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Saturday, February 3, 2024

Salmo 91 y el Hijo Pródigo

 


Textos: Salmo 91; Lucas 15.11-24

El Salmo 91 es hermoso, pero ha sido torcido o mal aplicado por muchos, que piensan que al creyente no le puede pasar nada malo. En algunos países los hospitalizados ponen al lado de su cama una Biblia abierta a ese Salmo, esperando que eso le proteja de males. Algunos lo invocaban durante la pandemia diciendo que el que confía en el Señor no necesita vacunarse ni llevar mascarilla porque Dios le dará salud y le protegerá de todo mal. El diablo también lo citó mal para incitar al Señor a actuar imprudentemente. Es triste y desafortunada la mala interpretación de la Escritura. Job confió en Dios y sin embargo sufrió mucho. El Salmo 34 declara: “Muchas son las aflicciones del justo, pero de todas ellas le librará Jehová” (v. 19).
      No obstante, es un Salmo precioso que tiene una lección vital para nosotros: la dicha de la comunión íntima con Dios. “El que habita al abrigo del Altísimo morará bajo la sombra del Omnipotente. Diré yo a Jehová: Esperanza mía, y castillo mío; mi Dios, en quien confiaré. Él te librará del lazo del cazador, de la peste destructora. Con sus plumas te cubrirá, y debajo de sus alas estarás seguro”. La parábola del hijo pródigo ilustra lo inverso, lo que pasa cuando uno se rebela y se aleja.
      Como sabemos por experiencia, hay hijos que son rebeldes a sus padres y el evangelio, pero presentan otra cara al mundo. En el mundo son considerados buenas personas, y buenos trabajadores, sin embargo, son pródigos. ¿Por qué ese hijo se fue así de la casa de su padre donde tenía todo lo necesario? Quería emanciparse; no quería ser obligado; resentía la autoridad paterna. Hoy dicen a los jóvenes: “Es tu vida y tienes que vivirla como veas mejor”, queriendo decir: “que no te obliguen otros”. Es un mal consejo, y contrario a la Palabra de Dios, pero es muy popular, porque es lo que la carne quiere oír.
      El joven pródigo no sabía lo que había fuera de la casa de su padre, pero aprendió por dura experiencia que no era nada bueno. El Salmo 91 admira la dicha de estar cerca de Dios. El mundo está fuera de la casa del Padre. En Éxodo 33, Dios dijo a Moisés: “Yo haré pasar todo mi bien delante de tu rostro” (v. 19), pues  Él es bueno y hace bien. No hay cosa mala en Su casa, cerca de Él.
      Pero el hijo pródigo salió del buen ambiente y el cuidado paterno, para buscar su fortuna en el mundo. Vemos su rebelión y error en los versos 13-16 de Lucas 15, la necedad y sus consecuencias. Desperdició todo en su manera desenfrenada de vivir (v. 13). Gastó todo y se quedó sin recursos (v. 14), y sin amigos. Entonces “vino una gran hambre” y “comenzó a faltarle”. No había conocido hambre y necesidad en la casa del padre. Pero observamos que no se humilló, ni quiso volver y admitir su error. Buscó ayuda pero no la halló. Tuvo que trabajar. Pero no había trabajos buenos para él. A nadie le importaba quién era su padre. No había querido trabajar en la casa de su padre, entonces tuvo que humillarse y apacentar cerdos.  Recuerda que para los judíos el cerdo es un animal inmundo, pero ese joven desviado tuvo que cuidarlos.
      Tenía hambre – otra cosa que no había experimentado en la casa de su padre – y además, nadie le ayudaba. Lo abandonaron los que lo habían acompañado cuando tenía dinero. Había querido vivir su vida a su manera, y vemos las consecuencias. Sin amigos, sin buen trabajo, sin comida, sin ayuda, y mirando con deseo las algarrobas que comían los cerdos. ¡Aun los cerdos lo pasaban mejor que él!
