Friday, May 30, 2014

EL VALOR DE LA PACIENCIA

Texto: Salmo 37:1-7

Este salmo comienza diciéndonos: “No te impacientes” (v. 1), y en el versículo 7 dice: “guarda silencio”. Una de las cosas grandes que Dios quiere enseñarnos a través de este salmo es la paciencia. En el versículo 5 nos dice: “confía en él, y él hará”. Fijémonos que estas cosas se dicen aquí cuando abundan los malignos y la iniquidad. Es una situación difícil de soportar.
    Nosotros oramos y pedimos muchas cosas – algunas el Señor contesta ahora y otras luego. Dependemos de la voluntad y sabiduría del Señor y de Su gracia y misericordia. El Señor está guiándonos por la vida, y trabajando también en nosotros. Quiere desarrollar en nosotros otra cosa importante, que es la compasión. También quiere enseñarnos a ser estables y firmes en la fe, no variables con altibajos. Quiere que soportemos las pruebas y dificultades sin venirnos abajo, sino confiados en Él. Pero esto no es automático, sino que es una lección que vamos aprendiendo poco a poco. Nos dice: “confía en él; y él hará”. Y entonces vienen circunstancias contrarias como en este salmo, que nos hacen confiar en Él. Si confiamos en el Señor, podemos tener paciencia, ser benignos y misericordiosos.
    Cuando pasamos tiempo en la sala de espera del Señor, la oración, Él va obrando en nosotros y a favor de nosotros. Hay que ser pacientes. Hay creyentes que se convierten y en seguida quieren ser y hacer como los que llevan años en el Señor. Esto es un deseo bueno, y hay que felicitarles, no desanimarles. En el Nuevo Testamento no había que esperar años y años para servir al Señor. En seguida quieren predicar, desean testificar bien, tienen hambre de saber mucho más acerca de la Biblia, y todo esto es bueno y son señales de vida. Pero todo esto cuesta su tiempo y el crecimiento viene de día en día, sobre la marcha en la vida, y no es instantáneo. Dios también quiere formar el carácter de los Suyos.
    En Santiago 1:2-4 se nos aconseja la paciencia en las pruebas. El versículo 3 dice que la prueba de nuestra fe produce paciencia, como también leemos en Romanos 5:3.  En Santiago 5:7-8 dice que tengamos paciencia, ¿hasta cuándo? Hasta la venida del Señor. Necesitamos la paciencia en toda la vida. El versículo 8 nos recuerda que el Señor vendrá. Él cumplirá Su promesa. Dice que Su venida “se acerca”. En el versículo 10 nos llama a considerar el ejemplo de los profetas, que tuvieron que vivir en circunstancias contrarias. Sufrieron oposición, crítica, persecución, tenían pocos amigos, tenía que ir contra la corriente de su generación. Esto es ser fiel y paciente en las pruebas. Luego en el versículo 11 vemos la paciencia de Job, que sufrió mucho pero el fin del Señor era bueno para con él, y así es también en nuestra vida. La vida cristiana no es una carrera de corta distancia, sino más bien como un maratón. Pero esto no quiere decir que sólo los hermanos más viejas pueden servir al Señor y que los jóvenes esperen pacientemente hasta que mueran los hermanos viejos y entonces tendrán oportunidad. No es esto. Bueno es comenzar como joven, y servir siendo fiel y paciente toda la vida. Cuando venga el Señor, que nos halle sirviéndole, sea cual sea nuestra edad.
    Hebreos 10:36 nos dice: “no perdáis, pues vuestra confianza que tiene grande galardón, pues os es necesaria la paciencia”. Aquí paciencia significa “perseverancia”. Y el más grande galardón (v. 32) es que vendrá el Señor y nos llevará a Su casa. Así que, sirvámosle con paciencia, esto es, con perseverancia, hasta que Él venga.

