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Thursday, October 18, 2018

Ezequías y el Avivamiento


Texto: 2 Crónicas 29

Ezequías fue hijo bueno de padre malo. Pero puso a Dios antes que la familia, porque no imitó lo malo sino lo bueno (3 Jn. 11). Nosotros los creyentes que somos padres debemos dar ejemplo bueno a nuestros hijos, pero Acáz no era creyente. Era malísimo como vemos en 2 Crónicas 28:19-28. Usaba el poder y la autoridad del rey para hacer mal, y acabó mal. El versículo 27 dice que no lo metieron en los sepulcros de los reyes, eso es, que le dieron una sepultura inferior porque ni muerto era digno de estar al lado de otros reyes.
    Entonces su hijo Ezequías, de veinticinco años de edad, subió al trono y se dio a conocer como rey bueno y piadoso. El versículo 2 dice que hizo lo recto, no ante los judíos, sino ante Jehová. Al decir “conforme a su padre David” eso es porque usaban “padre” para referirse también al abuelo y otros antepasados. Ezequías escogió el buen ejemplo del pasado, de David, y lo siguió. No fue contemporáneo como había sido su padre Acaz (véase Jer. 6:16). Hoy también hay muchos como Acaz en las iglesias, que quieren ser contemporáneos y cambiar todo, y no siguen el patrón fiel de antaño. No los imitemos, hermanos, sino seamos fieles al Señor y al patrón que Su Palabra da. En el primer año de su reino, Ezequías deshizo lo malo de su padre – no siguió la mala tradición. Abrió las puertas del templo y las reparó (v. 3). Hizo venir los sacerdotes y levitas, porque estaban lejos, apartados, ya que bajo Acaz no se les había permitido celebrar el culto a Jehová. Sus problemas empezaron cuando Acaz envió el diseño del altar en Damasco y el sumo sacerdote, en lugar de oponerle y pararle, se sometió e hizo lo que el rey mandó, en lugar de seguir lo que Dios mandó. No podemos ceder así a cambios sin que vengan malas consecuencias. Al final Acaz había cerrado el templo. Pero su hijo Ezequías lo abrió. En el versículo 5 mandó a los sacerdotes tres cosas: (1) santificarse, (2) santificar la casa de Jehová, (3) sacar del santuario la inmundicia. Esto último nos recuerda como nuestro Señor Jesucristo purificó el templo, sacando a todos los vendedores.
    Entonces, en los versículos 6 y 7 Ezequías declara por qué el cambio. Reconoce la maldad de los padres. “Nuestros padres se han rebelado”: hicieron lo malo, dejaron al Señor, apartaron sus rostros, le volvieron las espaldas, aun cerraron las puertas del templo, apagaron las lámparas, no quemaron el incienso ni sacrificaron holocausto. Como venimos diciendo, todo eso comenzó cuando el sumo sacerdote Urías fue infiel a Jehová y cedió al capricho de Acaz e hizo el altar pagano (2 R. 16:10-20). Hay que obedecer a Dios antes que a los hombres.
    Por tanto, en los versículos 8 y 9 vemos las consecuencias: la ira de Dios, turbación, execración y escarnio. ¡Tanta mortandad, pérdida y tristeza! Es triste cuando los padres son infieles y traen juicio y pérdida sobre sus hijos.
    En el versículo 10 Ezequías anuncia lo que va a hacer: “yo he determinado hacer pacto con Jehová”. Vemos que escogió lo bueno, y usó su voluntad para bien. Cada uno de nosotros debe dejar de pensar y actuar como víctima, y determinar como Ezequías hacer lo bueno. No hizo referendum, ni esperó saber la opinión de la mayoría, sino decidió hacer lo recto. Usó su influencia y responsabilidad para apartar la ira. Hermanos, no hay avivamiento sin arrepentimiento, sin santificación, sin sacar la inmundicia, sin comprometerse con Dios. El avivamiento no viene por poner música marchosa, ni por cambiar la hora del culto, ni por imitar al mundo – dejando a las mujeres hablar – poniendo juegos para los jóvenes – metiendo la psicología – guardando fiesta de San Valentín o Navidad – ni por conseguir un local nuevo ni nada así. Tiene que haber reconocimiento de pecado, arrepentimiento, clamor al Señor y limpieza que quita lo que está mal. Hagamos un cambio, una marcha atrás, volviendo a lo bueno. No pidamos permiso de los demás para obedecer a Dios. No hagamos un sondeo buscando mayoría ni popularidad. Seamos fieles a Dios y marcamos pauta con nuestra vida.
    En el versículo 11 advierte a los sacerdotes y levitas: “Hijos míos, no os engañéis ahora”. No hay que postergar la acción, les dice, porque eran los escogidos de Jehová para el ministerio y debían ponerse en marcha sin demora. En los versículos 12-19 actúan y entonces dan informe a Ezequías. Y nosotros, ¿cómo hacemos limpieza? Arrepintiéndonos, confesando y apartándonos del pecado (Pr. 28:13), y haciendo pacto con el Señor en el sentido de decir: “lo que hice no lo voy a hacer más”. Entonces, los sacerdotes y levitas dan a Dios Su parte (vv. 20-29), eso es, los sacrificios y las ofrendas, la alabanza y la adoración. Eso es importante, pero observa que viene después de la confesión, la limpieza y la santificación. Las cosas en su orden.
    En los versículos 30-36 hay alegría: “se alegró” (v. 36). Primero hay contrición por el pecado, y luego viene el gozo. Los avivamientos vienen cuando los hombres siguen ese ejemplo. Fuera con el orgullo, fuera el pecado y las excusas. El arrepentimiento, la limpieza y la consagración traen bendición y alegría. Así se alegró Ezequías y con él todo el pueblo. Fue un gozo contagioso y compartido. Vemos en esto el camino de vuelta a Dios, el del avivamiento y la bendición. Nosotros también podemos tener bendición y gozo, si seguimos el ejemplo puesto delante nuestro. Que así sea para la gloria del Señor.

