Tuesday, May 1, 2012

DIOS RESPONDE A LA ORACIÓN DE SALOMÓN


(Parte I)


Texto: 2 Crónicas 7:1-22

      En este capítulo Dios nos informa del resultado de la oración de Salomón al dedicar el templo. Vemos aquí en los versículos 19-22 que Dios advierte acerca del castigo que vendrá si no le obedecen, tal como luego diría por boca de los profetas, como vemos en Jeremías por ejemplo. Pero en la primera parte del capítulo, en la dedicación del templo, y después de la oración dedicatoria de Salomón, hay resultados buenos e importantes que considerar. Considero que hay al menos diez cosas que sucedieron como resultado de su oración, y ellas deben motivarnos a orar más.
Una vez terminada la construcción del templo, con tantos albañiles, carpinteros, etc., con todo el oro puro, las piedras preciosas incrustadas, el arca del pacto colocado en su lugar, todo magnífico – sólo faltó la presencia de Dios.
En los versículos 1-3 vemos como vino la manifestación de Su presencia. Ellos sacrificaron y oraron, y terminaron, Dios respondió con fuego y Su gloria llenó la casa. Ellos hicieron todo lo que pudieron, y acabaron su obra, pero ahora Dios es el que obra. Dios todavía tenía qué decir y hacer respecto a esta casa. Dios les advierte que no terminaba todo con hacer y dedicar el templo – lo más importante era la vida de Su pueblo, su devoción, piedad y lealtad. Con nosotros también es así. Puede que tengamos un hermoso lugar de reunión, pero es sólo una parte. Lo más importante no es el edificio, sino la condición del pueblo. En el capítulo 6 Salomón dedicó el templo con una gran oración dedicatoria, y entonces viene en el capítulo siete esta enseñanza alentadora para cada uno de nosotros. Lo que sucede en el capítulo 7, “cuando Salomón acabó de orar” nos enseña lo importante que es la oración. Lo que falta en el pueblo de Dios hoy es la oración – el pueblo no ora, no acude a la presencia de Dios, no intercede, no adora, etc. Al pueblo de Dios le faltan oraciones como ésta, y quizás sea porque muchos no oran ni en privado ni en público. Mis hermanos, la oración es poder, es aliento vital. Recordemos siempre esta frase: “cuando Salomón acabó de orar”, porque es cuando las cosas empiezan a suceder, después de la oración. Uno dijo una vez: “No entiendo mucho de la teología de la oración, pero esto sí entiendo: cuando oro, cosas suceden, y cuando no oro, no suceden”.
1. Descendió Fuego (1:1, compara Hch. 4:31). Dios lo envió. El fuego en la Biblia es uno de los símbolos de la presencia divina, como por ejemplo en el caso de Moisés cuando vio la zarza ardiente. El fuego también es instrumento de purificación, y de iluminación. Cristo comparó a Juan el bautista con una antorcha que arde y alumbra. El fuego que descendió manifestó poder de lo alto. Es algo que calienta con gran energía, quema las escorias, consume el sacrificio y manifiesta la aprobación divina. Y respecto a la oración, de alguna manera ella nos purifica, invita a Dios a actuar, nos alienta, genera energía espiritual. También en Hecho 4:31 que después de la oración de los creyentes, Dios actuó y manifestó Su poder y aprobación. Nuestras vidas personales y nuestras reuniones de iglesia necesitan el efecto sano y santo del fuego de Dios.

2. Consumió Las Víctimas Y El Holocausto (1:1).  Al consumir los sacrificios, Dios manifestó que los aceptó, como aceptó el de Abel, y no el de Caín (Gn. 4). Había sacrificios puestos sobre el altar antes de orar. Dios acepta a aquel que se acerca con espíritu de oración y sacrificio. Al venir, debemos  haber orado antes, preparando la reunión y también a nosotros mismos. Si tratamos de improvisar y venimos no preparados, es posible que Dios no acepte nuestros sacrificios de alabanza ni las ofrendas presentadas (Pr. 15:8). Antes de testificar, debemos orar. Antes de ofrendar, debemos orar. La oración de los rectos es Su gozo, porque en ella se ve un corazón inclinado a Dios y que desea Su presencia y bendición.

3. La Gloria de Jehová Llenó La Casa (1:1-2). ¿Sabéis qué es la gloria de Jehová? No es la vanagloria del mundo ni la del hombre. Es una manifestación de Su excelencia. La nube esplendorosa de Su gloria, brillante con Su majestad y poder (v. 3), era visible. La vieron todos. En el versículo 2 vemos que era imponente – no pudieron entrar – la casa estaba llena. La presencia divina se manifiesta en nuestra vida cuando oramos – es una forma de tener comunión íntima con Dios. Se postraron y adoraron cuando Dios manifestó Su gloria. Sabían que Él estaba allí, y esto pasó “cuando Salomón acabó de orar”, implorando la presencia y bendición del Señor. La gloria de Dios es Su majestad visible, la magnificencia, el resplandor, la belleza de Dios. Al ver la gloria, seguro que todos apreciaban más al Señor. Y Dios quiere que su gloria se vea entre nosotros, que no seamos como los del mundo, quienes no teniendo gloria ni conociéndola, intentan hacerse gloriosos con la cosmética y la joyería, con la jactancia y los aplausos, etc., porque sus vidas están vacías. Dios quiere llenar nuestra vida, pero muchas veces no tiene cabida porque no le dejamos.