de un estudio dado por Lucas Batalla, el 9 de septiembre, 2010

Tuesday, May 6, 2014

BENDICIONES INVISIBLES

Texto: Romanos 5:1-11

No hay tiempo suficiente para decir todo lo que tenemos como creyentes —cosas que los del mundo no tienen. Las cosas invisibles se nombran en nuestro texto; pero los del mundo buscan y miran lo visible. Sin embargo la Palabra de Dios dice que lo invisible es lo más importante, y lo que permanece.
    Mateo 6:33 nos instruye a buscar primeramente el reino de Dios y Su justicia – lo invisible – y todas las cosas que necesitamos nos serán añadidas: cosas visibles y tangibles como comida, bebida, ropa, cobijo. El Señor sabe que también necesitamos estas cosas perecederas. Él provee, no nos descuida ni nos abandona. Mateo 6:32 dice que los gentiles (inconversos) buscan estas cosas. Esta búsqueda de lo temporal es su enfoque, su preocupación. Pero los creyentes debemos confiar en nuestro Padre – Él proveerá.
    Y volviendo al libro de Romanos, lo permanente que tenemos que el mundo no, es mucho. Los del mundo son como el joven rico al que el Señor le dijo que le faltó algo. Por mucho que tengan, siempre les falta lo más importante.
    1. Tenemos paz (v. 1). La paz en la conciencia ante Dios es una gran cosa. Es la paz con Dios, no paz entre países, paz con los vecinos, etc. Romanos 2:1-8 presenta la situación de todo ser humano por el pecado – es de conflicto y desventura. En Romanos 3:17 dice que no conocen el camino de paz. Tienen enemistad con el Hacedor de su propia vida. La paz de Dios no es como la de los hombres que viene después de guerra, destrucción y la muerte de muchos. La paz de Dios es porque murió Su Hijo por nosotros en la cruz del Calvario. Efesios 2:14-15 explica cómo Él vino a ser nuestra paz.
    2. Tenemos entrada/acceso (v. 2). Sin sacerdotes ni santos como intermediarios, tenemos entrada a la presencia de Dios todos los días y todas las horas. Somos aceptos en el Amado (Ef. 1:6). Las puertas de Dios no se cierran por vacaciones, ni por difunción, ni por descanso semanal, ni nada. Podemos entrar para adorar, orar y buscar misericordia y socorro (Ef. 2:18; He. 6:20). No hay que pedir cita previa ni esperar en colas. Dios siempre atenderá a los Suyos.
    3. Tenemos esperanza (vv. 2-5). Hoy hay mucha gente desesperada, en las cárceles, en los hospitales y las residencias de ancianos y en sus propias casas. Hay gente sin recursos ni trabajo ni amigos. Pero el creyente tiene esperanza ahora y para el futuro. El creyente se goza de la esperanza ciertísima de la gloria de Dios (1 Co. 2:9; Col. 1:5). Romanos 12:12, 15:4 y 15:13 hablan del gozo y el poder de la esperanza del creyente.
    4. Tenemos consuelo o paciencia que es perseverancia (vv. 3-4). ¡Cuántas personas hay en el mundo que necesitan esto! Tienen sus vidas rotas, pasan tristeza y dolor, y no tienen consuelo ni tienen cómo perseverar pacientemente. La paciencia que tenemos es consuelo, y nos ayuda a aguantar lo difícil. Romanos 8:28-30 afirma que todo ayuda para bien, pero esto no es para todos, sino para los creyentes, los que a Dios aman. Es un consuelo que sólo tiene el creyente. 1 Pedro 1:6-7 fue escrito por Pedro que murió como mártir. Podemos ser afligidos y tener pruebas pero sabemos que todo saldrá bien al final. No es nada inventada en nuestra mente, sino un consuelo que Dios da a los Suyos.
    5. Tenemos amor (v. 5). El amor de Dios permanece, y ha sido derramado en el corazón –la ciudadela y centralita de nuestra vida– por el Espíritu Santo. Dios obra en nuestro corazón y pone amor divino allí donde antes sólo había amor egoísta, carnal, inmundo. El creyente no tiene un corazón dominado por el odio, sino por el amor divino. De pronto aborrecemos lo que antes amábamos. Son caminos torcidos, caminos anchos que conducen a la puerta de la perdición. Ese amor derramado por el Espíritu es acompañado de justificación (v. 9), salvación (v. 9) y reconciliación (vv. 10-11). Une las dos partes. Resuelve el conflicto. ¡Cuán grande es la obra que Dios ha hecho en nosotros! Ese amor vino porque el Espíritu Santo fue dado.
    6. Tenemos el Espíritu Santo (v. 5). No estamos todavía esperando el Espíritu Santo, pues ya está en todo creyente y el que no lo tenga no es de Dios (Ro. 8:9). No se compra el Espíritu Santo, como quiso hacer Simon Mago en Hechos 8. Dice Romanos 5:5 que “nos fue dado”. Él es dado a todos los creyentes, ¡gracias a Dios! No hay que pedir que venga ni esperarle, pues entró y nos selló cuando creímos. Nos enseña (Jn. 16:13). Nos sella y protege (Ef.1:13-14). Nos guía (Ro. 8:14) en la santidad, a seguir y agradar al Señor, y a reunirnos con nuestros hermanos. No podemos perderlo, pero podemos contristarlo, y acerca de esto Efesios 4:30 nos advierte. Efesios 3:16 comenta que el Espíritu Santo puede fortalecernos en el interior. La verdadera fortaleza no es corporal, sino espiritual.
    Que el Señor nos ayude a apreciar y tomar ánimo considerando las cosas invisibles y perdurables que tenemos de Él – ricos tesoros que los del mundo nunca tendrán. Vivamos entonces para la gloria de Aquel que tanto nos ama y tanto ha hecho por nosotros. Amén.