del estudio dado por Lucas Batalla el 16 de octubre, 2018

 Avívanos, Señor.
Sintamos el poder
del Santo Espíritu de Dios
en todo nuestro ser.

Coro:
Avívanos, Señor,
con nueva bendición;
inflama el fuego de tu amor
en cada corazón.


Avívanos, Señor,
tenemos sed de Ti.
La lluvia de tu bendición
derrama ahora aquí.

Avívanos, Señor;
despierta más amor,
más celo y fe en tu pueblo aquí
en bien del pecador.

Monday, July 11, 2016

EL IMPACTO DE UNA VIDA FIEL (Pablo ante los efesios)

Texto: Hechos 20:17-38

El apóstol Pablo estaba seguro de decir a los ancianos de la iglesia en Éfeso que no vería más sus rostros. Es triste pero verdad que en la vida llegamos al momento cuando no veremos más a ciertas personas. Para los creyentes la separación es temporal, pero para los incrédulos es para siempre. El inconverso va solitario a la eternidad, al castigo eterno, y no tendrá amigos ni compañía allá. Pero ¡cuán grata la reunión de los creyentes en la casa del Padre, el lugar donde como dice el himno: “Jamás se dice adiós allá”.
    Pablo iba a estar separado de estos hermanos y tenía cosas importantes que decirles en la despedida. Iba confiado porque sabía que les había enseñado todo el consejo de Dios. Por tres años de noche y de día no había cesado de amonestar a cada uno.
    Por causa de la verdad había venido a ser enemigo de muchos, y conocía bien la persecución. Pero tenía delante suyo a unos hermanos levantados y enseñados para el cuidado pastoral de la asamblea en Éfeso. Si en las iglesias en España se hubiera predicado y enseñado como Pablo, ¡qué diferencia habría hoy! Pero ahora parece que ha venido el tiempo cuando no sufrirán la sana doctrina – no quieren oir cosas así. Hoy si hiciéramos una reflexión profunda, diríamos que las iglesias en muchas partes carecen de ministerio consagrado como el de Pablo, y de hombres consagrados como Timoteo, como considerábamos en el estudio anterior. Pablo les había instruido no sólo en el evangelio, sino también en la piedad y en todo lo que fuese útil (v. 20). La piedad sigjnifica cambios prácticos en la vida, pero no se enseña esto en muchos lugares hoy. Puedes decir muchas cosas en ministerio pero no te metas con la vida práctica, la familia, el matrimonio, los hijos, el trabajo, las prioridades, el dinero, las diversiones, etc. A los evangélicos no les molesta la teología en general, y los estudios secos, teóricos, de la Biblia, o las anécdotas, etc. pero la aplicación práctica de la piedad es otra cosa. Además, en las iglesias falta  liderazgo piadoso, algunos son más bien profesionales, y otros como funcionarios o dueños de tiendas que abren y cierran las puertas, ponen y apagan las luces a la hora señalada, y atienden a los que acuden para que estén a gusto – y poco más. Es como una vocación, como religiosos, pero mundanos, no como espirituales. Y tenemos que orar mucho al Señor pidiéndole que mande hombres consagrados. Y si los manda, hay que hacerles caso.
    Pablo fue un hombre radical, fue cambiado de perseguidor en perseguido. Hubo un cambio radical en su vida, y luego él influyó en Timoteo así como hemos visto en otro estudio. Timoteo aprendió de Pablo no sólo doctrina apostólica sino la vida de piedad, la práctica del cristianismo – “mi proceder en Cristo” (1 Co. 4:17). Aprendió la piedad y consagración de un hombre así, y los que no son así no pueden enseñarlo con eficacia. Por eso el mundo va ganando terreno ante una iglesia cada vez más mundana e impotente. Hoy en día se escucha hablar de “iglesias muertas” pero no hubo nada así en tiempos de los apóstoles.
