Tuesday, May 1, 2012

DIOS RESPONDE A LA ORACIÓN DE SALOMON (II)


(Parte II)


Texto: 2 Crónicas 7

8. El Pueblo Se Fue Alegre Y Gozoso De Corazón (vv. 10-11). Cuando un ministerio es bendecido por Dios se benefician todos. No pudieron olvidar lo que Dios hizo aquel día. ¿Quién no tendría alegría y gozo de haber visto una manifestación de la presencia y el poder de Dios? ¡Qué contentos aquellos cuyos ofrendas y holocaustos fueron consumidos por el fuego divino! ¡Que maravillados los que vieron la gloria de Dios llenar la casa! No cabía duda de que Dios había puesto allí Su Nombre. ¿Quién no se quedó impresionado después de escuchar la gran oración de Salomón, de ver el fuego y la gloria descender, de postrarse para adorar y alabar, y de pasar los días en santo compañerismo?  Habían recibido “los beneficios que Jehová había hecho...”. Hermanos, no debemos faltar en las reuniones si podemos evitarlo, porque en ellas hay beneficios de Dios para nosotros. Tampoco debemos ir al culto ni venir del culto con pesimismos. El versículo 11, hablando del tiempo posterior a estos días, dice: “fue prosperado”. 

9. Apareció Jehová A Salomón De Noche Y Le Bendijo (vv. 12-22). Aparentemente Dios lo despertó. Esto también puede pasar a nosotros – que Dios nos despierte de noche para que leamos Su Palabra porque tiene algo que decirnos en ella, o para que oremos por alguien que en este momento necesita intercesión. No todo pasa “de día”, pues “de noche” también trabaja Dios, y es cuando para nosotros hay menos distracciones.
¡Qué bueno es que Dios respondió y dijo: “Yo he oído tu oración”! ¡Qué ánimo esto debe darnos, sabiendo que Dios nos oye. El Salmo 116 comienza así: “Amo a Jehová, pues ha oído mi voz y mis súplicas”. Hermanos, oremos, porque Dios nos oye, y Él responderá a Su tiempo y conforme a Su voluntad. Los propósitos de Dios no dependen ni de ti ni de mí, sino Él hará cómo y cuándo quiere. El Salmo 118:5 dice: “me respondió JAH”, y el 120:1 dice, “él me respondió”. Dios oyó a Samuel, a Ezequiel y a Daniel. Dios escuchó a Pablo y Silas y los sacó de la cárcel en Filipos (Hch. 16). Dios nos oye y responde. Pero, hermanos, ¿estamos perdiendo confianza en la oración sin darnos cuenta?
Además de asegurarle de que le había oído, en los siguientes versículos Dios enumera las bendiciones que habrá para la casa de Salomón y el pueblo de Israel, y luego pone las condiciones en el versículo 14, que consideraremos más tarde. En el versículo 15 dice: “estarán abiertos mis ojos y atentos mis oídos a la oración en este lugar”. Si, podemos orar en todo lugar, y debemos orar sin cesar, es verdad. Pero también debemos reunirnos con el pueblo de Dios en el lugar de reunión designado por Él, y allí Él nos oirá. Hoy en día no tenemos un templo como en Jerusalén, pero la iglesia, la asamblea de los santos, es templo de Dios (1 Co. 3:16). Así que, todavía hay un lugar especial donde Dios quiere escuchar las oraciones de Su pueblo. ¿Quién no iría a la reunión de oración con una promesa así?
Pero en los versículos 19-22 Dios anuncia los juicios que vendrán si ellos no son fieles. Él quiere bendecir a Su pueblo. Ésta es Su disposición, pero Él no puede bendecir la desobediencia ni la maldad. ¡Cuántas veces repetía este mensaje a través de todos sus “siervos los profetas”. Jeremías fielmente anunciaba estas advertencias hasta que cayó Jerusalén bajo juicio de Dios. Dios es fiel a Su carácter y a Su Palabra, para bendecir o maldecir. Prestemos atención a las instrucciones y condiciones que Dios nos pone.