de un estudio dado por Lucas Batalla, el 12 de agosto, 2012

Thursday, February 13, 2014

LLAMADO A LOS JÓVENES

Texto: Jeremías 1:1-19


Aquí el Señor llama a Jeremías a predicar y le informa (v. 17) que si no lo hace debidamente el Señor le quebrantará.  Era hijo del sacerdote Hilcías y tuvo así padres piadosos que inculcaron las cosas de Dios. Hay hoy en día quienes tienen padres piadosos que les enseñan y aconsejan, pero los hijos no quieren seguir. Jehová le escogió a Jeremías y le enseñó el oficio de profeta – no de sacerdote.
Cuando Dios llama a alguien no lo abandona, sino que le provee de todo lo que necesita para servir. Lo mismo había hecho con Moisés, y luego con Josué en su día. Y con nosotros, cuando nos invade el temor, corremos peligro. Tenemos que poner la mira y confianza en Dios y servirle fielmente.
Jeremías ante esta carga tan tremenda siente temor, pero Dios no le deja darse de baja. Puede enseñar y fortalecer a los jóvenes. Recuerda lo que pasó con Daniel ante toda Babilonia – y el era joven pero fue fiel.
Pero hoy en día faltan jóvenes de valor – está la juventud evangélica en una crisis de fe e identidad. Si no se levantan los jóvenes a guardar la fe y luchar por ella, las iglesias van a seguir menguando y desaparecerán, y como en Inglaterra, sus locales se convertirán en mezquitas.
Al jóven Jeremías Dios le dice en el 1:8, “no temas delante de ellos”, y en el v. 7, “no digas: Soy un niño”, y en el 17, “ciñe tus lomos, levántate y háblales todo cuanto te mande”.  Hoy más que nunca hacen falta jóvenes espirituales, serios, que se levanten así porque las iglesias están anémicas, flojas, mundanas y divagando. En muchos casos los jóvenes que toman responsabilidades en la iglesia son mundanos y livianos, y traen o desean traer el mundo contemporáneo a la iglesia. Sin discernimiento ni convicciones, venden la verdad y no la compran, porque piensan de otra manera. No ven lo malo de meter en la iglesia el material del príncipe del mundo, sus diversiones y prioridades. No quieren negarse a sí mismo y tomar su cruz para seguirle a Cristo. Pero sí quieren tener una reunión de jóvenes porque luego saldrán a tapear y pasear o ir juntos a una peli. Éstos no son como Jeremías, Josué, Daniel, Timoteo y Tito. Tienen un pie en el mundo y otro en la iglesia, viven a medias, y así no pueden ser útiles al Señor. Si el Señor merece algo, es el sacrificio y la devoción total. Nada menos. Pero con las medias tintas y la doblez de corazón, los problemas y las actitudes del mundo invaden e infectan, y hay que parar todo esto pero ¿quién lo hará?
El Señor le advertió (v. 19) que iba a tener lucha. No iba a ser popular y estar cómodo en un despacho. Y así fue, porque Jeremías sufría durante cuarenta años. No iba a tener el apoyo del pueblo, sino sólo el de Dios: “yo estoy contigo” (vv. 8, 19). Así, tuvo que sufrir el desprecio de los que quería ayudar. Ni iba a ser popular ni apreciado, ni siquiera por los de su propio pueblo, sino falsamente acusado, criticado, amenazado y perseguido. Tuvo que hacer como David en Salmo 34:4 y buscar al Señor para que le librara de sus temores. Salmo 34:5-6 también fue verdad acerca de Jeremías. Es porque serle fiel a Dios nos mete en camino contrario a la corriente del mundo y la naturaleza humana. Pero en el Salmo 37:28 el Señor promete que no desamparará a Sus santos.
Volviendo a Jeremías 1:9 vemos que Dios puso Su Palabra en boca de Jeremías – no palabra de hombres – nada de origen humano. El conflicto vino porque el pueblo no quiso escuchar la Palabra de Dios y Jeremías no iba a darle otra cosa (lo mismo le pasó a Ezequiel).
Que Dios nos dé ese espíritu de devoción, lealtad y valor para estar firmes y serle fieles. Los que conocen a su Dios se esforzarán y actuarán (Dn. 11:32). Jeremías conocía a Dios y fue valiente y fiel. El Señor todavía busca a jovenes entregados, serios y fieles, y no sólo a jóvenes sino también a los que no son tan jóvenes pero desean tomar en serio la vida espiritual y servir al Señor. No hay mejor manera de gastar la vida.

