestro ser. Al valorar las cosas y personas, o al tomar decisiones, debe gobernarnos la paz de Dios.
    El versículo 16 nos enseña lo importante que es que more la Palabra de Cristo en nosotros. Debemos tenerla constantemente como nuestro punto de referencia y consejero (Sal. 119:24). Es lámpara a nuestros pies (Sal. 119:105), guiando nuestros pasos. Por ejemplo, alguien pregunta si está bien ir a ver un torneo de boxeo, y otro pregunta si está bien ir a bailar. La respuesta es: ¿lo haría Cristo? Si la Palabra de Cristo mora en nosotros en abundancia, y la paz de Dios gobierna en nuestro corazón, ¿qué tipo de cosa nos interesa y nos agrada? El versículo 17 dice que debemos hacer todo en el nombre del Señor Jesucristo. Nada en nuestro nombre – pues no somos nuestros, ya que hemos sido comprados por precio (1 Co. 6:19-20).
    “Dando gracias a Dios por medio de él” (v. 17). Otra cosa que debemos ponernos como creyentes es el agradecimiento: “sed agradecidos” (v. 15).  El creyente no debe ser quejoso. Debe hablar con sabiduría, cantar con gracia: salmos, himnos y cánticos espirituales. Su lenguaje no es vulgar, profano, mundano, sino espiritual y agradable a Dios. Todo esto pasa cuando la Palabra de Dios gobierna, mora en abundancia en nosotros.
    El Señor nos ha dado un armario espiritual lleno de nuevas vestiduras, y ahora nos toca aceptarlas, darle las gracias y ponerlas para que agrademos y glorifiquemos al Señor. Que Él nos ayude a hacerlo, para Su gloria. Amén.

de un estudio de Lucas Batalla, el 5 de mayo, 2013

Friday, July 10, 2015

LA GRAN RAMERA


Texto: Apocalipsis 17

Es un capítulo muy importante que habría que estudiar mucho. El hermano Dave Hunt escribió un buen libro sobre el tema: Una Mujer Cabalga La Bestia (Portavoz) que explica mucho de lo que hay aquí. El apóstol habla de una religión, un sistema apóstata que prevalecerá en el mundo al final de los tiempos. ¿Quién será? Con la ayuda del Señor vamos a considerar esto.
    Vi un informe sobre la procesión de Corpus Christi en Málaga, y salieron a la calle como parte de la misma incluso dragones y otras cosas. Sabemos que el dragón es símbolo de Satanás (Ap. 12). El catolicismo romano se adapta e incluye cosas así – como ha hecho desde hace siglos, incluyendo partes de diferentes religiones paganas. Alguien dijo que es por eso que se llama “gran ramera”, porque una ramera se va con cualquiera.
    Fue instituida oficialmente como fiesta litúrgica el 8 de septiembre de 1264 por el papa Urbano IV, mediante la bula Transiturus hoc mundo, colaborando San Tomás Aquino con la preparación de textos para el Oficio y la misa. Esto fue para manifestar la fe católica y animar a la gente a convertirse a ella o a ser fiel a la iglesia. Fue un modo de testificar públicamente. En el Concilio de Vienne de 1311, el papa Clemente V dio las normas para regular el cortejo procesional y otros detalles del desfile. En esos tiempos, de ahí en adelante, iba creciendo la lucha entre los fuera de la iglesia y la iglesia misma. Personas de grupos como los valdenses y los hugonotes fueron muertas – por ejemplo en 1572 la infame noche de San Bartolomé cuando hubo gran matanza de “protestantes” en Francia. La procesión del Corpus era fielmente guardada por la iglesia para manifestar la fe católica ante todos.
    En aquellos años la iglesia verdadera tenía una postura clara y bien demarcada. Pero hoy en día la iglesia evangélica está dormida y confusa. No tiene clara la doctrina, ni en el evangelio ni en la práctica. No tiene el mismo sentir con los apóstoles y los cristianos fieles de los primeros siglos. 
Samuel Perez-Millos en un servicio ecuménico en Vigo
 como un reconocido maestro y autor como d. Samuel Pérez Millos fue y participó en una ceremonia religiosa-ecuménica en la catedral en Vigo: estuvo sentado allá en la plataforma con sacerdotes católico romanos y ortodoxos. 

