Monday, April 9, 2012

¡ACÉRCATE MÁS!


En Santiago 4:8 leemos: “Acercaos a Dios, y él se acercará a vosotros”. Una forma de hacer esto es orando, y esto es lo que os invito a considerar ahora conmigo. En Isaías 65:24 el Señor promete escuchar y contestar, y más, que Él anticipará nuestras oraciones. “Y antes que clamen, responderé yo; mientras aún hablan, yo habré oído”. En otras palabras el Señor nos está diciendo: “Estoy esperando para bendecirte. Heme aquí esperándote”. Esto debe animarnos mucho a orar.


Si el pueblo de Dios no ora, está mal; tiene poco sentido de necesidad. Cuando voy a la consulta del médico y la veo llena de gente, digo: “Todos estos están aquí porque necesitan al médico”. Así deberían ser las reuniones de la iglesia y especialmente la reunión de oración. Los que no van, probablemente no oran mucho en casa tampoco.


Hermanos, hay que acercarse a Dios aunque Él es omnipresente. Esto significa entre otras cosas que hemos de ir al lugar de reunión. Congregados en Su Nombre, entramos en Su presencia de modo especial. El Salmo 63:1 dice: “de madrugada te buscaré”. El salmista sabía que Dios está en todas partes pero que también es necesario buscarle. En el Salmo 73:28 leemos: “en cuanto a mí, el acercarme a Dios es el bien”. Acercarse a Dios es el deber de cada uno de nosotros. Hoy en día la gente se acerca a muchas cosas donde Dios no está. Pero el que entiende dónde hay ayuda y bendición se acerca a Dios. Hoy en día muchos llamados “creyentes” viven lejos de Dios. Dicen que creen en el Señor, la Biblia, el infierno y el cielo, y muchas cosas, pero no se les nota en la práctica; no se acercan a la presencia de Dios. Para ellos reunirse es un deber, no una necesidad ni un placer.



Cuando no quieres tener relación con una persona, tratas de evitarle, eludirle. Si sabes que va a estar en cierto lugar, no vas a este lugar, para no coincidir con quien no quieres ver. Pero no debemos hacer esto con Dios. Desgraciadamente muchas veces confiamos más en los hombres que en Dios. Pero el Salmo 146:3 nos aconseja así: “No confiéis en los príncipes, ni en hijo de hombre, porque no hay en él salvación”. Quien puede salvarnos, socorrernos y realmente ayudarnos es el Señor, y en las reuniones estamos en Su consultorio divino, escuchando Su Palabra y hablando con Él en oración.


Hebreos 10:22 nos exhorta: “acerquémonos”, y a continuación nos dice cómo hacerlo. “Con corazón sincero”, porque la sinceridad es importante en todo, y especialmente en la oración. No hagamos las cosas simplemente porque sí, ni para cumplir un deber ni para quedar bien, sino en sinceridad. “En plena certidumbre de fe”, porque la fe es clave en la oración; hay que creer a Dios confiar en Él. “Purificados los corazones de mala conciencia, y lavados los cuerpos con agua pura”, dice, porque esto es la limpieza, no sólo de salvación, que es lo principal, sino también la limpieza de 1 Juan 1:9, la que el Señor nos da cuando confesamos nuestros pecados. Todo creyente necesita diariamente también este tipo de limpieza para acercarse a Dios y vivir en comunión con Él.

Todas estas cosas son cosas que no gustan a la carne, y por lo tanto el ejercitarse para la piedad en cosas como congregarse para orar es algo que siempre producirá quejas en la carne. Pero debemos andar en el Espíritu y no satisfacer los deseos de la carne (Gá. 5:16). El salmista dijo: “Yo me alegré con los que me decían: a la casa de Jehová iremos”. ¿Es ésta nuestra actitud respecto a las reuniones? Hebreos 4:16 dice: “acerquémonos, pues,  confiadamente al trono de la gracia, para alcanzar misericordia y hallar gracia para el oportuno socorro”. Si deseamos experimentar más de la gracia de Dios, más de Su misericordia y hallar el socorro que necesitamos, la Palabra dice: “acerquémonos”. Que el Señor nos ayude a ejercitarnos más para la piedad, y a acercarnos más al Señor en nuestra vida diaria y en las reuniones de la iglesia, donde Él promete estar en medio. Hermano, hermana, Dios promete que si nos acercamos a Él, Él se acercará a nosotros. ¡Acércate más! 

de un estudio dado por D. Lucas Batalla, el 8 de marzo, 2007


3 COSAS QUE AGRADAN A DIOS


Texto: Miqueas 6:1-16

Al leer la Biblia, aun en pasajes así, vemos el amor de Dios hacia nosotros. Aunque la gente que no conoce la Biblia dice que está llena de violencia y agresividad, nosotros sin embargo vemos mucho amor y longanimidad. El libro de Miqueas es un libro que atrae mucho por lo que nos dice del Señor. El nombre de Miqueas el profeta significa “¿quién como Dios?”, y es el mismo nombre que Miguel. No es tanto una pregunta sino una admiración que exclama que no hay nadie como Él.

En 3:8-11 vemos el ministerio que tuvo este profeta, de retar la corrupción en el pueblo de Dios. Pero se ve también la gran paciencia de Dios con ese pueblo corrupto y desobediente, al soportar durante tanto tiempo su infidelidad. Envió una y otra vez profetas como Miqueas, quien era contemporáneo del profeta Isaías. Pero ¿qué pasó cuando el Señor intervino para dar aviso por medio de estos santos hombres? El pueblo trataba malamente a los mensajeros, faltando respeto y no haciendo caso al mensaje. Es la triste historia del pueblo de Dios en todas las épocas, incluso ahora, que responde mal a los avisos que Dios en Su amor envía, y tales reacciones tiene por supuesto consecuencias.

En 6:6-7 Miqueas pregunta retóricamente qué hacer para ganar el favor de Dios, quizás anticipando o repitiendo comentarios de los mismos judíos. En el versículo 8 viene la respuesta, y observamos que hay tres cosas: justicia, misericordia y verdad. Y hoy en día, ¿cuál es la situación? ¿No hay también hoy una rebelión contra Dios y Su Palabra? ¿No falta respeto a la Palabra de Dios? ¿No hay corrupción y mundanalidad en las iglesias y en su mismo liderazgo? Sí, hermanos míos, la historia se repite. Las preguntas de los versículos 6-7 valen también para hoy. ¿Cómo y con qué nos podemos presentar ante el Señor para agradarle? Dios tuvo respuestas claras y sencillas para Israel, y los mismos preceptos valen también para nosotros. 

1. Hacer Justicia
Justicia significa integridad de juicio. Una persona justa es íntegra. La justicia agrada a Dios. Si dices: “Es que hoy en día la justicia no se ve”, es verdad, pero no es escusa. Cuando nadie más en el mundo la hace, nosotros somos llamados a hacerla, porque nosotros somos pueblo de Dios, como Él dice en el versículo 5, “pueblo mío”. Dios no receta “hacer justicia” a los impíos para que así le agraden, porque no pueden.

Todas sus justicias son como trapo de inmundicia (Is. 64:6). Se trata aquí de los que pertenecen al Señor. Dios nos llama a la integridad, a vidas de justicia práctica. En el Salmo 11:7 leemos que Jehová es justo y ama la justicia. En el Salmo 15:2 leemos de la felicidad de los santos que andan en integridad y hacen justicia. En el Salmo 23:3 leemos: “me guiará por sendas de justicia por amor de su nombre”. Esto es lo que Dios quiere hacer. Debemos desearlo, y pedirlo en oración: “Señor, ayúdame a ser justo en mi carácter y comportamiento”. La justicia afecta el trabajo, el manejo del dinero, la compra, el tiempo libre y las diversiones, la selección de amigos y muchas otras cosas. ¿Qué pide el Señor de Su pueblo? No ofrecer carneros, ni andar descalzo, ni flagelarse, ni muchas otras cosas que gente religiosa hace intentando agradar a Dios o ganar favor delante Suyo. Es imposible ganar Su favor así. Dios no acepta nuestras justicias. Debemos confesarnos injustos, y confiar en el Señor Jesucristo, el justo, quien murió por nosotros en paga de nuestros pecados, para que Dios nos perdone y ponga a nuestra cuenta la justicia de Su Hijo Jesucristo. Es la única forma de ser justo. Y entonces, los que han sido justificados deben practicar la justicia para agradar al Señor y Salvador.

