Sunday, May 29, 2011

ADVERTENCIAS DIVINAS

Texto: 1 Corintios 10:1-15


Es importante observar que este pasaje está antes de 1 Corintios 11, donde se nos instruye acerca de la celebración de la Cena del Señor. Está compuesto así a propósito, no por casualidad. La Palabra de Dios tiene el fin de advertir y corregir, para que enmendemos nuestro camino. Muchas veces en el Antiguo Testamento Dios habló al pueblo, dando advertencias y exhortaciones, recordándoles una y otra vez lo que debían hacer y no hacer. Dios es paciente. Sólo al final del Antiguo Testamento, después de Malaquías, guardó silencio durante 400 años. Una y otra vez corrigió y reprendió a Su pueblo Israel. 
En Corinto también, por lo que leemos en nuestro texto, pasaba lo mismo. Había necesidad del aviso de Dios para enmendar y corregir su comportamiento. El Espíritu Santo inspira a Pablo para que les recuerde cosas que pasaron con el pueblo de Israel en el libro de Números. El versículo 11 dice que “a nosotros”, esto es, a los creyentes, están escritas estas cosas. ¡Qué importante es el Antiguo Testamento, que está lleno de lecciones e ilustraciones para nosotros! Hay cosas allí para amonestarnos y advertirnos, para nuestro bien. Lo triste es que hoy en día no hay amonestación en las iglesias, y se va dejando, y dejando, y alejando de lo que Dios quiere. Muchos predicadores no quieren o no tienen coraje para amonestar y exhortar al pueblo, porque vivimos en tiempos en los cuales las iglesias se arreglan “a gusto del consumidor” y no conforme a la Palabra de Dios. Si amonestamos y reprendemos, la gente se molesta y se va en busca de otra iglesia donde puede estar cómoda. 
Pero, ¿por qué nos tiene que molestar una advertencia o una amonestación de la Palabra de Dios? ¿Sabéis a quiénes les molesta? Son los que no están seguros de su condición espiritual. A mí no me molesta una palabra fuerte, sino al contrario, me preocupa una palabra suave y que no tiene fuerza ni fuego. Sé en quién he creído, y también sé que necesito la corrección y la mejora. Todos lo necesitamos, pero no todos lo sabemos, aparentemente. Hay mucha permisividad y tolerancia en las iglesias y la gente divaga espiritualmente. La verdadera instrucción y enseñanza es la que forma a las personas. Unos padres que nunca quieren decir “no” a sus hijos ni corregir su comportamiento van a criar unos monstruos, y efectivamente esto es lo que pasa más y más en los hogares, y también en las iglesias. 

¿Quiénes Fueron Los Que Cayeron En El Desierto? 

Estamos siendo influídos demasiado por las ideas y los conceptos del mundo. En Números 11, uno de los pasajes a los cuales 1 Corintios 10 se refiere, vemos en el versículo 4 que cuando Israel salió de Egipto e iba por el desierto, había una multitud mezclada. La gente extranjera, que probablemente incluía a algunos egipcios, se mezcló con el pueblo de Dios. Salió esta multitud mezclada de Egipto, llevando consigo muchos gustos, creencias, costumbres, etc. Esta gente extranjera, con los mismos israelitas que no habían creído, (la mayoría) aportaron mucha maldad y muchos problemas. Una multitud mezclada es problemática, y allí el pueblo de Dios debe tener mucho cuidado hoy en día también, porque el problema todavía existe. Hay en las iglesias gente bautizada que toma la cena del Señor pero que no es creyente de verdad. Su corazón está en el mundo, en Egipto, y siempre causa problemas. El ecumenismo es un peligro muy grande, precisamente porque mezcla todo, acepta todo, dice que hay que ser tolerantes y respetar las ideas de los demás. El Señor nos mandó enseñar a los convertidos que guarden TODAS LAS COSAS que Él nos ha enseñado, pero los ecuménicos, con la idea de estar todos juntos, enseñan que sólo unas pocas doctrinas fundamentales son importantes, y todo lo demás es “secundario” y de menor importancia. Sobre todo, dicen ellos, respetemos las creencias de los demás. Hacen un gran sincretismo de las doctrinas de todos, y nos invitan a vivir en este potingue espiritual que han preparado. Pero esto es malo, diabólico, y hay que decirlo, tal como se me oye.