10. Dios Da Las Condiciones Para Ser Restaurados Y Bendecidos (v. 14). Este versículo importantísimo dice: “Si se humillare mi pueblo, sobre el cual mi nombre es invocado, y oraren, y buscaren mi rostro, y se convirtieren de sus malos caminos; entonces yo oiré desde los cielos, y perdonaré sus pecados, y sanaré su tierra”.  El versículo anterior menciona tiempos de castigo enviado por Dios sobre Su pueblo por alguna desobediencia, alejamiento o enfriamiento de su parte. Pero aunque Dios castigue a Su pueblo, Él también nos enseña el camino de restauración y bendición. 
Hemos visto muchas cosas maravillosas que sucedieron después de la oración de Salomón. Después, en el versículo 10, al terminar la dedicación, se fueron todos a sus casas. Pero en el versículo 12, Dios le aparece a Salomón y dice, en efecto, que Él no ha terminado. “Yo he oído tu oración”, le recuerda. En el versículo 13 le menciona castigos que podrían venir sobre el pueblo, como también hemos visto en el libro de Jeremías y en otros lugares. Este es el contexto del versículo 14, donde Dios da cuatro condiciones para salir de apuros.
1. “Si se humillare mi pueblo”. Lo dice al Su pueblo. Entonces era Israel. Hoy en día es la iglesia, somos nosotros Su pueblo, y lo que dijo a Israel es también buen consejo para nosotros. Habla de la humildad, de humillarse, que es un acto voluntario. La humildad nos conviene, porque es bajarse, es reconocer y confesar nuestro pecado y nuestra culpa. Pero hoy en día Dios no puede bendecir a Su pueblo porque tiene mucho orgullo y mucho egoísmo. El amor propio, tan popular en estos postreros tiempos, no cohabita con la humildad. Hay mucha altivez, como en los días de Jeremías, cuando el pueblo no quería hacer caso y resentía el ministerio de los profetas. Pasa lo mismo hoy en día – el pueblo “cristiano” rechaza a los que lo llaman al arrepentimiento y la vuelta a los viejos caminos de obediencia a la Palabra de Dios. No quiere escuchar sino cosas positivas y suaves. Esto es el orgullo, el egoísmo, la auto-importancia. Hay prepotencia, no humildad, y hay que bajarse, hay que bajarnos, humillarnos, porque si no, no habrá bendición. En nuestros tiempos la iglesia está enferma de soberbia y la falta humildad. Faltan gestos de humildad entre los hermanos. Por ejemplo, es una cosa sencilla, pero tiene su importancia, que antes, cuando un hermano o hermana faltaba en una reunión, venía luego y decía algo así: “Perdonadme hermanos que no pude estar el domingo porque estuvimos de viaje y no llegamos cuando pensábamos”. Pero hoy no dicen nada, y no quieren que nadie les diga nada. Algunos parecen casi que están esperando que alguien les diga algo, para que tengan excusa para marcharse. En otros casos es porque  tendrían que decir: “No vine porque me fui de visita a una iglesia más liberal” o “porque estuve en la playa” o “porque estuve con unos amigos no creyentes”, o “me quedé en casa viendo la tele”, y claro, da vergüenza decir estas cosas, así que, por no humillarse, no dicen nada. La falta de humildad impide que hagamos preguntas, porque esto revelaría que no lo sabemos todo. La falta de humildad impide que seamos generosos en las ofrendas, porque queremos lo nuestro para nosotros mismos. Y hay muchos más ejemplos y manifestaciones de falta de humildad, pero basta con esto decir que Dios no bendice al pueblo que no se humilla. 
En 1 Reyes 21 tenemos un ejemplo de uno que se humilló, ¡y era incrédulo, sí, el rey Acab! Los versículos 1-16 enseñan cómo él, dirigido por su malvada esposa Jezabel, obraron para matar a Nabot y apoderarse de su viña. Luego en los versículos 17-26 le viene una fuerte reprensión de Dios por medio de Elías, prometiendo castigo divino por haber hecho mal, siendo incitado por su mujer (v. 25). Lo sorprendente es que en los versículos 27-29 Acab se humilló. Dice: “anduvo humillado”, y Dios lo dice así, y le retuvo el castigo porque se humilló. La humildad agrada a Dios y le dispone a ayudarnos. En nuestro caso, la humildad trae bendición y ayuda, y fortalece la comunión cristiana. Cuando no hay humildad, es difícil tener comunión entre hermanos.
Pero el máximo ejemplo de la humildad fue el Señor Jesucristo, en Filipenses 2, donde se le presenta como ejemplo hermoso a seguir. El versículo 5 dice: “haya, pues, en vosotros, este mismo sentir que hubo en Cristo Jesús”.  El versículo 8 dice que Él “se humilló”, y en el versículo 9 vemos que Dios le exaltó. Si el Señor Jesucristo pudo humillarse así, ¿quién de Sus seguidores no puede o no debe humillarse? Creo que sabemos muy bien la respuesta, pero ¿qué haremos? Lo nuestro no es exaltarnos, sino humillarnos.
2. “Y oraren”. Primero la humildad, y después, orar en humildad. Si oramos con orgullo, con altivez, con egoísmo, con pecados no confesados o conflictos no resueltos humildemente, estamos perdiendo el tiempo. Pero hoy en día el pueblo ora menos que nunca. Las reuniones de oración están desatendidas, porque la gente no ora mucho en casa, no da importancia a la oración, ni siente gran necesidad de ella. La oración es confesión de necesidad. Laodicea no ora, porque piensa que“de ninguna cosa tiene necesidad”, y vivimos en tiempos de Laodicea, que es lo que más caracteriza las iglesias en nuestro tiempo. Pero tenemos gran necesidad, y debemos humillarnos y orar.
3. “Y buscaren mi rostro”. El propósito de buscar el rostro de Dios es tener comunión con Él, saber lo que Él piensa y quiere para nuestras vidas, y agradarle en todo. En el Salmo 105:4 leemos el consejo dado a todo creyente: “Buscad a Jehová y su poder; buscad siempre su rostro” (1 Cr. 16:11).  David expresa su propósito así: “Una cosa he demandado a Jehová, ésta buscaré; que esté yo en la casa de Jehová todos los días de mi vida, para contemplar la hermosura de Jehová, y para inquirir en su templo”. Y luego en el versículo 8 afirma:  “tu rostro buscaré”. Son pocos los que buscan su rostro, que quieren pasar tiempo en Su presencia todos los días de su vida. Para muchos una hora a la semana es un gran “sacrificio”. ¿Cómo podemos crecer en la gracia y en el conocimiento de nuestro Señor y Salvador Jesucristo (2 P. 3:18), si no tenemos tiempo cada día para contemplar Su hermosura y inquirir Su voluntad? El que no tiene ni tiempo ni deseo para estar en la presencia de Dios, ¿para qué querría ir al cielo? ¡Es lo que vamos a hacer allí! Pero el que se humilla, buscará la comunión divina, y encontrará dirección y bendición.
4. “Y se convirtieren de sus malos caminos”. Esto también requiere humildad. La soberbia y el egoísmo  conduce a ser, como Israel: “pueblo duro de cerviz”. Jeremías en 6:16 llama al pueblo a pararse y buscar el buen camino, las sendas antiguas. La respuesta del pueblo fue “no”, como muchos también dicen hoy en día. No quieren ceñirse a la Palabra de Dios, sino que buscan novedades, modernismos, el ponerse al día con el mundo, las últimas innovaciones evangélicas, etc. Los caminos del hombre son malos. Los caminos del pueblo de Dios cuando no hace caso de la Palabra de Dios, también son malos. Es malo no hacer lo que Dios dice. Tenemos muchas instrucciones para vidas piadosas e iglesias santas y ordenadas en el Nuevo Testamento, pero ¿quién las quiere seguir hoy en día? Es malo predicar un evangelio “light” que no convierte de verdad a la gente. Es malo hacer la iglesia atractiva al mundo, trayendo la mundanalidad a los hogares cristianos, a los jóvenes, a las reuniones de la iglesia. No se pueden mezclar lo del mundo con lo de Dios. La luz y las tinieblas no tienen nada en común (2 Co. 6:14-7:1). ¿Cuándo vamos a humillarnos, admitir que hemos hecho mal, y volver a obedecer al Señor? Como dice el himno: “Obedecer, y confiar en Jesús, es la senda marcada, para andar en la luz”. ¿Cómo podemos predicar arrepentimiento y conversión a los del mundo si nosotros somos demasiado orgullosos u obstinados para cambiar y obedecer al Señor? Si no hay arrepentimiento y conversión entre los llamados “cristianos”, no habrá bendición sino castigo como Dios promete al terminar nuestro capítulo (2 Cr. 7:19-22). El Señor dice a la iglesia en Laodicea que la vomitará de Su boca. ¡Tomemos nota!
Pero si nos humillamos, oramos, buscamos Su rostro y nos convertimos de nuestros malos caminos,  entonces el Señor promete hacer tres cosas. “Oiré...perdonaré sus pecados, y sanaré...”  Dios oye a los humildes y arrepentidos. Él los perdona y sana su tierra – esto es, quita el castigo que había enviado (la sequía, pestilencia, etc.). Este versículo es una gran promesa que sale del corazón de Dios, porque Él quiere bendecir a Su pueblo. ¿Queremos Su bendición? Tomemos la receta divina, y esperemos en Dios. No hay otro camino. Que así sea para la honra y gloria del Señor.                                            

  de estudios dados por L. B. en abril y mayo del 2008 

DIOS RESPONDE A LA ORACIÓN DE SALOMÓN


(Parte I)


Texto: 2 Crónicas 7:1-22

      En este capítulo Dios nos informa del resultado de la oración de Salomón al dedicar el templo. Vemos aquí en los versículos 19-22 que Dios advierte acerca del castigo que vendrá si no le obedecen, tal como luego diría por boca de los profetas, como vemos en Jeremías por ejemplo. Pero en la primera parte del capítulo, en la dedicación del templo, y después de la oración dedicatoria de Salomón, hay resultados buenos e importantes que considerar. Considero que hay al menos diez cosas que sucedieron como resultado de su oración, y ellas deben motivarnos a orar más.
Una vez terminada la construcción del templo, con tantos albañiles, carpinteros, etc., con todo el oro puro, las piedras preciosas incrustadas, el arca del pacto colocado en su lugar, todo magnífico – sólo faltó la presencia de Dios.
En los versículos 1-3 vemos como vino la manifestación de Su presencia. Ellos sacrificaron y oraron, y terminaron, Dios respondió con fuego y Su gloria llenó la casa. Ellos hicieron todo lo que pudieron, y acabaron su obra, pero ahora Dios es el que obra. Dios todavía tenía qué decir y hacer respecto a esta casa. Dios les advierte que no terminaba todo con hacer y dedicar el templo – lo más importante era la vida de Su pueblo, su devoción, piedad y lealtad. Con nosotros también es así. Puede que tengamos un hermoso lugar de reunión, pero es sólo una parte. Lo más importante no es el edificio, sino la condición del pueblo. En el capítulo 6 Salomón dedicó el templo con una gran oración dedicatoria, y entonces viene en el capítulo siete esta enseñanza alentadora para cada uno de nosotros. Lo que sucede en el capítulo 7, “cuando Salomón acabó de orar” nos enseña lo importante que es la oración. Lo que falta en el pueblo de Dios hoy es la oración – el pueblo no ora, no acude a la presencia de Dios, no intercede, no adora, etc. Al pueblo de Dios le faltan oraciones como ésta, y quizás sea porque muchos no oran ni en privado ni en público. Mis hermanos, la oración es poder, es aliento vital. Recordemos siempre esta frase: “cuando Salomón acabó de orar”, porque es cuando las cosas empiezan a suceder, después de la oración. Uno dijo una vez: “No entiendo mucho de la teología de la oración, pero esto sí entiendo: cuando oro, cosas suceden, y cuando no oro, no suceden”.
1. Descendió Fuego (1:1, compara Hch. 4:31). Dios lo envió. El fuego en la Biblia es uno de los símbolos de la presencia divina, como por ejemplo en el caso de Moisés cuando vio la zarza ardiente. El fuego también es instrumento de purificación, y de iluminación. Cristo comparó a Juan el bautista con una antorcha que arde y alumbra. El fuego que descendió manifestó poder de lo alto. Es algo que calienta con gran energía, quema las escorias, consume el sacrificio y manifiesta la aprobación divina. Y respecto a la oración, de alguna manera ella nos purifica, invita a Dios a actuar, nos alienta, genera energía espiritual. También en Hecho 4:31 que después de la oración de los creyentes, Dios actuó y manifestó Su poder y aprobación. Nuestras vidas personales y nuestras reuniones de iglesia necesitan el efecto sano y santo del fuego de Dios.

