Showing posts with label iglesia. Show all posts
Showing posts with label iglesia. Show all posts

Tuesday, May 31, 2022

Salmo 122: La Dicha y el Deber de Congregarse

Texto: Salmo 122
 

Este “cántico gradual” es uno de los Salmos compuestos para ser cantado al subir a Jerusalén para adorar.  Comienza así: “Yo me alegré con los que me decían: A la casa de Jehová iremos” (Sal. 122.1). Así escribió David acerca de la dicha de reunirse con el pueblo de Dios. Pero hoy no todos comparten su sentir. El hijo de un predicador bien conocido en España dijo a su padre que si le amaba de verdad no iría a la reunión de la tarde para predicar, sino saldría al recreo con él. Así hizo, se ausentó del culto y no predicó. Esto es lo contrario de lo que dice el verso citado arriba. Dios quiere a Sus santos reunidos, y quiere ocupar primer lugar en la vida de todos. Ese predicador cometió varios errores. Primero, no iba a ganar así a su hijo. Segundo, puso mal ejemplo para los hermanos. Y tercero y lo más importante, desagradó a Dios, poniéndolo en segundo lugar.
El verso 1 expresa lo importante que es la casa de Dios. Obviamente, para los israelitas esa casa era el templo de Dios en Jerusalén, que es lo que especialmente destacaba esa ciudad elegida por Dios. Recibieron instrucciones detallando la distribución y construcción de esa magnífica casa. El templo era el centro de la vida espiritual de la nación, y como tal, de suma importancia. El salmista expresó su añoranza de estar ahí, en el Salmo 42.2 y 4.
     Pero hoy también Dios tiene casa. No es un edificio, sino la iglesia, como bien dice 1 Timoteo 3.15, “para que si tardo, sepas cómo debes conducirte en la casa de Dios, que es la iglesia del Dios viviente, columna y baluarte de la verdad”. Aclaramos que Israel, Jerusalén y el templo no son hoy la iglesia. Sin embargo, podemos hallar principios espirituales que son aplicables a la iglesia.
    La actitud de David debe ser la nuestra: “Yo me alegré”. El Salmo 84 expresa el deseo personal: “¡Cuán amables son tus moradas, o Jehová de los ejércitos! Anhela mi alma, y aun ardientemente desea los atrios de Dios” (vv. 1-2). Pero no siempre es así, pues en Malaquías 1.13 Dios acusa a Su pueblo: “Habéis además dicho: ¡Oh, qué fastidio es esto!”. Hoy también hay los que suspiran porque no desean ir a otra reunión, y es señal de malas prioridades o de malestar espiritual.
    David dijo: “con los que me decían…”, es decir, reunirse con el pueblo de Dios, en presencia de Dios. No cada uno en su casa, sino reunidos, congregados en el lugar donde el Señor ha puesto Su Nombre. Debemos alegrarnos en la reunión con los santos. La pregunta es: ¿Amo la casa de Dios—la iglesia? No podemos prescindir de la reunión del pueblo de Dios, ni debemos permitir que otras cosas se antepongan a las reuniones y la comunión en presencia del Señor.
    Los versos del 2 al 5 describen su experiencia en el pasado, cuando subían. En los versos 2 y 3 notamos que en aquel entonces Jerusalén era el lugar escogido por Dios. “Nuestros pies estuvieron dentro de tus puertas” indica la presencia física. ¿Dónde mejor? No estaban ahí solo en sus pensamientos, sino “cuerpo presente”. Es importante que recordemos esto hoy, porque el internet y los programas como Zoom y YouTube no deben reemplazar la reunión de los santos. No es una reunión la que se hace en pantallas y redes sociales. Sus pies están en su casa o donde sea, pero no “dentro” del local de reunión con los demás hermanos. 