de un estudio dado por Lucas Batalla, el 10 de marzo, 2013

Wednesday, December 18, 2013

LA CIZAÑA

Texto: Mateo 13:24-30

El otro día hablé con un vecino después de que los Testigos de Jehová estuvieron repartiendo mucho en nuestro barrio. A ese vecino se le ha muerto la esposa, y antes había tenido a varias personas trabajando en su casa, personas de Latinoamérica que decían que eran creyentes evangélicos, pero no han dado muy buen testimonio en su trabajo. Es una lástima porque ese vecino y su familia han sido todos católicos y nunca han conocido otra cosa, y las únicas veces que les llegaron evangelícos resultaron experiencias negativas.
Así que hablando con él, me preguntó si soy Testigo de Jehová y por supuesto le dije que no, sino evangélico. Entonces me dijo que había visto en la tele cosas raras de los evangélicos, como que gritan en sus reuniones, la gente se desmaya y cae al suelo, etc. Pero le expliqué que nosotros no de éstos, y cómo somos y qué creemos. Le expliqué que hay orden en nuestras reuniones, que no tenemos escenas de descontrol ni desorden, que hay himnos, luego un hermano da un estudio en la Palabra de Dios, que no se levantan las mujeres chillando, hablando de visiones ni nada así. Entonces aclaradas estas cosas, él se fue.
Y todo esto me hizo pensar en esta parábola, porque demuestra que no todos los que dicen son. 1 Juan 2:19 dice: “salieron de nosotros, pero no eran de nosotros”. En la parábola aquí en Mateo 13 aprendemos que en el campo siempre habrá problemas porque el enemigo está allí. Todo lo que es presentado aquí sucede en el mismo terreno. El campo es el mundo, y el príncipe del mundo es Satanás.
La cizaña brota en en mismo campo que el trigo, se parece al trigo, y crece a la par con el trigo e incluso más rápido, porque no lleva nada de valor. Sube pronto y es quizás más vistosa pero no tiene nada al final. Su trayecto es corto y termina siendo desechada.
Alguien pregunta: “¿Cómo pudo ser sembrada?” La respuesta es que el enemigo busco el momento oportuno para hacerlo y lo halló como dice el versículo 25, “mientras dormían los hombres”. Uno no puede vigilar cuando duerme, así que dormido es no orar, no no vigilar, no velar. Es una condición espiritual en la que no uno no lee ni conoce la Palabra de Dios, ni juzga bien, ni discierne. Parece que todos los gatos son pardos. Todo le parece más o menos bien. El versículo 39 explica que el enemigo es el diablo y trabaja con astucia para meter entre el trigo algo que confunde y no tiene valor: la cizaña.
Hoy en día muchas iglesias piensan que si hay música bonita pues todo está bien. Todos se sienten bien. A la gente le gusta y por eso viene, y viendo a la gente allí piensan que todo anda bien. No tengo nada contra el uso piadoso de música, pero de eso no se trata, sino de música para divertirse y crear ambiente. Pero los que así proceden se equivocan. Sólo se emocionan carnalmente, es algo de sentimientos, no de espíritu. Se sienten bien, levantan las manos, mueven los cuerpos con el ritmo de la música y piensan que Dios está en todo esto, pero no siguen al Señor. Son cizaña – las denominaciones, las religiones, las sectas, cada uno con sus cosas, cada loco con su tema, y en iglesias así hay para todos los gustos menos los del Señor y los que le siguen. Al final todo eso está destinado a ser quemado. Se alegran de tener locales llenos, pero ¿de qué? ¡De cizaña! Uno que no sabe puede mirar un campo de cizaña y pensar que está viendo un campo de trigo. Pero al final la cizaña dará su fruto, y el trigo el suyo.
Al trigo le cuesto su tiempo llegar a la madurez. No da fruto en seguida, sino cuando sea el tiempo. Pero la cizaña viene y se va y no da ningún fruto. ¿Cuántos hemos visto entrar, profesar fe, incluso bautizarse y luego desaparecer sin dar ningún fruto? Muchos. No todo el que profesa ser creyente lo es. La cizaña parece como trigo pero no lo es.
El Señor no la arranca todavía, sino que la deja crecer, pero en el mundo, no en la iglesia. El campo es el mundo. Sin embargo, hoy muchas iglesias permiten la cizaña, y muchas no hacen ninguna distinción entre el que profesa y el que cree.
¡Cuán importante es cuidarnos de aun los desvíos pequeños.  Por un desvío de un punto de brújula en un avión, no llega a su destino. A corto plazo parece poca cosa pero cuanto más lejos anda más grande es la diferencia y la desviación. Al final en lugar de llegar a su ciudad de destino se estrella en el mar. Hoy en las iglesias evangélicas dicen que hay doctrinas que no son importantes, que son pormenores, pero no lo son. Cuidado con el desvío más pequeño porque conduce a errores más grandes. El Espíritu Santo, dijo el Señor, nos guia a toda la verdad, y lo hace mediante la Palabra inspirada.
Tenemos que orar y pedir la guía del Señor, y estar mucho en Su Palabra, leyendo, estudiando, meditándola y poniéndola por obra. Debemos rodearnos de los que tienen una fe igualmente preciosa, como dice 2 Pedro 1:1. Debemos tener cuidado de nosotros mismos y de la doctrina. Necesitamos discernimiento y firmeza hasta que venga el Señor. Que Él nos ayude. Amén.

de un estudio dado por Lucas Batalla el 7 de noviembre, 2013

Wednesday, November 27, 2013

¿CONSUELO, O DOLOR ETERNO?

Texto: Apocalipsis 21:1-8

De visita en el hospital, acompañando a un enfermo, observé muchas cosas – mucho sufrimiento, tristeza, desánimo y debilidad. Vi a una mujer que acompañó cariñósamente a su marido ciego; cinco horas estuvo sin soltarle la mano. Hablé con ella para animarla porque me impresionó mucho. Me contó que su marido había luchado toda la vida para sacar adelante a su familia y ella no le iba a dejar solo cuando él necesitaba ayuda. Dijo que le tiene gran cariño y gratitud, y qué menos después de todo lo que él había hecho. Me impresionó su cariño, gratitud y constancia, pegada a su lado. Como creyentes, cuando vemos cosas así nos tienen que hacer pensar.