El Salmo 85:10 dice: “La misericordia y la verdad se encontraron; la justicia y la paz se besaron”. Lo describe como unos amigos que se encuentran en la calle y se dan abrazos y palmadas en la espalda del gozo que tienen al encontrarse. La misericordia y la verdad de Dios se encontraron en el Calvario cuando Cristo murió por nuestros pecados, y de este encuentro salen justicia y paz en la vida de los que creen en el Señor. En 2 Timoteo 2:22 Pablo aconseja a Timoteo: “sigue la justicia”. Es lo que todo creyente debe hacer. Aunque el mundo no la sigue, Dios nos llama a hacer justicia, no a seguir al mundo. Somos llamados a hacer lo que Dios dice, no lo que los demás hacen, y esto se nos está olvidando en las iglesias, y más y más se ve en las congregaciones personas que desean ser y hacer como los del mundo. Pero Dios todavía dice lo que decía en tiempos de Miqueas: “sigue la justicia”.

1 Juan 2:29 nos informa que “todo el que hace justicia es nacido de él”. La justicia en los hechos es una marca de los verdaderos creyentes. 1 Juan 3:21-22 habla de la confianza y bendición que tenemos cuando guardamos Sus mandamientos y hacemos lo que le agrada. Esta es la justicia práctica. Para el verdadero creyente, no hay nada más importante que hacer justicia en un mundo que no la hace. ¿Queremos agradar a Dios? Hagamos justicia.

2. Amar Misericordia
El ser humano ama muchas cosas: así mismo, el dinero, los placeres, la gloria de los hombres, la fama, el poder, etc. Dios quiere que amemos misericordia. Misericordia es benevolencia, compasión. Nadie lo sabe como nosotros, porque somos salvos por la misericordia de Dios. Pero el ser humano quiere la religión falsa que le permite creer que gana el cielo por obras, limosnas, rituales, etc. Se engaña, porque la misericordia es algo que no se puede ganar ni merecer. Es ser bondadoso, benevolente y compasivo con alguien que no lo merece, y desde el principio Dios ha sido así para con nosotros. Amar misericordia se ilustra en muchas partes de la Biblia, porque es lo que Dios hace, y los Suyos también deben.

En Génesis 24:12 leemos la oración del criado de Abraham: “haz misericordia con mi señor Abraham”. Se refiere a la misericordia de Dios. Pero un poquito más adelante, en Génesis 24:49, leemos: “si vosotros hacéis misericordia y verdad con mi señor”. Aquí Eliezer se dirige a la familia de Rebeca. Los hombres también debemos hacer misericordia. En 2 Samuel 9:1 David pregunta si hay alguien “a quien haga yo misericordia por amor de Jonatán?”, y a Mefiboset, descendiente de Saúl su enemigo que le había perseguido, le asegura en el versículo 7, “yo a la verdad haré contigo misericordia”.

Hay que actuar con misericordia porque Dios es así y ha hecho esto con nosotros. Nos llama a la misericordia, no a la venganza. Si tenemos los ojos abiertos y la actitud dispuesta, amando misericordia, veremos oportunidades de practicarla. Hoy en día hay muchos que piden dinero, y la verdad es que para muchos de estos es un vicio egoísta, no una verdadera necesidad, porque parece que piden para malgastar, o porque les da pereza trabajar. Piden por engaño y egoísmo, no por necesidad. Pero cuando hay verdaderos casos de necesidad debemos ser misericordiosos, y no a regañadientes, sino con amor. Aquí cabe lo que el Señor dijo al final de la parábola de buen samaritano. Aquel hombre herido no recibió ayuda de los primeros que pasaron, los religiosos, pero entonces el samaritano le ve, le ayuda, le lleva al mesón y paga su estancia allí – todo esto para una persona que no conocía y a quien no debía nada. Además, los samaritanos eran despreciados y maltratados por los judíos, pero él no lo tuvo en cuenta. Amó misericordia y la practicó. Y el Señor dice: “Ve tú y haz lo mismo”.

¿Y qué diremos del caso del padre del hijo pródigo? ¿Qué hizo con su hijo cuando volvió? A pesar de que no se lo merecía, porque había salido con altivez y malgastó toda su herencia, su padre al verle arrepentido le recibió amorosamente y además hizo fiesta.

Luego está el caso del pobre mendigo ciego Bartimeo, que clamaba al Señor: “Jesús, hijo de David, ten misericordia de mí”. La multitud trató de hacerle callar, pero él siguió clamando al Señor en voz alta, buscando misericordia, y la recibió. Esto es lo que el Señor quiere ver en los Suyos – que amemos misericordia – que seamos misericordiosos. No ganaremos Su favor con limosnas y penitencias, sino como creyentes, presentándonos delante Suyo con esto en nuestro carácter y nuestros hechos: que amamos misericordia. Esto es lo que le agrada. Mateo 9:13 dice: “Id, pues, y aprended lo que significa: Misericordia quiero, y no sacrificio”. Los remitió a lo que les había enseñado en el Antiguo Testamento en muchos pasajes. 

Un día la misericordia la reclamarán los hombres, pero no la recibirán. Será tarde. Vemos un triste caso así en Lucas 16:24, la historia que todos conocemos, del rico y Lázaro. Cuando murió el rico que no había tenido misericordia de nadie, él sin embargo pidió misericordia, pero era tarde para él. Hoy es día de misericordia, de recibirla, de amarla y hacerla. Las limosnas, velas y misas no dan misericordia a los muertos. Ellas representan el engaño de la religión falsa. Cuando uno muere, ya es tarde para buscar y recibir misericordia. Dios la ofrece hoy, pero no mañana.


3. Humillarte Ante Tu Dios
Según el diccionario la humildad es la virtud que consiste en el conocimiento de las propias limitaciones y debilidades, la bajeza, la falta de nobleza. Humillar es otra cosa, es inclinar o doblar una parte del cuerpo, especialmente en señal de sumisión y acatamiento. Se humillan ante los hombres, ante los ídolos, pero no ante Dios. El Señor cuando vino a este mundo vino en humildad y mansedumbre. No le dieron palacio sino pesebre. En Mateo 11:29 declaró: “soy manso y humilde de corazón”. En la obra de Dios hay que ser humildes, y trabajar para la gloria de Dios, no la nuestra. La humildad siempre conviene a todo el pueblo de Dios. 

En Juan 1:27 y 30 Juan el Bautista se humilló ante su Dios. Dijo entre otras cosas que no era digno de desatar la correa de Sus sandalias. En Juan 3:30 declaró que era necesario que el Señor creciera pero que él menguara. Así debemos pensar todos nosotros. 

En 2 Reyes 20:1-3 el rey Ezequías se humilló cuando cayó enfermo y se le dijo de parte de Dios que iba a morir. Entonces volvió su rostro a la pared y oró con lágrimas, pidiendo que Jehová se acordara de su verdad e integridad, y del bien que había hecho.

En Isaías 38:15 leemos cómo dijo en su oración: “Andaré humildemente todos mis años...” Dios escuchó su oración humilde y le permitió vivir quince años más. 

En 2 Reyes 22:11 y 19 el rey Josías se humilló ante la lectura del libro de la ley de Dios, y Dios habló con aprobación de su actitud y detuvo el castigo sobre Judá durante la vida del humilde rey Josías.

Isaías 57:15 dice que el Alto y Sublime, él que habita la eternidad, y cuyo nombre es el Santo, habita con el quebrantado y humilde de espíritu. El Salmo 51:17 declara que Dios no resiste el espíritu quebrantado y el corazón contrito y humillado. En Isaías 66:2 vemos que Dios mira a los que son pobres y humildes, y que tiemblan a Su Palabra. Ciertamente la humildad nos conviene.

El Señor Jesús dijo que el que se enaltece será humillado, y que el humilde será enaltecido (Mt. 23:12). Romanos 12:16 nos instruye así: “asociándoos con los humildes”. El camino del Calvario es abajo, en humildad, no arriba en altivez y auto importancia. Un cristiano difícilmente tiene convivencia con gente soberbia, altiva, que no se humilla. Miremos con cuidado con quienes nos asociamos. Seamos humildes porque no tenemos nada que no hayamos recibido.