2. Consumió Las Víctimas Y El Holocausto (1:1).  Al consumir los sacrificios, Dios manifestó que los aceptó, como aceptó el de Abel, y no el de Caín (Gn. 4). Había sacrificios puestos sobre el altar antes de orar. Dios acepta a aquel que se acerca con espíritu de oración y sacrificio. Al venir, debemos  haber orado antes, preparando la reunión y también a nosotros mismos. Si tratamos de improvisar y venimos no preparados, es posible que Dios no acepte nuestros sacrificios de alabanza ni las ofrendas presentadas (Pr. 15:8). Antes de testificar, debemos orar. Antes de ofrendar, debemos orar. La oración de los rectos es Su gozo, porque en ella se ve un corazón inclinado a Dios y que desea Su presencia y bendición.

3. La Gloria de Jehová Llenó La Casa (1:1-2). ¿Sabéis qué es la gloria de Jehová? No es la vanagloria del mundo ni la del hombre. Es una manifestación de Su excelencia. La nube esplendorosa de Su gloria, brillante con Su majestad y poder (v. 3), era visible. La vieron todos. En el versículo 2 vemos que era imponente – no pudieron entrar – la casa estaba llena. La presencia divina se manifiesta en nuestra vida cuando oramos – es una forma de tener comunión íntima con Dios. Se postraron y adoraron cuando Dios manifestó Su gloria. Sabían que Él estaba allí, y esto pasó “cuando Salomón acabó de orar”, implorando la presencia y bendición del Señor. La gloria de Dios es Su majestad visible, la magnificencia, el resplandor, la belleza de Dios. Al ver la gloria, seguro que todos apreciaban más al Señor. Y Dios quiere que su gloria se vea entre nosotros, que no seamos como los del mundo, quienes no teniendo gloria ni conociéndola, intentan hacerse gloriosos con la cosmética y la joyería, con la jactancia y los aplausos, etc., porque sus vidas están vacías. Dios quiere llenar nuestra vida, pero muchas veces no tiene cabida porque no le dejamos.

4. No Podían Entrar Los Sacerdotes (v. 2). Al entrar Dios con Su gloria de esta manera, no había intervención ni protagonismo humano. Puede que a veces tanta actividad entre los evangélicos sea indicio de la falta de Dios en su medio. Nada hay para impedir la carne y la actividad constante: programas especiales, seminarios, retiros, conciertos, convenciones, campañas, etc. Me parece que muchas veces llenan el vacío con actividad, en lugar de parar y apreciar la presencia de Dios. 
Hay cosas que debemos hacer, porque son nuestra responsabilidad humana. Pero hay otras cosas que sólo Dios puede hacer. En las reuniones nuestras, tampoco tiene que haber constantemente ruido y actividad nuestra. Es bueno que usemos la voz para leer las Escrituras, orar y cantar en alabanza de nuestro Dios. Pero a veces el silencio es bueno también, cuando es meditativo, cuando Dios está obrando en los corazones y guiando los pensamientos. No hay que hablar simplemente por romper el silencio, si el silencio es porque Dios llena la casa y nuestros corazones. Pero si es silencio de pereza, de manos vacías de no venir preparado, si es silencio de no estar en una actitud de comunión, o porque la cabeza está llena de películas y partidos de fútbol vistas la noche anterior, entonces no es buena. Pero hay veces cuando Dios nos guía en las meditaciones y estos silencios que aprecian Su presencia y obra son buenos.

5. El Pueblo Vio El Fuego Y La Gloria Y Reaccionó (v. 3). Mirad qué buen efecto hubo en ellos al ver estos símbolos de la presencia divina. Primero, el pueblo se postró en el pavimento. No fue nada cómodo, como en los templos católicos donde ponen almohadas para arrodillarse. La oración verdadera siempre conduce a la humillación, primero y lo más importante, un espíritu humilde, pero el pueblo también lo demostró con la postura. Segundo adoraron a Dios, y tercero, le alabaron diciendo: “porque él es bueno, y su misericordia es para siempre”. El pueblo no pensó en sí mismo, sino en Dios, porque estar cerca de Dios nos libra de estar ensimismados. Adoraron y alabaron, esto es, fijaos, hablaron directamente a Dios diciendo estas cosas. Nadie dio un sermón, “un pensamiento” ni “una palabra de ministerio o exhortación”, como a veces nos pasa en la cena del Señor, sino que adoraron y alabaron a Dios, como los de Apocalipsis 4 y 5. La adoración y la alabanza vienen de los que están totalmente ocupados con la Persona de Dios. Y qué cosas básicas dijeron: “El es bueno”. ¿No lo sabemos todos? Sí, por supuesto, pero es nuestro privilegio expresarlo. “Su misericordia es para siempre”.  Su eterna misericordia significa, hermanos, entre otras cosas, que no se puede perder la salvación. Si Dios salvara a alguien y luego dejara perderse esta persona, Su misericordia no sería para siempre. Pero es para siempre, y no nos cansaremos de recordar esto con gratitud.

6. El Rey Y Todo El Pueblo Sacrificaron Víctimas (vv. 4-6). No vale la grandeza ni el poder político delante de Dios. Alguien dijo que toda la tierra al pie de la cruz tiene el mismo nivel – allí nadie es más alto o bajo que otro. Lo mismo pasa ante el trono de Dios, en Su presencia somos todos pecadores redimidos. Grandes y pequeños son iguales delante de Dios. El rey estaba como uno más ante el altar.
Pero, mirad qué gran cantidad de sacrificios: indican la generosidad. La oración también nos motiva a ser generosos y presentar ofrendas a Dios. Pero hoy en día, en la obra de Dios hay mucha carencia y necesidad. Pocas han sido las veces que han sobrado ofrendas, cuando el pueblo ha ofrendado tanto que los obreros del Señor no necesitaron más y tuvieron que decir “basta” o impedir al pueblo que ofrendara (Éx. 36:5-7). Ciertamente no pasa esto hoy; no hay abundancia, y una de las razones es que pasamos poco tiempo en oración, poco tiempo consagrándonos, poco tiempo en la presencia de Dios donde Él puede guiar nuestros pensamientos y sentimientos para que demos a los obreros Suyos que lo necesitan. Al no hacer esto, entonces muchos vienen a las reuniones no preparados realmente por Dios para ofrendar, sino que dan lo que pillen en el bolso o el bolsillo al momento. Dios quiere que traigamos ofrendas y sacrificios a propósito, y que seamos generosos en ellos.

7. Se Hizo Fiesta Siete Días (vv. 7-9). Esta fiesta no era de calendario, cosa programada anualmente, sino asociada con la dedicación del templo y la manifestación de la presencia de Dios. Hubo alegría, gozo y alabanza, todo en un ambiente espiritual, en medio de un pueblo consciente de la presencia divina. El pueblo disfrutó la comunión y las cosas del Señor, y en parte la oración de Salomón les preparó para esto. Hoy en día el pueblo se queja de reuniones largas, de predicadores “largueros”. A algunos no les importa ver un partido de fútbol o una película que dure dos horas,  o pasar todo el día en el campo, en la playa o la montaña, pero si tienen que estar en una reunión más de una hora se ponen nerviosos. Estas cosas no deben ser así.  ¿Estarán verdaderamente pensando en Dios y gozándose de Su Palabra y la comunión de los santos? Lo dudo seriamente. En Jerusalén aquel día hubo “una gran congregación”, todos, no una pequeña parte. ¡Qué diferencia entre ellos y nosotros, cuando hoy en día en una reunión de oración entre semana, o el culto de domingo por la tarde, sólo vienen unos poquitos fieles. Pero ¿dónde están los demás, los que vienen a “hacer acto de presencia” el domingo por la mañana y nada más? ¿Qué harían estos “domingueros” si tuviéramos un compromiso espiritual que durara siete días, como en la dedicación del templo, o en las fiestas de Jehová que se celebraban cada año? Pensémoslo.

de un estudio dado por Lucas Batalla en abril y mayo de 2008

Monday, April 9, 2012

¡ACÉRCATE MÁS!