      En los versos 17-19 leemos de su reflexión. Muchos actúan sin reflexionar antes, y sufren las consecuencias, como ese joven. Lo que debía hacer antes de abandonar la casa de su padre era reflexionar bien, pero no lo hizo. Entonces, allá en la soledad del campo, frente a los cerdos malolientes y sucios, volvió en sí (v. 17), y reconoció que aun los criados en la casa de su padre estaban mejor que él. Decidió levantarse y volver arrepentido a su padre. La única manera de volver es así, humilde y arrepentido. Lo que se propuso decir en el verso 18, lo llevó a cabo en el verso 21 frente a su padre: “Padre, he pecado contra el cielo y contra ti”. Tomemos nota, que pecar contra los padres es pecar contra Dios, porque Dios manda en el Antiguo y Nuevo Testamento: “Honra a tu padre y a tu madre” (Éx. 20.12; Mt. 19.19; Ef. 6.2). Eso incluye la actitud, las palabras y los hechos. Al hijo pródigo le costó aprender que su proceder para con su padre ofendió a Dios. No solo se alejó de su padre de malas maneras, sino por eso no habitó al abrigo del Altísimo, y como vemos en la parábola, eso le trajo muchas penas.
      El padre no fue a buscarlo, ni le mandaba ayuda. En compañía de cerdos y algarrobas se arrepintió y se fue de vuelta a casa. Cuando uno ha salido de la voluntad de Dios, no debe pedir bendición en su situación alejada, sino volverse. En la comunión hay bendición. Los versos 20-24 describen la recepción. El padre quiso recibirlo, pero solo podía ser así cuando estaba arrepentido, humilde y reconociendo el mal que había hecho. Hasta ese momento, “era muerto” y “se había perdido” (vv. 24, 32), porque se apartó de su padre, no quiso someterse, y le había deshonrado. De no haberse vuelto arrepentido, todavía estaría muerto y perdido, porque no hay otra manera de solucionar eso. Los que ayudan o sostienen a los pródigos no les hacen ningún favor, sino son accesorios suyos en la deshonra que hacen.
    ¡Qué bien está el que mora al abrigo de Dios! Hay una aplicación para la nación de Israel. El Salmo 91 y la parábola del hijo pródigo enseñan a Israel el error de alejarse de Dios y buscar otra vida en el mundo. Israel sin motivo fue ingrata para con Dios que la formó y dio todo. Grandes bendiciones físicas y espirituales recibió la nación (Sal. 34.8-10), pero se rebeló (véase Dt. 32.9-18). El verso 15 resume: “engordó Jesurún, y tiró coces (Engordaste, te cubriste de grasa); entonces abandonó al Dios que lo hizo, y menospreció la Roca de su salvación”. Se convirtió en hijo pródigo, y todavía no se ha vuelto arrepentido.
    En el evangelio la aplicación es que Dios hizo y bendijo al hombre, pero la raza entera se apartó de Dios, buscando su propio camino. Los seres humanos andan lejos de Dios y sufren en este mundo que no puede ayudarles espiritualmente. Si uno no se arrepiente para acercarse humildemente al Señor, reconociendo su maldad, no puede ser salvo. “Arrepentíos, y creed en el evangelio” dijo Cristo (Mr. 1.15). Eso no quiere decir que todo le irá bien y será próspero si cree en el Señor, pero tendrá la gran dicha de la salvación, la comunión con Dios y una herencia eterna en el cielo (Sal. 23.6).
    La aplicación para los creyentes es que no debemos alejarnos ni momentáneamente del abrigo del Altísimo y la sombra del Omnipotente. Necesitamos la comunión diaria con el Señor, y en ella seremos protegidos de muchos males. A Israel Dios le prometía bendiciones físicas en la tierra. No es así en tiempos de la iglesia. A nosotros nos ha bendecido con toda bendición espiritual en lugares celestiales en Cristo (Ef. 1.3). En el mundo seremos aborrecidos (Jn. 15.18-19), y tendremos aflicción (Jn. 16.33), si somos fieles al Señor y vivimos piadosamente (2 Ti. 3.12). Pero aunque tengamos que sufrir en esta vida, el Señor nos acompañará, nos dará fuerzas, esperanza, y nos bendecirá. Habitemos y andemos siempre al abrigo de Dios, y Él nos cuidará, librará y bendecirá. Todo eso tenía el hijo pródigo en la casa de su padre, pero como algunos de nosotros, tuvo que aprender por la dura experiencia que no hay ningún lugar como el dulce hogar. 