Deuteronomio 8:17-18 es también para nosotros. No digamos que nuestro poder o fortaleza nos ha bendecido, sino que reconozcamos que todo el bien que tenemos viene de Dios, y debe ser usado para la gloria de Dios. No somos sino administradores, y debemos administrar los bienes de Dios con humildad. Que el Señor nos ayude a hacer estas cosas para agradarle y demostrar así que somos Su pueblo: hacer justicia, amar misericordia y humillarnos ante nuestro Dios. Que así sea para la gloria del Señor. Amén.

de un estudio dado por L.B. el 16 de septiembre, 2007

Wednesday, December 14, 2011

EL DIOS QUE VENGA MIS AGRAVIOS

Texto: Salmo 18


    Este salmo es un himno de alabanza en el que el autor reconoce la bendición de Dios en su vida. Reconoce que Dios lo ha rescatado de sus enemigos, y tenía muchos, pero el principal había sido el rey Saúl. En el verso 41 vemos que aun el rey Saúl había clamado a Jehová, pero no le respondía. La bendición de Dios estaba sobre David, no Saúl, porque Dios había retirado Su apoyo de Saúl y le había rechazado. Pero es un ejemplo de como a veces los hombres siguen ocupando lugares de responsabilidad cuando deberían retirarse. Saúl en lugar de retirarse, hacía la vida imposible a David e impedía el progreso espiritual de la nación. Pero al final Dios le liberó a David y por eso vemos estas alabanzas. Fue Dios que dio la victoria, no la espada ni el escudo de David.
    Es importante aprender a orar en nuestra vida diaria, como David hace aquí, recordando y reconociendo la ayuda del Señor. A Dios le encanta que le recordemos a Él y Sus poderosos hechos en nuestra vida y seamos agradecidos. David vivía situaciones de agobio muchas veces, pero clamaba al Señor y Él le ayudaba. Entonces David se acordaba y alababa al Señor.
    En el versículo 1 leemos: “Te amo Jehová”. Muchos son prontos para hablar y sobre todo cantar del amor y de amar a Dios, pero no viven como David – el amor no era una emoción pasajera ni un enamoramiento, ni una teoría, sino una realidad práctica en su vida. Algunos de los que hablan y cantan tanto del amor son los primeros en desobedecer a Dios y abandonar a la iglesia. No son como David.
    En los versículos 1 y 2 le llama: “fortaleza mía” – y usa términos militares. Nos recuerda a una trinchera, un lugar de defensa y protección – y dice: “en él confiaré”. Nadie piense que David era siempre poderoso en todo, porque no era así. Sentía angustia, agobio y miedo. Pero oraba para que el Señor le salvara (v. 3).
    En los versículos 4-6 David nombra cosas como temor, angustia y el sentirse rodeado de males. Los psicólogos le dirían que se jubilara y que tomara descanso, o los médicos le recetarían pastillas como Prozac para controlar su estado de ánimo. Hoy en día piensan que todo se resuelve con pastillas. Pero David fue adelante confiando en el Señor. A pesar de ser rey, hombre de guerra y héroe nacional, David sentía lo que nosotros muchas veces sentimos: temor y agobio por problemas que nos rodean. Pero no abandonó, no tiró la toalla, sino confió y clamó. El versículo 6 dice: “invoqué”, y “clamé”. Aunque tenía guardaespaldas, los cereteos y peleteos, clamaba al Señor y confiaba en Él. Tenía también sus hombres valientes, pero confiaba en el Dios todopoderoso, no en los hombres. Es una de las grandes diferencias entre David y Saúl.
    Mira cómo Dios respondió, en los versículos 7-19. El versículo 7 dice que se indignó, esto es, ante la injusticia que sufría Su siervo David. Los científicos pueden tener sus explicaciones por los temblores, pero el del versículo 7 vino de Dios. Dios hizo estremecerse la naturaleza y manifestó Su poder, y lo puede hacer hoy también en cualquier lugar del mundo porque Él no depende de fallas geográficas y placas tectónicas. 
    ¿Por qué reaccionó así el Señor? En respuesta a la fe y el clamor de David. Es importante que veamos esto, mis hermanos, porque aquí hay una gran lección para nosotros. Si suplicamos así a Dios cuando sufrimos injusticias, Él actuará. El versículo 9 dice: “descendió”, y el versículo 10 dice: “cabalgó”, “voló”. Dios es omnipresente, por supuesto, pero en un sentido especial salió del trono para venir en socorro de Su siervo David – indignado por las injusticias que sufría a manos de los que le aborrecían. Todo esto a David le inspiró alabanza, y tiene que provocar lo mismo en nosotros. Dios desciende en ayuda de los suyos que lo necesitan y claman a Él.  Volviendo al versículo 2, Él también es nuestro libertador y fortaleza. Confiemos en Él, pues Cristo dice: “yo he vencido al mundo”
    David le alaba y testifica en los versículos 16-30. “Me tomó, me sacó”, “me libró” (v. 17). “fue mi apoyo” (v. 18). “Me sacó”, “me libró” (v. 19). Mira de nuevo el versículo 18. ¿Cuándo atacan los enemigos atacan al creyente? “En el día de mi quebranto”, cuando uno está débil o desanimado y tiene problemas y dificultades, entonces sus enemigos atacan todavía más. En las pruebas uno ve quiénes son verdaderamente sus amigos. Poco a poco los hombres le van abandonando, y es fácil abandonar a alguien o ponerse en su contra cuando los demás lo hacen y aparentemente las cosas le van mal. Pero acuérdate de esto: Dios nunca lo hará. En la frase: “porque se agradó de mí” vemos lo importante que es tenerle a Dios como amigo, vivir en comunión diaria con Él y no desagradarle. Su promesa es: “No te dejaré ni te desampararé”. En los versículos 20-24 hay buena recompensa porque aunque David tenía sus problemas, no cabe duda de que confiaba en el Señor. Podemos vivir sin amigos poderosos y ricos en este mundo, pero no podemos vivir sin Dios.
    En los versículos 39-45 vemos cómo Dios humilló a los enemigos de David, y le libró de las contiendas del pueblo. David no se exaltó, sino que fue Dios que le exaltó. Y al final las circunstancias cambiaron. Habían durado muchos años y fueron muy difíciles y dolorosas, pero Dios le sacó de ellas y le dio victoria y bendición. 
    Por eso, David irrumpe en alabanza y acciones de gracias (vv. 46-50), recordando la misericordia de Dios y engrandeciéndole con su boca. Antes había clamado pidiendo socorro, y cuando vino lo que tanto deseaba, no se olvido (como muchos) de aclamar a Dios con cánticos de alabanza y gratitud. No será avergonzado ninguno de los que confían en el Señor y claman a Él. Hermano, hermana, sean cuales sean tus circunstancias, confía en el Señor y clama a Él. Vive en comunión diaria con Él y cultiva Su amistad. Acércate a Él para conocerle mejor por medio de Su Palabra y la oración, y que el Señor te bendiga.

de un estudio dado por Lucas Batalla el 3 de abril. 2011

Saturday, October 15, 2011

EL SECRETO DE JOB

Job es una de las personas famosas de la Biblia. Es nombrado en el Antiguo y en el Nuevo Testamento. El versículo 2 nos informa que Job tenía diez hijos, esto es, una familia grande. El siguiente versículo le retrata como una persona importantísima, con poder económico. Job tenía una hacienda muy grande. Pero lo perdió todo, los hijos, la hacienda, la salud y el respeto de sus prójimos y amigos. Pero no pecó con su boca ni atribuyó despropósito alguno a Dios (1:22). Al contrario, se postró y adoró. En el 2:10 su propia mujer le incita a blasfemar a Dios y morir, lo cual sería casi como suicidarse.  Esto enseña la superficialidad espiritual de ella, y Job no cometió el error de Adán quien escuchó la voz de su mujer. Al contrario, Job mantuvo su integridad, y a ella le reprendió por hablar como una mujer fatua. Ni en su propia esposa encontraba apoyo. ¿Cómo puede alguien perder todo así y no tener resentimiento? ¿Cuál era el secreto de Job?

Primero, Job reconoció el derecho de Dios a tomar el control de todo lo que pasó en su vida. Muchas personas en las iglesias no están dispuestas a hacer esto. Y dirían de Job: “¡Job no se merecía esto!”, más o menos como la esposa de Job dijo. Muchas veces pecamos contra el Señor, con incredulidad, con falta de fe, pero Job estaba dispuesto a confiar en Dios. En el 13:15 dijo: “He aquí, aunque él me matare, en él esperaré”. ¡Ojalá que más de nosotros tuviéramos esta actitud! 

Job sabía que Dios siempre está en control, ama a los Suyos y desea hacerles bien. Confiaba en la providencia y la benevolencia de Dios. Como Romanos 8:28 dice: “a los que aman a Dios, todas las cosas les ayudan a bien”. En Job 42:2 él declara que sabe que Dios todo lo puede, y por esto confía en Él. Muchas veces fallamos porque vemos las cosas que pasan, pero no vemos la mano de Dios. Estamos enfocados más en las circunstancias inmediatas que en Dios.

