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Thursday, August 18, 2022

Abraham y Lot: La Necesidad de la Separación


“Te ruego que te apartes de mí”

 

Texto: Génesis 13.1-18

En Génesis 12 vimos que Dios llamó a Abraham a salir de su tierra, parentela y la casa de su padre (v. 1), pero por alguna razón, Lot le acompañó. Esto a la larga causó problemas, porque, aunque era creyente, Dios no llamó a Lot ni le dio la tierra como a Abraham. 2 Pedro 2.7 dice: “el justo Lot”, pero no sabemos cuándo se convirtió, si antes de salir de Ur, o en Harán, o luego en Canaán.
    Génesis 13 comienza con la subida de Abraham de Egipto a Canaán, “y con él Lot” (v. 1). Había adquirido muchas riquezas (v. 2), y dice el verso 5 que Lot también tenía muchas posesiones. El verso 3 informa que Abraham “...volvió... hacia Bet-el”, “al lugar del altar que había hecho allí antes; e invocó allí Abram el nombre de Jehová” (v. 4). En Egipto había vivido alejado de Dios, en un país pagano. Vivir en amistad con los del mundo no es bueno. Estamos en el mundo, pero no somos del mundo (Jn. 17.14). No parece que le importaba a Lot vivir en Egipto, pues luego fue a vivir en Sodoma. Andaba como una nave sin timón. Pero Abraham debía estar en la tierra que Dios le indicó, y tener su tienda cerca del altar.
    Abraham y Lot representan dos clases de cristianos. Uno es santo y separado del mundo porque busca la comunión con Dios. El otro cree en el Dios verdadero, pero tiene los ojos puestos en el mundo. Los gustos de Lot y su esposa los llevaron a Sodoma, y terminaron perdiendo todo. Mejor les hubiera sido quedarse en Ur o en Harán. Abraham era un hombre de oración – invocó el nombre de Jehová en el lugar del altar. Pero Lot nunca hizo un altar, ni leemos ninguna oración suya. Abraham vivía por fe, como extranjero (He. 11.8-9), pero la Biblia no dice eso acerca de Lot. 