Mis hermanos, nosotros tenemos la seguridad de que el Señor por Su gran amor y a gran coste nos ha salvado, consiguiendo nuestro perdón y bienestar espiritual a precio de Su sangre derramada. No sólo murió en la cruz castigado en nuestro lugar, sino también nos ayuda en todo el camino de la vida en este valle de lágrimas, y aun en valle de la sombre de muerte (Sal. 23:4), y al final, como dice nuestro texto, enjugará toda lágrima (Ap. 21:4). Vivimos con la certidumbre de que Él nunca nos abandonará, sino que nos tratará con cariño en medio de toda prueba y dificultad para que lleguemos al cielo donde habrá consuelo perfecto. Y nuestra llegada al cielo no sólo dará gozo a nosotros, ¡sino también a Él, porque nos quiere! El Señor siempre nos será fiel. Su obra redentora y Su cuidado constante nos deben motivar a la devoción, lealtad y constancia a favor de Aquel que tanto bien nos ha hecho.

Ante la muerte la persona del mundo está como muchos que he visto en el hospital – sufriendo, y en el camino de morirse sin esperanza. El Señor nos cuida – el versículo 7 dice que Él será nuestro Dios. El Señor no sólo es nuestro Dios ahora, sino que Él nos espera en la eternidad. En cambio, los que no creen, que tienen dioses de madera, o sólo tienen sus filosofías, no tienen nada ahora, y peor es que estarán desamparados y dolidos en la eternidad.
Pero cuando Dios camina con Su pueblo y Su pueblo con Él, se sobrellevan las cosas. Sí, lloramos, pero Él enjugará toda lágrima (v. 4), y no habrá más muerte. ¿Qué sistema político puede quitar la muerte? ¿Qué hospital puede curar para que no muera nadie? Ninguno. Sólo el Señor quita el llanto, el clamor, el dolor y la muerte porque “las primeras cosas pasaron”; entre ellas, el pecado y el juicio. Ahí no hay dolor, ni enfermedad, ni farmacia, ni ambulancia, ni médico, ni hospital, ni cuidado intensivo, ni cementerio. El postrer enemigo que será destruido es la muerte (1 Co. 15:26). Hoy en día nos dicen que la muerte es natural, es parte del ciclo de la vida, y tratan de negar la enemistad, pero la Biblia llama a la muerte “enemigo”, y en Romanos 5:12 declara que vino a causa del pecado. No es natural la muerte, y no habrá muerte con el Señor en el cielo, porque no habrá pecado allá.
El creyente muere y se va a la presencia de Cristo en la gloria, “lo cual es muchísimo mejor” (Fil. 1:23). Cuán agradecidos y animados debemos estar. Tenemos que pasar por la muerte si el Señor no viene antes, pero por ella llegaremos a la gloria con el Señor.  El Apocalipsis 21:5 Dios declara: “He aquí, yo hago nuevas todas las cosas”. El versículo 7 dice acerca del creyente: “Yo seré su Dios, y él será mi hijo”. La familia de Dios no se desintegra nunca. Como dice el corito: “¡Qué maravilla es tener una familia en Cristo Jesús!”, porque es la familia eterna. Ahora somos miembros de la familia de Dios (Ef. 2:19), y la muerte no disuelve estos lazos de amor eterno. ¡Cobremos ánimo, y seamos fieles y devotos al que tanto ha hecho por nosotros!
Pero, ¡qué diferencia para los que no creen, sino viven en el pecado. El versículo 8 declara: “Pero los cobardes e incrédulos, los abominables y homicidas, los fornicarios y hechiceros, los idólatras y todos los mentirosos tendrán su parte en el lago que arde con fuego y azufre, que es la muerte segunda”. Allá nadie les enjugará las lágrimas, y hay eterno dolor y llanto en la segunda muerte. Amigo, al cielo no se va por casualidad, ni por mérito, ni por religión, sino por decisión, por la fe, la confianza en el Señor Jesucristo. Pero los del versículo 8 no son del Señor, y lo demuestran cada día con sus actitudes y hechos. La gente que vive así no va al cielo, si no se arrepiente, si no confía en Cristo confesándole como Señor, y el tiempo de la paciencia de Dios se está acabando. Hoy todavía es día de salvación, pero la muerte está a la vuelta de la esquina, y por ella los incrédulos serán transportados al juicio y al castigo eterno. De ahí el consejo del profeta Isaías 55:6, “Buscad a Jehová mientras puede ser hallado, llamadle en tanto que está cercano”.

de un estudio dado por Lucas Batalla el 22 de agosto, 2013

Sunday, November 10, 2013

¡TERMINA BIEN!