Segundo, Job buscó la sabiduría divina en medio de la adversidad. Alguien dijo que cuando aprietas a una persona, lo que está dentro de ella sale. El carácter de nuestra fe se manifiesta en nuestra respuesta a la presión y la adversidad. Job sabía que Dios no está ausente en nuestros problemas, sino presente y con ganas de ayudarnos. Los tres “amigos” de Job le ofrecieron sus consejos y sus “análisis” de la situación, pero por piadosos que sonaban, estaban equivocados acerca de Job y acerca de Dios (Job 42:7-8). No fueron ayuda, sino estorbo, e incluso cabe decir que el diablo también les usó a ellos para seguir afligiendo a Job. Es triste cuando un creyente pasa por pruebas y apuros, y de pronto aparecen algunos como los amigos de Job, para condenarle y decir que Dios le está castigando. Con amigos así, ¡no necesitamos enemigos!

Job estaba lastimado, y por supuesto que lamentaba sus pérdidas y su situación, pero no tuvo una depresión como algunos psicólogos dicen. Lamentaba lo que sufría, pero sin perder sus cabales. Santiago 1:5 nos aconseja buscar la sabiduría de Dios, y en las pruebas de la vida la necesitamos todavía más. Hay una gran riqueza de promesas y ayuda en Su Palabra, no en los consejeros profesionales.

Henry Ford, inventor del automóvil, en un viaje una vez encontró un vehículo parado en el camino con el capó arriba, y el conductor inclinado mirando el motor. Estaba molesto y con ansia de llegar a su destino, y sin éxito trataba de reparar su coche para que arrancara. Ford se acercó y el hombre le pidió que le llevara en su coche. Pero Ford le dijo: “No, usted vaa llegar a su destino en su propio vehículo”, y en muy poco tiempo lo arregló. Cuando aquel conductor vio esto, preguntó admirado cómo sabía repararlo. Ford respondió: “Porque este coche lo he diseñado yo”. Queridos hermanos, Dios nos ha diseñado y hecho (ver Salmo 139), y Él sabe qué nos pasa y qué necesitamos. Entonces, acudamos a Él y a Su Palabra para encontrar el auxilio que precisamos.

Tercero, Job reconoció que sus propios conocimientos eran limitados. En 42:1-6 él responde así a Dios: “Respondió Job a Jehová, y dijo: Yo conozco que todo lo puedes, y que no hay pensamiento que se esconda de ti. ¿Quién es el que oscurece el consejo sin entendimiento? Por tanto, yo hablaba lo que no entendía; cosas demasiado maravillosas para mí, que yo no comprendía. Oye, te ruego, y hablaré; te preguntaré, y tú me enseñarás. De oídas tehabía oído; mas ahora mis ojos te ven. Por tanto me aborrezco, y me arrepiento en polvo y ceniza”. 

Observamos que un concepto alto de Dios es acompañado de un concepto humilde de uno mismo. ¡Qué raro es ver esto hoy en día cuando tantos “cristianos” han sido enseñados a amarse a sí mismos! Pero Job reconoció su bajeza y sus muchas limitaciones. Nosotros también debemos hacerlo. Sólo Dios ve y sabe todo. ¡Qué bueno es confiar en Dios, no en nuestros propios conocimientos! Podemos equivocarnos, pero Él no puede.¿Cómo procedió Job entonces, reconociendo sus limitaciones? 

Job se acercó a Dios, antes, durante y después de las pruebas. En el capítulo 1 le vemos ofreciendo holocaustos e intercediendo por sus hijos. Alo largo del libro busca el rostro de Dios para entender lo que le pasa. En elúltimo capítulo intercede por sus amigos errantes. Nosotros también debemos orar mucho. Debe haber un “altar”, no físico, sino la práctica piadosa de acudir al Señor y pasar tiempo en Su presencia. Muchos no tienen tiempo para pasar con Dios. Sus vidas están demasiado llenas de otras cosas, algunas buenas y necesarias, pero no hay nada más importante que el Señor. Si no tienes tiempo para estar con el Señor, estás demasiado ocupado y debes eliminar algo y organizar mejor tus prioridades.

Job se dejó enseñar por Dios. En 42:4 dice: “te preguntaré, y tú me enseñarás”. Los amigos de Job querían enseñarle, pero malamente, y muchos hay como ellos, que les acusan de pecado a los que sufren pruebas. Job era un hombre humilde y paciente, pero aun así tuvo que rechazar las opiniones y los consejos de su esposa y de sus amigos. Hermanos, ¿hacemos preguntas a Dios? Y si las hacemos, esperamos que Dios nos responda? ¿Nos matriculamos en la escuela de Dios, con el Señor como nuestro profesor y la Biblia como nuestro texto?

Job veía a Dios actuar en cada situación de su vida. Cierto esque como desconocía las conversaciones entre Jehová y el diablo en los primeros dos capítulos, llegó a pensar equivocadamente que Dios le estaba acosando y castigando cuando realmente era el maligno. Pero Job sabía que nada pasa a los justos que no haya sido al menos permitido por Dios. La soberanía de Dios es una realidad que debería darnos  consuelo y confianza en medio de las pruebas. Los creyentes notenemos suerte. Tenemos la gracia y la providencia de Dios.


En el 42:9-10 vemos que Dios aceptó la oración de Job y quitó su aflicción. En el versículo 11 le dieron consuelo los de su familia, yel versículo 12 informa que Dios le bendijo más que al principio. El versículo 10 dice: “al doble”. Dios sabía muy bien lo que hacía con Job, y también sabe lo que hace con nosotros. En 1 Pedro 1:7 vemo sque nuestra fe será puesta a prueba, pero la meta que Dios tiene es algo bueno. ¡Quiera el Señor ayudarnos a vivir en comunión con Él, como Job! Que Él nos ayude por Su gracia a practicar la piedad personal cadadía, a reconocer el derecho de Dios a controlar nuestras vidas, a buscar Su sabiduría cuando nos hallemos en pruebas, y reconociendo nuestras propias limitaciones, sometámonos al Señor para que Él nos enseñe y guíe en Sus caminos, para Su gloria.

de un estudio dado por L. B., el 8 de octubre, 2006

Tuesday, August 23, 2011

LA ORACIÓN DE JABES



Texto: 1 Crónicas 4:9-10

En este breve texto podemos aprender mucho acercade la oración. Hay oraciones que destacan y quecambian a personas. ¿Oramos por cumplir uoramos para cambiar? La oración de Jabes no es ninguna oración mágica, esto es, que no son palabras mágicas las cuales se pueden repetir para conseguir lo mismo que él. Recientemente ha sido popular aun entre los inconversos, como formula secreta para obtener lo que uno quiere, y su sentido ha sido torcido. Pero es un buen ejemplo de oración, y como tal es digno de estudiar e imitar. 

Primero debemos considerar su persona en el versículo 9, porque habla de Jabes como persona antes de hablar de su oración. Su nombre es en hebreo “Ya-bets” y significa dolor o tristeza. Luego la palabra aparece en el versículo 10 cuando dice: “que no me dañe”, es literalmente “que no me cause dolor o tristeza”. Aparece en la lista de los descendientes de Judá, por lo que suponemos que era de esta tribu. Dice que era el más ilustre de sus hermanos. Aunque su nacimiento causó dolor y tristeza, su vida era ilustre. Por la gracia de Dios podemos superar nuestras circunstancias. No todos son iguales, comovemos aquí; algunos destacan por su forma de ser y de actuar. No era ilustre por su aspecto físico, sus conocimientos, su proeza atlética ni por su talento en otras cosas, sino por su oración. Era distinto a sus hermanos porque oraba y pedía a Dios las cosas. Sus hermanos miraban al otro lado, miraban otras cosas, otros intereses, andaban por su cuenta sin consultar ni pedirle a Dios. Hay mucha gente así, que vive su vida sin tener en cuenta a Dios en su vida cotidiana. Esto es normal en nuestro mundo, y está llegando a ser normal en muchas iglesias, donde la gente aunque diga que es creyente, sólo piensa en Dios los domingos. Jabes era ilustre porque pensaba en Dios. ¿Cómo sabemos esto? Porque oraba, y la oración es una confesión de necesidad, y una orientación hacia Dios. Hoy en día hay pocos ilustres en oración. Hermano, hermana, ¿eres uno de ellos? ¿Ocupa la oración el lugar que debe en nuestra vida? 