4. No Podían Entrar Los Sacerdotes (v. 2). Al entrar Dios con Su gloria de esta manera, no había intervención ni protagonismo humano. Puede que a veces tanta actividad entre los evangélicos sea indicio de la falta de Dios en su medio. Nada hay para impedir la carne y la actividad constante: programas especiales, seminarios, retiros, conciertos, convenciones, campañas, etc. Me parece que muchas veces llenan el vacío con actividad, en lugar de parar y apreciar la presencia de Dios. 
Hay cosas que debemos hacer, porque son nuestra responsabilidad humana. Pero hay otras cosas que sólo Dios puede hacer. En las reuniones nuestras, tampoco tiene que haber constantemente ruido y actividad nuestra. Es bueno que usemos la voz para leer las Escrituras, orar y cantar en alabanza de nuestro Dios. Pero a veces el silencio es bueno también, cuando es meditativo, cuando Dios está obrando en los corazones y guiando los pensamientos. No hay que hablar simplemente por romper el silencio, si el silencio es porque Dios llena la casa y nuestros corazones. Pero si es silencio de pereza, de manos vacías de no venir preparado, si es silencio de no estar en una actitud de comunión, o porque la cabeza está llena de películas y partidos de fútbol vistas la noche anterior, entonces no es buena. Pero hay veces cuando Dios nos guía en las meditaciones y estos silencios que aprecian Su presencia y obra son buenos.

5. El Pueblo Vio El Fuego Y La Gloria Y Reaccionó (v. 3). Mirad qué buen efecto hubo en ellos al ver estos símbolos de la presencia divina. Primero, el pueblo se postró en el pavimento. No fue nada cómodo, como en los templos católicos donde ponen almohadas para arrodillarse. La oración verdadera siempre conduce a la humillación, primero y lo más importante, un espíritu humilde, pero el pueblo también lo demostró con la postura. Segundo adoraron a Dios, y tercero, le alabaron diciendo: “porque él es bueno, y su misericordia es para siempre”. El pueblo no pensó en sí mismo, sino en Dios, porque estar cerca de Dios nos libra de estar ensimismados. Adoraron y alabaron, esto es, fijaos, hablaron directamente a Dios diciendo estas cosas. Nadie dio un sermón, “un pensamiento” ni “una palabra de ministerio o exhortación”, como a veces nos pasa en la cena del Señor, sino que adoraron y alabaron a Dios, como los de Apocalipsis 4 y 5. La adoración y la alabanza vienen de los que están totalmente ocupados con la Persona de Dios. Y qué cosas básicas dijeron: “El es bueno”. ¿No lo sabemos todos? Sí, por supuesto, pero es nuestro privilegio expresarlo. “Su misericordia es para siempre”.  Su eterna misericordia significa, hermanos, entre otras cosas, que no se puede perder la salvación. Si Dios salvara a alguien y luego dejara perderse esta persona, Su misericordia no sería para siempre. Pero es para siempre, y no nos cansaremos de recordar esto con gratitud.

6. El Rey Y Todo El Pueblo Sacrificaron Víctimas (vv. 4-6). No vale la grandeza ni el poder político delante de Dios. Alguien dijo que toda la tierra al pie de la cruz tiene el mismo nivel – allí nadie es más alto o bajo que otro. Lo mismo pasa ante el trono de Dios, en Su presencia somos todos pecadores redimidos. Grandes y pequeños son iguales delante de Dios. El rey estaba como uno más ante el altar.
Pero, mirad qué gran cantidad de sacrificios: indican la generosidad. La oración también nos motiva a ser generosos y presentar ofrendas a Dios. Pero hoy en día, en la obra de Dios hay mucha carencia y necesidad. Pocas han sido las veces que han sobrado ofrendas, cuando el pueblo ha ofrendado tanto que los obreros del Señor no necesitaron más y tuvieron que decir “basta” o impedir al pueblo que ofrendara (Éx. 36:5-7). Ciertamente no pasa esto hoy; no hay abundancia, y una de las razones es que pasamos poco tiempo en oración, poco tiempo consagrándonos, poco tiempo en la presencia de Dios donde Él puede guiar nuestros pensamientos y sentimientos para que demos a los obreros Suyos que lo necesitan. Al no hacer esto, entonces muchos vienen a las reuniones no preparados realmente por Dios para ofrendar, sino que dan lo que pillen en el bolso o el bolsillo al momento. Dios quiere que traigamos ofrendas y sacrificios a propósito, y que seamos generosos en ellos.

7. Se Hizo Fiesta Siete Días (vv. 7-9). Esta fiesta no era de calendario, cosa programada anualmente, sino asociada con la dedicación del templo y la manifestación de la presencia de Dios. Hubo alegría, gozo y alabanza, todo en un ambiente espiritual, en medio de un pueblo consciente de la presencia divina. El pueblo disfrutó la comunión y las cosas del Señor, y en parte la oración de Salomón les preparó para esto. Hoy en día el pueblo se queja de reuniones largas, de predicadores “largueros”. A algunos no les importa ver un partido de fútbol o una película que dure dos horas,  o pasar todo el día en el campo, en la playa o la montaña, pero si tienen que estar en una reunión más de una hora se ponen nerviosos. Estas cosas no deben ser así.  ¿Estarán verdaderamente pensando en Dios y gozándose de Su Palabra y la comunión de los santos? Lo dudo seriamente. En Jerusalén aquel día hubo “una gran congregación”, todos, no una pequeña parte. ¡Qué diferencia entre ellos y nosotros, cuando hoy en día en una reunión de oración entre semana, o el culto de domingo por la tarde, sólo vienen unos poquitos fieles. Pero ¿dónde están los demás, los que vienen a “hacer acto de presencia” el domingo por la mañana y nada más? ¿Qué harían estos “domingueros” si tuviéramos un compromiso espiritual que durara siete días, como en la dedicación del templo, o en las fiestas de Jehová que se celebraban cada año? Pensémoslo.

de un estudio dado por Lucas Batalla en abril y mayo de 2008

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