    Los versos 5-7 relatan el conflicto que surgió entre los pastores de Abraham y los de Lot, porque tenían muchos bienes y la tierra no era suficiente (v. 6). Menciona al cananeo y al ferezeo (v. 7), es decir, que los del mundo observaban el altercado. Hay que cuidar siempre el testimonio ante los del mundo, pero Lot intentó arreglar la situación. La tierra no era suya, pues Dios no le prometió nada, y debía deferir a Abraham, pero no actuó.
    Abraham tomó la iniciativa para resolverlo (vv. 8-9). No quiso altercado. Pero hermanos, observad que tampoco propuso una tolerancia mutua en la que cada uno cedía un poco y respetaba las opiniones del otro. El patriarca siguió la paz, y fue cortés como siempre, pero observad, hermanos, que esa paz vino por la separación. “Te ruego que te apartes de mí” (v. 9). Aunque eran los dos creyentes, y parientes, no debían andar juntos. A muchos les parece duro esto. Preguntan: “¿Por qué no podemos estar juntos, pues somos hermanos?” Observa que Abraham dijo: “somos hermanos” - esto es - parientes (v. 8), pero insistió en la separación (v. 9).
    Parece que a Abraham le costó obedecer a Dios en eso su sobrino, pero al final vio que era necesario. Si le hubiera dicho eso antes de salir de Ur, o Harán, se habría librado de esos problemas. Hay quienes son creyentes y parientes o amigos, pero que no deben andar juntos, porque no están de acuerdo (Am. 3.3). Quizás nos cuesta separarnos de ellas, por lazos familiares o de amistad, pero hay que obedecer a Dios. Puestos a escoger, debemos imitar lo espiritual, lo que nos acerca más a Dios, no al mundo. Siglos después, el apóstol Pablo escribió: “sed imitadores de mí”, no de otros (1 Co. 11.1; Fil. 3.17). El apóstol Juan enseñó: “Amado, no imites lo malo, sino lo bueno” (3 Jn. 11).
     Cuando Abraham inició la separación, Lot miró y vio algo muy atractivo (vv. 10-11). Es interesante que el verso 10 dice que el verdor de la llanura del Jordán le pareció “como la tierra de Egipto”. Entonces, “escogió para sí” (v. 11). No tuvo deferencia para con su tío, sino escogió lo que le parecía lo mejor, pero sin saber que todo eso sería destruido. El creyente que escoge el mundo se equivoca como Lot, porque “el mundo pasa, y sus deseos” (1 Jn. 2.17). “Y se apartaron”. Era necesario para que Abraham recibiera la bendición de Dios. Después de separarse, cada día se alejaron más el uno del otro. Sin la influencia de Abraham, Lot fue de mal en peor.
    Abraham estuvo en el campo, pero Lot fue a las ciudades de la llanura, e iba acercándose a Sodoma (v. 12). ¿En qué tipo de ciudad querían estar Lot y su esposa? El verso 13 la describe así: “Mas los hombres de Sodoma eran malos y pecadores contra Jehová en gran manera”. Lo que entonces había en Sodoma y las ciudades vecinas, está hoy en todo el mundo. Este mundo se ha convertido en Sodoma, un lugar de perversidad que nos da vergüenza y asco. El gobierno de nuestro país legaliza la homosexualidad y el lesbianismo. Quieren borrar la distinción entre los sexos. Las mujeres se visten como hombres, y algunos hombres como mujeres. Pero aunque los gobiernos legalicen el pecado y la perversión, Dios nunca los legaliza. Debemos obedecer a Dios antes que a los hombres. Dios tiene unas normas y hay que respetarlas. Por ejemplo, las mujeres no deben llevar pantalones y cortar el pelo como los hombres. Dicen que es la moda, pero eso no importa, sino la voluntad de Dios. En la iglesia debemos vestirnos como santos, no como mundanos. Hace años que me sorprendí en un campamento “cristiano” cuando las mujeres vinieron al estudio en bikini. Les protesté, pero no les pareció bien, y poco después yo y mi esposa abandonamos ese lugar. No debemos imitar a Lot, el hombre que no se separó sino se integró, y perdió la santidad y su testimonio.
    Hay quienes desean imponer los valores del mundo en las iglesias, y muchas, incluso asambleas de hermanos, han copiado esas modas y valores. Pero eso digo, hermanos, que hay que resistir, porque no debemos meternos en ese molde (Ro. 12.1). Seamos santos y piadosos, y esto incluya nuestra forma de vestir y hablar. 2 Corintios 6.14-7.1 enseña y enfatiza la necesidad de practicar la separación. No hay comunión entre lo santo y lo mundano. Aunque le dolió a Abraham separarse de Lot, era para su salud y bienestar espiritual. Leemos que “después que Lot se apartó de él”, Dios habló con Abraham (v. 14). Le dijo que alzara los ojos, no como Lot, sino para mirar a los cuatro puntos cardinales y ver toda la tierra. Confirmó Su promesa: “toda la tierra que ves, la daré a ti y a tu descendencia para siempre” (v. 15). Es unilateral, por lo que no puede ser invalidada por Israel. Es soberana, pues no depende de las naciones unidas ni otros. Y tampoco tiene fecha de caducidad, pues es “para siempre”. Lo que Lot escogió fue quemado y desapareció para siempre. Lo que Dios dio a Abraham será suyo eternamente, con gran bendición.  De eso aprendemos que Dios da lo mejor a los que no escogen para sí, como Lot, sino permitan que Dios escoja. Esto afecta todo área de nuestra vida. Dejemos a Dios dirigir nuestras vidas.
    Aunque la separación era necesaria, Abraham seguía amando a Lot. Cuando oyó que Lot había sido llevado cautivo (Gn. 14.12-16), armó a los de su casa y salió para atacar al enemigo y librar a su pariente. Arriesgó la vida por él, pero no volvieron a vivir juntos.
    El verso 18 relata que Abraham fue en sentido opuesto a Lot. Es otro resultado de la separación. Con el tiempo hay más distanciamiento. Se acercó a Hebrón, pero no moró en la ciudad sino en el campo, en el encinar de Mamre, y ahí edificó otro altar a Jehová.
    Hermanos, no estamos practicando debidamente hoy la línea divisora. Es bueno ser cortés y amable, pero no podemos andar con todos. No hay que esperar que se cansen y se vayan los que tienen otra línea de doctrina y práctica. Esas tensiones y conflictos pueden arruinar a una familia o iglesia, como las corrientes del mar que destruyeron la nave que llevaba a Pablo. “Pero dando en un lugar de dos aguas, hicieron encallar la nave; y la proa, hincada, quedó inmóvil, y la popa se abría con la violencia del mar” (Hch. 27.41).
    Recordemos la pregunta de Amós 3.3, “¿Andarán dos juntos, si no estuvieren de acuerdo?” Aunque nos duela, y aunque nos quedemos solos, tomemos la iniciativa y digamos: “te ruego que te apartes de mí”. La vida cristiana es una senda difícil, y ¿por qué no decirlo, de pocos amigos?  Recordemos que es mejor estar solo que mal acompañado.
    Como aprendió Abraham, gran amigo es Dios de los que esperan en Él. Cuando se quedaron solos, Dios habló con Abraham para confirmar Sus promesas. Es como si dijera: “Hiciste bien. No te preocupes, yo soy tu amigo fiel”. Y Abraham tiene el apodo “Reuel” en hebreo (amigo de Dios), o “al Kalil” en árabe (el amigo). Es recordado con honor como amigo de Dios (véanse 2 Cr. 20.7; Is. 41.8; Stg. 2.23). Escogió bien, y ahora queda preguntar si escogeremos como él.