Segundo, consideremos su petición, en el versículo 10. Hoy en día falta la oración a nivel personal y también en muchas iglesias es relegada a un lugar de importancia secundaria. Unos piden a los hombres, y otros piden a Dios. Hay iglesias hoy en día que piden la ayuda del gobierno y del público general, que siempre están buscando fondos y reconocimientos entre los inconversos. Es una vergüenza porque es una negación de la vida de fe, de confianza en Dios. En Esdras 8:21-23, cuando Esdras salió del cautiverio llevando consigo los utensilios de plata y oro para el templo, rehusó pedir la ayuda y protección del rey porque esto hubiera negado todo su testimonio de confianza en Dios. Pocos están dispuestos a seguir su ejemplo en nuestros tiempos. Pero Jabes pedía a Dios y esperaba en Dios, y por esto fue ilustre. Vamos a ver sus cuatro peticiones. 

Pidió bendición. “¡Oh, si me dieras bendición!”  Comienza con la exclamación: “¡Oh!”. Ella marca una oración con cierto fervor e intensidad,y son cosas que faltan en muchas de nuestras oraciones. Decimos que no rezamos como los católicos, pero al escuchar a algunos de nosotros recitar de memoria y sin aparente emoción largas listas de peticiones en una reunión de oración, parece que sí, rezamos. La oración de Jabes fue breve y expresada con emoción, con sentido de necesidad, como un clamor al Eterno y Todopoderoso. Algunos piensan que no hay que pedir nada, pero se equivocan. Los de Laodicea eran así, los que pensaban que de ninguna cosa tenían necesidad. Y cada día hay más de ellos. Éstas son las personas auto-suficientes, y que se auto-gobiernan. Dirigen sus vidas e intentan proveer y conseguir lo que quieren sin esperar en Dios. Pero es un error. Todos necesitamos la bendición de Dios. Proverbios 10:22 dice que la bendición de Jehová enriquece y no añade tristeza. En el mundo podemos conseguir cosas por nuestros esfuerzos, pero vienen con tristeza añadida, como un impuesto por haber ignorado a Dios. Dios quiere hacernos bien, no mal. Dios tiene bendiciones puramente buenas. Pero hay que desearlas; hay que pedirlas. El Señor nos ha bendecido (Ef. 1:3), es verdad, pero también tiene bendiciones temporales para darnos en esta vida (Is. 48:17; Sal. 18:34-38). David pidió la bendición de Dios, y toda persona piadosa que espera en el Señor hace lo mismo. 

Pidió territorio ensanchado: “...y ensancharas mi territorio”.  Jabes quería ejercer más influencia. Esta oración refleja sus deseos para el hogar, la cosecha, el ganado, etc. Podemos orar como él, en sentido espiritual, y decir: “engrandece mi vida para ti, Señor”. Deseaba fronteras más amplias. Podríamos imitar su oración y pedir que el Señor ensanche también la iglesia y su testimonio, y que nos dé más fruto. Es posible que tengamos lo suficiente para nosotros, pero podemos pedir más territorio para ejercer influencia sobre otros para el Señor. Es bueno tener un amplio territorio de testimonio y predicación del evangelio. Es bueno que la verdad tenga mayor alcance através de nosotros. ¿Deseamos extender nuestro testimonio y crecer? 

Pidió la mano de Dios en su vida: “y si tu mano estuviera conmigo”. Todos nosotros necesitamos esto, pero no todos pensamos y oramos así cada día, sino que lo reservamos para emergencias y casos especiales. Ningún creyente debe intentar vivir ni un sólo día sino tener la mano de Dios consigo. La mano de Dios puede ayudarnos si nos sometemos a Él. Somos salvos en las manos del Señor Jesús y del Padre (Jn. 10:27-29). La mano del Señor es poderosa, como 1 Pedro 5:6 dice, y se nombra muchas veces en las Escrituras, dando así testimonio de la obra del Señor a favor de los Suyos. La mano del Señor es más fuerte que la mano de los hombres. A veces necesitamos la mano del Señor de una manera especial, librándonos de una situación difícil, proveyendo algo que urgentemente necesitamos. La Escritura nos enseña aponer nuestra confianza en Dios, no en los hombres, porque “vana es la ayudadel hombre” (Sal. 108:12). ¿Buscamos la mano de Dios en nuestra vida?

Pidió que Dios le librara del mal: “...y me libraras del mal, para que no me dañe”. ¡El mal puede hacer mucho daño! Algunos aparentemente no piensan así, pero es verdad. El Señor en el padrenuestro nos enseña a orar así: “líbranos del mal”, porque nadie está exento del mal en esta vida. La carne siempre está dispuesta al mal, y el mundo también está lleno de maldad. Pero esto no nos disculpa ni nos da permiso a hacer mal. Tenemos que rechazar lo que Dios rechaza.  Él no peca y no nos puede dar permiso a pecar bajo ninguna circunstancia. Si no queremos hacer mal, alejémonos del precipicio, alejémonos del león rugiente, alejémonos de lo dañino del mundo. ¡Cuanto más lejos, mejor! Recordemos que David cayó en el mal cuando se hizo rey y tenía todo. Salomón se metió en el mal después de llegar a ser un rey tan rico y poderoso, y fue arruinado. ¡Cómo acabó!  El salmista pidió al Señor que le mantuviera de lo necesario, que no le diera más de esto, porque entonces él podría caer en el pecado de olvidar a Dios. Su oración expresa el deseo de ser librado del mal. 

Queridos hermanos, con el diablo no podemos jugar, ni descuidarnos, porque él, como enemigo nuestro, nos acecha para hacernos mal. Hizo mucho mal a Job, pero Job fue librado al final. Que los males de la vida: las heridas, las enfermedades, la pobreza, las pérdidas, los contratiempos, etc. no nos hagan mal. No nos aparten del Señor. No nos enfriemos espiritualmente ni nos volvamos cínicos ni amargos por los males que nos pasan. Mantengamos nuestra mirada puesta en el Señor, porque Él es quien puede librarnos.

Y entonces, vemos la respuesta de Dios. “Y le otorgó Dios lo que pidió”. Así de claro termina el texto, porque Dios escucha y responde a las oraciones de Su pueblo. Si no pedimos, no recibiremos (Stg. 4:2). Cuando oramos en el Espíritu, Dios nos responde en el Espíritu. Mirad, que la oración de Jabes fue una oración corta, de pocas palabras, pero de mucho contenido, y el Señor respondió. Algunos piensan que hay que orar largamente para ser espiritual. Pero la oración de Jabes fue al grano, fue corta, y fue bien recibida.Que ningún hermano se sienta cortado a la hora de orar porque no sabe hacer una oración larga. ¡Imita a Jabes y ora, sí, adelante! 

A Dios le encanta que pidamos estas cosas. Dios le dio todo lo que pidió. Dios no es mezquino, no es tacaño. Dios quiere bendecirnos, pero nosotros mismos somos el mayor impedimento de esa bendición. Debemos examinarnos a nosotros mismos para ver si hay algo en nosotros que impide la bendición de Dios. ¿Hay una falta de separación del mundo? ¿Hay una falta de confianza en Dios? ¿Hay una falta de devoción y piedad en nuestra vida personal? Si hay cosas que cambiar, efectuemos estos cambios lo antesposible. 

Dios no le miró el nombre, el apellido, el aspecto físico, el nivel de estudios, el puesto de trabajo, ni nada excepto su oración, y la condición y el deseo de su corazón. Dios también puede concederte a ti lo que pides. Tiene todo poder, es bueno, y Su misericordia es para siempre. Así que, las limitaciones y los impedimentos están en nuestro lado, no en el de Dios. Seamos cristianos ilustres por nuestra oración y confianza en Dios. Entonces podremos decir con el salmista: “mas ciertamente me escuchó Dios” (Sal. 66:19). Que así sea en nuestra vida para la gloria del Señor.    
               
