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Monday, November 3, 2014

PETICIONES PELIGROSAS




Texto: Salmo 106:15; Números 11:6-8


En el texto en Números 11 vemos que el Señor milagrosamente les había dado maná, pan del cielo, para comer en el desierto. Pero no estaban satisfechos, y en los versículos 18-20 pidieron carne. En el versículo 33 la recibieron, y también la muerte. Hay que tener cuidado con los deseos de nuestro corazón. Nuestro corazones están llenos de deseos vanos y si Cristo el Maná celestial no nos satisface, estamos en peligro de desear algo que reemplazará al Señor en nuestra vida y nos arruinará. 
     Otro incidente parecido es el de los doce espías enviados a reconocer la tierra prometida. Leyendo en Deuteronomio 1:20-27 encontramos que Israel pidió enviar a los espías, en lugar de creerle a Dios (véase Nm. 13:1-2). Diez de ellos dieron un mal informe, persuadieron al pueblo que era una tierra dura y peligrosa, e Israel se volvió atrás. El resultado fue cuarenta años de vagar y la muerte de toda una generación. Su oración fue carnal y trajo problemas.   

     Luego tenemos el caso de las dos tribus y media, que pidieron quedarse en el otro lado del Jordán. Fue una petición nacida en la voluntad propia y lo que vieron sus ojos. Gobernados por deseos carnales, lógica humana y conveniencia – y sobre todo – falta de fe e indisposición a esperar. Años después, éstas fueron las primeras tribus conquistadas. Su petición no fue buena. Hubiera sido mejor esperar y aceptar la provisión de Dios, y no empeñarse en tener algo que les parecía bien, pero que al final resultó desastroso.

      Muchos creyentes arruinan sus vida cometiendo los mismos errores, pidiendo y empeñándose en obtener para sí cosas que Dios no quiere que tengan, porque Él tiene algo mejor. Podemos tendernos trampa orando en voluntad propia en lugar de someternos a la voluntad de Dios.
       Recordemos a nuestro Señor que dijo en Getsemaní: “no se haga mi voluntad sino la tuya”. Tomemos Su yugo sobre nosotros y aprendamos de Él, pues así debemos orar y vivir.

         Más seguro es buscar un precepto bíblico y una promesa en las Escrituras para guiarnos, y orar de acuerdo a esto. Si no, podríamos lograr una gran cuenta bancaria en lugar de un corazón grande. Podríamos obtener el compañero que pedimos con insistencia y sacrificar los gozos de la familia y una posteridad piadosa. Podríamos conseguir lo que tanto creemos que nos iría bien, sólo para encontrar luego, quizás años después, que era un gran error que sólo nos ha desviado y hecho daño. Pero entonces habremos echado a perder la vida. Mejor es ser sumisos a la voluntad de Dios, confiar en Él, Su bondad y sabiduría, y esperar que Él nos dé lo mejor. Así podremos comprobar cuál sea “la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta” (Ro. 12:2). Así que, cuidado con lo que pidas en oración. Hay peticiones que nunca deberían hacerse. Pero siempre es bueno decir: “no se haga mi voluntad, sino la tuya”. ¿Te atreves? ¿Hasta qué punto realmente confías en el Señor?

de un estudio dado por Lucas Batalla en febrero del 2011