En Santiago 4:8 leemos: “Acercaos a Dios, y él se acercará a vosotros”. Una forma de hacer esto es orando, y esto es lo que os invito a considerar ahora conmigo. En Isaías 65:24 el Señor promete escuchar y contestar, y más, que Él anticipará nuestras oraciones. “Y antes que clamen, responderé yo; mientras aún hablan, yo habré oído”. En otras palabras el Señor nos está diciendo: “Estoy esperando para bendecirte. Heme aquí esperándote”. Esto debe animarnos mucho a orar.


Si el pueblo de Dios no ora, está mal; tiene poco sentido de necesidad. Cuando voy a la consulta del médico y la veo llena de gente, digo: “Todos estos están aquí porque necesitan al médico”. Así deberían ser las reuniones de la iglesia y especialmente la reunión de oración. Los que no van, probablemente no oran mucho en casa tampoco.


Hermanos, hay que acercarse a Dios aunque Él es omnipresente. Esto significa entre otras cosas que hemos de ir al lugar de reunión. Congregados en Su Nombre, entramos en Su presencia de modo especial. El Salmo 63:1 dice: “de madrugada te buscaré”. El salmista sabía que Dios está en todas partes pero que también es necesario buscarle. En el Salmo 73:28 leemos: “en cuanto a mí, el acercarme a Dios es el bien”. Acercarse a Dios es el deber de cada uno de nosotros. Hoy en día la gente se acerca a muchas cosas donde Dios no está. Pero el que entiende dónde hay ayuda y bendición se acerca a Dios. Hoy en día muchos llamados “creyentes” viven lejos de Dios. Dicen que creen en el Señor, la Biblia, el infierno y el cielo, y muchas cosas, pero no se les nota en la práctica; no se acercan a la presencia de Dios. Para ellos reunirse es un deber, no una necesidad ni un placer.



Cuando no quieres tener relación con una persona, tratas de evitarle, eludirle. Si sabes que va a estar en cierto lugar, no vas a este lugar, para no coincidir con quien no quieres ver. Pero no debemos hacer esto con Dios. Desgraciadamente muchas veces confiamos más en los hombres que en Dios. Pero el Salmo 146:3 nos aconseja así: “No confiéis en los príncipes, ni en hijo de hombre, porque no hay en él salvación”. Quien puede salvarnos, socorrernos y realmente ayudarnos es el Señor, y en las reuniones estamos en Su consultorio divino, escuchando Su Palabra y hablando con Él en oración.


Hebreos 10:22 nos exhorta: “acerquémonos”, y a continuación nos dice cómo hacerlo. “Con corazón sincero”, porque la sinceridad es importante en todo, y especialmente en la oración. No hagamos las cosas simplemente porque sí, ni para cumplir un deber ni para quedar bien, sino en sinceridad. “En plena certidumbre de fe”, porque la fe es clave en la oración; hay que creer a Dios confiar en Él. “Purificados los corazones de mala conciencia, y lavados los cuerpos con agua pura”, dice, porque esto es la limpieza, no sólo de salvación, que es lo principal, sino también la limpieza de 1 Juan 1:9, la que el Señor nos da cuando confesamos nuestros pecados. Todo creyente necesita diariamente también este tipo de limpieza para acercarse a Dios y vivir en comunión con Él.

Todas estas cosas son cosas que no gustan a la carne, y por lo tanto el ejercitarse para la piedad en cosas como congregarse para orar es algo que siempre producirá quejas en la carne. Pero debemos andar en el Espíritu y no satisfacer los deseos de la carne (Gá. 5:16). El salmista dijo: “Yo me alegré con los que me decían: a la casa de Jehová iremos”. ¿Es ésta nuestra actitud respecto a las reuniones? Hebreos 4:16 dice: “acerquémonos, pues,  confiadamente al trono de la gracia, para alcanzar misericordia y hallar gracia para el oportuno socorro”. Si deseamos experimentar más de la gracia de Dios, más de Su misericordia y hallar el socorro que necesitamos, la Palabra dice: “acerquémonos”. Que el Señor nos ayude a ejercitarnos más para la piedad, y a acercarnos más al Señor en nuestra vida diaria y en las reuniones de la iglesia, donde Él promete estar en medio. Hermano, hermana, Dios promete que si nos acercamos a Él, Él se acercará a nosotros. ¡Acércate más! 

de un estudio dado por D. Lucas Batalla, el 8 de marzo, 2007


3 COSAS QUE AGRADAN A DIOS


Texto: Miqueas 6:1-16

Al leer la Biblia, aun en pasajes así, vemos el amor de Dios hacia nosotros. Aunque la gente que no conoce la Biblia dice que está llena de violencia y agresividad, nosotros sin embargo vemos mucho amor y longanimidad. El libro de Miqueas es un libro que atrae mucho por lo que nos dice del Señor. El nombre de Miqueas el profeta significa “¿quién como Dios?”, y es el mismo nombre que Miguel. No es tanto una pregunta sino una admiración que exclama que no hay nadie como Él.

En 3:8-11 vemos el ministerio que tuvo este profeta, de retar la corrupción en el pueblo de Dios. Pero se ve también la gran paciencia de Dios con ese pueblo corrupto y desobediente, al soportar durante tanto tiempo su infidelidad. Envió una y otra vez profetas como Miqueas, quien era contemporáneo del profeta Isaías. Pero ¿qué pasó cuando el Señor intervino para dar aviso por medio de estos santos hombres? El pueblo trataba malamente a los mensajeros, faltando respeto y no haciendo caso al mensaje. Es la triste historia del pueblo de Dios en todas las épocas, incluso ahora, que responde mal a los avisos que Dios en Su amor envía, y tales reacciones tiene por supuesto consecuencias.

En 6:6-7 Miqueas pregunta retóricamente qué hacer para ganar el favor de Dios, quizás anticipando o repitiendo comentarios de los mismos judíos. En el versículo 8 viene la respuesta, y observamos que hay tres cosas: justicia, misericordia y verdad. Y hoy en día, ¿cuál es la situación? ¿No hay también hoy una rebelión contra Dios y Su Palabra? ¿No falta respeto a la Palabra de Dios? ¿No hay corrupción y mundanalidad en las iglesias y en su mismo liderazgo? Sí, hermanos míos, la historia se repite. Las preguntas de los versículos 6-7 valen también para hoy. ¿Cómo y con qué nos podemos presentar ante el Señor para agradarle? Dios tuvo respuestas claras y sencillas para Israel, y los mismos preceptos valen también para nosotros. 

1. Hacer Justicia
Justicia significa integridad de juicio. Una persona justa es íntegra. La justicia agrada a Dios. Si dices: “Es que hoy en día la justicia no se ve”, es verdad, pero no es escusa. Cuando nadie más en el mundo la hace, nosotros somos llamados a hacerla, porque nosotros somos pueblo de Dios, como Él dice en el versículo 5, “pueblo mío”. Dios no receta “hacer justicia” a los impíos para que así le agraden, porque no pueden.

Todas sus justicias son como trapo de inmundicia (Is. 64:6). Se trata aquí de los que pertenecen al Señor. Dios nos llama a la integridad, a vidas de justicia práctica. En el Salmo 11:7 leemos que Jehová es justo y ama la justicia. En el Salmo 15:2 leemos de la felicidad de los santos que andan en integridad y hacen justicia. En el Salmo 23:3 leemos: “me guiará por sendas de justicia por amor de su nombre”. Esto es lo que Dios quiere hacer. Debemos desearlo, y pedirlo en oración: “Señor, ayúdame a ser justo en mi carácter y comportamiento”. La justicia afecta el trabajo, el manejo del dinero, la compra, el tiempo libre y las diversiones, la selección de amigos y muchas otras cosas. ¿Qué pide el Señor de Su pueblo? No ofrecer carneros, ni andar descalzo, ni flagelarse, ni muchas otras cosas que gente religiosa hace intentando agradar a Dios o ganar favor delante Suyo. Es imposible ganar Su favor así. Dios no acepta nuestras justicias. Debemos confesarnos injustos, y confiar en el Señor Jesucristo, el justo, quien murió por nosotros en paga de nuestros pecados, para que Dios nos perdone y ponga a nuestra cuenta la justicia de Su Hijo Jesucristo. Es la única forma de ser justo. Y entonces, los que han sido justificados deben practicar la justicia para agradar al Señor y Salvador.