(www.pastoralsantiago.org/2012/01/que-todos-podamos-decir-para-mi-el.html). 

      Le llaman el pastor de la Iglesia Evangélica Unida de Vigo, y él dio un mensaje que seguro que no ofendió a nadie. ¿Qué es eso y dónde está en la Biblia? No, hermanos, antiguamente no se hubiera hecho esto. Parece que quieren quedar bien con todos, pero los cristianos en otros siglos estaban dispuestos a morir por ser fieles al Señor, y no se mezclaban, repito, no se mezclaban con los de otras religiones. Durante siglos creyentes pequeños y grandes reconocieron a la iglesia de Roma como la gran ramera, pero ahora hombres como d. Luis Carballosa en su libro sobre Apocalipsis dicen que ella no es.
    Está claro que el catolicismo romano quiere juntar a todas las iglesias bajo su cúpola. Pero es un sistema lleno de errores y falsas doctrinas, y que no predica el verdadero evangelio, por lo cual está bajo anatema (Gá. 1:8-9). El Papa no es infalible – si lo fuera – ¿por qué han cambiado cosas que antes hacían y decían de otra manera. Antes sólo un sacerdote podía tocar la hostia, pero ahora la dan a otros cualesquiera. La mitra que usa viene de lo que usaban los emperadores romanos. No es nada dada por Dios. Él se proclama como Santo Padre, pero ese título sólo pertenece a Dios, y además el Señor Jesucristo dijo claramente que no llamáramos “padre” a ninguno. Hasta los reyes se arrodillan ante el Papa como inferiores a él, y Apocalipsis 17:18 dice que la mujer (el sistema) reina sobre los reyes de la tierra.
    El Papa tiene criterios no bíblicos. Excomulga a los mafiosos, bien, pero dice que es porque ellos no están con Dios. Bueno, si comienza a excomulgar a los que no están con Dios, tendrá que empezar consigo mismo y ¡de ahí para abajo! ¿Por qué no excomulga a los reyes y políticos pecadores? Ese mismo Papa acepta a los homosexuales. Allí tiene en su iglesia a divorciados, gente viviendo en fornicación y adulterio, y los que practican astrología y encantación. Una catequista en un lugar dijo que no creía en la existencia del diablo ni se fiaba de la Biblia. ¡Pero enseñaba a otros y estaba en comunión! Cuanto más tiempo pasa, más aceptado es todo lo que Dios aborrece y prohibe, y hoy el lema es: “no se puede juzgar”. No son criterios bíblicos.
    ¿Dónde nació la verdadera iglesia? No en Roma, sino en Jerusalén. Hechos 2:14 nombre la ciudad de Jerusalén. El versículo 22 habla de los israelitas, y el versículo 36 nombra la casa de Israel. No habla de Italia ni Roma sino de Israel y Jerusalén. En Marcos 1:4-5 los de Judea y Jerusalén escucharon a Juan el bautista y se bautizaron. En Mateo 5:35 leemos que Jerusalén es la ciudad del gran rey. No es Roma. Ezequiel 38:12 menciona que Israel es la parte central de la tierra, como el eje, que si lo quitas las ruedas no funcionan. Ezequiel 5:5 dice que Dios puso a Jerusalen, no Roma, en medio de las naciones.
    El problema es que en los postreros tiempos la cristiandad, incrédula, está tan alejada del patrón que en lugar de ser fiel seguidora del Señor, se ha convertido en una gran ramera, que como decíamos, se acuesta con cualquiera.
 