En el infierno habrá un sincretismo de todo, esto está seguro. Porque los que creen y proceden así no son del verdadero pueblo de Dios, aunque se mezclan con el pueblo de Dios. Leed la historia bíblica y veréis, que los mezclados no entraron en la tierra prometida, y trajeron muchos problemas al pueblo de Dios. Hoy en día pasa lo mismo, con amistades y matrimonios mezclados. Dios no lo aprueba y nosotros tampoco podemos. Los del mundo nunca nos van a ayudar a agradar a Dios, porque ellos no pueden agradarlo. Sin fe es imposible (He. 11:6). 
Observemos en Números 26:64-65 lo que pasó al final con los mezclados. Es el capítulo más largo del libro de Números. Dice: “Y entre éstos ninguno hubo de los contados por Moisés y el sacerdote Aarón, quienes contaron a los hijos de Israel en el desierto de Sinaí. Porque Jehová había dicho de ellos: Morirán en el desierto; y no quedó varón de ellos, sino Caleb hijo de Jefone y Josué hijo de Nun”. No entraron, y en Hebreos 3 y 4 aprendemos que fue por incredulidad y desobediencia, y así sabemos de la Biblia cuál era la condición espiritual de esa gente. ¡Qué advertencia tenemos aquí de que el pecado pasa factura! Dios lo castiga, hermanos, y nunca debemos olvidar esto. Debemos tener cuidado con la gente inconversa porque no piensa ni siente como nosotros. Nos llevará a hacer como ellos, pero no harán como nosotros. Pero ellos no entrarán en el cielo, así que los incrédulos y desobedientes no pueden ser verdaderos amigos ni compañeros del pueblo de Dios. 
Mirad hermanos, en 1 Corintios 10 dice que todos fueron bautizados en la nube y en el mar. Pero no todos estos eran creyentes. No necesitamos teorías ni explicaciones de teólogos ni de nadie, porque Dios dice: “incrédulos”. No es creyente todo el que dice serlo o que lo parece a primera vista. Habían sido bautizados todos en el mar Rojo y en la nube. Habían comido todos la misma comida y bebieron la misma bebida. Pero aunque esto era así, muchos no habían creído de verdad, y la Palabra de Dios a todo incrédulo, bautizado o no, participante de la cena del Señor o no, está firme: “Morirán en el desierto”. En los versículos 3 y 4 vemos cómo manifestaron plena comunión con el Señor, pero era una multitud mezclada. ¿Y no está pasando esto hoy en día en la iglesia? Se bautizan y toman la comunión, pero no son creyentes. No tienen vida espiritual. No crecen. No testifican. No dan fruto. No adoran. Siempre están pensando en todo lo que el mundo les ofrece. ¿Y qué piensa el Señor de estos? 

Su Fracaso 

El versículo 5 dice: “Pero de los más de ellos no se agradó Dios”. Así de claro. Todos sabemos lo que significan las palabras: “los más”. No es necesario ser erudito para entenderlo. Significa la mayoría de ellos, la gran parte. “No se agradó Dios”. Es una cosa cuando algunos quejosos en las iglesias dicen: “no me gusta” acerca de esto o lo otro, pero es otra cosa cuando Dios dice: “No me gusta”. A Dios no le gusta la incredulidad. A Dios no le gusta la forma de pensar, sentir y vivir de los que no creen, aunque se mezclen con el pueblo de Dios. Esta es la cuestión clave. No gustaron a Dios. Él los conoció, como conoce a todos, fue paciente con ellos durante cuarenta años, y los soportó dándoles muchas oportunidades. Pero la paciencia de Dios no debe confundirse con tolerancia. El versículo sigue y dice: “por lo cual quedaron postrados en el desierto”. ¡Vaya comentario! En el versículo 8 vemos que en un día cayeron veintitrés mil. En el versículo 9 vemos que otros perecieron por las serpientes, y en el versículo 10 otros murieron por el destructor. Siempre acuérdate de esto, el hecho de que Dios es amor no significa que Él no castiga la incredulidad y el pecado. Pablo, inspirado por el Espíritu Santo, recurre a la historia sagrada para impresionar sobre los corintios esta verdad. 