Textos: 2 Timoteo 4:1-8; 2 Corintios 5:10

   Comenzar bien es bueno, pero terminar bien es mejor. En nuestro texto en 2 Timoteo leemos el testimonio del apóstol Pablo al final de su vida. Él estuvo a punto de partir de esta vida y entrar en la eternidad, y dio instrucciones y advertencias a Timoteo su discípulo. Sus palabras nos hacen pensar en los que comienzan mal pero terminan bien. Pablo ciertamente había comenzado mal, porque era perseguidor de los creyentes y según las palabras de Cristo, perseguía al Señor mismo, porque quien persigue a un miembro del cuerpo de Cristo, persigue también a Cristo. Esto hacía Saulo. Escuchemos su propio testimonio:

“Yo ciertamente había creído mi deber hacer muchas cosas contra el nombre de Jesús de Nazaret; lo cual también hice en Jerusalén. Yo encerré en cárceles a muchos de los santos, habiendo recibido poderes de los principales sacerdotes; y cuando los mataron, yo di mi voto. Y muchas veces, castigándolos en todas las sinagogas, los forcé a blasfemar; y enfurecido sobremanera contra ellos, los perseguí hasta en las ciudades extranjeras” (Hch. 26:9-11).

   Pero en el camino a Damasco Saulo conoció al Señor Jesucristo, y se convirtió en creyente, seguidor y siervo Suyo. Así son las conversiones genuinas. Después de conocer al Señor hubo un cambio en su vida. Llegó a declarar: “para mí el vivir es Cristo, y el morir es ganancia” (Fil. 1:21). Desafortunadamente, hoy en día muchos de los que dicen que creen no hablan así, ni viven así, pero así era el testimonio de Pablo. Se convirtió de verdad, y su vida cambió. No sólo su forma de pensar, sino su carácter y su comportamiento; ¡toda su vida! En lugar de hacer a otros sufrir por su fe, él aprendió a sufrir por causa de Cristo y además, con gozo (Hch. 16:25). ¡Y cuánto sufrió por Cristo! Lo vemos en 2 Corintios 11:23-28,

“¿Son ministros de Cristo? (Como si estuviera loco hablo.) Yo más; en trabajos más abundante; en azotes sin número; en cárceles más; en peligros de muerte muchas veces. De los judíos cinco veces he recibido cuarenta azotes menos uno. Tres veces he sido azotado con varas; una vez apedreado; tres veces he padecido naufragio; una noche y un día he estado como náufrago en alta mar; en caminos muchas veces; en peligros de ríos, peligros de ladrones, peligros de los de mi nación, peligros de los gentiles, peligros en la ciudad, peligros en el desierto, peligros en el mar, peligros entre falsos hermanos; en trabajo y fatiga, en muchos desvelos, en hambre y sed, en muchos ayunos, en frío y en desnudez; y además de otras cosas, lo que sobre mí se agolpa cada día, la preocupación por todas las iglesias”.

   Y en 2 Timoteo da testimonio de haber terminado bien. Dice: “he peleado la buena batalla”, “he acabado la carrera” y “he guardado la fe” y no sólo testifica a Timoteo con estas palabras, sino también a todos nosotros, para que sepamos lo importante que es terminar bien. La vida cristiana no es levantar la mano y decir que crees, luego ser bautizado, tomar la comunión y ya está. Pero muchos han hecho esto. Muchos son los que faltan en la congregación donde dijeron que creyeron en el Señor, pero ahora, ¿dónde están? No han peleado la buena batalla, ni han acabado la carrera, ni han guardado la fe. Se han vuelto al mundo. El cristianismo verdadero no está compuesto de esta clase de persona.
   Pablo, cuando era llamado Saulo de Tarso, había comenzado mal, como todos nosotros. Todos hemos nacido pecadores. Unos hemos hecho más cosas que otros, unos hemos andado más lejos de Dios y con más antagonismo que otros, pero lo cierto es que ante Dios TODOS hemos pecado. Todos comenzamos mal. Pero no estamos obligados a terminar mal, porque el Señor Jesucristo vino para buscar y salvar a los se habían perdido. Dios no quiere que ninguno perezca, sino que todos vengan al arrepentimiento.
   Y los que hemos comenzado la vida cristiana, Dios quiere que la terminemos bien, que acabemos bien, siéndole fieles hasta el fin. “Sé fiel hasta la muerte” es la Palabra del Señor a los Suyos (Ap. 2:10). Hermanos, no hay que desviarnos, ni enfriarnos, ni desanimarnos, sino seguir al Señor, como dice el himno:

Seguid al Maestro, no importa sufrir, 
Aunque haya enemigos y obstáculos mil.
Si estrecha es la senda, no retroceder;
Siguiendo al Maestro podremos vencer.
Proseguid siempre adelante,
Con el escudo de Dios;
A las órdenes del Jefe,
Que nos guía con Su santa voz.