de un estudio dado por L. B., el 31 de diciembre, 2006

Thursday, July 28, 2011

EL DECLIVE GENERACIONAL

Texto: Josué 24:14-28


¿Qué significa “declive”? Es una palabra que no se oye cada día en la calle en Andalucía, así que tuve que mirar en el diccionario para estar seguro de su sentido. Aprendí que significa: “Pendiente, cuesta o inclinación del terreno o de la superficie de otra cosa. 2. Decadencia.” La segunda definición, decadencia, es la indicada para lo que escuchaba en la radio, cuando hablaba del “declive generacional”. La frase me recordaba a lo del libro de Josué y el cambio entre la generación que entró en la tierra prometida y la siguiente que sale en el libro de Jueces. El cambio entre estas dos generaciones es marcado como un declive, porque hay una degeneración, una decadencia espiritual.
Josué era el hombre indicado para hablar de esto, no sólo porque era el líder de Israel que los introdujo en la tierra, sino también porque él era uno de los dos únicos hombres de la generación que murió en el desierto. De toda esa generación que salió de Egipto, sólo él y Caleb entraron en la tierra prometida. Así que, ¿quién como él para hablar de problemas de generaciones?
Antes de entrar en la tierra, Dios les había advertido que entraban en una tierra donde otros habían habitado, y que tendrían que limpiarla y cuidarse de no aprender ni asimilar las costumbres de esas naciones, porque esto sería la forma de apartarse del Señor. Había que tener mucho cuidado. Dios tiene que decirnos lo mismo hoy en día: “tened mucho cuidado”.
En nuestro texto Josué, ya viejo, reúne a la nación por última vez en su vida. Es una reunión importantísima porque en ella él llama a la nación a tomar una decisión respecto a su vida espiritual. Les llama a limpiarse de los dioses que todavía estaban entre ellos. Parece mentira que hubiera ídolos entre el pueblo de Israel tantos años después de salir de Egipto, y después de haber sufrido tantos castigos del Señor, pero así fue. La generación anterior había muerto en el desierto porque desagradó a Dios, y ésta no andaba mucho mejor. Sí, habían entrado en la tierra y había conquistado a muchas naciones, pero las semillas de su destrucción estaban sembradas en medio de ellos. La baja condición espiritual, indicada por la presencia de estos “dioses” entre ellos, indicaba que estaban en declive y que la siguiente generación iba a estar todavía peor. Fue por esto que Josué reunió a la nación, para enfrentar este problema, para darles una serie de advertencias en los versículos 14 y 15, y llamarles a decidirse de una vez.
Esta generación que había sido media purificada en el desierto, andaba en peligro porque no se consagraba y no se purificaba. Josué nombra claramente en el versículo 14, diciendo así: “los dioses a los cuales sirvieron vuestros padres al otro lado del río, y en Egipto”. Israel en Egipto no fue fiel a Dios, sino que se volvió una nación idólatra que asimiló la cultura y la religión pagana. Abraham había dejado atrás a Ur de los caldeos y toda la idolatría de su tierra. José, su bisnieto, había sido fiel a Dios en medio de Egipto. Pero con el paso de tiempo y el cambio de las generaciones, las cosas habían cambiado, y ahora los dioses de las naciones tenían cobijo en el seno del pueblo escogido por Dios. Así que, cuando el pueblo de Israel salió de Egipto, la mayoría de ellos fueron salvados físicamente de Egipto y de la servidumbre allí, pero espiritualmente estaban en una condición decadente. “A los cuales sirvieron vuestros padres”, repite en ambos versículos. Eran idólatras que habían sucumbido espiritualmente a la mitología egipcia con su panorama de dioses y diosas, y todo el sistema era una abominación. Su triste condición espiritual explica el porqué de tantas quejas y rebeliones por el camino, y los castigos de Dios que al final eliminaron a toda aquella generación menos a Josué y a Caleb. Además, el en versículo 15 Josué añade “los dioses de los amorreos”, tal vez porque éstos ya habían infiltrado, aunque eran terribles. Entre los dioses de los amorreos había algunos muy crueles como Moloc, a quien los padres sacrificaban sus infantes, calentando la imagen del ídolo al rojo vivo y metiendo el niño en sus brazos ardientes para morir allí para agradar a Moloc. Los tambores ocultaban el ruido del grito de los pobres infantes sacrificados al “dios de éxito”. También para los dioses de los amorreos se practicaba la más perversa prostitución en sus templos y lugares altos, usando la fornicación y sodomía como acto de rendir culto a los dioses. Parece increíble que el pueblo llegara a tal decadencia como para servir a los dioses de los amorreos. Pero cuando se permite el declive generacional, desgraciadamente, todo es posible.
Hoy en día también hay un gran declive generacional en el llamado pueblo de Dios, porque el matrimonio está fraccionado. El padre trabaja, por supuesto, como debe, y la madre también trabaja fuera de casa, por necesidad se supone, y ¿quién cuida y educa a los hijos? Una educadora profesional que no tiene la fe ni las convicciones de los padres, ni tampoco es su responsabilidad educar a hijos que no son suyos. Dios los da a los padres, y los padres los dan al mundo. Así que, desde muy temprano ya comienzan a tener mucho roce con el mundo y aprenden sus costumbres y forma de pensar. Hay mucho desenfreno e inseguridad. ¿Dónde está el fallo principal? Como en los tiempos de Josué, los padres se han olvidado de Dios, y descuidan la vida espiritual. Esto produce el declive generacional. Hoy en día el matrimonio está roto, y si todavía existe, está en una condición disfuncional. Parece como una familia porque están los padres y los hijos, pero no funciona como una familia. No es un hogar, sino más bien una pensión donde varias personas se alojan, duermen, se asean, toman ciertas comidas, y tal vez comparten un poco de tiempo en la sala del televisor. Los padres no quieren compromiso con los hijos. No toman tiempo para enseñarles, para corregirles, para formar su carácter y encaminar bien su vida. No nace perfecto ningún hijo. Todos necesitan ser enseñados y corregidos. 
Sin embargo, hoy en día los padres, ante la desobediencia o el mal comportamiento de sus hijos, hincan los hombros y dicen: “así han salido”, como si hubiera que aceptarlo así. Tienen miedo de corregir a sus hijos, porque temen más las leyes de los hombres que las leyes de Dios. Es una situación que va de mal en peor y está produciendo una generación entera de personas malcriadas y espiritualmente deformadas. Los hijos se crían en el mundo casi totalmente, y un par de horas en cultos los domingos no puede arreglar este problema. La solución es que los padres actúen como Dios manda, pero hoy en día no quieren ni saben cómo, porque ellos mismos ignoran las Escrituras.
Cuando Josué llamó la atención a Israel en su día, ¿cómo respondió el pueblo? Más adelante en el capítulo 24, el versículo 31 dice: “Y sirvió Israel a Jehová todo el tiempo de Josué, y todo el tiempo de los ancianos que sobrevivieron a Josué y que sabían todas las obras que Jehová había hecho por Israel”. Hasta cierto punto la reunión con Josué aquel día tuvo buen efecto. Pero la historia demuestra que le sirvieron en parte por respeto a él, en parte por tradición y sólo en parte por convicción. Le sirvieron en parte y lo que les convenía, como vemos más adelante en Jueces 2:10. 
En Deuteronomio Moisés había hablado larga y claramente al pueblo, advirtiendo acerca del peligro de hacer alianzas con los cananeos, de aprender de las naciones en Canaán y asimilar sus costumbres (ver Dt. 7:1-5). Dios quería mantenerles como nación Suya. Quería una nación santa, consagrada, apartada, y los mandó claramente acerca de los pueblos, sus dioses y costumbres (Dt. 7:23- 26). No había que guardar nada ni siquiera en museos, ni mucho menos en sus casas, sino destruirlo todo. Pero el descuido, la inatención y la desobediencia a las instrucciones divinas produjo el declive generacional. El declive se produjo también por la actitud de los padres hacia sus hijos, al no enseñarles bien y no mantenerlos separados. Si los padres tuvieron pocas convicciones buenas, los hijos tuvieron todavía menos. En el cambio de generaciones se perdió la poca fuerza y vigor espiritual que había, y de ahí los problemas que prevalecen en el libro de Jueces. 
Es un libro que describe las condiciones que vemos hoy en día, cuando también cada uno hace lo que le parece. El declive viene cuando los padres descuidan sus responsabilidades y remiten a los niños al cuidado del mundo. Descuidan y fallan en su responsabilidad de Deuteronomio 6, donde Dios manda a los padres enseñar a sus hijos, precepto que se repite en Efesios 6:4, “criadlos en disciplina y amonestación del Señor”.
Los padres cristianos deben enseñar a sus hijos los caminos del Señor, desde pequeños y constantemente. Deben enseñarles acerca del mundo para que no sean engañados ni se vayan con el mundo. Deben enseñarles que está bien ser distinto, ser diferente, y que no está bien ser como los del mundo. Y si no lo enseñan, se perderá esta generación también. Irá al mundo, como tantas veces ha pasado en la historia. ¡Y vaya mundo! En los colegios de niños chicos ya hay agresividad. ¡No hablo de los adultos sino de niños pequeños! Los jóvenes más mayores, de edad de instituto y universidad, tienen su botellona, y los vemos borrachos en la calle. Los jóvenes y los adultos también se quedan en las discotecas y otros lugares de juerga toda la noche y hasta la mañana siguiente, y salen cansados, borrachos y algunos drogados también, para enfrentarse con el día y sus responsabilidades. Digo otra vez, ¡vaya mundo! En la calle hay violencia, rudeza y descortesía, enfados, robos, peleas y más, y el gobierno parece cada vez más impotente para parar o controlar todo esto.
La gente vieja ya no quiere salir a la calle, porque tiene miedo. Ni siquiera en su propia casa está uno seguro, porque el otro día entraron en la casa de uno, le golpearon y le robaron 300 euros. Estaba el pobre hombre lleno de moraduras grandes y muy feas. Pero el que roba o mata, aunque lo detengan y lo encarcelen, luego saldrá. El psicólogo le ve, tiene unas sesiones y charlas con él, todo pagado por el estado, por nuestros impuestos, y luego dice que está listo para volver a la sociedad, y sale y lo hace otra vez. El mundo no tiene la respuesta, y ¿cómo vamos a dejar a un mundo así educar y absorber a nuestros hijos? Si tienen que aprender cosas académicas como matemática y lengua en el mundo, hasta allí pero nada más. El mundo no tiene por qué enseñar nada más a nuestros hijos, y los padres deben vigilar mucho esta cuestión y ser diligentes ellos mismos en enseñar a sus hijos todo lo que necesitan para formar su carácter y encaminarles a vivir como Dios manda.