   Apocalipsis 17:4 da sus colores y adornos: los colores de Roma son púrpura y escarlata, y se ve también toda la riqueza que ella ostenta: oro, piedras preciosas y perlas. En su mano está el cáliz de oro lleno de abominaciones y de la inmundicia de sus fornicaciones. La fornicación aquí se refiere a la infidelidad espiritual, la idolatría, la inclusión de creencias y prácticas ajenas a la santa voluntad de Dios.  El versículo 2 dice que todas las naciones fornicaron con ella. El Vaticano influye en países y reinos en todo el mundo. El papa Gregorio VII en el año 1076, en la “Querella de las Investiduras”, excomulgó al emperador Enrique IV, y lo obligó a presentarse ante él. De castigo le hizo quedarse tres días en su puerta sin ser recibido. Al final vio al pontifice y tuvo que humillarse, agacharse y besarle el pie. Entonces lo absolvió y lo llamó siervo suyo.
    El Vaticano tiene su templo a base de lujo, sus embajadores, es reconocido en las Naciones Unidas, tiene poder jurídico, banca, correo prensa, emisoras de televisión y radio, etc. Contrasta la mansión donde vive el Papa con donde moraba el Señor Jesús. En el versículo 5 tenemos su título, un misterio: “BABILONIA LA GRANDE, LA MADRE DE LAS RAMERAS Y DE LAS ABOMINACIONES DE LA TIERRA”. Es Dios quien le da ese título, y no somos quienes para suavizarlo.
    Babilonia es una realidad que tenemos que entender. Por eso hay dos capítulos en Apocalipsis dedicados a este tema (cc.17-18). ¿Dónde está? No en el centro de la tierra, sino otro área. El versículo 9 dice: “Esto, para la mente que tenga sabiduría: Las siete cabezas son siete montes, sobre los cuales se sienta la mujer”. La ciudad que tiene siete montes es Roma. Las siete colinas de Roma se sitúan en la parte este del Tiber y durante la historia fueron un lugar muy importante para la religión, la mitología y la política de los antiguos romanos. Durante los siglos y la consecuente expansión de Roma se habla de Vaticano y Gianicolo como colinas romanas, también las siete colinas, son famosas a través de la historiografía de Cicerone y de Plutarco. No cabe duda de que en Apocalipsis 17:9 identifica la cuidad de la gran ramera como Roma. El versículo 18 confirma: “Y la mujer que has visto es la gran ciudad que reina sobre los reyes de la tierra”. Tengamos claro, hermanos, que no podemos consentir de ninguna manera ni participar en nada de un sistema tan abominable a Dios.