de un estudio de Lucas Batalla   10 julio 2022



Tuesday, May 31, 2022

El Rey Manasés: el Colmo de la Maldad

Texto: 2 Cr. 33.1-20  (2 R. 21.1-18)


Manasés era hijo malo de padre bueno – Ezequías. A los padres buenos y espirituales poco les duele más que un hijo incrédulo e infiel. Reciben todo el amor y cuidado, e instrucción en el buen camino, pero dan media vuelta y se van al mundo. No reconocen que son ingratos e infieles, solo piensan que son independientes. Así fue el caso de Manasés, hijo de Ezequías y Hepsiba (2 R. 21.1).
    Comenzó a reinar con solo doce años de edad, y aunque tenía padres piadosos, no honró su memoria ni guardó su instrucción. Proverbios 25.1 informa que los varones de Ezequías copiaron al libro algunos de los proverbios de Salomón. Pero Manasés no atesoró los sanos consejos y advertencias de Proverbios, sino escogió el camino de la maldad. Es muy posible que alguien o algunos en el palacio le aconsejaran malamente, pero Manasés tuvo que escoger entre esas voces y la instrucción piadosa de sus padres, y escogió mal. En lugar de proponer en su corazón el no contaminarse (Dn. 1.8), se propuso lo contrario.
    Toda la nación vio sus malas obras, pero lo más importante es que las hizo “ante los ojos de Jehová” (2 Cr. 33.2). Todo pecado es en primer lugar contra Dios. Las malas actitudes y palabras, los malos pensamientos y hechos, ofenden e insultan al Dios santo y justo. Manasés siguió al mundo, es decir, la filosofía, religión y cultura de las naciones alrededor de Israel, cosas abominables a Dios. Hoy los jóvenes como Manasés, que son criados en los caminos de Dios, cuando deciden desviarse y practicar el mal, no pueden excusarse apelando a la ignorancia.
    Los versos 3-7 presentan una lista detallada de los hechos de la “contrarreforma” de Manasés. Todo lo que su padre piadoso había quitado, lo volvió a poner, y más. En una sola generación deshizo todas las reformas de Ezequías, y dio rienda suelta a toda clase de maldad. Contaminó la tierra de Judá, la ciudad de Jerusalén y el templo de Jehová:


· reedificó los lugares altos
· levantó altares a los baales
· hizo imágenes de Asera
· adoró y rindió culto a todo el ejército de  los cielos (el zodíaco – la astrología)
· edificó altares en los dos atrios de la casa de Jehová
· edificó altares a todo el ejército del cielo
· pasó sus hijos por fuego en el valle del  hijo de Hinom
· observaba los tiempos · miraba en agüeros
· era dado a adivinaciones, y consultaba a adivinos y encantadores
· puso una imagen fundida en el templo
· derramó mucha sangre inocente y llenó a Jerusalén de sangre (2 R. 21.16) * según la tradición mató aserrado al profeta Isaías, que había sido amigo y consejero de su padre.
 