Dios es amor, pero también es santo y justo, y tiene una reacción al pecado. En Romanos 2:5 leemos el aviso a aquellos que atesoran ira para el día de la ira. La ira de Dios es tan santa como Dios mismo, y Él no se avergüenza de manifestarla, porque no es ni mala ni injusta. Viene el día de Su ira, y Pablo enseña a los romanos y a los corintios acerca de la ira de Dios contra el pecado. Los que no aprovechan la paciencia y longanimidad de Dios para arrepentirse y venir a cuentas con Él, conocerán Su ira, de hecho, están guardando, atesorando esta ira, como en una hucha, como en una cuenta de ahorros. Cada día los que no agradan a Dios atesoran ira, y al final la recibirán. Así fue con toda la generación de Israel que salió de Egipto. Números 14:20-35 cuenta como el Señor los mandó volver al desierto y morir allí como castigo por toda su incredulidad. En el versículo 22 dice: “me han tentado ya diez veces”. En el versículo 34 dice: “y conoceréis mi castigo”. Y así fue. El en Salmo 34:21 leemos: “matará al malo la maldad”, y sucedió así. Aunque el malo se esconda entre el pueblo de Dios, aun allí le alcanzará el castigo divino. 
En 1 Corintios 10, los versículos 6-10 contienen 5 exhortaciones acerca de cosas que hay que evitar. Hay que evitar todo pecado, por supuesto. Pero aquí vemos ciertas cosas que especialmente provocaron el juicio de Dios. Son cosas del Antiguo Testamento. Son cosas del pueblo de Israel. Son cosas de la dispensación de la Ley. No importa, porque es el Espíritu Santo de Dios quien dice: “Mas estas cosas sucedieron como ejemplos para nosotros” (v. 6), y “están escritas para amonestarnos a nosotros, a quienes han alcanzado los fines de los siglos” (v. 11). No codiciemos cosas malas (v. 6). No seamos idólatras (v. 7). No forniquemos (v. 8). No tentemos al Señor (v. 9). No murmuremos (v. 10). A todo esto se dedicó el pueblo que salió de Egipto, porque como hemos visto, en realidad la mayoría de ellos no conocieron ni agradaron al Señor. Fracasaron porque pensaron que podían creer a su manera, creer livianamente en Dios y seguir haciendo lo que les venía en gana. Se equivocaron gravemente. Hoy en día, también, los que piensan que porque viven en tiempos de gracia pueden hacer lo que quieren, pueden vivir como los del mundo, andar con ellos, imitarles a ellos y que no les pasará nada, se equivocan gravemente. Si Dios juzgó a los israelitas carnales, podemos estar seguros de que juzgará a los carnales de nuestros tiempos. Las advertencias de 1 Corintios 10:6-11 todavía son vigentes, pero muchos llamados cristianos no las hacen caso. Abunda la codicia entre los ricos y los pobres. Los pobres codician lo que tienen los ricos, y los ricos codician más cosas. La idolatría ha tomado la forma de comida, bebida y diversiones. “Se sentó el pueblo a comer y a beber, y se levantó a jugar”. Ahora la juventud admira y quiere ser como los que viven bien, y como las estrellas del deporte, los buenos jugadores. Desarrollan su fuerza y destreza en el mundo económico, académico y deportivo, pero no en el mundo espiritual. Saben jugar pero no saben orar, testificar y adorar. No sueñan con ser buenos siervos de Jesucristo, sino como buenos músicos, y se imaginan que tocando, cantando y bailando, pueden servir a Dios. ¡Nada más lejos de la verdad! Todas estas cosas que van captando el corazón y dominando los pensamientos, deseos, planes y esfuerzos son ídolos. Pero: “No seáis idólatras”, dice Dios. “No forniquemos”, dice la exhortación, pero hoy en día abundan la promiscuidad y la inmoralidad entre profesados cristianos, porque siguen el rumbo y la influencia del mundo. No se guardan puros antes de casarse, y después de casados, no quieren ser fieles a sus votos. La pureza moral y la castidad son muy raras en el mundo, pero deben ser la orden del día en la iglesia. No debemos tentar a Dios, dice el versículo 9, ni murmurar, dice el versículo 10, pero son cosas comunes entre profesados cristianos. Hermanos, el pueblo de Israel fracasó en estas cosas, y fue juzgado por Dios. Dios todavía aborrece estas cosas y las juzgará, aunque tenga que ser en la iglesia. El juicio comienza con la casa de Dios. 