    Y Pablo enseñaba a todos (v. 21) “arrepentimiento y fe”. Hay que arrepentirse de lo que desagrada y ofende a Dios, de lo que es inútil y malo. Hoy con el ambiente de tolerancia y respeto mutuo, la gente no ve por qué arrepentirse. Pero Pablo no aceptaba lo que Dios no, y demandó el arrepentimiento porque es lo que Dios demanda. Hermanos, Dios no tiene dos palabras, si nos dice “arrepentíos”, no va luego a retirar esto o enmendarlo. Del apóstol ellos habían aprendido “todo el consejo de Dios” (v. 27), tuvo un ministerio completo, no retuvo nada, ni se quedó hablando siempre y solamente de un tema favorito. La Biblia tiene 66 libros y el consejo de Dios es grande. Hay que enseñarlo todo.   
    Debido a esa clase de presencia y ministerio ellos tenían una gran responsabilidad (v. 28). “Por tanto, mirad por vosotros y por todo el rebaño”. Hoy esto se descuida mucho, pero especialmente la primera parte – la atención a la condición espiritual de los líderes, que ellos mismos deben poner y no descuidarse. A Timoteo Pablo le exhortó así: “ten cuidado de ti mismo, y de la doctrina...”. No es introspección sino vigilancia y diligencia en la vida y el carácter, y también en la doctrina. Hoy también la sana doctrina es descuidada y a los que insisten en ella se les llama “estrictos”, “severos”, “cerrados” y cosas así. Pero al Señor le importa la sana doctrina, pues no estamos autorizados a enseñar otra cosa.
    En los versículos 29 y 30 les advirtió que venían peligros – desde fuera y dentro. Había que vigilar y cuidar la entrada y también la fidelidad e integridad del ministerio. Hoy es todavía más necesario. Hoy vienen de seminarios e institutos y enseñan cosas liberales o viven de manera que desvía y daña al rebaño. Los dos tipos de ataques son peligrosos, pero el más dañino tal vez es el que viene de dentro, de personas que ya están en la comunión de la iglesia pero se levantan diciendo cosas perversas, buscando arrastrar tras sí a los discípulos. Quieren sacar un grupo y ser el líder. Quieren tomar seguidores de la iglesia e ir a formar un grupo nuevo con las ovejas robadas. Algunos incluso han entrado en iglesias con esto como agenda personal, buscando a través de contacto personal llevarse a la gente. No es nada nuevo. Pero la instrucción apostólica es velar, vigilar, para poderlo detectar y parar, porque cosas así dañan a la iglesia.
    En el versículo 31 vemos que por tres años no cesó de amonestarles. Pregunto: ¿Qué iglesia hoy soportaría tres años de amonestación día y noche? Si hubo razones entonces, ¡más hay ahora! Amonestar no es reñir, es advertir, enseñar y corregir como dice Pablo: “con lágrimas”. En Éfeso existía una idolatría muy arraigada – el culto a Diana de los efesios – y el enemigo era fuerte allí. Pero Pablo luchaba constantemente para sacar adelante a la iglesia y encaminar bien a los hermanos. No una o dos veces a la semana sino “día y noche”. ¡No vemos que Pablo tuviera mucho tiempo libre, tiempo de ocio! Había tomado su cruz para seguir al Señor, y su vida era un sacrificio vivo: “para mí el vivir es Cristo” (Fil. 1:21). Es trabajo hacer obra pionera, y es trabajo sacar adelante a una iglesia en este mundo. Requiere hombres consagrados y entregados, no perezosos sino dispuestos a negarse, privarse, soportar penalidades, y en general desvivirse para la obra del Señor. Nada de tomar un mes de vacaciones, de siempre estar dejando la obra para ir a visitar familia, etc. ¡A trabajar! Como dice el himno:
 
