Saturday, January 9, 2016

El PODER DEL EJEMPLO PATERNO

Texto: Proverbios 20:7

Nuestro texto dice: “Camina en su integridad el justo; sus hijos son dichosos después de él”. Hace poco que hablaba con una muchacha que me decía algo así: “Qué mal está ahora la juventud en todos los sentidos. Pocos quieren estudiar, pocos tienen trabajo, hay mucho vicio de alcohol, drogas, etc., mucho robo, males actitudes, hacen cosas malas y si alguien se le dice algo, se molesta, pone mala cara o hace algo peor, y responde con dureza y palabrotas. Los padres también ponen mal ejemplo y consienten lo malo. Los matrimonios no funcionan como matrimonios, y la familia ya no funciona como familia”. Me sorprendió un poco escuchar esas quejas de una persona no creyente. Esto es así en el mundo, pero con creyentes no debe ser así. Tenemos una vida diferente.
    Los padres creyentes deben educar a sus hijos, y simplemente si andan en integridad, como dice nuestro texto, eso es ejemplo que dan y eso afecta a los hijos. Por lo menos han tenido el ejemplo delante suyo y no podrán decir que no sabían como vivir. El buen ejemplo tiene poder. Esto no se va a perder. Se siembra una planta y necesita tiempo para crecer, pero crecerá. Al ejemplo debemos suplementar con sano consejo de la Palabra de Dios, y con la oración.
    En cambio, qué diferente es el futuro de la persona que maldice a su padre o a su madre: Dios le castigará en esta vida, y también después. Se ponen de modo que sólo se puede orar por ellos y esperar que Dios haga algo, porque rechazan toda reprensión e instrucción.
    Pero en todo caso los padres deben vivir en su integridad. Es el mejor regalo que pueden dar a los hijos. Este ejemplo quedará en su memoria siempre, y Dios lo puede usar para bien. No es así cuando dicen pero no hacen, cuando la vida cotidiana no muestra integridad, los hijos observan esto y aprenden la doblez, y desprecian los valores espirituales de los que dicen pero no hacen.
    Consideremos algunos textos que nos animan a vivir en integridad.
    Salmo 37:26 Hablando del justo, dice: “En todo tiempo tiene misericordia, y presta; y su descendencia es para bendición”. Las palabras “en todo tiempo” se refieren a toda la vida. No se puede limitar el buen comportamiento a un horario de reuniones. Nuestros hijos, nuestra descendencia, nos observa “en todo tiempo”.
    Salmo 112:1-2 dice: “Bienaventurado el hombre que teme a Jehová, y en sus mandamientos se deleita en gran manera. Su descendencia será poderosa en la tierra; La generación de los rectos será bendita”. La descendencia del hombre o la mujer que teme a Jehová es afectada por el ejemplo de su vida.
    En 2 Timoteo 1:5 leemos de los ejemplos piadosos que tuvo Timoteo en su hogar cuando era joven:  “trayendo a la memoria la fe no fingida que hay en ti, la cual habitó primero en tu abuela Loida, y en tu madre Eunice, y estoy seguro que en ti también”. Algunos han sido disgustados por una fe fingida que vieron en sus padres. Pero la integridad espiritual y devoción de esas mujeres le afectó a Timoteo para bien.
    En 2 Timoteo 3:14 leemos: “Pero persiste tú en lo que has aprendido y te persuadiste, sabiendo de quién has aprendido”. En su relación con Pablo, Timoteo tuvo delante suyo el ejemplo de un hombre espiritual, que le enseñaba tanto con la vida como con la boca.
    Es mejor darles este ejemplo de piedad e integridad que dinero, fincas y otros bienes materiales. Muchos jóvenes en casas afluentes han recibido esas cosas y sin embargo se han arruinado. En algunos casos parece que sólo se quedan en la casa o en la iglesia porque están cómodos, bien alimentados y divertidos. Aprovechan a los padres para obtener las cosas que quieren, pero no se acercan realmente al Señor con mucho interés.
    Si no damos a Dios lo que debemos, si no hay amor, integridad y devoción en la vida del padre y de la madre, afectaremos para mal a los hijos e irán a la deriva. Para que sean dichosos después de nosotros, tenemos que asentar las bases – aún en la vejez – seguir firmes y fieles y no aflojar ni amargarnos. Debemos ser fieles y confiar que el Señor usará nuestra integridad en la vida de nuestros hijos.  Ellos por supuesto tienen que decidir, y son responsables por sus decisiones, pero miremos bien cuál es nuestra parte.
    También hay hijos de creyentes que son fieles ahora, y esto da gloria a Dios y gozo y aliento a los padres. Si queremos que nuestros hijos sean así, tenemos que hacer más que llevarles a los cultos o leerles algo de la Palabra. Hay que vivir realmente la vida cristiana, la vida espiritual, con integridad y constancia en el hogar, delante de ellos. Esto les impactará.


de un estudio dado por Lucas Batalla, el 20 de febrero, 2014

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