Por esto, en 1 Corintios 11:23-34, después de esta enseñanza y advertencia tan seria de nuestro texto en el capítulo 10, el apóstol inspirado pasa a advertirles del peligro de tomar indignamente la Cena del Señor. No les habla de ser dignos, porque digno no somos ninguno excepto el Señor. Habla de la forma de actuar y tomar la Cena del Señor, esto es, de nuestra conducta y de nuestra actitud. “Por tanto, pruébese cada uno a sí mismo”, dice en el versículo 28. Todavía hace falta esto, y más en nuestros tiempos. Fijémonos en las palabras: “cada uno a sí mismo”. No dice: “cada uno a los demás”. Muchos se están haciendo el policía secreto, examinando a otros y no a sí mismos. Encárgate de ti mismo. Examínate a ti mismo y asegúrate de que tú mismo tomes dignamente la Cena del Señor, habiendo juzgado tus propios pecados. El versículo 31 dice: “si, pues, nos examinásemos a nosotros mismos”. Entonces, hagamos esto, porque tan cierto como Dios juzgó los pecados de Israel nombrados en el capítulo 10, juzgará los nuestros. En el 11:30 habla de muchos enfermos y muchos que duermen. Esto de “duermen” no es dormirse en el culto, aunque algunos sí lo hacen. Se refiere a la muerte. Hay los de la congregación que físicamente estaban enfermos y otros que habían muerto, y Pablo intima que son casos del juicio de Dios. El juicio es evitable, si nos juzgamos a nosotros mismos, si confesamos y nos apartamos del pecado (Pr. 28:13). Pero si no, Dios entra a juzgar. El versículo 32 dice: “siendo juzgados, somos castigados por el Señor”. El salmista habla de ser azotado y castigado en el Salmo 73:14. Esta es su queja, pero unos versículos más adelante mira cómo acaban los incrédulos, y se da cuenta de la gran diferencia. Dios azota y castiga a los Suyos, pero no los condena con el mundo: “para que no seamos condenados con el mundo” (1 Co. 11:32). En Hebreos 12:6 vemos que el Señor, al que ama, disciplina. Esta disciplina es para formar y enmendar al niño, para que sea y viva como debe, y evite muchos males y problemas. Así trata Dios a los de Su casa. La única otra opción es ser juzgado con los del mundo, esto es, como incrédulo. En el Salmo 73:27 el salmista reconoce que los que se alejan del Señor perecerán, y que Él destruirá a todo aquel que de Él se aparta. La perdición es la porción de los incrédulos. El castigo paterno es la porción de los creyentes. 

Las Causas Del Fracaso 

¿Por qué fracasaron así los del pueblo de Israel? La causa está en esa muchedumbre mezclada que hemos notado. Pablo lo explica con cariño (v. 14 “amados míos”), pero con firmeza. Les considera “sensatos” (v. 15) y capaces de juzgar lo que dice, y por eso les llama a hacerlo. Así que, amados hermanos, seamos también sensatos en el Señor para juzgar estas cosas. 
En el versículo 11, el apóstol está seguro de que lo que sucedió fue escrito para nuestro bien, y la amonestación es con esta finalidad. La iglesia en Corinto también tenía una muchedumbre mezclada con costumbres paganas, con idolatría, fornicación, murmuración, etc. Necesitaba una buena limpieza. Querían tener contento a Dios y al diablo, y esto no puede ser. Al final vendrá el juicio, y Pablo les advierte aquí y en el capítulo 11, con intención de ayudarles a evitar ese juicio. 