Lucas Batalla, de un estudio dado el 24 de diciembre, 2023


Monday, March 7, 2016

EL FRACASO DE ROBOAM



Texto: 2 Crónicas 10-12

Las decisiones que tomamos tienen consecuencias. El rey Salomón había comenzado bien, pero terminó mal debido a malas decisiones que tomó y errores de corazón. Entonces vinieron más consecuencias, porque muerto él, y vivos sus enemigos, su hijo Roboam cometió errores al principio que causaron la división del reino. Roboam ilustra el caso de muchos adultos jóvenes que, criados en las cosas de Dios, aparentemente no han adquirido sabiduría. Sus creencias son teóricas, y en la práctica fracasan.
    Los versículos 1-4 del capítulo 10 relatan cómo vino toda la nación a Siquem y Jeroboam con ellos, y hablaron con Roboam pidiendo alivio del duro yugo de Salomón. Entonces, en el versículo 5 él les señaló un tiempo de tres días para consultar y tomar la decisión. Es bueno tomar un tiempo así para considerar el camino y consultar al Señor, pero Roboam sólo consultó a los hombres. Primero habló con los ancianos (v. 6) que habían estado con su padre. “¿Cómo aconsejáis...?” preguntó, y en el versículo 7 esos hombres de experiencia le aconsejaron. Pero parece que pidió consejo por curiosidad y no con intención de aprender y hacer lo bueno. El versículo 8 dice: “Mas él, dejando el consejo que le dieron los ancianos, tomó consejo con los jóvenes que se habían criado con él”. Muchas veces los jóvenes piensan que saben mejor, pero no siempre es así, como el texto demuestra. Buscan consejo entre sí, sin preguntar a los piadosos con años de experiencia y conocimiento de la Palabra de Dios que podría ayudarle. Recordemos que en la iglesia Dios pone a ancianos para el pastoreo, y esta palabra enfatiza los años y la experiencia y sabiduría que tienen, siempre que sean piadosos, por supuesto.
    Entonces, vemos en los versículos 13-14 que decidió seguir el consejo de los de su edad, y esa decisión provocó el fracaso – el pueblo reaccionó mal y no le siguió. Más adelante leemos así: “Viendo todo Israel que el rey no les había oído”, le rechazaron y se apartaron. Ahora bien, el versículo 15 dice que la causa era de Dios, y así fue por supuesto, pero esto no quiere decir que Roboam no tuviera culpa. Él se equivocó e hizo mal, y Dios le permitió seguir así y ver las consecuencias porque tenía que venir el juicio prometido. Sin embargo, la mala decisión la tomó Roboam, no Dios. Roboam ni siquiera consultó a Dios, y Dios no intervino ni le habló sino que permitió ese rumbo de error como parte del juicio. No confundamos las cosas.
    En el capítulo 11 vemos la infelicidad de Roboam (vv. 1-4). Quiso unir el reino y restaurarlo todo bajo la dinastía davídica, pero Dios le advirtió que no lo hiciera. “Vuélvase cada uno a su casa, porque yo he hecho esto” (v. 4).  Parece que todavía deseaba seguir el consejo de los jóvenes que querían hacer las cosas con fuerza. Tenía la corona, la ley, el templo, los sacerdotes y levitas (v. 13), pero no la bendición del Señor. La tradición y el derecho no son suficientes. Si edificamos o velamos sin el Señor, lo hacemos en vano.
    En los versículos 18-21 Roboam repitió el pecado de su padre, tomando dieciocho esposas y sesenta concubinas. Engendró veintiocho hijos y sesenta hijas, seguramente pensando que así garantizaría que habría descendiente suyo sobre el trono. Así funciona la lógica humana, y en eso también vemos que no confió en el Señor ni le obedeció (Dt. 17:17).
    En el capítulo 12 Roboam manifestó la rebeldía y fue castigado. “Dejó la ley de Jehová, y todo Israel con él” (v. 1) El versículo 2 dice: “en el quinto año”, dejándonos saber que Dios esperó cinco años un cambio de actitud en Roboam. Le dio tiempo, pero él no lo aprovechó. Entonces Dios envió contra él a Sisac rey de Egipto con su ejército, y llegaron hasta Jerusalén. En el versículo 5 aparece un profeta, Semaías, que dijo de parte del Señor: “Vosotros me habéis dejado, y yo también os he dejado en manos de Sisac”.  La derrota sirve para que haya una humillación y arrepentimiento para que pueda haber luego bendición. Son las lecciones que aprendemos a base de golpes.
    Lo bueno es que dicen los versículo 6 y 2 que se humillaron los príncipes y el rey. Respondió en el versículo 7 como hizo en Jonás 3 con Nínive cuando se arrepintieron. Hermanos, si nos humillamos ante el Señor, y le preguntamos: “¿Cuál es Tu camino? ¿Qué quieres que haga?”, Él responderá y nos enseñará. Él ha puesto guías espirituales en la asamblea para ayudarnos, pero ¿quién los consulta y quién hace caso del consejo bíblico? Muchas veces tiene que venir castigo y dificultad para que lleguemos a esa condición de humildad y receptividad a la guía de Dios. Es asombroso cuán obstinados pueden ser los cristianos a veces; especialmente cuando se empeñan a salirse con la suya y hacer las cosas como les parece. La escuela de la experiencia triste tiene matrícula cara, y sus lecciones son inolvidables. Proverbios 15:21se aplica aqui: “La necedad es alegría al falto de entendimiento; mas el hombre entendido endereza sus pasos”. Para eso tenemos la Palabra de Dios: “lámpara es a mis pies tu palabra” (Sal. 119:105). Hay que orar, leer y obedecer.
    El versículo 8 relata que Dios, aunque no permitió la destrucción de Jerusalén, les sujetó a la servidumbre para enseñarles y hacerles depender del Señor. Permitió el despojo de los tesoros (v. 9), pero no la destrucción. En los versículos 10-11 vemos cómo reemplazaron los escudos de bronce por los de oro que habían perdido. La apariencia seguía más o menos igual, pero la gloria no era como antes. Cuando pecamos contra el Señor sufrimos pérdida. Podemos mantener las apariencias y seguir la rutina ante los demás, pero la verdad es que es caro pecar y aunque perdonados, sufrimos pérdida.Los versículos 13-16 resumen la vida de Roboam. Dios da el análisis espiritual: “E hizo lo malo, porque no dispuso su corazón para buscar a Jehová” (v. 14). He ahí la clave, cómo él dispuso su corazón, que era su responsabilidad humana. Todos nosotros tenemos la misma responsabilidad, y hay consecuencias que siguen la disposición de nuestro corazón. En cuanto a Roboam, en su reino hubo conflicto perpetuo. Hermanos, cabe preguntar: ¿qué resumen dará Dios de mi vida? Dispongamos el corazón para buscar al Señor, oírle, obedecerle y seguirle siempre. Amén.

de un estudio dado por Lucas Batalla el 20 de mayo, 2012