   Esto es lo que hace el verdadero creyente. Puede tropezar y caer en un momento, pero se levanta y sigue adelante. Aunque el justo caiga siete veces, ¡se levanta! (Pr. 24:16). Mis hermanos, el Señor tiene reservada la corona de justicia para todos los que aman Su venida, dice Pablo en 2 Timoteo 4:8, y esto indica cuán importante le es al Señor que seamos fieles y que terminemos bien la vida.
   Pero por el otro lado están los que comienzan bien pero terminan mal. ¡Ay de ellos! Bajo esta descripción hallamos a todos los que profesaron creer pero luego se volvieron atrás. Como triste ejemplo de esta clase de persona, tenemos al rey Saúl en 1 Samuel 15. Había empezado bien, humilde, luchando contra los enemigos: los amonitas y los filisteos. Pero llegó a un punto en su vida cuando desobedeció, se ensoberbeció, y resentido, no recibió la corrección. Rehusó reconocer su pecado, se volvió obstinado y fue desechado. Dios le había dado instrucciones claras, pero él no las siguió. Aunque había comenzado bien, Saúl perdió la bendición, y fue afligido por un espíritu malo que le ponía de mal humor. Sentía envidia y celos de David y le perseguía a este piadoso. Saúl mismo lo admitió en 1 Samuel 26:21 cuando dijo a David: “He pecado...yo he hecho neciamente, y he errado en gran manera”. En sus momentos más lúcidos él lo sabía, pero no se arrepintió, no volvió de su mal camino. Acabó consultando a una mujer espiritista, y después de herido en el campo de batalla, se suicidó y su cuerpo fue hallado y deshonrado por sus enemigos. Había comenzado bien, ungido por Dios, pero acabó mal porque no tuvo fe en su corazón, y la fuerza de carácter y de voluntad no pueden salvar a nadie. Sólo el Señor puede convertirnos de verdad y darnos una nueva vida con el poder para servirle y perseverar. Por esto es importante que cada uno se examine, como Pablo dijo a los corintios: “examinaos a vosotros mismos si estáis en la fe” (2 Co. 13:5). Porque de nada sirve tener un buen comienzo, si no eres creyente de verdad y no vas a seguir y terminar bien. El creyente verdadero es como la buena tierra de Mateo 13:19-23, donde la semilla sembrada, la Palabra de Dios, no sólo brota, sino que permanece y da fruto. Triste sería comenzar bien pero no terminar bien.
   Que el Señor nos ayude a considerar estos dos ejemplos de uno que comenzó mal y terminó bien, y de otro que comenzó bien pero terminó mal. Teniéndolos en cuenta, y a la luz de la Escrituras, cada uno se examine para estar seguro de cuál es su verdadera condición espiritual. Amén.