Cuando el Señor nos saca de una condición de rebelión y pecado, nuestro deber es aborrecer a lo que antes amábamos, y amar lo que antes no amábamos. Y si amamos las cosas del Señor, no nos quejaremos de ellos. No diremos como algunos: “¡cuántas reuniones!”, “¡qué largas son!”, “¡otra vez al culto!”, etc. Por ejemplo, el domingo es día del Señor, sin embargo, hay quienes llamándose cristianos usan el día para otras cosas, para sí y no para Dios. Se van al parque, van a visitar amigos o familia, pasan el día en el campo o en la playa, con la excusa de que necesitan descansar o lo que sea. Pero no es su día, es el día del Señor. Para tus cosas, usa uno de tus días, pero no el del Señor. 
En 1 Corintios 10:6 vemos que codiciaron cosas que Dios no les dio, y algunas que les había prohibido. Se quejaron del maná, provisión milagrosa, y la llamarón “pan insípido” o “pan liviano”. ¿No pasa algo parecido hoy en día en las iglesias? No quieren la predicación de la Palabra, sino algo que divierta. Cada vez dan más del tiempo de los cultos a la música y los músicos, conjuntos y cantantes, a la drama y el teatro, etc. y menos para la predicación de la Palabra. El otro día vi que hay un grupo en Sevilla que se llama “títeres para Cristo”. ¡A este extremo hemos llegado! Y los que “se convierten” en cultos así, ¡no sé en qué se convierten! Cuando Jesucristo y los apóstoles predicaron, la gente se quebrantaba y lloraba, o se enfurecía y tomaba piedras para apedrearlos. No hacían a la gente reírse. Los siervos de Dios no comenzaron sus mensajes con anécdotas graciosas o chistes para “romper el hielo” y conseguir la buena voluntad de sus oyentes. Predicaron diciendo: “Oíd palabra de Jehová”, “así ha dicho el Señor”, y cosas así. Fueron al grano. 
Pero estos males y fracasos vienen por tener entre el pueblo a los que no creen y no se consagran. En Números 11:4 el texto dice que la gente extranjera tuvo un vivo deseo. Allí estaba la raíz del problema: los que no pertenecían al pueblo de Dios, con sus deseos mundanos. En el versículo 5 leemos que se acordaban de la comida de Egipto, pero no de la servidumbre. Su memoria era selectiva y torcida. No comieron “de balde” en Egipto, ¡ni mucho menos! Hermanos queridos, Dios nos da mucho, pero el diablo no. Dios nos da el perdón, la salvación, el Espíritu Santo, Su Palabra, la paz, el amor, la comunión, y muchas otras cosas. El diablo sólo da el pecado y sus consecuencias. ¡Qué malo que uno que se llama cristiano tenga añoranza de las cosas de antes! 
En el versículo 6 dicen: “ahora nuestra alma se seca; pues nada sino este maná ven nuestros ojos”. Así despreciaron la provisión milagrosa y bondadosa de Dios. Pero se equivocaron en lo que dijeron: “nuestra alma”. El alma no es nuestra. Dios dice en Ezequiel 18:4 que todas las almas son Suyas. No pensaron ni hablaron como los que pertenecen a Dios, sino como dueños de sí mismos. Y dicen en efecto: “nada hay sino este maná”, como si no fuera nada. Decir que con Dios no hay nada es dudar de Su existencia. Despreciaron la provisión milagrosa, y era símbolo de Cristo (Jn. 6:31-35). Los versículos 7-9 describen el maná como algo milagroso y bueno que Dios había provisto. Pero los ingratos incrédulos en el pueblo no lo apreciaron. De ahí su fracaso. 