El Salmo 85:10 dice: “La misericordia y la verdad se encontraron; la justicia y la paz se besaron”. Lo describe como unos amigos que se encuentran en la calle y se dan abrazos y palmadas en la espalda del gozo que tienen al encontrarse. La misericordia y la verdad de Dios se encontraron en el Calvario cuando Cristo murió por nuestros pecados, y de este encuentro salen justicia y paz en la vida de los que creen en el Señor. En 2 Timoteo 2:22 Pablo aconseja a Timoteo: “sigue la justicia”. Es lo que todo creyente debe hacer. Aunque el mundo no la sigue, Dios nos llama a hacer justicia, no a seguir al mundo. Somos llamados a hacer lo que Dios dice, no lo que los demás hacen, y esto se nos está olvidando en las iglesias, y más y más se ve en las congregaciones personas que desean ser y hacer como los del mundo. Pero Dios todavía dice lo que decía en tiempos de Miqueas: “sigue la justicia”.

1 Juan 2:29 nos informa que “todo el que hace justicia es nacido de él”. La justicia en los hechos es una marca de los verdaderos creyentes. 1 Juan 3:21-22 habla de la confianza y bendición que tenemos cuando guardamos Sus mandamientos y hacemos lo que le agrada. Esta es la justicia práctica. Para el verdadero creyente, no hay nada más importante que hacer justicia en un mundo que no la hace. ¿Queremos agradar a Dios? Hagamos justicia.

2. Amar Misericordia
El ser humano ama muchas cosas: así mismo, el dinero, los placeres, la gloria de los hombres, la fama, el poder, etc. Dios quiere que amemos misericordia. Misericordia es benevolencia, compasión. Nadie lo sabe como nosotros, porque somos salvos por la misericordia de Dios. Pero el ser humano quiere la religión falsa que le permite creer que gana el cielo por obras, limosnas, rituales, etc. Se engaña, porque la misericordia es algo que no se puede ganar ni merecer. Es ser bondadoso, benevolente y compasivo con alguien que no lo merece, y desde el principio Dios ha sido así para con nosotros. Amar misericordia se ilustra en muchas partes de la Biblia, porque es lo que Dios hace, y los Suyos también deben.

En Génesis 24:12 leemos la oración del criado de Abraham: “haz misericordia con mi señor Abraham”. Se refiere a la misericordia de Dios. Pero un poquito más adelante, en Génesis 24:49, leemos: “si vosotros hacéis misericordia y verdad con mi señor”. Aquí Eliezer se dirige a la familia de Rebeca. Los hombres también debemos hacer misericordia. En 2 Samuel 9:1 David pregunta si hay alguien “a quien haga yo misericordia por amor de Jonatán?”, y a Mefiboset, descendiente de Saúl su enemigo que le había perseguido, le asegura en el versículo 7, “yo a la verdad haré contigo misericordia”.

Hay que actuar con misericordia porque Dios es así y ha hecho esto con nosotros. Nos llama a la misericordia, no a la venganza. Si tenemos los ojos abiertos y la actitud dispuesta, amando misericordia, veremos oportunidades de practicarla. Hoy en día hay muchos que piden dinero, y la verdad es que para muchos de estos es un vicio egoísta, no una verdadera necesidad, porque parece que piden para malgastar, o porque les da pereza trabajar. Piden por engaño y egoísmo, no por necesidad. Pero cuando hay verdaderos casos de necesidad debemos ser misericordiosos, y no a regañadientes, sino con amor. Aquí cabe lo que el Señor dijo al final de la parábola de buen samaritano. Aquel hombre herido no recibió ayuda de los primeros que pasaron, los religiosos, pero entonces el samaritano le ve, le ayuda, le lleva al mesón y paga su estancia allí – todo esto para una persona que no conocía y a quien no debía nada. Además, los samaritanos eran despreciados y maltratados por los judíos, pero él no lo tuvo en cuenta. Amó misericordia y la practicó. Y el Señor dice: “Ve tú y haz lo mismo”.

¿Y qué diremos del caso del padre del hijo pródigo? ¿Qué hizo con su hijo cuando volvió? A pesar de que no se lo merecía, porque había salido con altivez y malgastó toda su herencia, su padre al verle arrepentido le recibió amorosamente y además hizo fiesta.

Luego está el caso del pobre mendigo ciego Bartimeo, que clamaba al Señor: “Jesús, hijo de David, ten misericordia de mí”. La multitud trató de hacerle callar, pero él siguió clamando al Señor en voz alta, buscando misericordia, y la recibió. Esto es lo que el Señor quiere ver en los Suyos – que amemos misericordia – que seamos misericordiosos. No ganaremos Su favor con limosnas y penitencias, sino como creyentes, presentándonos delante Suyo con esto en nuestro carácter y nuestros hechos: que amamos misericordia. Esto es lo que le agrada. Mateo 9:13 dice: “Id, pues, y aprended lo que significa: Misericordia quiero, y no sacrificio”. Los remitió a lo que les había enseñado en el Antiguo Testamento en muchos pasajes. 

Un día la misericordia la reclamarán los hombres, pero no la recibirán. Será tarde. Vemos un triste caso así en Lucas 16:24, la historia que todos conocemos, del rico y Lázaro. Cuando murió el rico que no había tenido misericordia de nadie, él sin embargo pidió misericordia, pero era tarde para él. Hoy es día de misericordia, de recibirla, de amarla y hacerla. Las limosnas, velas y misas no dan misericordia a los muertos. Ellas representan el engaño de la religión falsa. Cuando uno muere, ya es tarde para buscar y recibir misericordia. Dios la ofrece hoy, pero no mañana.


3. Humillarte Ante Tu Dios
Según el diccionario la humildad es la virtud que consiste en el conocimiento de las propias limitaciones y debilidades, la bajeza, la falta de nobleza. Humillar es otra cosa, es inclinar o doblar una parte del cuerpo, especialmente en señal de sumisión y acatamiento. Se humillan ante los hombres, ante los ídolos, pero no ante Dios. El Señor cuando vino a este mundo vino en humildad y mansedumbre. No le dieron palacio sino pesebre. En Mateo 11:29 declaró: “soy manso y humilde de corazón”. En la obra de Dios hay que ser humildes, y trabajar para la gloria de Dios, no la nuestra. La humildad siempre conviene a todo el pueblo de Dios. 

En Juan 1:27 y 30 Juan el Bautista se humilló ante su Dios. Dijo entre otras cosas que no era digno de desatar la correa de Sus sandalias. En Juan 3:30 declaró que era necesario que el Señor creciera pero que él menguara. Así debemos pensar todos nosotros. 

En 2 Reyes 20:1-3 el rey Ezequías se humilló cuando cayó enfermo y se le dijo de parte de Dios que iba a morir. Entonces volvió su rostro a la pared y oró con lágrimas, pidiendo que Jehová se acordara de su verdad e integridad, y del bien que había hecho.

En Isaías 38:15 leemos cómo dijo en su oración: “Andaré humildemente todos mis años...” Dios escuchó su oración humilde y le permitió vivir quince años más. 

En 2 Reyes 22:11 y 19 el rey Josías se humilló ante la lectura del libro de la ley de Dios, y Dios habló con aprobación de su actitud y detuvo el castigo sobre Judá durante la vida del humilde rey Josías.

Isaías 57:15 dice que el Alto y Sublime, él que habita la eternidad, y cuyo nombre es el Santo, habita con el quebrantado y humilde de espíritu. El Salmo 51:17 declara que Dios no resiste el espíritu quebrantado y el corazón contrito y humillado. En Isaías 66:2 vemos que Dios mira a los que son pobres y humildes, y que tiemblan a Su Palabra. Ciertamente la humildad nos conviene.

El Señor Jesús dijo que el que se enaltece será humillado, y que el humilde será enaltecido (Mt. 23:12). Romanos 12:16 nos instruye así: “asociándoos con los humildes”. El camino del Calvario es abajo, en humildad, no arriba en altivez y auto importancia. Un cristiano difícilmente tiene convivencia con gente soberbia, altiva, que no se humilla. Miremos con cuidado con quienes nos asociamos. Seamos humildes porque no tenemos nada que no hayamos recibido.