    El verso 4 continúa: “allá subieron las tribus…”. No se quedaron cada uno en su lugar, sino había que subir a Jerusalén, a la casa de Dios, y reunirse para adorar. Observa que subieron “conforme al testimonio dado a Israel”, porque era Dios que mandó reunirse el pueblo. Y podemos afirmar que hemos sido salvados para vivir en comunión con Dios y los Suyos. El Salmo 22.25 afirma: “De ti será mi alabanza en la gran congregación; mis votos pagaré delante de los que le temen”. Hoy nos reunimos como iglesia porque así el Señor lo desea y lo ha mandado.
    El verso 5 enseña la importancia de aquella ciudad: “las sillas de juicio” y “los tronos de la casa de David”. El templo y el tribunal real estaban solamente en Jerusalén. Allí el israelita encontraba un ambiente sano, santo y edificante. Era mejor estar ahí que quedarse en casa. Vemos ilustrada la importancia de la reunión de la iglesia, porque el Señor mismo ha prometido estar en cada reunión. “Porque donde están dos o tres congregados en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos” (Mt. 18.20). Ahora bien, “congregados” no es por email o videoconferencia, sino indica el compromiso, esfuerzo y sacrificio de alistarse e ir al lugar de reunión. Es curioso como algunos van al trabajo o reciben visitas, aunque tengan algún dolor o molestia, pero cualquier cosa de esas les vale de excusa para no congregarse. Hermanos, el sacrificio de alabanza incluye el sacrificio vivo de nuestro cuerpo (Ro. 12.1). Vemos la importancia de la familia espiritual sobre la familia física, porque la espiritual honra a Dios y es la que tendremos en el cielo. Nuestra familia es importante, pero no tiene preferencia.
    Lucas 4.16 enseña que el Señor daba prioridad siempre a la reunión del pueblo. En los días de reposo, Él estaba en la sinagoga “conforme a su costumbre”. Ya estaba decidido de antemano. No se levantaba con la decisión pendiente – voy o no voy. Se congregaba en los tiempos señalados. Si había reunión, Él estaba. En Mateo 13.54 le vemos en la sinagoga. Debemos seguir Su ejemplo y tener por costumbre fijo el reunirnos con la iglesia. Esto hacían los primeros cristianos, porque las cosas del Señor tomaban preferencia sobre lo demás. Hechos 2.46-47 enseña que “perseverando unánimes cada día” – no cada uno en su casa. En Hechos 13.14-15 observamos que en su viaje Pablo y Bernabé acudieron a la reunión de sinagoga. Hebreos 10.25 amonesta: “no dejando de congregarnos”, porque algunos ya habían comenzado a ausentarse, y eso no es bueno.
    Volviendo al Salmo 122, vemos en el verso 6 lo más destacado de Jerusalén: el templo – la casa de Dios. David desea para ese lugar prosperidad, paz y descanso (vv. 6-7). El verso 8 expresa su amor a sus hermanos y compañeros – porque se veían en el templo cuando se congregaban. Apliquemos estas verdades de la siguiente manera. Si amamos a los hermanos, nos congregaremos con ellos. ¿Quiénes son nuestros compañeros? ¿Son los que aman al Señor y la iglesia? ¿Son “los que de corazón limpio invocan al Señor”? (2 Ti. 2.22). “Buscaré tu bien”, declara, y hermanos, nosotros también debemos buscar el bien de la iglesia.  En el verso 9 el salmista expresa que ama a la casa del Señor. Así nosotros debemos amar a la iglesia, y congregarnos siempre con los hermanos en presencia del Señor.
    Pero no podemos buscar el bien de la casa de Dios si nos ausentamos, ni si nos juntamos con los que quieren cambiar a la iglesia usando la excusa: “el mundo cambia” o “los tiempos cambian”. La iglesia es obra del Señor, y no nos toca cambiarla, ni desestimarla. No demos prioridad a una visita de familia o amigos, ni a comidas especiales, cumpleaños y despedidas. Ya tenemos compromiso previo con el Señor, y no debemos dar a otros el tiempo que es para Él. Hagamos nuestras las palabras de David: “Yo me alegré con los que me decían: A la casa de Jehová iremos”, y conoceremos Su aprobación y bendición.