Debemos tener una influencia, la máxima posible, en las vidas de nuestros hijos mientras haya tiempo. Para algunos de nosotros ya es tarde porque nuestros hijos son adultos, y los que nos hemos equivocado en su educación tenemos que lamentarlo. Pero los que han sido educados en casa según los caminos del Señor, y se han desviado, siempre tendrán en su corazón lo que sus padres pusieron allí cuando eran pequeños, y siempre está la esperanza de que se vuelvan. Trabajemos con nuestros hijos para que echen raíces profundas que aguanten las tormentas y las pruebas que vendrán en la vida. Aprovechemos su juventud para prepararles para el futuro, no sólo para divertirles. La niñez puede ser hermosa sin ser desaprovechada y desperdiciada. Preparémosles, no sea que vayan al infierno por nuestra culpa, por nuestro egoísmo y el buscar más nuestra comodidad. Por dar prioridad a estas cosas y no a lo más importante, lo eterno, se echan a perder los hijos en el declive generacional. Tenemos que darles a nuestros hijos lo que Dios dice. Por ejemplo, leamos el libro de Proverbios y veremos cuánta enseñanza Dios quiere que los padres den a sus hijos. Proverbios 20:7 dice: “camina en su integridad el justo; sus hijos son dichosos después de él”. Si queremos que nuestros hijos sean dichosos, tenemos que caminar en integridad delante del Señor y hacer lo que Él nos manda. Proverbios 22:6 nos recuerda que es nuestra responsabilidad enseñar a nuestros hijos desde su niñez. Que el Señor nos ayude por Su gracia a no contribuir al declive generacional. Que eduquemos y formemos a nuestros hijos para que sean dichosos después de nosotros, para la gloria de Dios. Amén.
de un estudio dado por Lucas Batalla, el 12 de noviembre, 2006

Saturday, July 16, 2011

ABRAHAM Y LOT

Texto: Génesis 13:1-18

En el versículo 1 encontramos a Abraham (Abram) saliendo de Egipto con su mujer Sara, “con todo lo que tenía, y con él Lot”. Abraham se había equivocado yendo a Egipto en tiempos de dificultad, y allí había manchado su testimonio con el engaño respecto a su esposa Sara, porque tenía temor del hombre. Proverbios 29:25 dice que el temor delhombre pone lazo. Pero antes de criticar demasiado a Abraham debemos recordar que nosotros también hemos cometido fallos así. Nadie tiene una fe perfecta, y todos tenemos que aprender. Sería mejor que aprendiéramos de los errores de otros, pero parece que preferimos equivocarnos nosotros mismos. Cuando uno se da cuenta de que se ha equivocado y no estádonde Dios quiere que esté, debe corregirlo, y esto hizo Abraham. “Subió de Egipto”. Si has descendido espiritualmente a un lugar o en una situación donde no estás en la voluntad de Dios, confiesa tu error y sube de allí.

Ahora bien, este versículo enseña otro problema que Abraham arrastraba desde hacía tiempo, al decir: “y con él Lot”. Lot era el remolque. Fue a Egipto porque Abraham fue allí. Subió de Egipto porque Abraham subió. Estaba contento de seguir a Abraham, probablemente en parte porque le admiraba, y también, comoveremos, porque al enriquecerse Abraham Lot también se enriquecía. Pero su sobrino Lot no tenía que estarcon él, porque Dios había dicho a Abraham en Génesis 12:1 que tenía que salir de su tierra, su parentela y la casa de su padre. Se marchó de su tierra, pero llevaba a su padre y Lot, parte de su parentela, consigo. Sólo llegaron hasta Harán, y allí murió el padre de Abraham. Luego se marchó de allí todavía acompañado de Lot. Esta falta de atención a las instrucciones divinas le iba a traer a la larga más de un problema. Siempre es mejor hacer exactamente lo que el Señor nos dice.

El versículo 2 dice que Abraham era riquísimo en ganado, plata y oro. Tenía muchas posesiones, y parte de ellas venía de los egipcios, según el 12:16, porque Faraón le favoreció a causa de Sara su mujer. Más adelante estas riquezas iban a contribuir a sus problemas.

Los versículos 3 y 4 dicen: “volvió por sus jornadas...hacia Bet-el, hasta el lugar donde había estado antes su tienda entre Bet-el y Hai, al lugar del altar que había hecho allí antes; e invocó allí Abram elnombre de Jehová”. Volvió, porque se había ido a un lugar donde no hay comunión ni vida espiritual, comohoy en día hacen muchos. Y como muchos, se enriqueció en el mundo, pero se empobreció espiritualmente. Fijémonos hermanos, que no hubo altar en Egipto. Para ir al lugar del altar donde invocaba el nombre de Jehová, tenía que subir, tenía que volver. Algunos, cuando se equivocan, cuando se apartan del Señor y semeten en el mundo, no quieren reconocerlo ni corregirlo. Quieren seguir donde están, como están, y que el Señor les bendiga allí. Pero esto no es así. Abraham tenía que salir de Egipto si quería acercarse al Señor, invocarle y adorarle como antes, y caminar con Él. Volver es la forma de reanudar la comunión con el Señor.No es bueno para nuestra carne, nuestro orgullo, pero lo es para nuestra vida espiritual. Nuestra vida espirituales lo más importante que hay.

El versículo 5 comienza con las palabras: “También Lot, que andaba con Abram”, y comenta acercade las riquezas de Lot. Ahora Abraham estaba fuera de Egipto, pero todavía tenía a Lot. Como vimos en Génesis 12:1, Dios le había dicho claramente dejar a su parentela, pero todavía llevaba a Lot consigo, y fue problema porque Lot no era como Abraham. Lot representa al cristiano que no está comprometido o consagrado del todo. Podríamos llamarle un “creyente de remolque”, que estaba cerca de un gran hombre de Dios, y le seguía, pero sin la misma consagración y sin la misma espiritualidad. Lot creía en Dios, lo sabemosde 2 Pedro 2:7, pero no tenía una vida como la de Abraham, ni tenía que estar con Abraham. Dios había llamado a Abraham a salir, no a Lot. Dios había prometido la tierra a Abraham y sus descendientes, no a Lot. Lot estaba fuera de su sitio, y un creyente que no está donde debe estar no hace nada más que causar problemas a los demás. Por ejemplo, Jonás en el barco ocasionó problemas para todos los marineros y pasajeros del barco. No sabemos por qué estaba Lot con Abraham, pero es posible que fuera porque había preguntado si podía ir, y a Abraham le dio pena decirle que no. Pero siempre es mejor seguir las instrucciones de Dios.

En los versículos 5 y 6 vemos que eran tantas las posesiones de los dos que no podían morar en el mismo lugar. Dios sabía esto cuando llamó a Abraham a salir de su parentela. Las posesiones, las riquezas que vienen del mundo, causan problemas. Y esto parece ser lo principal de Lot. Tenía riquezas, pero poco más. Que sepamos, Lot nunca hizo nada para su tío Abraham. Más importante es el detalle de que Lot nunca construyó un altar. No podemos vivir como Dios quiere sin esto. El altar significa el lugar de sacrificio y comunión, el lugar de revelación de la voluntad de Dios y el lugar de bendición. La vida consagrada no sepuede vivir sin altar, sin adoración y comunión con Dios. Abraham tenía un altar físico, de piedras, que había edificado. Nosotros hoy en día no tenemos altares físicos. No hay altar en la sala de reuniones de la iglesia. Pero sí, debe haber la costumbre de reunirse con el Señor, adorar, alabar, interceder y pedir que Él nos guíe. Los del mundo cuando quieren practicar religión, necesitan velas, incienso, santos, sacerdotes, liturgia, etc. porque no conocen a Dios ni le adoran. Pero el Señor Jesucristo nos enseñó que “Dios es Espíritu, y los quele adoran, en espíritu y en verdad es necesario que adoren” (Jn. 4:23).