1 Corintios 10:7 nos enseña que amaron más los placeres, el buen vivir y buen comer, y otros dioses. 2 Timoteo 3:4 advierte que también en los postreros tiempos habrá personas amadoras de los deleites (placeres) en lugar de amar a Dios. Es la idolatría de los placeres y las diversiones. La religión del deporte tiene como templos el estadio y el pabellón. Se hacen ídolos de músicos, jugadores, actores y mucho más. Se quedan en las discotecas toda la noche hasta las 5, las 6 o las 7 de la mañana del día siguiente. Si van al cine quieren que dure la película un mínimo de dos horas. Si van al campo o a la playa es para todo el día. Pero esta clase de gente, si viene a un culto de la iglesia (y no vienen muchos), quieren que acabe pronto. Tienen citas esperándoles en los restaurantes, con los amigos, en el parque, o tienen que correr para llegar a casa y ver su programa favorito en la tele. Es la gran idolatría de los placeres de un mundo cada vez más materialista y hedonista, y lástima que haya que decirlo, pero estos pecados están en las iglesias evangélicas, entre nosotros. Santiago no intenta quedar bien con los mundanos. Los llama “almas adúlteras” en Santiago 4:4 y los llama al arrepentimiento. Hoy en día muchos predicadores no hablarían así, porque se les marcharía la congregación. El otro día iba de paseo y vi que venían de frente tres mujeres andando en la acera. Me puse a un lado para dejarles pasar, y cuando pasaron me di cuenta de que una de ellas era una mujer conocida de una iglesia de la ciudad, que tiene bastante protagonismo en su iglesia, y he aquí venía fumando un cigarro bien largo. Ella miraba al otro lado y se hacía la despistada hablando con sus amigas, pero yo le vi muy bien de cerca, y me entristeció esto. Es triste ver muchas almas adúlteras, almas mundanas, en las iglesias. 
1 Corintios 10:8 señala que se entregaron a la impureza sexual. Era y es un pecado oculto, que se esconde en el corazón, y los hombres no lo ven, pero Dios sí. Si le das entrada el pecado, corre tanto que te alcanzará y te adelantará y perderás control. Acabarás siendo llevado por el pecado, y sufriendo su castigo. Números 32:23 advierte: “vuestro pecado os alcanzará”. David oraba así: “líbrame de pecados ocultos”, refiriéndose a los que él desconocía, y también deseando ser librado de aquellos pecados que uno puede ocultar de los demás, pecados escondidos, pecados secretos, que ciertamente, como él había aprendido, saldrán a luz y tendrán su efecto malo y doloroso. Mejor es andar en la luz donde Dios nos ve y los demás también. En las iglesias hay inmoralidad no juzgada. Una mujer esposa del líder de un ministerio para niños abandonó a su esposo y se fue con otro hombre. Hay casos de mujeres que se han tenido que casar por quedarse embarazadas, y no les ha pasado nada en la iglesia. Y más cosas hay como estas, pero Dios nunca lo aceptará. 
El versículo 9 nos presenta el pecado de tentar al Señor (Núm. 21:5-6). En el camino de rodear la tierra de Edom, se quejaron y hablaron contra el Señor y contra Moisés y Aarón, y Dios los castigó con serpientes. En el versículo 10 pecaron murmurando. No estaban de acuerdo con los métodos de Dios. Hoy en día se quejan mucho de los conservadores, y dicen que hay que cambiar, hay que darle más vida al culto, hacerlo más alegre, poner teatro, música especial, música contemporánea, cine, comidas, etc. para ser más atractivo. ¿Ser atractivo a qué? ¡A la carne y al mundo! Ahora bien, con esto no estoy diciendo que sea malo comer juntos como iglesia, por supuesto que no, porque un ágape, una comida juntos en expresión de comunión es algo bueno, siempre que sea con consideración, en orden y en amor fraternal. Pero hoy en día los mundanos y los carnales se quejan de los cultos, que son largos, de los himnos, que no tienen “chispa”, y de las predicaciones que son largas. Tienen la mala costumbre de mirar el reloj y de enseñarlo discreta o indiscretamente al predicador, diciendo: “termine ya, que me quiero ir”. No saben que el libro de Hebreos es una breve exhortación (He. 13:22). Pues que se marchen si tienen ganas, pero que no haga ni directa ni indirectamente sus quejas y murmuraciones en los cultos ni fuera de ellos. En Números 14:20-35 Dios dice lo que opina de ellos y su murmuración (vv. 2, 3, 10). Se quejan de las predicaciones: “no me dicen nada”, “son complicadas”, “son sencillas”, “habla para niños”, etc. Hermanos, Dios oye las murmuraciones y le desagradan. 