    ¡Trabajad! ¡Trabajad! Somos siervos de  Dios.
    ¡Seguiremos la senda que el Maestro trazó!
    Renovando las fuerzas con bienes que da,
    El deber que nos toca cumplido será.
    ¡Trabajad! ¡Trabajad! ¡Esperad, y velad!
    ¡Confiad! ¡Siempre orad! Que el Maestro pronto  volverá. 

Amados, no se puede hacer la obra del Señor sólo a ratos perdidos, en momentos libres. Hay que sacrificar, por amor al Señor y a las personas. Lo curioso es que muchos se sacrifican para estudiar y sacar una carrera, para subir en el trabajo, para destacar en el deporte, o en la música u otra cosa, pero no para la vida espiritual ni la obra del Señor. Es trabajo constante. Si no está con los creyentes, está estudiando, orando por ellos, o está afuera testificando. Pablo no cesaba de trabajar y servir al Señor. Entonces, después de haber servido así entre ellos, en el versículo 32 les encomienda al Señor y a Su Palabra. Había hecho bien su trabajo y podía dejarlos en manos del Señor.
    En los versículos 33-35 les recuerda que no lo había hecho buscando dinero, sino el bien de ellos. No es una carrera, una vocación, sino un sacrificio. Cita las palabras del Señor Jesucristo: “Más bienaventurado es dar que recibir”. Hoy parece que pocos lo creen, pero todavía es verdad. Somos salvos para dar, no para que nos den, y hay gozo en ofrendar así y ayudar a otros. Habría que preguntar quién tiene hoy esa bienaventuranza.
    Entonces, en los versículos 36-39 se despidió de ellos orando de rodillas, y ¡qué escena tenía que ser aquella! Les dolía la despedida, pero ¡qué reunión tendrán en el cielo! Allá, el Señor promete: “descansarán de sus trabajos” (Ap. 14:13).
    Hermanos, todavía estamos en este mundo con oportunidad de servir al Señor. Tenemos que mirar por nosotros mismos y saber bien lo que creemos y por qué. Tenemos que mantener lo que el Señor dice en Su Palabra. No hay rebajas en ella. Aunque digan que somos fanáticos, radicales o estrictos, tenemos que responder que estamos asidos de la Palabra de Dios. El Señor no está con la muchedumbre sino con los creyentes fieles, sin importarle cuántos son, así que cobremos ánimo y vayamos adelante, esperando la venida del Señor. Amén.

Saturday, July 16, 2011

ABRAHAM Y LOT

Texto: Génesis 13:1-18

En el versículo 1 encontramos a Abraham (Abram) saliendo de Egipto con su mujer Sara, “con todo lo que tenía, y con él Lot”. Abraham se había equivocado yendo a Egipto en tiempos de dificultad, y allí había manchado su testimonio con el engaño respecto a su esposa Sara, porque tenía temor del hombre. Proverbios 29:25 dice que el temor delhombre pone lazo. Pero antes de criticar demasiado a Abraham debemos recordar que nosotros también hemos cometido fallos así. Nadie tiene una fe perfecta, y todos tenemos que aprender. Sería mejor que aprendiéramos de los errores de otros, pero parece que preferimos equivocarnos nosotros mismos. Cuando uno se da cuenta de que se ha equivocado y no estádonde Dios quiere que esté, debe corregirlo, y esto hizo Abraham. “Subió de Egipto”. Si has descendido espiritualmente a un lugar o en una situación donde no estás en la voluntad de Dios, confiesa tu error y sube de allí.