de un estudio dado por Lucas Batalla el 22 de junio, 2014

EL PELIGRO DEL DESÁNIMO


Texto: Números 21:4-9

Cuando Israel iba por el desierto, cerca del final del viaje, hubo un rechazo en la frontera de Edom y Dios cambió su rumbo, lo cual postergó su llegada a la tierra prometida. Además, en el camino hubo carencias y el pueblo sediento y cansado se desanimó. Empezó a sacar fallos y criticar lo que Dios había provisto –el maná– ese pan maravilloso, celestial, que contenía todas las proteinas y nutrientes necesarios para sostenerlos durante cuarenta años en el desierto. Se volvieron ingratos y quejosos. Cuando uno cede al desánimo, nada le parece bien. Hermanos, cuando viene así el desánimo, es como un ataque – y vienen el disgusto, la murmuración, la crítica y las quejas. Dios estaba dirigiendo la vida de Su pueblo, y les hizo ir por otro camino en lugar de entrar pasando por Edom, y se desanimaron porque no querían el camino que Dios escogió. Israel tenía un deseo, pero Dios tenía otro. Era una oportunidad para confiar y seguir adelante por la fe. Pero fracasaron, y eso es un ejemplo y advertencia a nosotros.
    Si Dios controla nuestra situación como hacía con Su pueblo Israel,  ciertamente es para bien aunque no entendamos todo ahora. Él no se equivoca. No es necesario entender, pero sí es necesario confiar. Respecto a Israel, Dios no quería que atacasen a Edom para pasar allá por la fuerza, pues Él había dado aquella tierra a los edomitas que eran parientes de Israel.
    Miremos otro caso del peligro del desánimo. En 1 Reyes 21:1-6 vemos cómo Acab se desanimó porque no pudo hacer lo que quería. A Nabot le propuso con educación la venta de su viña y le ofreció buena recompensa. Hasta allí, bien. Pero Nabot no quiso vender su herencia, pues la apreciaba y sabía que no debía venderla. Tuvo el valor de decirle no al rey, pero el rey, en lugar de aceptar esto, se puso de mal humor.
    Mirad bien, porque el desánimo en los casos así es pecado – causado por egoísmo y el deseo de salirse con la suya. El desánimo nos debilita, y en ella hacemos cosas malas – así le pasó a Acab – escuchó a su mujer Jezabel y el resultado fue mentira, engaño, injusticia y homicidio. Juzgaron injustamente a Nabot y lo mataron. Ahora bien, Acab no era creyente, pero a veces el desánimo afecta la vida del creyente, le abre a tentación y error, a hechos carnales que sólo traen el mal a su vida. Hay que tener mucho cuidado porque en ese momento el diablo nos enviará a alguien como Jezabel, nos provocará a actuar según nuestra carne: murmurar, criticar y pecar con la actitud, la boca y los hechos. En 1 Reyes 21:18-25 viene la denuncia divina y el castigo es anunciado. En en lugar de la sangre de Nabot iba a verterse la sangre de Acab. Dios dice claramente en el versículo 25 que su mujer le incitaba. ¡Vaya compañera de viaje! Los jóvenes harían bien en pensar en esto y recordarlo para que nunca entren en relación con una persona que incita a hacer lo que no agrada a Dios. En los tiempos difíciles, en las pruebas, necesitamos a alguien que nos anime a seguirle fielmente al Señor. Tendrá que ser verdaderamente espiritual, creyente, no sólo religioso. Jezabel era religiosa, inteligente y lanzada, pero no se sujetaba a Dios ni animó a Acab a hacerlo. Estaba acostumbrada a salirse con la suya de la forma que fuera, y Acab en su desánimo le hizo caso, lo cual fue un error fatal.