Lot era buena persona, humanamente hablando, pero iba de remolque, tras Abraham, y su propia vida espiritual carecía de consagración, celo y devoción. No procuraba él mismo caminar con Dios, sino que caminaba con Abraham (v. 5). Hay creyentes hoy en día que son como Lot. Creen en el Señor, pero no le siguen de cerca. Faltan la consagración, el celo y la devoción en su vida. Falta la convicción de que están donde el Señor quiere y que están sirviendo al Señor. Su vida es nada más que estar cerca de otras personasconsagradas. En la familia de padres creyentes a veces los hijos son así: creen en el Señor pero no tienen la consagración de Sus padres. Como Lot, se sienten atraídos por el mundo, y carecen de dirección en su vida espiritual. Lo mismo pasa en las iglesias, donde muchos observan e incluso admiran el celo y la devoción de algunos hermanos, pero viven toda su vida sin esta consagración. Pablo varias veces llamó a los creyentes a imitar su ejemplo,porque no es suficiente el estar cerca de un creyente consagrado. Cada uno de nosotros debe consagrarse de todo corazón al Señor, como dice el himno: “Todo a Cristo, yo me rindo, lo que tengo, lo que soy”. 

En los versículos 6 y 7 vemos surgir el conflicto entre Abraham y Lot, aunque más precisamente seríaentre los de su casa, no entre ellos mismos. Entre los fieles y los no fieles hay problemas, hay conflicto y siempre es así, en el matrimonio, entre amigos y también desgraciadamente en la iglesia. Detrás de esta verdad hay una razón, un principio inalterable. La carne y el espíritu no puede vivir juntos. “La tierra no era suficiente para que habitasen juntos”. Pero el problema no estaban en la tierra. Tenían delante suyo toda latierra prometida; ¿acaso no había espacio suficiente? No era el terreno en sí, sino la carne y el espíritu. Lot quería estar cerca de Abraham, y no podían vivir en la misma tierra sin conflictos. Además, “el cananeo y el ferezeo habitaban entonces en la tierra”, y los paganos observaban cómo se comportaban Abraham y Lot. Hoy en día muchos cristianos no consagrados han causado testimonio malísimo delante del mundo con sus críticas, sus contiendas y sus peleas. Algunos han ido a la ley contra otros, peleándose por locales y bienes económicos, y tienen un testimonio fatal delante del mundo. En lugar de decir: “mira cómo se aman” dicen: “¡Mira cómo se pelean!” Por esto repito que no era sólo lo material, porque lo material con amor se soluciona,sino que era lo espiritual. Pablo identifica la procedencia de las contiendas en su primera epístola a loscorintios, y también cuando escribe a los gálatas: es la carne. Volviendo a Génesis, más adelante en la historiade Abraham surgieron conflictos entre Sara y Agar, y entre Isaac e Ismael. Santiago pregunta: “¿De dóndevienen las guerras y los pleitos entre vosotros? ¿No es de vuestras pasiones, las cuales combaten en vuestrosmiembros?” (Stg. 4:1). Aun la tierra prometida no puede contener a dos en yugo desigual. 

En el versículo 8 Abraham manifiesta su nobleza, gentileza y generosidad. La chispa no saltó de él, porque era el espiritual. El espiritual ve a Dios y se humilla. Abraham buscaba la paz, como el Señor también nos manda a nosotros hacer.“Si es posible, en cuanto dependa de vosotros, estad en paz con todos los hombres” (Ro. 12:18). “Seguid la paz con todos” (He. 12:14). Así que, el humilde y el generoso era Abraham,que inició la búsqueda de la paz, diciendo: “No haya ahora altercado entre nosotros dos...porque somos hermanos”. No lo dijo Lot, sino Abraham. Lot no tuvo esta nobleza de carácter como Abraham. Aunque era el más joven y debía haber actuado con deferencia, fue Abraham quien tomó la iniciativa. No esperemos queel otro busque la paz, hermanos, sino que seamos nobles y pacificadores como Abraham. 

En el versículo 9 Abraham ofrece a Lot su elección. Cede a él primero. Cuando andan de forma distinta y no hay acuerdo ni propósito común, es mejor separarse. Abraham cumple ahora, por fin, lo que Dios le había dicho mucho antes. “Te ruego que te apartes de mí”. Andaba mejor sin Lot. A veces tenemos que echar denuestra vida cosas aunque duele. Ciertamente tenemos que echar así a la carne, y digámoslo también al mundo.

El versículo 10 nos muestra la respuesta de Lot. Como el más joven él debía haber dicho algo como: “No, tío Abraham, no debo escoger. Escoge tú primero”. Pero Lot no era como Abraham. “Alzó Lot sus ojos,y vio”, dice el texto. Lot andaba por la vista, no por fe. Así que, el en versículo 11, “Lot escogió para sí”, como egoísta. Que sepamos, ni siquiera le dio las gracias. No le importó mucho la comunión de un hombre santo, como muchos en el mundo y en las iglesias. Su mente no estaba en lo espiritual, sino en el mundo. Así que el texto dice: “y se fue Lot hacia el oriente,y se apartaron el uno del otro”. La separación que tuvo que hacerse años atrás cuando Abraham salió de Ur, llegó con atraso. El profeta Amos hace la pregunta: “¿Andarán dos juntos si no estuvieren de acuerdo?”(Am. 3:3). 

En los versículos 12 y 13 vemos el contraste entre los movimientos de Abraham y los de Lot. “Abram acampó en la tierra de Canaán, en tanto que Lot habitó en las ciudades de la llanura, y fue poniendo sustiendas hasta Sodoma”. Lot se iba acercando a los que aborrecían a Dios. El versículo 13 describe la maldad de Sodoma, pero aun sabiendo esto, Lot prosiguió su camino, hasta que al final acabó dentro de Sodoma. Lot poseyó temporalmente a Sodoma, y fue arruinado cuando llegó el juicio de aquella ciudad, pero Abraham tiene la tierra para siempre. Lot fue como quien vive en una casa condenada que pronto va a ser derrumbada. Nosotros también enfrentamos el peligro de sentirnos atraídos por el mundo, pero debemos recordar que el mundo y las obras que están en el serán quemadas. Dios nos llama a poner la mira en las cosas de arriba, como Pablo enseña en Colosenses 3:1-4.

Los versículos 14-18 nos enseñan cómo Dios bendijo a Abraham posteriormente a su separación de Lot. Abraham anduvo con Dios y cuando Lot se fue, Dios le bendijo. Lot había mirado por su cuenta, pero Dios dice a Abraham dónde mirar: “Alza ahora tus ojos, y mira desde el lugar donde estás hacia el norte yel sur, y al oriente y al occidente. Porque toda la tierra que ves, la daré a ti y a tu descendencia para siempre” (vv. 14-15). Uno anduvo por fe y el otro por vista. Lot se iba acercando a Sodoma, y Abraham seiba alejando de allí.  En el versículo 16 le promete una descendencia incontable. En el versículo 17 le llamaa levantarse y andar “por la tierra, a lo largo de ella y a su ancho”. Y Abraham obedece en el versículo 18, y al final de sus movidas puso su tienda en Mamre, al lado de Hebrón, “y edificó allí altar a Jehová”. Allí Abraham presentaba sus sacrificios, adoraba, invocaba al Señor, y le daba gracias por todos Sus cuidados. Donde moraba Abraham había altar, pero donde moraba Lot no había ninguna. Abraham ilustra una verdad que alguien ha dicho, que Dios siempre da lo mejor a los que dejan a Él la elección. Las decisiones quetomamos en esta vida no sólo determinan el curso de nuestra vida, sino que también demuestran de qué carácter somos.

Así que, hermanos queridos, busquemos primeramente el reino de Dios y Su justicia. Es donde está la bendición de Dios. Seamos hombres y mujeres maduros, espirituales, no livianos ni carnales. Haya siemprealtar en nuestra vida. Como Abraham reconoció a Dios en todo, así hemos de hacer nosotros. Que el Señornos ayude a considerar muy bien las decisiones que tomamos y las elecciones que hacemos, porque escogerbien trae bendición, y escoger mal ocasiona pérdida. ¡Que Dios nos ayude por Su gracia a escoger bien!

de un estudio dado por L.B., en Sevilla, el 15 de octubre, 2006