de un estudio dado por L.B., el 25 de enero del 2007

ABRAHAM: IDA Y VUELTA

Textos: Hebreos 11:8-19; Génesis 12:1-9; 13:1-4



  Abraham pasó por muchas pruebas y dificultades en la vida. Génesis nos habla de los fracasos de los hombres, y hubo muchos, hasta que el libro que empezó en Edén terminó en un ataúd en Egipto. En Génesis 12:1 Dios le llamó a salir de Ur de los caldeos. En el comienzo de su relación con Dios tuvo que hacer cosas difíciles: salir de su tierra y de su parentela. Pero Dios prometió que le guiaría a una tierra. Seguimos leyendo y vemos en el versículo 3 que más era la bendición de Dios que la negación que Dios le demandó. Dios prometió bendecirle en gran manera y protegerle. En el versículo 7, cuando llegó a la tierra de Canaán, Dios la prometió a Abraham y a su descendencia.
    Pero Abraham, después de ser llamado, también fue probado, por hambre, por enemigos, por temores – y la prueba más grande fue en Génesis 22 cuando Dios le mandó salir y sacrificar a su hijo Isaac.
Abraham fue a vivir en medio de un lugar, una tierra, donde Satanás estaba reinando. Sólo hay que leer un poco la historia secular para saber cuán perversa era la cultura de los cananeos. Pero el Señor que le había guiado a este lugar no le iba a abandonar, sino que cumpliría Su promesa de guardarle y bendecirle. Nosotros también vivimos en un mundo hostil, un mundo donde Satanás está reinando como el príncipe de este mundo. Pero mayor es el que está en nosotros que el que está en el mundo. Observemos cómo Abraham vivió en esta tierra a donde le guió.
    En primer lugar, Abraham plantó su tienda, no una casa, sino una tienda, que es una morada temporal (12:8). Esto nos recuerda que Abraham se consideraba un peregrino, como vemos en la descripción de él en Hebreos 11. Su forma de vivir le recordaba de que era peregrino. Debemos recordar esto también. Y como nosotros somos peregrinos, no tenemos que meternos en el nacionalismo ni la política. El cristiano tiene que darse cuenta que no es de aquí, que ante todo, su patria está en el cielo. El cristiano que conoce a Cristo tiene que vivir como peregrino y forastero, cerca de “Bet-el” y apartado de los conflictos del mundo. Abraham era forastero en un lugar donde no tenía raíces.
    En segundo lugar, Abraham edificó un altar. Esto demostraba que su vida dependía de Dios, y que era un adorador de Dios. En Juan 4 el Señor habla de los verdaderos adoradores; son los que el Padre busca. No todos los adoradores y comulgantes son creyentes en verdad ni adoran en verdad. Pero Abraham adoraba y confiaba en el Dios vivo. El altar era un símbolo de esto, visible a los demás, parte de su testimonio, y significaba que él no adoraba como ellos ni con ellos en sus templos y lugares altos. Él tenía la mirada puesta en los cielos (ver Col. 3:1-2 y el Salmo 73). El que pone la mirada en el cielo confiesa que en el mundo no tiene nada. “¿A quién tengo yo en los cielos sino a ti? y fuera de ti nada deseo en la tierra” (Sal. 73:25).
El altar es un lugar de oración, revelación, sacrificio, consagración y comunión. Allí se reunía con Dios. Allí se sujetaba a Dios. Entre otras cosas el altar muestra que el camino de Abraham era el de dependencia en Dios, y obediencia a Dios. Aunque como hemos de ver, él era imperfecto, y necesitaba el perdón y la gracia de Dios como los demás, a diferencia de ellos, Abraham tenía dónde acercarse a Dios: el altar. En el 12:4 y el 13:1 vemos que Abraham se equivocó y no siguió bien las instrucciones que Dios le había dado, porque permitió que Lot le acompañara. Leemos esta frase: “y Lot con él”. Dios le mandó dejar su parentela, pero se llevó a Lot, y ¿qué le hizo Lot? Nada más que darle problemas y conflictos. La parentela tira mucho de las cuerdas de nuestro corazón, pero Dios tiene que ocupar primer lugar. La familia no puede guiarnos y bendecirnos como Dios. En el 12:10-20 vemos como Abraham se equivocó descendiendo a Egipto porque hubo hambre en la tierra. El hambre nos motiva a veces, pero es mal consejero. Todos sufrimos pérdida de fe a veces. Aquí Abraham perdió un poco el norte, y fue a Egipto no por fe sino por lógica. Bueno, así fue, porque era un ser humano, y nosotros seguramente hemos fallado más veces que él. A veces queremos más de lo que necesitamos, y esto nos trae problemas. No queremos vivir por fe y confiar en Dios en cuanto al futuro, sino queremos administrarlo todo nosotros mismos. Hermanos míos, vale mucho más sufrir en el camino que Dios nos da que vivir en Egipto y tener más, pero sin la aprobación de Dios. En los versículos 14-20, estas experiencias las tuvo que pasar Abraham porque abandonó el altar. El altar no le dejó a él sino él al altar. Es malo dejar el altar. Es peligroso y dañino. Se llenó de los bienes de Egipto, del poder de la carne y no del Espíritu, y después todo esto le trajo problemas.
Pero en el capítulo 13 Abraham hizo lo que todo creyente debe hacer cuando se da cuenta de que ha salido del buen camino y ha abandonado el altar. ¿Qué es esto? Se ve la respuesta en tres palabras claves.
Primero: “Subió, pues, Abram de Egipto” (v. 1). Esto es lo que hay que hacer, si has descendido a Egipto, al mundo: ¡subir! Dios no te va a subir, porque Dios no te bajó allí. Si has descendido al mundo, y allí has mentido y engañado, actuando como si no fueras creyente, tienes que subir. Esto es el arrepentimiento. Es el primer paso. Sube. Sí, aun los hombres piadosos como Abraham se equivocan a veces, y deben arrepentirse. Algunos se creen impecables y nunca admiten un fallo ni piden perdón, pero no son como Abraham. Estos siempre están recordando los pecados de los demás, pero no los suyos. En cuanto a sí mismos quieren que Dios perdone y olvide, y que nadie nunca nombre sus pecados. Pero en cuanto a los demás, no quieren perdonar ni olvidar, ni dejan de nombrar los pecados de otros. ¡Desaniman a los que subirían y volverían, y cuán triste y malo es esto! 
    Pero Abraham subió de Egipto, y los versículos 3 y 4 dicen: “Y volvió por sus jornadas desde el Neguev hacia Bet-el, hasta el lugar donde había hecho allí antes; e invocó allí Abram el nombre de Jehová”. Es la segunda palabra importante: “volvió”. Subió, y volvió. Volvió al lugar del altar que había hecho antes, símbolo de consagración y comunión con Dios. Si has salido de la comunión con el Señor, eres tú quien tienes que volver. Dios está allí, en el lugar del altar, esperándote como ha estado esperando desde que saliste. No va a traerte el altar; tienes que volver tú. “Acercaos a Dios, y Él se acercará a vosotros” es la promesa. ¿Hay una promesa mejor? Entonces, ¿qué esperas? ¡Vuélvete!
    Y cuando llegó: “invocó allí Abram el nombre de Jehová”. Es la tercera palabra importante: “invocó” el nombre del Señor, oró, buscando la presencia, el perdón, la comunión y la guía del Señor en su vida. Así de sencillo es el retorno a la comunión para el creyente. Hay quienes dicen que no puedes. Hay quienes no quieren perdonar ni olvidar, sino que sacan ventaja personal de tenerte abajo, pero el Señor no es así. Subir, volver, invocar. Tengamos la valentía y humildad de hacer lo que hizo Abraham, y tendremos el gozo y la dicha de recibir perdón y limpieza (1 Jn. 1:9) de andar en comunión con Dios, y Él nos guiará y nos cuidará. ¡En Él hay perdón!

de un estudio dado en abril del 2007