El verso 6 resume así las cuentas de Manasés: “se excedió en hacer lo malo ante los ojos de Jehová, hasta encender su ira”.
    Los versos 7-8 relatan la promesa de Dios que Manasés violó. “En esta casa... pondré mi nombre para siempre” (v. 7), “y nunca más quitaré el pie de Israel de la tierra que yo entregué a vuestros padres” (v. 8). Pero había una condición de bendición – la obediencia y fidelidad del pueblo: “a condición de que guarden y hagan todas las cosas que yo les he mandado, toda la ley, los estatutos y los preceptos, por medio de Moisés” (v. 8). Observa que no divide entre “doctrinas fundamentales” y “doctrinas secundarias” como escuchamos hoy en muchas iglesias. La obligación era guardar y hacer  “todas las cosas...toda la ley, los estatutos y los preceptos”. Y todavía hoy es así, según mandó el Señor Jesucristo: “que guarden todas las cosas que os he mandado” (Mt. 28:20). Israel debía guardar todo. No había un “mínimo” aceptable. ¿Por qué piensa la iglesia hoy que es diferente? “Sed hacedores de la palabra” todavía es el mandamiento (Stg. 1.22), y no hay rebajas.
    Pero Manasés hizo extraviarse la nación, “para hacer más mal que las naciones que Jehová destruyó delante de los hijos de Israel” (v. 9). Dios, en Su paciencia y misericordia, habló a Manasés y al pueblo, por los profetas, “más ellos no escucharon” (v. 10). El problema no era ignorancia, sino rechazo. Y por eso vinieron las consecuencias. En 2 Reyes 21.12-15 leemos el anuncio divino del juicio venidero y la destrucción de Jerusalén. Por Manasés habían llegado al punto de no retorno. En nuestros tiempos pasa algo similar, pues hoy muchos no sufren la sana doctrina sino escogen otras enseñanzas que les permiten hacer lo que quieran  (2 Ti. 4.3-4).
    El verso 11 anuncia las consecuencias del desvío de Manasés: castigo y humillación a manos de los asirios. Pusieron a Manasés en grillos y cadenas como un animal, y lo llevaron así a Babilonia. Quizás pensaba que nadie podía tocarle porque era el rey. El poder y las riquezas corrompen a los hombres, y les hacen creer que pueden hacer casi cualquier cosa. Creen que no son como los demás hombres, y que deben tener preferencia. Pero Dios aborrece la soberbia y la altivez, y a Manasés le quitó del trono y lo abatió.
    Los versos 12-13 relatan que en sus angustias, oró a Jehová, “humillado grandemente en la presencia del Dios de sus padres” (v. 12). Lástima que no le buscaba antes. Pero cuando se humilló, Dios le oyó. Dios es misericordioso y responde a la oración. La puerta del perdón está abierta, pero solo entran los que se arrepientan, se humillen y así se acerquen a Dios. Restauró a Manasés a Jerusalén, a su reino (v. 13), “entonces reconoció Manases que Jehová era Dios”. Observa que no dice: “su Dios”, sino “Dios”. No está claro que realmente se convirtiera, sino más bien parece que tuvo temor de Dios por primera vez en su vida. Recuerda el caso del malvado rey Acab, que cuando Dios anunció su juicio, reaccionó así: “rasgó sus vestidos y puso cilicio sobre su carne, ayunó, y durmió en cilicio, y anduvo humillado” (1 R. 21.27). Dios respondió así: “Pues por cuanto se ha humillado delante de mí, no traeré el mal en sus días; en los días de su hijo traeré el mal sobre su casa” (1 R. 21.29). Acab no se convirtió, pero al humillarse experimentó una prolongación de la misericordia de Dios.
    El caso de Mansasés parece similar al de Acab. El libro de Reyes no menciona su oración y cambio posterior, sino solo su maldad. 2 Reyes 21.18 informa que fue sepultado en el huerto de Uza, no en los sepulcros de los reyes. Observamos en 2 Crónicas 33.15-17 que Manasés hizo reformas en Jerusalén, pero no en el resto de Judá, pues quedaron los lugares altos. Él había contaminado de tal manera la nación que pasó el punto de no returno, rumbo a la destrucción y el cautiverio. 2 Reyes 24.3-4 anuncia: “Ciertamente vino esto contra Judá por mandato de Jehová, para quitarla de su presencia, por los pecados de Manasés, y por todo lo que él hizo; asimismo por la sangre inocente que derramó, pues llenó a Jerusalén de sangre inocente; Jehová, por tanto, no quiso perdonar”.
    Aprendamos de todo eso una lección. Manasés fue un hijo desobediente, y su camino terminó en castigo, destrucción, angustia y llanto. Fueron escritas esas cosas para nosotros. Ninguno de nosotros, ni jóven ni viejo, debe andar en el camino de Manasés. 1 Pedro 1.14 enseña que Dios quiere hijos obedientes que no se conforman a los deseos que tenían antes en su ignorancia.

    “sino, como aquel que os llamó es santo, sed también vosotros santos en toda vuestra manera de vivir;  porque escrito está: Sed santos, porque yo soy santo. Y si invocáis por Padre a aquel que sin acepción de personas juzga según la obra de cada uno, conducíos en temor todo el tiempo de vuestra peregrinación” (1 P. 1.15-17).

de un estudio dado por Lucas Batalla, el 8 de mayo, 2022