¿Cuál es la solución de todo esto? En los días de Nehemías, él echó fuera a los extranjeros, y debemos seguir su ejemplo. Rehusó dejar a Tobías, Sanbalat y los suyos entrar a acompañarles y ayudarles en la obra. Así hemos de ser, pero debemos saber que actuar así trae unas consecuencias. Luego estos mismos extranjeros, enojados y ofendidos, le acusaron de querer ser el rey del pueblo. No era verdad. Ellos se enojaron porque estaban fuera. Así también nos harán muchos hoy en día, pero tiene que ser así. No pueden andar dos juntos si no están de acuerdo. ¿Cuándo vamos a aprender esta sencilla verdad? Dos constructores y dos equipos de albañiles, carpinteros y fontaneros no pueden edificar la misma casa siguiendo dos planes distintos. Esto lo sabemos, pero entonces, ¿por qué queremos admitir alianzas y mezclas en la obra del Señor? Sigamos el ejemplo de Nehemías y de otros como él. 
Además, respecto a nuestras propias vidas, vigilemos y no cometamos estos pecados. “No nos metas en tentación, mas líbranos del mal” es lo que el Señor nos enseñó a orar, y estas palabras expresan el deseo de no pecar, de evitar el pecado. Por esto la Palabra nos llama a “velar”, esto es, a vigilar. 
Segundo, si entra cualquier cosa de estas, hay que confesarlo en seguida. Hay que juzgarlo en nuestros pensamientos y sentimientos como Dios lo juzgaría, llamándolo lo que es, confesando que es malo, y apartándonos de esta cosa. Todo pecado permitido crea impureza en el alma, y debe ser confesado porque tiene el efecto de separar el alma de la comunión con Dios. David lo sabía muy bien, y esto lo podemos ver leyendo el Salmo 32, que él escribió después de ser restaurado de sus pecados en lo de Betsabé. Muchos pecados había cometido: lujuria, codicia, mentira, engaño, malicia, homicidio, etc. El pecado, cuando gana entrada, invita a sus parientes y amigos a entrar también, y perdemos control si no lo echamos. Pero el versículo 5 dice: “mi pecado te declaré, y no encubrí mi iniquidad”. ¿Podemos decir lo mismo? “Confesaré...a Jehová” dice, no a un cura. ¿Quién perdona? ¡Dios! En el versículo 6 dice: “por esto orará a ti todo santo en el tiempo en que puedas ser hallado”. ¡Qué importante es no atrasar la confesión! Siempre es así, pero ¡cuánto más en nuestro caso! 1 Corintios 10:11 dice que nos han alcanzado los fines de los siglos. No queda mucho tiempo para arreglar las cuentas. No sabemos el tiempo que vamos a estar aquí. Hay que ver cómo están las cosas, y lo que se hace hoy en día en el nombre de Dios. Por ejemplo, un líder en una iglesia evangélica en Cataluña defiende la homosexualidad diciendo que el amor de Dios es tan grande que puede permitir esto. Desde dentro del llamado “pueblo de Dios” se escuchan voces diciendo que hay que actualizar la Biblia. Otras dicen que hay que quitar el infierno, y un predicador evangélico conocidísimo en España escribió un libro diciendo que no hay castigo eterno. ¡Y más cosas hay como estas! 
¡Despertémonos, hermanos! Dios dice: “El fin de todas las cosas se acerca; sed, pues, sobrios y velad en oración” (1 P. 4:7). No pensemos que no nos pueden afectar estas cosas. 1 Corintios 10:12 advierte: “el que piensa estar firme, mire que no caiga”. Si no miramos, si no velamos, si no aprendemos de la historia, si no obedecemos las exhortaciones apostólicas, podemos caer como otros han caído. Que el Señor nos guarde y que nos ayude por Su gracia a hacer caso de las advertencias divinas. 

de un estudio dado por Lucas Batalla, el 22 de octubre, 2006 

Asamblea Bíblica “Betel” 
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