 

De un estudio dado el 10 de abril, 2022

Monday, March 7, 2016

SE BUSCAN COLABORADORES


Texto: Hechos 6:1-7
 
La historia en Hechos nos enseña que crecía la iglesia y también los problemas. Los apóstoles eran los responsables de la iglesia nacida en Jerusalén, y tenían que buscar soluciones. Un problema era la que menciona nuestro texto, que algunos se quejaban de que sus viudas no eran tan bien atendidas como otras. El descontento produjo murmuración, y había que hacer algo para asegurar la equanimidad en el reparto diario.
    Observamos primero en el versículo 1 que ese problema no era doctrinal, sino una cuestión práctica de la distribución de comida, fruto de roce entre hermanos, de procederes, la manera de hacer las cosas. En toda congregación pueden surgir conflictos por cosas así, y pueden surgir por malos entendidos o diferentes opiniones acerca de los trabajos prácticos. Hasta cierto punto son cosas normales entre seres humanos, pero en la iglesia el diablo busca aprovecharlas para arruinar la unidad y el ánimo de los hermanos.
    En el versículo 2 leemos que entonces los doce, que eran los responsables de la iglesia, convocaron a la multitud –eso es– a todos los creyentes. ¿Por qué? Porque era algo que afectaba a todos, y es bueno convocar y dar al conocimiento de los hermanos lo que afecta a todos. Lo primero que dijeron era: “No es justo”. Probablemente era una frase escuchada en las murmuraciones acerca del cuidado de las viudas. “No es justo que unas tengan más que otras”, o algo así. Pero los apóstoles hablaron de otra cosa. Tenían bien ordenadas sus prioridades. La Palabra de Dios debe tener preeminencia, porque no es justo cambiar el pan del cielo por pan de mesa. Habían recibido una comisión del Señor: “Haced discípulos... enseñándoles que guarden todas las cosas que os he mandado” (Mt. 28:19-20). Su deber era predicar el evangelio, enseñar la Palabra de Dios, y por supuesto orar. ¿Podían servir mesas, esto es, meterse en el reparto diario? Claro que sí, pero otros podían hacerlo también, y sabían muy bien que sería injusto dejar de hacer lo que el Señor les mandó.
    “Buscad”, dijeron el el versículo 3, y observad lo que sigue: “de entre vosotros”. No de los de fuera, no de seminarios o institutos bíblicos o escuelas de discipulado, sino de entre los mismos hermanos de la congregación en Jerusalén. No hacía falta alguien con doctorado, con estudios en idiomas originales ni nada así. Se trataba de la distribución y el cuidado de las viudas de los creyentes, y para esto la ayuda necesaria no iba a venir de fuera. Dicen: "siete varones", no mujeres, pero no varones cualesquiera, sino espiritualmente preparados y aptos. Observemos las cualidades nombrados por los apóstoles, porque son muy importantes. Primero: “de buen testimonio”, porque es necesario tener la confianza de los hermanos y no tener mala fama si quieres servir. Luego: “llenos del Espíritu Santo y de sabiduría”, son dos cosas imprescindibles. Ahora bien, todo creyente tiene el Espíritu Santo, pero no todos se dejan controlar por Él como deben, y es una lástima. Es bueno que todo el que trabaje o sirva en cualquier cosa asociada con la iglesia sea lleno del Espíritu, y cuando no es así, hay problemas. Lo mismo se puede decir acerca de la sabiduría, porque se trata de sabiduría espiritual, no carnal. No astutos, ni sabiondas, sino sabios con la sabiduría que desciende de lo alto. Y dijeron: “a quienes encarguemos de este trabajo”. Los apóstoles les dieron un trabajo específico, que era la distribución diaria a los necesitados. Eran servidores, no oficiales de la iglesia. La palabra “diácono” significa “servidor” o “serviente”. No se volvieron los tesoreros de la iglesia, no controlaron las finanzas, sino que ayudaron a los apóstoles quitándoles la necesidad de supervisar el reparto de comida. Era algo específico, práctico y personal, asignado por los ancianos.