Ahora bien, este versículo enseña otro problema que Abraham arrastraba desde hacía tiempo, al decir: “y con él Lot”. Lot era el remolque. Fue a Egipto porque Abraham fue allí. Subió de Egipto porque Abraham subió. Estaba contento de seguir a Abraham, probablemente en parte porque le admiraba, y también, comoveremos, porque al enriquecerse Abraham Lot también se enriquecía. Pero su sobrino Lot no tenía que estarcon él, porque Dios había dicho a Abraham en Génesis 12:1 que tenía que salir de su tierra, su parentela y la casa de su padre. Se marchó de su tierra, pero llevaba a su padre y Lot, parte de su parentela, consigo. Sólo llegaron hasta Harán, y allí murió el padre de Abraham. Luego se marchó de allí todavía acompañado de Lot. Esta falta de atención a las instrucciones divinas le iba a traer a la larga más de un problema. Siempre es mejor hacer exactamente lo que el Señor nos dice.

El versículo 2 dice que Abraham era riquísimo en ganado, plata y oro. Tenía muchas posesiones, y parte de ellas venía de los egipcios, según el 12:16, porque Faraón le favoreció a causa de Sara su mujer. Más adelante estas riquezas iban a contribuir a sus problemas.

Los versículos 3 y 4 dicen: “volvió por sus jornadas...hacia Bet-el, hasta el lugar donde había estado antes su tienda entre Bet-el y Hai, al lugar del altar que había hecho allí antes; e invocó allí Abram elnombre de Jehová”. Volvió, porque se había ido a un lugar donde no hay comunión ni vida espiritual, comohoy en día hacen muchos. Y como muchos, se enriqueció en el mundo, pero se empobreció espiritualmente. Fijémonos hermanos, que no hubo altar en Egipto. Para ir al lugar del altar donde invocaba el nombre de Jehová, tenía que subir, tenía que volver. Algunos, cuando se equivocan, cuando se apartan del Señor y semeten en el mundo, no quieren reconocerlo ni corregirlo. Quieren seguir donde están, como están, y que el Señor les bendiga allí. Pero esto no es así. Abraham tenía que salir de Egipto si quería acercarse al Señor, invocarle y adorarle como antes, y caminar con Él. Volver es la forma de reanudar la comunión con el Señor.No es bueno para nuestra carne, nuestro orgullo, pero lo es para nuestra vida espiritual. Nuestra vida espirituales lo más importante que hay.

El versículo 5 comienza con las palabras: “También Lot, que andaba con Abram”, y comenta acercade las riquezas de Lot. Ahora Abraham estaba fuera de Egipto, pero todavía tenía a Lot. Como vimos en Génesis 12:1, Dios le había dicho claramente dejar a su parentela, pero todavía llevaba a Lot consigo, y fue problema porque Lot no era como Abraham. Lot representa al cristiano que no está comprometido o consagrado del todo. Podríamos llamarle un “creyente de remolque”, que estaba cerca de un gran hombre de Dios, y le seguía, pero sin la misma consagración y sin la misma espiritualidad. Lot creía en Dios, lo sabemosde 2 Pedro 2:7, pero no tenía una vida como la de Abraham, ni tenía que estar con Abraham. Dios había llamado a Abraham a salir, no a Lot. Dios había prometido la tierra a Abraham y sus descendientes, no a Lot. Lot estaba fuera de su sitio, y un creyente que no está donde debe estar no hace nada más que causar problemas a los demás. Por ejemplo, Jonás en el barco ocasionó problemas para todos los marineros y pasajeros del barco. No sabemos por qué estaba Lot con Abraham, pero es posible que fuera porque había preguntado si podía ir, y a Abraham le dio pena decirle que no. Pero siempre es mejor seguir las instrucciones de Dios.

En los versículos 5 y 6 vemos que eran tantas las posesiones de los dos que no podían morar en el mismo lugar. Dios sabía esto cuando llamó a Abraham a salir de su parentela. Las posesiones, las riquezas que vienen del mundo, causan problemas. Y esto parece ser lo principal de Lot. Tenía riquezas, pero poco más. Que sepamos, Lot nunca hizo nada para su tío Abraham. Más importante es el detalle de que Lot nunca construyó un altar. No podemos vivir como Dios quiere sin esto. El altar significa el lugar de sacrificio y comunión, el lugar de revelación de la voluntad de Dios y el lugar de bendición. La vida consagrada no sepuede vivir sin altar, sin adoración y comunión con Dios. Abraham tenía un altar físico, de piedras, que había edificado. Nosotros hoy en día no tenemos altares físicos. No hay altar en la sala de reuniones de la iglesia. Pero sí, debe haber la costumbre de reunirse con el Señor, adorar, alabar, interceder y pedir que Él nos guíe. Los del mundo cuando quieren practicar religión, necesitan velas, incienso, santos, sacerdotes, liturgia, etc. porque no conocen a Dios ni le adoran. Pero el Señor Jesucristo nos enseñó que “Dios es Espíritu, y los quele adoran, en espíritu y en verdad es necesario que adoren” (Jn. 4:23).