    Volviendo a Números, como venimos diciendo, Israel quería pasar por el camino de la tierra de Edom para llegar a la tierra prometida. Pero cuando Edóm le negó el paso, Dios envió a su pueblo por otro camino para que no peleasen con Edom. Pero Israel no quiso entender esto, ni aceptarlo, ni esperar más. Quisieron andar como ellos deseaban (Nm. 20:14-21), y se desanimaron. Y la historia se repite muchas veces con los mismos resultados.
    Hoy hay mucho de esto en los jóvenes que no quieren contar con el consejo, la instrucción y guía de sus padres. Es todavía peor cuando los padres son creyentes y los hijos profesan serlo, pero no quieren sujetarse. Las exhortaciones y enseñanzas halladas en el libro de Proverbios, por ejemplo, acerca de guardar la ley de su padre, etc., les sobran. Quieren salirse con la suya como los jóvenes del mundo, los paganos, los incrédulos que se guían por las películas, las novelas y la opinión de la sociedad, no por la Palabra de Dios. A esos jóvenes en familias cristianas les pesa, disgusta y desanima el tener que sujetarse y obedecer. Piensan que como ya son adultos no tienen que hacer esto. Y a los evangélicos no tan jóvenes también les pasa igual – porque se empeñan a ir donde quieren, hacer lo que quieren, cuándo y cómo quieren, sin contar con Dios. Si piden consejo o ponen un motivo de oración, piensan que se les tiene que conceder – la única respuesta que aceptarán es: “Oh, sí, por supuesto, haz como quieras y que Dios te bendiga”, pues de otra manera saldrán de la iglesia para vivir como quieren. Por ejemplo, un hombre quiso divorciar a su esposa y casarse con otra. Cuando los ancianos le dijeron que no, se desanimó y le cayó el semblante. El domingo siguiente se puso de pie en la asamblea y anunció: “Bueno, hasta aquí he llegado, pero me bajo del tren”, y abandonó a la iglesia para ir y hacer lo que le parecía.
    Pero los de Israel eran adultos también, y erraron gravemente. Israel se desanimó y pecó con la boca – todo por su carnalidad. No había que consolarlos en esa condición. Dios no les mandó psicólogos, consejeros ni consoladores, ¡sino serpientes! Dios hizo lo correcto: ¡les castigó y muchos perecieron! A veces los creyentes desanimados y desobedientes buscan consuelo y solaz, buscan la compasión, sin haber obedecido, ni se han arrepentido. No hay consuelo para los tales. No les hace falta psicología sino corrección hasta que se arrepientan y acepten el camino de Dios y la provisión de Dios.
    Dice el Señor que el corazón es engañoso sobre todas las cosas, y ellos se dejaron engañar por su corazón desanimado. A tantos años del viaje todavía no habían aprendido.  Años más tarde, el rey Acab se dejó llevar por su corazón engañoso y desanimado, y el de su mujer, pecó grandemente y le costó la vida. El corazón desanimado es un consejero malo que sufre por carnalidad. Lo que debe hacer es arrepentirse, humillarse, negarse y confiar en el Señor.
    No olvidemos que el diablo, nuestro adversario, anda alrededor buscando devorarnos, buscando incitarnos a la desobediencia y hacernos salir de la voluntad de Dios. Lo hace con astucia y usa circunstancias y personas que nos instigan a hacer mal. Pero hermanos, alcemos la mira al Señor, confiemos en Él siempre. Por largo y difícil que sea el camino que Él escoge para nosotros, es mejor que cualquier otro, y un día en el cielo esto estará claro. De momento, aprendamos de la historia y aceptemos por fe que la guía, el consejo y la voluntad de Dios es "buena, agradable y perfecta" (Ro. 12:2).
de un estudio dado por Lucas Batalla, el 27 de junio, 2013