Deuteronomio 8:17-18 es también para nosotros. No digamos que nuestro poder o fortaleza nos ha bendecido, sino que reconozcamos que todo el bien que tenemos viene de Dios, y debe ser usado para la gloria de Dios. No somos sino administradores, y debemos administrar los bienes de Dios con humildad. Que el Señor nos ayude a hacer estas cosas para agradarle y demostrar así que somos Su pueblo: hacer justicia, amar misericordia y humillarnos ante nuestro Dios. Que así sea para la gloria del Señor. Amén.

de un estudio dado por L.B. el 16 de septiembre, 2007

Wednesday, December 14, 2011

EL DIOS QUE VENGA MIS AGRAVIOS

Texto: Salmo 18


    Este salmo es un himno de alabanza en el que el autor reconoce la bendición de Dios en su vida. Reconoce que Dios lo ha rescatado de sus enemigos, y tenía muchos, pero el principal había sido el rey Saúl. En el verso 41 vemos que aun el rey Saúl había clamado a Jehová, pero no le respondía. La bendición de Dios estaba sobre David, no Saúl, porque Dios había retirado Su apoyo de Saúl y le había rechazado. Pero es un ejemplo de como a veces los hombres siguen ocupando lugares de responsabilidad cuando deberían retirarse. Saúl en lugar de retirarse, hacía la vida imposible a David e impedía el progreso espiritual de la nación. Pero al final Dios le liberó a David y por eso vemos estas alabanzas. Fue Dios que dio la victoria, no la espada ni el escudo de David.
    Es importante aprender a orar en nuestra vida diaria, como David hace aquí, recordando y reconociendo la ayuda del Señor. A Dios le encanta que le recordemos a Él y Sus poderosos hechos en nuestra vida y seamos agradecidos. David vivía situaciones de agobio muchas veces, pero clamaba al Señor y Él le ayudaba. Entonces David se acordaba y alababa al Señor.
    En el versículo 1 leemos: “Te amo Jehová”. Muchos son prontos para hablar y sobre todo cantar del amor y de amar a Dios, pero no viven como David – el amor no era una emoción pasajera ni un enamoramiento, ni una teoría, sino una realidad práctica en su vida. Algunos de los que hablan y cantan tanto del amor son los primeros en desobedecer a Dios y abandonar a la iglesia. No son como David.
    En los versículos 1 y 2 le llama: “fortaleza mía” – y usa términos militares. Nos recuerda a una trinchera, un lugar de defensa y protección – y dice: “en él confiaré”. Nadie piense que David era siempre poderoso en todo, porque no era así. Sentía angustia, agobio y miedo. Pero oraba para que el Señor le salvara (v. 3).
    En los versículos 4-6 David nombra cosas como temor, angustia y el sentirse rodeado de males. Los psicólogos le dirían que se jubilara y que tomara descanso, o los médicos le recetarían pastillas como Prozac para controlar su estado de ánimo. Hoy en día piensan que todo se resuelve con pastillas. Pero David fue adelante confiando en el Señor. A pesar de ser rey, hombre de guerra y héroe nacional, David sentía lo que nosotros muchas veces sentimos: temor y agobio por problemas que nos rodean. Pero no abandonó, no tiró la toalla, sino confió y clamó. El versículo 6 dice: “invoqué”, y “clamé”. Aunque tenía guardaespaldas, los cereteos y peleteos, clamaba al Señor y confiaba en Él. Tenía también sus hombres valientes, pero confiaba en el Dios todopoderoso, no en los hombres. Es una de las grandes diferencias entre David y Saúl.
    Mira cómo Dios respondió, en los versículos 7-19. El versículo 7 dice que se indignó, esto es, ante la injusticia que sufría Su siervo David. Los científicos pueden tener sus explicaciones por los temblores, pero el del versículo 7 vino de Dios. Dios hizo estremecerse la naturaleza y manifestó Su poder, y lo puede hacer hoy también en cualquier lugar del mundo porque Él no depende de fallas geográficas y placas tectónicas. 
    ¿Por qué reaccionó así el Señor? En respuesta a la fe y el clamor de David. Es importante que veamos esto, mis hermanos, porque aquí hay una gran lección para nosotros. Si suplicamos así a Dios cuando sufrimos injusticias, Él actuará. El versículo 9 dice: “descendió”, y el versículo 10 dice: “cabalgó”, “voló”. Dios es omnipresente, por supuesto, pero en un sentido especial salió del trono para venir en socorro de Su siervo David – indignado por las injusticias que sufría a manos de los que le aborrecían. Todo esto a David le inspiró alabanza, y tiene que provocar lo mismo en nosotros. Dios desciende en ayuda de los suyos que lo necesitan y claman a Él.  Volviendo al versículo 2, Él también es nuestro libertador y fortaleza. Confiemos en Él, pues Cristo dice: “yo he vencido al mundo”
    David le alaba y testifica en los versículos 16-30. “Me tomó, me sacó”, “me libró” (v. 17). “fue mi apoyo” (v. 18). “Me sacó”, “me libró” (v. 19). Mira de nuevo el versículo 18. ¿Cuándo atacan los enemigos atacan al creyente? “En el día de mi quebranto”, cuando uno está débil o desanimado y tiene problemas y dificultades, entonces sus enemigos atacan todavía más. En las pruebas uno ve quiénes son verdaderamente sus amigos. Poco a poco los hombres le van abandonando, y es fácil abandonar a alguien o ponerse en su contra cuando los demás lo hacen y aparentemente las cosas le van mal. Pero acuérdate de esto: Dios nunca lo hará. En la frase: “porque se agradó de mí” vemos lo importante que es tenerle a Dios como amigo, vivir en comunión diaria con Él y no desagradarle. Su promesa es: “No te dejaré ni te desampararé”. En los versículos 20-24 hay buena recompensa porque aunque David tenía sus problemas, no cabe duda de que confiaba en el Señor. Podemos vivir sin amigos poderosos y ricos en este mundo, pero no podemos vivir sin Dios.
    En los versículos 39-45 vemos cómo Dios humilló a los enemigos de David, y le libró de las contiendas del pueblo. David no se exaltó, sino que fue Dios que le exaltó. Y al final las circunstancias cambiaron. Habían durado muchos años y fueron muy difíciles y dolorosas, pero Dios le sacó de ellas y le dio victoria y bendición. 
    Por eso, David irrumpe en alabanza y acciones de gracias (vv. 46-50), recordando la misericordia de Dios y engrandeciéndole con su boca. Antes había clamado pidiendo socorro, y cuando vino lo que tanto deseaba, no se olvido (como muchos) de aclamar a Dios con cánticos de alabanza y gratitud. No será avergonzado ninguno de los que confían en el Señor y claman a Él. Hermano, hermana, sean cuales sean tus circunstancias, confía en el Señor y clama a Él. Vive en comunión diaria con Él y cultiva Su amistad. Acércate a Él para conocerle mejor por medio de Su Palabra y la oración, y que el Señor te bendiga.

de un estudio dado por Lucas Batalla el 3 de abril. 2011

Saturday, October 15, 2011

EL SECRETO DE JOB

Job es una de las personas famosas de la Biblia. Es nombrado en el Antiguo y en el Nuevo Testamento. El versículo 2 nos informa que Job tenía diez hijos, esto es, una familia grande. El siguiente versículo le retrata como una persona importantísima, con poder económico. Job tenía una hacienda muy grande. Pero lo perdió todo, los hijos, la hacienda, la salud y el respeto de sus prójimos y amigos. Pero no pecó con su boca ni atribuyó despropósito alguno a Dios (1:22). Al contrario, se postró y adoró. En el 2:10 su propia mujer le incita a blasfemar a Dios y morir, lo cual sería casi como suicidarse.  Esto enseña la superficialidad espiritual de ella, y Job no cometió el error de Adán quien escuchó la voz de su mujer. Al contrario, Job mantuvo su integridad, y a ella le reprendió por hablar como una mujer fatua. Ni en su propia esposa encontraba apoyo. ¿Cómo puede alguien perder todo así y no tener resentimiento? ¿Cuál era el secreto de Job?

Primero, Job reconoció el derecho de Dios a tomar el control de todo lo que pasó en su vida. Muchas personas en las iglesias no están dispuestas a hacer esto. Y dirían de Job: “¡Job no se merecía esto!”, más o menos como la esposa de Job dijo. Muchas veces pecamos contra el Señor, con incredulidad, con falta de fe, pero Job estaba dispuesto a confiar en Dios. En el 13:15 dijo: “He aquí, aunque él me matare, en él esperaré”. ¡Ojalá que más de nosotros tuviéramos esta actitud! 