Lot era buena persona, humanamente hablando, pero iba de remolque, tras Abraham, y su propia vida espiritual carecía de consagración, celo y devoción. No procuraba él mismo caminar con Dios, sino que caminaba con Abraham (v. 5). Hay creyentes hoy en día que son como Lot. Creen en el Señor, pero no le siguen de cerca. Faltan la consagración, el celo y la devoción en su vida. Falta la convicción de que están donde el Señor quiere y que están sirviendo al Señor. Su vida es nada más que estar cerca de otras personasconsagradas. En la familia de padres creyentes a veces los hijos son así: creen en el Señor pero no tienen la consagración de Sus padres. Como Lot, se sienten atraídos por el mundo, y carecen de dirección en su vida espiritual. Lo mismo pasa en las iglesias, donde muchos observan e incluso admiran el celo y la devoción de algunos hermanos, pero viven toda su vida sin esta consagración. Pablo varias veces llamó a los creyentes a imitar su ejemplo,porque no es suficiente el estar cerca de un creyente consagrado. Cada uno de nosotros debe consagrarse de todo corazón al Señor, como dice el himno: “Todo a Cristo, yo me rindo, lo que tengo, lo que soy”. 

En los versículos 6 y 7 vemos surgir el conflicto entre Abraham y Lot, aunque más precisamente seríaentre los de su casa, no entre ellos mismos. Entre los fieles y los no fieles hay problemas, hay conflicto y siempre es así, en el matrimonio, entre amigos y también desgraciadamente en la iglesia. Detrás de esta verdad hay una razón, un principio inalterable. La carne y el espíritu no puede vivir juntos. “La tierra no era suficiente para que habitasen juntos”. Pero el problema no estaban en la tierra. Tenían delante suyo toda latierra prometida; ¿acaso no había espacio suficiente? No era el terreno en sí, sino la carne y el espíritu. Lot quería estar cerca de Abraham, y no podían vivir en la misma tierra sin conflictos. Además, “el cananeo y el ferezeo habitaban entonces en la tierra”, y los paganos observaban cómo se comportaban Abraham y Lot. Hoy en día muchos cristianos no consagrados han causado testimonio malísimo delante del mundo con sus críticas, sus contiendas y sus peleas. Algunos han ido a la ley contra otros, peleándose por locales y bienes económicos, y tienen un testimonio fatal delante del mundo. En lugar de decir: “mira cómo se aman” dicen: “¡Mira cómo se pelean!” Por esto repito que no era sólo lo material, porque lo material con amor se soluciona,sino que era lo espiritual. Pablo identifica la procedencia de las contiendas en su primera epístola a loscorintios, y también cuando escribe a los gálatas: es la carne. Volviendo a Génesis, más adelante en la historiade Abraham surgieron conflictos entre Sara y Agar, y entre Isaac e Ismael. Santiago pregunta: “¿De dóndevienen las guerras y los pleitos entre vosotros? ¿No es de vuestras pasiones, las cuales combaten en vuestrosmiembros?” (Stg. 4:1). Aun la tierra prometida no puede contener a dos en yugo desigual. 

En el versículo 8 Abraham manifiesta su nobleza, gentileza y generosidad. La chispa no saltó de él, porque era el espiritual. El espiritual ve a Dios y se humilla. Abraham buscaba la paz, como el Señor también nos manda a nosotros hacer.“Si es posible, en cuanto dependa de vosotros, estad en paz con todos los hombres” (Ro. 12:18). “Seguid la paz con todos” (He. 12:14). Así que, el humilde y el generoso era Abraham,que inició la búsqueda de la paz, diciendo: “No haya ahora altercado entre nosotros dos...porque somos hermanos”. No lo dijo Lot, sino Abraham. Lot no tuvo esta nobleza de carácter como Abraham. Aunque era el más joven y debía haber actuado con deferencia, fue Abraham quien tomó la iniciativa. No esperemos queel otro busque la paz, hermanos, sino que seamos nobles y pacificadores como Abraham. 