    ¡Qué triste es que hoy en día sólo unos poquitos quieren trabajar en la iglesia. No sé si podríamos hallar a siete varones así en una sola congregación. También hay trabajos que las hermanas pueden hacer, y todos podemos ayudar. Pero la mayoría deja a unos poquitos hacer todo. Pero aquí los apóstoles en los versículos 2 y 4 anunciaron que tenían sus trabajos que no debían dejar, y que otros tenía que colaborar. Había que delegar trabajo, y es bueno cuando los hermanos colaboren y no se queden mirando mientras que los mismos pocos hacen todo. Demasiadas veces hoy en día los ancianos de las iglesias se encuentran haciendo trabajos que quitan tiempo de su responsabilidad principal, pero no hay remedio porque los otros hermanos no colaboran. Mirad, hermanos, cada uno usa el local de reunión. Por ejemplo, todos usamos la puerta. Todos pisamos el suelo. Todos usamos los servicios. A todos nos gusta comer y beber cuando hay comida o refrescos. ¿Por qué no pueden más hermanos colaborar por ejemplo en la limpieza y el mantenimiento del local? ¿Es tal vez porque no están llenos del Espíritu Santo y de sabiduría?
    En el versículo 5 vemos a los elegidos, no por votación como en una campaña política, sino por acuerdo común entre los hermanos. Leyendo los nombres de estos siete hombres, vemos que los primeros dos nombrados, Esteban y Felipe, ocupan los siguientes dos capítulos donde vemos qué clase de hombres eran. ¡Ojalá que las iglesias hoy en día tuvieron hombres como ellos!
    En el versículo 6 leemos: “a los cuales presentaron ante los apóstoles, quienes, orando, les impusieron las manos”. Los presentaron ante los apóstoles porque iban a ser ayudantes suyos, y para que fuesen reconocidos y encargados públicamente. La imposición de manos no era para transferir poderes ni nada así, sino para identificarles ante todos.
    Y en el versículo 7 leemos el resultado. Crecía la Palabra, que es lo más importante, y el número de discípulos iba en aumento. El crecimiento así notado demuestra que el problema había sido resuelto y otra vez había armonía y unidad entre los hermanos. El Salmo 133 pronuncia bendición sobre los hermanos que viven así. Las contiendas, el chismeo, el protagonismo de algunos que quieren figurar, la envidia, la murmuración y la formación de partidos y círculos exclusivos de amigos en la iglesia – son cosas que la arruinan. Pero allá en Jerusalén, resuelto el problema, los apóstoles siguieron dando todo su tiempo a la oración y la enseñanza de la Palabra, y otros hermanos cuidaron las otras cosas.
    Pero, cuando los miembros no hacen nada, esto también arruina a la iglesia. 1 Corintios 12 habla de como en un cuerpo los miembros tienen cuidado unos de otros. Así debe ser, pues indica un cuerpo sano. Pero  ¿sabes qué te digo? Que si no estás lleno del Espíritu Santo, nunca servirás al Señor. Pero lleno del Espíritu dirás: “No yo sino el Señor”. Querrás hacer todo para la gloria del Señor. Dejarás de ser uno que asiste y mira, y vendrás con ganas de ayudar y colaborar. Buscarás la gloria de Dios y el bien de tus hermanos porque el Espíritu Santo si te controla te guía a amarlos y obrar para su bien. Algunos hermanos necesitan despertarse y poner manos a la obra. ¿Eres uno de ellos? Reconoce de una vez que no eres tuyo, sino que debes vivir para glorificar al Señor (1 Co. 6:19-20). Presenta tu cuerpo en sacrificio vivo al Señor (Ro. 12:1). Sé lleno del Espíritu (Ef. 5:18), y pídele al Señor la sabiduría para hacer bien (Stg. 1:5). Que así sea para la gloria del Señor.