Job sabía que Dios siempre está en control, ama a los Suyos y desea hacerles bien. Confiaba en la providencia y la benevolencia de Dios. Como Romanos 8:28 dice: “a los que aman a Dios, todas las cosas les ayudan a bien”. En Job 42:2 él declara que sabe que Dios todo lo puede, y por esto confía en Él. Muchas veces fallamos porque vemos las cosas que pasan, pero no vemos la mano de Dios. Estamos enfocados más en las circunstancias inmediatas que en Dios.

Segundo, Job buscó la sabiduría divina en medio de la adversidad. Alguien dijo que cuando aprietas a una persona, lo que está dentro de ella sale. El carácter de nuestra fe se manifiesta en nuestra respuesta a la presión y la adversidad. Job sabía que Dios no está ausente en nuestros problemas, sino presente y con ganas de ayudarnos. Los tres “amigos” de Job le ofrecieron sus consejos y sus “análisis” de la situación, pero por piadosos que sonaban, estaban equivocados acerca de Job y acerca de Dios (Job 42:7-8). No fueron ayuda, sino estorbo, e incluso cabe decir que el diablo también les usó a ellos para seguir afligiendo a Job. Es triste cuando un creyente pasa por pruebas y apuros, y de pronto aparecen algunos como los amigos de Job, para condenarle y decir que Dios le está castigando. Con amigos así, ¡no necesitamos enemigos!

Job estaba lastimado, y por supuesto que lamentaba sus pérdidas y su situación, pero no tuvo una depresión como algunos psicólogos dicen. Lamentaba lo que sufría, pero sin perder sus cabales. Santiago 1:5 nos aconseja buscar la sabiduría de Dios, y en las pruebas de la vida la necesitamos todavía más. Hay una gran riqueza de promesas y ayuda en Su Palabra, no en los consejeros profesionales.

Henry Ford, inventor del automóvil, en un viaje una vez encontró un vehículo parado en el camino con el capó arriba, y el conductor inclinado mirando el motor. Estaba molesto y con ansia de llegar a su destino, y sin éxito trataba de reparar su coche para que arrancara. Ford se acercó y el hombre le pidió que le llevara en su coche. Pero Ford le dijo: “No, usted vaa llegar a su destino en su propio vehículo”, y en muy poco tiempo lo arregló. Cuando aquel conductor vio esto, preguntó admirado cómo sabía repararlo. Ford respondió: “Porque este coche lo he diseñado yo”. Queridos hermanos, Dios nos ha diseñado y hecho (ver Salmo 139), y Él sabe qué nos pasa y qué necesitamos. Entonces, acudamos a Él y a Su Palabra para encontrar el auxilio que precisamos.

Tercero, Job reconoció que sus propios conocimientos eran limitados. En 42:1-6 él responde así a Dios: “Respondió Job a Jehová, y dijo: Yo conozco que todo lo puedes, y que no hay pensamiento que se esconda de ti. ¿Quién es el que oscurece el consejo sin entendimiento? Por tanto, yo hablaba lo que no entendía; cosas demasiado maravillosas para mí, que yo no comprendía. Oye, te ruego, y hablaré; te preguntaré, y tú me enseñarás. De oídas tehabía oído; mas ahora mis ojos te ven. Por tanto me aborrezco, y me arrepiento en polvo y ceniza”. 

Observamos que un concepto alto de Dios es acompañado de un concepto humilde de uno mismo. ¡Qué raro es ver esto hoy en día cuando tantos “cristianos” han sido enseñados a amarse a sí mismos! Pero Job reconoció su bajeza y sus muchas limitaciones. Nosotros también debemos hacerlo. Sólo Dios ve y sabe todo. ¡Qué bueno es confiar en Dios, no en nuestros propios conocimientos! Podemos equivocarnos, pero Él no puede.¿Cómo procedió Job entonces, reconociendo sus limitaciones? 

Job se acercó a Dios, antes, durante y después de las pruebas. En el capítulo 1 le vemos ofreciendo holocaustos e intercediendo por sus hijos. Alo largo del libro busca el rostro de Dios para entender lo que le pasa. En elúltimo capítulo intercede por sus amigos errantes. Nosotros también debemos orar mucho. Debe haber un “altar”, no físico, sino la práctica piadosa de acudir al Señor y pasar tiempo en Su presencia. Muchos no tienen tiempo para pasar con Dios. Sus vidas están demasiado llenas de otras cosas, algunas buenas y necesarias, pero no hay nada más importante que el Señor. Si no tienes tiempo para estar con el Señor, estás demasiado ocupado y debes eliminar algo y organizar mejor tus prioridades.

Job se dejó enseñar por Dios. En 42:4 dice: “te preguntaré, y tú me enseñarás”. Los amigos de Job querían enseñarle, pero malamente, y muchos hay como ellos, que les acusan de pecado a los que sufren pruebas. Job era un hombre humilde y paciente, pero aun así tuvo que rechazar las opiniones y los consejos de su esposa y de sus amigos. Hermanos, ¿hacemos preguntas a Dios? Y si las hacemos, esperamos que Dios nos responda? ¿Nos matriculamos en la escuela de Dios, con el Señor como nuestro profesor y la Biblia como nuestro texto?

Job veía a Dios actuar en cada situación de su vida. Cierto esque como desconocía las conversaciones entre Jehová y el diablo en los primeros dos capítulos, llegó a pensar equivocadamente que Dios le estaba acosando y castigando cuando realmente era el maligno. Pero Job sabía que nada pasa a los justos que no haya sido al menos permitido por Dios. La soberanía de Dios es una realidad que debería darnos  consuelo y confianza en medio de las pruebas. Los creyentes notenemos suerte. Tenemos la gracia y la providencia de Dios.


En el 42:9-10 vemos que Dios aceptó la oración de Job y quitó su aflicción. En el versículo 11 le dieron consuelo los de su familia, yel versículo 12 informa que Dios le bendijo más que al principio. El versículo 10 dice: “al doble”. Dios sabía muy bien lo que hacía con Job, y también sabe lo que hace con nosotros. En 1 Pedro 1:7 vemo sque nuestra fe será puesta a prueba, pero la meta que Dios tiene es algo bueno. ¡Quiera el Señor ayudarnos a vivir en comunión con Él, como Job! Que Él nos ayude por Su gracia a practicar la piedad personal cadadía, a reconocer el derecho de Dios a controlar nuestras vidas, a buscar Su sabiduría cuando nos hallemos en pruebas, y reconociendo nuestras propias limitaciones, sometámonos al Señor para que Él nos enseñe y guíe en Sus caminos, para Su gloria.

de un estudio dado por L. B., el 8 de octubre, 2006

Tuesday, August 23, 2011

LA ORACIÓN DE JABES



Texto: 1 Crónicas 4:9-10

En este breve texto podemos aprender mucho acercade la oración. Hay oraciones que destacan y quecambian a personas. ¿Oramos por cumplir uoramos para cambiar? La oración de Jabes no es ninguna oración mágica, esto es, que no son palabras mágicas las cuales se pueden repetir para conseguir lo mismo que él. Recientemente ha sido popular aun entre los inconversos, como formula secreta para obtener lo que uno quiere, y su sentido ha sido torcido. Pero es un buen ejemplo de oración, y como tal es digno de estudiar e imitar. 

Primero debemos considerar su persona en el versículo 9, porque habla de Jabes como persona antes de hablar de su oración. Su nombre es en hebreo “Ya-bets” y significa dolor o tristeza. Luego la palabra aparece en el versículo 10 cuando dice: “que no me dañe”, es literalmente “que no me cause dolor o tristeza”. Aparece en la lista de los descendientes de Judá, por lo que suponemos que era de esta tribu. Dice que era el más ilustre de sus hermanos. Aunque su nacimiento causó dolor y tristeza, su vida era ilustre. Por la gracia de Dios podemos superar nuestras circunstancias. No todos son iguales, comovemos aquí; algunos destacan por su forma de ser y de actuar. No era ilustre por su aspecto físico, sus conocimientos, su proeza atlética ni por su talento en otras cosas, sino por su oración. Era distinto a sus hermanos porque oraba y pedía a Dios las cosas. Sus hermanos miraban al otro lado, miraban otras cosas, otros intereses, andaban por su cuenta sin consultar ni pedirle a Dios. Hay mucha gente así, que vive su vida sin tener en cuenta a Dios en su vida cotidiana. Esto es normal en nuestro mundo, y está llegando a ser normal en muchas iglesias, donde la gente aunque diga que es creyente, sólo piensa en Dios los domingos. Jabes era ilustre porque pensaba en Dios. ¿Cómo sabemos esto? Porque oraba, y la oración es una confesión de necesidad, y una orientación hacia Dios. Hoy en día hay pocos ilustres en oración. Hermano, hermana, ¿eres uno de ellos? ¿Ocupa la oración el lugar que debe en nuestra vida? 