En el versículo 9 Abraham ofrece a Lot su elección. Cede a él primero. Cuando andan de forma distinta y no hay acuerdo ni propósito común, es mejor separarse. Abraham cumple ahora, por fin, lo que Dios le había dicho mucho antes. “Te ruego que te apartes de mí”. Andaba mejor sin Lot. A veces tenemos que echar denuestra vida cosas aunque duele. Ciertamente tenemos que echar así a la carne, y digámoslo también al mundo.

El versículo 10 nos muestra la respuesta de Lot. Como el más joven él debía haber dicho algo como: “No, tío Abraham, no debo escoger. Escoge tú primero”. Pero Lot no era como Abraham. “Alzó Lot sus ojos,y vio”, dice el texto. Lot andaba por la vista, no por fe. Así que, el en versículo 11, “Lot escogió para sí”, como egoísta. Que sepamos, ni siquiera le dio las gracias. No le importó mucho la comunión de un hombre santo, como muchos en el mundo y en las iglesias. Su mente no estaba en lo espiritual, sino en el mundo. Así que el texto dice: “y se fue Lot hacia el oriente,y se apartaron el uno del otro”. La separación que tuvo que hacerse años atrás cuando Abraham salió de Ur, llegó con atraso. El profeta Amos hace la pregunta: “¿Andarán dos juntos si no estuvieren de acuerdo?”(Am. 3:3). 

En los versículos 12 y 13 vemos el contraste entre los movimientos de Abraham y los de Lot. “Abram acampó en la tierra de Canaán, en tanto que Lot habitó en las ciudades de la llanura, y fue poniendo sustiendas hasta Sodoma”. Lot se iba acercando a los que aborrecían a Dios. El versículo 13 describe la maldad de Sodoma, pero aun sabiendo esto, Lot prosiguió su camino, hasta que al final acabó dentro de Sodoma. Lot poseyó temporalmente a Sodoma, y fue arruinado cuando llegó el juicio de aquella ciudad, pero Abraham tiene la tierra para siempre. Lot fue como quien vive en una casa condenada que pronto va a ser derrumbada. Nosotros también enfrentamos el peligro de sentirnos atraídos por el mundo, pero debemos recordar que el mundo y las obras que están en el serán quemadas. Dios nos llama a poner la mira en las cosas de arriba, como Pablo enseña en Colosenses 3:1-4.

Los versículos 14-18 nos enseñan cómo Dios bendijo a Abraham posteriormente a su separación de Lot. Abraham anduvo con Dios y cuando Lot se fue, Dios le bendijo. Lot había mirado por su cuenta, pero Dios dice a Abraham dónde mirar: “Alza ahora tus ojos, y mira desde el lugar donde estás hacia el norte yel sur, y al oriente y al occidente. Porque toda la tierra que ves, la daré a ti y a tu descendencia para siempre” (vv. 14-15). Uno anduvo por fe y el otro por vista. Lot se iba acercando a Sodoma, y Abraham seiba alejando de allí.  En el versículo 16 le promete una descendencia incontable. En el versículo 17 le llamaa levantarse y andar “por la tierra, a lo largo de ella y a su ancho”. Y Abraham obedece en el versículo 18, y al final de sus movidas puso su tienda en Mamre, al lado de Hebrón, “y edificó allí altar a Jehová”. Allí Abraham presentaba sus sacrificios, adoraba, invocaba al Señor, y le daba gracias por todos Sus cuidados. Donde moraba Abraham había altar, pero donde moraba Lot no había ninguna. Abraham ilustra una verdad que alguien ha dicho, que Dios siempre da lo mejor a los que dejan a Él la elección. Las decisiones quetomamos en esta vida no sólo determinan el curso de nuestra vida, sino que también demuestran de qué carácter somos.

Así que, hermanos queridos, busquemos primeramente el reino de Dios y Su justicia. Es donde está la bendición de Dios. Seamos hombres y mujeres maduros, espirituales, no livianos ni carnales. Haya siemprealtar en nuestra vida. Como Abraham reconoció a Dios en todo, así hemos de hacer nosotros. Que el Señornos ayude a considerar muy bien las decisiones que tomamos y las elecciones que hacemos, porque escogerbien trae bendición, y escoger mal ocasiona pérdida. ¡Que Dios nos ayude por Su gracia a escoger bien!

de un estudio dado por L.B., en Sevilla, el 15 de octubre, 2006