de un estudio dado por Lucas Batalla el 27 de septiembre, 2012

Wednesday, June 15, 2011

SOMOS TEMPLO DE DIOS





Textos: 1 Corintios 3:16-17 y 6:19-20 


Estos textos nos enseñan una verdad muy importante. Somosindividual y colectivamente un templo santo. 1 Corintios 3:16-17 nos declara que la iglesia local es templo de Dios. No el edificio sino los que se congregan allí. Efesios 2:22 señala que somos morada de Dios. ¡Qué maravilla! Y 1 Corintios 6:19-20 nos dice que nuestro cuerpo es templo del Espíritu Santo. El ser humano, esta casa de barro, es maravilloso que pueda ser un templo. Ciertamente esto lo ha hecho Dios, no el hombre. El Salmo139 habla de la maravilla del cuerpo humano, es hechura de Dios, lo hizo Él, sabiendo que vendría a ser Su templo. Puesto que estas cosas son así, tenemos tres grandes responsabilidades respecto a la iglesia como templo y respecto a nuestro cuerpo como templo.Primero, es nuestra responsabilidad edificar el templo, no destruirlo. Hay muchas cosas que hoy en día son lícitas, pero no convienen, no edifican, no contribuyen nada al bienestar del templo. Debemos evitar tales cosas, e invertir nuestro tiempo y fuerzas en lo que edifica. Como nuestro cuerpo es templo, no debemos dañarlo, hacerlo mal, sujetarlo a lo que a Dios no le agrada. Segundo, debemos encargarnos de la limpieza del templo, y echar fuera todo lo que ofenda al divino huesped. En 2 Reyes 23 vemos todo lo que el rey Josías sacó del templo. Tuvo que hacer limpieza, porque el pueblo de Dios había admitido muchas cosas que contaminaban y deshonraban el templo. Hay que vivir en santidad y cuidar el templo. Nuestro cuerpo debe ser un lugar santo, separado del mundo, libre de las impurezas que hay en el mundo tan impío. También la iglesia local debe ser un lugar santo, no mundano. La iglesia es morada de Dios, no del mundo. Debe ser atractiva a Dios, no al mundo. Muchas iglesias evangélicas han olvidado o rechazado esta verdad tan importante. Tercero, debemos glorificar a Dios en Su templo, exaltarle, rendirle culto voluntario con ánimo pronto, no como un rito mecánico sin sentimiento. 1 Pedro 2:9 nos recuerda que somosescogidos y adquiridos por Dios, “para que anunciéis las virtudes de aquel...” En los cultos de la iglesia no debemos glorificar, admirar y alabara los seres humanos, sino a Dios. Como sacerdotes de Dios que somos, no debemos faltar en las reuniones de la iglesia local, puesto que son en el Nombre y para la gloria del Señor. Por otra parte, en nuestra vida personal, recordemos que nuestro cuerpo debe servir para glorificar a Dios, no anosotros mismos. No nos pertenecemos, pues hemos sido comprados porprecio. Toda decisión nuestra debe ser gobernada por una consideración, no: ¿Qué prefiero o qué me iría mejor?, sino: ¿Qué prefiere Dios y qué es lo mejor para la gloria de Dios? Hermanos, como individuos redimidos por la sangre del Cordero, y como iglesia del Señor y morada Suya, debemos vivir en santidad y cuidar el templo. ¡Que el Señor nos ayude a hacerlo para Su gloria!

de un estudio dado por L.B., el 29 diciembre del 2005

Asamblea Bíblica “Betel”
C./ Torreblanca, 6 (detrás de la muralla Macarena)
41003 Sevilla, España
Horario de cultos: domingo: 11:00 y 19:00 horas, jueves: 20:00 horas
Correspondencia: Apdo. 1313, 41080 Sevilla, España