Segundo, consideremos su petición, en el versículo 10. Hoy en día falta la oración a nivel personal y también en muchas iglesias es relegada a un lugar de importancia secundaria. Unos piden a los hombres, y otros piden a Dios. Hay iglesias hoy en día que piden la ayuda del gobierno y del público general, que siempre están buscando fondos y reconocimientos entre los inconversos. Es una vergüenza porque es una negación de la vida de fe, de confianza en Dios. En Esdras 8:21-23, cuando Esdras salió del cautiverio llevando consigo los utensilios de plata y oro para el templo, rehusó pedir la ayuda y protección del rey porque esto hubiera negado todo su testimonio de confianza en Dios. Pocos están dispuestos a seguir su ejemplo en nuestros tiempos. Pero Jabes pedía a Dios y esperaba en Dios, y por esto fue ilustre. Vamos a ver sus cuatro peticiones. 

Pidió bendición. “¡Oh, si me dieras bendición!”  Comienza con la exclamación: “¡Oh!”. Ella marca una oración con cierto fervor e intensidad,y son cosas que faltan en muchas de nuestras oraciones. Decimos que no rezamos como los católicos, pero al escuchar a algunos de nosotros recitar de memoria y sin aparente emoción largas listas de peticiones en una reunión de oración, parece que sí, rezamos. La oración de Jabes fue breve y expresada con emoción, con sentido de necesidad, como un clamor al Eterno y Todopoderoso. Algunos piensan que no hay que pedir nada, pero se equivocan. Los de Laodicea eran así, los que pensaban que de ninguna cosa tenían necesidad. Y cada día hay más de ellos. Éstas son las personas auto-suficientes, y que se auto-gobiernan. Dirigen sus vidas e intentan proveer y conseguir lo que quieren sin esperar en Dios. Pero es un error. Todos necesitamos la bendición de Dios. Proverbios 10:22 dice que la bendición de Jehová enriquece y no añade tristeza. En el mundo podemos conseguir cosas por nuestros esfuerzos, pero vienen con tristeza añadida, como un impuesto por haber ignorado a Dios. Dios quiere hacernos bien, no mal. Dios tiene bendiciones puramente buenas. Pero hay que desearlas; hay que pedirlas. El Señor nos ha bendecido (Ef. 1:3), es verdad, pero también tiene bendiciones temporales para darnos en esta vida (Is. 48:17; Sal. 18:34-38). David pidió la bendición de Dios, y toda persona piadosa que espera en el Señor hace lo mismo. 

Pidió territorio ensanchado: “...y ensancharas mi territorio”.  Jabes quería ejercer más influencia. Esta oración refleja sus deseos para el hogar, la cosecha, el ganado, etc. Podemos orar como él, en sentido espiritual, y decir: “engrandece mi vida para ti, Señor”. Deseaba fronteras más amplias. Podríamos imitar su oración y pedir que el Señor ensanche también la iglesia y su testimonio, y que nos dé más fruto. Es posible que tengamos lo suficiente para nosotros, pero podemos pedir más territorio para ejercer influencia sobre otros para el Señor. Es bueno tener un amplio territorio de testimonio y predicación del evangelio. Es bueno que la verdad tenga mayor alcance através de nosotros. ¿Deseamos extender nuestro testimonio y crecer? 

Pidió la mano de Dios en su vida: “y si tu mano estuviera conmigo”. Todos nosotros necesitamos esto, pero no todos pensamos y oramos así cada día, sino que lo reservamos para emergencias y casos especiales. Ningún creyente debe intentar vivir ni un sólo día sino tener la mano de Dios consigo. La mano de Dios puede ayudarnos si nos sometemos a Él. Somos salvos en las manos del Señor Jesús y del Padre (Jn. 10:27-29). La mano del Señor es poderosa, como 1 Pedro 5:6 dice, y se nombra muchas veces en las Escrituras, dando así testimonio de la obra del Señor a favor de los Suyos. La mano del Señor es más fuerte que la mano de los hombres. A veces necesitamos la mano del Señor de una manera especial, librándonos de una situación difícil, proveyendo algo que urgentemente necesitamos. La Escritura nos enseña aponer nuestra confianza en Dios, no en los hombres, porque “vana es la ayudadel hombre” (Sal. 108:12). ¿Buscamos la mano de Dios en nuestra vida?

Pidió que Dios le librara del mal: “...y me libraras del mal, para que no me dañe”. ¡El mal puede hacer mucho daño! Algunos aparentemente no piensan así, pero es verdad. El Señor en el padrenuestro nos enseña a orar así: “líbranos del mal”, porque nadie está exento del mal en esta vida. La carne siempre está dispuesta al mal, y el mundo también está lleno de maldad. Pero esto no nos disculpa ni nos da permiso a hacer mal. Tenemos que rechazar lo que Dios rechaza.  Él no peca y no nos puede dar permiso a pecar bajo ninguna circunstancia. Si no queremos hacer mal, alejémonos del precipicio, alejémonos del león rugiente, alejémonos de lo dañino del mundo. ¡Cuanto más lejos, mejor! Recordemos que David cayó en el mal cuando se hizo rey y tenía todo. Salomón se metió en el mal después de llegar a ser un rey tan rico y poderoso, y fue arruinado. ¡Cómo acabó!  El salmista pidió al Señor que le mantuviera de lo necesario, que no le diera más de esto, porque entonces él podría caer en el pecado de olvidar a Dios. Su oración expresa el deseo de ser librado del mal. 

Queridos hermanos, con el diablo no podemos jugar, ni descuidarnos, porque él, como enemigo nuestro, nos acecha para hacernos mal. Hizo mucho mal a Job, pero Job fue librado al final. Que los males de la vida: las heridas, las enfermedades, la pobreza, las pérdidas, los contratiempos, etc. no nos hagan mal. No nos aparten del Señor. No nos enfriemos espiritualmente ni nos volvamos cínicos ni amargos por los males que nos pasan. Mantengamos nuestra mirada puesta en el Señor, porque Él es quien puede librarnos.

Y entonces, vemos la respuesta de Dios. “Y le otorgó Dios lo que pidió”. Así de claro termina el texto, porque Dios escucha y responde a las oraciones de Su pueblo. Si no pedimos, no recibiremos (Stg. 4:2). Cuando oramos en el Espíritu, Dios nos responde en el Espíritu. Mirad, que la oración de Jabes fue una oración corta, de pocas palabras, pero de mucho contenido, y el Señor respondió. Algunos piensan que hay que orar largamente para ser espiritual. Pero la oración de Jabes fue al grano, fue corta, y fue bien recibida.Que ningún hermano se sienta cortado a la hora de orar porque no sabe hacer una oración larga. ¡Imita a Jabes y ora, sí, adelante! 

A Dios le encanta que pidamos estas cosas. Dios le dio todo lo que pidió. Dios no es mezquino, no es tacaño. Dios quiere bendecirnos, pero nosotros mismos somos el mayor impedimento de esa bendición. Debemos examinarnos a nosotros mismos para ver si hay algo en nosotros que impide la bendición de Dios. ¿Hay una falta de separación del mundo? ¿Hay una falta de confianza en Dios? ¿Hay una falta de devoción y piedad en nuestra vida personal? Si hay cosas que cambiar, efectuemos estos cambios lo antesposible. 

Dios no le miró el nombre, el apellido, el aspecto físico, el nivel de estudios, el puesto de trabajo, ni nada excepto su oración, y la condición y el deseo de su corazón. Dios también puede concederte a ti lo que pides. Tiene todo poder, es bueno, y Su misericordia es para siempre. Así que, las limitaciones y los impedimentos están en nuestro lado, no en el de Dios. Seamos cristianos ilustres por nuestra oración y confianza en Dios. Entonces podremos decir con el salmista: “mas ciertamente me escuchó Dios” (Sal. 66:19). Que así sea en nuestra vida para la gloria del Señor.    
               
de un estudio dado por L. B., el 31 de diciembre, 2006