Sunday, June 21, 2015

¿QUÉ PENSÁIS DE CRISTO?


¿Qué piensas de Jesucristo? ¿Quieres dar tu opinión? Se hacen muchas encuestas públicas y entrevistas en directo en la tele o la radio preguntando: “¿Qué piensa Ud.?” acerca de una gran variedad de asuntos. Pero esta pregunta es infinitamente más importante. Es acerca de Cristo, no la religión.
    Amigo, aunque tengas la tuya, aquí no se trata de meras opiniones, sino de una evaluación correcta acerca de Jesucristo. Por eso, vamos al documento histórico que más habla de Cristo, el Nuevo Testamento, para ver qué pensaban los que le conocieron y convivieron con Él.
    En S. Juan 7:46 leemos que los alguaciles del templo en Jerusalén dijeron: “¡Jamás hombre alguno ha hablado como este hombre!” Se dieron cuenta que era diferente a todos los que hablaron en el templo.
    En S. Lucas 15:2 los fariseos y escribas expresaron su desprecio de Cristo al murmurar: “este a los pecadores recibe y con ellos come”.  La crítica de los líderes religiosos se convirtió en palabras de esperanza para nosotros. ¿Quién es Cristo? Uno que recibe a los pecadores. Él vino para salvar lo que se habían perdido (S. Mateo 18:11). Cristo dijo: “No he venido a llamar a justos, sino a pecadores” (S. Mateo 9:13). Si eres pecador, Cristo vino para salvarte. La religión no perdona ni salva a nadie. Sólo Jesucristo es el Salvador.
    Aun los demonios pensaban en Cristo mejor que muchas personas, pues le llamaron: “Jesús, Hijo del Dios Altísimo” (S. Marcos 5:7). Sabían más que muchos judíos, y ciertamente más que los llamados “testigos de Jehová”, los mormones, los musulmanes y otros muchos, porque reconocieron la divinidad de Cristo. Pero eran rebeldes, no quisieron someterse a Él en fe y obedecerle. No repitas su error.
    El apóstol Simón Pedro confesó: “Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente” (S. Mateo 16:16) y luego dijo: “¿A quién iremos? Tú tienes palabras de vida eterna” (S. Juan 6:68). En Hechos de los Apóstoles, 2:36, Pedro predicó así: “...a este Jesús a quien vosotros crucificasteis, Dios le ha hecho Señor y Cristo”. En Hechos 3:14-15 le llamó: “el Santo y el Justo” y “Autor de la vida”. En Hechos 4:12 habló con gran denuedo en público diciendo: “Y en ningún otro hay salvación; porque no hay otro nombre bajo el cielo, dado a los hombres, en que podamos ser salvos”. La iglesia no salva. Los sacramentos tampoco. Sólo Jesucristo salva. En Hechos 5:31 le llamó: “Príncipe y Salvador”. En Hechos 10:36-43 proclamó: “éste es Señor de todos”, y “Juez de vivos y muertos”. En el versículo 43 anunció que “todos los que en él creyeren recibirán perdón de pecados por Su nombre”. Luego en su primera epístola escribió: “quien llevó nuestros pecados en su cuerpo sobre el madero” (1 P. 2:24). “Llevó” dijo, porque no es un sacrificio continuo. Seguramente Pedro, lleno del Espíritu Santo, hablaba ex cátedra. ¡Sin embargo, muchos que le consideran su primer Papa no hacen caso de sus palabras! Pensar de Cristo como Pedro hacía es confiar en Él para perdón y vida eterna!
    El apóstol Tomás el dudador exclamó: “Señor mío y Dios mío” (S. Juan 20:28).
    Pero el mejor testimonio es el del Padre celestial que dijo: “Éste es mi Hijo amado,en quien tengo complacencia” (S. Mateo 3:17). En la Epístola a los Hebreos, 1:1-4 leemos: “Dios...en estos postreros días nos ha hablado por el Hijo, a quien constituyó heredero de todo, y por quien asimismo hizo el universo; el cual, siendo el resplandor de su gloria, y la imagen misma de su sustancia, y quien sustenta todas las cosas con la palabra de su poder, habiendo efectuado la purificación de nuestros pecados por medio de sí mismo, se sentó a la diestra de la Majestad en las alturas, hecho tanto superior a los ángeles, cuanto heredó más excelente nombre que ellos”
   ¿Lo has entendido? Te ruego, léelo bien y medita lo que dice, porque nadie más es ni hace como Él. Ni Buda, ni Mahoma, ni el Papa, ni los santos, ni nadie más tiene punto de comparación con Jesucristo.            
    Él es el Creador, el resplandor de la gloria de Dios y la imagen misma de la sustancia de Dios. Es decir, ¡es Dios! También es quien efectuó la purificación de nuestros pecados. Si no tienes el perdón definitivo de tus pecados, es porque no acudes al único que te lo puede dar: el Señor Jesucristo. En Juan 8:24 Él declaró: "si no creéis que yo soy, moriréis en vuestros pecados". Tu vida ahora y tu destino eterno dependen de lo que crees acerca del Señor Jesucristo.
    Sólo hemos citado unos pocos textos. Amigo, la Biblia da abundante testimonio y nos enseña cómo pensar y cómo no pensar acerca de Cristo. Cada uno debe investigar y llegar a una conclusión y convicción personal. Así que, ¿tú qué piensas de Cristo? ¿Estás dispuesto a aceptar el testimonio de Dios y los santos apóstoles? Jesucristo es el Creador, el Señor y Dios. Es Juez de vivos y muertos. Pero quiere ser tu Salvador. Arrepiéntete de tus pecados y de tu confianza en cualquier cosa o persona menos Cristo, y deposita toda tu fe única y exclusivamente en Él. “Cree en el Señor Jesucristo, y serás salvo”.
                                                                                  – Lucas Batalla