Monday, April 9, 2012

¡ACÉRCATE MÁS!


En Santiago 4:8 leemos: “Acercaos a Dios, y él se acercará a vosotros”. Una forma de hacer esto es orando, y esto es lo que os invito a considerar ahora conmigo. En Isaías 65:24 el Señor promete escuchar y contestar, y más, que Él anticipará nuestras oraciones. “Y antes que clamen, responderé yo; mientras aún hablan, yo habré oído”. En otras palabras el Señor nos está diciendo: “Estoy esperando para bendecirte. Heme aquí esperándote”. Esto debe animarnos mucho a orar.


Si el pueblo de Dios no ora, está mal; tiene poco sentido de necesidad. Cuando voy a la consulta del médico y la veo llena de gente, digo: “Todos estos están aquí porque necesitan al médico”. Así deberían ser las reuniones de la iglesia y especialmente la reunión de oración. Los que no van, probablemente no oran mucho en casa tampoco.


Hermanos, hay que acercarse a Dios aunque Él es omnipresente. Esto significa entre otras cosas que hemos de ir al lugar de reunión. Congregados en Su Nombre, entramos en Su presencia de modo especial. El Salmo 63:1 dice: “de madrugada te buscaré”. El salmista sabía que Dios está en todas partes pero que también es necesario buscarle. En el Salmo 73:28 leemos: “en cuanto a mí, el acercarme a Dios es el bien”. Acercarse a Dios es el deber de cada uno de nosotros. Hoy en día la gente se acerca a muchas cosas donde Dios no está. Pero el que entiende dónde hay ayuda y bendición se acerca a Dios. Hoy en día muchos llamados “creyentes” viven lejos de Dios. Dicen que creen en el Señor, la Biblia, el infierno y el cielo, y muchas cosas, pero no se les nota en la práctica; no se acercan a la presencia de Dios. Para ellos reunirse es un deber, no una necesidad ni un placer.



Cuando no quieres tener relación con una persona, tratas de evitarle, eludirle. Si sabes que va a estar en cierto lugar, no vas a este lugar, para no coincidir con quien no quieres ver. Pero no debemos hacer esto con Dios. Desgraciadamente muchas veces confiamos más en los hombres que en Dios. Pero el Salmo 146:3 nos aconseja así: “No confiéis en los príncipes, ni en hijo de hombre, porque no hay en él salvación”. Quien puede salvarnos, socorrernos y realmente ayudarnos es el Señor, y en las reuniones estamos en Su consultorio divino, escuchando Su Palabra y hablando con Él en oración.


Hebreos 10:22 nos exhorta: “acerquémonos”, y a continuación nos dice cómo hacerlo. “Con corazón sincero”, porque la sinceridad es importante en todo, y especialmente en la oración. No hagamos las cosas simplemente porque sí, ni para cumplir un deber ni para quedar bien, sino en sinceridad. “En plena certidumbre de fe”, porque la fe es clave en la oración; hay que creer a Dios confiar en Él. “Purificados los corazones de mala conciencia, y lavados los cuerpos con agua pura”, dice, porque esto es la limpieza, no sólo de salvación, que es lo principal, sino también la limpieza de 1 Juan 1:9, la que el Señor nos da cuando confesamos nuestros pecados. Todo creyente necesita diariamente también este tipo de limpieza para acercarse a Dios y vivir en comunión con Él.

Todas estas cosas son cosas que no gustan a la carne, y por lo tanto el ejercitarse para la piedad en cosas como congregarse para orar es algo que siempre producirá quejas en la carne. Pero debemos andar en el Espíritu y no satisfacer los deseos de la carne (Gá. 5:16). El salmista dijo: “Yo me alegré con los que me decían: a la casa de Jehová iremos”. ¿Es ésta nuestra actitud respecto a las reuniones? Hebreos 4:16 dice: “acerquémonos, pues,  confiadamente al trono de la gracia, para alcanzar misericordia y hallar gracia para el oportuno socorro”. Si deseamos experimentar más de la gracia de Dios, más de Su misericordia y hallar el socorro que necesitamos, la Palabra dice: “acerquémonos”. Que el Señor nos ayude a ejercitarnos más para la piedad, y a acercarnos más al Señor en nuestra vida diaria y en las reuniones de la iglesia, donde Él promete estar en medio. Hermano, hermana, Dios promete que si nos acercamos a Él, Él se acercará a nosotros. ¡Acércate más! 

de un estudio dado por D. Lucas Batalla, el 8 de marzo, 2007


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